Taksi Blue Bird
+62 21 7989000
sin fotos
Ohio Goza i Más lo descubrió en abril de 2007
Selamat Datang ! Llegas al aeropuerto de Yakarta.
Tienes un jet-lag de mírame y no me toques.
Una nubecilla-olor-como-a-porrete te saca del sopor: no es más que Kretek o tabaco local a base de clavo de especia.
Pasas la aduana y casi crees que Brad Pitt está a punto de llegar : gentío sonriente, agentes de viajes con cartelitos, recaderos, garrulos y correveidiles de todo plumaje. Evitad contacto visual o estáis perdidos. Oh, too late ! “Taksi Míster”, “Nonya, cheap taksi”, “Di sini, di sini, taksi”. Todos os van a adorar. Para meteros en un cuatrolatas ilegal a “precio de ganga”.
Pero en viajer@ avisad@s, os dirigiréis al mostrador de la compañía Silver Bird y un coche moderno, correcto y climatizado os llevará directos a vuestro hotel, domicilio o edificio de vuestra elección.
En situación de casi-monopolio, el grupo Silver/Blue Bird lleva más de 30 años intentando ofrecer una alternativa decente a los aprendices de taxi en un país en el que transportarse es un acto de fe.
Los chóferes de esta compañía saben conducir, leer y muchos se defienden en inglés.
Puedes intentar reservar un taxi para una estancia corta, e incluso tratar de recrutar un chófer personal para estancias más largas.
- Y bien, qué hacen las compañías de taxi rivales ? - Intentar parecer pajaritos azules.
Mirad en la web bluebirdgroup.com/taxis_in_jakarta.html y aprenderéis a distinguirlos. Muchos taxis vienen equipados con un botón de emergencia en caso de que conductor o conducido se hallen en apuros. Un dispositivo graba incluso las conversaciones en caso de litigio.
Porque para pajarracos… haberlos háilos !
No es por asustaros, pero si alguna vez hay un problemilla, lo mejor es no perder la compostura: Que el chófer se olvida de poner el taxímetro ? Un « bapák, meterr ! » debería persuadirle. Si el meterr progresa geométricamente, haced detener el coche a la puerta de un hotel o edificio público, pagad lo que honestamente debería ser y poned pies en polvorosa hacia el interior del edificio.
Recuerdo en otra ocasión haber aparecido en un descampado del residencial barrio de Kemang y pensar “Well, and now what? “, así que grité y amenacé que si no me llevaba a la dirección de marras le denunciaría a mi vecino el mismísimo general Suharto. El caso es que llegué a mi destino con las rodillas temblando, pero llegué.
Ahora que lo pienso… quizás se trataba de una imitación.
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