Carlos Maribona
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Aficionado a la (buena) gastronomía. Periodista de la vieja escuela. Me gusta escribir para compartir mis experiencias. Como de todo siempre que esté bueno. Alg...
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Zuberoa
+34 943 49 12 28
Iturriotz Auzoa Kalea 8 Oiartzun, Guipúzcoa provincia, España
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Imprescindible
Comer en el restaurante de los Arbelaitz en Oyarzun es una garantía. Una carta que entremezcla lo tradicional y lo moderno, porque ambas cosas son perfectamente compatibles. En un bonito entorno, y con un gran servicio de sala a la antigua dirigido con acierto por Eusebio Arbelaitz. El menú degustación (125 €) combina con acierto platos de siempre y nuevas creaciones en un buen equilibrio. En el nuestro, la inclusión de la becada, que es un auténtico espectáculo. La sirve asada con una tosta de cebolleta y sutilísimo foie al vapor, con un puré de patata de alta escuela. Salvo esta becada, el menú tuvo un marcado acento marino, con platos memorables como la royal de nécoras y erizos de mar al aroma de hinojo, delicadeza y sabor; la cigala asada con gelée de jengibre y ravioli de su coral, pura concentración de sabor; el arroz cremoso con chipirones, un auténtico lujo; o la tarta de queso que hizo levitar, con razón, a Bruce Sprigsteen. Sabores intensos que también estaban en la ostra fría en gelatina de caviar; los frutos de mar (bogavante, ostra, almeja, erizo, vieira) con un suavísimo curry aligerado con limón; el huevo escalfado con patata, jamón y trufa; o un excelente lenguado asado a la vinagreta de berberechos. Ni una sola pega en un largo menú. Uno de los grandes.
listas: País Vasco
Iñigo Lavado
+34 943 63 96 39
Avenida de Iparralde 43 Irun, Guipúzcoa provincia, España
guardado por 9 personas
Buena cocina en la frontera
En Irún, junto al puente internacional, en el edificio Ficoba. Abajo, un espacio llamado Singular Food, donde comer de manera informal y a precios asequibles. El restaurante está en el piso superior, un cubo acristalado muy moderno. Íñigo, discípulo de Martín Berasategui, es un cocinero con buena formación que desarrolla una cocina inteligente. Nos fuimos al menú degustación (60 euros), atractivo en líneas generales aunque con algún que otro altibajo. Muy bien el huevo, pan y jamón, que se come de un bocado, lo mismo que el jardín de verduritas de temporada sobre una tierra de remolacha y almendras con diversas emulsiones. La papada ibérica suavizada con helado de manzana verde está muy bien, no tanto las migas que la acompañan, un tanto pastosas. El mejor plato del menú son las cocochas a la parrilla sobre un arroz de algas, que conjuga sabores potentes y texturas en acertado equilibrio. No puedo decir lo mismo de un taco de bacalao frito, con una emulsión de pil pil. Bacalao que soltaba mucha agua y con escaso sabor. El carré de cordero lo cambiamos por unos morros rellenos de hongos, con patata con huevo y crema agria, que fueron otro de los aciertos de la comida. Para terminar, refrescante el helado de cáscara de limón y jengibre, con unas gotas de ginebra. Y de nuevo decepcionante una torrija que habíamos pedido cambiar por el chocolate a la brasa del menú. No acertamos en este caso. Añadimos también una tabla de quesos que resultó de escaso interés. Lástima de esos pequeños baches que impidieron que el menú fuera todo lo redondo que cabía esperar. Un bien pero… que no responde a la indudable capacidad de Lavado.
listas: País Vasco
Martín Berasategui
+34 943 36 64 71
Loidi Kalea 4 Lasarte-Oria, Guipúzcoa provincia, España
guardado por 28 personas
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Uno de los grandes
Berasategui, maestro de maestros, sigue en plena forma, con platos ligeros, equilibrados, sabrosos, estéticos… magníficos. Impecable el Gran Menú Degustación (175 €), que alterna las novedades de los últimos meses con algunos de los clásicos imprescindibles como el milhojas de anguila ahumada, manzana verde y foie gras (1995); el caldo de chipirón salteado con ravioli cremoso relleno de su tinta (2001); hinojo en texturas (2009); o ensalada tibia de tuétanos de verdura con marisco y crema de lechuga de caserío (2001). Platos en su mayoría con más de diez años de vida que siguen siendo modernísimos una década después. Resulta difícil decantarse por un plato porque todos están en el sobresaliente: la yema de huevo frita, como un buñuelo que estalla en la boca; el salmón salvaje con pepino líquido; la potencia del huevo Gorrotxategui con carpaccio de papada sobre una ensalada líquida de tubérculos rojos; la elegancia y delicadeza de la mamía de algas con consomé traslúcido de carabinero; la mineralidad de un solomillo de Luismi asado a la brasa sobre un lecho de clorofila de acelgas; o el academicismo impecable de la liebre a la royal. Pero si hay que elegir uno me quedo con los salmonetes recubiertos con cristales de sus propias escamas, combinado con unos trocitos de rabo de cerdo y una ensalada marina. Un espectáculo de presentación, de sabor, de equilibrio de ingredientes. Además, en Berasategui hay que dejar hueco para los postres. La esencia fría de clorofila de albahaca con sorbete de lima y granizado de enebro, refresca y limpia. Y el chocolate con miel de acacia y café amargo irlandés seduce incluso a los no golosos. La sala del restaurante funciona como un reloj, con Oneka, la mujer de Martín, pendiente de todo. Y con ese buen sumiller que es Antonio Casares, que asesora perfectamente sobre los vinos. En conjunto, puro disfrute. En el nivel que se espera de un tres estrellas.
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Restaurante Casa Julián
+34 943 67 14 17
C/ Santa Clara, 6 Tolosa, Guipúzcoa provincia, España
guardado por 8 personas
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Excelentes chuletas
Casa Julián sigue siendo uno de los grandes asadores del País Vasco. Para mí, el mejor junto al Epeleta navarro.
Matías Gorrochategui y su hijo mantienen un excelente nivel en un local muy auténtico y lleno de encanto, especialmente el comedor que se encuentra junto a la parrilla y que permite ver el trabajo de los parrilleros manejando esas impresionantes chuletas de vaca vieja. Mesas y bancos de madera, manteles de papel, pero no importa porque el ambiente siempre es estupendo y lo que se come, también.
Para abrir boca, entradas muy sencillas: jamón ibérico, lomo, espárragos, cogollos... Y luego esas chuletas que desgraciadamente no tienen siempre el mismo nivel porque el problema de la calidad de la carne empieza a ser importante y lo que un día es magnífico al siguiente puede serlo menos, aunque proceda del mismo proveedor. Con las chuletas
los imprescindibles pimientos asados en la parrilla, casi caramelizados. Y de postre, canutillos tolosanos.
Para beber, algún rioja o ribera de Duero que van muy bien con estas carnes.
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Restaurante Akelarre (Pedro Subijana)
+34 943 31 12 09
Aita Orkolaga Pasealekua 56 San Sebastián, Guipúzcoa provincia, España
guardado por 48 personas
Uno de los grandes
Akelarre es uno de los siete tres estrellas Michelin que hay en España. Pedro Subijana está en un extraordinario momento de forma y eso se refleja en sus platos. En ellos se entremezclan la experiencia de un chef con larga trayectoria y personalidad propia y una constante experimentación con productos y técnicas buscando siempre divertir y sorprender al cliente. Técnica impecable, presentaciones de enorme estética y guiños continuos en los platos con abundantes trampantojos. Sin fallos. Regularidad absoluta, algo fundamental en un menú largo y en un restaurante de este nivel.
Aunque se puede comer a la carta, lo mejor es el menú, que cuesta 135 euros. Esta vez fuimos de noche, por lo que nos quedamos sin las vistas sobre el Cantábrico, pero a cambio no sufrimos el impacto visual de las obras inacabadas del hotel, asunto que parece que está en vías de solucionarse. La sala, como siempre, con un servicio profesional y eficaz, algo confianzudo en ocasiones pero sin molestar al cliente. El menú se abre con los aperitivos, servidos en una especie de caja de bombones y presentados como tales. De todos ellos, sobresaliente para la ostra que se come con cáscara. La envuelve en una ligera capa de manteca y pan negro y se come de un bocado. En la boca explota el sabor del mar. Con ella, un estupendo rulo de morcilla y pan; un magnífico buñuelo relleno de zurrukutuna, la tradicional sopa vasca de ajo con bacalao; el “cerdito”, un globo de pan con forma de cochinillo con panceta ibérica; y el polvorón de alcachofa, el menos atractivo de los cinco aperitivos.
Empezamos con el poroso de foie con pan tostado de cacahuete. Un foie frío espléndido en diversas presentaciones, una en forma de perlas, otra en forma de helado muy ligero. Original y ligero, con la única pega del bizcocho de cacahuetes, algo más pesado. Tras el foie, uno de los platos de la noche: la navaja con pata de ternera, impresionante juego de texturas. Una navaja de lujo a la plancha con la pata, bien gelatinosa, y una seta coliflor que es insípida pero aporta su peculiar textura y su capacidad para retener la salsa. Sobresaliente. Seguimos con los ravioli de verduras, un plato cromático, con cuatro ravioli hechos con láminas de hortalizas (calabaza, remolacha, zanahoria y nabo) y rellenos con las mismas, y un quinto de tocino, sobre un delicado caldo herbáceo. Otro buen plato. Al llegar aquí apareció un extra, las gambas crudas de Huelva que llegan en una cacerola, sobre piedra pómez, con un fondo de orujo. Este se prende y con la llama se hacen las gambas el tiempo justo. Se sirven luego sobre una arena de sus cáscaras y unas vainas. Divertido y muy rico, implicando además a la sala con la cocina. Después, como a Pedro le gusta jugar siempre con el chipirón, nos sacó el “chipirón cebra”. De nuevo un juego de palabras y de imagen. Un chipirón muy tierno, confitado en aceite a baja temperatura y relleno con sus patitas. Sobre su carne bien blanca, unas rayas negras pintadas con su tinta. Al lado una teja de arroz con los tentáculos y un poquito de jugo de tomate blanco. Plato que entra por los ojos pero que aporta mucho en el paladar.
Tras el chipirón, tres sobresalientes seguidos, y los dos primeros con trampantojos. Uno, el bacalao y piedras marinas. Un bacalao excelente, bien sabroso, con un pil-pil marino, acompañado por hoja de ostra y unas “piedras” hechas de ostra. Espectaculares sabores del mar. Dos, el lomo de cierva asado con los tizones en la brasa. El lomo de caza, muy tierno, tan excelente de punto como de sabor, rodeado de los “tizones”, tempura de harina de malta torrefactada totalmente negra. Al lado un pequeño “candy “ de tomate que se funde en el plato al servir el jugo de la caza sobre él. Y en tercer lugar de esta serie de lujo, la becada, asada y presentada al estilo tradicional pero con nuez. Y como dulce, dos postres: “xaxu” con helado espumoso de coco, y caracola de cítricos y virutas de chocolate. Complejo este segundo, con un juego de ácidos y amargos. El primero se basa en el tradicional xaxu de Tolosa, unos pastelitos de huevo y almendra a los que se añade un helado de coco que suaviza la contundencia del dulce. Bodega de categoría, a tono con el nivel del restaurante. Espléndida comida de principio a fin.
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