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Oberpollinger

48.138859 11.567265

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Dos galeones en el tejado

Dejando la plaza de Stachus a la espalda y adentrándose por la zona peatonal se llega al gran almácen Oberpollinger. En lo más alto de sus tejados a dos aguas navegan dos galeones. Lo primero a resaltar es que el mar no está cerca: para llegar a la costa alemana hay que cruzar hacia el norte todo el país, hacía el sur rumbo al Mediterráneo italiano "solamente" los Alpes. Mi teoría es que uno de los dos se trata del barco pirata de Peter Pan. El segundo se me escapa.

(Texto originalmente publicado en soitu.es por Víctor Olaizola el 14-09-2008)
www.soitu.es/soitu/2008/09/13/vidaurbana/1221307436_909332.html

Soitu.es lo descubrió en September 2008

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Chinesischer Turm

+49 89/3838730

48.151041 11.594846

www.chinaturm.de

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Un restaurante chino en pleno jardín

Y no podemos seguir nuestro 'recorrido chino' por el Jardín Inglés sin hablar del Chinesischen Turm. No será uno de los restaurantes más estilosos de la ciudad, pero sin duda es uno de los más famosos y concurridos.

En mi caso, tengo un compañero chino, Liya, que, escandalizado por los platos supuestamente propios de la cocina de su país que a veces nos dan en la cantina, se ofreció a descubrirnos un local donde la comida es deliciosamente auténtica, y de paso educarnos en la manera correcta de coger los palillos. Allí nos fuimos, precisamente al Chinesischen Turm, los tres amigos a cenar un sábado noche: un chino, un alemán y un español. Desde fuera el local no promete mucho en términos de autenticidad. El estilo es idéntico al de los restaurantes chinos españoles: barroco, tirando a rojo oriental, con garzas y mucho relieve en las paredes. La chica del mostrador saludó a mi colega con la familiaridad con que se recibe a un cliente habitual y compatriota, 'en tierra extraña', que cantaría doña Concha.

En el Biergarten am Chinesischen Turm en verdad funciona el 'wygiwys' ('what you get is what you see') en un semi-autoservicio. Y, ojo al dato, que en este concurrido restaurante chino de Múnich hay dos cartas (y no sólo por un asunto de los pictogramas): la versión germana contiene platos adecuados para el gusto alemán, tal como lo entienden los chinos. Supongo que piensan «si se lo van a bajar con cerveza, mejor no nos molestamos demasiado, bastante nos cuesta encontrar los ingredientes». En cambio, en la carta en mandarín, hay otros platos, los que ellos mismos comen, varios picantes, los que Liya nos quería mostrar con orgullo, bien merecido.

Allí sentado, pude ver que en la mesa de al lado había dos alemanas bastante modosas con las bolsas de su tarde de compras. En la mesa siguiente, un grupo de unos quince chinos, hombres y mujeres, hablando todos a la vez a todo volumen y riendo ruidosamente. Y de golpe sentí cierta tristeza: entre ellos no había ninguna amistad alemana... ¿Cómo podría haberla? La barrera para la integración es sin duda el idioma.

(publicado originalmente en soitu.es por Víctor Olaizola el 18-06-2008)
www.soitu.es/soitu/2008/06/17/vidaurbana/1213715466_850717.html

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BMW Welt

+49 180 2 118822

48.175407 11.55231

www.bmw-welt.com/web/bmw-welt/de/index_highend.htm...

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Vivir para conducir

Dicen que el día más triste de la vida de un coche es aquel en que es vendido, porque pierde en instantes un buen pellizco de su valor monetario, que no utilidad. Durante gran parte de la historia, la recogida del auto ha sido un mero trámite, nada memorable en sí mismo. Ya no más. Los chicos de BMW le han dado la vuelta y lo han convertido en una experiencia con mayúsculas tan inolvidable como una visita a la fábrica de Willy Wonka. Para ello hacía falta un entorno adecuado, el hace unos meses inaugurado BMW Welt.

El feliz propietario es recibido en el Premiun Lounge donde planea el día a su gusto (por ejemplo, "¿le apetece un tour por la fábrica?" y recibe un ticket o salvoconducto que a su vez contiene vales para los restaurantes y tiendas. BMW recomienda tomarse dos días para explorar con calma su "mundo". El colofón es recibir las llaves, sentarse tras el volante, bajar por la rampa y salir hacia la autopista sabiendo que no sólo te has comprado un vehículo para desplazarte de un sitio a otro sino que has accedido a un círculo exclusivo representado por la marca blanquiazul. Marketing de última generación para el siglo XXI.

El coche es para los alemanes como las armas para los norteamericanos, digamos un derecho constitucional. La idea se refleja también en la ausencia de un límite de velocidad general en las autopistas. La industria automovilística alemana exporta el 70% de lo vehículos fabricados.

Pero no es imprescindible comprarse un coche para entrar al santuario. El edificio en sí, a base de acero y cristal, está a la altura de lo buscado, ser el hogar de la "fascinación de la marca BMW". Prácticamente es un único gran espacio diáfano en el que además del centro de entrega, conviven entre otros una exposición 'hands-on' sobre la tecnología de la casa, un Campus Junior para los peques, la consabida tienda de complementos con el logo sobre cada uno, y diversas oportunidades para reponer energías que van desde el café-bar hasta un restaurante internacional. Hay varias visitas guiadas posibles, previa reserva: la de recorrido compacto y la de la arquitectura.

Además la fábrica de BMW en la ciudad está al lado y también se puede visitar (igualmente tras reservar). Eso es lo bueno de los germanos, no esconden nada (previa reserva). Si echas en falta un Museo BMW, también existe y está enfrente, pero cerrado por renovación. Volverá a abrir sus puertas esta primavera.

El detalle arquitectónico más sobresaliente es, con la proverbial originalidad que caracteriza a los nombres que ponen los alemanes al mundo que les rodea, el llamado Doppelkegel, o "doble cono", aunque cariñosamente lo podemos apodar "la cafetera". En su base hay un escenario giratorio para exposiciones y conferencias, rodeado de una escalera en curva adornada con 60 monitores, que, al menos durante mi visita, mostraban un film muy 'new age' de nubes en movimiento por un cielo azul.

BMW es una empresa muy de la tierra, la 'B' de su nombre hace referencia a Baviera, y de hecho los colores blanco y azul en el logo son los mismos de la bandera bávara. El BMW Welt se integra en el complejo que la firma tiene a unos pasos del parque olímpico, donde destaca el edificio de cuatro cilindros de 101 metros de altura, finalizado en el mismo año de la olimpiada, y que es la sede principal de esta empresa con más de 100.000 trabajadores a nivel mundial. La cercanía al complejo deportivo, uno de los puntos de la ciudad que hay que ver, poco menos que obliga a una visita al BMW Welt, aunque sólo sea para tomarse un café, incluso si no te gusta conducir.

(Publicado originalmente en soitu.es por José Olcina el 06-03-2008)
www.soitu.es/soitu/2008/03/06/vidaurbana/1204825992_817487.html

Soitu.es lo descubrió en March 2008

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