Como ocurre con los Prêt à Manger, hay multitud de estos establecimientos por toda la ciudad de Londres, especializados en café (aunque también puedes comer, con menos variedad, eso sí, que en otros lugares), que además tienen wi-fi.
Si doy de alta este es porque me encanta esta placita de Londres: te compras tu cafetito y te sientas allí. Un gustazo
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Bastante lejos del centro de la ciudad se encuentra este palacio, del cual, francamente, no me esperaba tanto.
Lo puedes visitar a tu aire, tienes audioguías opcionales en varios idiomas y tienes una buena gama de opciones que visitar: el palacio propiamente dicho (pequeñito, pero tiene una sala conocida como la galería de las bellezas, que es bastante curiosa), unos jardines enormes, pabellón de caza, jardín botánico, museo de carrozas (hasta carrozas-trineo, una chulada)...
Si decidís ir y optar por la visita completa, ir pronto porque el jardín es enorme y en sus extremos están, por ejemplo, el jardín botánico y el pabellón de caza. Los que lean en alguna guía que está la fábrica de porcelana, que no hagan caso porque no se puede ver nada: es una tienda para más señas.
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Schloss Ludwigsburg
+49 071 41182004
Schlossstraße 30
Ludwigsburg ( Germany )
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El palacio de los jirones y los harapos
Una experiencia indignante. Puedo llegar a aceptar que las figuras de muchos monumentos tengan polvo porque debe ser un latazo limpiar todo eso, pero lo de este palacio... da vergüenza ajena.
Hicimos parada aquí porque lo vimos reseñado en una guía de viajes de Alemania y nos resultó un lugar interesante para visitar, como nos ocurrió con el monasterio de Maulbronn. Pero vaya una diferencia. Mientras aquel está bastante cuidado y tenían una organización más que correcta, lo de este palacio es todo lo contrario. En primer lugar, pagas una pasta (14 euros) por ver todo y acabas sintiendo que has tirado el dinero. Los jardines bastante bien (sólo faltaba: la mitad de los tiestitos de mi terraza se convierten en arbolitos en Alemania), pero llegas al palacio y te indignas. Es obligatorio ir con una guía para hacer la visita por él y para colmo en alemán, porque sólo hay una visita en inglés al día. ¿Que por qué me cabrea? Pues porque sencillamente eso deberían advertirlo en la taquilla de las entradas, y así te pensarías si pagas por eso. Pero lo peor no es la incomprensión lingüística: que va, porque si aquello fuera algo monumental seguro que te daría igual. Lo peor es ver una habitación, y otra, y otra... sucias, mal iluminadas, con las cortinas hechas jirones y la tela que forra las paredes rajada. Vamos, cómo sería que a mitad de la visita dijimos que nos marchábamos.
Decides volver a los jardines, sobre todo porque al final se promete la existencia de un jardín inspirado en cuentos de hadas, del que has visto fotos de la figura de un personajillo encantador y una pequeña reproducción de un castillo romántico. Pero qué lejos está la realidad de eso que te imaginas por esas idílicas imágenes: un chiquipark, ni más ni menos.
En mi vida me he sentido más engañada.
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Soy fan absoluta. Uno de los monumentos más impresionantes que jamás he visto, quizás porque no me imaginaba lo que había allí dentro. Vas pasando por salas y más salas y parece increíble la variedad de su decoración y que cada una de ellas es aún más bonita que la anterior.
Además, luego, si hace buen tiempo, siempre te puedes dar un agradable paseo por sus frondosos jardines, llenos de naranjos y limoneros.
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Hablar de este parque en el centro de Madrid es retrotraerme a mi infancia, a cuando no tenía clases y me bajaba a casa de uno de mis abuelos, que siempre me llevaba a pasar la mañana aquí o a la Casa de Campo, así que siempre me ha gustado en una mañana de invierno, medio vacío, viendo las exposiciones absurdas que había a veces en sus edificios.
Las ardillas sin atiborrar, el lago sin aglomeraciones, la antigua casa de fieras, la rosaleda toda mustia, el Palacio de Cristal, la Casa de Vacas... estas cosillas de la infancia que te marcan.
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Situado en un antiguo edificio rehabilitado (una cárcel, como su nombre indica) se encuentra este estupendo restaurante, especialmente agradable en verano porque tiene un jardín que es una gozada. Su especialidad es la comida tradicional y, si no recuerdo mal, el menú estaba bastante majo (y el vino de Cahors aún mejor).
El precio es alto pero su calidad y su servicio lo justifican: no es el típico sitio para turistas, de hecho, está apartado de esa zona.
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Albert Memorial
Kensington Gardens (junto a Kensington Gore)
London ( United Kingdom )
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Situado en Kensington Gardens (a la izquierda de Hyde Park, según se ve el mapa de Londres), nos encontramos el Albert Memorial, justo enfrente del Royal Albert Hall, monumento dedicado al príncipe Alberto. Como el buen hombre era el consorte de la reina Victoria, se dedicó a las artes y por eso el templete bajo el cual se encuentra la figura tiene representadas las figuras más representativas de las Bellas Artes (pintura, escultura, arquitectura y literatura), con imágenes alegóricas de estas disciplinas. Además, en las esquinas de la valla que lo rodea están también cuatro conjuntos escultóricos que representan los cuatro continentes. La verdad: me pareció muy interesante, me tiré media tarde muy entretenida, dando vueltas alrededor del Albert Memorial, reconociendo símbolos y personajes.
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Quiero volver, porque solamente he ido una vez y fue una excursión del colegio (que estaba a unos 500 metros) cuando yo tenía unos diez años. Recuerdo que me encantó, tanto las pinturas como la casa en sí: eso de que quisiera simular las fuentes de la Alhambra y del Generalife en su pequeño jardín me fascinó.
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Alejado del centro de la ciudad, Shönbrunn era el palacio de verano de los Habsburgo, hasta que llegó Sissi y se encaprichó, convirtiéndolo en su residencia habitual.
El palacio está bien, pero si tengo que recomendar algo son su jardines, con sus ruinas romanas falsas, el mirador en lo alto, el zoo y, sobre todo, el jardín botánico (para este último hay que pagar una entrada aparte). Una visita muy agradable.
Además, si se te hace la hora de comer, en dirección contraria al jadín botánico, hay un restaurante muy majo, en el que puedes comer bastante bien por un buen precio, dado en el sitio donde estás y el montaje que tiene.
Aunque está casi en las afueras, se puede llegar fácilmente en metro (ojo con los trasportes en Viena: se confía en la buena fe de la gente y has de comprar el billete y pasarlo por una máquina que no te impide el paso precisamente. Es muy fácil colarse, pero parece ser que las multas si te pilla el revisor son de órdago).
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