La novia cadáver
La historia del Doctor Velasco, creador de este museo, es tan fascinante que recomiendo a cualquier interesado en las historias truculentas y los gabinetes de curiosidades que busque información detallada sobre ella en cualquier libro sobre Madrid. Sólo adelanto que incluye un científico coleccionista que se trastorna tanto por la muerte de su hija (que estaba a punto de casarse) que decide embalsamar su cadáver y compartir su casa (y laboratorio y museo) con la momia resultante.
Nada de esto (o muy poquito) se cuenta en las exiguas cartelas del museo (hoy en día propiedad del estado), pero sí se ha mantenido una pequeña sala de la colección original (según se entra a la izquierda) en la que podremos observar el busto del protagonista de esta historia, el retrato de su hija, un cadáver embalsamado de una mujer guanche metido en una vitrina, una carta manuscrita de Darwin al doctor o el esqueleto del famoso gigante extremeño, entre otras extraordinarias piezas. En esta época de corrección política todo tiene pinta de durar muy poquito. Recomiendo darse prisa y no hacer excesiva publicidad de esta maravilla bizarresca en pleno centro de Madrid.
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La hostia en verso
Un museo que parece extraído del universo de las historietas de Tintín. Ideado con un afán completista demencial que, precisamente, es su mayor encanto. Una colección de instrumentos musicales apabullante, aviones, máquinas de todo tipo, barcos, maquetas, una reproducción de las pinturas de Altamira, demostraciones químicas interactivas, simulaciones de relámpagos, una mina, ordenadores, máquinas de tejer, coches, generadores eléctricos, helicópteros, alas deltas, puentes de todos los estilos...
Impresionante
La impresionante colección de millones de objetos de Henry Wellcome tiene por fin sede fija. El edificio y sus actividades, mantenidos ambos por el dinero privado aportado por las empresas del grupo, son flipantes. Exposiciones temáticas dedicadas a distintos aspectos de la salud ilustradas con pinceladas históricas, artísticas y documentales y siempre apoyadas por piezas de la colección original. En una misma expo, por ejemplo, conviven un original de Pettibon, uno de Leonardo Davinci, una copia de primera generación de un incunable de Avicena, un corazón real extraído a una persona este año o una canción de Gram Parsons. Montajes expléndidos y, muy raro en Londres, completamente gratuitos. Todo está tan bien hecho que resulta difícil creer que todo esto no tenga una finalidad oculta. Por momentos me sentí como en el edificio de los 4400.
Sillas de tortura, modelos de insectos del siglo pasado, obras de artistas contemporáneos, instrumentos sexuales medievales, arte africano, fotografías coloniales, cuadros populares del siglo pasado... La rehostia.
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