Entrecôte para quitarse el sombrero
Un sin parar de disfrutar de la comida y del vino.
Muy buen trato, y sitio muy agradable.
El entrecôte me dejó sin palabras, cocinado al carbón, y casi medio kilo de carnaza. También pedimos sashimi de atún rojo, y casi lloro cuando me lo trajeron.
Seís pedazos enormes, que al cortarlos parecían mantequilla..
Para acompañar un Viñas del Vero que siempre es un acierto y un txacolí especial del que no hay cosecha todos los años, con un sabor a manzana muy especial.
Feliz de la vida, para ir con el club gourmet al completo :)

