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Un sitio más que curioso
Aunque al principio me rayó un poco (la iluminación me pareció "ácida", si se me permite la expresión), la verdad es que la sensación duró poco, atenuada por el resto del ambiente que se respiraba.
Un local amplio, no muy ruidoso, apto para tomar un café tranquilo, o mantener una conversación animadilla con alguna amiga. El trato es bueno cuando te atienden, pero para que te atiendan es mejor que vayas a buscarlos :) ¿he dicho que se puede cenar? ¿he dicho que se puede cenar en la planta de abajo? ¿He dicho que en la planta de abajo puedes cenar como si estuvieras en la playa porque tienen arena de playa? Es una pasada, sólo por eso merece la pena que vayas (aunque luego estés viendo arena unos cuantos días ;)
Los platos, bien presentados, sacian pero no llenan, y eso es todo un detalle. En su momento nos decantamos por las cremas para untar, los tomates verdes fritos (¡con queso de cabra! ¡ñam!) y los crujientes variados, todo muy bueno. El precio alrededor de los 15-20 € por persona. Volveré.














