Llácer

+34 965 78 51 04

Avenida del Mar 37 Denia, Alicante provincia, España

guardado por 2 personas

ver más restaurantes en Denia

Mítico

me gusta

El mundo de lo foodie se va de madre. Pero antes de afirmar esto tan alegremente, vayamos al principio. Comer es una necesidad fisiológica, debe hacerse a diario o de lo contrario se muere uno. Pero esa necesidad fisiológica tiene virtudes que no tienen otras. Puede ser un acto social muy interesante, puede deparar momentos colectivos memorables, puede ser diferente cada día y muy placentero. Esto no pasa con el tema de respirar o el de defecar (bueno, el de defecar también puede ser bastante apoteósico, pero no se llega a tanto).

Cuando uno disfruta de la cosa del comer, lo puede extender o dejar más contenido. Puede comer cosas marca el dedo, o congelados de oferta, o mal comer, puede trabajárselo en la cocina o salir fuera. Puede convertirlo en un arte, en una cuestión de sabiduría infinita, se puede conocer más y más. El conocer más y más se puede convertir en obsesión. Cocinar un nuevo plato, aprender un nuevo ingrediente, ir al restaurante de moda. Y esto llega a momentos de cultura del consumo. El consumo elevado al máximo. Si el consumismo de las rebajas tiene su historia, no deja de ser un consumismo duradero. El consumismo de la alimentación es efímero. Y en este juego, llegan las tendencias. Foodies buscando ser el primer descubrir de un sitio, blogueros que no quieren quedarse fuera de las tendencias, chefs con estrella y estrellados, no te pierdas la última apertura, ¡mejor restaurante del mundo según la revista no se cuál!. La moda llega y la moda pasa y además no es una moda barata. Cuando más se quiere estar en la élite, más caro, más lujo, una cultura hedonista con fecha de caducidad rápida. El hedonismo lo veo, lo firmo, la locura por el trending topic no tanto. Tal vez haya que parar e ir hacia un “slow foodie” o un “foodie de barrio”, una defensa del hedonismo de consumo lento, donde no hay siempre que inventar un puturrú de chutney de níspero con níscalo presentado en un espectáculo de luz y sonido con Jorge Javier Vázquez y Rafa Mayoral bailando en tanga mientras suena Rammstein y una dominatrix te hace comer a latigazos.

No se. Ahora que he estado en la terreta, uno va a lo simple, que es lo que no falla. Va a Llacer. Llacer, un Hotel de carretera, en La Xara. En la carretera que va a Pedreguer, ni más ni menos. Un hotel en el que no sabría decir cuanta gente se aloja ni cuando, pero donde se comenta que un conocido de mi tío murió en pleno quiqui. Lo cuál le da a Llacer un puntito misterioso y morboso para nuestras citas frecuentes.

Llacer tiene lo mejor de la comarca. Mesas de madera con vistas a la carretera, el Levante, Las Provincias y el Canfali para leer por las mañanas. Camareros de humor cambiante, servicio directo pero no festivo. Y el almuerzo de cocas. Las cocas, esas pizzas levantinas (según mi padre, predecesoras de las pizzas, o como poco contemporaneas) individuales. Cocas para almorzar, obreros de mono azul, unos hablando valenciano y otro rumano, con una bandeja de cocas (coca de tomate, coca de guistantes, coca de espinacas, coca de anchoa – la coca de anchoa que consiste en un pan con una anchoa en el medio – coca de llonganisa – idem – coca de cebolla), la litrona de cerveza a las 10am, el carajillo y a seguir. ¿Quieres más cosas? Caracoles, bocata de tortilla francesa, pilota. Y para acompañar, variantes. Guindillas, cebolletas, pimiento, coliflor, olivas.

Antes ponían Canal 9 en la tele, antes de que la Generalitat lo arruinase todo. Ahora ponen deportes. Juegan Lotería de la comarca y algunos guiris ya lo han encontrado. Es un ecosistema propio el de Llacer. Un ecosistema al que ir con el Tío Eduardo y ponerse al día, acompañados de la gente del terreno, en una danza que fluye sola y que se lleva repitiendo décadas

guindillasmutantes.wordpress.com/2017/04/17/hostal-llacer-la-xara

Tiempos Magicos

+34 913 56 74 80

Calle Pilar De Zaragoza 98 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por una persona

ver más teterías en Madrid

y sin embargo resiste

no me gusta

Hay lugares que nunca saldrán en la Guía Michelín, ni en la Metrópoli, ni tendrán peregrinaciones foodies. Pero tranquilos porque esta labor científica que hacemos en La Guindalera para toda la humanidad viene a cubrir ese hueco.

“Tiempos Mágicos” lleva ya unos años en nuestro país y no tendrá glamour ni estrellas ni peregrinación, posiblemente – anticipo – no tendrá nada que destaque. Y sin embargo, en Tiempos Mágicos, hay gente que come. Y si hay gente que come habrá que saber qué, cómo, cuánto y por qué. Porque no deja de ser un elemento más de la idiosincrasia guindalera, un espacio pequeño de este entramado social que tenemos por patria.

La verdad es que el lugar es tan indescriptible que debe describirse. En lo conceptual es dificil superarlo. El nombre, acompañado de lunas y estrellas, señala unas intenciones rollo “Nanai” de Malasaña, tetería mística, incienso, hippies. Pero luego, por dentro, es un bar de toda la vida. ¿De toda la vida? Salvo ese cuadro de unos peces y varios mensajes de rollo positivo-Coelho. Tienen ropa de segunda mano en plan “mercadillo alternativo” y varios DVD’s en una mesa, para el mismo fin. Unos sofás negros bastante cómodos para tomar el café y tés. Mucho té, muy variado, té del mundo, seguramente el único y gran elemento “tetería” que tiene. Varios posters de temática guindalera (o sea, es un local patriota) completan la decoración. Y una oferta de bollería y café “no válida en los días de partido”.

Sea como sea en “Tiempos Mágicos” suele haber parroquianos. Por un lado, gentes que salen del Gimnasio Moscardó y se toman la merienda después de varios press banca en las descacharrantes instalaciones municipales. Gentes con corbata que no se de donde salen. Pero gente oficinista. Porque La Guindalera no es una patria oficinista pero sin embargo tiene oficinistas que van al “Tiempos Mágicos”. Y luego esa fauna variopinta como la del tipo que se pide a las 14:00, hora local, un chupito de Ballantines y un vaso de agua, un tipo delgado con bigote que pasea por las mesas y parece salido de una novela de Cormac McCarthy.

En el “Tiempos Mágicos” no hay menú del día, ni carta llamativa. Las aceitunas y patatas fritas las venden a 0.50€. Y sin embargo, insisto, la gente come. Los paisanos comen. En un goteo que no para, en un plan funcional, de supervivencia, de comer porque hay que comer, esos oficinistas, esas gentes de los talleres, ese pueblo nuestro, que se pide bocata de salchichón para llevar envuelto en papel de plata y saluda con alegría a la amable camarera.

Dificil entrar en materia, pero entramos, por ustedes. Y pedimos. Tras un aperitivo de medianoche con salchichón, empezamos con un sandwich por cabeza, mixto con huevo y vegetal con salmón. Son sandwiches que de alguna manera resisten el paso del tiempo sin ser nada del otro mundo. Es una suerte de estandar que pasa, que sabe a lo que debe saber, sin más dilación ni dilatación. El mixto con huevo, con su huevo bien hecho, un jamón equis y un tranchete, su agujerito en la tapa. Y el vegetal en el que lo vegetal es una gran hoja de lechuga y dos rodajas de tomate, con mayonesa, salmón y huevo duro. Sabéis de lo que hablo porque lo habéis comido todos, pero nadie habla de esto. Pues hablen.

Terminamos la jugada con una pizza de la casa. Que consiste en una base de pizza de supermercado, con tomate de bote, queso fundido y bacon. Dentro de que es lo que es, es mejor que las pizzas abrasadoras y el bacon es de bastante calidad. Pero es lo que es.

Esto y dos refrescos, no tiene más historia, completan esta parada alimenticia. No va a llenar “Tiempos Mágicos” muchas páginas , ni va a obtener reconocimientos (que tampoco los merece en el apartado estrictamente cualitativo), pero ahí seguirá. Posiblemente porque se ha convertido para muchos guindaleros en una parada obligatoria, en ese sandwich mixto entre horas de tedio y en ese té verde para charlar con las amistades en el sofá negro, bajo el inquietante cuadro de los peces.

Por cinco o seis euros por cabeza uno puede pasar el trámite de comer, cuando comer a veces no es más que un trámite, en Pilar de Zaragoza, 98, esquina con Calle Coslada.

Cosa que os digo en el histórico día en que Bustamante y Paula Echeverría se separan.

guindillasmutantes.wordpress.com/2017/04/03/tiempos-magicos-la-guin...

Sergiete

No todos los héroes llevan capa

hace 9 meses

Alexo

Pura fusión molecular el "Tiempos mágicos"....

hace 9 meses

New York Burger

+34 915 93 71 57

Calle Miguel Angel, 16 local derecho <m> Gregorio Marañón 7 10 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 23 personas

ver más hamburgueserías en Madrid

Las mejores hamburguesas de nuestro ranking

me gusta

¿Ha pasado ya la moda de las hamburguesas? No estoy seguro, pero tampoco me parece mal, porque soy hamburguesero total y hay que decirlo más. Es verdad es que fue un poco cansino este boom que hubo de querer hacer hamburguesa gourmet de todo, cuando al final de lo que se trata es de tener o no tener buen producto y no tanto de hacer hamburguesa de chirimoya con garam masala y gamba roja de Denia. Que con que sea buena carne de buen bicho ya tenemos mucho recorrido y si se cocina bien, ni te cuento. Pero me sorprende, con todo, no tener reseñado un sitio que bien lo merece, el New York Burger.

No soy nuevo en estas lides. Son varias las veces que he visitado alguno de sus locales y siempre lo asocio a buenos momentos con buenos amigos. Mítico fue el día en el que nos retamos a comer hamburguesa de medio kilo, dándonos cuenta de que no era para tanto. Y míticas han sido muchas de las visitas, las charlas y los momentos previos y posteriores (sobretodo los gintonics, de cuando también aquello era un boom). Y cuando uno ha estado mucho en un sitio parece que no hay que pasarlo por el tribunal que es esto. Así que me corrijo y vamos allá.

Con Lady Di dormida, en comandita, salimos de expedición hacia el local más reciente de la familia, en la Calle Miguel Ángel, porque es el más cercano a nuestra Guindalera , cosa que siempre es de recibo tener en cuenta. En New York Burger, desde que entras, te lo ponen todo como una especie de sitio entre sofisticado y acogedor, con maderita, luces claras, plantas, un mapa al fondo con colorinchis, colores turquesa y música de cadena de moda. Una carta muy bonita y servicio que se mueve rápido pero sin atropellar. Resulta, además, que están haciendo un “I+D+i” y que justo el local de Miguel Ángel es su laboratorio de pruebas para introducir cositas nuevas en carta, cosas que no hay en el resto de locales. Lo primero a destacar es que hay una cierta oferta cervecera interesante, no es variada en estilos pero hay dos lagers decentes (Urquell y Samuel Adams) y una IPA (la Founders All Day IPA, ahora de Mahou, que fue nuestra elección).

La verdad es que tuve un día en el que mis tareas para que Lady Di tenga el mundo a sus pies lo antes posible me mantuvieron muy ocupado y por tanto hambriento y eso me llevó a pedir con la desmesura que me caracteriza. A mí me gustaría ser siempre desmesurado en el pedir porque soy gordo mental. Pero tengo un truco que es: comida única. Si mi consumo calórico es de 2300-2500 calorías ¿por qué no enchufárselas todas de una tacada? Digo, por administrarnos un poco.

Empezamos pidiendo el clásico entrante “NY Combo”, que es un poco de todo. Alitas, jalapeños, aros, fingers, con salsas picante, barbacoa y mostaza. Nada muy espectacular, todo competente. El clásico “abrir boca”. Acompañado de una Ensalada Parmegiano, que viene a ser lechuga con pollo y salsa de queso. El pollo estupendamente hecho. Los entrantes no son ningún espectáculo, pero sirven para preparase un poco.

Pasamos a lo importante, a lo que nos trae aquí, la hamburguesa. Variedad de estilos (variedad, sobretodo, de acompañamientos), variedad de peso, variedad de pan, variedad de acompañantes. La Reina pidió una de las novedades: Meat Packing ¡Qué barbaridad! Pistas: hamburguesa de peso total 250gr, doble, no se puede escoger el punto, ni el pan, ni la salsa, lo tomas o lo dejas ,salsa especial propia de la casa que es de rechupete. Servidor se fue a la clásica “Soho”, variedad de 350 gr. Con aros de cebolla, bacon, queso y salsa barbacoa. Ambos escogimos ensalada de col para acompañar y yo además me desmarque con una patata asada con mantequilla y crema agria, que estaba algo fría. Podíamos haber probado las carnes a la brasa de esta nueva etapa, pero ¿qué decir de las hamburguesas? Para mí, de lo que he probado, son las más sabrosas de Madrid, las mejores. No se si es la mejor experiencia global, como restaurante, aquí habría disputa. Pero en cuanto a sabor de la carne no hay color y a mis ojitos no se le acerca nadie. Es un espectáculo. Ahora escribo esto llorando y pensando que me comí mi hamburguesa. La digestión (esta brutalidad que he comido) me la recuerda, pero no es lo mismo que saborearla. No señores. Esto es muy top en lo suyo.

Siempre hay que pedir postres y aunque nos aconsejaron una taza de frutas con yogur y granola (que habría sido bastante sensato) se nos puso en el entrecejo la tarta de nueces de pecan, que era otra barbaridad y a la que le sobraba un poco de sirope (ya es sabrosa sin añadirle nada). Fue un colofón perfecto porque Lady Di se despertó al último bocado.

A este lugar se viene a comer carnaca sin marearse mucho. Las hamburguesas son sobresalientísimas. La camarera (que parecía la encargada) era un encanto y este lugar me hace querer ser gordo mental como en realidad soy. Quiero decir, ¿convendría coger 20 kg a base de comer de esto como si no hubiese mañana? Mi raciocinio me dice que no, pero mi sentido del gusto me domina. Entre tanto, ya saben, política de comida única.

Pagamos 30 € por cabeza, engordamos la cuenta con las IPAS y varios complementos (mantequilla + crema agria o patata asada + ensalada de col), pero fácil se puede comer por 20-25 de manera contundente.

guindillasmutantes.wordpress.com/2017/03/29/new-york-burger-madrid

Liliana

Me encantan pero hace unas semanas fui intentando probar algún corte de carne ahumada y no les quedaba nada!!, un jueves a las 21h (mal detalle)... Probamos también la Meat Packing y 2 sandwich nuevos. Pero estoy totalmente de acuerdo buen producto = buen resultado (casi siempre)

hace 9 meses

Antonio Álvarez

Vaya Liliana, pues que mala pata!

hace 9 meses

Liliana

Les daré otra oportunidad en breve ;)

hace 9 meses

La Bomba Bistrot

+34 913 50 30 47

Calle Pedro Muguruza, 5 <m> Cuzco 10 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 253 personas

ver más restaurantes cocina mediterránea en Madrid

Para bailar esto es una bomba

me gusta

Nuestro patriarca cumple años una vez al año y eso en mi familia significa fartera. Esto es, comilona hasta hartar. Es algo muy típico nuestro y yo pensaba que era “lo normal”, ahora cuando voy a otros cumpleaños de otras personas me quedo estupefacto. Porque sí, la gente come, pero no, no siempre comen como si quisiesen reventar. Y me quedo estupefacto porque no se si aliviarme o llorar. A mí me dicen “cumpleaños de…” y ya no desayuno ni como ni ceno ni nada ese día ni el anterior.

Con esos precedentes fuimos a comer todos en familia, desde el abuelo hasta la nieta, a “La Bomba Bistrot”, que está ahí en Chamartín, en una zona que me llama poderosamente la atención. Porque es algo totalmente fuera de mis recorridos pero tiene una vida gastronómica interesante, unos cuantos restaurantes que no están nada mal, uno cerca del otro, en calles no necesariamente atractivas. Este bistrot está en la calle Pedro Muguruza en un recoveco en el que si no vas a propósito directamente no vas, pero ah, es una zona de concentración gourmet y lo uno llama a lo otro.

El local tiene dos plantas. La primera, pequeña y acogedora, es lo que en mi cabeza es un bistrot. Un sitio con fotos medio bohemias, pizarras por sitios diversos, mesas cómodas aunque modestas y una luz tenue. En seguida nos ofrecieron aperitivos en forma de cocktail, el Xiquet optó por Bloody Mary y un servidor por un “Senador” que viene a ser un vermú adornado convenientemente. El resto de la mesa fue más conservador en esto.

Con el Xiquet pasa también que tiene una tendencia a la exageración, y ahora que un amigo suyo le ha dicho que cuando se va a un restaurante nuevo lo mejor es pedir “todos los entrantes” hay que sujetarle con cadenas y vigilarle mucho. Claro, hablamos de una persona que dice que para ser de nuestra familia hay que pesar mínimo 80kg (por lo que estoy a 13 de ser de mi propia familia).

Entre que debatíamos los entrantes el amable “señor Bistrot”, esto es, el dueño y cocinero, además de hacernos la estancia mejor con su amabilidad, nos sirvió una tapita de garbanzos que desató el clásico debate familiar acerca de si los garbanzos pequeños son franceses o no. Esto fue para abrir boca.

En orden de desaparición cayó, para toda la mesa, una ración de alcachofas con huevo , una tortilla trufada y unas cañas de tuétano. Por orden, las alcachofas estaban crujientes y espectaculares. La tortilla (más cerca de un huevo revuelto) era puro sabor. Ambos platos no muy grandes. Lo del tuétano ya era otra cosa, porque no era más que eso, tuétano, pero ponerse hasta el tuétano de tuétano es una manera de comenzar una comida sin igual y además el agradable señor Bistrot nos dio trucos acerca de como preparar esto en casa y donde comprar mejor el tuétano. Untaditos los quiere Dios.

Pasamos a los segundos donde hubo divergencias en la mesa. Paterfamilias y La Mare se desmarcaron cada cuál con un segundo (hamburguesa él, canelón de pintada ella) pero entre La Reina, el Xiquet y yo optamos por tomar TRES arroces para dos. Lo que viene siendo, arroz para cuatro. Los arroces son una gran especialidad de La Bomba (¿vendrá el nombre del arroz idem?). Uno de pichón, otro de pato. Ambos de capa muy fina (llevan el concepto de capa fina hasta sus últimas consecuencias), ambos de sabor extraordinario y por tanto ambos recomendadísimos. Un arroz tiene que ser así, con sus tropezones justos y necesarios y un fondo que le de personalidad, un fondo bien currado. ¿Con cuál quedarnos? Hubo divergencia de opiniones, así que prueben cualquiera. También es verdad que nos dio por comer con cava (que es otra de nuestras manías habituales cuando estamos en familia) y yo me achispo con facilidad. Quiero decir, que es lo malo de estas cosas ¿uno juzga adecuadamente el detalle de cada plato, los matices, el pato , el pichón y todo lo demás? Yo sostengo que ir a comer a un restaurante es una experiencia global en la que lo que importa es el impacto que produce en uno en su totalidad, por eso no entiendo convertirlo todo en un “juzgar plato a plato” y sacar una media de puntos. Quiero decir, que yo soy punki y si he comido bien, mucho, me han tratado bien y me he bufado convenientemente, pues ahí queda la cosa.

En los postres el “Señor Bistrot” nos puso una tarta de cumple para el homenajeado y yo comí una pavlova que fue el remate final. O el medio remate final, mejor dicho, porque pidieron los aventureros de mi familia una tabla de quesos que luego no se pudieron terminar. Una barbaridad.

Salió a 60€ por cabeza la experiencia, creo que es un precio correcto si tenemos en cuenta la calidad del producto, el atentísimo servicio, los arroces perfectos de punto y sabor (no habitual en estos pagos) y el gran cumple familiar que tuvimos. Desde luego vale la pena repetir y seguir investigando la carta.

guindillasmutantes.wordpress.com/2017/03/28/la-bomba-bistrot-madrid

Liliana

Un cumpleaños pantagruélico! Me ha encantado la opinión, dan ganas de ir a probar esa bomba.

hace 9 meses

Antonio Álvarez

no te lo pierdas!

hace 9 meses

Casa Toribio

+34 913 55 90 20

Calle del Cardenal Belluga 14 <m> Ventas 2 5 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 26 personas

ver más bares y cervecerías en Madrid

Un clásico guindalero

está OK

Notición. Hemos roto el protocolo. Así, os lo digo a lo bestia porque si no os da más impacto. Es sabido que estamos haciendo un mapeo concienzudo, laborioso y lento de todo lugar de nuestro país, La Guindalera, donde den de comer algo. Y esto lo hacemos con un tesón propio de los aventureros del romanticismo, calle a calle, local tras local, sin desviarse.

Hoy tocaba un sitio. Hemos llegado y estaba cerrado, ¡cerrado! Claro, fue festivo ayer y abrieron, así que hoy ha sido su día de descanso. Y el protocolo dice que entonces pasemos al siguiente de la misma calle o de la calle que toque. Pero cuando uno se dirige a un lugar que sabe de antemano satisfactorio y el siguiente que toca más bien emite señales de fracaso (e iremos, claro, porque por nuestros compatriotas vamos a donde toque) se queda uno con un disgusto interesante. Pero nuestra agilidad mental está a prueba de test psicotécnico de la EGB y en seguida decidimos cruzar nuestro país de punta a punta e ir a otro lugar mítico de La Guindalera, Casa Toribio.

Esto vino bien porque con el hambre que había hicimos el camino a sprint y llegamos de Avenida de América a la Calle de Alcalá (de frontera a frontera, practicamente) más rápidos que Urdangarín pescando comisiones. Pero es cierto que este sprint estaba justificado, tanto como romper el protocolo,porque en realidad Casa Toribio es un lugar al que viaja incluso gente de nuestra vecina España (el lugar es un poco colonialismo español, todo sea dicho) por su especialidad, santo y seña, el rabo de toro de lidia. Y es que el señor Toribio tiene exclusiva del rabo de toro de lidia de la Plaza de las Ventas y de cuchucientas plazas más. Lo que significa que el toro que uno come ha muerto en combate desigual en un ruedo.

Casa Toribio está en la calle de Cardenal Belluga, 14, cerca de la Plaza de las Ventas y es el más insigne de todas las tabernas y restaurantes taurinos que abundan en la zona (y abundan unos cuantos). Es una calle que no tiene mucha gracia en sí misma, tal vez su gran hito sea este lugar. Un lugar que por decirlo en pocas palabras y para que se entienda diría que se define como: un restaurante de señores. Porque los restaurantes de señores son un género en sí mismo, son los restaurantes donde predomina una ambientación más bien patriótica española (de ahí lo de colonialismo, pero es inevitable que nuestra Guindalera se vea influenciada por nuestros vecinos al Norte, Sur, Este y Oeste), decoración clásica, guiso clásico, mantel liso, silla de madera, fotografías de motivos tradicionales, fotografías con celebridades varias, público en la onda del ministro Fernández Díaz y conversaciones de corte bien empresarial bien “cómo está el mundo desde que llegó el voto femenino”. Este tipo de lugares me gustan a mí de tanto en tanto. Born to be wild.

Nos atendió según llegamos una camarera que diría yo que era su primer o segundo día. Y en seguida el alma pater del local, el mismo Toribio in person, vino a cantarnos la carta, de carrerilla, desarmándonos . Porque cuando uno recibe esta carrerilla lo suyo es responder cual frontón, pero nos vio tan pensativos que nos dejó con la carta. Fue muy rápido todo.

Decidimos ir bien más por lo alto, comenzando con un entrante de anchoas y boquerones. Este es el clásico plato de “matrimonio”, con anchoa de primera calidad y agujero en el bolsillo, pero se me antojaron. Unas anchoitas buenas son una cosa muy tonta y luego me pregunto para qué demonios las he pedido, porque se que van a ser seis y las voy a pagar con notoriedad. Acompañadas de un pan tostado con aceite que hizo romper mi juramento antipan. Con mojamoja y todo.

Como teníamos ánimo de verduras, otro entrante fueron alcachofas con jamón. Que no es que sea un plato que uno no encuentre a menudo o no se pueda manejar en casa propia, pero el toque clásico siempre viene bien, apetecían. Y la oportunidad de comer verduras, oigan, que tampoco debe desmerecerse.

El plato fuerte, como no, fue, por unanimidad, el rabo de toro. El guiso clásico, con zanahorias, guisantes y patatas fritas en cuadritos. Un rabo de toro espectacular. Y esto no se lo hace uno en casa así como así ¡ya me gustaría! Lo malo del rabo de toro es que pasa como con las anchoas, sólo que esto al menos conlleva elaboración. Pero a la hora de la verdad, la mitad es hueso (en Casa Toribio y en todas partes) . El toro de lidia es más duro de sabor que el rabo de toro feliciano que uno encuentra en otros lugares, supongo que porque en el fondo se asemeja a la caza. Que esto sea una teoría recién inventada por mí, no lo descarten.

Nos crecimos a la hora de los postres con las tartas caseras. La recomendada por Toribio en persona fue la de almendras helada. Y la que nunca falta es la de queso, en este caso queso con mermelada de higo. Sobre esta última, decir que sabía más a mermelada de higo que a tarta de queso. Sobre la primera, me recordaba al helado de turrón, pero más crujiente, asunto que siempre es positivo.

Muchas reflexiones me quedan sobre este lugar. No se que decir de Toribio. Sin duda es un personaje singular que llena el establecimiento con su personalidad. Es de estos hosteleros que se hacen notar, que pasa por las mesas saludando, que controla hasta el último detalle. Intentaba ser amable con los comensales al tiempo que metía algo de prisa , daba conversación y regañaba a la nueva por algún lío con una reserva delante de todos los comensales. Yo creo que entra en la categoría de genio y figura de la hostelería madrileña, y por esto merece ser mencionado.

El precio final, lo mencionado más vino de la casa, 60€ por cabeza. Claro, aquí está el lío. La mitad se va en el rabo de toro, que es un plato que no acostumbra a ser barato. Un 25% en las anchoas, se dice pronto (y sabíamos al pedirlas que iba a ser rejoneo ¿se dice así?) y el resto en bebida, postre, alcachofas. A mi juicio, se va algo por encima de lo que habría pagado, el entorno de los 35-40 por cabeza habría sido el adecuado. Doy por hecho que se paga caro el hecho de que sea toro de lidia, y forma parte de la extravagancia-intríngulis del lugar. ¿Volveremos? Pues supongo que sí, estos sitios “de señores” merecen visitarse al menos una vez al año, especialmente estando en el país propio, hubo cosas de la carta que quedaron en el tintero. Y el lugar tiene pinta de que puede tener una sobremesa imperial, con pelotos muy old school.

guindillasmutantes.wordpress.com/2017/03/21/casa-toribio-la-guindalera

Buns&Bones

+34 810 52 17 05

Calle de Santa Isabel,5 <m> Antón Martín 1 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 79 personas

ver más restaurantes asiáticos en Madrid

Pues a nosotros nos ha triunfao de lo lindo

me encanta, uno de mis favoritos

La vida de la realeza no es sencilla como pensáis. Todo el día conferenciando, importantes reuniones para tomar decisiones de alta trascendencia, de aquí para allá, sabiendo que un país entero depende de lo que hagamos. Por eso, en días como este, con tanta faena y tanta discusión, se agradece que nuestra expedición gastronómica a la vecina España tenga un saldo exitoso. Hemos triunfado, y está bien que lo digamos.

Nuestra lista de sitios pendientes crecía de manera muy descontrolada, exagerada diría. Cada vez que Fulano o Mengano hablaban de un sitio, a la lista. La traída al mundo de la heredera ha frenado el ritmo de proyectos y al tiempo ha permitido, con mucha habilidad, que este listado decrezca. Disciplina, rigor, todo lo que se exige a unos monarcas como los de antaño.

Así que hemos llegado al Buns and Bones esta mañana sabiendo que conquistábamos una cima más. No fue tan fácil encontrarlo, tal vez por nuestra pedrada mental. Está el sitio en la Calle Santa Isabel, en los bajos del Mercado de Antón Martín, en el exterior. Y así se indica en todas partes. Uno, como es impaciente, se recorre todo el mercado buscando el sitio en cuestión. Es que no estamos a lo que hay que estar. Pero bueno, al final se encuentra, porque en realidad, que demonios, sí que es tan fácil encontrarlo. Lo que pasa es que tengo yo recuerdos de esa zona y de un antiguo cliente con una vida interesantísima, un tipo que traicionó a su mujer con una filipina y luego la filipina le pegaba a él, un tema sórdido pero que tenía partes cómicas cuando uno conocía el asunto más en profundidad.

Me lío. Buns and Bones, en los bajos del mercado, calle Santa Isabel. Un local más bien estrecho, con dos mesas bajas grandes, dos mesas altas con taburetes altos y taburetes altos en la barra contra la ventana. No era muy tarde y no había mucha gente, más cómodo para nosotros. Cuando uno va con Lady Di y todas sus circunstancias es bueno buscar los días de menor concurrencia. Habría que hacer un listado de “Trucos y lugares a donde ir cuando se tiene heredera al trono”. El tema del Buns and Bones es un concepto chiripitifláutico. Se divide en tres partes: buns, esto es, panes, que son los baos, tan presentes en nuestra vida ultimamente. Bones, esto es, huesos, que vienen a ser carnes y otras cosas hechas a la parrilla. Y “ni buns ni bones”, de todo un poco fuera de las anteriores categorías. Más postres. Más bebidas.

Como somos aventureros cual Leguineche en “El camino más corto”, decidimos probar un poco de cada apartado. Todo muy bien asesorado por una camarera eficaz, atenta y de extraordinario sentido del humor. En el apartado de “ni buns ni bones” nuestra elección fue la thai salad, una ensalada de hojas verdes con mango, papaya, tomate y un aliño con un toque picante. Todo un acierto.

Pasamos a los “buns”. Nunca habíamos comido de esto y de repente estamos en racha. Dos baos, uno de gambón en tempura al ajillo japonés y otro de tonkatsu (presa ibérica, ensalada de col y salsa tonkatsu). ¡Vaya dos delicias! Como diría el Guerra, cuando comió su primer kebab en la calle San Mateo, esto “sabe a Dios”. No se con cual quedarme, de hecho me gustaría seguir comiéndolos hasta reventar y volver a ser gordo. O probar toda la carta. Si estas dos muestras fueron así, ¿cómo sería la totalidad? Porque la carta apuntaba cosas muy interesantes que aconsejan repetir. Todavía me relamo.

En el apartado de “bones”, nuestros ojos nos llevaron a “churrascazo”, un pedazo de carne enorme (800-1000 gr, anuncia la carta) con una salsa española levemente picante (intuyo que es esto, las zanahorias y demás enseres del guiso, batidos, aderezados con algo picante) y dos patatitas asadas. Era para compartir, pero alegremente me habría enchufado uno entero. Yo en estas circunstancias reconozco que pierdo el entendimiento. Tengo un problema y es que soy un poco como Joe Pesci en “Casino”, en cuanto me provocan pierdo el control, y el churrascazo me provocaba. Madre mía, en serio, yo tal vez deba volver a ser gordo, insisto. Ante cosas así ¿por qué no? Ya dice el Xiquet que una persona de nuestra familia nunca debería pesar por debajo de 80kg. Menos mal que no me ha dado por la drogaína.

Estaba tan motivado que en lugar del clásico postre a compartir , decidí que un postre para la Reina y otro para mí. Que los dos serían compartidos, claro. Una pannacota de te verde que hizo nuestras delicias y una mousse de chocolate oscuro bien densota, un perfecto colofón.

Pedimos la cuenta:

- Camarera, la cuenta, por favor
- Son cincuenta
- ¿Sin cuenta? ¡Qué detalle! ¡Hasta luego!

Noooo. En serio, esto se va de madre. La cuenta fueron 62 euros, con dos bebidas por cabeza, a 31 lereles per testa, un precio más que bueno teniendo en cuenta que nos pusimos como el Kiko (Rivera Pantoja) .

Ya nos dijo el gran Miguel Juste que “volver no es repetir”, y aunque repetiríamos de muy buen grado exactamente lo mismo, el olfato me dice que hay que volver y probar otras cosas de la carta, a ver si es que ha sido un día de suerte o es que estamos ante un torpedo sensacional.

Buns and Bones, Calle Santa Isabel, 5 (Bajos de Mercado de Antón Martín). Tienen otras direcciones en San Bernardo y Guzmán el Bueno

seRRaloR

Qué bueno tío! Te acabo de descubrir. Acabo de leer esta opinión y no puedo parar de reírme... Además cumple su función de informar de lo bueno y/o malo del sitio en cuestión. Muchas gracias por hacerlo tan bien.

hace 7 meses

Calle Capón

+34 645 60 30 60

Calle Coslada 28 <m> Cartagena 7 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 5 personas

ver más restaurantes cocina internacional en Madrid

Una primera aproximación chifa, necesito repetir y repetiré

está OK

Tenemos que reconocer que nuestra patria guindalera no se caracteriza por su variedad gastronómica. No son nuestros compatriotas muy lanzados y rara vez viene gente de otras tierras a demostrarnos su saber hacer en los fogones.

Pero en esto que en la Calle Coslada abre un restaurante chifa, ¡chifa ni más ni menos! ¡Caramba!. Abre en un local curioso, en este establecimiento hubo un sitio que daba pie a las especulaciones. Era un restaurante sirio, una vez entramos La Reina y yo, éramos los únicos comensales y nos dijeron que por la tarde había “espectáculo”. Durante tres años pasábamos por delante y nunca ¡nunca! vimos a nadie dentro. Tanto es así que llegamos a especular con que fuimos los únicos comensales que tuvieron en tres años. Pero ahí seguían, con cero clientes y puertas abiertas. Un mal pensado que ha visto varias veces Los Soprano de cabo a rabo podría pensar que tal vez ese negocio tenía otras finalidades muy diferentes a las gastronómicas. Pero nadie sabe. Luego estuvo cerrado y de repente , hace poco, vimos que abría esto.

Chifa es, aunque de sobra lo sabéis, la gastronomía de los chinos en el Perú. Chinos que hacían su comida con los ingredientes que tenían en Perú y a partir de ahí generaron un híbrido muy interesante. Y con ver esto en nuestro Reino quedamos muy alegres y anotamos en la agenda con muchas equises . Para colmo, nuestro método nos lleva a visitar la Calle Coslada, así que todo está bajo control.

Y entramos en este Calle Capón, que se llama así en honor a una calle donde los “chifas” hacían de las suyas, un lugar originario del mundo fusión chinoperuana. Es un local que parece un restaurante chino, con dragones y olor a incienso, más bien oscuro. Con una música que no puede dejar indiferente, hilo musical ochentero alternando con melodías latinoamericanas tocadas en modo oriental, casi espiritual. Había una opción de menú del día y nos decantamos por esta, para salir con una pequeña idea inicial.

Nos atendió un camarero muy atento, muy amable y muy pedagógico. Nos hizo una introducción a la comida chifa y nos explicó cada plato del menú. Nos guió sobre cuáles eran las mejores opciones para pedir y confiamos en su criterio. Una variante del menú eran 12€, otra eran 15. Escogimos la de 15. Antes de empezar a comer nos sacaron unos panes recién hechos con una vinagreta muy sabrosa.

De primeros, Langostinos en su Totorita y Mar y Tierra. Langostinos en su Totorita son dos langostinos rebozados con una base de boniato algo dulce. Están buenos, aunque comería más. Mar y Tierra… a ver como lo describo, papa, aguacate y langostino en un todo. Me sabe mal no alcanzar a describirlo porque fue el plato que más nos gustó de toda la carta.

En cuanto a los segundos, pato a la laguna y chaufa especial. Pato a la laguna es un pato con verduras y salsa agridulce, acompañado de arroz. Nos encanta el pato aunque este no tuvo su mejor día, tal vez más duro de lo que debería. Chaufa es un hit de la comida chifa , que sin ser nada del otro mundo es una cosa a probar porque es un básico. Se trata de un wok de arroz con verduras y carnes varias (langostino, pollo, pato, cerdo). Nos gustó complementarlo con la salsa del pato. A ver, es un salteado de arroz, tampoco le puedes pedir milagros, pero es resultón y sobretodo algo significativo.

De postres, leche cocida y mousse variado. Lo de la leche cocida diría que es como la leche frita… pero en cocida. Es buena descripción para el que me siga, y estaba bueno. Mousse, tremendo, mousse de aguacate y maíz morado con merengue. Está genial. Lo del maíz morado es una barbaridad, y el m0usse de aguacate tiene un sabor muy intenso. El merengue que hacen ellos es casero también. Queda un postre muy resultón.

El precio de la cosa fue de 30€, quince por persona. Nuestras conclusiones son varias, por un lado que el menú nos pareció bien pero que se nos quedó corto. Por otro lado, nos quedamos con ganas de más, de entrar más a fondo no tanto en el menú sino en la carta , entrar más en la gastronomía chifa. Así que esta primera visita nos sirve más que nada para abrir el apetito y ponernos el objetivo de repetir y profundizar en la carta.

guindillasmutantes.wordpress.com/?p=3364

nindiola

Definitivamente hay que ir a ver eso. Hay que apoyar la gastronomia de la Guindalera si o si.

hace 9 meses

Alexo

La pag web del sitio tiene los precios en $. Son filial o franquicia?

hace 9 meses

Antonio Álvarez

No me suena que sean franquicia

hace 9 meses

Peko Peko - Bao Street Kitchen

+34 912 77 58 03

Calle Colmenares 13 <m> Chueca 5 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 42 personas

ver más restaurantes asiáticos en Madrid

Genial a precio chiripitiflauticamente bueno

me gusta

Nuestra lista de lugares pendientes de visita aumenta tras cada recomendación por parte de nuestros amigos, que no sabe uno si le quieren mal o bien. Y esta era otra visita pendiente. Fijaos el pedo vital que llevamos, es de categoría. Porque esto del bao tuvo un boom ¿verdad? Y creo que ya ha pasado de moda, ¿o no?. Uno no se entera cuando está ocupado en educar a la próxima dictadora mundial (porque no nos hagamos los tontos, lo vamos a revestir de democracia pero todo el mundo sabe que está el pescao vendido).

El caso es que ya hablamos de esto del bao cuando visitamos Hattori Hanzo y ahora pasamos por este Peko Peko. Que está en la calle Colmenares, que por lo que se ve es una calle que tiene más vida por las noches y los fines de semana que de día y entre semana. Todo restaurantes, uno junto a otro, pero todos con poca gente un martes a la hora de comer. Mejor para nosotros porque en la aristocracia como es sabido preferimos no mezclarnos demasiado. La realeza es así.

Peko Peko significa algo así como que te rugen las tripas en japonés. No que las tripas hablen japonés, sino que es una expresión japonesa, que me expreso de aquella manera pero me lo puedo permitir. Es un local muy chulo, en plan “asiático en general”, con mesitas con taburetes, una mesa central grande y una barra con taburetes altos. Todo cubierto de papeles de periódico chinos a modo de manteles, que me han venido muy bien porque siempre anda pendiente uno de la actualidad china y sus circunstancias tan simpares.

Llegamos prontito decididos a que Lady Di fuese decente y nos dejase comer sin armar el espectáculo, que es una de sus aficiones más interesantes. Nos ubicamos y nos atendió estupendamente la simpática Rocío, dueña del cotarro y bloguera de pro, que se ha lanzado a la aventura de llevar su panasiatismo a abrir un local majo. Como es nuestra costumbre nos dejamos llevar por la sabiduría de la dueña, que nos indicó la posibilidad de tomar un menú, que incluye un bao, dos dumplings y un ramen. Nos gustó la idea y le añadimos un bao extra, otros dumplings extra y un postre que no iba en la historia. Es lo que tiene ir sin desayunar. Entre que llegaba nuestro festín nos mantuvimos entretenidos con edamame, ¡qué cosa más tonta! Esto de comer vainas con sal, tú, y qué vicio. Preferiría llevar edamame al Calderón que pipas (porque no como pipas).

Empezamos con los dumplings, esto es, las empanadillas. Probamos las dos variedades de carta más unos terceros que eran novedad, los red bull wonton. Los de la carta, gyozilla, gyozas de carne rollo coreano con salsa roja, un toque picante (pero no mucho), crujiente, y sabroso. “Los puros de Fu Manchú”, wonton de verduras, una barbaridad, bocado celestial. Y los fuera de carta red bull wonton, wonton de rabo de toro con un caldo picante que eran otra delicia total . El rabo de toro muy bien hecho, un visto y no visto, y el caldo muy adictivo, también con un toque picante.

Pasamos a los baos, probamos dos del menú y un tercero para probar un poquito más, porque nos apetecía todo. Angry Bird Bao, pollo con chili-oil y encurtidos varios, un pollo rebozado en el bao tradicional. Ebikatsu Baoger, langostino “en gabardina” (no, pero me entendéis, crujiente, rebozado), en bao de sésamo negro. Bien, delicado. Y finalmente el indiscutible ganador, Piggy Bao, bao de panceta a baja temperatura y una fruta que es blanco por dentro, verde por fuera, si quieres que te lo diga ¡espera!. Esto del bao de panceta es un invento maligno, la verdad es que llega un punto que uno imagina bao y lo asocia a panceta. Es una mezcla muy de gente de mundo. Muy de bonvitant. Muy de Quadrophenia.

Acababa el menú con unos ramen y no es mal final porque el chute de ramen te remata. Uno come los dumplings y piensa “esto se va en dos bocados”, come los baos y piensa “bah, me comía cuatro”, pero el remate llega con el ramen. De fuera de carta el Thai Ramen, un ramen con curry thai. A ver, este es contundente y a nosotros nos encantó, porque al final ramen, curry, thai, son cosas que siempre le dejan a uno satisfecho, es una certeza, es como volver a escuchar el “No somos nada” de La Polla Records, que sabes que te va a gustar. Y el otro ramen, Bulgogi Ramen, con tiras de carne macerada, verdura y huevo, menos contundente pero a nuestro juicio mucho más meritorio, todo puesto con más cariño. Aunque los dos estupendos.

Uno podría pensar que acabaría harto del Bao pero ¿qué hacer cuando de postre hay “Bollibao”? Lo que nos faltaba para que la siesta fuese de medalla olímpica (¡y sin EPO!), bao frito con helado de vainilla y chocolate.

El menú eran 12 euros, y con los añadidos que metimos nos salió la cosa un poco más cara, a 16€ por cabeza. Que no está nada mal, pero que nada mal, para todo lo que comimos.

Ahora lo que me estoy preguntando es cuando van a poner un sitio de estos de Baos en La Guindalera, ¿por qué nuestros súbditos son tan desafiantes? Aunque bien pensado no es mala cosa que no lo pongan porque si uno es anti-pan mejor tener lejos el bao.

Entre tanto, sepan ustedes que Peko Peko cuenta con nuestra simpatía y que pueden ir por allí a comer bien a un precio más que satisfactorio.

C/Colmenares, 13, Madrid.

guindillasmutantes.wordpress.com/2017/02/28/peko-peko-bao-madrid

Alexo

Podrás refugiarte en los oscuros limites de la Guindalera y escapar de los baos, pero el chusco pan blandurrio/del día tan typical spanish te perseguirá forever...

hace 10 meses

Miss Migas

¡Pinta muy rico!

hace 10 meses

El Rincón de Mapi

+34 911 69 20 40

Calle de Coslada, 17 <m> Cartagena 7 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por una persona

ver más restaurantes vascos en Madrid

Menú del día competente

Antonio Álvarez lo descubrió en febrero de 2017

está OK

En todos los barrios hay establecimientos malditos. Estos lugares por los que uno ha visto pasar un negocio, otro y otro más y han ido pinchando en hueso. A uno ya le da pena porque cuando abren algo nuevo piensa “pobres incautos”. ¿Que será que tienen estos sitios? Una mala entrada tal vez, escaparate feo, una propiedad tocanarices , la maldición de Lono o Cristiano Ronaldo en espíritu. Algo hace que no tiren.

Pero bueno, quien sabe, a lo mejor el próximo que abre es un pepino. Y a lo mejor el local de la Calle Coslada, 17, deja de ser un infierno. Como pasa con “El Rincón de Mapi”, nuevo café-restaurante con una oferta amplia. Cafetería para el desayuno, menú del día y afterwork, con juegos de mesa y de todo un poco.

Toca recorrer la Calle Coslada y hay varias cosas, así que empezamos por este punto en esta expedición por nuestra patria tan necesaria. Este archivo histórico de todo lo que hay en nuestro país, que avanza muy lento pero seguro.

Emprendimos la expedición y entramos en el Rincón de Mapi. El escaparate es un tanto oscuro, tienen que poner pizarras a pie de calle anunciando el menú, no se ve muy bien lo que hay dentro. El menú no pinta mal, 10€ y varias opciones. Por dentro predomina el color vino, varias mesas al fondo y varias a mano derecha. Una pizarra indica especialidades en rabo de toro y civet de jabalí, se ve que le han pegado una buena mano en dejarlo agradable por dentro, lo que se contradice un poco con el canal musical “HitTV” en el que nos machacan con reggaeton infame. Ojo con esto, en serio. No entiendo yo como a veces (demasiadas) hay establecimientos en los que se nota que han puesto mimo en hacer un ambiente agradable y lo revientan con música del averno.

Nos atiende una amable camarera, presumo que propietaria, que es todo lo encantadora que se puede ser, y vamos directos al menú. La Reina y yo optamos por lo mismo. No es nuestra regla habitual, pero se nota que hemos perdido práctica.

De primero, ensalada de canónigos con queso de cabra y manzana. Esto me gustó, mucho. Y uno dirá “pues no es nada del otro mundo”. Pero el hartazgo de las “ensaladas mixtas” en los menús del día es terrible, terrible. Todos esos menús del día en los que han metido cualquier cosa de una bolsa sin un mínimo de imaginación, con aceite malo, vinagre malo, es una enfermedad. Y aquí oye, han pensado en hacer algo diferente. Que siendo sencillo estaba buenísimo.

De segundo, bacalao con tomate. Una buena pieza de lomo de bacalao, muy bien hecha, con una salsa de tomate que lo desmerecía. No era casera, y si lo era no lo parecía.

Pasábamos el rato contemplando y analizando un poco, porque ya tenemos mucho manejo de todo lo que hay. No entró nadie en toda nuestra estancia, una pena porque ya digo que los platos no estaban nada mal. Pasamos a pedir los postres y aquí estaban un poco perdidos de lo que tenían y lo que no tenían, cosa que no queda muy bien. Al final sólo tenían tarta de queso y la probamos porque es siempre la prueba de fuego como ya saben nuestros millares de lectores. Esta tarta de queso tenía una base buenísima, y de base para arriba era normal, sin más.

Salió todo el menú por 10€, un precio competente. La salsa de tomate no casera y los postres desorientados, además de que se olvidaron de nosotros un poco al final (a la hora de pagar) son los peros del local, que por lo demás es agradable. Le falta algo de punch y sobretodo le falta que vaya más gente a comer. Desde luego hay sitios en La Guindalera de mucha peor calidad, con menús infames, en los que come más gente. Así que al menos una oportunidad al Rincón de Mapi. Y habrá que mirar el civet algún día.

Calle Coslada, 17.

guindillasmutantes.wordpress.com/2017/02/21/el-rincon-de-mapi-la-gu...

Mad Brewing

+34 914 40 23 95

Calle Julian Camarillo,19 <m> Ciudad Lineal 5 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 36 personas

ver más bares y cervecerías en Madrid

Cervezas de altísima calidad y brisket de rechupete

me gusta

Respeten a la cerveza. En serio. A la CERVEZA, con mayúsculas. Vamos a dejarnos ya de chorradinas. Si somos de morro fino lo tenemos que ser para todo y a cada producto le tenemos que buscar las cosquillas. A la cerveza también. Que ya está bien de que una gran industria (lícita) nos marque el cánon de calidad tirando por la bajísimo, con esas lager petadas de maíz y esa canción del verano de “es que en España somos más de vino y la cerveza nos gusta muy fría”, excusa para beber cualquier líquido reventado de gas. Que no digo que no le pueda gustar a uno, que a mí me gusta también la Cutrecon. Digo que si nos ponemos serios, nos tenemos que poner serios con todo. Así que ya saben, huestes de foodies, a aprender de cerveza toca.

Madrid va despacio en su transformación como ciudad cervecera llena de sitios de calidad. El ideal sería tener al menos una tienda de cervezas digna en cada barrio y que en la mayoría de tabernas y restaurantes uno pudiese escoger la variedad de cerveza que mejor va con cada plato. A ese ideal no se llega en un día, se llega poco a poco.

Y los muchachos de Mad Brewing, con pasado en Animal, Irreale o Fábrica Maravillas, han dado este paso al estilo de Estados Unidos. Una nave industrial en Julian Camarillo donde fabrican sus criaturitas y con un pequeño restaurante en la entrada. Una mezcla perfecta con ese toque fabril en una zona fuera del circuito habitual. Esto al otro lado del Océano es bastante común, ese mix de fábrica y restaurante, y las peregrinaciones a fábricas son religión. Aquí todavía no, pero es cuestión de que nos den tiempo. Revolución lenta pero esperamos que imparable.

En la Línea 7 acudimos en bloque, llegando prontito por si Lady Di tenía necesidades especiales. En España no somos tan respetados como en La Guindalera. Nos ubicaron rápido en una mesa alta y tiramos por la calle del medio, la de compartir las especialidades de la casa. La carta se compone de una selección de cervezas hechas por ellos mismos (claro, esa es la gracia, demonios), unos entrantes y varios platos contundentes como costillar, pollo a la cerveza o brisket. Hay opción de menú del día o medio menú (precio entre 9 y 13) varios postres caseros y otras bebidas por si alguien no se atreve a probar cosas decentes o está en plan abstemio. Que de todo se puede encontrar uno.

Confesamos que ya estuvimos en Mad Brewing y que no hablamos de este local en estas páginas porque la vez que lo visitamos terminamos con tal melopea y fartera que no nos dio la memoria para reseñar nada. Porque hasta las mentes regias tienen estas pérdidas de control. Así que conocíamos bien lo que había. La vez que estuvimos fue con varios compadres y pudimos probar una selección nutrida de cosas. Puedo dar fe de que todo estaba delicioso y dejaré mencionados, por no haber estado en nuestro menú de hoy, el bocata de aguja, la selección de ahumados y el pollo a la cerveza.

Pero vamos a lo de hoy. Nos atendieron raudos y comenzamos con la cerveza. La Bienvenido, una Berliner Weisse, era lo más ligero para empezar. Es un estilo de cerveza rarito, que puede engañar, con un punto salado, que para un servidor es una delicia. La otra opción fue la Mad Citric APA, american pale ale que como el nombre indica es cítrica, totalmente redonda y fresca. Pedimos sugerencia para entrantes y nos sugirieron los nachos. Que parece la sugerencia más fácil y pensamos para nuestros adentros “Vaya, ya se salen con los nachos”. Pues oigan, ¡qué nachos! Así da gusto comer nachos, uno los comería a todas horas, con carne mechada, guacamole, queso, calentitos y crujientes. A lo mejor estoy hipermotivado o ido de la pinza cual Monedero de turno, pero yo diría que son los mejores nachos que he comido en mi vida o al menos en muchísimo tiempo. No suelen impactarme unos nachos, no porque no me gusten, sino porque son nachos. Este era un entrante contundente para dos.

Cambiamos de plato a nuestro niño mimado, el brisket. Falda de ternera con una salsa española que además lleva bourbon. Medio kilo de carne, a compartir. Y por si nos parecía poco, verduras asadas de guarnición. Cambiamos de cerveza. La Reina pasó a tomar un refresco de jengibre, elaborado también allí. Alternativa no alcohólica interesante. Y puestos al jengibre opté por una Ginger Scotch, una Scotch Ale que llevaba jengibre y canela, que le iban fenomenal al propio estilo y al plato en cuestión. Las verduras de guarnición se deshacían en elogios (ah, he usado “deshacerse en elogios” totalmente fuera de contexto pero ¡qué más da!), tomate, berenjena y cebolla en su cazuelita de barro para chuparse los dedos. Y el brisket, mare de Deu. MARE DE DEU. El brisket cocinado a fuego lento se deshace no en elogios sino en amor a la gordura. Sí, porque uno que se cuida piensa ¿y por qué no ser gordo de nuevo y comer más de esto? No deja de ser un cacho carne con una salsa tradicional (a la que se añade Bourbon, de acuerdo), pero como siempre decimos por aquí, cuando se utilizan ingredientes de primera calidad, lo demás es tontería.

De postres nos ofrecieron una tarta de zanahoria que nos resultó especialmente curiosa por no ser la típica tarta de zanahoria. Era más compacta, se desmigajaba menos, el glaseado tradicional estaba en “modo crema” y lo que más felices nos hizo era que no empalagaba. Una bomba final, que se completaba con el hecho de maridar perfectamente con la Ginger Scotch Ale, cerveza que sirvió para toda la jugada.

Esto fue la cosa. Visita cervecera, comida de calidad, a 25€ por persona. Allá por San Blas, entre oficinas y juzgados, lugar importante para visitar. Apunten.

Mad Brewing. Julian Camarillo, 19. Madrid

guindillasmutantes.wordpress.com/2017/02/13/mad-brewing-madrid