Guerrillero del comer

Antonio Álvarez

mostrando 20 sitios

Perfiles

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Calle Francisco Silvela, 36 <m> Diego de León 4 5 6 Madrid, Madrid provincia, España

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Caes ahí como puedes caer en otro lado

Antonio Álvarez lo descubrió en junio de 2016

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El año pasado estuve en Etiopía. Como soy un intrépido de las comidas del mundo, decidí comerme un plato nacional llamado kitfo, que consiste en una carne de ternera cruda marinada con una serie de especias. Antes de que me insultéis por mi imprudencia, debo decir que me informé debidamente acerca del establecimiento más adecuado, con mejores condiciones de higiene, al que acudían más blanquitos de estómago delicado. Yohannes Kitfo, se llamaba el sitio. El kitfo me pegó tal viaje al estómago que estuve la tercera parte del viaje en la mierda pura, con fiebre y más aterrorizado por pasar por un hospital etiope que por nada más en el mundo. Pasó el kitfo, pasó el estómago festivo, volví a Madrid, aparentemente bien. Recuperé mi vida de atleta de élite pero ¡ay! tenía tan bajos los minerales del cuerpo (a consecuencia de mi muerte por s) que al primer esfuerzo me hice un destrozo muscular, calambres violentos a todas horas. Dos meses en la estacada. No podía saltar (y amo saltar, sobretodo intentar tocar los hombros con las rodillas), ni esprintar, ni hacer sentadillas. Pero podía caminar. Como caminar es muy fácil y es algo que hago a menudo (cuando tengo tiempo por delante, procuro ir caminando a cualquier punto de Madrid), decidí complicarlo con un chaleco lastrado. Un chaleco lastrado es un chaleco con una serie de bolsitas de peso (0.5kg) , uno puede poner más o menos, a su elección, para complicarse determinados ejercicios. Yo normalmente lo uso para hacer dominadas lastradas, me añado 5kg o así. Entonces me lo ponía para pasear por el barrio, así el paseo era más duro. Con ese chaleco pareces Robocop. Al pasar por delante de la Cafetería Perfiles, en Francisco Silvela, siempre había un grupito desayunando (serían las 7, 7:30 am) que me miraba, se sonreía y cuchicheaba. Todos. Los. Putos. Días. Y yo pensaba “¿de que os reís, boniatos? ¿no veis que soy el Robocop de La Guindalera y os puedo hacer un destrozo?”. Tal vez por eso, tal vez, iba con prejuicio a Perfiles. Tal vez eso condicione todo. Porque hoy toca Perfiles.

Ayer entramos en Perfiles, siguiendo nuestro i+D patrio. Aire acondicionado a todo meter. Es un sitio más para desayunos y meriendas (“pruebe nuestras tortitas”) pero tiene su menú del día. Estaba “de gom a gom”, gente en casi todas las mesas. Un local muy profundo, con la televisión hablando de las elecciones. Mucho señor solitario. Mucha señora solitaria. Un par de despistados que pasaban por ahí. Señora mayor con su cuidadora andina. La señora mayor comentaba que ella hacía todo mejor. Todo lo que venía en la carta, mejor. Y creo que la señora mayor tenía razón.

Nos sentamos bajo el chorro de aire acondicionado. Nos cambiamos. Nos sacaron una cesta de pan. Comentamos las noticias. Comentamos las vacaciones a la vuelta de la esquina. Comentamos que había que hacer la compra. Comentamos muchas cosas porque no nos hacían caso. Hasta que nos hicieron. Había un menú del día relativamente completo, cuatro primeros, cuatro segundos y cinco o seis postres. 9€ y pico por cabeza. La camarera que nos tomó nota, que no es la que nos sentó, no tenía el día. Cualquiera tiene un mal día, como se suele decir. No dijo hola, no dijo adiós, no dijo buenos días, no dijo buenas tardes. Pasó como las etapas de sprint del Tour de Francia, rauda como el pelotón. Mala uva.

Primeros. Por mi parte, ensalada de ahumados. Lo mejor de toda la comida, con diferencia. Lechuga, cebolla, tomate, maíz, anchoas, salmón, tortilla de patatas y una vinagreta de miel que estaba de mojar y remojar pan. Y como es sabido, soy antipan. Pero como iba hambriento ya me daba igual el pan, el sorpasso y la corrupción.

Su Majestad La Reina tomó guisantes con jamón de los que poco puedo decir. Era un plato generoso en cantidad, insulso en calidad. Eran unos guisantes que se comían igual que se va al baño cuando uno se hace pis. Pues se hace cuando toca, es lo que hay.

Segundos. La Reina, Dorada a la plancha. La traen cruda. El momento vital de La Reina no es apto para cosas crudas. Pide que la vuelvan a hacer. La vuelven a traer cruda. Desiste.Se come los trozos menos crudos.

Ragú de ternera para un servidor. Con patatas fritas caseras que no estaban mal. El ragú, normalito, con algunos trozos con demasiado nervio. La salsa muy rica.

Postres, sandía y tarta de chocolate. Más de lo mismo. No se que puedo decir de una rodaja de sandía. Diremos que cumplía con la necesidad del momento. Lo de la fruta en los sitios del menú del día es para mirárselo. No se puede hacer mucho, pero se puede currar la presentación. Y la tarta de chocolate, más bizcocho que chocolate.

El lugar está al lado del cruce de Juan Bravo. Siempre se llena. La famosa “location location” que siempre dicen los gurús del marketing. Al lado de una boca del Metro y de varias paradas de autobús. Lleno de señoras mayores solitarias. Lleno de señores mayores solitarios. Lleno de gente que pasa por ahí y come. Es una pena que a veces abren otros sitios en el barrio de más calidad que pasan desapercibidos y cierran. Y que otros resistan. Pero el mundo no es un sitio justo, es como es. Nosotros no volveremos a Perfiles. Por el dinero del menú hay mejor atención y mejor comida. El mundo está lleno de sitios de estos funcionales en los que a veces cae porque no tienes donde caerte muerto.

Ah, el kitfo etiope. Estaba bueno, aunque no era una maravilla gastronómica. ¿Pero sabeis esas comidas que dicen “no te cambia la vida”?. Pues a mí si que me la cambió.

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Alvaro Armenteros

Yo he tenido la opción de comer kitfo pero no lo hice. Veo que esquivé una bala importante...

28 de junio de 2016

Antonio Álvarez

Bueno, igual influyó que lo comí el puñetero primer día. Me tenía que haber adaptado un poco más. No me arrepiento , habida cuenta de que no fue mortal

28 de junio de 2016

Los Calamares

+34 917 26 13 74

Calle Francisco Silvela 50 <m> Diego de León 4 5 6 Madrid, Madrid provincia, España

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Los Calamares salvan vidas

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Los Calamares. Especialidad: pollos asados. No estamos hablando de cualquier lugar. Estamos hablando de una institución de nuestra República. Si no existiese Los Calamares habría aumentado la tasa de divorcios del barrio, la desnutrición infantil y el sentido del humor colectivo. Sería una debacle. Los Calamares. El lugar donde se forman colas todos los domingos y días señalados. Porque Los Calamares, ante todo, resuelven. Y en Los Calamares no se comen Calamares. Se come Pollo Asado. Y yo no recomendaría pedir nada más que pollo asado.

Escribo con temor esta historieta. Porque he recibido anónimos escritos con letras recortadas del ABC y fotos de Tomás Roncero en los que me decían que si no escribía sobre Los Calamares pronto saldría en las noticias que La Polla Records era en realidad un grupo de playback, y que sus miembros eran los Bom Bom Chip y todos eran estudiantes sanos, del Opus, deportistas y muy españoles. Y destruirían mi juventud. Eso era lo suave, a partir de ahí ¡imaginen! Todo el mundo parándome por las calles “¿Para cuándo ‘Los Calamares?” y así. Que asedio, tú, peor que Chabelita Pantoja con los paparazzi. Uno hasta me dijo que me encerraría con Pdr Snchz en un ascensor durante un año si no escribía, esto me ha dado pánico.

Yo soy muy cumplido y bastante acongojado. Pero esto tocaba. Porque no me pliego a las invectivas, simplemente sigo método. Método de local por local, calle por calle y este es el que toca. Me entrego por mis fans.

Los Calamares, local de barra de zinc, que cuando cierra por descanso pone una imagen de archivo de Office de un tipo en una hamaca entre palmeras. Los Martes cierran por descanso. Barra de zinc alta, taburetes, camareros con retranca, amables y efectivos, con americana y camisa blanca en invierno, manga corta azul clarito en verano. Cañas y raciones de las de siempre. Y para comer, follo con fatatas. O follo a secas. Como el chiste. Qué malo, señor. Puf.

Casi tendría que hacer dos redacciones de la aventura última. La clásica y la innovadora. Empecemos por la innovadora, porque ha sido la que no ha funcionado. Los Calamares no es un sitio para comer ahí. O al menos yo no lo veo. Sí, se pueden pedir raciones en barra, pero no se, no acoge. Es más el “fast food del barrio”. Es el “Señor Lobo” de cuando falta manduca en casa. “Que viene mi madre a comer ” Pues a Los Calamares. “Que se me ha olvidado sacar el solomillo del congelador” Pues a Los Calamares. “Que me encuentro paralizado ante la maravillosa cantidad de ingredientes de mi cocina, abrumado por la variedad, por la calidad, tan, tan, pero tan contrito que soy incapaz de pensar una receta a la altura de los circunstancias y por eso, oh, sfortunato! considero más adecuado para la actual coyuntura adquirir alimento fuera de casa y no se a donde ir”. Pues a Los Calamares. Co. Ño. Ya.

Es el “fast food del barrio” por mérito propio, así que allá he ido, hambriento. Ahora ando probando el crossfit porque no hago suficiente deporte en mi vida diaria y después del WOD de los pelendengues DEVORO. Así que cuando se acerca la hora de almorzar, evitando comerme a los niños que pasean por nuestra estrechas callejuelas o lamer el yeso de las paredes, acudo. E innovo. Porque veo en un DINA4 horizontal una oferta de la semana “tortilla de patatas + croquetas o ensaladilla rusa o pimiento verde o empanada, 10.20€”. Y digo “caramba, voy”. Y voy. Pido la tortilla y pido consejo al camarero, que es un señor con gafas que lleva ahí mil años, que es callado, que cuando habla lo hace con humor y que parece buena gente. Me aconseja la empanada y me dice “sale muy bien”. Confiado, confío. Meten todo en una bolsa (estoy contando la historia en fragmentos que no pasan consecutivamente, un poco como Tarantino, adelantando y atrasando a mi antojo, esto es, no linealmente, lo cuál fue revolucionario en la narrativa en algún momento y ahora ya está muy visto) y me la entregan. Cuando llego a mi casa, hambriento, esperando a La Reina, veo que la empanada es comprada fuera, EMPANADAS ZABALA, y me cachis en Ros. ¿Por qué? ¿Qué necesidad había de esto? Sobretodo ¿que necesidad había de decirme que esto era lo mejor? Ojo, que podría ser comprada fuera y ser excelente. Pero no lo era. Era la clásica empanada del super low cost de la vuelta de la esquina. La empanada de atún del DIA, para que nos entiendan los que no captan así al vuelo estas referencias pop. O sea, una merdé. Y la tortilla, que es muy solicitada por mis vecinos, era peor que mejor. No mala, no, pero un poco plomiza, más grasienta de lo que cabría esperar.

Lo que viene a decir esto no es que Los Calamares sea un mal sitio. No. Porque no lo es. Lo que viene a decir esto es que Los Calamares es un lugar en el que hay que pedir simple y llanamente POLLO ASADO. Sin complicaciones. Constato este hecho. Háganme caso. Veramente.

Volvamos atrás, rebobinemos. Olvidemos que he sacado de la bolsa la empanada envuelta en plástico y la tortilla, vayamos a ese momento en el que un caballero con tupé , barba colonial y look casual al estilo West Ham United (usease, el menda) atraviesa las puertas de esta institución Guindalera. Y que antes de aventurarse por terrenos ignotos, se gira a su izquierda, al (música de suspense) mostrador de los pollos. Donde está el camarero que a posteriori nos recomendará la empanada, pero que como estamos en el pasado todavía no lo ha hecho. El mostrador de los pollos. El camarero de los pollos. Este señor con gafas que lleva ahí mil años, que es callado, que cuando habla lo hace con humor y que parece buena gente es un crack del servicio de entrega de pollo asado. A su espalda tiene decenas de pollos esperando a pasar por el asador. Y a su izquierda (nuestra derecha, según le miramos) tiene un asador de pollos con una docena de pollos girando alegremente. Y un trinchador como única arma que maneja con destreza. No me gustaría encontrarme en un callejón oscuro con este buen hombre con su trinchador pidiéndome la cartera. Sí me gustaría que este buen hombre fuese un super héroe que entrase en el Congreso de los Diputados con su trinchador e hiciese el bien. Es El Zorro del trinchador. Si acuden, disfruten de su destreza cogiendo el pollo del asador con su trinchador. Un movimiento ejecutado con rapidez. No se lo pierdan. No pestañeen. Si pestañean tendrán una bolsa con un pollo asado en su mano y no habrán visto nada pero algo en su cerebro les dirá “¿Qué ha pasado?” porque el ojo humano coge toda la información aunque no se preste atención. Pero no es lo mismo almacenar esto en las neuronas que verlo disfrutando. Pídanle un pollo, cuatro, catorce, cuarenta, cuatrocientos. El señor, sin pestañear, con su aparente pachorra, hará “tras, tras, tras, tras” y de repente estarán todos los pollos. A mí me admira. Meterá la salsa en un botecito. Y dirá “parto el pollo”. No preguntará. Lo dejará con el corte marcado. Para que luego uno en casa lo ponga en una fuente de barro y diga “No, de verdad, TRINCHO YO” y quede como el “Capo Trinchatore” ante esos invitados que vienen desde la cercana España. Porque el pollo de “Los Calamares” es un pollo asado que supera a la mayoría de pollos asados del barrio y de Madrid. No he probado los célebres internacionalmente pollos asados de Ivanrey, pero he probado estos y de otros asadores y me quedo con estos. Tal vez los de la plaza del autobús de Dénia, no se. A pedir con pimiento asado o con patatas. Optamos por los pimientos. 10.80€ pollo entero con seis pimientos verdes seis asados.

Entonces cogí la bolsa del pollo en mi mano izquierda, pregunté por la oferta de las tortillas, me aconsejaron la empanada. Esperé en la barra, me metieron todo en una bolsa de forma que no vi que la empanada era comprada y no artesanal (pimientos, tortilla, empanada), subí a mi casa, preparé la mesa de la terraza, vi que la empanada no era lo que esperaba, comí un trozo, vi que no sabía como esperaba, que era un Jackson Martínez de las empanadas. Probé la tortilla, psa. Esperé a La Reina. Sonaba de fondo “The Ventures” (Walk don’t run). Hice una ensalada para tomar algo verde más allá del pimiento (cosa simple, espinaca fresca, albahaca, tomate raf, aceite de oliva virgen extra, vinagre de Jerez). Llegó La Reina. Comimos en la terraza. Me enchufé medio pollo en el cuerpo y dije “Señor, ¿para qué se complican en este sitio con cosas que NO son pollo?” Porque el pollo de “Los Calamares” lo parte y le debemos mucho en esta vida.

De postre, helado de “arrop i tallaetes” hecho por La Reina in person. Porque es una Reina que no se la merece nuestro pueblo y a la que hay que poner una estatua de oro en la plaza María Pignatelli, que es una plaza muy sosa y sería mejor con una estatua bien re-hortera, rollo norcoreano.

Acabé la reseña. Sonaba en el tocadiscos The Skunks (Earthquake shake). Fin

(Recuerden, por su vida: NADA de aventuras. Pollo Asado con pimientos o patatas. Sin más. Toda la gracia salió por 21€, pero por 11€ comen dos. Nos ha sobrado de todo, tiene La Reina para la tartera todos los días de la semana) (Tienen “Los Calamares” en la Calle Francisco Silvela, 50)

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Prwll

Doy fe que son los mejores pollos asados de Madrid. Debe ser porque son mutantes: ninguno tiene alas

6 de junio de 2016

Antonio Álvarez

Muy cierto lo de las no alas, creo que las usan todas para las alitas que ofrecen como ración

6 de junio de 2016

Alexo

Pues macho.... Que quieres que te diga. Las alitas son lo mejor del pollo....

6 de junio de 2016

nindiola

Interesantísimo post. De los mejores leídos hasta ahora...

6 de junio de 2016

Mims

¿Te has hecho crossfitero @Antonio Álvarez? ¡Vas a aumentar en peso! (masa muscular).

7 de junio de 2016

spider72

jajajaj este sitio es de los míticos...

7 de junio de 2016

Antonio Álvarez

@mims , he decidido que tengo que aumentar la intensidad para poder seguir comiendo lo que como. Comer como un gorila tiene contrapartidas. Aunque bueno, comer como un gorila y pesar 66kg tampoco es malo

7 de junio de 2016

Alvaro Armenteros

Gran crónica. Ya sólo con la entrada "Los Calamares. Especialidad: pollos asado" estoy rendido a este sitio. Si apareciera en una peli en BN, estaría regentado por los hermanos Marx.
Me rematas con "el Jackson Martinez de las empanadas". Lagrimilla me resbala por el ojo izquierdo. Risión
La Guindalera es tierra ignota para mi, y me pilla a tomar por saco, pero me voy a tener que ir un día a pillar un pollo de esos. Y ser por fin un Capo Trinchatore por un día :)
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7 de junio de 2016

spider72

Yo compraba los pollos aquí porque un amigo mío vivía al lado...era cuando existía el Cine Victoria en plan programa doble y tal...año...pues como 1988-1989 ná menos. No está amortizao ni nada el local...

7 de junio de 2016

Antonio Álvarez

El Jackson Martínez de las empanadas es la mejor descripción posible. Mucha expectación y nada.

Spider72, atentos al Cine Victoria, aparecerá por aquí

7 de junio de 2016

Alvaro Armenteros

Siempre puedes intentar venderle la empanada a un chino por un poco más de lo que te costó

7 de junio de 2016

Prwll

Dioxxx El Vicky. Gran discoteca ochentera. Un amigo decia que olia a panceta cuando pasaba por su puerta de como sudaba la gente

7 de junio de 2016

Valladares

+34 913 56 72 33

Calle Francisco Silvela 68 Madrid, Madrid provincia, España

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El plato redondo resiste

Antonio Álvarez lo descubrió en mayo de 2016

está OK

Tengo a La Reina hartita. Hartita es poco. La tengo a punto de encerrarme en la torre de Londres. Porque La Reina es más de La Guindalera que la plaza de San Cayetano, por algo es ella La Reina y yo un mero consorte. Pero esta disciplina exploratoria la tiene hasta el lóbulo occipital. Dice ella, dulce y buena como es, que podríamos ir también a sitios de fuera del barrio. Y yo digo que sí, que iremos. Pero no, esta semana no tocaba salirse de lo ordinario. Porque es un Lunes para recordar que la vida sigue. Porque antes de ayer perdimos la segunda final de Champions. Y estamos obligados a demostrar que hay que seguir como si nada, porque es clave para volver a levantarse. Por eso vamos a lo que toca, porque ni celebramos ni nos encerramos en casa ni cambiamos el curso de los acontecimientos. Seguimos.

Toca Valladares. Valladares es a La Guindalera como Getsemaní al cristianismo. Es lugar sagrado. Lleva aquí más años que Matusalén. Valladares tenía hasta hace nada el baño tras la barra, tenías que pedir que te dejasen pasar por debajo. Demonios, sigue teniendo el baño tras la barra, sólo que hicieron una reforma y ahora para pasar al excusado cruzas la barra, sólo que ya no la levantas. Simplemente, la barra ha sido diseccionada. Valladares era bar de aperitivo de mi familia, los Álvarez de La Guindalera, familia nobiliaria de esta República, de vasta tradición aunque ahora exiliada por todo el orbe. Hasta en Australia tenemos, sufriendo ataques de tiburones. “Los enanos”, llamaban al bar. Porque el ingenio Álvarez, déjenme que les diga, es un ingenio sin límites. Es que ni los Monty Python. No son precisamente jugadores de la NBA los valladarasianos.

Pero ¿qué tiene Valladares para durar tanto? Lo que tiene es más sencillo de lo que parece: raciones en plato redondo. Nada de creatividad en plato cuadrado. Cero puturrú de foie. Las raciones de toda la vida hechas lo mejor que saben. Desfilen.

Así que con el alma herida pero con el orgullo en pie, allá que vamos. Estar en la terraza de Valladares es como estar en la de Helios en Dénia. Allá, en Les Rotes, mirando al mar. Acá bajo una lona de plástico junto a Francisco Silvela en pie de guerra. Cada vez que pasa un coche zumbando, la lona se agita. Encantador. Pero mejor fuera que dentro. Fuera uno se sienta en una mesa, dentro le toca mesa alta.

Hay una familia a nuestro lado enchufándose una de bravas. Al lado, señora solitaria que pide plato combinado, huevos fritos con morcilla. Y nosotros, a investigar. La carta tiene lo que tiene y no tiene más. No pedimos plato combinado por ir a las raciones de más renombre, a ver que pasa. Mientras esperamos, con la bebida nos traen una tapita de atún con tomate y pimiento.

Lo primero a destacar, opción de tapas de verdura, que siempre se agradece. Las tabernas son reinos de fritanga. Valladares ofrece judías verdes rehogadas, alcachofas con jamón o espárragos blancos. Para mí, sinceramente, esto es un punto a favor muy interesante. Los bares de plato redondo, los bares de bravas y croquetas, los bares que forman parte de una idea común, esos bares que hay en todas partes, no suelen tener, hasta donde yo se, tapas de judías verdes. Que la gente más gordopila (y recuerden que yo tengo mente de gordopilo, vive en mi cabeza un niño gordinflón diciendo “basta de entrenamientos y de contar calorías”) a lo mejor no quiere unas judías verdes. Pero entre lo uno y lo otro, no están de más. Las pedimos y nos gustan. Que a ver, son unas judías verdes con jamón. Pero pueden estar excepcionales (que no lo están), pueden estar lamentables (que no lo están) o pueden ser competentes, que lo son.

En los recomendados en las fotografías que ilustran la parte exterior tienen oreja. Y la oreja siempre es algo encantador. Nada hay más romántico que la sensación de estar besando el lóbulo de Babe, el cerdito valiente. Oreja a la plancha muy bien hecha, crujiente. Con una salsa inesperada, un “ajilimojili” (ajo , limón y perejil). Acostumbrados a la Oreja con Salsa Brava, este ajilimojili da suavidad a un plato contundente. Crujiente, bueno y original.

Finalmente acabamos con unos huevos rotos con jamón y pimientos de padrón. Que viene a ser el peor plato. Dos huevos fritos, sí, con una inmensa inmensidad de patatas fritas congeladas más bien anodinas y jamón serrano a la plancha. Un sí es no es.

Valladares se modernizó un poco. Abrieron la barra para poder ir al servicio, mejoraron las imágenes , cambiaron la decoración. En vez de ir de blanco van de negro. En otras cosas no han cambiado, siguen sin ser los más altos de La Guindalera, su alegría de vivir no es muy contagiosa que digamos (no es, de hecho, muy perceptible) . Pero tienen ese plato redondo de toda la vida. Digamos que no es alta cocina, digamos que no es como para que vengan todos los foodies de la Villa y Corte haciendo cola como en la inauguración de Primark. Pero a veces uno está con ganas de esas raciones de siempre en el bar de toda la vida, el bar de servilletas por el suelo, gintonic de Larios en vaso de tubo y ese borracho sempiterno que comenta en voz alta la actualidad política. Para esos días en los que nos gusta ser nosotros mismos, Valladares es opción.

Por 21€ las tres raciones y dos bebidas. En Francisco Silvela, 68. Vale.

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Sergiete

De toda la vida, plato redondo, tradicional... ¿!¿!y patatas congeladas?!?! ¡Qué le corten la cabeza!

30 de mayo de 2016

Miss Migas

Soy muy fan de La Reina y de toda su corte. Voto por un libro de sus vivencias, pero ya.

30 de mayo de 2016

Antonio Álvarez

ese es el epic fail de la jornada

30 de mayo de 2016

Prwll

Cuantos minis con bravas antes de salir de farra cayeron en este sitio...

30 de mayo de 2016

Antonio Álvarez

¿Un libro de vivencias de La Reina? Puede tener su gracia, pero no le gusta darle al teclado

1 de junio de 2016

Mirch Masala

+34 918 05 33 97

Calle Cartagena, 82 <m> Cartagena 7 Madrid, Madrid provincia, España

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Opción guay para menú del día exótico

está OK

Recuerdo que en Swagat, cuando estaba en Alonso Heredia, entraban indios con dinero y chófer en la puerta. Esto que dices “debe ser un ‘indio indio’ , porque va toda esta gente”. Eran tiempos en que Alonso Heredia no era peatonal y en frente había un restaurante de Sri Lanka cuyo nombre no recuerdo. Swagat paladeó las mieles del éxito y se cambió a Núñez de Balboa, y su lugar lo ocupó otro restaurante indio, Sagar. Sagar tuvo su momento de gloria porque fue salvado por Chicote, en uno de sus programas. El cocinero era crack pero totalmente indisciplinado. Doy fe de que el cambio fue para bien, Sagar sigue ahí.

¿Y Swagat? ¿Qué fue de los indios adinerados con chófer? De repente, Swagat volvió a nuestro país. Debo admitir que cuando abandonó La Guindalera, le perdí la pista. Abandonar La Guindalera es pecado capital. Hasta que un día ahí estaba. En uno de tantos locales malditos. El sitio donde está fue antaño un restaurante brasileño en el que nunca entré. Siempre decía “a ver si un día voy”, pero nada, me quedé sin probar sus carnes. Cerró. Después hicieron un amago de “sports bar”, este tipo de garitos yankis con diecisiete pantallas con deportes en todas ellas. Tampoco entré jamás. Cerró.

Pero volvió Swagat. Siguen estando en Núñez de Balboa, esta es su segunda sede en su patria de origen. ¿Por qué abrir en un local maldito? ¿Por qué poner una puerta como la que han puesto, de un metal dorado que invita a todo menos a entrar? Parece la puerta de acceso a una fortaleza. No suele haber mucha gente. Pero sí que tienen, de tanto en tanto, a los indios con chófer. Mi teoría no contrastada es que se han abierto este segundo local para dar cabida a celebraciones indias con indios con chófer. Y si cae algún castellano, pues bienvenido sea. A mí me encantaría coincidir con una celebración india, como la de la boda de “Quiero ser como Beckham”, con todos bailando a lo loquísimo. Me imagino al Embajador de la India pegando brincos bailando HindiPop. De hecho hasta me imagino al Primer Ministro Indio bailando HindiPop tomando decisiones trascendentales sobre Cachemira, por ejemplo.

Entré hace poco a probar su menú del día. En esta misión mía de probar todos los menús de La Guindalera. Fui sólo ante el peligro, La Reina no pudo acompañarme esta vez. Iba a seguir con orden y método, como suelo hacer, pero me dio por improvisar un poco. A priori un menú del día indio es gran opción. Con que no esté mal hecho siempre va a suponer una salida exótica, así que ni tan mal. Así pues, me adentré en la fortaleza.

Un señor solitario miraba su blackberry o similar en una mesa, comiendo el menú. Nadie más en todo el local. Esas mesas con sillas añejas, todas vacías. Me refugié en un rincón, aunque el encargado me hizo amago de meterme solito en todo el centro de la sala. Se me habría hecho raro estar en medio de una sala tan grande comiendo solito. Al rato llegó otro señor que se puso a leer papeles. Así pues, tres caballeros solitarios comiendo menú del día en restaurante indio. Tipo novela de Vila Matas, por decir algo.

En seguida pedí la bebida (agua con gas, que es un gran invento que hay que implantar de una santa vez en todas las calles de nuestra república) y me ofrecieron el menú. De primero, pakoras o pollo tandoori. De segundo, albóndigas vegetales, pollo al curry o pollo a la no se cuantitos. Estaba claro que había que dar salida al pollo. Me decanté por las pakoras y el pollo al curry, por no pedir pollo con pollo. Antes de empezar, sacaron el clásico pan de lenteja con las salsas.

Definiría pakora como un amalgama de verduras aplastado, frito y con forma de corazón. La forma de corazón supongo que es cortesía de la casa. Acompañado de guarnición de garbanzos que eran lo mejor del plato. Mejor la guarnición que lo que viene siendo el RH vasco de la receta. También más numerosa. Pakoras reguleras, garbanzos muy ricos.

Me las ventilé rápido, y rápido trajeron el segundo. Iban rápidos, al señor de los papeles también le llevaron muy rápido su pollo tandoori. Qué menos que ir rápido con tres personas, supongo. El encargado era eficaz, de pocas palabras y de tanto en tanto sonreía de lado. Debo decir que en líneas generales los indios que he conocido en los restaurantes indios no acostumbran a ser el alma de la fiesta. Tal vez en un sitio así de desangelado habría estado chulo que contasen algún chiste de Lepe o algo. No se, por amenizar. Es que entre que estás solo ante el peligro y van rápido, casi parece que ni has estado en el sitio.

El pollo al curry, pues eso mismo era. Sin más misterio. Un cuenco con pollo al curry, otro con una inmensa cantidad de arroz y naan, el pan indio. Muy sabroso el curry, muy escaso el pollo, algo insulso el naan, bien el arroz. En estos casos acabas pasando el tiempo dedicándote a mezclar arroz con curry, curry con naan… lo del pollo es por decir algo. Tenía que haber pedido tandoori.

De postre sólo me ofrecieron batido de mango, mango lassi supongo, así que eso tomé. Bien, rico, bebido de un trago.

13€ cuesta el menú. Tendré que ir un día y pedir de carta en plan bien. Entre tanto, me queda el hecho de que sin ser el menú un espectáculo, sale uno comido y si un día ando por mis dominios y me entra antojo indio, tengo esa opción. Algo es. En la calle Cartagena, 82, lo tenéis.

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Café América

+34 915 65 41 54

Avenida de América, 8 <m> Cartagena 7 Madrid, Madrid provincia, España

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Chino Chino Chino en la frontera de La Guinda

Antonio Álvarez lo descubrió en marzo de 2016

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Iba yo caminando por esa autopista urbana que es la Avenida de América cuando un acontecimiento extraordinario me paralizó por completo. Iba yo caminando y de repente vi un símbolo chino, así, en un bar. No un “Restaurante el Dragón Rojo”, sino un símbolo chino. Y luego ya sí, en alfabeto latino, “Café América”. Me fijé en el escaparate y vi fotos de platos chinos pegadas en la ventana, platos de esos cuyo nombre se desconoce y son imposibles de explicar. Claro, era imprescindible darlo a conocer entre los millones de lectores y lectoras de este blog. A los pocos días allí llevé a Su Majestad La Reina.

¿Cómo definir el Café América? Malamente, o no tanto. Es de estos locales que no invitan a entrar porque hay que bajar unas escaleras. Por fuera no llama la atención más que por ese carácter chino que hizo que se me encendiesen las señales positivas. Un local anodino, por decirlo claro. Baja uno las escaleritas y se encuentra de frente una barra y a su espalda unas mesas con sillón corrido en la pared. Todo muy blanco, como de local virgen. Azulejos valencianos o andaluces en las paredes y una lámpara moderna muy china en el centro.

El personal que lleva el sitio es especial. Mitad chinos, mitad latinoamericanos. Todas las mezclas son posibles. Sentado en la barra un señor que nos dio la turra en el día de las elecciones. Un señor con bigote que gritaba “Viva Franco, Viva Durruti”. Uno de esos personajes guindaleros que cruzan el lado oscuro de la vida con demasiada frecuencia. Con el cuadro completo queda claro que el sitio es visita importante.

Traen la carta, con truco, como suele pasar. De un lado, el rollito de primavera y el arroz tres delicias. De otro, todo escrito en chino. Aquí viene siempre un gran dilema: los chinos no recomiendan cosas. Es algo superior a sus fuerzas, es como que hay algo muy fuerte que les impide aconsejarte nada. Una algarabía.

El señor latinoamericano no sabía nada de los platos chinos, no los sabía leer. Entonces vino un chino a explicarnos las cosas. Le parecía muy problemático así que intentaba reconducirnos al lado del rollito. Nosotros que no, y el que sí, “esto entendel mejol”. Luego intentó explicarnos plato a plato los platos chinos. Pero en esas cosas somos tercos, aunque es difícil “recomiéndanos tú algo”. El “recomiéndanos” funciona fatal con los chinos. El mejor camino es el de “¿qué comerías tú ahora?”, pero tampoco es cien por cien efectivo, porque el chino sabe que lo vas a comer tú, y por lo tanto intenta pensar qué , dentro de lo que comería él, te gustaría a ti. Y claro, se agobian. Al final le dijimos “cuatro platos, los que tu quieras”, el intentaba explicárnoslo y al final quedó en que nos traería cuatro platos. ¿Qué cuatro platos? ¡A saber! Aventura en la Avenida de América. No teníamos ni idea de qué nos iban a traer, ni sabíamos su nombre para poder pedirlo de nuevo.

Lo primero que llegó fue una sopa de tomate. Nos sorprendió, no nos lo esperábamos para nada. Una sopa con un caldo ligero, huevo y trozos de tomate. Sabía bien, sabía a fresco, un gran acierto.

Lo siguiente que llegó fue una especie de pasta con setas, verduras y una carne que no sabría identificar. La pasta era muy curiosa, de una textura algo “pegajosa” por decirlo de alguna manera. El conjunto, con mucho sabor a chino. Llevaba algo de salsa agridulce. Plato indefinible, pero de repetir.

Después aparecieron costillas. Esto lo tenemos ya probado de más sitios. Cuando “torturas” a un chino para que te traiga lo que comería él, suelen traer costillas. No soy muy fan de las costillas, tampoco es que las odie. Me gustan mucho las de Mad Café, pero en general tiro hacia otras cosas. No digo que estuvieran malas, pero hay que aprender a decir “traeme lo que comerías tú… salvo costillas”

Finalmente un plato que sin duda fue la bizarrada del momento. Calamares cortados de manera imaginativa con una gran cantidad de apio y salsa picante. Los calamares quedaron algo duros, pero el conjunto bueno.

De postre, infusiones. No tienen más y hacen bien en no tener más. Si allá no hay postres, que tampoco los tengamos acá.

Todo por 11 euros cabeza. Había un menú del día por 6 o 6 y pico, pero íbamos en plan “Dora la exploradora”. El resultado es bueno. Lo malo, que como no sabemos que hemos pedido, tendremos que enseñar las fotos. Para colmo, en la cuenta pone “varios varios”. Entre eso y los caracteres chinos, vamos apañados. Pero sí, repetiremos, claro que repetiremos. Es una gran noticia tener un “chino chino” en La Guindalera. En Avenida de América, 8.

guindillasmutantes.wordpress.com/2016/03/08/cafe-america-la-guindalera

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1Falces

Lo que te sirvieron es pasta de arroz (rice cakes) con panceta seca (Lap Yuk, el beicon chino, una auténtica delicia). En los chinese restoranes donde saben manejar el wok no abusan de la soja en este plato y echan un chorrito de vinagre de arroz negro (vinagre de Chinkiang).

Maravilloso

15 de marzo de 2016

Alexo

Este lo tengo en el punto de mira. El otro día me pasé a media mañana para otear y no había ni un alma.

24 de marzo de 2016

Antonio Álvarez

No habia contestado, pero gracias por lo del lap yuk, no sabía el nombre. A ver si alguien más se pasa por el sitio y compartimos visiones

14 de abril de 2016

Hontanares

+34 913 55 08 73

Avenida de América 2 (esquina calle de Francisco Silvela) <m> Cartagena 7 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 10 personas

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Viejuno y viajero

está OK

22/02/2016

Le he tenido siempre a Hontanares una manía sin base. Supongo que su ubicación estratégica lleva a este local a funcionar mucho como “aquí te pillo/aquí te mato” , de caña de Mahou con cinco olivas o patatas fritas de bolsa y pare de contar. Y panadería/pastelería en local anexo sin obrador propio visible. Esas cosas que le saltan a uno las alarmas, con mensajitos que dicen “no se lo curran en estos pagos”.

Pero como la ciencia y la humanidad me necesitan y todo local de La Guindalera debe ser visitado más temprano que tarde, nos vamos a las “limes” de nuestro país. Como toda buena frontera, la frontera de La Guindalera tiene una Venta para viajeros, y esa es Hontanares. Un local que visita gente que va con prisa, gente que va al Metro o al Intercambiador, que va a hacer un viaje largo en autobús o quien sabe qué. Hontanares, en esa esquina estratégica de Francisco Silvela con Avenida de América tiene todos los requisitos necesarios para ser una de esas cafeterías americanas abiertas 24 horas. Sí, siempre reivindico esto, en contra de toda lógica y sobretodo de toda coherencia con mis pensamientos, pues seguramente una cafetería 24 horas implicará jornadas incompatibles con la conciliación, y seguramente no muy buenas condiciones laborales. Pero vivimos en la postmodernidad más infecta y las ciudades de la postmodernidad más infecta, cuando se precian, deben tener vibración todo el tiempo. Si la ciudad nunca duerme, debe haber cafeterías 24 horas. Porque igual que nos hacemos la pregunta de ¿a quién no le va a gustar un baptisterio romano? También podemos hacernos la de ¿a quién no se le va a antojar una empanadilla a las 4am?

Así que allá fuimos, como buen matrimonio, con método, con alegría, con iniciativa, con el deseo de transportar a buen puerto esta empresa, esta investigación tan local que nadie ha hecho, sabiendo que será tarea titánica de años y que posiblemente quede inconclusa (porque oigan, también le gusta a uno salir de su país y viajar a España a comer cosas ricas que hay sueltas y diseminadas, y apetecibles). Los sitios abren y cierran y las calles de La Guindalera son unas cuantas.

Hontanares, ese local lleno de gente de paso. Es sorprendentemente grande por dentro. Más allá de la barra no había ido nunca y todo eso me generó mi prejuicio, seguramente justificado. Muchas mesas, con mucho viajero (como era de prever) y con mucha señora (com no era de prever). Hay lugares que bien pueden ser calificados como “lugares de señoras”. Estos establecimientos dónde sólo hay señoras de 70 años para arriba, que quedan con otras coetáneas y hablan de sus cosas. Normalmente hablamos de cafeterías con sillones de sky y nombres del tipo “Miami”, “Hawai”, “Euskal Herria Tropical” u otros, pero también puede ser un “Hontanares”. Hontanares tiene por tanto poso viajero e identidad viejuna.

Por dentro, espacio más bien oscuro, de color granate, con muchas mesas aunque sorprendentemente no mucho ruido. Las mesas muy juntitas. Junto a nuestra mesa había un señor solitario leyendo un libro y se leía desde mi sitio con cierta nitidez. Podíamos haber montado tertulia, pero no era el momento. El libro era científico y yo soy de letras. Señores que van a Hontanares a comer el menú del día mientras indagan sobre la expansión del Universo. Oh-my-gosh.

Dos misiones teníamos. Una es la de siempre, probar el menú del día, ver si es digno de ser rescatado o no lo es. Y otra era particular y muy específica, probar el “queso frito con mermelada”, porque lo promocionan en un cartel que veo siempre al caminar por esa acera y me digo a mí mismo: “Mí mismo, en Hontanares también tienen sus especialidades”.

Empezamos pues por el queso frito, fuera de menú , que tenía sus dos partes muy claras. El queso frito y la mermelada. El queso frito bien, estaba rico, un queso frito no es cosa menor, porque se puede montar una zapatiesta muy histórica, una zapatiesta a la altura de los trajes del President Camps. La mermelada era de bote, de estas especialmente endulzadas, empalagosas. Un aprobado, por 3 euros además.

Pasamos al menú del día. Oferta de cuatro primeros y cuatro segundos. Los segundos se reducen a tres. Primeros, ensalada de angulas, spaghetti, huevos fritos con jamón y alubias. Segundos, carrillada, lomo, calamares a la romana (hay gente, como mi Abuelo, que tiene una edad y un trayecto vital que invita a pedir calamares a la romana en un menú del día) y salmón. No quedaba salmón. Entre que decidíamos, nos sacaron un pan que era más bien chicloso.

En los primeros nos fuimos a por la ensalada y los huevos. Los huevos fritos estaban bien fritos, cosa que siempre digo que parece muy fácil y no lo es. Cuando dicen eso de “no se sabe hacer ni un huevo frito”, yo digo que ojo, que un huevo frito no es cualquier chorrada, que un huevo frito se puede hacer rematadamente mal. Estos estaban bien. El jamón era un jamón serrano sin más. Y las patatas fritas no se si eran caseras o no, pero cumplían bien. Respecto a la ensalada, llevaba cebolla caramelizada, gula del norte o sucedaneo y surimi de cangrejo . El resultado era bueno y siendo cierto que los ingredientes no eran la caña de España, no era tampoco la triste “ensalada mixta” que sufrimos en tantos menús del día.


Segundos, queríamos salmón. Que no había. Así que fuimos a por esa carrillera de moda y ese lomo adobado de toda la vida. El lomo seguramente lo peor de la jornada, y mira que eso sí que no es dificil. Pero venían dos filetes y nos dejamos uno. La carillera bien, muy sabrosa, muy por encima de la media del local, guisadita, jugosa. Ambos acompañados por sus patatas fritas de rigor, que para mi gusto, insisto, no estaban mal.


Postres, gran variedad, de esto que te dicen tantos que tienes que pedir que lo repitan. Optamos por darle caña a la manzana asada y al tiramisú. La manzana asada no dejaba de ser una manzana asada, es complicado sacarle más partido. En el Winnipeg, por ejemplo, la intentan elaborar pero sigue siendo eso. Supongo que es un postre que no tiene mucha vuelta. Y el tiramisú debo decir que estaba de Notable Alto, muy cremoso y delicioso.


Total de la intrépida visita, 24€. Tiene sus platos menores y sus platos mejores. Le voy a dar el aprobado raspado, no es un sitio al que vaya a ir con frecuencia pero supongo que si algún día les da por abrir 24 horas y tengo que decidir entre comer ahí o desfallecer, preferiría comer ahí.

guindillasmutantes.wordpress.com/2016/02/22/hontanares-la-guindalera

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Tiene mucho éxito porque al estar al lado de la estación de autobuses mucha gente pasa por ahí a desayunar o tomar algo. Pasa con muchos sitios estratégicamente ubicados como este, aunque en realidad su calidad es mediocre y sus precios algo elevados

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Liliana

Las pocas veces que he entrado al Hontanares ha sido para tomar un café rapidito que hay que coger un bus. Un aplauso por intrépidos y arriesgaros a comer, y una ovación por la crónica me ha encantado! Mención especial al párrafo de las señoras de 70, y el vecino lector.

12 de abril de 2017

Javi's

- cerrado

Calle Eraso, 13 <m> Diego de León 4 5 6 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por una persona

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Menú comestible más barato no lo vais a encontrar

Antonio Álvarez lo descubrió en enero de 2016

está OK

ANTES DE ENTRAR EN HARINA, RETO a todos mis seguidores de 11870 a que contribuyan a la ciencia y a la humanidad reseñando los CINCO restaurantes más cercanos a su domicilio, sean de menú del día, de aspecto infame, de vergüenza ajena o de vaya usted a saber qué. Porque quien sabe quien puede terminar en el barrio de otro, necesitando comer algo y sin ningún lugar de tendencias al alcance de la mano. RETO LANZADO, vayamos al tema:
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Huelga decir que Javi´s, más que a restaurante, suena a local de luces rojas, a pub con señoritas de compañía abierto entre los 70 y 80. A whiskería, vaya. Pero uno, que se sacrifica por la ciencia y por la humanidad, tiene la misión de conocer tarde o temprano todos los establecimientos de La Guindalera en pos de dar con los mejores menús del día. Es bueno para nosotros, los habitantes de este país, y es bueno para las gentes que nos visitan desde el extranjero (desde la vecina España, sin ir más lejos), para que sepan lo que se encuentran.

Abrió hace pocas semanas y nos dio pena preventiva. Porque si hay locales malditos en La Guindalera este es uno. Por aquí ha habido, como mínimo, en los últimos seis años, una “pizzería gourmet” (un concepto raro, eran pizzas gourmet porque te vendían las pizzas amasadas sin hornear para hornearlas en casa), un local de empanadas argentinas que terminó con los trabajadores (tres) con pancartas en modo escrache reclamando sus salarios y un establecimiento de paellas que merecía muchísimo la pena y cuyo cierre fue un gran hachazo, porque es tremendamente difícil encontrar paella decente en estas coordenadas. Así que abre algo en este establecimiento y uno piensa “pobre gente, no somos nadie”.

El nombre no es lo más atractivo, la verdad. “Javi’s. Gastronomía Madrileña”. Tiene su pequeña barra, un mostrador con platos cocinados (el fuerte del local es, en realidad, el de poder comprar platos preparados y llevárselos a casa), y dos mesas altas. En la puerta una pizarra blanca con un menú hiperlargo, más folletos con las ofertas. Tantas tienen que han tenido que hacer dos folletos, uno con ofertas generales y otro con todo el menú. Todo el menú estilo “la totalidad” de Manuel Sacristán. En este sentido Chicote y Ramsey se echarían las manos a la cabeza, ya sabe uno que quien mucho abarca poco aprieta y que para sobrevivir bien vale la pena especializarse, ni que sea para no acumular grandes cantidades de comida con riesgo de estropearse y arruinar a los propietarios.

No eran las mejores perspectivas, y sin embargo , adelanto, salimos satisfechos. Menú del día por 7.35€, con una amplísima variedad de primeros y segundos para escoger. No será por falta de opciones, desde luego. El menú incluye bebida y postre, así que ya podemos decir que es el menú completo más barato de la contorná. Y en relación calidad precio posiblemente el más competitivo.

Entra en el local un goteo de gente interesante para llevarse comida a casa. Uno se reconcilia con la vida cuando entra un jovenzuelo hambriento y se pide para su casa un platito de lentejas. Unas lentejas para llevar. Es bueno que la juventud lenteje. Es siempre bueno. Y esto es un punto a favor, tener este establecimiento abierto de Lunes a Domingo para llevar a casa. Si estuviésemos en los USA sería una cafetería de esas 24 horas, un sitio donde comer unas lentejas a las 4am un martes. Estas cosas son las que trazan la línea en el suelo, la que divide el fracaso y la gloria. La gloria sería eso. Mi sugerencia es loca, pero más loca es la existencia.

Atienden una mujer latinoamericana y un señor presumiblemente madrileño que tiene todo el aspecto de ser el propietario, ancho de hombros y pura bonhomía. Ambos procuran ser sumamente agradables y atentos, educados y eficaces. Así que el servicio no admite queja.

Bueno, ¿y la comida? La nuestra, que es la que nos ocupa, consistió en :

1.- Quiche vegetal

2.- Crema de verduras

3.- Magro con tomate y patatas fritas

4.- Pollo asado con patatas fritas

5.- Natillas.



De beber, agua. Sólo un postre, La Reina no estaba con ese ánimo que le caracteriza para el postre, con lo que ha sido. Pero no tenía el día. Bien, pues el resumen de todo es: todo bueno, nada espectacular, pero, ¿qué esperan por 7.35€? Comer por 7.35 comida decente, sin demasiada floritura, corto y al pie, esa es la función de este establecimiento. Comida que te podrías hacer en casa, cierto, pero que tienes el día tonto, vas allí y te la llevas y es como la de casa sin hacerte un agujero negro en la cartera. Esa es la maravilla. De los primeros destaca la quiche vegetal. La crema nos supo un poco a “bote” (lo que no significa que fuese “de”), el pollo asado estaba particularmente rico y las patatas fritas eran caseras. Las natillas también lo eran, y eran además el único postre hecho por ellos, el resto eran yogures,flanes y demás envasados. De repente se a lo que me recordó: al menú de la facultad. De lo que se trata es de comer y no morir, y esta es la alternativa.

Cierto, no es este Javi’s un lugar para que peregrinen desde todo el universo. No es para que invadan La Guindalera y nos dejen fuera a los nativos. Pero sirve para dos funciones claras: o bien un “bajo y compro algo” para esos días en los que la nevera hace eco o uno está mohino, o bien para un menú del día rápido y de supervivencia, económico y de una calidad elemental, por lo que vale la pena pagar sin morir. Y eso en estos tiempos ya es, cosa que afirmo con vehemencia habida cuenta de otras visitas a otros menús de nuestro entorno inmediato.

Tienen a Javi’s en la Calle Eraso, 13, esquina con Ardemans. Sean felices.

guindillasmutantes.wordpress.com/2016/01/18/javis-la-guindalera

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listas: restaurante

Miss Migas

Yo lentejeo, tu lentejeas, él lentejea... muy fan. En cuanto al reto, me apunto, será divertido.

18 de enero de 2016

El Regreso del Winnipeg

- cerrado

Calle Ferrer del Río 30 (esquina Calle Pilar de Zaragoza) <m> Diego de León 4 5 6 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 43 personas

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Esto es lo que le pido a un menú del día. Ole.

me encanta, uno de mis favoritos

(visita en Junio de 2015, con los nuevos propietarios al mando)

Y entonces, Rodrigo de Triana gritó “¡Tierra!” y los amagos de motín a bordo se detuvieron, porque la larga búsqueda terminó. Así nos sentimos La Reina y yo, no porque vayamos a dejar de explorar sino porque hemos encontrado un menú del día a la altura de nuestras expectativas. Qué sensación más alegre.

La verdad es que no íbamos a Winnipeg, no estaba en el plan. ¿Sabéis esto que te mira un tuerto y quieres ir a comer a un sitio y está cerrado porque es Lunes, entonces cambias a otro y están haciendo obras y cierra toda la semana y no sabes a donde ir? Entonces caímos, como Pablo de Tarso. Que por cierto no cayó nunca del caballo, es una idea que nos han metido en la cabeza pero en la Biblia nunca habla de que cayese de ningún caballo. Sólo dice “cayendo en tierra, una voz gritó a Saulo ¿por qué me persigues?”. Sí, hasta los populistas sabemos de la Biblia. Entonces caímos, decía, en que teníamos pendiente visitar al renovado Winnipeg. Tenemos historia con esta casa. El primer Winnipeg, cerca de las Ventas, fue uno de nuestros favoritos, igual que el segundo, en Ferrer del Río, 30 (es decir, donde está aquí). Lo regentaba el bueno de Mauri, pero líos personales varios le dejaron fuera del local, se montó otro sitio (“Donde Mauri”), el Winnipeg quedó en manos de su ex, luego pasó a otros propietarios y ahora a los actuales, que además han puesto a un chef chileno como debe ser. Sabiendo que habían traído chef exprofeso valía la pena pasarse.

Entonces entramos y lo vemos cambiado. Donde siempre, pero mejor decorado. Todo más blanco, algo más minimalista, no tan abigarrado como antes. Con más sensación de espacio. Nos sorprendió una gran cantidad de portadas de la revista “Mongolia” en la pared, aunque es menos sorprendente cuando uno ata hilos. Había un abogado en la mesa de detrás, un abogado que resultaba ser el chileno Gonzalo Boye, que es editor de la revista “Mongolia” y… aquí hay colillas, aquí han fumado. Otro punto que debe comentarse es que “Mongolia” se edita en La Guindalera. Cosas importantes. Esta atmósfera suma, porque suma que la gente comprometida esté en el ajo de la cosa gastronómica.

Pero claro, no todo vale. Ya puedes ser mi mejor amigo que como me des mal de comer tendremos problemas. Menú del día en el Winnipeg, anunciado en la puerta, a 10’50. Dos primeros, dos segundos, un único postre. Bebida incluída. Nos trae la carta una amable camarera, algo tímida pero atenta, silenciosa pero con afán de servir por el lado correspondiente de la mesa. De estas camareras que cumplen en silencio, que se mueven como una mariposa, con sigilo y eficacia.

El antiguo Winnipeg tenía un fallo importante. La comida chilena estaba buena, pero el menú del día era totalmente español. Esto pasa en muchos restaurantes, que ofrecen un menú del día de batalla, cuando lo que sería un puntazo es que se currasen un menú del día muy de su tierra. Aquí sí que era menú chileno, o al menos no el típico menú cutre (porque ¿qué se yo cómo es un menú del día chileno, si no soy experto en esa comida?).

Lo que hicimos fue el clásico “compartir”. Los dos primeros, los dos segundos, mitad y mitad, con disciplina.

La Ensalada Winnipeg era una ensalada normal, pero no tan normal. La diferencia está en escoger buenos ingredientes. He tomado mil ensaladas en mil restaurantes de menú del día y suelen ser una opción mala. Te ves atrapado porque quieres un primero ligero y es la única opción, pero sabes que vas a terminar comiendo hojas de lechuga de plástico, mal aliñadas con tomates sin chicha ni limoná. La ensalada del menú del día suele ser catástrofe natural, suele ser una maldición muy terrorífica. Suele ser Godzilla contra Gamera. Esta ensalada no tenía nada especial u original, salvo la nada desdeñable situación de estar muy buena siendo muy simple.

El otro primer plato era “paila de huevos revueltos con tomate y cebolla”. No se que es “paila”, pero desde luego el grueso eran unos huevos revueltos con tomate y cebolla. ¿Qué demonios le echaban a los huevos revueltos para que estuviesen tan ricos? No eran los típicos huevos revueltos, algo llevaban -además del omnipresente cilantro- que le daba un toque diferente. Parecerá una tontería pero no suelo comer huevos revueltos tan buenos.

Pasamos a los segundos. Salteado de pollo y verduras con arroz. De nuevo el mismo esquema, un plato simple, verduras salteadas, arroz blanco, pollo cortado en dados. Simple pero mágico. Esta es la diferencia, esto es lo que uno quiere en un menú del día. Sabes que por diez euros no vas a tomar ninguna delicatessen, pero dame algo que no vaya a hacer yo en mi casa, sorpréndeme con algo diferente, aunque sea simple.

Y el segundo super estrella, costilla con puré de patata. ¡Qué costilla! Deshuesada, ahumada, acercabas el tenedor y ya estaba deshaciéndose, ¡un escándalo! ¡Cada bocado equivalía a una portada gloriosa de Mongolia!, un “toma toma toma” de aquí te espero. El puré de patata llevaba la coletilla “picante” aunque debo decir que no picó . Espectaculares costillas, costillas que uno quisiera comer más a menudo.

Cómo teníamos antojo, nos pedimos un ceviche de corvina, fuera de menú. Al centro y “pa dentro”, siendo una de las especialidades de la casa era obligatorio. Bueno, aunque lo recordaba con más potencia, más sabor, me da la sensación de que han suavizado la receta. Pero un ceviche decente siempre compensa y más en verano, con estos calores. El cuerpo lo pide.

Descartamos beber con pisco sour y le dimos caña al vino blanco de la casa. No pregunté si era chileno o de donde, pero estaba bien seleccionado.

De postre había “mote con huesillo”, no teníamos ni idea de que era. Viene a ser lo siguiente, un melocotón desecado en almibar con su jugo y el mote, que es un cereal que me recuerda al trigo sarraceno. Un punto y final excelente para un menú al que no se le puede pedir mucho más. Precio total, 35€ (teniendo en cuenta que el ceviche iba fuera de menú).

¿Qué le pedimos a un menú del día? Exactamente ESTO. Que se pueda pagar en un pimpampum y que sorprenda, que de la necesidad hagan virtud, que de la limitación del precio saquen petroleo. Qué sorprendan. No puedo entender cómo tenemos en el barrio sitios de menú del día a 9-10 euros que están a rebosar y ofrecen la mencionada ensalada de plástico con cualquier mal filete a la plancha, patatas fritas congeladas y flan de marca blanca. No lo puedo entender cuando tenemos este sitio al lado. ¿Será que nuestros vecinos lo desconocen? Desde luego el local no invita a entrar, no tiene un gran escaparate, mantiene su estructura de antiguo pub (“La Abadía Real” y luego “La caverna del oso”… local en el que vendían discos de “El Chivi”, no digo más). Por eso vamos a darle difusión, caramba.

Prometo ante ustedes que voy a acudir más el Winnipeg, que he superado el desencanto del cambio de propietarios y de línea, que vale la pena. Lo declaro oficialmente uno de mis despachos en La Guindalera, forever.

guindillasmutantes.wordpress.com/2015/06/22/winnipeg-la-guindalera
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De los mejores descubrimientos de los últimos meses. El dueño es un tipo sensacional y además su equipo de la LFP es el Atleti, así que no se le puede pedir más!

Es una gran oportunidad para probar comida chilena en el barrio de La Guindalera, accesible desde otros barrios, junto a la Plaza de Toros, con muy buena comida y precio decente, por 15-20€ se puede salir bien comido.

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ver comentarios anteriores (3)

Antonio Álvarez

El sitio ha empeorado con el cambio de propietarios, sigue estando bien, pero no TAN bien

1 de marzo de 2015

je suis béatrice

Yo solía ir al antiguo que estaba muy bien. Me imaginaba que había cambiado de dueños pero ya no me he animado a entrar. ¿Sabes si hay menú del día como antes?

1 de marzo de 2015

Antonio Álvarez

Ni idea. Ahora Mauri tiene local nuevo en la calle Marqués de Ahumada, se llama "Donde Mauri" y este sí tiene menú del día. (Mauri es el antiguo propietario)

2 de marzo de 2015

je suis béatrice

Ok, no sabía lo de "donde mauri". Lo tendré en cuenta. Gracias.

3 de marzo de 2015

je suis béatrice

Amibu, qué rapidez! Gracias!

3 de marzo de 2015

je suis béatrice

Tengo que probarlo pronto. Me gustaba el antiguo y tras tu crítica a este voy de cabeza. Gracias, Antonio. Por cierto, el menú del Colmado ya no tiene música. Tiene denuncia de vecina así es que la han tenido que quitar...

23 de junio de 2015

je suis béatrice

¡Gracias x el descubrimiento, Antonio! Hemos estado hoy en el nuevo Winipeg y pasa a mi top de menús guindaleros junto con el Colmado Picón :-)))

25 de junio de 2015

Bar Rato

+34 910 07 17 13

Calle Cartagena 4 <m> Manuel Becerra 2 6 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 5 personas

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Alternativa interesante y a muy buen precio

está OK

Nos quejamos muchas veces de la escena barística guindostaní, pero es también cierto que no siempre tenemos el suficiente ojo con las cosas que hay cerca. Decimos que hay demasiado bar cutre, de fritanga congelada y demás delicatessen. Será porque no estamos en las zonas más guay de la ciudad, porque no nos queremos bien o porque simplemente no indagamos en demasía. Serán muchas cosas, pero a veces no nos enteramos bien. Porque ¿y si os digo que tenemos un bar italo-portugués en la calle Cartagena, 4? No es, desde luego, lo que más se ve por estos pagos. Ya es una nota de color un poquito diferente.

Este bar lo recordaréis muchos porque fue durante décadas morada de taxistas. Jugaban a las cartas a todas horas, de noche estaba con el cierre medio bajado y salían humos bajo la puerta. Gin tonic de los de antaño, Larios en vaso de tubo. El bar cerró y lo cogió esta pareja. Con el nombre como bandera, “Bar Rato”, eso es, “Barato”.

¿De qué va este bar? Una cosa sencilla, útil y positiva para todos nosotros. Redecorado, una manita de pintura que no le venía mal, una declaración de intenciones que dice que entienden el bar como una fiesta a la que han invitado a sus amigos. Mesitas de madera altas y una carta fácil y para toda la familia.

Todavía persisten en su visita algunos de los viejos parroquianos. Se percibe en el ambiente. El bar remodelado y adaptado a esencias más modernas en lo decorativo y conceptual sigue contando con varios ilustres del barrio a los que el cambio de propiedad les ha dado lo mismo. Los taxistas, eso sí, han desaparecido. Pero estos señores castizos que piropean a las chicas y tienen mentalidad de alegre carcamal local, esos persisten. Son la fauna de los bares.

Como estamos buscando el mejor menú del día de La Guindalera, hicimos expedición por el Bar Rato. En estos días en los que hace frilor (frío y calor a la vez, una rareza) por la Calle Cartagena. Recogimos a micuñado, que es filólogo italiano, y nos dirigimos a probar la cosa. El “Bar Rato”, como ya he dicho, es “italo-portugués”. Lo llevan una pareja, portugués e italiana, y tienen sus especialidades de allí. Un día te ofrecen una tapa portuguesa, otro día tapa italiana. Antes de entrar en la comida del día, vayamos a lo que tienen siempre, puesto que no se complican. En un día normal, en Bar Rato puedes comer Piadine, Bruschette, mozzarella frita, croquetas, morcilla, pisto y olive all’ascolana. Pocas cosas pero ¿para qué romperse la cabeza? Lo bueno si breve dos veces bueno. Y luego tienen, de tanto en tanto, aquello que les inspire. Lo que se les ocurrió el día tal o el día cual.

En el bar tienen un cartel en el que indican que los perros son bienvenidos, lo que supongo que les trae mucha clientela. No queda otra que aceptarlo si quiere uno disfrutar del bar. Esto de meter perros en bares se lleva mucho en Europa, aunque en realidad cuando el perro es un mal bicho el culpable es el dueño. Hay dueños a los que habría que prohibir entrar y tal vez dejar entrar al perro. Eso estaría bien. Los Lunes, día en el que fuimos, tienen plato del día italiano. Los martes descansan. Miércoles plato portugués, Jueves plato español, Viernes lo que surja.

Lunes pues. Un par de señores en la mesa de entrada, un italiano con su perro y nosotros tres. La camarera encantadora, cruza unas palabras con mi cuñado. Lo que me gusta a mí escuchar y hablar italiano, madre. El plato del día es lasagna de berenjena y mozzarella. Con bebida, seis euros. Pedimos dos. Por aquello de probar más cosas, pedimos una piadina de scamorza con jamón serrano (5€) y unas olive all’ascolana (6). Con cafés, toda la historia por 27€. Que no está nada mal.

Partiendo de que el precio es bueno y de que la comida es original, ¿cómo es esta?

De tapita nos ponen una ensalada de feijoas, una especie de ensalada veraniega portuguesa con estas alubias, huevo duro, aceite de oliva y atún.

La lasagna, ración contundente, ración que abruma al verla, con la bechamel a tope, no es la mejor del mundo pero cumple su rol.

La piadina, genial mezcla del queso scamorza (parecido al de tetilla por buscarle algún simil, aunque ahumado) con jamón serrano. Es una piadina, es decir, una especie de sandwich de masa de pizza fina, no hay que darle más vuelta.

Las olivas, lo mejor de todo. Olivas rebozadas y fritas, rellenas de carne picada y acompañadas de salsa brava. Ya la oliva tiene su punto picante, lo que se acentúa con la salsa brava, que no está mal. Nos encantan las olivas, sin duda lo más destacado.

De postre tienen un bizcocho de limón que no deja de ser un bizcocho de limón.

En Bar Rato seguramente no tienen la mejor comida italiana ni portuguesa, pero es muy competente. Sí, tal vez le falte un poquito para el salto de calidad, ese punto entre el “está bien” y el “está cojonudo”. Pero no me cabe duda de que es un lugar a repetir, a visitar con frecuencia, una alternativa para comer un menú o unas raciones a precio muy competitivo. Se echa en falta, por cierto, alguna opción de más proteína (¡algo cárnico!) pero aun así aplaudo que la carta sea breve. Mejor centrarse en lo que uno hace bien que estar dale que dale con cartas kilométricas. Y los domingos tienen spritz de aperitivo señores.

No diré contundentemente que es el mejor menú del día de La Guindalera. Pero este plato de día es un as a guardarse en la manga.

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Criser

- cerrado

Calle Ferrer del Río, 7 <m> Diego de León 4 5 6 Madrid, Madrid provincia, España

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Otro de tantos, menú del día del montón

Antonio Álvarez lo descubrió en mayo de 2015

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Locales que pueblan el barrio y pasan sin pena ni gloria. Al final acaba uno rememorando lo que fueron antes de lo que son. El Criser es uno de tantos. Lo más curioso que tiene es un mural de Bart Simpson pintado en el cierre metálico. Además de unos carteles con ofertas que ha hecho alguien con ciertas nociones de diseño gráfico. Una vez dentro, esos suelos blancos, servilletas arrugadas bajo la barra, cuatro mesas y la televisión con noticias. Con buenas noticias, por cierto, hablan del cambio producido en los principales ayuntamientos del Estado. Una cuadrilla de obreros toman el menú del día comentando la actualidad política. El bar tiene un color violeta suave como identidad corporativa ¿O es rosa?. Pantones oficiales del Criser.

Antes de ser Criser fue otra cosa, no recuerdo el nombre. Daban tapa abundante de fritanga. No mega abundante, pero al menos contundente. Y antes fue el Yang, que era otro cantar. Lo frecuenté poco, pero varios compadres del barrio fueron asiduos. Yang era el nombre o apellido del dueño, un chino metido al mundo de la taberna castiza de barrio. Dicen las lenguas malas que se juntaba mucho ser insigne, muchos hijosdalgo de los que pueblan nuestra República. De estos caballeros de vida intachable, modales exquisitos, lenguaje delicado, cubata en vaso de tubo apurando el cierre en un día cualquiera entre semana. El mítico Juan Bautista, un señor del barrio que merece más de un relato, era uno de sus asiduos.

Pero el Yang pasó, pasó el siguiente y llegó el Criser. Que aguanta quién sabe como. Espacio de reunión de currantes, es ese sitio que hay en tantos lugares y que no destaca por nada. Imagino que al final se crea una comunidad humana que genera lazos afectivos, que acude al local como quien acude al curro, y con esos cuatro o cinco fijos de visita diaria más otros tantos despistados que entran cada día sostienen el pago del alquiler y un par de salarios.

Buscamos, recuerden, el mejor menú del día de La Guindalera - suponiendo que exista y no quede el premio desierto - y seguimos avanzando con método y paciencia. Probando, probando, un, dos, tres.

Así que en medio del debate postelectoral de los currantes de la mesa de al lado, entramos La Reina y yo en olor de multitudes. Escogimos mesa con diligencia. Llegó el propietario, un señor mayor, con pinta de antiguo legionario - camisa gris un poco por dentro y un poco por fuera, tatuaje vintage - , de hablar brusco pero educado, y nos plantó mantel de papel a cuadros azules y blancos. Detalle que sintetiza la esencia del local. En un papel arrugado llevaba apuntados los platos del día.

De primero, ambos escogimos ensalada. Los primeros de los sitios de menú empiezan a aburrirnos porque navegan entre la contundencia que impide disfrutar de un segundo y la ensalada mixta. O guisaco de patatas con costillas, o ensalada mixta. O macarrones con chorizo, o ensalada mixta. O lentejas (también con chorizo, claro) o ensalada mixta. Que si quieres tomar segundo (y el rigor científico de esta exploración lo exige), no te apetece empezar a saco. La ensalada es la clásica de estos lugares, una cantidad inmensa de lechuga de bolsa, medio huevo duro y dos trozos de tomate. La lechuga abundante no acaba por ser complaciente. Lo bueno que tiene es que es como comer aire y al menos entretiene. Llega hasta aburrir por exceso, es como los videos de Nestor Kohan de formación de cuadros políticos. Tú lo coges con ganas de formarte, le empiezas a dar caña pero llega un punto que ya estás masticando por inercia, como desconectado. Entre el trabajo asalariado y la acumulación de capital, por una parte, y por otro la lechuga que no acaba, viene a ser lo mismo.

En los segundos diferimos. La Reina optó por un salmón a la plancha que pasaba con más pena que gloria. Bien cocinado, pero soso. No era un salmón de estos que uno disfruta con alborozo. Un salmón a la plancha con un mínimo condimento soluciona más de un entuerto, pero no era el caso. Se dejaba comer, pero era similar a su compañera la lechuga. Mucho lirili y poco lerele, por atajar.

En mi caso, opté por unas alitas de pollo que eran competentes. El punto negativo era que iban acompañadas por patatas fritas congeladas, que es una opción cansina y repetitiva de tantos lugares de este tipo. Nunca te hablan de ellas, no mencionan que incluye guarnición, y ahí te las encuentras, aportando nada a tu vida. Con lo que puede aportar a la vida de uno una buena guarnición. Yo preguntaría, porque puedes o bien ahorrártelas o bien un un alarde de creatividad tener guarniciones diversas. Aunque fuese una patatita asada, o unos pimientos. Un poco de otra cosa. Más allá de la dramática guarnición, reitero que las alitas no estaban mal. Muy bien hechas, sabrosas, jugosas.

De postres, ofrecían Flan Dhul, helados variados y una rodaja de sandía. Como el dulce es el mal, si el dulce no es casero mejor omitirlo. Una rodaja de sandía de buen tamaño no parecía mala opción, y no lo era.

Le deseo suerte al Criser en su andadura. La calidad de las alitas no justifica el resto del menú, así que va a la lista de "no repetir". A parte de estas, lo mejor fue el análisis político de los parroquianos, que también estarían encantados de escuchar nuestras estrategias. En fin, Criser, otro sitio más. Conocido, tachado de la lista, seguiremos buscando.

Precio: 8€ por cabeza

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spider72

Mi querido Antonio, como comprenderás lo que tu calificas de "buenas noticias" no lo son para todos los que te leemos. Teniendo en cuenta que el IBEX baja casi un 3% imagino que hay más gente que está en desacuerdo contigo.

Excepto ese comentario, respetable aunque innecesario por subjetivo, gran crítica, como el resto. Saludos a la Reina. A sus pies.

25 de mayo de 2015

Antonio Álvarez

Querido spider72, ya sabe que nuestra monarquía es bastante antisistémica, y la parcela subjetiva forma parte de nuestras reflexiones, las cuales siempre hacemos de forma respetuosa y sin ánimo de molestar. Un abrazo afectuoso.

25 de mayo de 2015

spider72

Abrazos recibidos y correspondidos. Las arañas resistirán al nuevo frente popular como puedan, para eso tenemos 8 patas.

25 de mayo de 2015

je suis béatrice

Antonio, pongo este local en la sección "no hay necesidad" junto con el de Béjar y me declaro fan de esa parcela subjetiva de tus críticas. A ver si tengo tiempo y escribo sobre el Rincón Murciano guindalero al que he ido hace poco por recomendación del camarero del Colmado Picón.

25 de mayo de 2015