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araque

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Restaurante Momo

+34 915 32 73 48

Calle de la Libertad 8 <m> Chueca 5 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 93 personas

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Buena primera experiencia

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Chueca es un barrio que me encanta, lo suelo visitar muy a menudo con mi pareja y tiene unos restaurantes muy "cool" con una comida más que aceptable.

El caso de MoMo es muy curioso. Mi cuñada, gran fan del sitio, hacía tiempo que nos quería invitar, pero entre que no abre los domingos y otras causas no pudimos ir hasta el sábado pasado.

Había leído varias y diversas opiniones aquí pero no me quise dejar influenciar demasiado. Así de entrada tengo que comentar que sí, que es un sitio acogedor, pero que las mesas dejan poco espacio a la intimidad. Demasiado poco espacio.

Tenemos dos perros y en MoMo se pueden llevar, lo cual es de agradecer, pero hay pocas mesas donde, tanto ellos como el resto de comensales estarían cómodos. Estas mesas son las que están al fondo de la sala (por si alguien reserva, que lo indique).

Al lío. La cocina es variada; se puede pedir desde un plato vegetariano a uno carnívoro sin problemas.

Nosotros pedimos Almodrote de entrante. Muy rico plato que desconocía. Una especie de lasaña de berenjena especiada y con queso por encima. A mi me encantó.

De segundo, dos entrañas a la parrilla t una carrillada de ternera que estaban deliciosas. La entraña la sirven con puré de patatas y una salsa muy rica.
La carrillada, con verduras fritas (yuca creo), muy tierna y jugosa.

En cuanto a postres, una tarta de lima limón con leche condensada y frutos rojos y una tarta MoMo de chocolate (que me recordó mucho a un brownie sin helado) acabaron de completar el menú.

A partir de las 15:30 se empezó a llenar el local, justo cuando nosotros nos marchabamos.

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Kritikos

+34 913 19 77 31

Calle de San Gregorio 11 <m> Chueca 5 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 67 personas

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Un griego normalito

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La decoración del local es bastante limpia, destacando los blancos en paredes y mobiliario. Con una gran estantería en el salón principal. Personalmente mejoraría el hilo musical; un poco alto para mi gusto y el de mis acompañantes.

Nos entregaron la carta y una tapita de humus para ir abriendo boca.

Pedimos: Rape estilo griego, Exohikó de pollo, Mousaka, Pastichio y Pollo a la griega. De postres: Karidopita y Yogur griego con nueces.

Personalmente comí el Exohikó de pollo, una pasta filo rellena de pollo, verduras y queso, que venía decorada con puerro salteado verduras y una salsa de mostaza muy rica.

No puedo decir nada malo de mi plato, estaba sabroso. La pasta filo crujiente y a una buena temperatura.

La pena fue el pescado. Si era rape, sería por el nombre. El arroz que lo acompañaba estaba muy pasado y los mejillones parecían congelados. El conjunto no estaba cocinado con demasiado cariño y se notaba.

Del resto de platos no puedo opinar. Pero los amigos que venían cono nosotros dijeron que hubiesen preferido ir al BurguerKing (no sé como tomarme eso).

En conjunto yo diría que necesitan mejorar en cocina. Algo más de cariño en cada plato mejoraría mucho la experiencia.

En cuanto al servicio, tardaron algo más de lo deseable en servir y al camarero le costó salir con una sonrisa.

Todo es mejorable y si me preguntan si lo recomiendo, diría que sí, al menos se merecen una oportunidad. El menú del día, por 11€ parece abundante y variado.

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Mejillón

- cerrado

Calle Orellana, 1 <m> Alonso Martínez 4 5 10 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 37 personas

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Moules et Frites

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El Mejillón (o Mejillón a secas) es un restaurante como los que te puedes encontrar en Bélgica, país en donde el concepto Moules et Frites son uno de sus platos tradicionales. Deliciosos mejillones de roca servidos en su cazuela con diferentes salsas internacionales y acompañados de patatas fritas.

Y como no podía ser de otra forma, a estos mejillones no le puede faltar su cerveza belga (o española, si la prefieres). Disponen de más de 30 referencias.

Pedimos como entrante la burrata, plato consistente en un tipo de queso italiano, muy similar a la mozzarella pero en lugar de leche de búfala, usan leche de vaca tradicional. Es un queso cremoso que acompañado de rúcula, piñones y un pesto de anchoa resulta delicioso.

Antes de seguir, quiero indicar que nos pusieron unas patatas chips acopañadas de un paté de mejillón a modo de aperitivo.

Tras la burrata no pedimos una cazuela de mejillones thai. La cazuela suele ser individual, pero nosotros no somos de mucho comer y preferimos compartir.

El plato venía acompañado de una pequeña ración de patatas fritas. Los que alguna vez hemos estado en Bélgica y probado sus patatas fritas, podemos decir que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Aquí falla la combinación de Moules et Frites, ya que estas patas son congeladas.

Pero eso no resta en la calidad de su cocina y debo decir que a buen seguro repitamos experiencia para probar otra cazuela de mejillones distinta.

De postre tienen el omnipresente gofre belga, con chocolate, dulce de leche... Pero a mi me llamó la atención un postre llamado Suspiro Chai que resultó ser una combinación de dulce de leche con té chai y coronado por un merengue con canela.

Rico, aunque algo empalagoso. Recomendable si eres tremendamente goloso.

En líneas generales nos ha gustado la experiencia. El local está muy bien y el centrarse en una especialidad me parece todo un acierto.

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La Terraza de Apartosuites Jardines de Sabatini

+34 915 42 59 00

Cuesta de San Vicente, 16 <m> Plaza de España 2 3 10 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 116 personas

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Decepción

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Desde que me enteré que el programa 100% Barbacoa de Canal Cocina se rodaba aquí quise ir, más que nada por la espectacular vista del Palacio Real y los jardines de Sabatini que se pueden contemplar.

Después de hacer la reserva en su web nos dieron cita para las 8 de la tarde, algo pronto para cenar, pero bien para tomar un cóctel y picar algo.

La terraza está en la última planta de los Apartosuites Jardines de Sabatini cerca de la plaza de España.

El mismo día por la mañana me mandaron un SMS para confirmar mi reserva, al cual contesté afirmativamente.

Llegamos un poco antes de la hora, y preguntamos en la recepción del hotel. No abren precisamente hasta las 8, por lo que nos invitan a esperar en recepción y ellos nos avisan.

Subimos en el ascensor y esperamos que nos atiendan. Aparece un camarero que se afana por buscar mi nombre en la lista de reservas, nada. Viene una chica, "la que lleva la lista de las reservas" (sic) y tampoco.

Saco el móvil y le enseño el SMS que ellos me enviaron. ¿Ves? Vosotros mismos me habéis mandado un mensaje y he confirmado. Mira el nº de teléfono y se pone a buscar.
- No, ese es vuestro número, el mío es este. Mal empezamos.
- No aparece, bueno da igual, tenemos alguna mesa libre. Y nos acompaña a una típica mesa redonda de jardín con las típicas butacas de jardín.

El suelo de césped artificial y la barandilla con las bonitas vistas dos mesas más allá. No decimos nada.

El sitio no está mal, no es muy grande y efectivamente las vistas merecen la pena. Me asomo un poco y hago una foto, pero me corto de seguir porque no quiero molestar.

¡Menos mal que no nos dieron las mesas cerca de la barandilla! La gente no para de hacerse fotos, selfies, reportajes, poses, pruebas... pero no con un móvil no, con una Nikon D800 y otras DSLR que no alcancé a ver el modelo.

Es realmente muy molesto. Vale que te hagas una foto, dos sobre todo si no hay nadie aún, pero cuando está la terraza llena, resulta irritante. Imagina a los que ocupan las mesas cercanas.

Pedimos una piña colada, un bloody mary y un vaso de agua. Traen los cócteles y se olvidan del agua. Lo volvemos a pedir y ya nos ponen mala cara. Tercera petición y lo traen y dejan de muy malos modos.

Otro camarero viene con otro vaso de agua y replica con ironía por haberlo pedido al un compañero cuando él no nos hizo ni caso la primera vez. ¿Qué coño pasa en estos sitios con el agua?

La piña colada no es muy buena. Pruebo mi Bloody y me pongo a carraspear. Joder, si que lo han cargado y además está un poco picante. Nota para los camareros: El Bloddy Mary se hace con poca pimienta y poca sal y se sirve aparte pimienta y sal para que el cliente se sirva al gusto. De nada.

Pedimos: Rollitos de Primavera con Salsa Tai, Mini Bocatas de Calamares y Crujientes de Pollo.

Los rollitos, pse y la salsa Tai es la misma salsa que compré yo la semana anterior en el Lidl. ¿Harbán aprovechado la oferta de la semana oriental?

Los mini bocatas son en realidad unos calamares no muy grandes, aunque sabrosos, servidos en una especie de rebanada de pan negro más duro que la cara del cocinero que los ha elaborado.

Tengo yo que enseñar a más de uno lo que es un bocata, o al menos a poner nombres correctos a las comidas.

El crujiente de pollo sí estaba rico. No deja de ser unos fingers con un nombre rimbombante.

No nos quedamos demasiado. Como he dicho antes no puedes disfrutar de nada cuando a cada minuto se está levantando un montón de gente a hacerse reportajes fotográficos, poner morritos y buscar ángulos imposibles. Menos mal que no vi ningún palo-selfie, sino alguién hubiese tenido un accidente.

¡Con lo que a mi me gustan las terrazas!

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Gumbo

+34 915 32 63 61

Calle del Pez 15 <m> Noviciado 2 3 10 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 374 personas

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Cocina americana diferente

está OK

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Llegamos un poco antes de la hora y ya vimos la aceptación que tiene este pequeño local, prácticamente lleno.

Nos sentamos en una mesa para dos. Las mesas no son demasiado grandes, pero sí suficientes, mantel y servilletas de papel. Me gusta la decoración en tonos azules, con grandes lámparas colgadas en cada mesa y la gran foto mural de una de las paredes.

El principal problema que veo, es que estás demasiado pegado a la mesa de al lado y, con la fama merecida de gritones (yo incluido) que tenemos los españoles, es normal adentrarte en conversaciones ajenas. Por este lado, intimidad cero.

Quitando este inconveniente, y ojeada la carta, nos decidimos por un plato de, tomates verdes fritos para compartir. Unas alitas de pollo al bourbon con sésamo para mi y unos Langostinos french quarter al ajillo con pimienta negra para mi acompañante.

Para beber, una Samuel Adams Lager, genuinamente americana.

Los tomates estaban ricos, pero no note nada excepcional en ellos. No los puedo comparar con otros porque era la primera vez que los probaba.

Las alitas me gustaron mucho; la mezcla del bourbon con miel y el sésamo a mi me encantó y, aunque no soy muy de comer con las manos, debo reconocer que estaba para chuparse los dedos literalmente.

Probé un langostino y un poco del arroz que lo acompañaba. Mi pareja dice que estaba delicioso y yo me fio de su criterio, pero para mi el arroz estaba algo duro y, como con los tomates, no noté nada excepcional en el langostino.

De postre nos pedimos la típica tarta de manzana, con salsa de canela y la cobertura de masa inglesa que tantas veces habrás visto en el cine. Coronada con una bola de helado de vainilla. A mi me gustó mucho, pero en cuestión de tartas de manzana, la Apfelstrudel sigue siendo mi favorita.

Nuestra conclusión es: no está mal el sitio y se entiende que esté hasta los topes, pero no lo puedo incluir entre mis favoritos

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Pamplinero

Está bien porque es único en su especie en Madrid pero si hubiera otro con la misma cocina éste sería peor, seguro.

21 de junio de 2016

araque

Cierto que no conozco otro similar y estoy convencido que no sería complicado de superar

21 de junio de 2016

Sidrería El Llagar

+34 917 41 44 27

Plaza Mora de Rubielos, 6 <m> Canillejas 5 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 12 personas

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Un asturiano de los de verdad

me encanta, uno de mis favoritos

es quien más ha ido (2)

Hace poco, haciendo recados por el barrio, vimos la sidrería y como siento añoranza de cuando viví en Asturias decidimos entrar a ver que tal estaba el sitio.

Tomamos un aperitivo, echamos un vistazo a la carta y decidimos volver un día tranquilamente a comer.

El local está situado en una plaza, lo cual hace que tenga una gran terraza cubierta y más mesas en el exterior para la época estival.

En el interior, hay unas mesas e intuyo que un comedor en la parte superior. Nosotros pedimos mesa en el interior ya que el día no vaticinaba nada bueno como así fue.

Fuimos a lo tradicional, Fabada de primero y cachopo de segundo.
Como me conozco bien el percal a pesar que de íbamos tres personas, decidimos pedir dos raciones de fabada y un solo cachopo para los 3.

De aperitivo nos pusieron un paté de cabrales (no podía ser de otro modo)
.
De bebida, por supuesto una botella de sidra; al no estar en Asturias, se pierde mucho el encanto de escanciar la sidra y te ponen un artilugio que apoyando el vaso en un botón sale esta a modo de chorro a presión. Curioso pero sin encanto.

Llegó el pote con la fabada que tenía un pinta muy buena y estaba deliciosa. Como decía, los asturianos son de buen comer y sus raciones son generosas por lo que llegó bien para nosotros 3.

El cachopo vino encima de unos pimientos del piquillo y patatas fritas. Este estaba bastante bien hecho, tierno y jugoso. Incluidos unos pimientos rojos asados en el relleno.

Es tan grande que por fuerza tiene que sobrar, así que lo puedes pedir para llevar a casa.

De postre, nunca he probado mejor arroz con leche que el que hacen en Asturias, pero también me encantan los frisuelos; ¡Menudo dilema! Fácil de resolver, ya que hay un frisuelo relleno de arroz con leche y manzana asada. Se me acaban los calificativos.

El otro frisuelo era de chocolate con cerezas, más normalito.

En cuanto al personal, salvo una confusión con la reserva todo fue bastante correcto y a pesar de la gente que había, la comanda no se hace esperar más de lo necesario.
Para repetir.

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Paulino de Quevedo

+34 915 91 39 29

Calle de Jordán 7 <m> Quevedo 2 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 117 personas

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crónica de un querer y no poder

está OK

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Esta es la crónica de un querer y no poder, más adelante entenderás el resumen de esta modesta crítica culinaria.

Cuando llegas a un sitio nuevo a comer, no solo debes fijarte en que la comida esté bien cocinada y a tu gusto, sino que ya se exigen otras cosas que son al mismo nivel tan importantes como la buena cocina.

El lugar es sorprendente. Tiene unos techos altos, cubiertos de madera, con vigas de madera que te recuerda al techo de un gran caserón. El comedor es enorme, con amplia separación entre las mesas para evitar agobios, escuchar conversaciones ajenas y tropezones a la hora de sentarte o acudir al lavabo.

Cocina bien, servicio regular

La comida, de verdad, deliciosa, al menos la que yo comí, porque escuché que el bacalao que había pedido uno de los comensales que iba con nosotros estaba excesivamente salado.

Por mi parte, como buen carnívoro que soy, pedí la Hamburguesa de buey del valle del Esla con ketchup casero y patatas pont neuf: Excelente la carne, sabrosa y en su punto. Tiernas las patatas, crujientes por fuera y suaves por dentro y el ketchup un poco dulce y escaso para mi gusto.

Como últimamente que voy a un restaurante suelo compartir con mi pareja, ella pidió un Milhojas de rabo de buey con puré de brócoli y chirivías. También muy bien preparado y especiado. El rabo de toro desmigado y tierno.

El vino era un Rioja crianza de 2012 pero no recuerdo el viñedo, pero si de la cerveza, una exquisita rubia de nombre La socarrada que me sorprendió gratamente.

A los postres probé un rico Tiramisú con helado de violeta, con buen sabor a mascarpone y café. El helado nunca lo había probado pero también estaba excelente. Lo que me dejó realmente asombrado fue el helado de sidra de una Tarta fina de manzana con helado de sidra que solicitó otro comensal. Quizá peco de falta de cultura heladera; y es que yo soy de los sabores tradicionales, pero estos dos helados, sobre todo el de sidra me dejaron entusiasmado.

El querer y no poder del que me refería al principio de esta crónica se refiere más bien a la escasez de personal atendiendo las mesas. Dos camareros más un jefe de sala (o eso creo que era) que resultaban claramente insuficientes ante el tamaño del restaurante y la cantidad de comensales. Me recordaba a cuando vas a una boda, que entre plato y plato da tiempo de sobras de ver una película.

No es culpa suya, ellos hacen lo que pueden y el trato fue correcto. Pero deberían contratar más personal.

Luego, claro está, llega la hora de la revisión de cuentas y las equivocaciones y el que te incluyan bebida de más es un detalle a tener en cuenta. Queda feo.

Una buena experiencia culinaria ensombrecida por pequeños detalles que deberían ser tenidos en cuenta y mejorados. Quizá si volvemos y arreglan los detalles suba de puntuación.

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Casa Federica

+34 915 42 96 75

Calle Manzana 19 <m> Noviciado 2 3 10 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 41 personas

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De barrio

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A la hora acordada nos presentamos y lo primero que vemos es que es una local de barrio, auténtico, sin pretensiones ni grandes lujos. No demasiado grande, con una barra en forma de L y unas cuantas mesas, cada una distinta de la anterior, pero aquí se nota que es así y no algo impostado como he visto en otros locales.

Nada más llegar, el trato es muy familiar, muy cercano, como si fuésemos de la casa. Nos pusieron la carta y un par de cervezas.

La carta no es muy amplia, ni falta que le hace si todo lo que tienen lo hacen bien. Nos decantamos por media ración de buñuelos de espinacas, una empanada de requesón de entrante y una milanesa de ternera como plato principal.

Mientras esperábamos, nos pusieron dos pinchos de tortilla de patata y madre mía ¡Qué exquisitez! Jugosa y con mucho sabor, no nos lo hubiéramos imaginado nunca.

Los buñuelos de espinacas y la empanada llegan a continuación. Y la verdad es que quedamos encantados, ambos sabrosos y en su punto. Los buñuelos nada grasientos, muy bien fritos y que con el limón que le acompaña le dan un gusto muy rico. Y la empanada de requesón debía llevar panceta ahumada por ese toque característico.

La milanesa de ternera, llevaba por encima tomate y una capa de queso provolone gratinado con especias, acompañada de una ración de patatas fritas cortadas a cuadros. Tierna la carne y excelente el queso provolone.

De postre no nos podíamos marchar sin probar el panqueque de dulce de leche, servido con azúcar caramelizado por encima. Un pecado carnal.

Un lugar recomendable.

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Restaurante Artemisa

+34 915 21 87 21

Calle de las Tres Cruces 4 <m> Gran Via 1 5 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 83 personas

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Vegetariano con encanto

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Está claro que los títulos no son lo mío. Empezemos:

No era mi primer vegetariano, aunque tampoco soy un asiduo de lo verde. Pero he de reconocer que tienen platos muy apetitosos y abundantes.

Como últimamente no soy de comer mucho, me centré en elegir un plato que me fuese a gustar y salir un poco de la típica Mousaka que los no vegetarianos o entendidos solemos pedir.

Mi elección en Artemisa fue Suprema del Casar. Un plato que consiste en un salteado de trigueros, cebolla y champiñón sobre lecho de pimientos horneados con un toque de trufa y pimentón de la vera. Todo el conjunto gratinado con Torta del Casar.

Si te gusta tanto el queso como a mi, no te lo puedes perder. El aroma inconfundible de la Torta del Casar unido al sabor de la verdura hace que el plato esté exquisito.

El otro plato que pidió Lisice fue un Cordon Bleu de seitán: Escalopines de seitán rellenos de queso y pimientos del Piquillo, con salsa Aurora y guarnición.
Debo reconocer, que yo pensaba que el seitán era un pescado, pero no, es un preparado vegetal. Probé
un poco y sin duda, me quedo con mi suprema.

De postre, nos llevamos a casa (Artemisa también tiene comida para llevar) una tarta de queso con mermelada de moras, bastante rica.

En general, mi opinión sobre este restaurante Artemisa es muy buena. De la zona es de los mejores, créeme. Una máxima a la hora de seleccionar un restaurante: si hay muchos turistas y/o fotos de los platos, suelen ser un sitio de mala calidad.

Precio aproximado 30-35 euros por persona.
Menú diario: 11,90€. Menú para llevar 9,90 (sin bebida)

No llega a las 5 estrellas porque le falta un no se qué. Quizá algo soso en el trato y el ambiente.

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Poncelet Cheese Bar

+34 913 99 25 50

Calle José Abascal 61 <m> Gregorio Marañón 7 10 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 402 personas

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Para amantes del queso como yo

me encanta, uno de mis favoritos

Desde que leí en prensa acerca de este lugar me dije que tenía que ir a probar. Aprovechando una oferta descuento de El tenedor, me decidí por fin a visitarlos.

De entrada el lugar parece algo frío por la decoración, un tanto minimalista con colores claros y maderas ya desde la propia fachada del restaurante, pero es algo que a mi me gusta bastante. Lo prefiero a los últimos lugares que he estado, muy parecidos unos a otros y con el nexo común de reutilizar viejas mesas y sillas de principios del siglo pasado. Vintage lo llaman.

Nos sentaron en una mesa para dos, que en lugar de sillas llevaba unos butacones bajos, que si bien son cómodos para una sobremesa y una charla informal, se hace algo incómodo a la hora de comer, ya que te obliga a echarte hacia adelante y pierdes el contacto con el respaldo.

El trato en todo momento fue muy correcto y cordial, sin llegar a ser cargante. Nos sentimos a gusto.

El maître nos explicó las opciones de la carta, entre las que podíamos elegir, en ciertos platos, retirar el queso. Bien pensado si vas con un grupo de amigos y a alguno por lo que sea no puede/quiere tomar queso.

De primer plato, elegimos una selección de quesos propuesta por el Maestro quesero, ya que entre la variedad de la carta nos íbamos a llevar un buen rato eligiendo.

Esta selección iba desde un queso suave y fresco a un queso azul. Todos espectaculares sin excepción.

Como plato principal, Lisice pidió un lomo bajo de vacuno en aceite de ceniza, mojo de avellanas y Queso de La Quesería Vega de San Martín (Madrid).

La carne en su punto y realmente sabrosa.

Yo me decanté por un rabo de vacuno estofado al vino tinto y deshuesado con queso Altejo y patata roja en forma de chips.

Estaba todo delicioso. Como postre pedimos un tarta tatín de manzana, como no, con queso también al que incluyeron una vela ya que era mi cumpleaños :)

En definitiva un lugar que me gustó mucho, con un buen ambiente, sin demasiado ruido a pesar de que había gente para ser entre semana. Para volver sin duda.

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