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Me llamo Beta y soy socióloga. Escribo mierdas que la gente lee. Viajo en vespa y follo sin amor. Soy bisexual y estoy en edad de procrear (aunque no figura ent...

Beta

mostrando 4 sitios

Palmer House

17 East Monroe Street Chicago, Estados Unidos

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Beta lo descubrió en agosto de 2014

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Buscar hotel en Estados Unidos no es tarea fácil. Una de las mejores opciones de Chicago es el Palmer House, no porque sea uno de los mejores hoteles, sino porque es pagable y tiene su encanto. Es una puta colmena con más de 1500 habitaciones que se llenan, pero está en el mejor sitio de la ciudad. El lobby es para caerse de espaldas. Fue uno de los hoteles de referencia de la ciudad aunque hoy resulta un poco decadente, lo que no deja de darle cierto encanto. Tiene ocho ascensores de puertas doradas que te suben a la habitación. ¿La habitación? Pues no tiene ni internet gratuito (puedes pagarlo a 15 dólares el día pero hay que estar muy enganchado para eso) ni siquiera minibar (hay un cuarto en cada planta donde pillar hielo y junto a una máquina expendedora de coca cola). Eso sí tienes un armario en el que te caben al menos seis cadáveres y una caja fuerte donde guardar la pistola y la documentación falsa.

En la séptima planta hay una piscina que se agradece en los días de calor, como ha sido el caso. Y un jacuzzi. Ambos son pequeños pero no suele haber demasiada gente a remojo.

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Casa do Conto

Rua da Boavista 703 Oporto, Portugal

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Beta lo descubrió en agosto de 2012

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En marzo del 2009, diez días antes de su inauguración, el Hotel Casa do Conto de Oporto ardió como una falla. Los dueños habían comprado una casa y la habían rehabilitado tratando de respetar el estilo original de la misma pero, tras aquella noche apenas eran dueños de una montaña de cenizas y escombros. Cualquiera en su lugar se hubiera pasado el resto de la vida maldiciendo pero ellos se compraron un libro de Siza y decidieron seguir adelante.Rehicieron el proyecto sustituyendo la madera por cemento y dos años más tarde consiguieron inaugurar, esta vez sí, un hotel de seis habitaciones de ultramega diseño. El hotel es una pasada. La habitación cuesta cien euros por noche e incluye el aparcamiento y un estupendo desayuno. Es caro, sí, pero lo vale.

Nota de último momento: Vas a pagar con tarjeta y el tío de la recepción te dice que no les funciona el datáfono. Es la cuarta vez que me pasa en Oporto así que, o bien esta gente compra los datáfonos en el chino o bien prefieren ahorrarse la comisión del banco diciéndote que pagues en dinero. Me dice que en la esquina tengo un cajero donde puedo sacar efectivo. Le digo que no estoy dispuesta a que me crujan con comisiones. Al final, cuando ve que quizás se quede sin cobrar me dice que podemos probar con el datáfono, que quizás el problema se ha solventado solo. Magia: funciona. Creo que pasaré de cuatro a tres estrellas mi valoración.

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Burger Joint at Le Parker Meridien

+1 212-245-5000

118 West 57th Street New York, Estados Unidos

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Había escuchado a varias personas decir que ponían "las mejores hamburguesas de Nueva York". No es cierto. Las hamburguesas están buenas (son pequeñas para los tamaños que se gastan aqui habitualmente) pero decir que son las mejores es una exageración. He comido en varios diners mejores. Sin embargo, evidentemente, es un sitio que se ha puesto de moda debido a que es un lugar peculiar. Está en el lobby del Parker Meridian, en la 56 entre la quinta y la sexta, detrás de unas extrañas cortinas rojas junto a las que se forma una interminable cola. Choca un poco que en un país donde la gente invierte dos minutos para comer estén dispuestos a tirarse media hora haciendo cola para comerse una hamburguesa durante cinco minutos. Es todo un poco contradictorio. El caso es que a medida que vas haciendo la cola y te acercas a la puerta escuchas la música que viene de dentro. ¿Es eso el aserejé?, te preguntas sorprendida. La respuesta es que sí, es el aserejé, y la bamba, y canciones que atestiguan el poder chicano en esta ciudad. Finalmente cruzas el umbral de la cortina y descubres que el famoso Burger Joint es un garito de treinta metros cuadrados, minúsculo, con las paredes garabateadas y con posters de Rocky, de Cowboy de medianoche o de Los Soprano en las paredes. Chocante para tratarse del lobby de un hotelazo. Las hamburguesas salen por quince dólares (con patatas), luego no son especialmente baratas.

Park Hyatt Hotel

+54 51711234

Avenida de Alvear 1661 Buenos Aires, Argentina

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me encanta, uno de mis favoritos

He visto que alguien había reseñado y puesto videos del Hotel pero yo no he estado en el hotel. No me puedo permitir los 500 euros que cuesta la habitacíon. Donde sí he estado es en en café del hotel, que por las tardes se convierte en un salón de té.

Corre el año 2009. Finales de junio. El peso cotiza a 5,4 por cada euro. Algunas cosas en Buenos Aires son increíblemente baratas. Yo estoy en Buenos Aires. Por puro azar, caminando, termino en la Avenida Alvear. Me parece estar en Belgravia, en Londres. Es la zona más pija de la ciudad, con las mejores tiendas. Busco en la guía. Aparece reseñado el Palacio Duhau, esto es, el Hotel Hyatt. Son las cuatro de la tarde. Decidimos ir a tomar café. Justo antes de llegar hay otro palacio que nos lleva a confusión. ¿Será este? No, eso es la nunciatura del Vaticano. Qué cabrones los curas, cómo viven. Vemos salir un cochazo de otro palacete. Ese es el Hyatt.

Preguntamos al tipo uniformado de la puerta dónde está la cafetería. Nos indica. A la entrada del edificio hay una Menina de Manolo Valdés. Lujo por todas partes. Nos dicen que a esa hora la cafetería se convierte en un salón de té. "Un té estará bien", pensamos. Entramos.

Una chica toca el arpa junto a una mesa llena de tartitas protegidas por campanas de cristal. Nos siguen tres chicas camareras. Nos acomodan y nos ofrecen la carta. Hay tres modalidades de té, una especie de buffet por 120 pesos, otro por cien y té con scones, que cuesta 80 pesos. Nos decidimos por éste último. "Un Earl Grey con scones", digo yo. "Para mí otro Earl Grey", añade María. No lo sabemos pero no hemos pedido dos tés con scones sino uno solo y, además, un té sin nada. A los dos minutos llega la procesión del té. Tres camareras portan una bandeja con dos scones y pastitas, otra con nata, mermelada y dulce de leche, dos tazas, dos teteras, dos jarras de agua caliente para aligerar el té si se ha quedado demasiado cargado y una botella de agua. Nos sirven, en el sentido estricto de la palabra. Es todo muy litúrgico. Te sientes la reina del mambo. Es más que suficiente para las dos, haber pedido dos tés completos habría sido un error. Comemos con toda la elegancia que hemos sido capaces de aprender en el colegio de monjas. Nos quedamos más que satisfechas. Escuchamos tocar el harpa parsimoniosamente. Disfrutamos el momento.

Pagamos ciento diez pesos. Apenas veinte euros. Somos ricas.