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Me llamo Beta y soy socióloga. Escribo mierdas que la gente lee. Viajo en vespa y follo sin amor. Soy bisexual y estoy en edad de procrear (aunque no figura ent...

Beta

mostrando 2 sitios

Tivoli

+45 33 15 10 01

Vesterbrogade 3 Copenhague, Dinamarca

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Hay dos montañas rusas, una más cafre y otra más de época. Me subo en la segunda. Me anclan al asiento. Escucho a alguien relinchando detrás mío. Me giro. Es un tipo de por lo menos dos metros de altura con cara de personaje de "Alguien voló sobre el nido del cuco". Comienza el viaje. El monstruo que se sienta detrás mío comienza a golpear mi respaldo como un salvaje y a gritar como si le estuvieran conduciendo al matadero. Creo que va a arrancar mi asiento, voy a salir volando y voy a tener una de las muertes más estupida en toda la historia de Dinamarca. El salvaje grita de excitación, yo grito de pánico. Un minuto pasa rápido y el tren se detiene. El cromagnon sale de su asiento y echa a correr hasta colocarse en la cola para volver a subir.

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Carlos Sainz Center

+34 902 17 01 90

Calle de Sepúlveda 3 <m> Puerta del Ángel 6 Madrid, Madrid provincia, España

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está OK

Convencida de que para combatir el mal de amores lo mejor es vivir emociones fuertes, mi amiga Ona tuvo la descabellada idea de llevarme a un lugar en el que, bajo el patrocinio de Carlos Sainz, se organizan carreras de karts. Estaba convencida de que estaría a reventar de "bakalaeros" de Leganés pero la impresión inicial fue menos desagradable de lo que me esperaba (puede que los 18 euros que cuestan diez minutos de conducción sirva como elemento disuasorio). El caso es que a mí no me gusta especialmente conducir y ver todos aquellos cochecitos a punto de romper la velocidad del sonido en un circuito lleno de curvas no me resultaba especialmente llamativo. Al final, no obstante, me decidí a probar.

Lo primero que te piden es que te saques una "licencia" y rellenes una ficha donde figuren tus datos personales y un pseudónimo. A mí no se me ocurría ninguno así que elegí como pseudónimo "zorra insaciable" (los designios de la mente humana son, a veces inescrutables). Una vez superado ese trámite te dicen que se anuncie la carrera en la que tomarás parte en uno cartelito como el que marca el turno en las carnicerías del mercado. Cuando esto sucede te dicen que pases a vestuarios donde te dan un mono rojo y una gorrito de cirujano para que no se te peguen los piojos de quienes han usado tu casco con anterioridad. Cuando estás disfrazada te llevan hasta una sala donde proyectan un video de Carlos Sainz en el que te dicen que no hagas demasiado el cafre. En esta sala te das cuenta de quienes van a ser tus rivales. En mi caso, aparte de Ona, estaban un padre y un hijo con aspecto de buena gente, un tipo con aire de marinero putero, un chaval con el pelo a cepillo junto con su novia choni y tres hermanos bastardos de Fernando Alonso deseosos de meterse la gasolina en vena y que parecían muy expertos en todo aquello. En el video, que debe durar unos cinco minutos, también te recomiendan que durante la primera vuelta te lo tomes con tranquilidad y te vayas adaptando al circuito.

Llega el momento de la verdad. Desciendes hacia la pista y uno de los encargados comienza a asignar los coches: Pistones al número 23, Nikita al coche 11, Ona al 6, Zorra insaciable al 4. Todos se descojonan al oir mi apodo. Les digo que se rían ahora, que luego les tocará llorar.

Mi kart es el segundo de la fila, justo detrás del de Ona. El resto salen por detrás mío. Nos sentamos, nos abrochamos el cinturón y nos dan la salida. Yo, que en mi vida he montado en un kart, sigo las instrucciones del video y cuando me estoy tomando la primera vuelta de tanteo empiezo a ver cómo todos los coches me adelantan por la izquierda y la derecha. Les grito "hijos de puta" pero cuando me quiero dar cuenta ya están lo suficientemente lejos como para no oírme. Un extraño resorte se activa en mi cerebro: quiero ganarles a todos. Empiezo a acelerar, a intentar arañar metros en las curvas, a frenar poco, a derrapar incluso y, cuando me creo que empiezo a recortar la distancia con todos ellos, ya han empezado a doblarme. Intento cerrarles el paso para que no lo hagan pero uno de los encargados me llama la atención con una bandera azul. Pienso: "métete esa bandera por el culo", pero da igual, mis rivales están, otra vez, demasiado lejos.

Cada vez que pasas por línea de meta ves una pantalla donde aparece tu nombre (zorra i) y el nombre de quien te precede y de quien viene por detrás. Después de once vueltas se enciende un semáforo rojo lo que significa que la carrera ha terminado. Al quitarme el mono me doy cuenta de que estoy tan sudada como si acabara de echar un polvo.

(Más en madreidiota.blogspot.com )

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