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Me llamo Beta y soy socióloga. Escribo mierdas que la gente lee. Viajo en vespa y follo sin amor. Soy bisexual y estoy en edad de procrear (aunque no figura ent...

Beta

mostrando 2 sitios

Land

450 Amsterdam Ave. New York 10024 New York, Estados Unidos

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Beta lo descubrió en septiembre de 2014

está OK

Una de las reglas de oro de Nueva York es que para comer uno tiene que ir a las avenidas laterales. La segunda, la tercera, Columbus o Amsterdam están llenas de lugares en los que comer variado y barato. Sabido esto Land es un tailandés bien puesto, donde comer de un modo decente por muy poco dinero. No es único, no te cambiará la vida, pero saldrás con apenas diez dólares menos en el bolsillo y con el estómago lleno. Tienen un menú de dos platos que sale por nueve euros si vas antes de las tres y media.

Los entrantes son bastante escasitos pero con el segundo te desquitas. Los "Crispy Calamari" están muy buenos y los Pad Thai también.

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Casa Mundo

Rua dos Caldeireiros 73 Oporto, Portugal

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Beta lo descubrió en agosto de 2012

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El proceso es el siguiente. Llegas a Oporto dejas las cosas en el Hotel y te das una vuelta por la ciudad sin un destino fijo. Te das de bruces con la Librería Lello y entras ya que es uno de los sitios que tienes reseñados como imprescindibles en tu plan de viaje. Te abres paso a codazos entre los turistas y ojeas ediciones portuguesas de algún libro de Nietzsche o de Pessoa. Finalmente encuentras uno sobre Tabernas y Tascas de la ciudad. Apuntas media docena de nombres y te sientes Cristobal Colón dispuesta a descubrir Oporto. Al día siguiente, a la hora de comer, buscas la taberna más cercana de cuantas tienes apuntadas: Adega Vila Mea, en el número 62 de la Rua dos Caldeireiros. Maldices las cuestas de Oporto pero finalmente das con el lugar. En la puerta hay una carta escrita en portugués, inglés y alemán. Casi todos los platos están por encima de los veinte euros. ¿No decían que Oporto era barato? Te lo piensas mejor y decides no entrar. Unos metros antes, en el 73 de la misma calle has visto un restaurante de puertas de aluminio con aspecto cutre. Muy cutre. Entras. Es un local diminuto, regentado por una señora gorda y un tipo con cara de malas pulgas, pero las mesas están llenas y la pinta de los platos no está mal. El menú cuesta 4,60 €. Te frotas los ojos. Incluye “sopa de legumes”, prato del día, café, pan y postre. Por ese precio estás dispuesta a comer lo que te pongan en el plato sin rechistar. La sopa no está mal. No es el consomé del que habla tu amiga Lorena (Lorena es pura sofisticación con residencia en Vallecas), pero no está nada mal. De segundo puedes elegir entre pescado (boquerones fritos), pollo, cerdo y ternera. Todo viene con patatas, lechuga y arroz. Me pido el pollo. El pollo no es más que pollo pero es que, además, está bueno. “De postre tenemos melón o crema”, te dice el dueño mientras te retira el segundo plato. ¿Melón o crema? ¿Me has visto cara de vegana militante de la liga de la leche? Crema, por supuesto. La crema portuense es muy parecida a la crema catalana. La pregunta es ¿quién copió a quién? Y luego además un cafelito solo. Como la bebida va a parte la cuenta asciende a seis euros veinte céntimos. ¿Y son los alemanes los que van a venir a rescatarnos?

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