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Isaac Agüero

mostrando 6 sitios

Casona del Judio

+34 942 34 27 26

Calle Repuente, 20 (Santander) Santander, Cantabria , España

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Un solo camino para disfrutar

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Sergio Bastard en La Casona del Judío (Santander) ha afrontado esta nueva temporada con muchos cambios. Desde comienzos de Marzo, de un “bistrot” y una mesa gastronómica se ha pasado a un restaurante con una sola propuesta gastronómica. Más fácil y entendible para todos los públicos. La carta no es demasiado extensa y está basada en convertir a ciertos productos en referencia, admitiendo éstos más de una elaboración.

En una de esas elaboraciones, la línea culinaria está abierta a un mayor espectro de público; mientras que en la otra Sergio se muestra más como es “jugando” en mayor grado con el potencial riesgo. Por ejemplo los guisantes están disponibles tanto con yema de huevo en una de las versiones como con jugo de caricos. La segunda vía es la que refleja mejor la cocina del catalán afincando en Cantabria.

Cocina siempre reflexiva y de creatividad personal. Cada vez más sabrosa, apalancándose en productos de calidad a los que acompaña con leves alteraciones del gusto. Conocimiento extenso de algas, hierbas del litoral, frutas y verduras que utiliza con frecuencia como acompañantes del género principal. Muestras de esa línea identitaria y que alabo son la ostra con pomelo y las cocochas con lechuga de mar y codium.

Empezamos como aperitivo con una espuma de vainas de guisantes y tierra de zanahorias. Suave, etérea y con gusto delicado. Reflejo de cierto sobre el aprovechamiento alrededor del producto. Un destello brillante que simboliza la cocina de Sergio a través del conocimiento y rendimiento de un vegetal.

Un segundo y pequeño bocado fue la ostra con pomelo asado. Yodo y amargor. Un final cortante sorpresivo, cuando estamos más acostumbrados potencialmente a un ácido. Bueno.

Se unen Cantabria y Cataluña con los guisantes del Maresme con jugo de caricos. La verdura crujiente, manteniendo esa textura tan característica y original, muestra que el calor ha sido breve y a cierta distancia. El jugo de la legumbre (tipo de alubia roja) es fino y suave para no enmascarar el conjunto que tiene un resultado final armónico y sabroso. Muy bien.

Los mejillones con crema de ortiguillas es un plato fuera de carta con el que Sergio nos gratifica. De amplio e intenso sabor a mar. La elegancia del mejillón (que para mí la tiene) se encuentra con esa potencia de la anémona que protagoniza el sabor final del plato. Una gran combinación auspiciada por detalles como esa hoja de rocío que aporta un interesante crujiente y el cambio de textura en un bocado terso y muy marino. Sobresaliente e interesante.

Cocochas con lechuga de mar y licuado de alga codium. Un producto que personalmente creo que es más atractivo por su textura que por su sabor (fino y tenue). En este plato, encontramos a Bastard en todo su apogeo. Busca en las algas una mayor potencia sin excesos para otorgar a la cococha. Para ello, lechuga de mar y un licuado de alga codium. Otro lance de mucha personalidad y gran resultado.

La lubina con parmentier de limón y ajetes seguramente fue el plato más convencional. Gran calidad del pescado, tono ácido muy sutil. Acertado punto de cocinado pero un ligero exceso de aceite impregnado. Sencillo, rico y superable.

Para acabar, las mollejas glaseadas con jugo de carne y garbanzos y acelga roja. La glándula al vacío, posteriormente ahumada en la brasa y luego rematada al calor de esos jugos. La técnica al servicio de la textura y el sabor. Plato meloso, sabroso y para todos los paladares. La acelga roja sirve para dar un matiz de frescor conveniente entre cada ataque a la molleja. Suculento y muy fino. Vicio.

Con las recomendaciones de la Quesería Cultivos en Madrid, ahora se ofrecen 6 quesos que irán cambiando según el momento en el que se encuentren. Esta vez, Moluengo de Albacete, el asturiano Rey Silo blanco, un queso curado de oveja de Valladolid denominado Campoveja que me encantó, el cántabro Divirin, un Comté y un queso azul de Cádiz, Bucaro, cremoso, fino pero con falta de fuerza para ser el último. Buena iniciativa.

Acabaríamos con la mandarina y calabaza. Un postre más ácido que dulce, muy fresco y que tiene espacio de mejora en la incorporación del hojaldre, al cual le falta crujiente.

Destaca la relación calidad precio de los nuevos menús de la Casona del Judío. Aquellos que me leen saben que es un tema que no suelo tocar, pero en este caso es encomiable el esfuerzo para hacer llegar esta aproximación culinaria por 35 € (aperitivo, 2 entrantes, pescado, carne y postre). Con 4 entrantes y un postre más, se va a los 55 €. Por nivel de cocina, instalaciones y producto la rcp es excelente.

La carta de vinos ha mejorado de forma muy importante. 150 referencias (tanto nacionales como internaciones) y gran nivel de cristalería. Aquellos buenos aficionados al vino no tendrán problema de elección. Ahora lo que falta es un mayor conocimiento por parte del servicio a la hora de manejar una carta de ese calado, siendo capaz de recomendar al cliente según su comanda y gustos.

Los platos rezuman gusto, saber hacer y un cierto nivel de riesgo mejor controlado que en veces anteriores. Desde mi punto de vista, una gran idea y un paso delante agrupar toda su oferta gastronómica en un solo espacio. El sabor está muy presente pero la cocina de Sergio sigue siendo delicadeza. En ese balance radica una parte importante de lo atractivo de la cocina de Sergio. El resto en su personalidad marcada y en la integración en platos de las algas y hierbas del litoral.

Si el público responde y se mantiene la serenidad, vamos a ver un restaurante que va a crecer poco a poco hacia otras distinciones. Cocinero hay.

La Casona del Judio Marzo 17: Un solo camino para disfrutar.

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La Primera

+34 910 52 06 20

Calle Gran Vía 1 <m> Sevilla 2 Madrid, Madrid provincia, España

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Tócala otra vez

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Paco Quirós y su equipo aterrizaron en Madrid en octubre de 2011. Cinco años después, son ya cuatro restaurantes los que ostenta. La última apertura, el restaurante la Primera en el número uno de Gran Vía, donde vuelve a unir fuerzas con su mujer Teresa Monteoliva y Carlos Crespo Viadero.

A cargo de la cocina, Jesús Alonso y en sala, Jesús Selma procedente de La Maruca. Quirós mueve sus piezas, dando responsabilidades cada vez mayores a las personas que realmente valen. Mención especial merece Jesús Alonso, un batallador que ha sido capaz de poner en marcha los cuatro espacios que se ostentan. Alonso es la mano derecha culinaria de Quirós. Se entienden con la mirada. El madrileño ha sabido hacer suya esa dote de la suculencia que tienen en común las propuestas del cántabro. En nuestras conversaciones, la frase más repetida de Jesús es: “Ya sabes, intentamos cocinar rico. Esa es nuestra propuesta”

Culinariamente, La Primera se sitúa cercana a la Maruca. La carta reúne platos de este espacio, de Cañadío y algunas novedades como la menestra y el arroz de verduras, el cordero deshuesado, los pimientos rellenos y el flan. La Maruca y la Primera se sitúan en la categoría de “confort food”, mientras que Cañadío es la proposición más clásica.

Pero vamos a centrarnos en La Primera. Toma su nombre de una de las playas santanderinas por antonomasia, la primera del Sardinero justo en frente del conocido casino santanderino. El espacio ha sido diseñado por Sandra Tarruella (Celler de Can Roca, Bien Aparecida). Resulta cálido y confortable, a lo que ayudan desde las plantas hasta las mullidas alfombras que aplacan los ruidos y aportan desahogo. Decoración de perfil cosmopolita que es capaz de mutar ligeramente en función de si es de día o de noche gestionando de forma muy cuidad tanto la luz como el sonido. En una palabra, comodidad.

El local abre para desayunos, destacando la tortilla de patatas. Huevo medio cuajado, cebolla bien pochada que aporta ciertos toques dulces y huevo y patata perfectamente ensamblados. Imprescindible. Puede que a la hora de la comida tengan algún pincho, si es así no duden. Vermouth y tortilla para despegar.

Comenzamos con las indispensables rabas. La única propuesta que está en las cuatro cartas junto con las anchoas. Una muestra innegociable del origen santanderino. Buena fritura y producto, rebozado ligeramente grueso, corte tirando a fino y textura más bien tersa. Las buenas rabas como éstas despiertan mi memoria más infantil y parental. Soy de los que piensa que se deben alimentar los buenos recuerdos.

A continuación una serie de entrantes que se pueden solicitar por raciones, media raciones o unidades. Flexibilidad al servicio del comensal. Las alcachofas confitadas y acabadas en la plancha resultan finas, fundamentales y de textura inmaculada. Los pimientos rellenos de hongos y langostinos tienen una farsa bien trabajada, estando rebozados excepcionalmente. La suculencia se muestra en todo su esplendor en las patatas rellenas con estofado de toro, siendo fiel reflejo que en esta casa se guisa de verdad. Mientras que las patatas bravas necesitan una revisión tanto por su salsa como por esa cebolla crujiente que descoloca.

De las novedades, destacar la menestra de verduras semiguisadas con jamón y su jugo. Su ligazón es de altura y la facilidad para detectar tanto el sabor de las verduras como el de un suave refrito de ajo con jamón eleva el conjunto. Textura semicrujiente y al mismo tiempo tersa a través de ese espeso fondo. Excepcional.

Las albóndigas de bonito es un plato clásico de Quirós. Sobresale el punto del pescado, ligeramente hecho, lo cual aumenta la jugosidad en boca. La salsa marinera típica con un leve punto de pimentón proporciona ese punto adictivo, que provoca repetición y ganas de mojar pan. Nunca fallan.

Siguiendo con las nuevas propuestas, probamos el arroz seco con verduras y setas al horno. Ideal para compartir en la mesa. Buen punto el del cereal, leve socarrat que se busca de forma intencionada. Otra muestra del cuidado de la cocina. Con un punto más de grasa de lo requerido, aunque resultando gustoso. Como recomendación, podría el alioli aparte para que el comensal elija si quiere o no realizar la mezcla.

El cordero deshuesado con patata panadera resulta intachable. Acompañado de membrillo, granada y su propio jugo. De nuevo surge esa suculencia, ésta vez más refinada. Salsa fina y cuidada. Sorprende un plato de esta calidad en un espacio de verdadera cocina “fast good”. Pruébenlo.

En los postres se ha jugado a lo seguro, a plantear opciones que ya triunfan. Para mí, la gran noticia que ya hay un tercer local donde se puede degustar la tarta de queso, después de los dos Cañadíos (Santander y Madrid). Muchas líneas ya dedicadas a esa tarta de textura y sabor irreprochables. También resulta destacable el flan al estilo de Alex Ortiz (cocinero del santanderino El Riojano, cuyo propietario es Carlos Crespo). Resulta más etéreo y dulce, provocando ese bucle para los golosos. Más cercano a una panacotta porque el porcentaje de huevo en su composición disminuye y el de nata aumenta. ¡Vaya pareja! Dejen sitio para los postres.

Me atrevo a decir que nadie como ellos engloba cocina, servicio, ambiente y relación calidad precio a su nivel. Fácil es decirlo, más escribirlo, pero no debe ser tan sencilla la puesta en práctica cuando la fórmula no se copia con éxito.

Tortilla, rabas, alcachofas, pimientos, patata con rabo, menestra, albóndigas, cordero, tarta y flan. Ahí tienen una comanda para disfrutar

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Cadelo

+34 942 22 10 51

Calle Río de la Pila 18 (Santander) Santander, Cantabria , España

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De vez en cuando en Santander surgen pequeños espacios gastronómicos que merecen la pena. Uno de los últimos en la calle del Rio de la Pila, otrora vía de la movida nocturna santanderina en diversas fases del siglo pasado y que siempre ha tenido como referencia gastronómica a la Bodega del Riojano.

Nacho Laherrán en cocina y Eduardo Ruigómez en barra y sala proponen una carta sin ataduras, fresca y joven en un local pequeño, algo ruidoso y de fachada de Cuéntame ochentero. Se nota que estos chicos quieren comenzar desde el principio pero están dispuestos a darlo todo.

Uno de los platos que ha soportado varios cambios de carta son las gambas a la sal con tomate y eneldo. Muy buena gamba blanca, de perfecta textura en la que se apuesta más por mantener su sabor mediante un sedoso aliño que por incrementar la potencia de la degustación con alguna nota ácida ó picante. Notable.

A continuación dos combinaciones donde se unen los lácteos y el pescado azul, que tan buenas migas hacen. En primer lugar brioche con queso y anchoas de Codesa, un bocado cántabro por antonomasia algo parco en sabor pero con un detalle de equilibrio representado por pequeños trozos de manzana verde que aportaban crujiente y acidez.

Luego vendría la ricota con anguila ahumada y tomates secos, agradable en boca con importante presencia de notas ahumadas y cremosa textura.

El rape a la plancha con puré de boniato y aceitunas negras peca de cierto desequilibrio llevándose las olivas el sabor delicado de este pescado blanco de buena calidad y urdimbre. ¡Cuidado con las proporciones!

En cambio las mollejas con aji panka y yuca merecen un olé. A un fabulosa textura se le una combinación de ligero picante, cremosidad y crujiente. Para repetir con asiduidad carnívora. Merece la pindia subida del Río de la Pila.

Visos de guisandero se muestran de verás por naturales en los pequeños tacos de rabo de toro con frijones y aguacate. De sabor prolongado y concentración en el fondo. Cuando España se encuentra con México con talento.

Para finalizar Eduardo con cierta cara de picardía nos empuja a probar las alitas de pollo en salsa de chiles coreanos. Picante con bravura intenso que no va más allá de la boca afortunadamente. Solo se pueden tomar al final y si se disfruta con el picante.

Si la tarta de queso es horneada normalmente vamos a por ella. En este caso destaca por su sabor ciertamente profundo y por ese tambaleo que marca una textura sedosa. No acabo de ver el matrimonio con una confitura de naranja demasiado amarga. Esta tarta degustada algo después de salir del horno seguro que nos haría disfrutar aún más.

Sin duda una bocanada de aire fresco dentro de la categoría de tabernas “modernas” que buscan una interesante relación calidad precio. Un revulsivo culinario y una muestra de una de las posibles líneas para vivir de esto en la ciudad que mira cada vez más hacia el Cantábrico. Inversión controlada, cocina honesta y sápida, precio ajustado y un poco de cariño.

El plato de mayor enjundia gastronómica las mollejas con aji panka y yuca por su textura y contrastes. También disfrutarán tanto las gambas a la sal como esos pequeños tacos de rabo de toro. Propuesta de sabores marcados y directos sin excesivos matices en un local angosto pero en el que uno se siente acogido y cómodo desde el primer momento. Casi siempre las sonrisas se colocan por encima de las incomodidades.

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Restaurante Anna

- cerrado

C/Menéndez Pelayo, 49 Santander, Cantabria , España

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Honestidad y elegancia culinarias

Isaac Agüero lo descubrió en mayo de 2015

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Parece que Santander poco a poco va teniendo más propuestas restauranteras de perfil gastronómico. La última es Anna (no confundir con Annua, el cual está en San Vicente de la Barquera). Se trata del desembarco en Santander de Gustavo Pérez y Menchu Cabrera, trasladándose desde el pueblo de Quijas donde los últimos años habían gestionado la Nueva Torruca. Un paso de importancia que trata de hacer llegar su cocina a un mayor público.

El local situado en la calle Menéndez Pelayo consta de dos pisos, en el primero de ellos un comedor pequeño al fondo, y una barra en la cual se pueden degustar una serie de raciones. En el piso de arriba se encuentra el comedor principal con capacidad para unos treinta comensales. Mesas bien iluminadas, lo cual es de agradecer. Normalmente voy a un restaurante a cenar.

La cocina de Gustavo Pérez se basa en los productos de temporada, en una buena materia prima teniendo como especialidades tanto los platos de caza como los arroces, además de escabeches y marinados. Cocina elegante, ligera, equilibrada buscando los puntos perfectos de cada uno de los productos.

Nos dejamos llevar y dado que hay total confianza dejamos que sean ellos quienes decidan los platos. Comenzamos por unos espárragos con perrechicos. Se acompaña la verdura de una espuma de agua de su propia cocción que potencia su sabor de forma etérea. Tremendamente natural, con punto ligeramente aldente. Estético y sabroso.

Una plasmación de esa finura comentada son las gambas al ajillo a nuestra manera. Gamba blanca de buen tamaño con ajo negro, flor de ajo, piparras y tallos de ajetes. El crustáceo únicamente se atempera en un fondo de sus propias cabezas, manteniendo su sabor original. Distinción para afrontar una tapa tan típicamente española. Potencial mejora con un punto más de temperatura en ese caldo.

Seguiríamos por un marinado de rodaballo y vieira con pepino. Agradable cuando en el bocado no encontrabas la verdura, en caso contrario ésta tenía demasiada presencia. También se notaba la existencia de pequeños puntos de mayonesa de wasabi con sensaciones picantes gratas.

Conjunción de producto y tacto son los pulpitos con langostinos y puré de patata. Las patitas del cefalópodo perfectas con una textura crujiente, manteniendo todo su gusto. El langostino compactado como una especie de fiambre y el puré como una especie de hilo conductor. Un plato que destaca por la calidad de esos pulpitos y el tratamiento exacto. De vicio.

Sorprendente la presentación del arroz con salmonete. Acabado en la plancha para disponer ese socarrat que se conforma en un cilindro unforme. Perfecto técnicamente. Gustoso, atractivo. Un asombro encontrarse un arroz así por estos lares cantábricos. Para volver a por más sin duda.

Acabamos con la carrillera con verduras. Guisada y escabechada al mismo tiempo. Zanahoria, coliflor, espárragos, casi todos con una textura crujiente. La carne melosa, en su punto y con el escabeche bien infiltrado. Un plato que conjuga las cocciones lentas y los escabechados que Gustavo controla. De nota.

De postre, un tocinillo de cielo de fruta de la pasión con helado de mango. Acidez y un punto mínimo de dulzor. En boca resulta ligero, suave, reconfortante.

Pedimos un último extra, un sutil arroz con leche que se finaliza con una espuma de limón. Nada pesado. Menos denso que lo grandes arroces con leche asturianos.

Cocina y propuesta honesta, transparente. Línea de cocina amplia que puede encajar con diferentes perfiles de clientes. Se mueve por caminos de sabores reconocibles con un alto nivel de delicadeza en el gusto.

Gustavo con las pretensiones necesarias para realizar una culinaria personal sin la más mínima excentricidad. Por otra parte, el ritmo del servicio resultó perfecto, sin esperas entre plato y plato, con cambios continuos de vajilla y recabando información en cocina cuando era necesario.

Obsesión y empeño para mejorar cada día. Sin excesiva prisa, pero aplicando mejoras todos los días para que la experiencia sea lo más satisfactoria posible.

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Gath

Buena reseña Isaac. Estás mostrando nuevas e interesantes posibilidades gastro en Cantabria. Y eso es muy positivo.

6 de mayo de 2015

Isaac Agüero

Jose Luis, soy de Santander. La tierra tira

6 de mayo de 2015

La Maruca

+34 917 81 49 69

Calle Velázquez, 54 <m> Velázquez 4 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 302 personas

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UN rincón de Santander en pleno Velázquez

Situado en Velázquez, 54 toma el lugar donde anteriormente se ubicaba el Asador Frontón 2. La crisis provocó el cierre del asador; y también es la semilla de este planteamiento de negocio. Se apuesta por un precio medio menor que el de Cañadío, y una mayor informalidad en un local con diferencias estancias planteado para todo tipo de público. La decoración es sencilla y diríamos que acogedora, repleta de guiños a la tierra, fotos del mercado de la Esperanza (el principal de Abastos de Santander), cuadros con facturas de restaurantes cántabros como el añorado Río Asón, y paneles donde se reflejan paseantes por la playa del Sardinero.

Carta diferente a la de su “hermano mayor” donde solamente se conservan probablemente las dos entradas cántabras por antonomasia, las rabas y las anchoas. Casualmente comenzamos con las primeras, buen producto, con un finísimo enharinado y una elegante fritura. Para no perdérselas.

Seguimos con unas alitas de pollo con salsa barbacoa, cocinadas a baja temperatura, destacan por su textura y su carne tersa. Acompañadas por la salsa, se convierten en un bocado muy sabroso. Para comer con las manos y chuparse los dedos.

Una típica ensalada de tomate con bonito es el siguiente plato; tomates rosas, bonito, y cebolla morada de Liébana. Sencillez y producto..

Una muestra de esa informalidad también se plasma en la carta vía las bravas. Patata cuadrada; crujiente en su exterior, y más cocida en el interior. Se acompañan tanto de un alioli como de una salsa aparentemente brava. Combinación que debe mejorar, tanto en la proporción y sabor de las salsas como en su bravura.

Damos un paso adelante con el pulpo asado con puré de matanza; el tentáculo del cefalópodo en su punto exacto con un puré de patata que lleva ligeramente chorizo. Esa combinación de mar y montaña resulta muy acertada. Pleno.

Otro reflejo en la carta de la procedencia cantábrica es el taco de bonito con piperada. Me sorprendió favorablemente por su punto, hecho ligeramente por el exterior y muy poco por el interior, lo cual desde nuestra perspectiva aumenta su jugosidad. Se nota que en este plato está la mano de Quirós. Otro acierto.

En el capítulo dulce, la tarta de queso no ha viajado desde Conde de Peñalver, pero en su lugar el cántabro de las Jarradillas se presenta en formato flan. Muy conseguido, sin adornos innecesarios, ni presencia de otros ingredientes secundarios que no aporten. Pleno foco láctico.

Y acabamos con una tarta de limón, compuesta por una capa de galleta de pura mantequilla, una crema pastelera con un toque cítrico que la hace tremendamente ligera y un etéreo merengue. Para repetir.

Para post completo ver: complicidadgastronomica.es/?p=2797

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Isaac Agüero

Muy bien eramos 4, tomamos 2 botellas de vino, y 3 cafés, creo que salimos a 33€

25 de octubre de 2013

sin fotos + añadir

Puerta 23

+34 942 31 05 73

Calle Tetuán 23 Santander, Cantabria , España

guardado por 8 personas

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Luces y Alguna sombra

está OK

Local situado en la calle Tetuán concretamente en el mismo número que su nombre indica. Travesía típica de la restauración santanderina que contiene a míticos restaurantes como el Marucho, ó el Asador de Aranda.

Lleno a rebosar un sábado 27 de Julio en plenas fiestas de Santander. Diríamos que es lo normal.

En cocina está Alvaro Obregón, cocinero forjado en fogones de restaurantes como El cenador de Amos, El Serbal, El Solar de Puebla, Martin Berasategui y Las Rejas entre otros. Cocinero de treinta y un años con amplia experiencia, y que durante unos meses gestionó la cocina del cerrado El Solar de Puebla que tuvo una estrella Michelin.

Recepción y servicio algo desorganizado, más que nada creemos por el lleno del local, y el número de personas en sala.

Nos decantamos por el menú degustación con un precio comedido de 27 € y que contiene dos entrantes, pescado, carne y un postre.

Comenzamos con un aperitivo consistente en un escabeche de bocarte. Bocado muy local que igual debería estar un poco más frío. Nos pareció correcto.

El primer entrante era una ensalada de txangurro y pulpo. El nombre prometía, no así el plato que estaba conformado con una parte del centollo que no era la más adecuada para el conjunto. Sabor extremadamente fuerte que no correspondía con la idea que tenemos de ese preparado del centollo. Empezábamos con una sombra.

El siguiente plato setas con verduras, diferentes setas con diversas verduras como zanahoria, espárrago verde, calabacín. Buen conjunto colorista, clásico, aunque igual le faltaba la presencia de alguna seta más especial.
Como platos principales el pescado fue una merluza emparrillada que venía acompañada de chipirones y vinagreta de tomate. Está muy claro que la vinagreta de tomate le va muy bien a la merluza, ya lo hemos probado en otros restaurantes con acierto. Muy buena ejecución y producto, empezamos a ascender.

A continuación cochinillo a baja temperatura. Personalmente tenía un poco de respeto cenar cochinillo, pero nos han insistido en que nos iba a gustar. Así ha sido, piel crujiente, carne tremendamente jugosa, ésta se desunía casi sola. Servido el puerco con una cama de repollo de cara desengrasar el conjunto que hemos de decir que le venía bastante bien. Conjunto que merece mucho la pena.

Como final, una crema de chocolate blanco, manzana y fruta de la pasión. Buena combinación de ingredientes, refrescante, y ligera. Como mejora encontramos la crema demasiado líquida.

Para beber un As Sortes 2007 a 33€. Se trajo algo falto de temperatura, le faltaba frío. Se compensa con cubitera. Como hemos comentado servicio algo carente de recursos para gestionar correctamente a todos los comensales.

Luces en los platos principales: merluza, y sobre todo cochinillo. Medias luces en las setas y en la crema de manzana. Y sombras en la ensalada de txangurro y pulpo que se debe revisar desde nuestro humilde punto de vista.

Para más y fotos: complicidadgastronomica.es/2012/07/restaurante-puerta-23-luces-y...

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Mercedes Bermejo Gil toma este comentario con cautela

Amplío la opinión: mal servicio, peor producto: los camarones incomibles, la nécora vacía, la lubina cruda, cruda, los salmonetes con olor.....un auténtico desastre y encima antipáticos. Ni volveré ni lo recomendaré. Una lástima.

10 de diciembre de 2012

Isaac Agüero

¿Cuándo has estado? Pensaba darle otra oportunidad,,,,

10 de diciembre de 2012

ANA CANO toma este comentario con cautela

Pues siento diferir bastante en la opinión de Mercedes, bueno para ser sincera, difiero por completo. Existe una virtud que se llama la paciencia y considero que dadas las circunstancias y ante un local que dada su capacidad tampoco da mucho margen de maniobras ya que el aforo es limitado, siempre que o bien he acudido yo personalmente o bien he enviado a clientes, amistades, etc..., al mismo, he recibido una valoración positiva ante la recomendación que les he hecho. De hecho los hay que han seguido acudiendo con cierta frecuencia. Y JAMAS, y lo reitero JAMAS, he tenido ningún tipo de queja o yo he podido apreciar que la calidad de los productos fuese inferior a la que siempre ofrecian o por el contrario el producto fuese como el que menciona Mercedes, incluso me podría atrever a decir que se ha equivocado de local. Respecto a la antipatia del personal, en lo que concierne a mi persona siempre he recibido un trato correcto tanto con el maitre (sin lugar a dudas un profesional) como con los camarer@s que me han atendido en mis visitas. No me va la pleitesia, el peloteo y que me esten agobiando constantemente mientras como, para mi una cosa es sentirme atendido y otra tener un guardaespaldas durante toda la velada. Los camareros realizan su trabajo y yo disfruto de la velada, sin necesidad de me amenicen la velada con un espectáculo circense. Ante esto último creo que la opinión puede ser muy diversa dependiendo del tipo de persona que acuda ya no solo a este local sino a cualquier otro. De hecho no es que lo considere plenamente recomendable, sino que yo por mi parte lo seguire recomendando tanto este como los otros tantos locales a los que acuda y me sienta satisfecho y al menos hasta la fecha, sin margen de error.ver comentario completo

21 de febrero de 2013

Mercedes Bermejo Gil toma este comentario con cautela

me reafirmo en todas y cada una de mis palabras, Y no necesito que me hagan numeros circenses,solo que me den una cena en correspondencia con lo que pago.

27 de febrero de 2013

ANA CANO toma este comentario con cautela

Lo único que me queda decir al respecto.... prefiero ahorrarmelo. Por cierto, ¿pusiste una hoja de reclamaciones, o te quejaste al personal del local, etc?,.... sin más. Cuando visito un local, sea del tipo que sea, en este caso porque se trata de hosteleria, pero lo hago extensible al comercio textil, de alimentación, etc... tengo el ¿valor, coraje o la personalidad suficiente? para que si lo que me ofertan no es de mi agrado poner las objecciones correspondientes sobre la marcha sobre todo si lo tengo que pagar porque después ya "las palabras se las lleva el viento". Como he dicho en mi anterior comentario, todas estas opiniones son muy subjetivas y no por ello, ni tu ni yo, sentamos cátedra con nuestras opiniones, solo que las cosas no son ni blancas (como las puedo poner yo) ni tan negras (como las puedes poner tú). Es tu opinión y la respeto, no te ha gustado y punto, a mi no me gusta descalificar, considero que se pueden decir las cosas de una forma un tanto más sútil.ver comentario completo

27 de febrero de 2013