Man in Boat

mostrando 20 sitios

Runaways - Estilo Pirrakas

+34 661 78 16 19

Calle Embajadores 197 <m> Legazpi 3 6 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 20 personas

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Underrated, undiscovered

me encanta, uno de mis favoritos

es quien más ha ido (3)

5 estrellas merecidas por la brutal calidad-precio previa reserva vía El Tenedor, con 40% de descuento. Me puse las botas por 43€, mediante:
- 3 Petronis
- 2 Kimuchis de Vieira (bocado agradable, intenso, vieira sobre lima; repetí porque uno se me hizo escaso, e hinqué el diente en ambas limas)
- 1 Panceta a lo loco (tierna -se podia comer sin masticar-, sabrosa sin ser excesivamente pesada)
- 1 Pollo hijoputa (el plato top-picante, sudé con él, pero no tuve especiales problemas en terminarlo)
- 1 Steak Tartar picante (otro que suma en el global, antes lo tenían de "pincho", ahora de plato)
- 1 Poboy de Gambas (el que menos me gustó, pero le pedí al Pirrakas que me recomendara algo para matar la cena, y creo que fue a lo seguro para llenar mi estómago; nada que objetar en cualquier caso)
- El postre: 1 Negroni (sospecho que sólo con ginebra y vermouth, pero bueno)
Local desenfadado con música acorde al tono de la experiencia visual, atención amable y rápida, buen rollo en general. Penaliza la localización (C/ Embajadores más allá de Legazpi), pero mantendría al menos 4 estrellas aún sin ofertaza de El Tenedor.
Volveré (que, además, mi chupa de cuero roja va acorde a los tonos del lugar).
Yeah.

listas: Visitados y comentados

CEBO

+34 917 87 77 80

Carrera de San Jeronimo, 34 <m> Sevilla 2 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 47 personas

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Yo ya me lo voy convalidando en mi tour de Estrellas Michelín

me encanta, uno de mis favoritos

un check-in aquí

Considero que la preparación de un evento ya es parte de la experiencia gastronómica. En función de las circunstancias que vayan a darse (esto es, del tipo de ocasión, de la compañía, de si es una fecha especial o no), uno trata de anticipar cómo va a lograr que el acto en sí acabe siendo lo más agradable posible. O, en lugar de agradable, formal, seductor, divertido, salvaje, o lo que uno quiera conseguir.

En mi caso -para acabar escogiendo Cebo-, tenía la tarea autoencomendada de buscar un restaurante con pocas posibilidades de haber sido visitado por mi acompañante, que culinariamente alcanzara unos estándares de calidad de al menos notable-alto, que el servicio fuera exquisito, y, también siempre importante, que se encontrara en Madrid centro. Luego está el punto de acierto subjetivo, pero ahí me muevo a base de sensaciones con respecto a lo que conozco a la otra persona. Le añado el hecho de que yo mismo no quería repetir lugar de recreo, por lo que me dispuse a mi ejercicio de exploración con mente abierta con respecto a opciones, y aguda con respecto a detalles específicos.

Y he aquí que fui hallando opiniones muy positivas (de gente que creo tiene buen criterio) de este lugar, que particularme no conocía. Alojado en el hotel Urban, daba por hecho que detalles como el trato exquisito los tendría asegurados.
Así pues, hice reserva con antelación, y fui jugando con mi acompañante dándole pequeñas pistas para incrementar las expectativas hasta un punto que no rebasara la valoración previa que yo mismo había hecho de este restaurante (por si, desgraciadamente, no conseguía colmar con todos los deseos proyectados).

Menú degustación con maridaje estándar de vinos. Como es usual en este tipo de locales, los platos que conforman el menú van variando en función de temporada (al menos algunos). Este hecho, particularmente, se está convirtiendo para mí en un fetiche cada vez más poderoso. Ni ojeé la carta (seguro muy atrayente), era algo ya decidido desde el momento de la reserva, y convencí a mi acompañante para que así fuera.

Platos, todos con su correspondiente explicación por parte de un servicio de matrícula de honor, y con pequeño comentario de mi cosecha (pequeño, por ser mi memoria falible en según qué condiciones -vino-, y con el añadido del tiempo transcurrido -3 días-):

- Calçot 2.0: pequeño bocado sensual y explosivo, consistente en un buñuelo con sabores a calçot y romesco en texturas poco usuales para este tipo de plato (el tema de jugar con las texturas será una constante en el resto).

- Pollo negro y navajas: tira de crujiente piel de pollo con añadido marino para el contraste; un moderno mar y montaña, que fue de mis pasajes favoritos.

- Quisquilla del mediterráneo: debe ser el plato estrella, o al menos del que más referencias he visto. Tataki de quisquilla con gel de sus huevas y aire de cítricos, a comer primero los jugos de la cabeza y después el tataki con el aire. A destacar la pieza de vajilla en el que era presentado (y la presentación del alimento en sí).

- Callos: momento que aguardaba con expectación -y cierto temor-, pues la casquería no era un campo a priori especialmente atractivo para mi acompañante. Torta crujiente de garbanzo con sabor al guiso referencia, suspendida sobre una maravillosa croqueta líquida de puro jugo a base de horas de chup-chup de callos. Pasó el corte con sobresaliente.

- Migas, pie y oreja: combinación de nuevo arriesgada por lo advertido antes. Disfruté del juego de texturas entre los 3 bocados, siendo el más impactante a nivel personal el "pie", y el más controvertido la "oreja" (básicamente, por mostrar de una manera más clara lo que es en sí). Yo, que disfruté como un cochino en la Tasquería, no puedo ponerle pegas a esta combinación.

- Chipirón "Black andaluza": la parte de las patitas en textura frita, y el resto cocinado al vapor, acompañados de jugo de calamar, aire de alga y un detalle más que no recuerdo. Seguimos con el juego de readaptar platos típicos de manera elegante y atrevida, y, afortunadamente, con acierto.

- Guisante lágrima al pil-pil: probablemente el paso que me dejó más frío. Ojo, no por falta de calidad del mismo, sino por propia apetencia. Me lo tomé como un descanso para el in crescendo que llevábamos prácticamente desde el principio.

- Boquerón (2016): recuerdo un helado de boquerón en vinagre, un boquerón en la parte superior del plato y... nada más (aquí ya el alcohol y la conversación me fueron influyendo). Sigo pues moviéndome a base de sensaciones, y la huella mnésica sensitiva he de decir que fue agradable.

- Stracciatela de espárrago blanco con fermento de trufa negra y ostra: me encantan las ostras, me encanta la trufa, me encantan los espárragos. No podía fallar nada. Jugamos de nuevo con elementos clásicos y texturas variopintas. No se aburre uno en Cebo.

- Ponderosa cremosa: argh, de este plato no recuerdo nada... ¡que alguien me ayude! me suena que se componía de dos elementos, siendo uno de ellos una gamba roja... no lo sé, la verdad. De nuevo, tirando de recuerdos viscerales, sé que me encantó, pero me frustra no saber por qué. Es el riesgo de no hacer fotos en un menú como esté, que luego tiras de lo que se te queda guardado, y a veces uno falla. Creo que a estas alturas estaba un poco distraído (no por la comida en sí, nuestra mente está en constante producción y mantenerme en todo momento en atención plena a lo ingerido me costó), pero volví a centrarme en el presente en el siguiente.

- Vaca vieja "180 días" y caldo maduro: ventajas de tener un estómago amplio en contraposición a mi acompañante, pude engullir mi pieza entera y dos tercios de la que no me correspondía. Mi parte carnívora y carnal disfrutó mucho con este final, de intenso sabor a lo que tenía que saber, sin estridencias ni distractores. Carne.

- Piel de leche, queso y trufa de guarda: el entrante a los postres, versión deluxe del queso con membrillo tradicional. No me encantó, no me disgustó. Correcto para mí, seguro excelente para otros.

- Boquería: plato visualmente espléndido, inspirado en el mercado del mismo nombre. Muy frutal y refrescante, de agradecer en este punto de la comida. Servido junto a un zumo con la instrucción de ser bebido tras acabar con el resto, que sirvió para asentar todo lo disfrutado previamente.

- Chocoratafia: el punto necesario de chocolate con el que saciar la pulsión del empalague.

- Yemas, almendras y costrada de Alcalá: casi nos olvidamos de éste. A nivel personal me sobró un poco, de nuevo, no por no cumplir con los estándares de calidad del resto, pero se me alejaba demasiado del concepto de los demás pasos. Bocados dulzones, más tradicionales que el resto del menú.

Añado referencia a los panes, varios a elegir, probamos el de alga (mi elección, equivocada) y el de churro (elección de mi acompañante, acertada).

El maridaje creo recordar que fueron 5 vinos, y me disculparé por sólo poder recordar una de las referencias. Me suena que fueron un Champagne brut Perrier-Joüet de aperitivo, un primer blanco frutado, una referencia menos usual de segundo blanco, un tinto de tercer vino (no logro especificar nada más), y un vino dulce para el final. Pero toda coincidencia con la realidad será totalmente azarosa. Finalmente, detalle de chupito para cerrar.

El local, estiloso y moderno, preparado tanto para encuentros íntimos como para reuniones de grupo que deseen disfrutar de una experiencia culinaria sobresaliente. De nuevo hago mención al servicio, cercano, cordial, respetuoso, con una sonrisa permanente en el rostro con la que facilitar que el disfrute sea constante a lo largo de todo el proceso.
Por añadir un detalle -probablemente innecesario-, el baño se encuentra en una planta diferente, y desmerece un poco al restaurante.

Me encantó, me uno al grupo que pide un Estrella Michelín para este local, no tienen nada que envidiar a varios otros que sí la poseen. Disfruté de los comentarios de placer -gustativo- de mi acompañante, así que creo que conseguí cumplir con el objetivo autoimpuesto.
Gran experiencia.

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Kokoro

+34 912 81 15 88

Calle Don Ramón de la Cruz, 72 <m> Lista 4 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 233 personas

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Barco de lechuga

está OK

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Comida de nochebuena, 3 amigos de la infancia que no se ven desde hace meses, con gusto por la comida japonesa. Me encargo yo de la selección y reserva del local; aclaramos criterios para este proceso: que no se vaya mucho de precio, que la calidad sea al menos decente, que esté céntrico. Miro los japoneses que tengo pendientes y veo que se destaca la buena calidad/precio de Kokoro. Pues vamos para allá a ver qué tal.

Primera impresión (pre-comida): la entrada me pareció espantosa. No sé si era algo circunstancial por unas obras que estaban haciendo justo al lado, pero el restaurante desde fuera me dio una impresión nefasta. Y lo de dentro... pues lo describiremos como "sin gracia". Sé que esto no es en absoluto importante... en función claro del tipo de visita que uno tenga pensado hacer. Para la nuestra nos dio igual (donde hay confianza...), pero no creo que sea el contexto adecuado para otro tipo de eventos sociales más privados y/o cuidados.

Segunda impresión (pre-comida): ni nos preguntaron si habíamos reservado, directamente nos sentaron en una mesa con un tono diremos que "seco". "Bueno, aquí venimos a lo que venimos", animé a mis muchachos. Y a por la carta que fuimos.

Selección de comida: un entrante cada uno, y 3 a compartir.
- Wakame: el entrante que pedí yo; satisfactorio.
- Sopa de miso: entrante del amigo 1, ninguna queja.
- Yakitori: el entrante del amigo 2, personalmente no me llamó la atención, pero sin problemas.
- Tempura variada: a mi parecer claramente grasienta y pesada, lo que menos me gustó de la comida.
- Bandeja grande de nigiris: ya había leído en 11870 sobre el corte y la calidad del pescado, así que no me llevé una sorpresa. Tosco/basto, poco variado, pero buen producto. No recuerdo los precios del resto de platos salvo el de las bandejas, que fueron casi 40 euros cada una. De cantidad también cumplió sobradamente.
- Bandeja grande de sashimi (ver foto): lo mismo que el anterior. Tan "lo mismo" que hasta el pescado era exactamente el mismo (menos el de salmón flambeado, nigiris que, estando buenos, no me llamaron tampoco excesivamente la atención); error nuestro por no preguntar, pero no nos arrepentimos. Cuelgo la foto porque me parece un buen resumen del local: la comida cumple pese a sus defectos, la presentación es horrorosa.

No pedimos postres por no apetecernos, no como protesta a la comida ni el servicio (que fue totalmente correcto, salvo en la descrita recepción) ni nada por el estilo. Acompañada la comida de 2,3 rondas de cerveza, salió todo a 132 euros. Salimos rodando del restaurante.

En fin. Sitio de 3ª división dentro de las 6 divisiones de japoneses madrileños (esto creo que se lo copio a Alberto de Luna). Bien de precio, bien para ir a hartarse, mal para cualquier pretensión de experiencia culinaria global seria y/o para un tipo de encuentro en que la imagen sea mínimamente importante.

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Dos Palillos

+34 933 04 05 13

Carrer d'Elisabets 9 <m> Catalunya L1 L3 Barcelona, Barcelona provincia, España

guardado por 128 personas

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Volver y descubrirlo de verdad

me encanta, uno de mis favoritos

es quien más ha ido (2)

Y volví para cenar convenientemente 2 años después, y mereció la pena la espera.
Le mantengo las 5 estrellas, en breves me extenderé.
_________________________________________________________________
Andaba yo por Barcelona de congreso hará un par de meses, con un compañero, pérdidos y sin rumbo fijo, decidido a dejarme guiar por mis instintos más primarios para encontrar un sitio en el que tomar el primer vino de la noche...
Y vaya si lo encontré... afortunada y desafortunadamente. Porque la oportunidad me permitió descubrir este local, pero las circunstancias no me permitieron cenar en él, que es lo que hubiera deseado.

Nuestra elección fue simple, dos rondas de ostras a la parrilla con sake regadas de ya no recuerdo qué vino blanco. Ni pensamos en pedir algo diferente, total, ya sabíamos que nos íbamos a quedar a medias con relación a lo que nos hubiera gustado, pues qué mejor que incidir en lo elegido para tratar de marcar la huella lo máximo posible en nuestras cabecitas.
Mi compi era la primera vez que experimentaba algo oriental de este calibre, y vaya si le gustó.

Leyendo a posteriori opiniones e información sobre este restaurante, unido a la positivísima impresión que me llevé en directo, me veo obligado a prometerme a mí mismo que volveré para disfrutar plenamente de él.

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La Berenjena

+34 914 67 52 97

Calle de Marqués de Toca 7 <m> Antón Martín 1 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 113 personas

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Lugar de (propia) referencia

me encanta, uno de mis favoritos

es quien más ha ido (3)

En el momento en que escribo esta nota, son ya varias las veces que he ido a La Berenjena. Casualmente, o no, en ninguna de mis visitas he repetido (de momento) acompañante; y casualmente, o no, nunca he ido de manera premeditada.

En la zona que se abre entre Atocha y Sol, si he quedado con alguien para tomarnos algo, a estas alturas no tengo ninguna duda de donde acercarme. Ya no sólo por el local, coqueto y acogedor, o por la bebida y la comida, que en mi caso en ambos aspectos siempre me he sentido satisfecho (carta de vinos interesante, carta de raciones original y de buena calidad), si no por el trato recibido. Siempre me ha atendido la misma persona, de amplia y sincera sonrisa, increíblemente maja ella; un sol, vaya.

Lamento no poder extenderme en el comentario; así como en otros locales tiendo a recoger la cuenta para luego poder escribir sobre ellos (aunque después no acabe haciéndolo), en éste inexorablemente me olvido de tal proceso. Será porque siempre salgo satisfecho. Por eso le doy 5 estrellas.

Me detendré en la comida en otro momento, ya que doy por seguro que volveré.

Nota: ocasionalmente, y en aparente contradicción con el estilo del local, migas con chorizo de tapa; ¡cómo no me van a tener encandilado!

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sin fotos + añadir

Restaurante Casa Manolo

+34 948 22 51 02

Calle García Castañón 12 Pamplona, Navarra , España

guardado por 6 personas

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Comida autóctona

está OK

Ya llevo un par de meses en ésta mi nueva ciudad, y no me ha faltado tiempo para ir probando algunos de los no demasiados sitios que vienen comentados de Pamplona en esta página. La verdad es que es una pena, pues si bien la oferta gastronómica no parece excesivamente destacable en cuanto a variedad de tipos de cocina, sí que parece merecer la pena en cuanto a calidad. A ver si entro en racha y me pongo con esos pocos en los que he estado.

Paso ahora a comentar una comida que tuve en el restaurante Casa Manolo. Mi padre vino por sorpresa a la ciudad y tuve que improvisar a través de una encuesta entre gente que lleva más tiempo aquí que yo a qué lugar podría llevar a mi en ocasiones exigente figura paternal.
Acordado el lugar y la hora, procedimos al acto en sí.
La carta se rige por el patrón de restaurante pamplonica típico: entrantes, pescados y carnes. De entre las opciones a elegir, mis dos acompañantes y yo elegimos de primeros: revuelto de hongos, alubias rojas, raviolis de hongos y espárragos; de segundos: solomillo al foie sobre salsa de hongos, solomillo al idiazábal, presa de ibérico a la parrilla; de postres: helado casero de almendras, helado casero de vainilla, sorbete de limón.
Yo comí lo mío y gran parte de la comida de la tercera persona de la mesa (agradezco comer con personas con poco saque). Me quedé con las ganas de pedir el bacalao, pero me suele poder en estas ocasiones la posibilidad de ver algo sangrante a devorar delante mío.
Total: 134.5 euros.

Entre los primeros, destacar los raviolis, agradablemente suaves, formados por una muy buena conjunción entre el relleno y la guarnición, fue a mi parecer el mejor de la primera remesa de platos. El revuelto de hongos presentaba un adecuado punto de tratado del huevo, pero no consiguió emocionarme; en cualquier caso, le daba de sobra para aprobar. Las alubias apenas las probé, no era un plato que me llamara la atención; la impresión no fue mala.
Entre los segundos, el solomillo al foie con salsa de hongos sí que me supuso realmente un disfrute real. Lo pedí poco hecho, y la mezcla de sabores de los componentes del plato me pareció muy conseguida (vamos, que estaba cojonudo). El solomillo al idiazábal también tenía su aquel, pero a petición del comensal estaba muy hecho y a mí eso como que no me convence. La presa de ibérico a la parrilla estaba realmente sabrosa, si bien venía acompañada solamente de unas tristes patatas fritas y eso le restaba belleza al plato.
Sobre los postres,únicamente apuntar que los helados cumplían con su cometido y el sorbete, "sin más" (expresión de aquí). Lo típico parece ser el idiazábal con membrillo, pero el día pedía algo más fresco.
La carta de vinos... bueno, ya lo he comentado, mi asignatura pendiente. Ni me fijé.
Como colofón me pedí un gin-tonic de Tanqueray. A mí gusto, horripilante.

Comentar también que tienen un menú a 32.50 en el que te dan varias opciones a elegir que también tiene buena pinta, aunque para pedirlo toda la mesa tiene que estar de acuerdo. También tiene una buena capacidad, por lo que para cenas multitudinarias parece ser bastante recomendable.
El servicio estuvo correcto, sin pegas. Eso sí, me resultó curioso como uno de los camareros calzaba unas Nike de baloncesto; me dio un poco igual de todos modos, si está más cómodo así, ole por él, aunque comprendo que habrá a quien le parezca un mal detalle.
El acceso principal está en obras, por ahora hay que pasar por el de servicio (que es un poco feo, claro...).

Así que, en general, el sitio me gustó, aunque me pareció ligeramente caro. De volver sería en grupo y con el menú especial comentado, que con ello te da de sobra para disfrutar del local y no pagar un sobreprecio innecesario que no merece.

listas: Visitados y comentados

Miyama

+34 915 40 13 86

Calle de la Flor Baja 5 <m> Plaza de España 2 3 10 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 425 personas

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Miyama, o cómo salir satisfecho de un restaurante...

me encanta, uno de mis favoritos

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Antes de introducirme en este pequeño microcosmos que es 11870, normalmente si quería ir a comer a algún local tenía previamente que llevar a cabo una concienciada búsqueda por entre todos los incompletos medios a los que tenía acceso para encontrar referencias sobre el lugar donde posteriormente llenaría mi estómago de una mejor o peor manera. Claro, a veces mis métodos eran eficaces y podía disfrutar de un buen sitio y sentirme satisfecho, pero en otras ocasiones se podían llegar a producir ciertos descalabros de cierto calibre.
No es que ahora las búsquedas sean infalibles, pues las opiniones aquí vertidas son precisamente eso, opiniones, y por tanto subjetivas, y por tanto no necesariamente han de ser respaldadas por todo aquel que pase por aquí. Pero lo que es seguro es que te da una base con la que poder improvisar. Esto es, si un día tengo gusanillo de un cierto tipo de comida, y estoy pasando por una zona determinada, y veo un restaurante del que he leído que X usuario/s ha/n escrito una crítica positiva, pues como que ya entras con una cierta seguridad.

En el caso del Miyama ocurrió por un lado esto que estoy contando (sí, a veces se me va la pelota y me enrollo) y por otro que ya estuve de visita con anterioridad en la casa que tienen en la Castellana, así que ante la pulsión irrefrenable que el día 13 de noviembre sentí de comer japonés a una hora indeterminada del mediodía madrileño, y también ante la pseudo-necesidad de quedar bien con un amigo que me acompañaba, decidí que el Miyama probablemente me pudiera proporcionar un muy buen servicio.

Pedimos dos menús ejecutivo, a 25 euros por cabeza, que consistían en poder elegir un primer plato, un segundo plato, el postre y la bebida (más arroz y sopa miso); aquí las opciones:
-Primeros platos
--Sashimi atún tostado
--Sashimi variado del día
--Nigiris y makis variados
-Segundos platos
--Brochetas de rebozados japoneses
--Tempura variada
--Teriyaki de pollo
-“Postres”
--Helados diversos (sésamo, té verde o judía roja)
--Tés diversos, café…

Mi compadre escogió los nigiris y makis y el teriyaki, yo por mi parte el sashimi y la tempura.
El sashimi estuvo compuesto (creo que el número de piezas era éste) por 3 piezas de atún rojo, 3 de salmón, 4 de sardina y 5 de lubina; los nigiris eran 1 de langostino, 1 de atún rojo, 1 de langostino y 1 de lubina; los 6 makis todos de atún rojo. Sobre ellos he de decir, y se me habrá de disculpar por quizá no utilizar términos demasiado adecuados, que estaban JODIDAMENTE ACOJONANTES, sobre todo el de atún, SUBLIME, cada pieza introducida en la boca me hacía querer llorar de la emoción. Los demás también gozaban de un muy buen nivel, y el de sardina me pareció simpático, nunca lo había probado, pero lo del atún fue superior. Estuve hace poco en otro japonés que no mencionaré directamente y simplemente son otra cosa, no pueden colocarse al mismo nivel. Y soy consciente de que me faltan por probar otros japoneses quizás de un escalafón superior a los Miyama, pero madre del amor hermoso, cuando lo haga podré morir en paz.
La tempura al nivel que esperaba, ligera, crujiente, los 2 de langostino enormes y en su punto adecuado, el de calamar (sólo una pieza) más que aceptable. Lo malo eso, que la mayoría eran de verdura (pimiento verde, rojo, brócoli y calabacín, creo recordar) y a mí lo que me gustaba era hincarle el diente más a los otros. Pero vamos, que cumplían de sobra.
El teriyaki… a mi amigo le dije que eso no era carne de pollo, que era carne divina que había bajado a la tierra y la habían embadurnado de salsa dulzona. El mejor que he probado, obviamente.
La sopa de miso también estaba bastante bien, además, en la calle hacía frío y lo agradecimos.
La bolita de helado de sésamo que me pusieron me hizo un apaño en forma de postre y el té verde de mi compinche también resultó más que decente.

Sobre el local, decir que prefiero la configuración espacial y la decoración del de Castellana. Un punto negativo fue la mesa que nos tocó (no teníamos reserva), justo en medio de la esquina entre las dos sub-zonas del restaurante, lo que conllevaba tener camareros a ambos lados en casi todo momento.
Ah, el chaval que nos atendió, majísimo. Las camisas naranja que llevan, horribles.
Otro fallo, tanto mío como suyo, fue el no recogerme el chaquetón al entrar, dejándolo en la silla hasta que el encargado se dio cuenta y me lo guardó adecuadamente. Pero yo tampoco dije nada, no me di cuenta.
El baño bien, limpio y decorado sobriamente.

Bebimos Kirin Ichiban, también tenían Asahi.

En definitiva, por 53.50 euros para dos personas, una comida excelente. A partir de ahora preferiré comer de menú en un sitio japonés de nivel que a la carta en otros que simplemente no llegan a ser lo mismo, no pueden competir en la misma categoría (ejem… sí, siempre queda la opción de comer de carta en estos mejores locales… pero… uno no puede permitírselo siempre…).
¡Qué contento me han dejado ambos Miyama!

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Gumbo

+34 915 32 63 61

Calle del Pez 15 <m> Noviciado 2 3 10 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 374 personas

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Mira que he pasado por esta calle veces, y nunca había reparado en su existencia...

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En esta ocasión me apetecía algo diferente.
Quería invitar a una amiga a cenar, no sabía muy bien dónde, pero tenía claro que la propuesta debía, al menos, salirse un mínimo de la oferta más usual de estilos de comida a los que uno está un poco más acostumbrado.
Claro, para ello me puse el bañador virtual, cogí aire virtual, y me dispuse a sumergirme bajos las aguas, también virtuales, de 11870 a ver qué pescaba. Tras encontrar una serie de posibles opciones, todas ellas apetecibles, acabé decidiéndome por el Gumbo, ya que me atraía la idea de la comida de Nueva Orleans y sabía que a mi acompañante le podría suponer una agradable sorpresa.
Reservé una mesa para las 22:00 de un miércoles. No hubiera hecho falta, pero por si acaso.
Como es habitual, ya tenía en mente qué iba a pedir. No es que sea estricto con esto, siempre puedo variar por sensaciones una vez estoy en el local, pero últimamente acostumbro a llevar de antemano decidido qué es exactamente lo que quiero.
Pedimos el paté casero, los tomates verdes fritos, los langostinos french y el bonito ennegrecido; de postres, la tarta de zanahoria y el brownie de frambuesa. Procedo a una pequeña valoración personal de cada plato.

El paté casero de Campagne me gustó (ya ves, qué crítica más sesuda…). No, en serio, no es que lo tome a menudo, pero me sorprendió su textura (un poco más compacto de lo que considero normal) y su sabor (tenía un cierto toque a carne cruda que me llamó realmente la atención). La cebolla caramelizada que lo acompañaba verdaderamente lograba formar con él una pareja de lo más compenetrada. 8.75 euros.
Los tomates verdes fritos con salsa remoluade y gambas fue lo que menos me convenció de la cena, y aún así fue ingerido con gusto. Pero me resultó un poco pesado por su más que probable abundante grasa. Un plato contundente a pesar de ser el tomate la base. 8.50 euros.
Los langostinos french quarter al ajillo creolé resultaron toda una delicia para mi invitada. Arroz en el centro, los langostinos bailando a su alrededor invocando quién sabe a quién, todo ello abrazado por una intensa salsa de moderado picor que redundó en mi idea de que probablemente fuera a pasar una mala noche por una cruel digestión. Eso sí, el plato muy bueno. 15.50 euros.
La razón principal por la que escogí este sitio, el bonito ennegrecido, qué decir de él (bueno, al menos algo debería decir, supongo…). Churruscadito por fuera, poco hecho por dentro, consiguió que de mi boca asomase un amago de suspiro indicador de profundo placer. Ensalada embadurnada de vinagre de guarnición, creo que si lo pides te pueden poner puré de patatas (o eso creí ver en la mesa de al lado); lo hubiera preferido, pero me consolé pensando en que la lechuga rebajaría algo de toda la abundante ingesta (de ilusión también se vive…). Muy recomendable. 16.50 euros.
La tarta de zanahoria (6.00 euros) y el brownie de frambuesas (6.50 euros) supusieron el remate final a una notable pero excesiva cena. Lo cierto es que fue una buena combinación, la cremosa tarta por un lado, la rotundidad del brownie empapado de un no muy afortunado helado por otro. Las frambuesas del brownie eran anecdóticas (como las gambas de los tomates verdes fritos), pero esa circunstancia no le quitaba un ápice de “apetitividad”.

No pedimos vino. En la pizarra venían 3 vinos para elegir de botella y otros 2 para elegir en formato copa. Es de imaginar que alguno más tendrían, porque quizá entonces pudiera parecer insuficiente la oferta. Pero como bebimos cerveza, ni idea. Es sólo apuntar lo que vi.

El restaurante en sí resultaba bastante acogedor. No muy grande, no demasiadas mesas. La decoración es escasa, un par de cuadros y bastantes artículos de revistas y periódicos hablando sobre el sitio. El baño era pequeñito, limpio, y de color asalmonado intenso (bueno, entre naranja y rojo, no es lo mío encontrar el tono exacto).
Los camareros, uno de ellos simplemente correcto, el más bajito de los dos muy agradable y atento.
Manteles de goma (me resultaron graciosos) y servilletas de papel.

En total, 68.75 euros, lo cual entraba dentro de mi presupuesto. Quizá me pareció un pelín caro, sólo un pelín, pero también es cierto que me pasé dos pueblos pidiendo comida. Con dos entrantes y un plato hay de sobra para dos personas.
Un sitio a visitar, desde luego.
Ah, nos quedamos con las ganas del rissotto verde con setas, otro día quizá.

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La Cervecería

Gaztambide 35 <m> Moncloa 3 6 Madrid, Madrid provincia, España

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Un sitio entrañable

Man in Boat lo descubrió en octubre de 2009

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Bueno, lo primero que diré es que he estado unos minutos asegurándome de que nadie había hablado sobre este sitio en esta página. Claro, con ese nombre los resultados que salen en el buscador son numerosísimos, pero ciñéndome a su dirección no he encontrado nada.

A lo que voy. Este local, como ya digo de poco original nombre, está situado enfrente de la conocida zona de los bajos de Argüelles. Y bueno, que llamar "La Cervecería" a un sitio que sólo sirve Amstel (y me suena que tercios de Heineken, que tampoco lo sé muy bien, y tampoco importa demasiado, ya que de cerveza tiene poco; también hay un cartelito a neones de Mahou, pero yo no he visto que la sirvan) es un tanto ofensivo para establecimientos especializados realmente en servir esta bebida. Quizá hubiera sido más adecuado algo como "El Bareto" o "La Tasca", nombres por otro lado bastante menos comerciales.
Pero no importa demasiado. Cuando en alguna de las noches locas que paso con mis compañeros de desbarre decidimos pasarnos por este antro, no es buscando deleitar nuestros gaznates con brebajes importados. Si por algo destaca La Cervecería es por sus hamburguesas. De acuerdo, no son maravillas, es más, son bastante mediocres, pero en esos momentos me da un poco igual porque casi todo me sabe bien. Pan, con carne recién hecha, con lechuga y algo de cebolla. El ketchup y la mostaza son de fácil acceso, se van pasando de comensal a comensal amigablemente. La salsa barbacoa ya es más difícil de conseguir, y son pocos los elegidos para que el propio camarero te eche un poco de esta sustancia en tu afortunada porción de alimento.

En cualquier caso, se agradece que por 4 euros te puedas trincar 3 de éstas tras haber estado gañaneando por las calles de Madrid. Obligatorio el acompañarlas al menos por un par de minis de cerveza, que son 7 euros, pese a ser uno de los sitios donde más reticencia muestro a beber por el mal sabor del líquido.
La cerveza es realmente horrenda. También ponen 2 minis de calimocho por 6.30, pero aún estando horrible, prefiero mi líquido dorado.
El sitio en sí, bueno, lo más seguro es que uno no se pueda sentar, suelen poner el deporte que haya en ese momento (con el consiguiente griterio obligado), huele todo el rato a carnaza haciéndose en la parrilla (lo cual, si te gusta está muy bien, porque así la mañana siguiente podrás rememorar el ambiente del local aspirando tu propia ropa interior), por su situación la clientela es de lo más variopinta (ni buena ni mala, muy variada) y el baño es horripilante.

¿He dicho ya que venden carne y cerveza baratas? Pues eso, no se puede ir con la idea equivocada de buscar algo más, y ni siquiera que ambas cosas (o una de ellas) sea mínimamente decente. Aunque, bueno, según un cartelito que tienen colgado, también venden bocadillos (ver foto). No sé quién lo dibujaría ni con qué fin, pero es de lo más llamativo del antro. Acojonante. Si alguien prueba alguno que lo comente, pero imagino que estarán a la altura de las hamburguesas, esto es, grotescamente ricas (cuando uno está canino) e insanas.
(Eso sí, hace unos meses que no voy, pero imagino que habrá cambiado poco)

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