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Desde 2009 cuento aquí algunas de mis experiencias, espero que estos comentarios te ayuden...

El francotirador

Restaurante Yayo Daporta

+34 986 52 60 62

Rúa do Hospital 7 Cambados, Pontevedra provincia, España

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Creatividad, Galicia y excelencia

me encanta, uno de mis favoritos

Confieso que me apetecía conocer este restaurante gallego de cocina creativa y, por fin, aquí estamos.
El sitio es fabuloso, un edificio con historia que, después de unas escaleras, esconde una sala limpia en la que apetece comer.
Mesas muy separadas, perfectamente dispuestas, mantelería de hilo y copas estupendas.
Se pueden elegir dos menús y la carta. Optamos por el menú degustación (50 €). Solicitamos un cambio y accedieron amablemente.
En lo enológico no hay carta, tú mismo vas a la bodega y eliges libremente. Vinos escogidos de manera muy personal y precios comedidos. Le tenía ganas al Pazo de Señorans 2008 (D.O. Rías Baixas), a 18 €, y estuvo fantástico.
Comimos:
-Cóctel de albariño en dos temperaturas (hecho con Martín Códax, agradable, pero prefiero algo más sólido)
-Coca de maíz con xouba (empieza lo bueno, magnífica, pleitesía a la tradición y guiño a la modernidad, ¿declaración de intenciones?)
-Consomé de pescado al azafrán con raviolis caseros rellenos de mejillón (lo único que se me ocurre es "póngame otro plato, por favor", espectacular)
-Carpaccio de vieira con miga de pan crujiente y un aliño de ajo y pimentón (fantástico producto y buen trato, delicioso)
-Berberechos con crema de cachelos, pil-pil de alga codium y ajada (la nota más alta del menú, insultantemente bueno)
-Merluza al vapor de albariño, algas wakame y gelatina de moluscos (nunca he comido una merluza mejor, punto óptimo e interesante guarnición)
-Foie-gras fresco asado sobre calabaza crujiente y salsa de trufas (de nuevo la calidad sobresale, excelente)
-Mousse helada de queso de tetilla y espuma de membrillo (para mi desgracia la perfección acabó aquí, éste no es ni será nunca mi postre, pero además no estaba muy conseguido ni creo que fuera el final para esa comida)
Un buen café y unos pertinentes petit-fours (piña y melón frescos, trufas y orellas fritas) cerraron el festín.
La camarera fue muy correcta y amable.
Me da mucha pena que en una comida de domingo únicamente estuvieran ocupadas dos mesas en un sitio así. Ojalá tuviera yo estos menús más cerca de mi casa, no los dejaría escapar.
Muchísimos aciertos y alguna cosa que yo cambiaría, pero esa combinación de ingredientes esperables, presentaciones renovadas, alguna sorpresa y un poco de riesgo me cautivó.
Bien merece este restaurante sus laureles, pero también merecería la sala llena.

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