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Mercato Ballaró

+34 913 08 49 66

Calle Santa Engracia 24 <m> Bilbao 1 4 Madrid, Madrid provincia, España

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Falla la insonorización hasta hacerlo insufrible

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Allá por el año 2000 abrió sus puertas en Madrid un restaurante siciliano de la mano de dos socios, Angelo Marino y Angelo Loi en un local semiescondido en un primer piso de la calle Orellana junto a la plaza de Alonso Martínez. Ese local llamado la Taberna Siciliana se convirtió en uno de los sitios de moda entre los amantes de la cocina italiana.

En pleno éxito, el 2010 el local cerró sus puertas y unos meses después, Angelo Marino comenzó su nuevo proyecto. Mercato Ballaró, también cerca de la zona de Alonso Martínez un nuevo restaurante dividido en dos plantas, abajo una taberna más informal, de carta variable y precios comedidos y arriba una sala más elegante, de cocina más elaborada y precios más altos.

El restaurante toma el nombre del mercado más antiguo de Palermo y elabora una cocina italiana original que se sale bastante de los platos más clásicos.

Así como la planta de Taberna es agradable y una buena opción para tomar unas tapas diferentes, la planta de restaurante falla en su planteamiento. No es que la cocina sea mala, todo lo contrario, las pastas son estupendas, los platos son originales y las raciones son abundantes. No es que el servicio sea malo, son atentos y correctos. No es que los precios sean exagerados, al contrario son razonables y ajustados.

Entonces, ¿qué es lo que falla?

Mercato Ballaró está planteado como un restaurante íntimo, sin embargo no lo consigue sobre todo por sus graves problemas de acústica y es que el ruido hace imposible mantener una conversación sin que puedas culpar a que el local esté lleno o a que el resto de comensales sea especialmente bullicioso.

Por este motivo voy a dejarle en una valoración de 6 sobre 10.

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El Poleo

+34 918 43 21 01

Travesía del Arroyo 3 Patones de Arriba, Madrid provincia, España

guardado por 45 personas

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El Poleo es el nombre del restaurante principal, que está integrado en las instalaciones del hotel El Tiempo Perdido, un acogedor, aunque caro, hotel rural.

El Jardín del Poleo, contiguo al cuerpo del hotel, consta de dos partes: un porche de madera cerrado y acristalado y una deliciosa terraza de verano con una oferta gastronómica más sencilla y económica que la del restaurante principal. La parte cubierta funciona durante todo el año. Durante los meses de verano, por la noche, la terraza-jardín transforma completamente su decoración y la carta es la misma de El Poleo.

TIPO DE COCINA.-

El tipo de cocina que se sirve es tradicional con toques creativos. Aunque la carta no es muy extensa, sí que ofrece unos platos muy atractivos. El dueño, chef y fundador, el cordobés Paco Bello ofrece una carta de platos clásicos que comparten menú con algunas recetas de cocina francesa (foie gras, solomillo con salsa Strogonof, muslo de pularda relleno). Además el chef homenajea a su tierra natal con platos como el salmorejo cordobés o en el rabo de toro. La especialidad y plato estrella es el cordero a la miel de Patones con cuscus.

La carta de vinos no es muy extensa ni original, en tintos se limita a riojas, riberas, somontanos y algún vino menos conocido de Madrid.



AMBIENTE Y DECORACION.-

Local de ambiente rústico, elegante y acogedor. Paredes granates, algunos cuadros, sencillo pero resultón. No es demasiado grande, consta de dos plantas, si bien la planta superior sólo permite unas cuatro mesas. Mesas algo juntas, aunque no demasiado como para ser agobiante.

La vajilla correcta, no así las copas que son un tanto bastas y algo envejecidas por lo que desluce un poco el servicio del vino.
NO FUMADORES.-

Dentro de algunos años (espero que no muchos) nos parecerá impensable que hubo un tiempo en el que se permitía fumar en los restaurantes. Mientras llega ese día, los no fumadores mejor que crucen los dedos para que el resto de comensales no sean como chimeneas porque en este restaurante se permite fumar en sus dos salones.



SERVICIO.-

Correcto, servicial, profesional, pero su jefe de sala es demasiado meticuloso y prolijo en las explicaciones. Me explico, es de agradecer que explique los platos, es de agradecer que te ayude en tu elección, pero tan meticulosamente acaba por agobiarte.

Viene a ser algo así:

“Permítanme darles la bienvenida al restaurante El Poleo, quiero que sepan que tanto yo como el resto de mis compañeros estamos a su disposición para que su comida resulte agradable. Mi primera pregunta no podría ser otra que, ¿con que plato les gustaría comenzar?”

Tomaré, endivias con crema de queso de cabra.

“Excelente elección caballero. Este es uno platos que más éxito tiene en nuestra carta y que nuestro chef, Paco Bello, lleva elaborando con gran éxito desde que aperturó el restaurante hace ya más de veinte años. El sabor amargo de las endivias se equilibra en perfecta armonía con la crema de queso de cabra que al estar caramelizada ofrece un contrapunto exquisito. Sin duda un plato que estoy seguro va a ser de su agrado … bla, bla, bla… “

De segundo tomaré el Lomo de corzo.

“De nuevo una elección acertada caballero. Permítame que le explique. En nuestro restaurante cuando un sólo comensal opta por este plato, nosotros partimos el lomo de corzo y lo preparamos al gusto del cliente, pero en primer lugar, debo preguntarle por el punto al que desea la carne, pero antes de que me responda, es mi deber advertirle que se trata de una carne de caza por lo que el punto no es el mismo que si se tratase de una carne de ternera. Por ello le aconsejo que no la pase mucho, ya que este tipo de carnes pierden gran parte de su original sabor a campo. En cuanto a las guarniciones que acompañan a este excelente plato, nuestro chef Paco Bello ha decidido que nada más y nada menos que tres salsas le darían un sabor más sofisticado, desde un sencillo puré de patatas, pasando por una crema de castañas y , lo más original, una salsa de arándanos que pone el contrapunto dulce y, sin embargo, potencia el sabor de la carne de corzo y bla, bla, bla ….”

Y tal que así con cada uno de los platos, imaginad una mesa de ocho comensales a dos platos por cabeza,más el vino la toma de la comanda puede prolongarse durante quince o veinte minutos.

Y a continuación, escuchad lo mismo cuando aconseja a la mesa de vuestra derecha y más tarde a la mesa de la izquierda.

La atención durante la comida es correcta, algo lenta y calmada, pero sin llegar a desesperarte esperando tu plato. No apresuran para doblar turnos, sino todo lo contrario.



IR CON NIÑOS.-

No es especialmente adecuado para visitar con niños, pues la carta es demasiado sofisticada para encontrar platos que sean del agrado infantil. Sí que tienen el detalle de preparar medio solomillo con patatas o una tortilla francesa en el caso de acudir con los pequeños de la casa (al módico precio de 9 euros más Iva la tortilla!). Para familias os recomiendo el restaurante “El abuelo Manolo” situado unos metros más allá y que sí que está especializado en comidas familiares y ofrece una alternativa que me encantó: Una sala infantil vigilada por un monitor con juguetes y películas infantiles para que los pequeñajos dejen disfrutar de la sobremesa a los padres.



LO QUE QUE COMI.-

• Servicio de pan y Detalle de la casa, foie casero (2,25 €)

Bien, rico y detalle que se agradece sobremanera porque el primer plato tarda bastante en aparecer.



•Migas con uvas a la manera extremeña (11 €)

Un plato sencillo, bien resuelto, con abundante beicon y chorizo además de las migas, Se prepara con ajos enteros y se sirve con uvas.



•Lomo de ciervo con puré de castaña, confitura de arándanos y puré de patatas. (19,50 €)

Una de las sugerencias del chef, muy sabroso, una rica salsa y las guarniciones curiosas, el puré de patatas quizá lo más sencillo, el puré de castañas semidulce y la confitura de arándanos dulce ponen un contrapunto curioso. Muy recomendable.



• Cochinillo confitado en su jugo con patatas fournier (21 €)

Muy logrado, llega deshuesado y es sabroso aunque quizá algo seco. Las patatas se fríen con una salsa de nata. También una de las sugerencias del chef, un poco decepcionante. Me quedé con la sensación de que el cordero a la miel hubiese sido mejor elección.



• Vino Rioja Lan Crianza (½ litro), (13,50 €)

se agradece que tengan varias botellas de medio litro para los que tenemos que conducir después de la comida. Algo frío de temperatura y deslucido con las copas en el que lo sirven.



PRECIO.-

Servicio de pan (2,25 euros) , primeros platos (15 euros), segundos platos (20 euros), postre (6 euros) …. Entre 40 y 50 euros por comensal.



VALORACION FJREDONDO.-

El Poleo es con mucho el restaurante con la cocina más elaborada de la localidad de Patones. Con buen tiempo yo os recomendaría más que comieseis en la terraza, aunque la carta es más sencilla y los platos menos elaborados. El restaurante principal es algo caro aunque no exageradamente. La decoración agradable, el servicio algo lento pero correcto en términos generales, aunque el jefe de sala agobia un poco con su pormenorizada descripción de los platos. La comida agradable, con algún altibajo. Le doy 7 sobre 10.

Anema e Core

+34 915 42 22 53

Calle de los Donados 2 <m> Ópera 2 5 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 93 personas

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Simplificando bastante, yo clasifico los restaurantes italianos en dos categorías, los tipo Trattoría del Trastevere, que son los de aspecto rústico, manteles de cuadros rojos y blancos, paredes de ladrillo visto y fotos de Sofía Loren en las paredes, el segundo tipo son los de decoración de diseño y propuesta fashion, con lámparas de diseño, cubertería de diseño, camarer@s guap@s y precios más elevados. A este segundo grupo pertenecería Anema e Core.

AMBIENTE Y DECORACION.-
Tras su elegante fachada forrada de madera se accede a una pequeña barra tras la cual se encuentra la entrada a los baños que son “semimixtos”, me explico, comparten la zona del lavabo, lo que puede resultar un poco incómodo al personal femenino por la intimidad que pierden cuando se empolvan la nariz, se repasan la raya del ojo, o lo que sea que hacen las mujeres cuando pasan diez minutos en el baño. A continuación a mano izquierda se encuentra la cocina y a mano derecha el horno de piedra donde el maestro pizzero se dedica en exclusiva a preparar las pizzas.
En el interior te encuentras con un salón en un solo espacio decorado en tonos violetas, marrones y ocres y con un ambiente íntimo con capacidad para unos cincuenta-sesenta comensales en una veintena de mesas, a ambos lados un sofá corrido de la entrada al fondo del local donde preside un gran mural tipo collage con imágenes de la isla de Sicilia y tras el cual se esconde el almacén. Tiene un aire íntimo empezando con su iluminación tenue, los tonos oscuros de manteles y servilletas, platos, bajoplatos y cubiertos de diseño, y acabando por la música romántica en italiano.
Por cierto, especial mención para los cuchillos, muy de diseño moderno, con el filo de canto y ladeado, pero tremendamente incómodos, yo me las vi y me las deseé para cortar la pizza, no porque no corten sino porque por su diseño se escurren con gran facilidad.

SERVICIO.-
Veamos, tres personas servían la sala, los tres de nacionalidad italiana, dos iban uniformados de negro y uno de “paisano”, deduzco que se trataba del jefe de sala (Darío). En principio fueron correctos, aunque para una sala con sesenta comensales resultaban insuficientes por lo que se les veía algo agobiados. En su afán por ser rápidos y conseguir doblar el turno de las mesas iban demasiado acelerados en ocasiones resultando algo secos y tratando de retirar los platos de la mesa antes de que estuviesen vacíos y, lo que peor me sentó, solicitando que liberases la mesa para el siguiente turno a la mayor brevedad posible.
Yo tengo una manía, a los restaurantes en los que el precio por comensal supera los 30 euros por cabeza les exijo no sólo que se coma bien, sino que el servicio esté a la altura del precio que pagas. Como decía el futbolista Etoo cuando jugaba en el Madrid, “A Etoo hay que tratarle con la misma consideración que a Zidane, Beckham o Ronaldo”. Pues eso, cuando fjredondo entra en tu restaurante, a fjredondo hay que tratarle con la misma consideración que a Beckham o a Ronaldo. En este sentido, Anema e Core me decepcionó, no lo considero en una adecuada relación calidad-precio. Lo siento.

A LA CARTA.-
La carta es bastante variada. Los entrantes clásicos, antipasti, ensaladas, carpaccios y risotos junto a platos más originales como melanzane (cilindro de berenjena relleno de tomate, mozzarella y requesón gratinado al horno con salsa de pesto), Mille foglie di provolone e pomodori secchi (milhojas de queso y tomate seco a la brasa con crema de foie) o provolone al foie. Un par de pescados (tagliata de atún con verduras y bacalao empanado con salsa de garbanzos) y cuatro platos de carne (escalope de ternera con boletus, solomillo con salsa de gorgonzola y pera ). Las pizzas (entre 15 y 17 euros), más de veinte tipos distintos entre las que se encuentran el repertorio habitual de cualquier italiano: margaritta, calzone, cuatro quesos, carbonara... más interesante me parecieron las pastas (entre 16 y 19 euros) -callamarata della mamma (cilindro de pasta rellena de salchicha y trufa negra), cuori di napoli alle vongole veraci (corazones rellenos de pera y queso con almejas y tomate), "Gnocchetti sardi al tartufo nero e pecorino".. Los postres tiramisú, pannacotta, semifreddo, ... (6 euros -tarifa plana).
La carta de vinos tiene la originalidad de que son todos italianos, desde el vino de la casa “vipra siciliano” .blanco, rosado o tinto (13 euros) a otras opciones que van subiendo hasta alcanzar los 50 euros, pasando por los clásicos chianti, valpolicella o lambrusco.
Lo suyo es terminar la comida con un chupito de limoncello, un licor típico de la zona de Sicilia hecho con aguardiente y cáscara de limón, si no te echan antes como a mi.
Un buen detalle me pareció que, aunque en la carta adviertan mínimo un plato por comensal, a los niños les permitían las medias raciones o los platos compartidos. Y es que al ser el día del padre había bastante chiquillería en el restaurante.

MENU DE MEDIODIA.-
Aunque no dispone de un menú de mediodía, entre semana (imagino que por efecto de la crisis) ofrece los platos de su carta con un sugerente descuento (40%), eso sí te obligan a pedir entrante, principal, postre y bebida. Haciendo la cuenta 10 + 15 + 6 + 4 = 35 € – 40% = aprox 20 Euros por cabeza.

LO QUE QUE COMI.-
A pesar de que los “clientes habituales” de los restaurantes sobre los que escribo (¿por qué se refugian en esta fórmula los dueños de los restaurantes cuando dejan comentarios?), suelen acabar tachándome de tragaldabas, yo en los restaurantes italianos casi siempre pido para compartir un plato de pasta y una pizza , rara vez pido entrante y suelo reservarme para un tiramisú de postre y con eso acabo lleno.
En este caso la pizza elegida fue la carbonara y la pasta "Gnocchetti sardi al tartufo nero e pecorino".
Previamente un aperitivo, unas lonchas de mortadela , más servicio de pan (1,50 euros), muy ricas, pero hombre elaborado, elaborado, no se puede decir que sea el aperitivo.
Primer fallo, todas las mesas tienen un sobrecito de palitos de grisini para cada comensal, salvo una. ¿adivinan cuál? Exacto, la mía. En principio diría que mala suerte, pero si cuando lo pido me traen dos sobres, para cuatro comensales (lo mismo que en las mesas de dos comensales), ya sí que le apunto una nota negativa.
Para beber vino de la casa, Vipra rosso D.O.C., (13 Euros), sencillo pero correcto para ser el más económico de la carta.
Empecemos por la pizza, la masa extraordinaria, ni demasiado gruesa ni demasiado fina, el toque de horno de piedra la deja muy sabrosa. Nada que alegar. Sin embargo los ingredientes fueron otro cantar, escasos y simplones. A ver tres dedos de reborde sin ingredientes me parecen demasiado reborde y el resto un huevo desparramado y algún trocito despistado de beicon. Un detalle que no me gusta nada cuando pido algo con beicon es encontrarme trozos de hueso. En conclusión bien por la masa, mal por los ingredientes.
En cuanto a la pasta, excelente. Me encanta el sabor que la trufa (tartufo)les da a los platos de pasta, en cuanto al pecorino es un tipo de queso muy curado que si te gusta este tipo de quesos te encantará. Los gnochettis blanditos, la ración abundante. Una de las mejores pastas que he probado en mucho tiempo.
La elección de la pasta no fue sencilla puesto que había otros platos muy atractivos a priori como
De hecho mi intención primera hubiera sido volver en otra ocasión y probar estos platos de la carta si no hubiese sido por el feo detalle que tuvo el jefe de sala (Darío ?) y por el cual no pienso repetir en este local a pesar de la calidad de sus platos de pasta.
Ya durante la comida estuvieron a punto de retirarme el plato en un par de ocasiones antes de terminar, pero es que fue pagar y en preciso momento en que el jefe de sala trajo las vueltas de la cuenta, nos pidió directamente que nos levantásemos para liberar la mesa para el siguiente turno. Entiendo que si llevase media hora de sobremesa y hubiese gente esperando, pues vaya, aun tiene un pase y siempre diciéndolo con buenos modos y de forma sutil e indirecta. Nunca pidiendo expresamente que te levantes y te marches. Fue un detalle tan feo y grosero por parte del jefe de sala que, a pesar que me quedo con las ganas de probar otros platos de pasta de su carta, no pienso volver ni recomendarlo.

VALORACION FJREDONDO.-
Agradable decoración, precios un tanto elevados para un restaurante italiano, las pizzas un poco desilusionantes por lo escaso de los ingredientes, las pastas bastante más interesantes, el servicio, quizá por encontrarse desbordado ese día, maleducado, pedirme que despejase la mesa nada más pagar me pareció un detalle feo y falto de educación. Le doy 5 sobre 10

Taberna La Bola

+34 915 47 69 30

Calle de la Bola 5 <m> Ópera 2 5 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 286 personas

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Dicen que uno nunca es profeta en su tierra y debe ser así porque uno había probado las fabes en Asturias, la paella en Valencia, el salmorejo en Cordoba, el botillo en León, … pero nunca había ido a uno de los restaurantes madrileños especializados en Cocido.

No es que no haya comido cocido nunca fuera de casa, los que seáis de Madrid y comáis con frecuencia fuera de casa sabréis que en casi todos los restaurantes de menú al mediodía, los jueves es el día de la paella y los miércoles el del cocido.

Pero la fama del cocido madrileño se lo llevan tres locales: El cocido de lujo en Lhardy, el cocido de cantidad en Malacatín y por relación calidad-precio la Taberna la Bola

TIPO DE COCINA.-

En su fogón de ascuas de carbón de encina -uno de los pocos que aún perduran en Madrid- se prepara a fuego lento todos los días cientos de raciones de su afamado cocido, servido en puchero de barro individual y de manera muy particular con el sabor de la tradición.

Hay más platos en su carta, pero no nos engañemos, aquí se viene a tomar cocido.

AMBIENTE Y DECORACION.-

Se trata de una taberna centenaria, tradicional y castiza con sabor a tiempos pasados situada en la zona de influencia del Palacio Real, en un lugar muy céntrico de Madrid, a pocos metros del Senado y del Convento de la Encarnación.

Tres salones independientes, mesas bastante juntas, paredes forradas de madera, fotos de famosos que han visitado el local. Mobiliario y decoración son propios de principio del siglo pasado.

En las diferentes salas hay cabida para varias decenas de mesas, todas ellas vestidas de manera tradicional con manteles y servilletas blancos y platos de porcelana lisos.

Justo en la entrada encontramos una pequeña barra a mano derecha en la que poder tomar una caña a la espera de tener mesa libre. El primer salón es algo más pequeño, el segundo es el más grande y quizá algo más elegante, el tercero es algo más descuidado y reservado para cuando se llenan los dos primeros o para los que acuden sin reserva, como fue mi caso.

Reservar es altamente recomendable ya que esta taberna sale en todas las guías turísticas por lo que suele estar abarrotada de extranjeros dispuestos a catar el “Typical Madrilenian Cocido”. Yo fui sin reserva entre semana y conseguí mesa sin problema, pero el sitio estaba bastante lleno. Para comer con reserva hay dos turnos a las 13.30h y a las 15.30h, el primer turno te garantiza la puntualidad, mientras que el segundo puede costarte una pequeña espera, pero te da tranquilidad en la sobremesa.

En cuanto a las cenas, no se qué tal funciona en cuanto al aforo. Personalmente meterme un cocido para cenar me parece una proeza reservada solo a los turistas capaces de merendar paella o desayunar sangría.

SERVICIO.-

Son lo que yo llamo de “la vieja escuela”, pantalón negro, camisa blanca, chaleco y pajarita. Curtidos en mil y una batallas. Correctos, serviciales y educados. Quizá el hecho de que una abrumadora mayoría de clientes tomen lo mismo, les hace que pequen en dar por hecho la comanda:

“El caballero tomará; Cocido, vino de la casa, buñuelos de manzana y café, ¿verdad?”

A LA CARTA.-

La carta no es demasiado extensa ya que un 90% de los comensales viene a probar el cocido.

La especialidad es por supuesto el Cocido, aunque también presumen de preparar unos excelentes callos y cordero al horno.

Entre los entrantes, destacan los revueltos y las ensaladas. Hay un pequeño surtido de pescados y mariscos y algo de carne, solomillo, chuletillas, …

Curioso es el “arroz a la madrileña”, preparado con los ingredientes del cocido.

Al que le queda hueco para el postre le recomiendan los buñuelos de manzana con helado.

Ojo, no tiene carta de vinos, debes fiarte de la recomendación del camarero y aquí es donde te la clavan.

Importante: No admiten pago con tarjeta.

MENU DE MEDIODIA.-

Hay una opción de menú al mediodía a 23 euros consistente en sopa de cocido, ropa vieja, pan, bebida y postre.

¿Qué es la ropa vieja? Pues la carne de los cocidos del día anterior.

LO QUE QUE COMI.-

Por supuesto, si lo visitas por primera vez, el cocido es inexcusable.

La peculiaridad de este local es que el cocido se prepara en ollas de barro individuales y se sirve en dos vuelcos. Primero te sirven un plato sólo con los fideos sobre el que vuelcan el caldo del cocido. Aunque te avisan para que no empieces a comerte los fideos antes de que sirvan la sopa, como una gran parte de los clientes no son castellanoparlantes, a la que el camarero se da la vuelta para coger la olla, el “guiri” ya se ha zampado la mitad de los fideos a palo seco. La sopa es sabrosa quizá un poco grasienta, los fideos son extrafinos.

De acompañamiento con la sopa hay un plato con guindillas, cebolletas y tomate natural triturado.

Finalizada la sopa, viene el segundo vuelco: los garbanzos, carne de morcillo, gallina, tocino, hueso de jamón y chorizo. En plato a parte el camarero ofrece repollo.

Lo más abundante, además de los garbanzos, es el morcillo. La gallina, prima hermana de la gallina turuleta, está un poco escuchimizada, el hueso de jamón es, eso un hueso, sin nada de jamón, el tocino da sabor, pero no se come y el chorizo es más bien escasito.

La ración es correcta en cuanto a su tamaño, pero no como para lanzar un órdago como el que ofrece el restaurante Malacatín. “Si es usted capaz de comerse toda la ración de cocido, no le cobramos”.

Un detalle, aunque las raciones viene en ollas individuales, cuando el camarero sirve el primer vuelco, deja las ollas en una mesa auxiliar junto a las ollas de otras mesas de forma que es posible que tomes el caldo de una olla y el “condumio” de otra olla distinta.

Para beber pedí vino de la casa con gaseosa. Media frasca de un vino malo, pero malo, malo, malo, de los que hay que mezclar con gaseosa porque son imbebibles, siete euros más tres euros de la gaseosa.

En cuanto al precio: ración de cocido 18 euros, servicio de pan 1,60 euros, más vino de la casa. Total 25 euros por comensal, sin postre ni café.

VALORACION FJREDONDO.-

Un poco decepcionante, la presentación original, pero mi paladar no es capaz de distinguir entre un cocido hecho a fuego lento y un cocido de olla express, aunque los puristas me corran a gorrazos, creo que el secreto está más en los ingredientes que en el tiempo que pase en el fuego. En cuanto al acompañamiento de los garbanzos, mucha carne de morcillo, pero escaso de lo demás. La presentación original en las ollas de barro individuales. El servicio correcto. El precio, ajustado para el cocido, pero caro para lo demás, entrantes, pan, bebidas, postres, …

Le doy 6 sobre 10.

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