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A partir de ahora, seguiré comentando desde Madrid, en el tiempo que me quede entre guardia y guardia!

ga_me tatin

mostrando 4 sitios

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Restaurante el Molino Brasa y Vino Barrio Helgueras

+34 942 63 04 96

Calle Helgueras S/N Noja, Cantabria , España

guardado por 2 personas

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ga_me tatin lo descubrió en septiembre de 2011

está OK

Daba por hecho que había comentado este restaurante, en el que suelo acabar muchas veces cuando voy a Noja, pero hoy me he percatado de que se me había pasado.
En primer lugar, decir que en Noja no hay muchos sitios donde comer decentemente.

Este restaurante está a las afueras de Noja. Es para ir en coche, (aunque se podría ir andando). Tiene un par de parkings donde dejar el coche.

Se trata de un restaurante grande, con varios salones, aunque las últimas veces que he ido siempre me han puesto en la misma.
Los camareros suelen ser un pelín bordes y lentos; la verdad es que el servicio no destaca.
No es un restaurante íntimo; es más para ir en grupo.
Servilletas y manteles de tela (como diría J. Encinar)

La carta no la han variado desde hace tres años o por ahí, y hay que decir que es un pelín corta.
Para empezar, el lechazo, el cochinillo y el pescado (lubina, dorada...) hay que reservarlo previamente.
La carta se compone de algunos entrantes (rollitos de trigueros con salmón, pimientos rellenos de bacalao y gambas, tablas de quesos o de ibéricos, un par de ensaladas...), carnes (chuletillas de lechal, riñones, molleja de lechal, solomillo...) y pescados (bacalao con pimientos confitados...). A considerar que no hay muchas cosas que añadir en los puntos suspensivos; ya he comentado que la carta es algo exigua.

La comida, está bien, sin ser ninguna maravilla. Digamos que se deja comer. Es del tipo de restaurantes que te ponen la carne con un puñado bien grande de patatas fritas congeladas.

Además, este restaurante tiene la particularidad de conseguir que, cada vez que vuelvo a ir, me guste menos la comida.

En nuestra última visita pedimos una tabla de quesos cántabros, pimientos rellenos y chuletillas de lechal, todo para compartir. La cuenta salió por 56 euros (solo eso, sin postres ni vino). Nos pusieron un aperitivo desconocido (ni por aspecto ni por sabor conseguimos averiguarlo, y los camareros deben ser mudos, porque no informan de lo que es). Luego, nos trajeron incomprensiblemente, las chuletillas antes que los pimientos rellenos. Y la cuenta tardaron más de 10 minutos después de pedirla, a pesar de pasar varias veces delante de nosotros. Creo que son detallitos que van haciendo mella.

Si no comen pan (como mi pareja y yo), adviértanlo al principio, que da bastante rabia ver que te cobran 4 euros por el pan que ninguno ha tocado.

En resumen, esta última vez hemos vuelto a recordar por qué dejamos de ir a este restaurante, y nos hemos puesto el objetivo de ir a otro pueblo la próxima vez que queramos cenar fuera estando en Noja.
Pero si nunca has ido y estás en Noja no es una mala opción. Ahora, no es barato, ni se come excepcionalmente, y te cansarás enseguida de la carta. Pero para ir un par de veces no está mal.

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Poncelet Cheese Bar

+34 913 99 25 50

Calle José Abascal 61 <m> Gregorio Marañón 7 10 Madrid, Madrid provincia, España

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Para gente a la que no le gusta el queso

no me gusta

Fui al poco de ser inaugurado, pero tal vez debido a la decepción que sufrimos, tenía todavía la crítica pendiente. Pero me he visto casi obligada a hacerla, tras ver recomendado este sitio como lo más de lo más en tres o cuatro revistas...

(Disclaimer) En primer lugar, aclarar que mi acompañante y yo somos unos queseros empedernidos. Amamos el queso, y nos gusta en grandes cantidades. Tal vez ésa sea la principal causa de nuestro desencanto.

En principal punto a favor del sitio, en mi opinión, estriba, aparte de en la originalidad del concepto en sí, en la estética del lugar. El local es grande, luminoso, con cuidada decoración. Está al lado del metro, además.

Comimos en el piso de abajo. Decir que el sitio estaba bastante lleno pese a la reciente apertura. Ambiente gélido, al menos en verano; espero que lo corrijan, porque fue muy desagradable pasar la comida tiritando.

El servicio es uno de los puntos que me pareció negativo. Los camareros me parecieron un poco bordes y apresurados. Había un número excesivo de ellos, pero sin embargo, cuando necesitabas a alguno, nunca estaban.

De aperitivo, trajeron unos pinchos de queso fresco con membrillo y una cesta de panes y mantequilla. Ni fú ni fá. La mantequilla tenía una forma muy bonita, pero estaba saladísima; me quedo con la president.

Tras mirar los contenidos de las tablas, decidimos hacernos una nosotros mismos, porque lo interesante del restaurante nos parecía la posibilidad de descubrir nuevos quesos, y por eso pedimos lo que nos llamó más la atención. Pedimos una tabla variada en tipos y nacionalidades, y echamos un buen rato en ello, cosa que sin duda fue lo mejor de la comida. También pedimos un plato de verduras con lascas de queso. Nos hubiera gustado pedir algo más, pero la verdad que la carta era bastante pobre, sobre todo, si no comes pastas y cereales (con todo el juego que dan los quesos en la cocina se echaban de menos más entrantes a base de verduras y queso...)

Las verduritas, bastante malas. Al dente (es decir, casi crudas), escasas (aunque esto en realidad casi era un punto positivo) y con unas briznas de queso.

La tabla de quesos: qué decir... Lo mejor, la presentación. Los quesos eran de buena calidad, aunque alguno de los que elegimos no nos gustaron, pero bueno (ése es un riesgo asumido cuando te autodiseñas tu tabla). El problema... las cantidades: ínfimas.

De postre (dado que había hambre y la inexplicable ausencia de una tabla de quesos de postre a un precio normal- no íbamos a dejarnos otros 30 euros) pedimos la tarta de queso stilton y la panacota de oveja. Había leído buenas críticas de los postres, lo cual hizo, si cabe, más amargo el resultado. La tarta Stilton, bastante mala. La panacotta, insípida. Los postres tardaron 20 minutos sin exagerar, y puede que más.

En fin... creo que mi experiencia ya ha quedado justamente reflejada. Para tartas de queso, en el cañadío 11870.com/pro/restaurante-canadio por ejemplo, probé una expectacular. Y para tablas de quesos, en muchas ciudades puedes, de picoteo, probar algunas que, sin duda, te dejarán más satisfecho. Sí, no tendrán ese allure chic, y esos quesos exclusivos, y esos maestros cortadores...

Mi recomendación: si quieres ir a un sitio guay y de moda, y el queso es algo secundario, ve.
Si te gusta el queso, vete a una tienda especializada, y con que te gastes 30 euros, te haces 10 tablas de ésas y las comes mucho más satisfecho.

Ah, el precio... pues ya no me acuerdo... 50-60 euros? y eso que pedimos poco. Y que salimos con más hambre de la que habíamos entrado... Además, el camarero se equivocó con la cuenta... tras otros diez minutos esperando. Puede que eso fuera cosa del rodaje y se haya ido corrigiendo, pero el concepto en sí, no creo que pueda cambiar mucho.

Bon apetit!

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Querida María

+34 945 20 56 59

Plaza de Santa María 2 Vitoria-Gasteiz, Álava, España

guardado por 14 personas

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Quiero y no puedo

está OK

Este restaurante se encuentra al lado de la catedral de Santa María, en pleno casco histórico de Vitoria. Buena zona para el turisteo.
Ya había intentado ir a cenar en otra ocasión, pero nos dijeron que abrían la cocina a las 9 y media, y nos venía mal tan tarde.
Esta vez fuimos un jueves a cenar. No había nadie, y cenamos solos.

El comedor es agradable sin más. Un poco pequeño, y con pocas mesas. Se está bien comiendo en petit comité en días poco concurridos, pero no creo que el efecto sea igual si hay alguien más. No destaca especialmente por su decoración.

Pedí el menú degustación (25 euros más iva), porque para el precio de los platos, merecía más la pena. Este menú debe variar cada día, y te lo presentaban escrito en boli en una tarjetita, un pelín cutre, pero bueno. El día en que yo lo pedí se componía de:

aperitivo
surtido de ibéricos
trigueros con salsa de idiadabal o ensalada de pimientos y bonito (a elegir)
pez espada con timbal de pisto
carrilleras de cerdo
postre casero

No te vas con hambre, pero tampoco es tan fastuoso como puede parecer. Las raciones me parecieron algo escasas para un menú degustación; sobre todo, los entrantes.

El aperitivo consistía en una croqueta con salsa.
Los ibéricos, escasos. Nos los pusieron para compartir los dos que pedimos el menú, y no destacaban especialmente. Lo mismo con los trigueros; ambos pedimos lo mismo, creo que nos debieron poner media ración a cada uno. Además, el sabor a Idiazabal, imperceptible; albergo mis dudas (ya que empleo frecuentemente idiazabal para cocinar) de que la salsa estuviera elaborada con este queso.
Pez espada, sin más. Materia prima pasable. Hecho a la parrilla, un pelín demasiado hecho para mi gusto, acompañado por una salsa naranja y pisto. Profusión de aceite. Mérito discutible.
La cuestión de las carrilleras la veo menos discutible. En la salsa, exceso de vino. No me gustaron.

De postre, había variedad para elegir, aunque todos del mismo tipo. Por supuesto, nada de tabla de quesos. Yo pedí cuajada de oveja. Correcta, aunque no es posible esperar mucha variación de este tipo de postre.

Servicio muy amable, aunque también considerar que estábamos solos en el restaurante.

En general, aunque la cena fue bastante agradable, el menú no me gustó. Puede que le dé una segunda oportunidad para probar algo de la carta, aunque no sé si tendré mejor fortuna. Es de estos restaurantes en que todo está bien, excepto el propio sabor de los platos, que no acaba de convencer. Diría que la comida resulta un poco pretenciosa; es como un quiero y no puedo.

Un último apunte; he leído en otra crítica que se come por 25 euros por cabeza. Ignoro qué pediría, pero el precio medio de los segundos rondaba los 20 euros.

Por cierto, también tienen pinchos y raciones. Tengo que ir un día a ver qué tal están.

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Restaurante Cañadío

+34 942 31 41 49

Calle de Gómez Oreña 15 Santander, Cantabria , España

guardado por 96 personas

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Estuvimos la semana pasada previa reserva y salimos con buen sabor de boca.

El local: grande, con una zona de bar (con pinchos con buena pinta) y, más adelante, el restaurante. Las mesas, como suele ser habitual, demasiado pegadas. De hecho, mi silla tocaba la de atrás, y me costó salir.

El servicio, profesional. Tampoco simpático, pero bien, correcto, no borde. Bastante rápido al principio, que había poca gente. Aunque con el restaurante lleno, creo que eso puede cambiar bastante.

Comida:

Aperitivo: Nos trajeron unos vasitos de chupito con gazpacho y buñuelos de merluza. El gazpacho nos gustó bastante, los buñuelos, un poco insípidos. Pero bien el detalle.
Tenían varios tipos de pan, pero no sé decir qué tal (nunca como pan), mi acompañante tomó varios, así que supongo que bien.

De entrantes, pedimos el pastel de cabracho y el pastel de gambas y puerros. El primero bien, el segundo no tanto.

De segundo, yo pedí el rapito (que de ito no tiene mucho, es bien grandecito) que tenía un pero: poco hecho, y eso que a mí no me gusta muy hecho. Más acertado que yo, mi acompañante pidió uno de los pescados del díia: unas hamburguesas de atún tipo steak tartar. Probé y muy rico, la verdad.

De postre, no tenían el helado de queso de Liébana, que iba con ganas de probar (había leído que era una de sus especialidades). Compartimos de postre la tarta de queso y muy rica! hay que porbarla, totalmente diferente a las tartas de queso habituales. Eso sí, para compartir bien; sóla, un poco pesada, tal vez (la ración era grandecita)

La cuenta... creo que fueron algo más de 80 euros, no recuerdo bien. Mi acompañante quiere volver, yo soy más de probar otros sitios antes de repetir un restaurante, pero el lugar es recomendable, desde luego... Lo que más le falla para mi gusto es el ambiente, no es muy íntimo.

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