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Pello

Andere

+34 945 21 49 30

Gorbea, 8 Vitoria-Gasteiz, Álava, España

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La historia le avala

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Los hechos así lo confirman. El restaurante que hoy nos ocupa, que no es otro que el Andere, ubicado en la noble y elegante ciudad de Vitoria-Gasteiz, lleva una trayectoria plagada de éxitos. Para ser más exactos, desde el año 1976 cuando el empresario Fabián Tobalina decidió emprender esta aventura de ofrecer una gastronomía a prueba del paladar más exigente. Un inicio muy prometedor, que nueve años más tarde se vio confirmado, con la ampliación del local en aras de ofrecer servicio para eventos más especiales.

Si las instalaciones son amplias, los menús también son muy variados. Nosotros en esta ocasión optamos por visitar el gastrobar (otra posibilidad más que se ofrece), donde saboreamos un amplio menú, aun cuando se trataba de un menú diario. Local que arquitectónicamente hablando cumplía su cometido sobradamente, donde destacaba la decoración clásica y un mobiliario bien conservado, a lo que se unía una vajilla más que correcta.

Entrando en harina, nunca mejor utilizado el término, ya que nos centramos puramente en el tema gastronómico, el menú consistió en cuatro entrantes y un plato principal. No obstante, cortesía de la casa, primero se nos obsequió con una crema de patata con morcilla licuada, ¿quizás? Sabrosa. Lástima que llegó un poco fría a la mesa.

Comencemos con el primer entrante: carpaccio de salmón curado en casa. Bien. El corte de la pieza correcto, tarea fundamental para una correcta ejecución de este tipo de plato. Y la materia prima también de calidad.

Ensalada de brotes, calamares rebozados, cebolla frita y berenjena. Maridaje de productos estupendo, convirtiendo una ensalada en algo más especial y muy atractivo para todos los públicos, incluso para los más escépticos con este tipo de platos.

A continuación, nos adentramos en un producto de temporada: alcachofas fritas con jamón. Suculentas. Felicitarles por ofrecer producto de temporada, circunstancia que cada vez se da menos, por la resistencia de muchos locales de variar su carta. Asimismo, destacar la calidad del jamón. Gran detalle. Desde luego que si lo que acompaña al protagonista del plato es de calidad, engrandece el resultado. Lamentablemente, muchos no lo entienden así.

Y como último entrante, unos tiernísimos pimientos rojos rellenos de carne con salsa española. Emotivo plato para un servidor, dado que son recetas de toda la vida, que prácticamente todos hemos degustado con un placer notable, pero que cada vez están más ocultas en las principales cocinas. Gracias.

Como plato principal otro clásico: entrecot troceado con patatas caseras. Nada que objetar. La carne poco hecha, como uno demandaba, que a veces algo tan sencillo se convierte en una fórmula magistral inalcanzable, acompañado de unas patatas de toda la vida. Buena nota.

Finalmente, para no abandonar los clásicos gastronómicos, en el apartado de los dulces, una cremosa tarta de queso rociada con sirope de fresa. A subrayar que no se trataba de la típica tarta de queso, puesto que no era a base de queso fresco, sino que el queso estaba bastante curado.

Si quieren ser testigos de porque el permanecer con una trayectoria continua en el tiempo es sinónimo de éxito, Andere se lo demostrará.


Última visita: 14/02/20
Web del restaurante
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Calle Gorbea, 8
01008 Vitoria-Gasteiz

945 21 49 30

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Restaurante Arcos de Quejana

+34 945 39 93 20

Carretera Beotegi s/n Quejana, Álava, España

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Notable gastronomía en un lugar señorial

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Pues sí. El lugar que visitamos el día de hoy posee realmente una oferta gastronómica acorde al bellísimo entorno que le rodea. Se trata del hotel restaurante Arcos de Quejana en pleno corazón del Valle de Ayala. En uno de los 24 pueblos que componen el Ayuntamiento de Ayala/Aiara, concretamente Quejana, y a media hora de Bilbao y otra media de Vitoria/Gasteiz encontramos este lugar soñado, donde la filosofía que impera es servirse de la mejor materia prima de proximidad. Esencia pura del movimiento "Slow Food".

A continuación, un poco de historia y arquitectura, porque el emplazamiento bien lo merece. Su origen data de un palacio del siglo XVII que levantó un familiar del Canciller Ayala para un hijo bastardo, aprovechando probablemente el paraje tranquilo, verde, silencioso, que aún se mantiene. En cuanto al apartado arquitectónico, la antigua casona donde se ubica es increíble y muy cerca se sitúa el conjunto monumental más importante de la época medieval en la provincia de Álava, declarado bien cultural por el Gobierno Vasco. En el interior destaca la pequeña barra de bar en la entrada y el propio comedor, el cual es amplio, las mesas de buen tamaño y bien vestidas.

Una vez terminadas las clases magistrales de historia y arquitectura, vayamos con lo que nos ocupa, que no es otra cosa que la gastronomía. El festín estuvo compuesto por cuatro entrantes, pescado, carne, postre, y entre medias un refrescante sorbete de mandarina al Amaretto para aligerar nuestros estómagos saciados. Ahí es nada. El principio con la ensalada de bogavante, guacamole a su estilo y su vinagreta guarnecida, espectacular. Bravo.

Más entrantes. Mamia (cuajada) de foie, confitura artesana y caramelo de vino. Armonía y conjunción de sabores con un entrante que bien podía ser un postre. Pura magia gastronómica. Gracias, Joseba Zuazo, maestro de esta cocina, del cual aún no habíamos hablado.

Sigamos con un clásico de nuestra gastronomía, sinónimo de éxito seguro, siempre que el producto es de calidad, hecho que en Arcos de Quejana se convierte en costumbre, puesto que es el propósito final que buscan. Langostinos y gambas a la plancha, que hacen las delicias de los más pequeños y de los más adultos.

Y para finalizar con los entrantes, pasamos nuevamente de lo tradicional a lo innovador y sofisticado: terrina de pato, vegetales y manzana caramelizada sobre crema de zanahoria. A destacar sobremanera lo sabrosísimo y suculento que estaba el pato, bien maridado con la manzana, el cual es el mejor compañero de viaje de dicho ánade.

Momento de los platos principales. Primero, como es menester, el apartado del pescado: rape asado a la parrilla, refrito alimonado y canónigos. Actualmente el rape es un pescado que le ha ido cogiendo terreno a la reina de los mares, la diosa merluza, tras muchos años de brega, gracias a su carne tersa y a su evocación al marisco. Aquí cumplió su papel con creces.

Y para terminar, en la sección de carnes un plato que a más de uno sorprendería, por no ser un habitual de nuestras cartas: terrina de cochinillo deshuesado, jugo de sus manitas, garbanzos y crujiente de boniato. Tiernísimo y con una salsa deliciosa, convirtiendo el plato en una maravilla delicada y primorosa.

Finalmente, como es obvio, para los más golosos del lugar no podía faltar su dosis de azúcar, que esta vez consistió en una fantástica torrija de brioche caramelizada y su helado de vainilla al bourbon. Realmente un final de fiesta apoteósico. Si bien nuestros vientres se hallaban más que saciados, no nos pudimos resistir a semejante premio.

Si quieren desconectar del mundo en un paraíso y degustar los mejores productos de la tierra, existe un lugar como Arcos de Quejana que les está esperando. Disfrútenlo.

Última visita: 08/02/20
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Ctra. Beotegui s/n
01477 Quejana

945 399 320

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Sikera Bar Restaurante

+34 944 06 23 43

Plaza Landaburu Enparantza, 2 <m> Barakaldo 2 Barakaldo, Bizkaia provincia, España

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Los mejores productos acompañados de grandes vinos

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En un lugar bastante céntrico del municipio de Barakaldo (Bizkaia) nos encontramos esta joya llamada Sikera, tanto en lo que se refiere al aspecto gastronómico, como en lo que concierne al vino. Ejemplo evidente de ello es que el apartado culinario combina perfectamente con la inmensa carta de vinos, puesto que uno de los cocineros, Jon Lodeiro, es un experto sumiller, además de finalista en el prestigioso concurso "la nariz de oro".

Y con poco más de diez años en su andadura profesional se ha ido convirtiendo poco a poco en un espacio referente en el cual poder disfrutar de la buena comida y el buen vino. Incluso si se desea, se dispone la opción de saborear en barra pequeños pintxos de autor bien maridados con excelentes caldos. El comedor propiamente dicho, pequeño pero realmente coqueto y con una decoración moderna y preciosa, apenas se separa físicamente de dicha barra, pero no se pierde intimidad alguna, porque las piezas musicales escogidas son las ideales y con el volumen perfecto.

Nuestro banquete comenzó con un clásico. A falta de croquetas de jamón, degustamos unas espectaculares croquetas de rabo de toro y lacón. La verdad es que el cambio colmó sobradamente nuestras expectativas. Fritura muy crujiente y una bechamel sin ningún tipo de grumo, además de que la temperatura del relleno era la correcta, hecho que aun no pareciendo complicado, en multitud de ocasiones no se cumple.

El segundo entrante también lo podemos catalogar como uno de los clásicos de nuestra cocina: huevos rotos con trufa negra con patatas fritas y crema fina de ajos. La importancia y el secreto del producto, una vez más. El aroma de la trufa negra que lideraba el plato era mágico. Huevos y patatas acompañadas de una trufa de calidad es oro molido gastronómico. Exquisito. Gracias.

Los platos principales no sólo mantuvieron la nota, sino que incluso lograron elevarla ligeramente. Primero, en el apartado de pescados unos fresquísimos chipirones de la casa a la plancha con cebolla glaseada y verduritas del tiempo. Llamaba la atención lo generosa que era la ración, mientras que la impecable calidad del plato no nos sorprendió un ápice, tras comprobar en qué liston se movía el restaurante Sikera.

En el apartado de las carnes, no nos conformamos con un único plato. A falta de uno, mejor dos, sin lugar a dudas. De este modo, primero degustamos un sabroso taco de solomillo con patatas y salsa de queso azul. A destacar el punto de la carne. Tal y como se les solicitó, muy poco hecha, y así llegó a la mesa. De agradecer.

La otra carne, dado que nos demostraron previamente que dominan la elaboración del rabo de todo, tras dar buena cuenta de unas croquetas de dicha materia prima, escogimos Turnedó de rabo de toro a la plancha con puré parmentier y su jugo ligado. Notable. Al partirlo se deshacía con extrema facilidad. Bravo.

Momento postres. Uno dulce y otro salado. Empecemos con el que sacia a los más golosos: dúo de chocolate. Pastelito fluido con helado, todo de chocolate negro. Nada que objetar en cuanto al bizcocho, helado y chocolate. Lástima que el chocolate que fluye dentro del pastel no estuviera caliente.

Por último, y regresando a los clásicos, ¿quién puede resistirse a un buen plato de queso acompañado de una copa de vino. En esta ocasión consistía en una tabla de quesos con tres variedades de queso: asturiano, manchego e Idiazábal. Buen final de fiesta, desde luego.

Y por si todo lo comentado fuera poco, si se desea disfrutar de una cata, de una cena maridaje o una especial tarde temática, Sikera le ofrecerá dicha posibilidad. Ya ven, Sikera es mucho más que un restaurante.


Última visita: 11/01/20
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Plaza Landaburu, 2

48902 Barakaldo (Bizkaia)

94 406 23 43

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Becerrita

+34 954 41 20 57

Calle Recaredo 9 Sevilla, Sevilla provincia, España

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Pequeña decepción

está OK

Hoy nos espera una ciudad, la cual tiene una luz y un color especial, que no es otra que la siempre acogedora Sevilla, donde nos dirigimos al restaurante Becerrita, a degustar las excelencias que nos brinda dicha capital andaluza. Antes de comenzar, merece la pena detenerse a conocer un poco de su rica y vasta historia. Con aires tasqueros en un singular edificio de principios del siglo XIX, los cuales se conservan aún, y bajo la denominación de Taberna Picacho, la cual evidentemente la ha perdido, nació en 1968 la aventura a los mandos de Enrique Becerra Reyes, para continuar con ella Jesús Becerra Gómez.

Y su ubicación también es más que interesante. Es cierto, que se aleja ligeramente de la zona más bulliciosa de la ciudad, pero se halla en la famosa puerta Carmona en la ronda histórica de la ciudad. El local, siendo un lugar clásico, se ha ido modernizando, con un mobiliario y decorado ornamental vanguardista. Como hemos comentado anteriormente, ya que no olvida sus orígenes, la opción de tapas en la barra es muy demandada. Nosotros, no obstante, optamos por sentarnos en uno de los distintos salones de los que dispone, concretamente en el Comedor Imperial.

Ya sin más preámbulos, nos centramos en las siempre protagonistas delicias gastronómicas. Primero, cortesía de la casa, se nos obsequió con unas patatas aliñadas con aceite de oliva. Sin alardes y quizás, con un exceso de aceite.

Continuando con lo que propiamente fue nuestra demanda, optamos por saborear, como no, uno de sus entrantes estrellas: ensaladilla de gambas. La textura de la propia ensaladilla, a la cual, si añadimos la enorme calidad de la gamba, seguro con procedencia onubense, nos deja un plato con un recuerdo notable.

Sin embargo, ese dulce comienzo se fue amargando tras probar el siguiente entrante, el cual igualmente se encontraba entre las recomendaciones de la casa: croquetas de cola toro. Cual fue nuestra sorpresa y disgusto, tras comprobar que no se trataba de unas verdaderas croquetas, dado que la bechamel brillaba por su ausencia. El relleno recordaba a un compango típico de la fabada asturiana, lo que convertía a la croqueta en algo ciertamente difícil de deglutir. sin riesgo a empacharse.

Con el fin de aligerar nuestros estómagos pesados, tras el mal trago anterior, decidimos saborear un plato más refrescante, con el cual, desafortunadamente, tampoco acertamos: tartar de atún rojo de Almadraba. Al igual que las gambas, el atún era un buen producto de la tierra y de calidad, pero que no sirvió para redondear el plato. No resultó tan ligero como uno creía y deseaba. Lástima.

Finalmente, atacamos, como no podía ser de otra manera, a una de las especialidades y referencia de tierras andaluzas: guiso de cola de toro "sevillana". Y aunque resulte muy extraño de creer, no hubo éxito, hecho que no nos había ocurrido jamás en esta bella ciudad. Quizás el toque, al que ellos llamaban "sevillano", era el de las especias, de las cuales abusaron enormemente, enmascarando el verdadero sabor.

Para terminar los postres. Por un lado, un brownie de chocolate y crema catalana. No podemos decir que fuera un auténtico brownie al uso, sino más bien una tarta que combinaba ambas opciones. Algo novedoso y curioso, pero, a fin de cuentas, agradable para el paladar.

Por lo que respecta al otro postre, también podría entrar en la lista de dulces con cierta elaboración: helado de turrón con torta de almendras. Buen helado y una sabrosa torta. Tierra de helados y torta. No nos podía defraudar.

Les prometo que volveremos a visitar este lugar, porque confiamos plenamente en que durante la segunda oportunidad disfrutaremos más intensamente.

Última visita: 30/11/19
Web del restaurante
Ver ubicación Longitud: -31º 42’ 48.16’’ Sur Latitud: 40º 23’ 48.35’’ Norte

Calle Recaredo, 9

41003 Sevilla

034 954 412 057

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Bodega Katxiña

+34 943 58 01 66

Barrio Ortzaika, 20 Orio, Guipúzcoa provincia, España

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De casta le viene al galgo

Pello lo descubrió en diciembre de 2019

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Les pongo en antecedentes. Tras 40 años liderando el Asador Katxiña, el matrimonio formado por José Miguel Zendoia y su mujer María Pilar Etxezarreta decidieron poner fin a su exitosa carrera, pero afortunadamente tomaron el testigo en un entorno muy cercano Izaskun e Iñaki Zendoia. Concretamente en la villa de Orio en el año 2014 inauguraron el restaurante Bodega Katxiña, cuyo éxito ha sido fulminante, como lo demuestra su reciente el premio al “mejor asador de lujo del mundo 2018” otorgado por “World Luxury Restaurant Award".

Y no sólo nos encontramos en un gran restaurante, donde principalmente disfrutaremos de los mejores pescados, sino que además podemos visitar una bodega de auténtico lujo, dadas sus innovadoras y atractivas instalaciones. Además de todo ello, la mención al entorno es obligatoria. Desde una cristalera inmensa nos convertimos en protagonistas absolutos de toda la belleza que podemos observar: el caudaloso río Oria a nuestros pies rodeado de unas majestuosas montañas engalanadas con infinidad de viñedos de txakolis. Mi más sincera enhorabuena, por la elección de la ubicación.

Y dado que el día no era de los más agradables, el ofrecimiento de una crema caliente de puerros para ir entonándonos, fue acogido con gran alborozo. Desde luego que son detalles que cuentan y puntúan.

A continuación dos entrantes y un plato principal. El primer entrante un clásico de nuestros mares: begihaundis de Igeldo troceados y rebozados con guacamole y cítricos. En definitiva, unos calamares frescos, cuya delicadeza y sabor eran superiores.

Abandonamos el mar y nos centramos en la tierra, donde otro de los reyes de dicho hábitat nos espera en la mesa:hongos acompañado de huevos de caserío. A destacar, que llevaban el sello personal de la familia Zendoia, al ser elaborados a la brasa, sin bien ello enmascaraba ligeramente su sabor.

Y antes de los postres, la joya de la casa, obviando los pescados: magnífica chuleta guarnecida con una patatas caseras, que previamente habíamos demandado nosotros. Calidad suprema.

Sobre los postres resaltar que todos ellos eran elaborados en casa, si bien uno resultó más suculento que otro. Estamos hablando, en concreto, de una espectacular tarta de queso casera acompañada de su crema inglesa y sirope de fresa, además de un refrescante helado de avellana. De nota.

En cuanto a lo que se refiere al segundo postre, diríamos que no culminó tanto nuestras expectativas. Somos unos acólitos seguidores del soufflé y eso es cierto, que nos hace más críticos cuando degustamos un postre como éste. Se limitó a cumplir el trámite, sin ningún tipo de alarde especial.

Un lugar mágico con el mejor producto elaborado con el mayor de los cariños es todo lo que nos ofrece Bodega Katxiña.

Última visita: 15/11/19
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Barrio Ortzaika, 20

20810 Orio (Gipuzkoa)

943 580 166/606 367 693

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Urepel Restaurante

+34 943 42 07 23

Paseo Salamanca 3 San Sebastián, Guipúzcoa provincia, España

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Vuelta de un clásico

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Hoy regresamos a uno de los restaurantes más queridos de la Bella Easo, que tras treinta y cinco años de una andadura plagada de éxitos, el 30 de mayo de 2012 bajó la persiana, después de que falleciera Tomás Almandoz, el artífice de todo. Se trata, cómo no, del afamado Urepel, que debe su nombre a una pequeña localidad del departamento de Pirineos Atlánticos, en la Aquitania. Y decimos regresamos, porque afortunadamente hace poco más de un año Mª Eugenia Bozal, propietaria también del restaurante La Muralla se decidió a retomar sus riendas.

Su ubicación es perfecta, puesto que se encuentra frente a la desembocadura del río Urumea y del Kursaal, de modo que las vistas son espectaculares, con más notoriedad en el comedor de la parte superior que de la parte inferior. En cuanto a la decoración, continúa manteniendo su estilo clásico y distinguido, que quizás nos traslade a épocas más antiguas, pero manteniendo siempre la máxima de la importancia de la intimidad del comensal, al mantener una distancia entre mesas más que adecuada.

Comenzamos el homenaje gastronómico con una suculenta emulsión de crema de puerros, cuyo sabor era exquisito, pero que llegó excesivamente bajo de temperatura a la mesa, lo cual restó calidad al obsequio de la casa.

Entrando ya en harina, el comienzo fue más que prometedor: huevo trufado en "cocotte". Magia para los sentidos, y sobre todo, en lo que se refiere al visual. El continente, un huevo de cerámica cascado, le otorgaba una calidez y veracidad al plato, ya de por sí maravilloso en cuanto a su contenido. Enhorabuena.

Otro entrante más, y de temporada: hongos salteados acompañados de huevo. Doy fe que los más exigentes admiradores y saboreadores de este manjar llorarían de gozo al degustar lo que se sirvió en la mesa. Además de todo ello, habría que destacar la delicadeza en el corte de las láminas de los hongos. Bravo.

Y para acabar con los entrantes, otra maravilla más de la naturaleza: vieira asada, papada ibérica, yema de espárrago de Navarra y raíz de perejil. Ejemplo de sinfonía armónica de sabores a la cual más de una vez me he referido. En esta oportunidad Mozart y Beethoven fueron compañeros de mesa durante un breve lapso de tiempo.

Vayamos ya con los clásicos platos principales de pescado y carne, pero en este caso, como no podía ser de otra manera, presentaron más de un matiz. Por lo que respecta al pescado, sin duda alguna, les presento a la joya de la jornada: txipirones de anzuelo rellenos en su tinta. Materia prima de primer nivel, con un toque muy especial, gracias a la espuma de arroz.

El apartado carnívoro, asimismo, estuvo a la altura: solomillo de vaca gallega asado con foie fresco a la plancha. Lo anteriormente citado vale también para este caso. Si la materia prima desborda calidad, el plato tiene garantía de éxito plena, como fue el caso.

Y para terminar, un único postre, pero de categoría: torrija caramelizada en sartén con helado de avellana acompañado de una crema de toffee. Loas infinitas al dulce. Propio para el comensal más goloso.

Ya ven, los gastrónomos más exigentes estamos de vuelta, porque ha vuelto un grande. Ahora a disfrutarlo toca.

Última visita: 26/10/19
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Paseo de Salamanca, 3

20003 Donostia

943 918 513

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Eneko Bilbao

+34 946 55 88 99

Avenida Abandoibarra, 4 <m> San Marnés 1 Bilbao, Bizkaia provincia, España

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La esencia de Eneko Atxa

me encanta, uno de mis favoritos

Sí. Hoy visitamos un nuevo espacio gastronómico que recientemente acaba de abrir el maestro Eneko Atxa. Y cómo no podía ser de otra manera, lo ha hecho de la mejor manera posible, pues la prestigiosa Guía Michelín le acaba de otorgar una nueva estrella, que se une a las tres del Azurmendi y una del Eneko Larrabetzu. El lugar del cual estamos hablando es el Eneko Bilbao, cuya ubicación, sin duda, es la más idónea para que todo el joven equipo del que se ha rodeado Eneko pueda dar a conocer toda la magia gastronómica que lleva dentro.

Verdaderamente el equipo es joven, pero con una capacidad infinita. Al mando de los fogones, la mano derecha de Eneko: Iker Barrenetxea (su hermano pequeño como le llama él). En sala, Urko Mugartegi, con una amplísima experiencia en dicha tarea. Julio Barluenga lidera una carta de vinos muy especial, y finalmente, increíble labor la que lleva a cabo Ander Sanz como coctelero y encargado de los cafés. Una vez todo el equipo presentado, ya sólo nos queda elegir entre el menú Bizkaia o el menú Bilbao. En nuestro caso nos decantamos por el primero, el cual era un poco más extenso.

Como mandan los cánones, comencemos nuestro repaso gastronómico con los entrantes. Primero, una apuesta en la que Eneko demuestra lo bien que combina la innovación y vanguardia con la importancia del producto de la tierra: mantequilla de oveja y setas. Finísimo y riquísimo. El único peligro es que abuse de su ingesta, dado que su presencia no nos abandona en todo lo que dura el festín.

Más entrantes: Kaipiritxa. Un trampantojo del que ya gozábamos en el restaurante Azurmendi. Se trata de un bombón de lo más fresco que realmente es una caipirinha de txakoli, cuya novedad se encuentra en la presentación: ¡Ahora es un fruto de un bonsai!

Sigamos. El tercer entrante también fue un trampantojo: naranja y foie. En este caso el engaño se produce con el gajo de la naranja, donde se esconde un delicadísimo foie con naranja ¿La versión de pato a la naranja de Eneko Atxa?

Y para finalizar con los entrantes, uno más clásico: brioche de setas. Bajó ligeramente el listón anterior, quizás motivado porque el nivel de sorpresa alcanzado rebasó nuestra imaginación culinaria.

Momento de detallar los platos principales. Tartar vegetal, caviar de aceite y emulsión de hierbas y flores. En una palabra: delicioso. Los sabores de cocinas de varias nacionalidades en la mesa: Perú, Japón... Una auténtica fiesta.

Más. Ostra a la brasa, cenizas de aceituna y aire de mantequilla tostada. Es cierto, que este producto y dicha manera de elaboración ha alcanzado las últimas fechas un auge notable, pero en Eneko Bilbao el ahumado final es algo diferente y especial.

Sin abandonar el diseño y la magia de colores, llegamos al plato de la yema de huevo de caserío sobre estofado de trigo y jugo de vegetales asados al carbón. Un plato que no suele faltar jamás en la carta de Eneko y en el cual da muestras de su preocupación por la materia prima local. Bravo. Por cierto, rompan el huevo antes de empezar a saborear el plato.

¿Y qué les parece una de ravioli de rabo de vaca, caldo de legumbres y bombones Idiazabal? Ya ven, Eneko transforma un plato de pasta en algo sublime, y todo ello sin recurrir a productos rocambolescos. Pero cuando hay arte...

A continuación uno de los platos que no me cabe la menor duda va a perdurar en la carta y va a dar muchísimo que hablar: bogavante al sarmiento, su jugo y buñuelo de interiores. Es un nivel más en el capítulo gastronómico hacia la exquisitez y la perfección. Lo del buñuelo es para manual de grandes chefs.

Y para acabar, un poco de carne: solomillo a la brasa, gnocchis de Idiazabal y pesto de albahaca. Como pueden comprobar, Eneko es un enamorado del queso de su tierra y lo ofrece en diversidad de platos ¡¡Y bien que lo hace!! Pero no sólo es queso; la carne está en su punto perfecto y el pesto de albahaca es una joya para todos y cada uno de los sentidos.

No se preocupen si son muy golosos, puesto que los postres no bajaron la media, en absoluto. Primero, un postre tradicional local, pero con el guiño de Eneko presente: intxaur-saltsa helada, avellanas y chocolate caliente. Básicamente es una natilla a base de leche, nueces, azúcar y canela, pero a ojos de Eneko todo cambia. Ya lo verán. Se trata de bisutería suprema gastronómica.

Y el segundo postre, un clásico de nuestras cocinas y de Eneko: torrija a la brasa y helado de leche de caserío. Sensacional. Tanto la textura de la torrija como el propio. Tan es así, que merecen un testimonio gráfico por separado.

Por si no nos habíamos saciado, cortesía de la casa nos ofrecen unos goxuak (dulces) que se escondían de forma divertida entre granos de café. Teníamos para "morirnos" de dulce: trufa fría con nueces de colores, macarrones de limón, una especie de granos de café de chocolate y gominolas de fruta. Dulces a más no pedir.

Eneko Bilbao es un lugar para seguir disfrutando de la marca Eneko. Disfrútenla.

Última visita: 26/07/19
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Palacio Euskalduna.
Abandoibarra etorbidea, 4.
5ª planta
48011 Bilbao (Bizkaia

94 655 88 99

gastrodisfrute.blogspot.com/2019/09/la-esencia-de-eneko-atxa.html

Asador Orio

+34 945 14 83 00

Calle Felicia Olave 3 Vitoria-Gasteiz, Álava, España

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Un lugar en el interior, cuyo origen es la costa

Pello lo descubrió en septiembre de 2019

está OK

Pues sí, así es. El asador que visitamos hoy se ubica en la bella ciudad de Vitoria, pero la denominación que le dieron al local los responsables de todo, José Manuel Uranga y Ana Carrera, ya nos adelantaba su origen y sus raíces: asador Orio. En dicha pequeña villa marinera ambos aprendieron la magia del manejo de la parrilla en uno de los asadores más sublimes en dicha materia, que no es otro que el asador Xixario.

Esta herencia la han llevado con un gran éxito a una ciudad como Vitoria, donde desde luego también se saben aprender los mejores pescados y las mejores carnes a la parrilla. Y allí, en un lugar estratégico de la ciudad, a cinco minutos del centro andando en el parque del Prado, con unas vistas inmejorables, podemos degustar la mejor materia prima en un espacio modesto, pero realmente acogedor.

El inicio fue a base de dos entrantes. Por un lado, una exquisita menestra natural. A destacar que todos los productos eran de primerísima calidad y algo que parece baladí, pero no lo es en absoluto; el jamón que acompañaba a las verduras era de nota.

El segundo entrante fue una ventresca de bonito. Un plato completísimo, ya que además del atún, una cebolla sabrosísima, pimiento verde, pimiento rojo y alegría conformaban el plato. En la línea con el anterior entrante. Muy bien.

Los platos principales también rayaron a buena altura. Como no podía ser de otra manera, y sin dudarlo, nos decantamos por degustar un besugo a la parrilla. Nos trasladó a los mares más cercanos, con lo que su propósito se cumplió con creces.

Y hubo más pescado, dado que estábamos ávidos de saborear ese majestuoso producto: merluza de ración con cebolla pochada y patatas panaderas. Quizás en su debe hay que señalar que a la merluza le faltaba un poco más de tiempo en su elaboración. Lástima.

Por último, el momento de la carne. Chuletillas de cordero con patatas fritas caseras y pimientos rojos asados. Otro detalle de los que aparenta nimio, pero no lo es: patatas caseras, algo que, lamentablemente, cuesta más encontrar. Y la pieza igualmente de calidad. Bravo.

Los postres también fueron variados y de calidad. A falta de uno, tres. Primero, sorbete de limón al cava para digerir los suculentos manjares ingeridos. Nada que objetar. Refrescante y digestivo.

Más. Cuajada casera. Se trata de un postre tradicional, de toda la vida, que no puede faltar en ninguna carta de este tipo de asador que se precie, y menos aún si el dulce que se ofrece es notable, como fue el caso.

Por último, una de mis debilidades: panchineta. Por si alguno lo desconoce, se trata de un pastel, el cual se prepara con un hojaldre y se rellena con crema hecha de huevo, harina y azúcar. Después se mete todo en el horno espolvoreado con almendra y se saborea caliente. Además, se le puede añadir chocolate caliente, como fue el caso. Me gustó.

Ya ven, si no pueden visitar la costa para saborear un buen pescado, hay un lugar que les está esperando: asador Orio.

Última visita: 18/07/19
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Felicia Olabe Kalea, 3
01007 Vitoria-Gasteiz, Araba


945 14 83 00

gastrodisfrute.blogspot.com

Restaurante Adolfo

+34 639 93 81 40

Calle Hombre de Palo 7 (Toledo) Toledo, Toledo provincia, España

guardado por 30 personas

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Disfrute gastronómico en Toledo

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Hoy visitamos un lugar que no hace mucho, 2016 para ser exactos, se erigió como capital gastronómica de España. Ese lugar es el histórico Toledo. Y allí visitamos el restaurante Adolfo, donde su chef Adolfo Muñoz con su encanto, cordialidad y buen hacer, es un creador de auténticas maravillas. Poseedor de multitud de premios, pero sin duda, el más importante es su cercanía con todos y cada uno de los comensales. Gracias, Adolfo. Gracias que se hacen extensibles igualmente a su hija Verónica, la cual dirige el día a día del local, con la misma simpatía que su padre. De tal palo, tal astilla.

Y qué les puedo decir del lugar. Pues que se trata de una auténtica maravilla. Si bien se trata de un edificio del año 1924, llama poderosamente la atención la exultante modernidad que reina en cada uno de los cuatro salones de los que dispone el restaurante. Policromías, cuadros y cerámicas bellísimos en un patio cubierto de ensueño, amén de la Cueva-Bodega del siglo IX, o de las increíbles vistas desde la terraza sobre su Casa Urbana Adolfo, donde también uno tendrá el placer, si lo desea, de poder hospedarse, destacan en su variadísima arquitectura.

Como el lugar lo merecía, optamos por degustar el menú chef, el cual se iniciaba con tres aperitivos del día. Primero, un gazpacho refrescante, muy adecuado para las fechas tan calurosas en las que nos encontramos. Dulce y salado al mismo tiempo. Muy notable.

El segundo aperitivo fue más innovador: anchoa con aguacate sobre brick. Del mismo modo, refrescante y sabroso y con una calidad de la materia prima superior. Bravo.

Para acabar con los entrantes, la espectacular tempura de flor de calabaza. Satisfactorio guiño a la cocina asiática. Inmejorable tanto el punto de fritura de la tempura como el gran descubrimiento de la flor de la calabaza. Enhorabuena.

Los platos principales también rayaron a una enorme altura. Para empezar con ellos, tengo el placer de presentarles un novedoso carpaccio de alistado y frutos rojos del bosque. Plato en los que juegan los cinco sentidos, es decir, completísimo. De los que se quedan en el recuerdo.

Sigamos. Pasta de espelta, huevo poché y aceite de rúcula. La intención más que loable, pero lástima que la pasta desvirtuaba y deslavazaba un tanto el plato. No obstante, podríamos catalogar de un plato de los de más que aprobado.

A continuación, producto de la tierra, que puede resultar arriesgado su traslado a la mesa: oreja de lechón, manzana, pasas y nueces. Ya ven a qué me refiero con lo de arriesgado. Sin embargo, su resultado fue soberbio. Pruébenlo. Háganme caso.

Más y además uno de los que se puede considerar protagonista de la jornada: bogavante, su caldo y remolacha ¿Bogavante en Toledo? Se preguntarán asombrados al igual que un servidor. Pues así es, y de una calidad sublime.

Por último, y antes de adentrarnos en los postres, un gran pescado: atún rojo en almadraba. Manjar de los manjares donde los haya. Y nuevamente un guiño más a la cocina asiática, dada su popularidad en aquel entorno.

Vayamos con los postres. El primero, un helado de trufa "Aestivum". Se trata de una trufa negra estival por sus fructificaciones estivales. Las altas temperaturas lo convertían en un dulce necesario a más no poder.

Más azúcar. La bomba golosa del festín gastronómico, y nunca mejor dicho: esfera de caramelo con yogur y tierra de pistachos de Villacañas. En esta ocasión la vista incluso se imponía al gusto, maravillada de poder contemplar tamaña obra de arte.

Y para terminar, unos pequeños dulces a base del que no podía faltar mazapán toledano y unas exquisitas rocas de chocolate. Muy bien.

Adolfo, el placer de la gastronomía toledana, les espera.

Última visita: 06/07/19
Web del restaurante
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Hombre de Palo, 7
45001 Toledo


+34 925 227 321/+34 639 938 140

gastrodisfrute.blogspot.com/2019/07/disfrute-gastronomico-en-toledo.html

La Perla

+34 943 45 88 56

Paseo de la Concha s/n San Sebastián, Guipúzcoa provincia, España

guardado por 25 personas

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Sus vistas enamoran

está OK

Una de las más bellas ciudades, que no es otra que la Bella Easo, cuna de los mejores gastrónomos, nos acoge en el día de hoy para poder degustar los mejores platos. Pero esta vez no visitamos propiamente un restaurante, lo que luego lamentablemente se percibirá en el resultado final, sino un centro de talasoterapia, que consta de un restaurante. Se trata de La Perla, donde su mayor mérito y lo que más destaca es el disfrute de la espectacular vista en primera línea de la tan carismática playa de la Concha.

Y sí, el espectáculo visual es un auténtico lujazo. Todo acristalado, creando al comensal una sensación de que mientras degusta diversos platos está surcando las olas en un barco. Enfrente le espera la isla de Santa Clara. La decoración, igualmente, invita a sentirnos capitanes mercantes, con unos colores relajantes y claros, sin abandonar en ningún momento la modernidad de las mesas y sillas y con una vajilla y cristalería muy acertada. En ese apartado nada que discutir.

El tema gastronómico resulta un poco más peliagudo. Primero, cortesía de la casa, se nos sirvió una crema de espárragos, la cual cumplió su cometido. Sin estridencias.

Vayamos con los entrantes. Para comenzar saboreamos un rulo de pato con salsa agridulce de manzana. Quizás, uno de los platos más aceptables. El pato estaba realmente sabroso y el hojaldre sin ser de los mejores que un servidor ha tenido el placer de saborear, no desentonaba en absoluto.

En cuanto al otro entrante, las dudas son mucho más fundadas: hongos confitados sobre puré de tubérculos. Primer error: el plato se sacó templado, rayando a frío. Y segundo, cuando uno ha gozado con el sabor de unos hongos frescos de temporada y le ofrecen esto, pues...

Continuemos con los pescados. Rodaballo con verduras asadas y vinagreta de champiñones. El peligro de los rodaballos de ración es evidentemente que, al compararlo con un auténtico rodaballo a la parrilla de toda una pieza, provoca unos sufrimientos culinarios, de los que uno tarda en escapar.

El otro pescado, un clásico: chipirones plancha con cebolla caramelizada. Es una de las joyas de la gastronomía vasca. Sin embargo, nuevamente no cumplió con las expectativas. Se esperaba mucho más de un plato, que es un símbolo de nuestras cocinas.

En lo que se refiere a la carne, tampoco hubo mucha novedad. El plato escogido fue entrecot con romescu y setas variadas. Correcto, sin más. La carne bien y la salsa buena acompañante, sin esconder las virtudes de la materia prima principal.

Finalmente, los postres, los cuales tampoco mostraron un alarde de cualidades en el arte culinario. Por un lado, sorbete de mandarina y vodka. Refrescante, que ya significa algo, considerando en las fechas en las que nos encontramos.

Y, por otro lado, brownie de chocolate y nueces. Decepcionante. Puede ser que un servidor sea especialmente exigente con este postre, puesto que lo ha saboreado en multitud de ocasiones, pero imponiéndose la objetividad a la subjetividad, también la nota obtenida es muy escasa. A mejorar tocan.

En conclusión, las vistas superan notablemente a la gastronomía.

Última visita: 28/06/19
Web del restaurante
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Paseo de La Concha, s/n
Edificio La Perla
20007 Donostia–San Sebastián
Gipuzkoa

+34 943 46 24 84

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