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Pello

La Tropical

+34 968 57 50 05

Calle de Santa Teresa 66 Los Alcázares, Murcia provincia, España

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Cocina murciana con poso

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En el día hoy nos acercamos a un lugar que, la verdad sea dicha, ha sido testigo de mil historias, incluso de alguna guerra, puesto que fue fundado en 1936 y empezó funcionando con una curiosa mezcla entre bar y carpintería. Estamos hablando del restaurante La Tropical, ubicado en Los Alcázares, cerca del Mar Menor de Murcia. Negocio en el cual impera el trato familiar, algo que es la esencia del local. Tras iniciar esta noble aventura Carlos Mendez Rubio y María Rosa Heredia, 16 años más tarde, la generación fue avanzando, y son sus hijos José Antonio y Carlos Méndez los que llevan las riendas actualmente.

Además de ellos no podemos olvidarnos tanto del talento del chef Sergio de Gea como del buen asesoramiento de David López. Ellos han conseguido un excelente equilibrio entre los abundantes productos que ofrece el Mar Menor y el deseo de experimentar e innovar que tienen ambos dos. Y por falta de espacios para poder saborear tales exquisiteces no será, dado que además del comedor principal, La Tropical ofrece una barra con pintxos top y una terraza abierta todo el año, que en las noches de verano a partir de una determinada hora se convierte en terraza-bar, para poder ampliar nuestra tertulia gastronómica.

Sin más dilación, vayamos con lo que verdaderamente nos interesa, que no es otra cosa, que lo puramente gastronómico. Primero como entrante, para compartir, unos fresquísimos calamares a la plancha con mayonesa de ñora. Para los desconocedores de la ñora, entre los que me incluyo, les comento que la ñora es una variedad cultivada de pimiento, denominada "bola" en Alicante y Murcia, de las cuales se considera originaria, de pequeño tamaño, forma redonda y color rojo cuando está madura, que se deja secar al sol. Buen maridaje, desde luego.

Dada la zona geográfica en la que nos encontrábamos, los otros dos platos principales también fueron a base de productos derivados del mar. Por un lado, unos magníficos filetes de gallo San Pedro. Este pescado es tan especial; por su sabor, por su sinfín de denominaciones y por las distintas leyendas que dan origen a su nombre. Una de las que más me cautiva, desconozco cuanto de cierta es, es la que cuenta que su nombre común proviene de una leyenda, según la cual su mancha oscura corresponde a la huella de los dedos de San Pedro, quien habría sacado una moneda de oro de la boca de uno de estos peces ¿No les parece maravilloso?

El otro pescado, igualmente, colmó nuestras expectativas sobradamente. Lomo de lubina acompañado de verduritas. Mar y montaña en un plato. Excepcional. Ahora comprenderán ustedes, el porqué de la magia de la huerta murciana.

Y para terminar, y despertar el ser más goloso que existe en cada uno de nosotros, un soberbio brownie de chocolate, que no iba solo. Fresas y diferentes frutos secos adornaban el postre de manera eficaz. Bien.

¿Un poco de pescado en la zona del Mar Menor? Acérquense a La Tropical y degústenlo.

Última visita: 23/08/18
Web del restaurante
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C/ Santa Teresa, 66
30710 Los Alcázares
Murcia

968 575 005

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Palacio de Elorriaga

+34 945 26 36 16

Elorriaga, 15. (A 2 Km. de Vitoria) Vitoria-Gasteiz, Álava, España

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Gastronomía en un marco señorial

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Hoy visitamos un lugar bellísimo a las afueras de Vitoria. Se trata del Palacio de Elorriaga, edificio que data del siglo XVI, siendo testigo de miles de historias, como lugar de cárcel regentada para sacerdotes o refugio durante bombardeos de la guerra civil. Y a partir de aquí, los hermanos Ángel y Ramón Peral deciden restaurar esta auténtica maravilla, hecho que les llevó tres años. Reconstrucción la cual se llevó viga tras viga, como veremos a continuación.

Por ejemplo, se trajeron más de 1500 vigas de roble, procedentes de otros edificios antiguos. Y como curiosidad, dentro del restaurante, si miramos en la parte superior, observamos que se encuentra la primera de las tres vigas de olmo empleadas para la reconstrucción. Todo ello, con el fin de que domine el mobiliario de madera en la sala y queden siempre las vigas visibles, a las que se une unos tonos pastel en las paredes, que quizás dejen el local con una ligera falta de luz.

El comienzo fue más que ilusionante, puesto que se nos obsequió con un aperitivo de la tierra más que acertado: espuma de patata de Araba acompañado con una especie de hojaldre de maíz, que además de vistoso estaba exquisito. Gracias.

A continuación dos platos. Por un lado, huevo a baja temperatura sobre arroz negro y calamares. Materia prima de calidad, lo que, sin lugar a dudas, en un plato que se precie, tiene una importancia máxima. Unido a que la elaboración fue excelente, el plato quedó como su forma, redondo.

Y por otro lado, solomillo de ternera con salsa de trufa y patata torneada. Silencio. El rey de las carnes en la mesa. Máximo respeto. Nuevamente delicadamente elaborado y buen producto, con lo que otra nota elevada en el haber de este dignísimo restaurante.

Hablando de dignidad, acabamos nuestra jornada gastronómica, cual comensal más digno, es decir, con un postre a la altura de las circunstancias. Refrescante de maracuyá con helado de mandarina. Suena tan refrescante como realmente resultó. Buena manera para que poder reposar nuestros jugos gástricos.

Ya lo ven. Gastronomía en un espacio históricamente mágico es posible, y si eligen el Palacio de Elorriaga, más todavía.

Última visita: 22/07/18
Web del restaurante
Ver ubicación Longitud: -2º 38’ 28’’ Oeste Latitud: 42º 51’ 3’’ Norte

Elorriaga, 15
01192, Vitoria

945 26 36 16

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Atelier

+34 944 42 10 71

Juan Ajuriaguerra, Kalea 8 <m> Moyua 1 2 Bilbao, Bizkaia provincia, España

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Nueva localización, mayores sorpresas

Pello lo descubrió en septiembre de 2018

me encanta, uno de mis favoritos

Pues sí nuestro querido Fernando Canales, auténtico mago de los fogones, tras 25 años de jefe de máquinas de una joya como el Etxanobe, decide trasladar su nuevo sueño Etxanobe al centro de Bilbao, junto a su mano derecha Mikel Población. Comienza la carrera fulgurante del Atelier Etxanobe; el viejo Etxanobe ya es historia, pero dejará sin duda alguna, una huella imborrable en el mundo de la gastronomía. Nuevas inolvidables experiencias gastronómicas nos esperan.

En cuanto al local en sí, el espacio que nos ofrece ahora Canales nos provoca una mayor sensación de relax y confort. Es minimalista, cálido, silencioso y con pocas mesas, con el fin de que no existan elementos externos que puedan impedir que nos centremos en lo que realmente importa, que es la comida. Para no complicarnos y podamos saborear una mayor cantidad de sus obras de arte, sólo se ofrece una única propuesta. El Menú Chef Atelier con Maridaje o sin él. Ahora toca degustarlo.

El festín comenzó con dos aperitivos. Chipirón imitando al pulpo. Una auténtica maravilla. En dicho plato, como nos comentó Fernando, se trataba de imitar las patas de un pulpo, utilizando el cuerpo de un chipirón. No sólo el sabor era exquisito, sino el recipiente, el cual nos pareció una auténtica escultura. Dos artes en uno en el plato.

Nuevamente fuimos todo oídos en el segundo aperitivo: gamba roja del Mediterráneo soasada. Se nos recomendó que comenzáramos a comer la cabeza entera y a continuación el cuerpo ¿Por qué? esta gamba roja del Mediterráneo guarda sus huevas en la cabeza, en vez de hacerlo en el cuerpo, como lo hacen el resto de gambas, de modo que el sabor impactante se concentra en la cabeza.

Momento de los platos principales. Un plato que es un guiño a una de nuestras joyas de la gastronomía, pero con sus modificaciones. Fernando es muy inquieto y siempre va más allá. En esta ocasión se nos deleita con un ajo blanco de trufa con espárragos y gambas ¿Cuáles son las novedades? Como bien sabemos, en Málaga el ajoblanco se elabora con almendra y ajo; pues bien, Canales decide quitar el ajo y en su lugar poner trufa blanca "tuber albidum pico", además de aderezarlo con gamba, espárragos y un falso caviar también de trufa blanca. El resultado, espectacular.

Más sorpresas. Ensalada de bogavante y crema de coliflor. Doble D: delicadeza deliciosa. Una simple ensalada de bogavante, aligerada con una crema de coliflor, acompañada con huevas fabricadas por el propio equipo del restaurante, nos encantó. Pero, claro, de simple nada. Con Fernando todo es complejo. Las huevas eran especiales. Una de ellas elaborada a través de la cabeza del bogavante, y la otra, con yogurt y lima.

¿Y seguir con un bombón qué les parece? no se alarmen; todavía no han llegado los postres. En este caso se trata de un bombón de salmón elaborado a partir de un salmón marinado en casa, a base de tres capas. Una de salmón, otra de pomada de aguacate y la última de crujiente de arroz salvaje. Maravilla. Qué lástima que se saboree en unos pocos segundos.

A continuación uno de los platos gloriosos del antiguo Etxanobe: lasaña fría de anchoas en sopa de tomate. Anchoas marinadas en agua y vinagre sobre una hoja de pasta fresca y tenemos el plato. A priori, no resulta muy embriagador, pero el efecto final es inolvidable.

No abandonemos el mar: ragout de vieiras a la brasa con albahaca. Son vieiras elaboradas a la plancha que, para si cabe, agudicen su sabor a mar, vienen acompañadas de plancton y alga codium. Y aún hay más, señores. Purés de albahaca y espinacas para neutralizar el sabor de dicha vieira. Magnífico.

Estando en Bilbao, no podía faltar su símbolo marino, que no es otro que el bacalao. En esta oportunidad la propuesta de Canales es sobria, fina y ligera: bacalao con berenjena, aceitunas negras y maíz.

Y para finalizar con los pescados, atún. En concreto, atún soasado y espinaca amostazada. Soasado, porque se marina y cocina al momento con mucho calor durante unos pocos segundos. Se acompaña de una especie libanesa llamada sumac provocadora de sensaciones. Finalmente, el plato se acompaña de un puré de espinacas y mostaza, que podríamos catalogarlo, sin el menor atrevimiento, como el wasabi europeo.

Pasemos a las carnes. Hoy pichón para todos. Primero, pichón para comer con las manos. En este plato también hay instrucciones para poder saborearlo de la mejor manera posible. Fernando ha cocinado la patita del pichón a baja temperatura hasta convertirla en una piruleta tiernísima, acompañándola de una tosta de su paté y de una patata transparente y crujiente. Para no romper su creación, comamos con las manos patata, tosta y para acabar, el propio pichón.

La otra modalidad con la que fue presentado el pichón, igualmente, fue un auténtico deleite: pechuga de pichón con trufa. La pechuga estaba verdaderamente sabrosa y nos recordaba a un bocado de foie de pato. Para obtener un maridaje perfecto, qué mejor que una trufa negra como la tuber melanosporum. Magnífico.

Y así llegamos al momento más dulce. Primero, un capricho de flores de hinojo, fresa y tomate. Un postre que además de estar riquísimo tenía dos propiedades: digestiva y dentífrica. Sus aromas ligeros y florales nos ayudaban al proceso digestivo y por otro lado, nos hacía de dentífrico, dado que colaboraba en la limpieza del paladar.

Del siguiente dulce, crema de zanahoria, lima, jengibre y cardamomo en nitrógeno líquido no existe testimonio gráfico, puesto que Fernando nos dijo que se debía saborear inmediatamente, mientras nos iba preparando para la sorpresa final. Postre final que se va degustando, mientras el comensal disfruta de un paisaje a través de unas gafas de realidad virtual. Fernando deseaba que nos adentráramos en una fase más superior de la gastronomía: el Mindfulness de la gastronomía. Disfrute pleno de la gastronomía. En camino está.

Fin de fiesta: ahora ya sí en tres dimensiones, para enamorarnos de una deliciosa panna cotta violeta y yuzu. En realidad, se trata de un homenaje al archiconocido caramelo "pajarita de Madrid" acompañada de una canica líquida de yuzu, cítrico de origen asiático similar a una pequeña naranja, que nos explota en la boca.

Afortunadamente, con los cafés tuvimos otra dosis más de dulce, por si no nos habíamos saciado lo suficiente. Trufas de chocolate espectaculares, llamativas y preciosas mini baldosas de Bilbao y por último, socorridas nueces caramelizadas.

Si desean vivir una experiencia gastronómica única y especial, Atelier Etxanobe es el lugar ideal. En sus manos está el querer vivir una experiencia de este tipo.

Última visita: 25/07/18
Web del restaurante
Ver ubicación Longitud: -2º 55’ 53,256’’ Oeste Latitud: 43º 15’ 55,440’’ Norte

Juan Ajuriaguerra, 8
48009 Bilbao
Bizkaia

944 42 10 71

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Restaurante La Bodeguilla Lanciego

+34 945 25 00 73

Calle de Olaguíbel, 60 Vitoria-Gasteiz, Álava, España

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¿Desean pescado en Vitoria?

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Hoy visitamos un lugar en el cual lo primero qué nos va a sorprender es el origen de su denominación: La Bodeguilla Lanciego en Vitoria ¿Y cuál es el porqué de su nombre, dada una ubicación diferente? Pues la razón es bien sencilla. Cuando nació hace ya casi 60 años, comenzó su actividad vendiendo el vino de las cosechas del pueblo de Lanciego, en Rioja Alavesa. Con el paso del tiempo se fueron acompañando los vinos que se vendían con comidas y el restaurante echó a volar, para convertirse a día de hoy en una referencia en Vitoria.

Y además de pasado y presente, el futuro está asegurado, puesto que El joven Aitor Ocio, formado en el Basque Culinary Center, representa la tercera generación de esta casa, manteniendo la filosofía de sus anteriores generaciones, que siempre se ha basado en el producto fresco y la materia prima tradicional y de calidad. Por lo que respecta al local, nada que objetar. Un local no excesivamente clásico, con una buena separación de mesas y con mucha luz.

¿Y sobre la comida qué? Sin riesgos, pero con resultados óptimos. 2 entrantes. El primero consistía en unos boquerones caseros con ajo, perejil y alegrías riojanas. Calidad y sobriedad. Sin sorpresas. Ningún comensal podría sentirse decepcionado. Se lo aseguro.

El segundo entrante otro clásico, y más propio de la provincia limítrofe de Burgos: morcilla de Briviesca a la plancha con alegrías. En lo referente a este plato, no se conciben medias tintas; si uno es "simpatizante" de este producto, podrá glorificar su paladar. En caso contrario, mejor que pase a los dos platos estrellas de la jornada.

En cuanto a los platos principales, fueron dos clásicos que saciaron nuestros exigentes paladares hasta las últimas consecuencias. Por un lado, un chuletón de buey de los que hace época. Carne que era pura mantequilla y que se deshacía en nuestras delicadas bocas. Magnífico y soberbio.

Y por otro lado, uno de los reyes de los mares, con permiso de la merluza, volvió a deleitarnos una vez más con su sabor inconfundible: besugo a la plancha La magia de poder saborear el pescado más fresco alejados de la costa. Bravo.

Finalmente, los postres no se quedaron atrás. Tres a falta de uno. Nuevamente lo clásico al poder, con idéntico resultado: éxito total. Una tarta de hojaldre rellena de nata y crema exquisita. si el hojaldre es de calidad, no hay más que hablar señoría...

A continuación la socorrida tarta de queso, que no puede ni debe faltar en una selección de postres que se precie. Sin estridencias y alardes de ningún tipo. Correcta.

Por último, el postre más espectacular de la jornada y que les recomiendo tengan el gusto de degustarlo, si son amantes del dulce: canutillos de crema de una célebre pastelería de la ciudad. Tanto la textura de la masa como el sabor de la crema perduran en mis papilas gustativas. Fantástico.

Por mi parte, solo queda sugerirles e invitarles a acercarse a la Bodeguilla de Lanciego, si quieren saborear el mejor pescado de Vitoria, además de desearles unas muy felices vacaciones. Por cierto, ya tienen una nueva encuesta a su disposición.

Última visita: 21/07/18
Web del restaurante
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C/ Olaguibel 60,
Vitoria-Gasteiz, 01003

945 25 00 73

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Sidrería Marisquería El Campanu

+34 985 94 74 46

Calle Puente Romano, 4 Cangues d'Onis, Asturias, España

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Los tres mosqueteros

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Hoy visitamos un viejo conocido, pero en otro lugar. En su día ya les hablamos en este mismo blog de El Campanu ubicado en Ribadesella. Veamos qué nos depara dicho restaurante en la histórica Cangas de Onís. Dicha ciudad fue capital del Reino de Asturias hasta el año 774. En este término municipal tuvo lugar en el año 722 la Batalla de Covadonga, donde Don Pelayo venció a las fuerzas musulmanas y consolidó un poder y prestigio que le permitió permanecer independiente y fundar el primer reino cristiano. Y si quieren conocer algún Campanu más, les queda el de Oviedo, porque José Manuel Mori Cuesta 'El Marqués', propietario de dichos restaurantes ha querido dejar huella a lo largo de la provincia asturiana.

José Manuel además de amante de la gastronomía, tiene otra pasión, como es la pesca de salmón. Probablemente el número uno de los pescadores de salmón asturianos, puesto que ha capturado hasta en cinco ocasiones el campanu. Pero, ¿qué es exactamente el campanu? Respuesta sencilla: el primer salmón de la temporada que se pesca en los ríos asturianos. Más difícil su origen: cuentan que durante la Edad Media se repicaban las campanas para avisar del avistamiento de los primeros salmones que conseguían remontar los ríos asturianos cada año. Posteriormente, el repique de las campanas pasó a anunciar la pesca del primer ejemplar.

Después de un poco historia, me parece que es el momento de adentrarse en el tema gastronómico, que es lo que realmente nos ocupa. Cortesía de la casa, para poder ir calentando nuestros fríos cuerpos se nos ofreció un caldo de pixín y patatas sabrosísimo. Además de entonarnos, se nos abrieron las papilas gustativas, prestas a devorar los distintos manjares.

En un lugar donde los pescados y mariscos mandan, toda la cena fue a base de pescado. Comenzamos con unos calamares de potera fritos. Es una diferencia abismal cuando se trata de un calamar pescado a anzuelo que a arrastre. Los afortunados nosotros, los clientes. Gracias, José Manuel.

Y el otro entrante, una nueva maravilla más: fritos de merluza del pincho. Dominio del rebozado, como en el anterior plato e igualmente, una materia prima imposible de mejorar, gracias a que estoy seguro que llega al plato directamente desde las aguas más cercanas.

Los dos platos principales fueron unos pescados, que quedarán durante mucho tiempo en nuestra memoria gastronómica. Primero un sargo o mojarra, como se le conoce a este pescado azul, que todavía no está lo suficientemente valorado, cuando podría ser un perfecto sustituto del gran besugo. La verdad es que el placer de saborear dicho pescado al horno fue un auténtico placer.

Y por último, una lubina a la plancha, acompañada de unas espectaculares patatas panadera con cebolla ¿Dónde está la clave de su magia? Pues en lo que hemos comentado anteriormente; siempre pescados frescos y sin artificios, como salsas extrañas que oculten sus sabores naturales.

Ya ven, tienen donde escoger. A falta de un buen Campanu, tienen tres. De momento hoy, el de Cangas de Onís.

Última visita: 30/03/18
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Puente Romano, 4
Cangas de Onís

946 94 74 46

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Annua

+34 942 71 50 50

Paseo de la Barquera s/n (San Vicente de la Barquera) San Vicente de la Barquera, Cantabria , España

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Fusión culinaria sobre el mar Cantábrico

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Hoy visitamos un lugar cuyo proyecto comenzó en una ostrería situada en el bravo mar Cantábrico. Su entorno es maravilloso y la propia ubicación es igualmente muy especial: San Vicente de la Barquera. Allí se ubica una joya denominada Annua, dirigida de forma brillante por el chef Óscar Calleja, que se ha inspirado en la cocina mexicana, asiática y por supuesto, cántabra. El resultado habla por sí solo; acaba de obtener su segunda estrella Michelín.

Después de dejarse enamorar por su terraza y atravesar la cocina, acompañados de una anfitriona simpatiquísima y saludar a todo el equipo, nos adentramos en una sala discreta, moderna, elegante y minimalista, rodeada de inmensas cristaleras. El mar a nuestros pies. Un lujo para poder saborear bien el menú degustación Gastronómico o bien el Experience, que es un poco más amplio, y que es el que finalmente escogimos.

Siendo sinceros el principio abruma bastante, puesto que van llegando un sinfín de platos, los denominados snacks que se comen sin cubiertos, mientras uno aún está decidiendo qué vino escoger. Incluso, cortesía de la casa se sirve la famosa cerveza Inedit con sabor a regaliz y cilantro, promocionada por el inigualable Ferran Adrià, lo que provoca aún una mayor confusión. Un pequeño borrón, pero que para nada empaña una jornada gastronómica redonda.

Primero para abrir boca, un caldo montañés, con todo el sabor del compango de unas buenas alubias. Y a continuación una mantequilla pasiega, que quizás nos resultó un poco demasiado fuerte. Falta de costumbre.

Más. Espeto de doraducas de nuestra crianza. Pescado de la tierra y un guiño simpático a la cocina malagueña. Bien combinado con el ramallo y plancton, gran tributo a la cocina asiática. Del mismo modo, excepcional la tartaleta de erizo y foie. Óscar ha sabido aprovechar de maravilla la frontera con la hermosa Asturias. El erizo es un símbolo allí. Continuemos poco a poco, pues aún nos restan seis snacks antes de saborear los platos principales.

Espectacular el siguiente snack: txangurro de nécora de Noja. Máximo rendimiento del producto de la tierra. Más platos de la tierra: blini o tortita fina de Tudanca (municipio cántabro) con caviar. Sabores muy sutiles. Original donde los haya por su sabor e ingredientes fueron la ortiga y col fermentada.

Exquisito el centollo en nogada, tanto por la frescura del marisco como por la textura de la nogada, que es una especie de salsa elaborada con nueces y especias diversas.

El "trampantojo" de nigiri de langostino azul fue uno de los platos que más nos convenció. Además de un nuevo guiño a la cocina nipona, los sabores que Óscar logró a base de "engaños" fueron soberbios. Y ya por último, la rosca de camarones. Momento de tener presente a la rica cocina mexicana y su archiconocido picante. Bien.

¡¡Llegaron los cubiertos con la ostra, sopa de cilantro y chamoy!! No podía falta la ostra en el menú, dado que se cultivan frente a la cristalera en la que nos encontrábamos. Muy bien acompañada con el chamoy (condimento mexicano hecho a base de fruta deshidratada, chile, sal, azúcar y agua, de sabor entre dulce, picante y ácido) y la sopa de cilantro, que refrescaba de forma sublime.

Más. Coco y carabinero. Quizás el plato más complicado de "aceptar". Consistía en una sopa fría de coco que se aconsejaba ir degustándola con cuchara para ir pudiendo saborear los distintos componentes, además de los carabineros (rodajitas de pulpo, patatas cocidas...) Desgraciadamente, el pimentón que se le añadió resultó excesivamente ardiente.

Otra de las muchas sorpresas de la jornada: abalón ahumado a la brasa con crema de yogur. Primera vez que teníamos el placer de probar dicho molusco, el cual recuerda por su forma y con un poco de imaginación, a la oreja humana, con lo que por ese motivo también se le denomina oreja de mar. Nos dejó un tanto fríos, por su ausencia de sabor. Esperemos que al segundo intento, que lo habrá, haya más suerte.

A continuación, una auténtica exquisitez: bogavante al ajillo y mayonesa caliente de orégano. Delicioso. Como ya hemos comentado en más de una ocasión, si la materia prima es de calidad, más de la mitad del éxito está garantizado. A ello se unió una salsa muy bien escogida. Bravo.

Un plato exótico y con reminiscencias mexicanas: taco de hoja santa. Esta es de la familia de la pimienta negra y llega a medir hasta dos metros de altura, por lo que nuestro chef tuvo que cortar dichas enormes hojas y ajustarlas al tamaño de las tortitas. El resultado, una vez más, soberbio. Gracias, maestro.

Momento del pescado. Hallándonos en el mar Cantábrico no nos cabía duda que la diversidad sería inmensa. En esta ocasión Annua nos deleitó con una excelente lubina con guisantes. Suave, delicada, fresca y sabrosa. En definitiva, no se puede pedir más.

¿Y qué me dicen de las ricas vacas cántabras? Pues aquí tienen un ejemplo extraordinario de ello: vaca T, berenjena quemada y huitlacoche. La carne exquisita; poco hecha, para no ocultar su inmenso sabor. Y bien acompañada de una sabrosa berenjena y del permanente huitlacoche mexicano.

Para acabar, tres postres magníficos. Primero, un sorbete de fresa y espuma de leche merengada realmente refrescante. Impresionante, sobre todo, la delicadeza de la espuma. Un postre de los de recordar.

El segundo no le fue a la zaga: biscuit de platano y merengue de maíz. Los dos componentes principales, espectaculares. De los mejores biscuits que uno podría degustar y un merengue inolvidable por su excepcional originalidad. Nuevamente el maíz presente.

Y por último, pipas, cacao y pimienta rosa. Ejemplo de cómo se puede obtener tanto de tan poco. Las virutas de chocolate blanco, de llorar lágrimas de gozo. Y el resto, sobresaliente. Desde luego, que Óscar dio el do de pecho en la parte más dulce. Enhorabuena.

Finalmente, al tiempo que degustábamos un suculento café en una curiosa copa de cristal, cortesía de la casa, nos hicieron llegar diversos dulces: gominola de piña, milhojas de crema, bombón de pasión, lengua de gato y pistacho y anchoa. Curiosísima esta última, porque si bien uno saboreaba chocolate, lo que realmente sentían sus papilas gustativas era el sabor salado de una anchoa.Patrón de "trampantojo" sin igual.

Ya ven, si desean saborear ricas cocinas como la cántabra, mexicana y asiática sobre el mar, no existe un lugar tan perfecto como Annua. Disfrútenlo. Se lo recomiendo.

Última visita: 31/03/18
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Paseo de la Barquera s.n.
39540 San Vicente de la Barquera.
Cantabria, España

942 71 50 50

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Bocadero

+34 946 24 11 99

Cardenal Gardoki, 6 <m> Moyua 1 2 Bilbao, Bizkaia provincia, España

guardado por una persona

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Bilbao se acerca al Mediterráneo

Pello lo descubrió en febrero de 2018

está OK

Así es. Bilbao ha querido acercarnos la gastronomía mediterránea en un local de reciente apertura, el cual destaca por su especial estética, gracias al toque del diseñador Lázaro Rosa-Violán, artífice de otros restaurantes tan importantes como DiverXo. Ese espacio mágico es Bocadero, que nace con el espíritu de enseñarnos cuáles son los sabores y aromas predominantes de la rica cocina que destaca en dicho entorno geográfico. Cocina tan cercana, pero que a veces nos queda tan lejana.

El local como ya comentábamos es amplio y confortable, con formas suaves, luz tenue y detalles cuidados al milímetro y capacidad para mesas grandes, siempre manteniendo la comodidad y el espacio, para que la importancia se centre en los sabores de los platos. En definitiva, un lugar digno de ver, donde su gastronomía, quizás, quede ligeramente por debajo de la sala. La carta es muy variada, pero nosotros optamos por saborear uno de los 3 menús que ofrece Bocadero.

Comenzó la velada con 4 entrantes. El primero de ellos, uno típicamente mediterráneo: Dips mediterráneos con crudites y pan de pitta. Teníamos mucho para escoger: paté de remolacha, hummus, crema de queso, pisto... No todos rayaron a la misma altura, como cabía esperar, puesto que ahí radica la dificultad. Mucho y variado, complicado. El premio, quizás, se lo llevó el paté de remolacha.

Sigamos. Ensalada de tomates variados con bonito del norte y jamón de atún. Ese fue el segundo entrante. Más que correcto. Aunque nos sorprenda, las cosas sencillas son las que en la mayoría de los casos triunfan.

A continuación un clásico más, que está presente no sólo en las recetas mediterráneas, sino que es protagonista de todas las cocinas: croquetas de jamón ibérico. Es cierto que no fueron las mejores que haya tenido el placer de degustar, pero cumplieron el expediente y no emborronaron la sinfonía de platos que saboreamos.

Para finalizar con los entrantes, un plato que sí que podría entrar en el catálogo de platos mediterráneos: pollo frito crujiente con hierbas mediterráneas y salsa de mojo rojo. Lamentablemente, no fue lo más acertado de la noche. Fritura más que vulgar.

La segunda parte fue de más nivel, con unos platos de mayor personalidad. Empezamos con un arroz meloso de chipirones y langostinos, que sin duda fue lo mejor de todo lo que paladeamos. La textura y el sabor del arroz muy notables, pero más sorprendentes aún la calidad de los chipirones y langostinos. Más que brillante.

Para seguir con los segundos, otro plato típicamente mediterráneo: Tagliatelle con salsa de boletus y huevo a baja temperatura. Lo mejor que se puede decir sobre este plato es que no tenía nada que envidiar a las mejores variedades de pasta que nos ofrecen los restaurantes más especializados en ese tipo de producto. Enhorabuena.

Igualmente subió la nota media de la velada el siguiente plato: merluza a la brasa con ali oli y verduras de temporada. Desde luego que no se le puede negar mérito alguno, pero el riesgo suele ser al contrario. Si el producto es de calidad, en este caso la merluza, no obtener un buen plato es más bien un auténtico demérito.

Y por último, un plato más juvenil: hamburguesa con tomate asado, huevo y queso provolone. Lo que se comentó anteriormente para la pasta vale también para este caso. No tendría nada que envidiar al resto de hamburguesas de los mejores profesionales.

Finalmente, en el postre hubo unanimidad. Deseábamos algo ligero y digestivo y qué mejor que unas fresas en su jugo con helado de nata avainillada. Por si fuera poco, además de todo ello y para redondear todavía más el dulce, éste presentaba polvo de almendras y coco. En una palabra, magnífico.

Ya ven. Bocadero nos ha hecho un favor a los perezosos, que preferimos que la gastronomía foránea se acerque a nosotros, en vez de acercarnos nosotros a ella.

Última visita: 24/02/18
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Cardenal Gardoki, 6
48008 Bilbao

946 24 11 99

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Casa Eutimio

+34 985 85 00 12

Calle San Antonio s/n Lastres, Asturias, España

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Medio siglo de cocina asturiana

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Seguimos sin abandonar la bella región asturiana y decidimos visitar un pueblo marinero mágico, el cual ya de por sí solo emite un aura especial por su encanto, hechizo y atractivo: Lastres, donde nos espera un lugar creado para el yantar, concretamente, Casa Eutimio. Si nos dedicamos a tratar de detallar su larga historia, tendremos inicio, pero no fin. No obstante, merece la pena destacar unas pinceladas. Como es menester, el amor por la gastronomía lo heredaron María y Rafael Busta, de sus padres Rafael Eutimio Busta y Aida Rosales, que cuando el Restaurante atendía al nombre de "Miramar", no dejaron de servir miles de sardinas día tras día durante 50 años. Ahí es nada. Enhorabuena.

María no sólo aprendió este noble arte de la cocina de su madre, sino que también pasó una temporada en los fogones de la soberbia Casa Fermín, con el fin de añadirle una visión más moderna a la visión clásica gastronómica, que previamente ya le había enseñado su madre. Y dicho toque moderno, además de en los propios platos que se ofrece, se puede apreciar, sin ningún tipo de dudas, en el interior de la sala, la cual no ha dejado de mejorar en estos años; mesas blancas amplias y con buena separación, paredes tan blancas que dan más sensación de luz y finalmente, una vajilla compuesta por grandes platos y bonitas copas. Por cierto, una recomendación, si tienen la oportunidad, traten de reservar en las mesas pegadas junto al mar. Son maravillosas.

El menú fue sencillo, pero exquisito. 2 entrantes, y el primero de ellos todo un clásico: las croquetas de siempre. Estaban rellenas de jamón, que perdonen mi osadía, pero en mi opinión es, sin duda, el relleno estrella. Y si a ello le añadimos, una fritura limpia y exquisita, además de una bechamel espléndida, pues lo que tenemos es unas croquetas de primera.

Y un segundo entrante, también clásico, pero de altura: pinchos de merluza a la romana. Si es cierto que unas de las grandes especialidades de este local es su afamada merluza al estilo Eutimio, nosotros nos decantamos por algo más ligero, pero que del mismo modo, colmó sobradamente nuestras expectativas. Bravo.

Por último, dado que Casa Eutimio vive al lado del mar y vive del mar, no se podía desaprovechar la oportunidad de saborear un notable pescado al horno, que no era otro que una fresquísima lubina recién capturada del bravo Cantábrico. Textura sobria y sabrosa, bien acompañada de unas tiernas patatas panadera y una jugosa cebolla.

Igualmente, los postres también fueron protagonistas en la jornada gastronómica. Por un lado, el sempiterno arroz con leche. Es casi una obligación el demandar dicho postre una vez que se divisan tierras asturianas, puesto que ellos son los grandes maestros en la elaboración de estos dulces arroces y sus verdaderos impulsores. Rara vez defraudan y, por supuesto, en esta ocasión tampoco lo hicieron.

Para terminar el festival una tarta de queso con sorbete de frambuesa, muy atractiva a la vista, al mismo tiempo que poderosa en su sabor. En realidad, enamoraba a todos y cada uno de los sentidos, dominando su presentación y sabor. Trabajo de los que catalogamos de nota muy alta.

Si son amantes del mar y su gastronomía, hay un lugar muy especial, y ese no es otro que Casa Eutimio.


Última visita: 11/02/18
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C/san Antonio s/n 33330
Lastres-Colunga, Asturias

985 85 00 12

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Parador De Gijón Molino Viejo

+34 985 37 05 11

Parque Isabel la Católica s/n Gijón, Asturias, España

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La maxa del platu asturianu

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Hoy nos acercamos a una ciudad donde el mar le ha otorgado un carácter especial tanto en lo meramente social, como en lo gastronómico, que es los que nos ocupa y preocupa. Ese lugar no es otro que la histórica y acogedora Gijón, en cuyo Parador, donde se encuentra el restaurante Tamizia, disfrutamos de la magia culinaria asturiana. Y todo gracias al saber hacer del chef Marcos Serén, el cual a pesar de sus orígenes gallegos, es un auténtico conocedor de todos los productos asturianos.

Así es. Marcos ha fijado su interés en la materia prima que ofrece, bien sea el mar, bien sea la tierra del Principado, para elaborar platos realmente vanguardistas y con toques de originalidad. Estos platos modernos y renovadores contrastan en cierta medida con la austeridad, sobriedad y clásica decoración, en consonancia con el espacio en el cual nos encontramos, que no es otro que un Parador. A destacar, la notable separación entre mesas y sobre todo, los grandes ventanales que nos permiten hipnotizarnos, al observar corretear a las juguetonas ardillas por el Parque Isabel La Católica.

Centrándonos ya en lo gastronómico, el inicio fue más que ilusionante. Cortesía de la casa, y de modo muy acertado, se nos ofrecieron unas croquetas de cocido. Nada mejor que aquello para entrar en calor y entonarnos. La bechamel y textura de la croqueta, espectaculares, pero, sin duda, lo más mágico de todo, el relleno. Su sabor nos hacía recordar al completo compango de una auténtica fabada asturiana. Ya ven, Marcos teniendo presente en todo momento los sabores asturianos.

Entre los platos propiamente demandados por nosotros, todos notables, sin excepción alguna. El primer entrante muy sabroso: rollitos de berenjena rellenos de pisto. Una loa a los vegetales, que incluso hacían rendirse a los comensales más carnívoros y menos amigos de la verdura. Bravo, Marcos.

El segundo entrante fue, este sí, uno de los mimados y favoritos del lugar: cucurucho de chipirones fritos. El calamar frito en Asturias es un producto sagrado que en muy pocos sitios decepcionarán, algo que, lógicamente, tampoco sucedió aquí. La originalidad del cucurucho también destacable. Una manera más divertida para saborearlos.

En cuanto a los segundos platos, una vez más optamos por degustar especialidades típicas asturianas. Por un lado, arroz caldoso con "pitu caleya", trigueros y setas ¡¡Qué vamos a decir del pollo de corral asturiano, que no se haya dicho ya!! Simplemente animarles a que lo degusten, y si va acompañado de un arroz caldoso y con unas sabrosísimas setas, miel sobre hojuelas.

Y el segundo plato principal, como no podía ser de otra manera, el clásico y rey de los fogones asturianos: cachopo relleno de queso de sidra y jamón ibérico. Mucha sutileza mostró Marcos en este plato. No era un simple cachopo, puesto que pocos he saboreado tan jugosos, gracias al relleno y el queso. Ese toque de sidra muy imaginativo y efectivo.

De la misma manera, los postres fueron 100% astures: arroz con leche al estilo tradicional. Es la tierra por la que se reconoce dicho dulce, de modo que casi con toda seguridad en la mayoría de los fogones tendrán el placer de degustar máxima calidad. Su caramelo requemado con el que redondean el plato es insuperable.

Si bien el anterior postre es una joya asturiana, sí que es cierto que en el resto de comunidades también la tenemos la suerte de gozar de su sabor, algo que no sucede con el siguiente dulce: "frixuelos" rellenos de manzana. Podríamos decir que se tratan de unos creps al estilo asturiano, pero es mucho más que eso. Pruébenlo y me cuentan.

En Tamizia del Parador de Gijón disfrutarán de la mejor gastronomía asturiana de modo sosegado y envueltos por la naturaleza. Y es tan difícil encontrar eso...

Última visita: 10/02/18
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Avenida Torcuato Fernández Miranda, 15
33203 Gijón España


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El Retiro

+34 985 40 02 40

Carretera Pancar s/n Llanes, Asturias, España

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La delicada evolución de la tradición a la vanguardia

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Hoy visitamos un restaurante de origen tradicional y familiar, que con la llegada del nuevo chef, que no es otro que Ricardo González Sotres, logró dar un giro de 180º a la cocina que se ofrecía, situándolo en la vanguardia de la más moderna cocina asturiana, e incluso poder obtener recientemente una estrella Michelín. De la cocina tradicional de su abuela Mali Gutiérrez, Ricardo pasó a una gastronomía notablemente más elaborada, sin que el lugar acusara el cambio, de modo que la clientela consolidada, además de comer los productos típicos de la tierra, tuvo el placer de descubrir auténticas joyas gastronómicas. Todo ello en El Retiro en Pancar, Llanes (Asturias).

En cuanto al local propiamente dicho, nada más verlo enamora. El comedor se encuentra en una sala anexa, muy bien acondicionado y con apenas diez mesas, llamando la atención que en algunos casos muchas de ellas carecen de mantelería. Minimalismo hasta la última expresión. Y sin lugar a dudas, lo que más conquista nuestro mágico sentido de la vista es la ligera excavación de la sala en la roca. En un entorno tan especial es donde Ricardo día a día da rienda suelta a su imaginación sin límites, que se fue fraguando hace ya unos años en la escuela del grandísimo Nacho Manzano.

El comienzo fue sublime. Cortesía de la casa, la mesa en un visto y no visto se convirtió en un auténtico festín gastronómico desenfrenado. Mantequilla artesana para acompañar a una finísima tosta de pan; crujiente de algas con erizo, donde el yodo marino seducía nuestro paladar; clásico torto asturiano, pero con toque vanguardista, al ser suflado y con salmón; grandioso cono de quesos asturianos, manzana y membrillo, y por último, un surtido de quesos zamoranos (extrañamente no eran de la tierra), acompañados de un membrillo de manzana casero. Todo sensacional. Inolvidable.

Tras este inicio espectacular, nuestras expectativas no dejaron de crecer, pero afortunadamente fueron plenamente colmadas. Tomamos como entrante un fabuloso arroz con pitu de caleya. El arroz en su punto y jugoso, gracias al pimiento rojo y a la previamente cebolla pochada. Y qué decir del pitu, ese pollo de carne roja y prieta, que corretea libre y se alimenta sin pienso. Pues que gracias a todo ello, el conjunto estaba soberbio y nos encontrábamos ante un plato realmente redondo.

Vayamos a continuación con los tres platos principales. Primero, un pescado ligero: merluza de pincho con un escabeche cítrico, berberechos y algas. Si quisiéramos definir el plato con una palabra, esa sería refrescante. Pero desde luego que no sólo fue eso. Calidad y magnífico maridaje de sabores deberían acompañar a ese adjetivo. Por lo tanto, plato perfecto.

Otro clásico más, pero en este caso de la tierra: solomillo de vaca en su jugo a las brasas de encina. Si es que no era únicamente la carne la que estaba sabrosísima, la elección del fino puré de patata, los champiñones, las pequeñas zanahorias, los rabanitos, fueron todos ellos una acertadísima elección. Bravo.

Y, finalmente, un plato de caza: pichón a la brasa en dos cocciones, calabaza y zanahorias. La textura de la carne y la salsa, ambas dos, perfectas. No obstante, si algo hubiera que criticar al plato, es su falta de originalidad, dado que las similitudes en la composición de este y el anterior eran evidentes. Un punto a mejorar, sin duda.

Buen inicio, buen final. Todo en sintonía, dado que los postres fueron majestuosos. Por un lado, el cremoso caramelizado de azafrán y chocolate helado ¡¡Azafrán en un postre!! Oda a los contrastes y al arrojo, lo que ya por sí merece un reconocimiento y aplauso. Regresando al plato, destacar sus reminiscencias a la crema catalana.

Por último, uno de los postres estandartes de la cocina actual: esponja de chocolate y café o al que se ha optado por denominar en muchos lugares coulant de chocolate. Un tanto convencional, pero exquisito al mismo tiempo, por lo que nos satisfizo.

Emoción gastronómica en plena naturaleza. Eso es El Retiro.

Última visita: 19/11/17
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Pancar, s/n. Llanes
Asturias

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