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Glotona de morro fino

gastrolola

mostrando 19 sitios

Ronda 14

+34 914 11 17 30

Calle General Oraá 25 <m> Gregorio Marañón 7 10 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 122 personas

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RESTAURANTE NIKKEI CON RAICES ASTURIANAS EN MADRID

me gusta

Ya tenía ganas de probar la propuesta gastronómica de este sugerente Ronda 14 de cocina de corte nikkei con impronta asturiana.

Comenzamos el recién estrenado 2016 con buen pie, y es que Ronda 14 ha cumplido con las expectativas.

Viernes postReyes desapacible, apurando las vacaciones de estas “benditas” fechas, nos apostamos en Ronda 14 a poco más de las 14,00 horas. Por supuesto, no queda más remedio que el comedor al fondo de la planta calle, pero a pesar de que resulta algo desangelado, me consuela comprobar que somos los primeros y que esto nos dará ventaja si el servicio se tuerce. Espacio bien resuelto, a pesar de que las mesas están demasiado juntas.

De aperitivo una sin alcohol (2,50€) y vino tinto por copas La Multa de Calatayud (2,50€); más apurada la cantidad de esta última, imposible. No acompañan con algún detallito sólido, bien es cierto que así nos ahorramos suplemento por cubierto, pero igual compensa…

Carta más bien corta, que con buen saque, se puede casi tomar entera en un par o tres de visitas. Quiero recordar que la distribuyen en un primer apartado de entrantes y un segundo de sushi. Me sorprende que se mezclan platos clásicos como croquetas, cachopines o las famosas patatas rellenas, con el resto claramente peruano o nikkei.

El camarero o jefe de sala, no tengo su rango muy claro, se ofrece muy amablemente a ayudarnos con la comanda y, aunque inicialmente rechazo su ofrecimiento, finalmente acabo reclamándolo para probar los platos con más éxito o que definen mejor su cocina.

Ahí van!!!:
Para empezar unos clásicos nigiris de atún rojo (4,90€/ 2ud), de los que realmente podíamos haber prescindido porque no aportan nada interesante. Buenos, aunque en mi humilde opinión debo decir que el arroz del sushi en general, nos pareció demasiado pegajoso, con demasiado almidón.

Junto con los nigiris, gunkan de tartar de vieira con ají amarillo (4,20€/ 2ud), ingrediente este último muy presente en la mayoría de los platos, como así manifiesta abiertamente el camarero que atiende nuestra mesa. Muy ricos. A partir de aquí vamos in crecendo.

Seguimos con los nigiris de hamburguesa wagyu con queso tipo cabrales (4,90€/ 2ud) espectaculares, uno de los mejores platos sin duda. Matices de sabores y punto picante que aporta el rocoto.

Continuamos con el roll de mar y montaña de langostino y tira de ternera rematado con patatas paja (8,30€/ 4 ud). Muy buenos, el marisco con la carne resulta muy original.

Gyozas criollas de ternera y manitas de cerdo con cebolla roja (9,20€/ 4ud). Masa muy frita pero completamente desengrasada. De nuevo muy buenas.

Y terminamos con las imprescindibles y contundentes patatas rellenas de guiso de ternera, rebozadas en panko y acompañadas de ají amarillo (8,50€). Contundentes y de puchero. Muy bien ejecutadas, pero a mí este tipo de platos no me enamoran, me quedo con el resto de corte nikkei.

Yo acompañé toda la comanda con un par de copas de vino blanco de Cataluña uva Xarel-lo (2,50€), que maridó estupendamente con todos los platos.

El servicio se mantuvo a la altura y el ritmo fue perfecto, parece que definitivamente ya tienen engrasada la maquinaria.

Con una copa más de La Multa (2,50€), cuenta total 52,50€, más que económico teniendo en cuenta que no tomamos ni postre ni cafés, que nos reservábamos para merendar en Panda… Si añadimos un tiradito, ceviche o tataki o postre y cafés, hubieran sido unos 70€ que sigue siendo muy buena RCP.

En definitiva, propuesta informal novedosa, muy apetecible para paladares inquietos, a precios imbatibles.

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spider72

Lo del corte Nikkei no se yo gastrolola...vale que tiene tiraditos...pero también nigiris, rolls y demás...es una mezcla de estilos.

13 de enero de 2016

gastrolola

Pues eso, japo peruano, no? Aunque es verdad que no son todos los platos

13 de enero de 2016

KungFu

+34 911 63 31 15

Calle Luna 12 <m> Santo Domingo 2 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 51 personas

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A LAS PUERTAS DEL INFIERNO

está OK

En mi afán de seguir experimentando con nuevas cocinas y sabores a precios contenidos, me decanté por esta propuesta novedosa e informal en el centro de Madrid de la que ya había más de una buena referencia.

Embaucados por esa máxima ya tan manida de restaurante de auténtica cocina china al que acuden los chinos, acudimos a Kungfu Bar-Restaurante un viernes noche de finales de junio tras una sesión del Summa Flamenca más bien decepcionante, con la intención de conocer esa nueva cocina de la provincia interior de Guizhou con sabores especiados y picantes, distinta a la cocina china cantonesa occidentalizada a la que ya estamos demasiado acostumbrados.

Preocupados por llegar puntuales, abandonamos el teatro incluso antes de terminar el espectáculo, sin demasiada congoja, todo sea dicho, pero en cualquier caso asumiendo el compromiso contraído con nuestra reserva. Cuál no es mi sorpresa cuando al llegar al restaurante, más bien agitados, nos dicen con total seguridad que no hemos reservado mesa ¿Cómo que no? La noche del martes de esa misma semana a las 22,00 horas. No, no consta. Mi reacción es de enfado, por supuesto, pero no hay problema, aquí todo es sencillo, no esperamos más de un minuto y parece que ya hay una mesa libre. Oh, Oh!!! En una mesita literalmente pegada a la de otra pareja en medio de la sala, en el paso del servicio. Ahí no, la peor mesa del local después de haber reservado con suficiente antelación y haber corrido para llegar a la hora convenida, esto sí que NO!. Pero no hay problema, después de otro minuto escaso, ya tenemos otra mesita al fondo del local casi por arte de magia. Pues muy bien, muchas gracias, todo arreglado.

Local pequeño, mesas bastante juntas, casi acogedor, y sus ya famosas láminas de Bruce Lee protagonizando las paredes. Y, atención, sin aire acondicionado, que con la ola de calor africano que está cayendo estos días es importante tenerlo en cuenta.

Buen ambiente con clientela china acomodada muy joven, esto le aporta al local un aire diferente que casi te transporta al corazón de China.

Servicio muy amable a cargo de la jovencísima jefa de sala Jie Zhu, pareja del cocinero Yue Tan; propietarios del establecimiento que este verano cumple un año de vida.

Una vez acoplados, comenzamos a estudiar la carta con la absoluta convicción de que probaríamos algo diferente y con el suficiente arrojo para elegir sin miedo.

Menos mal que la elección no nos salió del todo bien y pudimos disfrutar de unas estupendas gambas fritas con pimienta negra que Jie Zhu nos aconsejó que tomáramos con la cáscara. Después de la primera, me pareció que en esto de las gambas sigue siendo mejor prescindir de la cáscara, aunque reconozco que estaba crujiente. Estaban bastante ricas (8,50€)

A continuación un arroz con verduras y carne que en carta nos había parecido más canalla y, como podéis apreciar en la foto, no parece más que un arroz tres delicias al uso, pero os aseguro que la carne estaba realmente buena, no como esa otra que se toma en esos otros chinos que no sabemos muy bien (o eso dice la leyenda) de dónde habrá salido. Sea de donde fuere aquella, esta estaba muy buena y el arroz perfecto de punto (7,95€).

Pues ya nos parecía que no era para tanto este chino tan chino del que todos hablaban. O es un timo, o es que hemos elegido rematadamente mal, porque todos los comensales chinos que nos rodeaban pedían unas soperas enormes llenas casi a rebosar de caldo y tropezones. Ante tal éxito preguntamos, desde nuestra más absoluta ignorancia, de qué se trataba y la encantadora jefa de sala nos comentó que era un plato nuevo fuera de carta muy popular en su tierra que elaboraban con productos importados de china que creo que no era más que la famosa olla caliente picante. Yo solo ver estas soperas llenas de caldo bien calentito y presumiblemente picante, con aquel calor; ya moría, sin embargo ellos lo tomaban con una naturalidad y una rapidez asombrosas. Eso sí, no le vimos el fondo a ninguna de ellas, imposible terminarlo todo!

Pues bien, a lo que iba, digo que menos mal que nuestra primera parte de la cena fue “tipical chino” porque la segunda parte fue cocina china auténticamente picante, de esa que a una paleta del picante como yo, le deja clavada en el sitio con la boca abierta porque soplas y soplas y no lo puedes soportar, y a un curtido experto le escuchas… ¡en su punto justo de picante! Sí señor!!! Pues no era más que una carne al estilo Miao (6,95€) y unas ancas de rana a otro estilo (13,95€), pero que para mí igualito, igualito de picante. Y como mi opinión no es en absoluto una referencia en esta cuestión, diré que mi pareja, que tampoco lo es, pero se precia de tener más paladar para los platos bien condimentados y picantes, también quedó superado por la experiencia.

En cualquier caso, a parte sarcasmos, la calidad del producto es muy muy buena, las verduras fresquísimas y la ejecución de los platos es perfecta. La lubina al estilo Qianggu se sirvió en la mesa de al lado, comandada por otros dos españolitos que, eso sí, dejaron el pabellón bien alto, ya que creo que disfrutaron mucho más de la comida que nosotros, al menos no se pasaron toda la cena haciendo aspavientos de no poder más con cada bocado.

Acompañamos los platos del “infierno” con un albariño Bicos (10,50€) con un diseño muy joven y divertido, que nos mantuvieron frío en un enfriador improvisado y que tuvimos que condurar para no emborracharnos, porque con el calor del local y el que nos proporcionaba los platos, bien podríamos habernos tomados dos botellas.

Sin postre ni cafés la cuenta ascendió a 47,85 euros. RCP estupenda.

A pesar del incidente de la reserva, la incomodidad de la sala y la falta de algunos detalles importantes, la experiencia fue muy interesante. El que nuestro paladar se resistiera no deja de ser un reto que nos empuja a seguir probando otras cocinas de lejos y también de aquí cerca. El objetivo es lo desconocido y ahí estamos, educando el paladar con cada experiencia culinaria diferente que se nos ponga por delante.

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Yanzoo

Ufff no te avisan del picante? O es que fuisteis a darlo todo?. Muy buena pinta pero para cuando no haga tanto caloret!!!

8 de julio de 2015

gastrolola

La verdad es que ahora que lo dices si nos preguntaron, pero dijimos nivel de picante normal. Efectivamente íbamos un poco subidos, pero eso de normal nada de nada

8 de julio de 2015

spider72

jajajajaaj joé ponle 4, que ha sido un carrusel de sensaciones...

9 de julio de 2015

gastrolola

Para la próxima. Si me atrevo....

9 de julio de 2015

La Chusquery

+34 910 70 32 15

Calle Mancebos, 2 <m> La Latina 5 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 90 personas

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LAS INFLUENCIAS CULINARIAS DEL MUNDO LLEGAN A LA LATINA

está OK

Los hermanos Roberto y Sergio Hernández y Ángel Jiménez son tres chef viajeros que se han recorrido medio continente asiático y parte del europeo y que deciden emprender camino a finales de 2014 con esta taberna “chusca” en el barrio de la Latina.

La ubicación es inmejorable, a un paso de la cava baja y muy cerca de la plaza Mayor, ideal para tomarse unos vinos o unas cañas y empapar el bebercio con platos contundentes y originales.

El local no es para tirar cohetes, pero resulta agradable y con un aire desenfadado gracias a los grafitis que tan de moda se han puesto (véase Chuka Ramen Bar o Umiko) y que en esta ocasión está protagonizado por un gato viajero en la pared del fondo y enmarcando la puerta del Laboratorio (la cocina) e incluso un toque bistro chic con un gran respaldo acolchado rojo al fondo.

Miércoles 3 de junio víspera de festivo en Madrid, tan sólo dos mesas para cenar; nos sorprendió y así lo comentamos con Roberto que atendió la sala con profesionalidad pero en un ambiente muy distendido, mostrando gran interés por nuestras impresiones de todos los platos para ir ajustando detalles. Nos comentó que están contentos y que la terraza jugará un papel importante en los meses estivales ya que el terrazeo de la zona es fundamental para la buena marcha del negocio.

Y vamos con el condumio. Carta apetecible con no demasiadas propuestas y la opción de media ración en casi todos los platos. Para acompañar vino por copas con escasa variedad e interés.

Fuera de carta un salmorejo con un toque de sardinas marinadas (6€). Rico, aunque no aportaba nada con respecto al resto de la carta. Pequeño fallo al no ofrecernos pan desde el principio y tener que esperar un poco hasta que nos lo sirvieron. Cesta a 2€ de calidad bastante mejorable.

½ de mollejas de corazón de vaca con setas agridulces (7,50€). Las mollejas las preparan en tres cocciones, al vacío, fritas y terminadas en parrilla. Aquí la cosa ya empieza a ser seria, tanto que al final me voy a hacer casquera! Buenísimas.

½ de ceviche tradicional (7€) con leche de tigre, pasta de ají amarillo, cebolla morada, cancha, aguacate y puré de batata. Sabor contundente que la batata suavizaba con gran acierto. De lo que más nos gustó.

A continuación no acertamos con la elección de los segundos porque tomamos lagarto y lágrima, platos muy parecidos que nos saturaron demasiado el estómago y el paladar:
½ de lagarto de cerdo ibérico con salsa nikey y siracha de piquillos (7€). Roberto nos preguntó por la carne porque recientemente han cambiado de proveedor, algunos trozos estaban duros, plato mejorable aunque con buen sabor.

Y para terminar, fuera de carta, como os comentaba, lágrima de cerdo ibérico (15€), con una preparación muy similar al anterior, pero definitivamente la carne estaba mucho más tierna y jugosa. Deberíamos haber aceptado la propuesta de Roberto y tomar el tataki en lugar del lagarto, pero los comentarios de que lo cortan demasiado grueso me desanimó.

Acompañamos con una copa de blanco Godello, Bolo (3€) que no me gustó demasiado y tres copas de Rioja Sonsierra crianza (2,80€/u) que acompañó bien las carnes.
Con un té verde con limón y hielo (2,25€) y un café (1,50€), cuenta final 60,15€.

Taberna restaurante con una cocina fusión sólida, sabores sin remilgos y precios comedidos en un enclave privilegiado, que seguro se consolidará.

Puntuación 3+ revisable.

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spider72

Yo les doy un 10 en cocina, espectacular, un cero en ambiente (los grafities son realmente feos, comparados con Umiko o Chuka...no hay color) y la ubicación me parece un error para ese tipo de cocina...no sé si el público de la latina lo va a apreciar. Aún así, disfruté mucho.

8 de junio de 2015

Yakitoro

+34 917 37 14 41

Calle de la Reina,41 <m> Sevilla 2 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 168 personas

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ROCK AND ROLL BY CHICOTE

está OK

Nueva visita a Yakitoro el 14 de marzo de 2015.

Esta vez voy acompañada. Acudimos sin reserva, prefiero la zona de taburetes con mesa corrida en torno al local.

Sigue con un nivel aceptable en sus platillos, aunque en la primera visita me gustó más.

Repetimos berenjenas en tempura con miso rojo y pimentón y boquerones en tempura con aderezo de ñoras dulces. Ricos
Tataki de atún con ajoblanco. Demasiado frío. Correcto.
Albóndigas de pollo picante y tocineta ibérica. Buen sabor.
Cordero marinado en yogur y hierbas, le faltaba rock and roll.

Acompañamos con copa de Gaba do Xil y dos copas de Les Cousins.

Total 38,40 euros sin postres ni cafés.

Buena opción para comida rápida e informal a precio moderado.

Bajo a 3,5*
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Tras algún que otro intento fallido por conseguir mesa en el nuevo y flamante restaurante del televisivo chef, el lunes 15 de septiembre “me sonrió la fortuna”; al ser lunes y comida supongo que me fue más fácil.

Al principio tenía mis reticencias y me daba pereza, pero al final, ya se sabe, ¿dónde va Vicente?... Pues eso, que no me iba a quedar sin probar el nuevo concepto culinario del crack Chicote por el que personalmente siento simpatía. Y quizás como mis expectativas no eran exigentes, me marche de Yakitoro encantada.

En su web Yakitoro se define como “un espacio inspirado en la tradicional taberna japonesa de yakitori, donde todo se cocina en directo y al carbón. Lo interpretamos a nuestra manera, para que todo sea muy cercano y muy nuestro.” “…un espacio divertido y desenfadado”, con “…un espíritu alegre y festivo.” Y dicen: “El gusto es nuestra guía fundamental”.

El establecimiento consigue trasladar ese espíritu alegre y desenfadado, pero creo que no merece la pena el desembolso económico que le han debido suponer estas mesas exclusivas con agujero en medio para mantener fresquitas las cervezas.
A mí, como iba sola y sin reserva, me colocaron en un huequito en la barra corrida con taburetes que flanquea todo el comedor, rodeada de macetas con dedicatorias de buena suerte para el chef y su compañera. Pero la verdad es que la idea de estas mesas con enfriador incorporado me parece incómoda e innecesaria porque la filosofía de compartir todos los platillos que creo que reina en la carta, se ve bastante dificultada por el susodicho agujero.
Además, se rumorea que “pierden agua”, lo que ya le debe estar causando a Chicote algún quebradero de cabeza.
Y encima compartes mesa con desconocidos. Esto está muy instaurado en otros países pero aquí no cuaja.
En definitiva, las mesas malditas de Yakitoro!

Aparte de esto, el local es amplio y muy luminoso, con grandes cristaleras para ver y dejarse ver. Hilo musical muy agradable que no entorpece la conversación.

Los camareros, ataviados con mono verde estilo militar, ofrecen un servicio eficaz. El ritmo de cocina, sin embargo, no es adecuado ya que al menos en mi caso me sirvieron todos los platos juntos, lo que provocó que me tomara las últimas albóndigas prácticamente frías.

Y voy a la comida. Como ya es habitual en este tipo de establecimientos informales, la carta de “yakitoros” (denominación interpretada de yakitori, brocheta de pollo japonesa) se divide en varias secciones con denominaciones sugerentes; de la tierra, del agua, de la granja, de la finca, yakibocatas, ensaladas de la huerta, para acompañar y final dulce. Los precios de cada plato oscilan entre 3€ y 6,70€, la mayor parte de ellos como decía, para compartir, lo que permite probar muchos bocados a un precio módico.

Como iba sola estaba obligada a tomar ración doble, o sea dos brochetas en lugar de una, por lo que tuve que sacrificar la variedad.

De la tierra, Dados de berenjena en tempura con miso rojo y pimentón (3,60€). Muy ricos, berenjena suave, tempura perfecta, buen acompañamiento de la salsa.

Del agua, Boquerones fritos en tempura con aderezo de ñoras dulce (5€). Boquerones riquísimos, tempura de nuevo perfecta, el toque de la ñora dulce a mi particularmente no me gustó mucho, pero es que en general no me gustan los sabores dulces con los salados, por lo que es una opinión muy personal.

De la granja, Albóndigas picantes de pollo y tocineta ibérica (5,70€). Buenísimas, recubiertas con una especie de salsa barbacoa muy sabrosa, la mano del carbón está bien presente. El punto de picante, para mi paladar de gusto moderado, perfecto.

Con una copa de vino blanco Gaba do Xil (3,25€), 17,55€. Hay que tener en cuenta que no tomé pan (cesta 2,80€), ni postre, ni café, pero aún así me parece un precio excepcional ya que además terminé más que saciada.

Desde mi punto de vista y a pesar de que inicialmente la fórmula de Chicote no me inspiraba mucha confianza, creo que casi lo ha clavado; cocina rica y sabrosona, muy bien ejecutada, apetecible y para compartir, elaboraciones reconocibles pero con un toque propio, y precios imbatibles. Hasta aquí, ole por Chicote!!! El casi, evidentemente, está dedicado a sus famosas mesas, tanta innovación le ha jugado una mala pasada.

Mis cuatro estrellas son gracias a que no las sufrí ni las compartí. Como pienso volver acompañada, la próxima visita determinará mi puntuación definitiva.

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spider72

Me parece muy bien, la verdad que sabes a lo que vas, tiene su gracia

21 de septiembre de 2014

Bacira

+34 918 66 40 30

Calle del Castillo 16 <m> Iglesia 1 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 262 personas

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¿QUÉ TIENE BACIRA QUE NO TENGAN OTROS?

está OK

Bacira nos invita a “una experiencia gastronómica donde el Mediterráneo y Asia se dan la mano”. Proyecto de un trío de ases al estilo Triciclo que después de su encuentro en Nikkei 225 deciden emprender su propio negocio en el barrio de Chamberí.

Se encuentran con el local del efímero Amasia y se lanzan al abismo de la restauración madrileña en pleno mes de julio. Momento bien arriesgo, nos comenta el camarero que nos atiende en sala, “…pero estamos muy contentos. Ya tenemos lleno el próximo sábado y el siguiente y el siguiente. Y mañana y el viernes también…” Y es que cuando los madrileños simpatizamos con un local, vamos a muerte, lo lanzamos al estrellato y lo colocamos en un abrir y cerrar de ojos en los primeros puestos de la lista de top ten!

Y efectivamente es un concepto interesante, que no novedoso, como decía recuerda a Triciclo en la idea de profesionales del gremio que se asocian para crear proyecto propio con una fórmula informal, de precios más o menos ajustados (así, así), local desenfadado (en este caso recuerda más a una gran taberna bien puesta) y cocina elaborada (más gastronómico éste que aquel).

Miércoles 3 de septiembre 22,30 horas local a rebosar, incluso un poco más tarde alguno que otro, copita en la barra (¡qué marchita de diario, un lujo!)

Llegamos apurados después de sesión de cine, pero puntuales. Nuestra mesa no es de las mejores, nos castigan en un rincón del local, aunque la verdad es que mesas buenas buenas podemos considerar tres, las tres que no se montan casi literalmente sobre las de los lados y que ocupan el lugar central del amplio local con algunas columnas que aportan calidez al espacio. El zócalo en tonos verdes, grises y blancos le imprime ese toque tabernario muy acertado. Mesas y sillas blancas muy sencillas gama Ikea con camino de mesa y buenas servilletas de tela en un verde intenso. Vajilla blanca de corte nórdico.

Tardan un poco en ofrecernos la carta, pero a partir de aquí los tiempos son correctos. Los platos se distribuyen en tres bloques, Para empezar…, Para seguir… y Dulces recuerdos. Además, un primer apartado de Fuera de carta. Como ya casi es obligado, algunos de ellos se ofrecen en medias raciones.

Aperitivo de yogurt griego, remolacha y huevas de mujol. Bien, pero mejor más pequeño, menos remolacha para equilibrar el sabor de todos los ingredientes. Rebanadas de pan especiales, pero correoso (1,5€ cubierto/ p).

Para empezar:

-Anguila ahumada con ricotta, tomates secos, brotes tiernos y quinoa crispy (8€ ración). Buenísima. Para mí fue una grata sorpresa porque descubrí que sí me gusta la anguila, lo que no me gusta es la anguila macerada en soja de los japos. Cantidad más que generosa con buena calidad del producto. De lo mejor de la cena.

-Niguiris de atún rojo (8€ , 2ud). Estaban ricos, pero la calidad del atún no estaba a la altura del precio.

-Tartar de atún picante con aguacate, alga wakame y pomelo rosa (8€, ½ ración). Bueno, el picante se les olvidó por completo, la combinación con el aguacate y el pomelo muy acertada, pero el tartar no se presentó armado, con trozos de atún en tapas en lugar de cortado en dados. Quizás quieran darle un toque distinto, en la foto que aparece en su web es como yo lo esperaba, pero podéis comprobar en la mía que el parecido es lejano y no creo que lo justifique que fuera media ración.

Para seguir:

-Bacalao confitado con crema suave de ajos tiernos y piparras (16€ ración), que tomó mi pareja. Buen producto y ejecución perfecta.

-Tiradito de vieiras con tobiko, brotes, cortezas y yuzu (12€). Yo pedí el tiradito de lubina, lo prometo, pero el camarero escuchó vieira. Acepté tomármelo, él se disculpó hasta la saciedad. No había problema, de hecho hacía bastante tiempo que no tomaba vieira, me gustan, pero si tengo otra opción siempre me decanto por ésta. A pesar del error estaba muy muy bueno. Las pequeñas cortezitas un puntazo.

Mi verdadero pesar fue no haber pedido las albóndigas de rabo de toro, pero me rajé pensando que serían demasiado fuertes para cenar. En la mesa de al lado fueron más valientes y que pintaza…! Quedan pendientes.

Para acompañar la cena tomamos un blanco Navaherreros 2012 D.O. Madrid, uvas albillo y macabeo (16€), muy bueno. Carta de vinos con referencias muy interesantes a buen precio. Además de vinos blancos y tintos, tienen un apartado de vinos espumosos y otro de vermut, generosos y una cerveza artesanal.

Terminamos con un dulce recuerdo, nuestra versión del “Drácula” (5€) con fresas, grosellas, coulant de fresas y helado de vainilla. Riquísimo.

Con una botella de agua con gas pequeña, 78,50€.

Restaurante con un formato muy de moda con cuidada cocina fusión a precios razonables. La cuestión es que se empieza a globalizar la oferta y ya es difícil encontrar la verdadera identidad de muchos establecimientos; acaso es que no tenemos que buscarla…

En rigor, 3,5 estrellas. En nuestra próxima visita optará a 4.

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ver comentarios anteriores (1)

Gath

Muy buena reseña.

4 de septiembre de 2014

gastrolola

Gracias!!!!

4 de septiembre de 2014

Miss Migas

Vaya, coincidimos en fecha y hora!! Y comimos similar!!

5 de septiembre de 2014

spider72

Buena reseña Lola, aunque yo le pongo 5. Me pareció mucho mejor que Triciclo y más barato. La verdad es que al leer tu opinión me parecen pocas stars que te gusto mucho casi todo

5 de septiembre de 2014

gastrolola

Quizás tienes razón Spider, pero aún tiene casi 4 porque de los tres primeros realmente solo me pareció q estuviera a la altura de lo q esperaba la anguila, así q voy a ser dura y voy a mantener las 3. Prometo volver este invierno con muchas ganas de subir puntuación porque creo q promete. Con respecto a Triciclo tengo muchas ganas de volver porque yo fui al principio de su apertura y el concepto entonces era totalmente novedoso, pero es imposible, siempre completo!!!ver comentario completo

6 de septiembre de 2014

Pilar Castellanos Fernandez

Bacira ha sorprendido a propios y extraños, yo ya he ido cuatro veces y tengo una nueva reserva para dentro de quince días. Hoy he probado el menú del día que no lo había hecho hasta ahora, me ha encantado. Me encantan todos sus platos, calidad y precio inigualable, todo cocinado con mucha ilusión y mimo. Me encanta que los cocineros salgan a hablar e incluso sirvan algún plato a los clientes. Un servicio muy bueno. Se lo recomiendo a todo el mundo y sobre todo muy buena idea lo de las medias raciones. Solo me queda felicitarlesver comentario completo

26 de septiembre de 2014

Cachivache

+34 917 52 41 76

Calle Serrano 221 <m> Concha Espina 9 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 91 personas

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OTRA NUEVA “NEOTABERNA” EN MADRID

está OK

Cachivache taberna se define como “una nueva forma de hacer taberna” y declaran que su fórmula consiste en “Calidad, cuidado por el detalle, desenfado, gastronomía y nuestros clientes como protagonistas”.

Esto de las nuevas tabernas me descoloca un poco porque la verdad es que no tengo muy claro el concepto. Son tantos (o al menos unos pocos) los que se autodefinen de esta guisa, con ideas de negocio tan distintas, que parece que todo vale.

En mi modesta opinión Cachivache no es una taberna, ni siquiera un nuevo concepto de taberna. Ese tufillo especial que siempre debe desprender un establecimiento que presuma de ser una taberna yo no lo encontré aquí. Restaurante informal, de tapas y platillos a precios moderados; se lo compro, pero hasta ahí.

A su favor una RCCP (relación calidad/cantidad/precio) muy aceptable, aunque sacrifico cantidad por calidad, carta variada con muchos platos apetecibles, servicio amable, buen diseño y ambiente desenfadado.

Carta distribuida en varias secciones; Cuarto frío, frituras, nuestras cocas, las tapas preferidas, salteados, para terminar y postres. Ningún plato supera los 20€, el más caro es el lomo de buey (300 gr.) a 17€ y la media gira en torno a 9€. Los platos invitan a compartir ya que las cantidades, como os decía, son generosas.

Para cuatro personas pedimos para compartir ensaladilla (8,50€), correcta, 3 tortillitas de camarones (1,90€/ ud), después de probar las de Surtopía nada es igual y coca chantare de varias setas fuera de carta (8,90€), rica.

De segundos, tosta de roast beef también fuera de carta (6,50€) que tenía muy buena pinta, tartare de atún rojo con ajo blanco (homenaje al Nodo) (12€), aquí es donde hubiera preferido menos cantidad y más calidad, especialmente en un tartare y más si quiero homenajear al Nodo, muy osado por su parte, yo, si fuera el Nodo, no se si me enorgullecería demasiado de este guiño, la verdad; una hamburguesa americana (7,50€), correcta y albóndigas de butifarra del Valle de Arán con salsa de Perigordeaux (12,50€) de apariencia bastante pesadas que uno de los comensales tuvo la osadía de meterse entre pecho y espalda gracias a que en este caso la ración sí era moderada.

Bebidas y cafés a un precio muy razonable: 3 copas de vino (2,60€/ ud), 2 dobles de cerveza sin (2,60/ud), una copa de cava (3,50€), una botella pequeña de agua con gas (2,10€), un cortado, un descafeinado (1,60/ud) y 2 poleos (1,90€). Total 89,95€, menos de 23€ por persona.

“Restaurante” correcto a precios muy competitivos al que no me importaría volver si estuviera por el centro.

Visita 18 de junio de 2014

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Restaurante Al Trapo

- cerrado

Calle Caballero de Gracia, 11 <m> Gran Via 1 5 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 96 personas

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LA NUEVA FORMULA GASTRONOMICA: ALTA COCINA INFORMAL

está OK

Segunda visita a Al Trapo miércoles 27 de agosto tras sesión de cine.

Cena improvisada. En una semana escasa hemos constatado que lo de la improvisación no es lo nuestro. El miércoles habíamos optado por fórmula relajada e informal en la taberna El Sifón. Establecimiento chulo con buena cerveza La Vírgen, pero "la carta para comer" rebajó tanto nuestras expectativas que dedicimos lanzarnos a la aventura.
Se me ocurrió probar con Yakitoro, en un miércoles de agosto en un restaurante con tanto aforo no tendríamos problema: No, no, no. Error, error y requeterror. Y es que no solemos salir a diario y no estamos en la onda madrileña; hasta la bandera! Qué ambientazo! Me daba un poco de pereza, pero ahora me muero por una de esas mesas con agujero...
Así es que tercera y última opción que se nos viniera a la cabeza en la zona: Al Trapo, carete para un miércoles sin muchas pretensiones, pero de perdidos al río.

Parece que hay mesas libres, estamos salvados! Sin embargo, el camarero que nos recibe consulta la aplicación informática de reservas (supongo que es esto lo que consulta en el terminal informático) y nos comenta que en la sala principal del entresuelo no es posible acoplarnos (estarán reservadas, claro), no hay problema, aceptamos una mesa en la zona de la entrada, está un poco oscura y desangelada, pero que le vamos a hacer... Al lado de los libritos estaremos cómodos. Cual no fue mi sorpresa cuando a lo largo de la velada fui testigo de cómo iban acomodando a nuevos clientes sin reserva en las mesas de la sala principal, eso sí, atendidos por la jefa de sala. Mala suerte!!! Pero no perdono el detalle.

Nos sirvieron el agua con gas que solo había pedido mi pareja, pero tardaron alrededor de 15' en servirnos las copas de vino blanco que habíamos solicitado al mismo tiempo y en tomarnos nota de la comanda. La jefa de sala se disculpó al respecto. A partir de aquí todo fue bien, aunque volvieron a servirnos el aperitivo y los dos entrantes juntos demasiado deprisa.

En cuanto a la comida, de nuevo todo muy rico. Repetimos los aireados de tortilla española, esta vez sin interrupciones incómodas. Para compartir también tomamos un rollito vietnamita de navajas de la sección Tan lejos, tan cerca nueva incorporación en la carta (14€).

Platos principales Brioche "La France" con papada, cacahuetes y teriyaki (12€) y picantón con especies árabes, cogollos y yogurt (15€) muy muy bueno, también novedad.

Como íbamos en plan "tranqui" prescindimos de postres y café, sin embargo, nos pusieron un árbol de la vida cortesía de la casa (algodón de azúcar con unos toques de flores comestibles y perlas de chocolate blanco y negro).

Factura final 58€. En esta ocasión los vinos por copas tuvieron un precio más razonable (7€ dos copas). Agua con gas San Pellegrino 4€.

Mantengo las tres estrellas, a pesar de la amabilidad de la maitre sigue habiendo errores en sala que desequilibran el balance final del restaurante.

Disculpad que no añada fotos, la sala eran tan oscura que la calidad de las mismas es pésima y desmerece los platos.
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El Hotel de las Letras de la Gran Vía madrileña ha fichado a Paco Morales como asesor gastronómico de su nuevo proyecto gastronómico “Al Trapo” inaugurado el pasado 15 de noviembre de 2014.

El joven chef se ha formado en casas de renombre como Guggenheim Bilbao, Mugaritz y el Bulli. Tras su marcha de la capital en 2009 donde dirigía los fogones del restaurante Senzone del Hotel Hospes en la Puerta de Alcalá, consiguió una estrella Michelín y dos soles Repsol en el restaurante del Hotel Ferrero en la ciudad valenciana de Bocairent, que abandonó en marzo de 2013.

Ahora inicia una nueva etapa con el asesoramiento gastronómico de “Al Trapo” junto con la dirección gastronómica del Hotel Torralbenc, en Menorca, al tiempo que se ha instalado en su ciudad natal, Córdoba, donde prepara la apertura de su propio negocio.

Define el proyecto de Al Trapo como “alta cocina informal”, “una propuesta libre y fresca…para extender la alta cocina hacia la mayor cantidad de público posible”.

Tuvimos la oportunidad de conocer la cocina de Paco Morales en Senzone. Nos dejó tan buen gusto que era obligado rengancharnos con este nuevo concepto.

Acudimos a comer el pasado sábado 2 de febrero de 2014 con unos amigos.

El espacio está situado en la parte trasera del hotel, con acceso desde la calle Clavel.

Cuanta con algunas mesas a la entrada y comedor principal en entresuelo, con una barra alta al fondo donde se terminan algunos platos.

La luz ocupa un papel importante en la creación de un ambiente casi acogedor, con tonos claros y mesas desnudas de ambiente nórdico. Y en este punto podríamos debatir acerca de mantelería a favor o en contra. En espacios de estas características con un mayor número de ejemplos cada día (Triciclo, Moratín, Chifa, Streetxo, etc) no tiene sentido el mantel de lino; ambientes informales y desenfadados bien alejados de clasicismos. Pero de aquí a plantar los cubiertos directamente encima de la mesa…va un trecho.

Y en lo que estábamos. Al Trapo es un concepto claramente informal. Su carta está estructurada por “sensaciones” en distintos apartados alejados de los clásicos entrantes, principales y postres: “Para comer con la mano y chuparse los dedos”, “Suaves y elegantes”, “Pícaros y picantes”, “Mar de meseta”, “De aquí al lado, de la esquina” o el “Tan lejos, tan cerca”, que incluyen de cuatro a seis platos. Por último, “Quesos de aquí y de allá” y “Dulces, pequeños delitos”.

Carta de vinos corta con referencias clásicas y otras más novedosas como el tinto de Madrid “4 monos” (24€). Algunos de ellos, como éste, se sirven por copas a precios elevados (5€)

El ambiente y la distribución de la carta recuerdan a Triciclo. La cocina es de mayor altura.

Reciben al comensal con un aperitivo de fuet con pan tostado, aceite de oliva y polvo de tomate servido en papel (al modo de Streetxo).

Al ser cuatro personas pudimos probar bastantes “entrantes” para compartir. De la sección de “Para comer con la mano y chuparse los dedos”:

Aireados de tortilla española con pimiento verde y anchoa (6€/4 unidades)
Berberechos en salsa verde (12,50€)
Bollo preñao con morcilla de Burgos y huevo de codorniz con tocino ibérico (3,50€/Unidad)

Servicio descompasado, los primeros platos se sirven a un ritmo trepidante y no te dejan disfrutarlos.

La nota del vino se retrasa, la primera elección nos comunican que no está disponible, la botella definitiva se sirve cuando ya tenemos en la mesa los aireados de tortilla española y debo catarlo con mi aireado en la boca…Bocatto di Cardinale que se convierte en coitus interruptus!

Continuamos con dos platos de la sección “Suaves y elegantes”:

Raviolis de manitas de cordero con salsa Perigord y tuber melanosporum (18€)
Alcachofas salteadas con láminas de tocino ibérico, mahonesa de cebollino y migas crujientes (12,50€)

Aquí, por fin, el servicio se relaja.

Ni que decir que todos los platos son excepcionales, del aireado de tortilla española ya os he comentado…, la salsa verde de los berberechos era realmente salsa de algas, uno de los comensales acabó tomándosela a cucharadas, otra llenaba una y otra vez las conchas del berberecho vacías…, el bollo preñao recibió los mismísimos halagos, los raviolis finísimos, para mojar y mojar pan en la salsa Perigord. Las alcachofas baby fue el plato más previsible.

A continuación optamos por pedir un plato “principal” cada uno:

De la sección “Pícaros y picantes” yo elegí pluma de cerdo ibérico macerada con fondo untuoso de jamón ibérico, guindilla y pack-choi (16€). El olor decía cómeme; estupenda.
De “Mar de meseta” mi amiga se inclinó por calamarcitos salteados con su fondo, coliflor en royal y puré con jugo espumoso de pimienta negra (14€). La presentación era original y llamativa. Muy rico.
“De aquí al lado, de la esquina” su pareja eligió tartar de solomillo de ternera aliñado con helado de mostaza y salsa de pimienta negra (16€). La presentación, de 10, el sabor de 100.
Y de “Tan lejos, tan cerca” berza salteada con su puré y sesos rebozados de cordero (14€) para mi pareja. Gran plato para los amantes de la casquería.

Y ya metidos en faena nos mostraron la tabla de quesos y nos vinimos arriba; solicitamos una degustación de todos los quesos de la casa.

Aquí la cosa se empezó a complicar de nuevo. Uno de los camareros nos anima con demasiado tesón a que tomemos otra botella de vino y con buena intención nos sugiere que nos saldrá más económica que por copas y yo me encuentro de nuevo presionada, pensando apresuradamente si me apetece seguir con el mismo vino o prefiero cambiar.
En cualquier caso no supusimos que la degustación sería de tamaña dimensión (después el precio confirmó nuestro desatino, 36€!!!). En cuanto al vino, dos copas del mismo tinto para los chicos (5€/u) y dos copas de PX para las chicas (5€/u).

Incluso nos sugieren un postre. Imposible!!! Varios cafés (3,35€/u) y té verde (3,50€) con algodón de azúcar con polvo de chocolate.

La sorpresa final llega con la cuenta, 277,50€. ¡Casi 70€ por persona!
Habíamos tomado muchos platos y nos temíamos que la degustación de quesos sería una clavada, pero 70 euros por persona no estaba justificado de ninguna manera.
Y al revisar la cuenta encontré el error. Dos tablas de queso en lugar de una (38€, aunque la primera la habían cobrado a 36€?) y 3 copas más de vino (12€). 50€ más. Error inexplicable e imperdonable.

Finalmente algo más de 55€ por persona, teniendo en cuenta todo lo que comimos y bebimos, precio razonable.

Aún así, cuidado con aguas, cafés y similares. Botella de agua ½ 4€, copas de vino 5€, cafés 3,35€, infusión 3,50€.

En definitiva, el concepto de alta cocina informal se cumple plenamente en cocina, pero el servicio, a pesar de ser amable, resta enteros y esto es imperdonable en un restaurante en el que se aprecia talento y esfuerzo para que esta nueva fórmula tenga éxito.

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acme

Estos sitios que comercian con el agua o el café me tocan bastante las narices. Ya no te digo lo del vino, que parece que alguno no se ha dado cuenta que seguir clavando sin sentido lo que hace es que pierdas clientes.

Quería ir este finde pero ya me estáis haciendo dudar.

3 de febrero de 2014

Gath

Excelente reseña.

Coincidimos bastante, la cocina es muy interesante, pero la sala tiene detalles impropios de la calidad que pretender dar al lugar.

3 de febrero de 2014

Sr Rodriguez

La pena es que creo que el restaurante, para ciertas cosas (café, agua...etc) tiene precios del hotel en el que se encuentra

4 de febrero de 2014

acme

Es que un café a 3,35 es casi denunciable.

4 de febrero de 2014

Sr Rodriguez

Acme, tu has estado en algún estrellado y los precios andan por ahí. Me cuentan que en Freixa por ejemplo por una caña te calzan 5 euros (una Mahou 5 estrellas, ningún valor añadido aportado por el estrellado)

4 de febrero de 2014

acme

Tienes toda la razón pero al Trapo se vende como "informal" y estrella aún no tiene.
Además, también hay estrellados que no te cobran el agua, que gente honesta hay en todas partes, hasta en el mundo de la cocina :)

4 de febrero de 2014

Sr Rodriguez

Tienes razon. Al menos tienes la info para evitar sustos

4 de febrero de 2014

gastrolola

Gracias José Luis.
Acme, no te desanimes, merece la pena probar la cocina de Al Trapo. Los precios de los vinos por botella son razonables. Si prescindes de agua y cafés no tendrás sustos.
Ya nos contarás.

5 de febrero de 2014

Felipe

Si la botella está en 24€, cobrar 5€ por la copa no es exagerado. De una botella salen 7 copas, por lo que el precio por copas sale a menos de 50% más.

22 de febrero de 2014

La Bomba Bistrot

- cerrado

Calle Pedro Muguruza, 5 <m> Cuzco 10 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 255 personas

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NO SE LE PUEDE LLAMAR COMER MUY BIEN

está OK

Christophe Pais es el chef y propietario de La Bomba Bistro, restaurante inaugurado en junio de 2013 en el barrio de Cuzco, tras un año de la apertura de su hermano menor, La Bomba Rice Bar en Chueca. Además, Christophe está al frente de la web noselepuedellamarcocina.com

Afán de bistró parisino en el comedor, realmente acogedor en tonos rojos, amarillos y ocres; en las mesas, con sus caminos de mesa en cuadros rojos y blancos a juego con la servilleta de tela, vajilla blanca y una sencilla jarrita con un tulipán; y en el ambiente desenfadado, con público mayoritariamente joven (quiero decir de esos jóvenes rozando los 40…) En estas cuestiones, supera a auténticos clásicos como Sacha o Le Comité. Sin embargo, no puedo decir lo mismo de su carta.

La sección de “Nuestra filosofía” en su web, comienza diciendo: “Nos gusta la mesa, la buena mesa, quizás parezca algo primitivo pero nos gusta comer muy bien y pretendemos dar de comer muy bien en La Bomba Bistrot.”

Y anoche, 8 de febrero de 2014, nosotros no comimos muy bien.

En su descargo, debo decir, en primer lugar, que no tomamos ninguno de sus platos estrella; rape negro individual en llavero con patatas chips (22 euros); “La famosa chuleta Obelix”, 850 gramos de carne para dos personas asada en brasas de encina con patatas triple cocción y pimientos de Guernica (50 euros) o “Le Poulet Rôti du Dimanche”, ave procedente de la granja de los hermanos Rovira (35 euros por persona). En segundo lugar, creo que es más aconsejable ir a comer que a cenar.

Como adelantaba anteriormente, la carta genera incertidumbre. Las entradas más clásicas (ensaladilla rusa, alcachofas fritas, croquetas melosas, ¿calamares a la romana? y butifarra blanca), las entradas más sofisticadas (ostras Gillardeau, tartar de atún de almadraba y ¿ceviche de corvina salvaje?) y las entradas más verdes (verdura a la brasa, ¿ensalada verde? y ensalada fresca de tomate). ¿Arroces? Rescatados del Rice Bar, alguno con productos de temporada como el arroz con pichón que sirven estos días, el ya famoso arroz Berlanga, con una receta de arroz de cocido y arroces del mundo. Carnes, con su destacada “Chuleta Obélix”, tartare de secreto de buey o vaca, costilla de cerdo ibérico, ¿paletilla de cordero?, la omnipresente hamburguesa, que ya no puede faltar en ningún restaurante que se precie y el “pollo perfecto”. Como acompañamiento aparte se ofrecen las patatas triple cocción. Pescados, con el rape negro a la cabeza, merluza de pincho y tartare de atún y ceviche de corvina que vuelven a repetirse en ración completa en lugar de degustación en los entrantes y postres, como la paulova o la torrija de Baileys.

A nosotros no nos resultó especialmente apetecible, eso sin mencionar los precios, bastante elevados, que no dudo que los pollos de los hermanos Rovira criados con cereales y a baja cocción seis horas, no sean excepcionales, pero a priori, 35 euros por persona (el precio de la web no está actualizado y en la carta lo han rectificado a mano, al igual que algunos otros, detalle bastante chapucero); no invita a disfrutar de la experiencia.

En definitiva; para comenzar no me resistí a probar el cóctel “secretario de estado” con vermut rojo artesanal, selz y un toque de ginebra (3,50€) muy suave, que acompañan con unas aceitunas de buen calibre y sabor. De aperitivo un paté de carne casero muy rico con buen pan negro y blanco.

De entrantes optamos por la degustación de ceviche de corvina salvaje (14€) y las croquetas melosas de jamón ibérico (9€). El ceviche nos pareció una interpretación del chef, ya que a pesar de que la corvina era fresca y el punto de la cebolla roja perfecto, el pescado tiene poco sabor, hay una ausencia absoluta de cítrico, el maíz que anuncia la carta brilla por su ausencia y los tomatitos cherry no tienen ningún sentido. En cambio, las croquetas melosas estaban excepcionales.

De platos principales nos cuesta decidir. Finalmente nos inclinamos por el tartare de secreto de vaca (21€) y la hamburguesa de buey casera la Bomba (17€). La carne del tartare es de gran calidad, pero no te consultan el punto de los aderezos, para mi gusto estuvo bien, pero el devoto de los sabores contundentes no quedará satisfecho. El pan tostado mejorable, que en mi caso quedó relegado al cobrar protagonismo las patatas triple cocción; buenas sin más. La hamburguesa de mi acompañante resultó bastante decepcionante, la carne también era de gran calidad pero no tenía sal (y os aseguro que si a él le pareció sosa os puedo asegurar que NO TENÍA SAL) y el resto de los ingredientes, lechuga, tomate, cebolla caramelizada, mayonesa e incluso el propio panecillo; eran mediocres. Concluyó que su elección había sido completamente desacertada. Quizás con otro plato las sensaciones hubieran sido más positivas.

La carta de vinos es escueta, pero están bien seleccionados y los precios me parecieron comedidos. Preferimos tomar vino por copas para acompañar el ceviche con blanco y después continuar con tinto. En el apartado de los blancos puedes elegir entre un blanco Rueda verdejo y un blanco Rueda verdejo; pues eso (2,90€/copa). En el apartado de los tintos otros dos más, un Rioja y un Ribera del Duero, pero Christophe nos recomendó un Borgogne (22€ botella, 5 eurazos/ copa) que ha incorporado como vino de la casa, desde que un “periodista” (dice con retintín) mencionó que no era posible que no hubiera un vino francés en un bistró (bueno, tampoco hay entrecot,…).

El borgoña estaba muy bueno, lástima que el camarero nos lo sirviera en copas de vino blanco bien pequeñas. Incluso a pesar de mi advertencia, me contestó algo airado que las de vino tinto se le habían agotado porque tenía “un grupo muy grande abajo”. ¿Yyyyyy? Pues nada, me quedé compuesta y sin copa para vino tinto. No me esperaba esto de un servicio que proviene de casas como Club 31 y Jockey. Bien es cierto, que excepto en esta cuestión, el servicio fue amable y profesional.

De postre paulova para compartir (7€). No la habíamos probado nunca y tenía cierto reparo porque no me gusta el merengue, pero el equilibrio con la nata, los frutos rojos y la fruta de la pasión era perfecto.

Café solo que de nuevo desmerece un buen bistro y juego de aromas con infusiones en varios tarros en el que te invitan a adivinar cada variedad con el olfato antes de averiguar de cuál se trata a través de un cartel debajo de cada uno. Ambos invitación de la casa.

Con una botella de agua con gas ½ l. (3,50 eurazos) y servicio de pan y aperitivo (3,60€ dos), 99,40€.

50 euros por persona podría ser un precio razonable si nos hubieran dado MUY BIEN DE COMER, pero no fue así. E incluso podría haber sido más caro si hubiéramos elegido uno de los platos de referencia del restaurante. Lamentablemente, casi siempre salgo de la mayoría de los restaurantes de Madrid con la misma sensación. Hoy en día, para pagar 50 euros por comer o cenar hay que comer muy bien, como el mismo Christophe se propone, y quizás, como también él mismo dice, es una meta muy difícil.

Debe seguir intentándolo e incluso le daremos una segunda oportunidad y acudiremos a comer sus arroces ya que son muchas las buenas opiniones que os he leído.

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acme

Estoy escuchando últimamente más de una mala opinión de la Bomba y unido a que el Rice bar sigue sin abrir concluyo que mal asunto....

Ya en los buenos tiempos del año pasado era un sitio pasadete de precio. Al fin y al cabo se pagan más de 40 lereles/pax por un simple arroz pero lo recuerdo como un agradable almuerzo y el servicio fue superior.
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9 de febrero de 2014

Canalla Bistro by Ricard Camarena

+34 963 74 05 09

Carrer del Mestre Josep Serrano,5 <m> Colón 3 5 Valencia, Valencia provincia, España

guardado por 30 personas

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CANALLA BISTRO, BISTRO Y NO BISTRO

está OK

En un monográfico dedicado a Ricard Camarena el pasado fin de semana en Valencia hicimos comida en el Canalla Bistro. Aperitivo de lujo en Central Bar by Ricard Camarena y cena gastronómica en la casa madre Ricard Camarena colindante con el Canalla, de hecho comparten parte de la cocina e incluso parte del personal.

Formato informal con decoración rural chic en la que destacan las cajas de madera de naranjas (y las de Heineken), los grafitis y las mesas y banco corrido de madera en dos hileras, en el espacio principal del restaurante, una gran sala alargada, que finaliza en un pequeño espacio con barra a la cocina vista y un par de mesas más.

Servicio correcto, eficaz, pero ritmo muy rápido que no favorece disfrutar adecuadamente de los platos.

Carta amplia y global, con platos inspirados en distintos rincones del mundo con influencias niponas, mejicanas o árabes, pero con producto local y de temporada, seña de identidad de Ricard.

Nuestra idea era picar algo ya que nos esperaba una gran cena y queríamos disfrutarla con hambre (y no apetito como diría Inaki Camba, chef de ese templo del producto que es Arce). Aún así pedimos bastantes platos y platillos, la mayoría de ellos en medias raciones:

Ostra valenciana al ceviche (puede tomarse en varias versiones). Finísima y elegante (3,20€).

½ de ensaladilla Ricard Camarena, uno de los platos imprescindibles en Canalla. Muy rica, de sabor intenso, ENSALADILLA (con mayúsculas) (5,00€).

½ de buñuelos cremosos de bacalao, aunque realmente nos pusieron dos buñuelos, a sugerencia de la camarera, la ración eran seis (3€). Estaban muy buenos, pero la presentación dejaba que desear.

½ de tataki de presa ibérica sobre una cama de berenjena a la llama y brotes. El plato más acertado, muy bueno, la presa estupenda y el contraste con la berenjena a la llama muy interesante. (8€).

Bocata de cerdo pekín. Otro de los platos imprescindibles de Canalla, la elaboración es muy sencilla, podéis verla en youtube en un enlace en su propia web. El secreto está en la salsa, aunque el mollete también es muy bueno. En las imágenes parece mucho más grande de lo que realmente es, no más que dos bocados, pero está realmente rico (3,80€/u).

Y como platos principales taco de cochinita pibil (9,50€) y kebab de cordero (8,00€) y cortezas de patata (7,00€) que nos aconsejaron añadir aparte como acompañamiento.

Reconocer que los platos eran muy generosos, de hecho en nuestro caso esto contribuyó a que nos saturáramos, después de haber tomado ya bastantes entrantes, lo justo hubiera sido que nos aconsejaran, como lo hicieron en otros, media ración. No soy conocedora de la cocina mejicana, pero la cochinita me pareció que estaba rica, aunque como he comentado, imposible tomar una entera, demasiado potente para un paladar que, sin embargo, no se asusta del sabor.

El kebab fue lo decepcionante, falto de especias y también de sabor, poco moruno como lo describió mi pareja. Tuvimos ocasión de comentarlo con el jefe del restaurante madre al finalizar nuestra espectacular cena e, incluso, él estuvo de acuerdo con nosotros, deben revisarlo urgentemente puesto que un plato tan popular y conocido por todos no debe desmerecer a un chef como Ricard.

Las patatas parecen excesivamente contundentes, pero sin embargo, la ejecución era perfecta, sin rastro de aceite y aligeraban los bocados que acompañaban.

Copa de vino blanco verdejo y tres copa de vino tinto valenciano a 3€ cada una y un agua 2€ regaron el desfile de platos.

Como suele ser habitual en nuestro caso, prescindimos del postre, pero en esta ocasión sí me atreví con una copa de vino dulce Furtiva lágrima 2010 muy agradable (4€) y, por supuesto, un café (1,30€) y un té (1,50€). Precios muy ajustados en este apartado, algo que no suele ser habitual en muchos establecimientos.

Cuenta final 73,10€. Nos pareció razonable teniendo en cuenta que no escatimamos en platos ni bebida.

¿Sensación final? Quizás esperaba más, suele ser así cuando tus expectativas son como eran las mías; muy altas, demasiado altas, quizás, porque Canalla es un concepto más que razonable para un público muy variado que ofrece un poquito de todo con una muy buena ejecución y, sobre todo, muy buen producto. ¿Cocina bistro? No ¿Cocina canalla? Vale.

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