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Glotona de morro fino

gastrolola

Álbora

+34 917 81 61 97

Calle Jorge Juan, 33 <m> Velázquez 4 Madrid, Madrid provincia, España

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COMEDOR BURGUÉS Y NADA MÁS

está OK

Vaya por delante que no soy ni asidua ni gustosa de las mesas de rancio abolengo capitalinas, por lo que quizás mi opinión al respecto no tenga apenas credibilidad ni sea merecedora de consideración, pero cuál osado caballero en una afrenta en la que se sabe derrotado, arriesgué con un comedor de corte tradicional con buenas referencias.

El restaurante Álbora está ubicado en el barrio de Salamanca, en la calle Jorge Juan, en el mismo local y los mismos propietarios del malogrado restaurante Sula; José Gómez de jamones Joselito y Cayo Martínez de conservas La Catedral de Navarra. Además de los espacios del restaurante, el personal de sala y cocina también ha sido renovado, el director es Jorge Dávila, alma de Piñera y le acompaña José María Marrón muchos años al frente del desaparecido Balzac. La cocina la encabeza David García, discípulo de Martín Berasategui.

El restaurante aúna dos conceptos bien diferenciados. En la planta baja, un espacio amplio, luminoso, con grandes techos y una gran bodega acristalada como principal protagonista de esta zona de tapas y picoteo informal con gran empaque, de aspecto señorial e incluso elegante.

En la planta superior, a la que se puede acceder a través de escaleras a uno y otro lado desde el fondo de la planta baja, dos comedores, uno exterior con grandes cristaleras y uno interior en el que nos acomodaron.

Confío en que el comedor principal con vistas a la calle sea más acogedor ya que en lo que respecta al comedor interior es de lo más frío y trasnochado que he visto desde hace tiempo. En nada está reñido un espacio sobrio y sencillo con la calidez y el buen gusto que en mi modesta opinión brilla por su ausencia en éste del que os hablo.

Durante el aperitivo decidimos acerca de si tomar el menú degustación o pedir a la carta. La opción fue esta última debido a que mi estómago no estaba en condiciones demasiado adecuadas para el primero, pero creo que el menú es sin duda la mejor opción en Álbora ya que tienes la posibilidad de tomar dos primeros, dos segundos y dos postres por 50€ más IVA; precio muy ajustado si se compara con los precios de carta y siempre con la seguridad de que la degustación de varios platos te dará a conocer mejor su cocina.

De entrantes tomamos ½ ración del imprescindible jamón Joselito reserva (14€) y ración para compartir del destacado huevo de caserío asado con caldo de garbanzos, láminas de tocino ibérico y patata rota en aceite de oliva (14€). El huevo con patata estaba muy logrado, pero sin duda lo mejor fue el jamón, ración bien generosa, tapas con un corte perfecto y un sabor excepcional.

Para los platos principales optamos por ½ ración de merluza de pincho asada, tallarines de calamar y calabaza yodada (16€) y ½ ración de manitas de cerdo deshuesadas asadas y rellenas de cebolleta trufada y brotes tiernos de ajo (14€).

Para los incondicionales de la casquería, las manitas de cerdo era elección obligada en Álbora; los que casi nos sentimos avergonzados por no compartir esta devoción, podemos decantarnos por varias carnes de corte clásico como es de recibo en este restaurante de cocina tradicional renovada, o por varios pescado del mismo tono. La calidad del producto era muy buena, las manitas perfectas. La merluza no dejaba de ser un plato bien ejecutado pero no más que correcto, en mi opinión con demasiada crema de calabaza y unos aritos de calamar sin mayor interés.

Prescindimos de los postres, aunque debo mencionar que la torrija caramelizada con helado de plátano y canela tenía un aspecto excepcional.

Para acompañar la cena tomamos una botella de La Locomotora crianza, variedad tempranillo, D.O.C. Rioja (20€).

La factura final con un café solo, un poleo y una botella de agua con gas (750ml) fue de 100,05€.

En esta ocasión, siento no compartir la valoración de mi crítico gastronómico de cabecera, Carlos Maribona, pero creo que Álbora no es ni será un referente de la cocina capitalina, su cocina es de calidad, con buen producto y técnicamente bien elaborada, pero no sorprende, no emociona, no deja ninguna huella; es un comedor burgués sin más.

Visita 2 de noviembre de 2013

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Moratín Vinoteca Bistrot

+34 911 27 60 85

Calle Moratín 36 <m> Antón Martín 1 Madrid, Madrid provincia, España

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LOS NUEVOS BISTROS

me encanta, uno de mis favoritos

Que no paran de proliferar en la capital. Con el permiso, o a su pesar, de los comedores burgueses; que ya no está la economía doméstica para destinar 60€ p/p en una cena sin más.

Un concepto de establecimiento que, por cierto, no es ni mucho menos nuevo. Pero en estos momentos de ajustes y recortes obligados, está resurgiendo la filosofía de establecimiento informal pero acogedor, con una carta más bien escueta basada en el producto de temporada, con posibilidad de tomar medias raciones o incluso un tercio de ración (Triciclo) y vinos por copas. Todo con la finalidad de ajustar la cuenta a 25/30 euros p/p.

Y en esta carrera de aperturas de nuevos bistros, VINOTECA MORATÍN. Anoche volvimos por cuarta vez.

Ubicado en el barrio de las Letras, en la calle de la que toma su nombre, el local es acogedor, con grandes cristaleras que permiten la entrada de luz natural durante el día. Por la noche es íntimo, con luz tenue y cálida. Esta fue nuestra primera cena.

Su apertura hará ya cerca de un año, a principios de 2013, tuvo una gran acogida. Fue difícil conseguir mesa por primera vez, al menos lo intenté en tres ocasiones sin éxito. Finalmente fue posible, acudimos un fin de semana a comer con unos amigos y nos encantó.

Quedamos gratamente sorprendidos por el local y la amabilidad del servicio, especialmente por parte de su chef y propietario, Marcos Gil, que toma personalmente la comanda, propone algunos platos y explica detenidamente su elaboración.

La carta es escueta con apenas una docena de platos, en la que no están diferenciados entrantes de principales, con un precio más que moderado. Cocina de mercado con una calidad excepcional, ejecución perfecta y raciones generosas. Mención aparte merece su bodega con referencias muy interesantes, de pequeños productores, con denominaciones fuera de lo común y vinos del mundo. Gran variedad de vinos por copas.

Quedé sorprendida con ese excepcional steak tartar elaborado con una finísima carne cortada a cuchillo, suave y untuoso, ración más que generosa, por tan sólo 13€!!! Fue entonces cuando pensé que por fin algo estaba cambiando en Madrid y que después de tanto tiempo anhelando este momento, la sensatez había llegado a la restauración de la capital, lástima que esta maldita crisis sea la que nos ha obligado a ponernos la cabeza sobre los hombres y anclar los pies en la tierra.

Me alegro que un chef como Marcos Gil haya encontrado su oportunidad y nos ofrezca por mucho tiempo una cocina elaborada con cariño; con mucho cariño y tesón.

Además del steak tartar, que parece que ya empieza a ser un referente, otro de sus hitos son los puerros confitados con romesco (8€), una clara interpretación de los tradicionales calcots con una salsa muy ligera que no enmascara el sabor del indiscutible protagonista del plato.

En mi segunda visita no pude resistirme a la recomendación de Marcos y repetí steak tartar, pero en esta ocasión elaborado con carne de potro. Soy gran amante de la caza, no dudé ante una becada mortificada en Arce o un excepcional pato azulón en La Buena Vida, por lo que la carne de potro no asustaba en absoluto. La variante fue estupenda, carne muy jugosa con un sabor fino pero intenso. En esta ocasión Marcos también nos ofreció los exquisitos corazones de alcachofa con sal de cecina de León que siempre explica que cuece enteras para conservar todo su jugo; perfectas. Mi acompañante, menos amante de la carne, tomó la merluza al cava en papillote, buen lomo de pescado fresquísimo y muy jugoso.

Ayer fuimos a cenar y, quizás porque nos gusta tanto, son demasiadas veces en un solo año sin apenas cambios en la carta. Ha desaparecido una ensalada de tomate que no lucía demasiado y ha introducido unos canelones rellenos de carrillera de ternera (13€) que pintan bastante bien. En el apartado de carnes, mi irremediable debilidad (a pesar de que también tengo devoción por el pescado), no recuerdo si ha desaparecido algún plato, pero ha incorporado un crujiente de cochinillo confitado con compota de manzana y jengibre (17€).

De entrante tomamos el pulpo de Santoña con parmentier de patata (15€) que Marcos siempre explica que cuece cada pata por separado. El pulpo era excepcional, con todo su sabor y una textura perfecta, pero para mi gusto el parmentier de patata era demasiada cantidad.

Mi acompañante tomó de plato principal el bacalao confitado sobre escalibada de verduras (14€). Perfecto.

Con respecto al cochinillo, que elegí para tomar uno de los pocos platos nuevos de la carta, le comenté a Marcos que no me había convencido ya que ha eliminado la piel y toda la grasa subcutánea y me explicó que para que no desapareciera el imprescindible crujiente de la corteza, envolvió el cochinillo en una pasta filo. Marcos me comentó que le encanta el cochinillo pero que quería eliminar la pesadez que produce y que por esto se le ocurrió envolverlo en una pasta fina y crujiente. La compota de manzana y jengibre es perfecta para esta idea de aligerar el plato. Al parecer está experimentando con otras ideas con la corteza ya que, como le dije, creo que la piel crujiente del cochinillo es imprescindible. Le daremos un voto de confianza y espero que consiga algo más logrado.

De postre sorbete de cassis, licor francés que se elabora con grosella negra, muy rico y refrescante (4€).

En cuanto a la carta de vinos sigue siendo de altura, aunque creo que ha reducido bastante los vinos por copas (2,5-3,5 €). De hecho, ha quitado una pizarra muy típica en los bistrot en la que se anunciaban.

Todo esto con cuatro copas de vino y un café 63,50€. RCP insuperable.

Visitado el 26 de octubre de 2013

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