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Glotona de morro fino

gastrolola

mostrando 18 sitios

Umiko

+34 914 93 87 06

Calle los Madrazo, 18 <m> Sevilla 2 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 88 personas

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LA ESENCIA DEL PRODUCTO

me encanta, uno de mis favoritos

Tuve mis dudas al reservar el pasado 22 de julio de 2017 en Umiko, las no escasas opiniones acerca del elevado precio y la rigidez al realizar la reserva (te penalizan con 15€ por persona si cancelas con menos de 12 horas de antelación), no eran favorables , pero finalmente me decidí y no puedo estar más satisfecha.

La política de reserva me sigue sin convencer, pero es un mal menor. El precio está más que justificado si tenemos en justa consideración la calidad y el tratamiento del producto.

Y es en este punto, en el tratamiento del producto, donde creo que Umiko marca claramente la diferencia con otros establecimientos de cocina japonesa. Todos y cada uno de los ingredientes de cada plato están cuidadosamente seleccionados y tratados, la soja importada directamente de Japón, el vinagre que emplean en el arroz de los sushi con pescado azul, con “barrica” de dos años que le aporta ese color anaranjado y ese sabor tan especial y, por supuesto, los pescados, madurados como si de carne se tratara en cámaras frigoríficas a 0º durante dos o tres días. Uno de los chef de Umiko nos explicó que lamentaba que en España no se pudieran aplicar mayores tiempos de maduración del pescado, ya que nuestro paladar no está acostumbrado a esos sabores que resultarían demasiado agresivos (yo les invito a que arriesguen un poco más).

El local, a pesar de algunas opiniones poco favorables, creo que es perfecto, estética muy depurada pero que no llega a resultar fría, y esos graffitis provocadores y estéticamente rompedores que le confieren al local un toque informal y joven.

El servicio atento, en unos casos más suelto que en otros, pero siempre correcto y muy pendientes de rellenar copas, con tiempos algo acelerados que no hay más que contener comiendo un poco más despacio.

La carta es corta, pero todo muy apetecible. La tenía muy estudiada, por lo que para bien, o para mal, no hubo ninguna sorpresa.

La comanda fue la que sigue:

Aperitivo de edamame con mojo picón que ya se está convirtiendo en un must del local. De los mejores edamame que he tomado, pero la salsa, es para pedir un cuenco y mojar y mojar, una delicia.

Para empezar usuzukuri casero (10,90€), hoy de pez San Pedro, un plato delicado y muy rico.

Seguimos con tartar de toro con alga codium (24€), otro manjar con un producto excepcional.

Pasamos al festín de sushi; nos pusimos en sus manos y fue una fiesta:
Niguiri de salmonete con su espina crujiente (6,50€).
Niguiri de caballa con tomate (5,10€).
Niguiri de paella con gamba blanca de Huelva (11€), que por supuesto, no podía faltar. De los mejores.
Niguiri de salmón navideño (6,20€).
Niguiri de toro con soja transparente (7,30€) Otro imprescindible.
Todos excepcionales y de pescados azules, que son mis favoritos.

Para terminar fuera de carta, morrillo de atún al sarmiento (20€) muy jugoso y acompañado de una ensalada de brotes exquisitos que le aportaban un toque refrescante y delicado al pescado.

Rematamos con un flan de té verde y lichi (4,5€) que cerró con un punto justo de dulzor esta velada perfecta.

Maridamos con un blanco Algueira brandan 2015 (21€) uva godello de Rías Baixas muy ligero.

Cuenta total 119€ que pagamos muy satisfechos. Una RCP muy equilibrada para el disfrute que te proporciona este templo de la maestría y la delicadeza con el producto, con un ligero toque fusión que no empaña la esencia de la más pura cocina japonesa.

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La Raquetista

+34 918 31 18 42

Calle del Doctor Castelo, 19 <m> Ibiza 9 Madrid, Madrid provincia, España

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PARA DISFRUTAR

me encanta, uno de mis favoritos

Los hermanos Aparicio sacan nota alta con su segundo restaurante en la zona de Retiro, con competidores de altura en el panorama tabernario del Madrid bien.

Visitamos Cachivache hace ya tiempo y no veía el momento de descubrir su nuevo proyecto de cocina tradicional, de producto de temporada, pero con toques renovados.

Por fin se dio la ocasión perfecta y el pasado domingo 15 de enero de 2017 tras visita museística, reservé para cuatro personas. Día invernal, perfecto para buenas viandas y guisos con fundamento.

La zona de barra estaba a rebosar, no más de diez minutos de espera hasta que la mesa estuvo preparada. Comedor minúsculo con cuatro mesas bien vestidas. Ambiente sosegado y acogedor.

Servicio amable, profesional y eficiente.

De aperitivo, un escabeche templado de morcillo para ir entonando el cuerpo. Rico.
De entrantes para compartir:

Los imprescindibles torreznos (6,50€) que había que probar sí o sí. A mí no me gustan, debo confesar mi remilgo con los productos con demasiada grasa, mi estómago se pone en guardia y no hay quien lo amanse…! Pero disfrute viendo las caras de satisfacción del resto de los comensales.

Al tiempo, ensaladilla rusa de bonito (8,50€), plato del que tampoco soy especialmente fan, pero la caté y debo decir que estaba buenísima y así lo corroboraron el resto, tan sólo creo que podrían mejorar en la presentación, me parece un poco viejuna con los colines alrededor formando un sol, aunque quizás sea esa la intención.

Para finalizar lo entrantes el plato caliente, buñuelos de bacalao (10€). También estaban muy buenos, pero los de la Primera que aún tenía en mi memoria, los superan.

Con los platos principales las buenas sensaciones se confirmaron y creo que son con los que La Raquetista se luce y entra en la liga de los grandes del panorama tabernario:

Garbanzos con butifarra negra, setas y foie (14€) Legumbre “al dente”, yo la prefiero más blandita, pero sólo es por ponerle un pero, plato generoso muy rico.

Lasaña de carrilleras (16€). Mi amiga dudaba entre este y los canelones de pularda, el jefe de sala le recomendó la lasaña, los canelones no los probamos, quedan pendientes, pero la lasaña estaba para llorar de la emoción, eso sí, plato contundente.

Fuera de carta, lengua en escabeche (12€) que mi pareja no pudo dejar de pedir, le chifla. No le defraudó, también la probé y aunque no soy experta en este producto, me pareció buenísima.

Y mi plato no podía ser otro que el rabo de vaca al curry Massaman (16€). Lo tenía claro desde el principio, no podía dejar pasar la ocasión de probar uno de los platos más famosos de la carta, incluso a pesar del pichón fuera de carta que me tentó muy mucho pero al que no sucumbí. No me arrepentí, coincido plenamente con todas las alabanzas a este platazo, es imprescindible.

Al terminar, mis acompañantes comentaron que compartir los platos principales hubiera sido mejor opción ya que la generosidad de las raciones y su contundencia puede cansar un poco el paladar. Sin estar en desacuerdo con ellos, yo sigo prefiriendo un plato para mi sola de ese excepcional rabo al curry.

Acompañamos el comercio con una botella de Mestizaje (19€) muy carnoso y afrutado que maridó bien con toda la comanda.

Todavía nos atrevimos con una tarta de queso fresco y frutos rojos (6€) para compartir los cuatro y redondear con un toque dulce la excelente comida.

Botella Solan de Cabras (2,20€), cafés solo y cortado con precios módicos (1,60€/u) y servicio de pan rústico 1,90€/pax.

Como estábamos felices nos vinimos arriba y rematamos la faena con un par de whiskys. Si los descontamos de la comanda, la cuenta final se quedó en 121€ los cuatro, 30€ por persona. No se puede pedir más, RCP maravillosa.

Taberna moderna para disfrutar con una cocina rica, con fundamento y con mucho cariño. Pasa a mi lista de favoritos, repetiré.

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Cañadio Madrid

+34 912 81 91 92

Calle Conde de Peñalver 86 <m> Diego de León 4 5 6 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 370 personas

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LA IMPRONTA DE PACO QUIRÓS EN MADRID

me encanta, uno de mis favoritos

Mi tendencia innata a decantarme por restaurantes con influencias de otros lugares del mundo, me resta casi por completo la oportunidad y el placer de conocer otras casas de corte clásico, basadas en el producto de nuestra tierra, en las que su máxima es dar de comer rico y hacer disfrutar al comensal con elaboraciones de siempre en las que se ensalza el producto con el valor añadido de la sabiduría gastronómica del siglo XXI.

Pero afortunadamente, de cuando en cuando surge algo especial que me ayuda a romper con esta tendencia y descubro arrepentida que existe otro mundo culinario aquí mismo que me está esperando con los brazos abiertos.

Y gracias a la invitación que otra amiga y yo hicimos a una gran amiga común con claras preferencias por la cocina con fundamento, tuve el placer de conocer la cocina del gran Paco Quirós en Madrid en su restaurante Cañadío, al que por cierto, a pesar de lo dicho anteriormente, hacía tiempo que tenía en mi larga lista de pendientes.

La ocasión lo merecía con creces, así es que la mar de contentas nos plantamos las tres el domingo 6 de noviembre de 2016 en la joya de la corona del cada vez más amplio reino del chef santanderino, con permiso de la Bien Aparecida, que a pesar de ser el rey del reino, aún tiene poco tiempo.

Como ya todos sabéis (creo que sólo faltaba yo y algún otro foodie de esta congregación igual de despistado), el local no es amplio, con barra a la entrada que debe estar a reventar todos los días del año, comedor informal en planta semisótano y comedor formal en la primera planta en el que, por supuesto, reservamos. Con no más de ocho mesas, el espacio resulta acogedor, con un banco corrido con cómodos cojines al fondo para aprovechar al máximo el espacio y las mesas con una separación razonable.

Servicio joven y experimentado, aunque el ritmo fue algo precipitado, especialmente hasta que nos sirvieron los principales.

Tomamos un vino blanco de aperitivo en la barra/sala de la entrada que terminamos ya en la mesa porque abajo, como digo, no cabía un alfiler. Un Monte Blanco verdejo de Ramón Bilbao que por extraño que parezca no habíamos probado nunca y que nos encanto, de hecho más de una ya nos lo hemos agenciado para tomar en casa.

Comenzamos con un aperitivo de buñuelo de bacalao rico y un chupito de una crema muy suave que ya no recuerdo.

Para compartir las míticas rabas (17€) que no podíamos dejar de probar y que no decepcionaron, aunque debo decir que en mis muchos años de veraneo en Santander las he tomado mejores, pero es indiscutible que probablemente no tengan competidor en la capital. Eso sí, las cobran a precio de oro.

Y pastel de perdiz con salmorejo (14€), ración generosa, muy equilibrado, en su punto justo de potencia tratándose de caza e ideal para untar y untar acompañando la agradable charla.
Pero creo que como ya habéis dicho muchos por estos lares, Cañadío se pone de tiros largos con los platos principales. Dos de las comensales tomamos rabo de vaca (una ovación para Quirós por no llamar a las cosas lo que no son) con mollejas rebozadas (20€), para llorar de alegría, un platazo, rabo deshuesado tiernísimo y meloso con un fondo de guiso con fundamento y unas mollejas con un rebozado perfecto.

La homenajeada tomó un mar y montaña, manitas de cerdo rellenas de cigala (20€) que igualmente eran una delicia.

Acompañamos el comercio con una botella de Atecca Oriente del que no recuerdo la denominación de origen, pero que nos resultó curioso que la bodega se lo embotellaba a Lavinia. Muy rico a un precio muy razonable, 16€.

Y como colofón de la estupenda comida, dos tartas de queso para las tres que muy acertadamente tuvimos la previsión de solicitar al tomarnos la comanda, que después se agotan. Y en este punto confieso que este día conocí otra dimensión de los postres que hasta ahora, profana en esta materia, no había conocido; golosos y no golosos del mundo!!! Venid a Cañadío sólo por este manjar, os aseguro que no podéis haceros una idea como es esta tarta hasta que no la probéis, y lo dice una persona que siempre sustituye el postre por una manzanilla, imaginaos! Los 8,50 € por ración lo merece. Un 20 sobre 10.

Y cerramos esta comida que permanecerá en nuestro recuerdo por la cocina y sobre todo, por la compañía, con la infusión de manzanilla y un poleo (3,50€/u) muy subidas de precio y un café (2,25€)

Servicio de pan 2,20€/pax. Las copas de vino no nos la cobraron. Total 139,85€, 40€ por persona, que a pesar de que en algunos puntos como café e infusiones no son contenidos, es una RCP estupenda haciendo una valoración general de cocina, servicio y sala.

Si sois de los que perdéis el culo (con perdón) por la fusión, lo asiático, y la cocina del mundo, como yo y aún no conocéis Cañadío, estáis tardando, no conocer esta casa es casi casi un pecado capital. Mi próxima parada La Primera, de cabeza.

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Miyama Castellana

+34 913 91 00 26

Paseo de la Castellana, 45 <m> Gregorio Marañón 7 10 Madrid, Madrid provincia, España

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UNO DE LOS GRANDES

me encanta, uno de mis favoritos

Quedaba pendiente conocer uno de los grandes restaurantes japoneses de Madrid junto con Kabuki y 99 Sushi Bar.

Una ocasión especial merecía un restaurante de altura y dado que apetecía japonés y que el resto de los grandes ya tenemos la fortuna de conocerlos, la elección era obligada.

Salón sobrio, enfocado al disfrute de los sentidos. Jefe de sala profesional, atento y resuelto. Servicio impecable, tempo perfecto, máquina perfectamente engrasada. Ambiente a tono con la zona, de clientela habitual y con poderío.

Mi objetivo era probar el mayor número de platos posible procurando que la comanda fuera variada y la experiencia completa. Había estudiado minuciosamente la carta y las recomendaciones de todos los foodies de 11870, pero aún así no me resistí a que el jefe de sala nos hiciera alguna recomendación.

Empezaré por el líquido elemento, al que había que dedicar especial atención dada la celebración de la onomástica y la honorabilidad de los manjares que íbamos a degustar. La elección no pudo ser más acertada; xarel.lo Pairal 2005 que el jefe de sala nos amenizó perfectamente con la historia de la bodega y sus impulsores (34€). Altamente recomendable si os gusta el cava, pero muy a vuestro pesar no podéis disfrutarlo toda una cena, como es mi caso.

En cuanto al elemento sólido, estos fueron los platos por orden de desaparición (con permiso del padre de esta acertada expresión):

-Tartare de atún picante (16,50€). Gran calidad del producto y perfecta ejecución, pero me sumo al bando de los que prefieren el atún más entero
.
-Surtido de 3 sashimi (26€). Salmón, atún y un pescado blanco que he olvidado (hace ya casi dos meses que lo visitamos y mi memoria ya falla). Corte y tamaño de las piezas de libro, calidad suprema. La esencia de la cocina nipona, sencillez y elegancia; emoción, de lo mejor de la noche.

-Tataki de pez limón (21,50€). Otra de las estrellas de la noche, pescado de frescura sublime acompañado de matices que no le restaban protagonismo. Estética preciosista.

-Nigiris de cangrejo real y vieira (8€ y 8€). Arroz espectacular en el tamaño de la pieza y en textura. Me gustó más el de vieira, sabor muy fino. El de cangrejo real correcto, pero esto no es más que una cuestión de gustos ya que la calidad también era muy buena.

-Maki especial (15€) de langostino crujiente. Estaba rico, pero en mi ranking particular en esta plaza siguen ganando por goleada los maxis del 99.

Aquí había terminado la comanda inicial, pero como íbamos a dar todo de nosotros teníamos hueco para algún plato más antes del postre, del que por supuesto tampoco podíamos prescindir; así es que pedimos recomendación al jefe de sala y, con cierta decepción por mi parte, tengo que decirlo, me sugirió la gindara, y digo decepción porque os había leído tanto bueno al respecto que no me sorprendió, así es que, por supuesto, aceptamos la sugerencia y la probamos. El bocado es estupendo, no lo niego, pero estoy de acuerdo con los que afirman que es un plato demasiado sobrio, sencillo y escueto para su precio (23€)

Y ya para los postres, mousse de chocolate y yuzu (8€). Mis expectativas eran altas por lo leído en estos lares con respecto al apartado dulce de Miyama, que se proclama como una oferta a la altura de su cocina. A mí no me lo pareció en absoluto, quizás es que la elección no fue acertada, pero me pareció completamente prescindible.

No tomamos café ni infusión, aún así nos pusieron los petit fours, correctos, pero eché de menos el vasito de sake del que todos habláis.

Cuenta final 160€ redondos. Una cena formidable que bien lo vale.

Si lo que os apetece es cocina clásica japonesa de altura, Miyama Castellana es, sin lugar a dudas, la mejor elección en Madrid.

Visita 30 de octubre de 2015.

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Gath

Buena reseña Gastrolola. Sin duda Miyama Castellana este en el grupo de los grandes japos de la capital.

8 de diciembre de 2015

Yanzoo

Hay que pedir tarta de manzana de postre!! está estupenda ☺

8 de diciembre de 2015

gastrolola

Tomo nota Eum

8 de diciembre de 2015

Restaurante Montia

+34 911 33 69 88

Calle Calvario 4 (San Lorenzo del Escorial) San Lorenzo de El Escorial, Madrid provincia, España

guardado por 183 personas

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ALGO DIFERENTE SE CUECE EN LA GASTRONOMIA MADRILEÑA

me encanta, uno de mis favoritos

Mayo 2015. Segunda visita al restaurante Montia después de un año casi exacto.

La experiencia de la comida es distinta a la de la cena, nos gusta más esta última, pero como cenar nos obligaba a hacer de nuevo noche en El Escorial porque no tenemos coche, optamos por comida, que resultó igualmente agradable.

Que decir tiene que la experiencia y el nivel de cocina sigue siendo excepcional y, después de su consolidación y su merecida estrella Michelín, la RCP sigue siendo inaudita; menú largo 53€.

No maridamos, sé que es casi un crimen no hacerlo, pero los maridajes me saturan, y más para una comida tras la que debíamos tomar de nuevo transporte público para nuestro regreso. Optamos por un Navaherreros blanco uvas albillo y macabeo fermentado en barrica y criado sobre lías a un precio ajustado (18€) que acompañó perfectamente el menú y al que añadimos una copa del tinto que ofrecían en el maridaje con el plato de carne; Tandem 2011 de Marruecos (4€/ copa)

Como en nuestra anterior visita no pude comentar los platos porque desconocía que podía solicitar el menú escrito, lo haré en esta ocasión.

Panes de Río Padrillo y mantequilla de la Colmenareña. Un vicio para los paneros.

Aperitivo: Crujiente con paté de cordero, sándwich de langostino y croqueta de liebre. No soy croquetera, pero si me la pones con caza sucumbo, buenísima. Mi pareja prefirió el paté de cordero.

Primer entrante: Ensalada de escabeche de tencas (un pescado de río) y perrechicos con berujas. Uno de los mejores entrantes.

Interludio: Galleta de queso, sardina ahumada y saúco. A pesar de que los trocitos de sardina eran muy pequeños, su protagonismo era claro. Disfruto con los pescados azules.

Segundo entrante: Espárrago blanco a la brasa de Tudela con holandesa de ortigas y otras hierbas silvestres. Muy rico, espárrago al dente, como debe tomarse la verdura, aunque yo la prefiero un pelín más hecha.

Interludio: Cangrejo de río y trucha a la Nantua. Sabor potente bien concentrado para el que le pierden los sabores a marisco.

Tercer entrante: Garbanzos, espinacas, collejas y brotes con caldo de gallina y ajedrea y unas lonchitas de embutido de cerdo ibérico. Una especie de potaje muy muy rico, y que lo diga yo tiene más mérito porque no soy de cuchara y fue el otro entrante que más me gustó. Para mi pareja, que comería cocido todos los días, ni que decir tiene que fue su favorito.

Y pasamos a los principales. Primer principal: Albóndiga de capón de Segovia en pepitoria. Ole platazo, mi number one del menú. Sabor y textura insuperables.

Interludio: Canutillos de steak tartar de ternera de La Finca. Otro platazo, que a pesar de ser un minibocado lo pongo al nivel de un principal, me hubiera tomado unos cuantos con mucho gusto, carne y elaboración espectaculares.

Segundo principal: Rabo de toro con anguila ahumada. Estábamos a la expectativa con esto del rabo porque como bien sabéis es la época de este producto y pensamos que quizás los Montia estuvieran con ello. Y así fue, pero era un rabo especial como muy pacientemente nos contó Luis ya que la salsa la cocinan con el jugo del rabo y con anguila e introducen en el hueco del hueso un trocito de la susodicha, muy rico.

Después llegó su famosa tabla de quesos de la sierra con sus compotas artesanas y su "mirinda", que como es bien conocida en estos lares, no los describiré. Los más fuertes un verdadero manjar en pequeños bocados.

Y llegamos a los postres. Primer postre: guisantes con aromáticas y helado de limón y eneldo. Estos postres que no parecen postres porque no son dulces, me encantan. Fresco, original, equilibrado y bonito. Uno de los mejores postres que he tomado nunca.

Interludio: Un pequeño bocado que no recuerdo como se llamaba (y que no aparece en la chuleta del menú) con sabor a limón.

Segundo postre: Bizcocho borracho. Este sí que era un postre para golosos, pero igualmente muy equilibrado y rico.

Y aquí se acabó el festín, sorprendentemente no nos quedamos especialmente saciados, incluso nos hubiéramos atrevido con los callos, otra vez será!!!

Pequeña decepción con los destilados ya que quisimos tomar un wysky con hielo y solo nos ofrecieron un Macallan de alta gama y Chivas, así es que al final optamos por un vodka tonic stolichnaya muy bueno para los combinados.

El servicio y los tiempos correctos, aunque los platos presentados por Luis aportaron un plus a la experiencia.

Cuenta final 138€, un lujazo. He leído que tienen intención de trasladarse a otro enclave de la sierra con huerto propio y demás. Espero que no sea muy lejos y no esté muy mal comunicado, aunque siempre estarán los amigos para ir allá donde vayan y seguir disfrutándolos.
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Así es, algo diferente se está cociendo en la gastronomía madrileña y no quisiera pensar que es exclusivamente como consecuencia de la crisis, aunque si es el motivo, bien venido sea, “no hay mal que por bien no venga”, como dice nuestro querido refranero español. Si esta época de vacas flacas ha aguzado el ingenio de un puñado de jóvenes cocineros que se han lanzado a emprender con la apertura de sus propios negocios, ¡qué bien por los que podemos disfrutarlo!

Y uno de los mejores ejemplos de ello es el restaurante Montia en San Lorenzo del Escorial, en la sierra madrileña. Un enclave perfecto para este discreto local al mando de un joven chef, Daniel Ochoa y su socio, Luis Moreno.

Montia concentra un puñado de buenas ideas que explican su éxito; cocina elaborada de gran calidad con un par de menús gastronómicos a un precio moderado (esto que ahora viene en llamarse “la democratización de la alta cocina”), cocina de proximidad con productos de la zona y el valor añadido de la sostenibilidad, la apuesta por los pequeños productores, la elaboración artesanal, los cultivos ecológicos y las técnicas biodinámicas y la rentabilidad económica de la cocina gastronómica, negocios sin grandes ínfulas que prescinden de lo superfluo y que con grandes dosis de saber hacer, creatividad, honestidad y entusiasmo, no les queda más que invertir en la esencia de lo gastronómico, buena materia prima cocinada con gran técnica.

Cocina contemporánea basada en las raíces con gran protagonismo de lo que da la tierra, productos modestos que se ensalzan con una gran técnica culinaria.

Creo que debo considerarme privilegiada si os digo que conseguí mesa al primer intento para el 2 de mayo, viernes festivo en la Comunidad de Madrid. Hicimos noche en El Escorial sin más intención que disfrutar de una gran cena en Montia. Y nuestras expectativas se vieron cumplidas con creces.

No podré describiros los platos porque mi memoria es corta y estas elaboraciones son siempre complejas. Como una imagen vale más que mil palabras, os adjunto todas las fotos de los platos que tomamos. Tampoco nos facilitaron en papel el menú degustación como parece que sí han hecho en otras ocasiones por las fotos que he visto en otros post.

Como siempre es mi caso, optamos por el menú largo, compuesto por un aperitivo, cinco platos principales, tres platillos que se intercalaban entre los anteriores, una tabla de quesos, dos postres y otro pequeño entre postres. Los grandes protagonistas fueron las setas, los brotes y la carne. El pescado brilló por su ausencia a excepción de una brandada de lucio en uno de los bocaditos entre platos principales.

Los platos se fueron sucediendo a lo largo de toda la velada presentados indistintamente por el personal de cocina o de sala a un ritmo perfecto. El trato fue cercano, amable y cordial. Con afán de que el comensal disfrute de la experiencia culinaria.

El precio del menú fue de 48 euros con botella de vino incluida. A pesar de que el chef insistió, no quise maridar y le pedí que me recomendara un vino para acompañar toda la cena. Me comentó que esto era imposible, aún así insistí y le propuse un blanco con barrica (mi escasa experiencia con los maridajes nunca ha sido buena). Me ofreció varias alternativas, yo titubeaba y finalmente me dieron a catar dos de los blancos con los que estaba maridando los menús. La elección final fue un francés Roche Bezigon blanco con barrica que acompañó muy bien todos los platos a excepción de la caza con la que tomamos un tinto Viña Cámbrico.

Por poner algún “pero” debo decir que no me gustó nada la vajilla, demasiado forzada, en algunos casos incluso se confundía con la comida. Yo optaría por una vajilla sencilla, al igual que lo es la sala con tonos neutros y algunos detalles que nos recuerdan la sierra y la naturaleza, como el suelo, unos paneles en la pared y su chimenea.

Antes de marcharnos uno de los jóvenes del personal de sala se interesó por nuestra opinión y le comenté que la relación calidad precio del menú me parecía excepcional y que aún era bastante difícil encontrar algo similar en Madrid capital. Me contestó que eran unos precios razonables y que su objetivo es que todo el mundo pueda conocer su cocina. ¡Bravo por Montia!

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listas: MIS RESTAURANTES FAVORITOS

acme

Si quieres el papel sólo hay que pedirlo. Ahora bien tardan un rato en escribirlo, imagino que sólo si eres el primero.

11 de mayo de 2014

gastrolola

Gracias, lo pediré la próxima vez que vaya, porque segurísimo que voy a repetir

19 de mayo de 2014

Restaurante Alameda

+34 943 64 27 89

Calle Minasoroeta 1 Hondarribia, Guipúzcoa provincia, España

guardado por una persona

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UN ESTRELLA MICHELIN DE PRIMERA

gastrolola lo descubrió en octubre de 2014

me encanta, uno de mis favoritos

Ubicado en Hondarribia, todo un grande de la cocina vasca galardonado con una estrella Michelín a precios más que razonables para lo que se cuece en mi querida Donostia.

Salón señorial, elegante y soberbio, con una separación entre mesas y un empaque digno de un grande. Me recordó a la sala de Martín Berasategui.

Servicio joven a la altura de las “circunstancias”. Jefa de sala de la vieja escuela con una profesionalidad incuestionable.

La cocina de corte clásico y de la tierra ligeramente actualizada. Posibilidad de medias raciones, lo que nos permitió confeccionarnos nuestro propio menú, todo un lujo:

-1/2 Ensalada de bogavante con tartar de aguacate y melón (16€)
-1/2 Butakaku. Papada glaseada con algas (12€)
- 2 1/2 Raviolis de hongos con cigalas asadas y vinagreta de pochas (14€ ½)
-1/2 Cigalas asadas con aceite de oliva Arbequina (18€)
-1/2 Lubina (18€)
-1/2 Pichón asado con tosta de su paté y mole negro (13,50€)
-1/2 Manitas de cerdo guisadas con crocante de patata y lima (12€)
-1/2 helado de queso fresco, naranja amarga y cramble (7€)

Excepcional.

Con una botella de San Pellegrino grande (6€, sablazo!!!), una copa de vino blanco (5€), 3 copas de vino tinto (6€/u), eso sí, Pago de Carraovejas crianza, un café (2,85€) y servicio de pan (1,50€ pp); 175,29€

Visita 14 de agosto de 2014

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listas: MIS RESTAURANTES FAVORITOS, RESTAURANTES SAN SEBASTIAN

Rekondo

+34 943 21 29 07

Paseo de Igueldo 57 San Sebastián, Guipúzcoa provincia, España

guardado por 21 personas

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OTRO BUEN RESTAURANTE DE COCINA TRADICIONAL VASCA

me encanta, uno de mis favoritos

Rekondo es otro claro ejemplo de buen restaurante de cocina tradicional vasca en San Sebastián.

Es incluso el establecimiento que más veces hemos visitado en la capital donostiarra y del que siempre hemos salido satisfechos.

Las claves de su éxito pueden parecer sencillas, pero en realidad supone construir unos pilares sólidos que no logran consolidar muchos negocios de la restauración española. Véase un servicio profesional, comprometido y amante del buen hacer; salones sobrios pero cómodos, con mesas holgadas que preservan la intimidad e invitan a la tertulia sosegada, buen servicio de mesa con mantelería, vajilla y cristalería correctas; por supuesto, muy buena materia prima y una elaboración perfecta y, como valor añadido, una bodega de ensueño.
El valor a los buenos usos y costumbres sin bajar la guardia, con el trabajo y el esfuerzo del día a día, que han hecho de esta casa un referente en el panorama gastronómico de Donostia.

Los precios, como es habitual en todos los restaurantes de características similares en San Sebastián, elevados. Es más, si valoráramos esta cuestión fuera del contexto de esta ciudad y su nivel adquisitivo, sería intolerable. Incluso en restaurantes de la capital madrileña del mismo corte tales como Cañadío, Álbora, Alabaster o muchos otros (es curioso, pero en Madrid no suelo frecuentarlos), precios de 75€ por persona son impensables.

Pues bien, una vez dicho todo esto, el domingo 16 de agosto de 2014, después de una noche de sábado con algún que otro exceso “espirituoso”, volvimos a Rekondo para entonar el cuerpo.

Y como se trataba de una cura depurativa, prescindimos de embutidos y mariscos y optamos por una buena sopa de pescado con gran enjundia que agradeció nuestro estómago y nuestro bolsillo (16€ ración).

El plato principal ya era harina de otro costal, y no sé si os pasa lo mismo, pero para mí, la mejor opción para aplacar los desánimos de una noche de fiesta, es tomarme una buena ración de carne a la parrilla, así es que ni cortos ni perezosos sucumbimos a la chuleta de buey (aproximadamente 1kg, 48€). Acompañamiento de pimientos rojos asados y patatas fritas, aparte (10€ y 6€ respectivamente).

Para acompañar tan excelsos manjares, una botella de Rioja Sela 2010 de bodegas Roda (22€), que ya es bastante poder elegir alguna referencia moderada en una carta de vinos tan poderosa y tentadora.

De postre, por supuesto, tarta fina de manzana caliente (11€) de la que jamás podré prescindir en Rekondo.

Con una botella grande de San Pelegrino (4,50€), un café y una infusión (4,80€); 152,13€.

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listas: MIS RESTAURANTES FAVORITOS, RESTAURANTES SAN SEBASTIAN

Saltxipi

+34 943 32 33 10

Calzada Vieja de Ategorrieta 3 San Sebastián, Guipúzcoa provincia, España

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GRAN PRODUCTO EN UN RESTAURANTE DE COCINA VASCA TRADICIONAL

gastrolola lo descubrió en septiembre de 2014

me encanta, uno de mis favoritos

Pensaba que ya era imposible superar la calidad y elaboración de grandes productos vascos en restaurantes como Juanito Kojúa. Craso error, en este mundo en general, y en el culinario en particular, lo excepcional siempre es susceptible de ser superado. He aquí el ejemplo, el restaurante Saltxipi superó la excelencia del producto y la técnica de elaboración que conocía hasta ahora en esta ciudad tan extraordinaria en sus fogones.

No conocía Saltxipi, lo descubrimos gracias a un artículo del diario El País en el que uno de los miembros de la familia que regenta el local recomendaba restaurantes en San Sebastián con una buena relación calidad precio, ya que bien es cierto que San Sebastián es una de las mecas del buen comer al igual que lo es de sus elevados precios.

Y ellos precisamente no son de los establecimientos en los que se come bien a un buen precio, se come excepcional pero por una factura mínima de 60-70 euros/persona.

Consciente de este “inconveniente” reservamos para disfrutar de una buena cocina vasca tradicional en nuestra nueva visita a San Sebastián este agosto de 2014. En esta ocasión decidimos serle infiel a Juanito Kojúa y la verdad es que el escarceo mereció la pena.

Comida en la terraza del restaurante, sencilla pero acogedora. Servicio comandado por uno de los hijos del negocio familiar junto con su padre. El segundo hermano en la parilla.

Carta amplia muy tradicional. De entrantes las ineludibles almejas a la marinera (22€) y, para probar algo diferente en nuestras habituales comandas vascas, tortilla de bacalao (12€).

Las almejas, de las que siempre soy yo la que da buena cuenta, exquisitas. La tortilla habla sola, no tenéis más que fijaros en la foto, especialmente los huevos, de estos que hacen preguntarse ¿qué es ese sucedáneo que yo tomo habitualmente en cantidad de 2 a 3 por semana? Tremenda, en calidad y en cantidad, ya con esto estábamos bien servidos!

De plato principal, por supuesto, rodaballo salvaje (58€/kg; 1,380=80,04€), pero aquí lo preparan a la brasa, una nueva experiencia, ya que habitualmente lo hemos tomado al horno. Emoción sin igual, se me saltaban las lágrimas! Y aquí es cuando descubrí que lo excepcional aún puede superarse.

Y ya que estábamos, mi pareja se vino arriba y rematamos con una torrija con helado (7€), pedazo de torrija! De nuevo las evidencias gráficas demuestran que no exagero. Riquísima, pero al estar caliente, indigesta (no quiero recordárselo al segundo comensal que comió con tantas ganas, que pasó una tarde-noche más que molesto)

Para acompañar toda la comida una botella de Louro do Bolo 2012 (26€), blanco D.O. Valdeorras uva godello; perfecto.

Servicio de pan 1,20/p, café 1,50€, té 2,50€ y un whisky Jonny Walker 6,00€. Cuenta total 178,68€. Ostras, que por este dinero puedes comer en un restaurante gastronómico de caché! Efectivamente, nada que objetar, pero para mí merece absolutamente la pena.

Visita 12 de agosto de 2014.

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StreetXO

+34 915 31 98 84

Calle Serrano 52 (Gourmet Experience de Serrano) <m> Serrano 4 Madrid, Madrid provincia, España

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DAVID MUÑOZ ¿EN EL CORTE INGLÉS?

me gusta

Tercera visita a Streetxo 18 de agosto de 2014.

De nuevo sola, es mi sino... E insisto en que me da especial coraje porque los platos son grandes y no es posible comer más de tres si vas solo (y ya es cantidad más que suficiente para salir rodando por las escaleras mecánicas del centro comercial). Además, claro está, no se disfruta igual que si vas acompañado (Bien acompañado quiero decir).

(Por cierto, cuando leí que cambiaba de ubicación me reconfortó saber que David Muñoz había recapacitado, pero parece que mantiene su alianza con El Corte Inglés y tan sólo cambia de centro comercial. Menudo chasco!!!)

Tuve que resignarme a comer sin taburete y eso que juré que nunca me doblegaría a comer de pie en Streetxo, aunque debo reconocer que fue culpa mía porque llegué a eso de las 14,45 horas y, a pesar de ser agosto, estaba segura que estaría petado. Bien visto, tuve suerte porque me acoplé rápidamente en un huequito que dejaba otro single.

Iba a por los tres platos, pero no tenían las navajas (era lunes) así es que me resigne aliviada ya que esta baja en la carta supondría terminar mi "fast food" sin que mi estómago dejara de hablarme durante el resto del día, o mejor, echándome una bronca merecida.

Así es que repetí tataki de pez mantequilla, que me chifla y pobré el pad thai homenaje a la paella que me decepcionó, la verdad, a mi no me recuerda a la paella, quizás algo por el socarrat....

Con una copa de vino blanco 30€.

Coincido con otros compis del 118 que si vas a menudo puede saturarte, a mi me encanta, sobre todo por el rollo canalla e hipercreativo de la cocina, pero para ir cuando ya ni te acuerdas de la última vez que fuiste.

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Vaya por delante que soy una fan empedernida de David Muñoz y, muy especialmente, de Diverxo.

Tengo la gran fortuna de haber disfrutado de su cocina ya en el emplazamiento de la calle Pensamiento, sin ninguna estrella Michelín, menú a precio imbatible el de aquellos tiempos!; con una estrella Michelín y en una tercera ocasión con dos estrellas Michelín. Espero poder disfrutar de una cuarta ocasión con sus flamantes tres estrellas Michelín antes de que se líe la manta a la cabeza y nos abandone para siempre por Londres o cualquier otro lugar del mundo.

Comparto con Fanjul favoritos, el Celler de Can Roca y Diverxo, menudo bombazo el primer tres estrellas Michelín por fin en Madrid desde los tiempos ya inmemoriales de Zalacaín, y ya lo siento por Santceloni, pero David Muñoz es un crack y lo tiene bien merecido.

Pero a lo que vamos, StreetXo. Me gusta bastante su cocina, como ya todos habéis manifestado y no quiero repetirme, es la caña, una gran oportunidad de acercarnos a la cocina de David Muñoz. Aún no he probado toda la carta, pero ya van quedando menos platos.

En mi última visita repetí gambas X gambas X gambas X gambas X gambas = Gambas a la quinta potencia, que me parece espectacular (9,50€) y descubrí la caballa a la brasa. Yuzu-miso. Bonito ahumado y cebolla encurtida (12€), un gran plato con gran sabor, como todos los demás. No pude tomar nada más porque iba sola y, a diferencia de la mayor parte de los restaurantes de nuevo cuño, aquí no puedes pedir raciones más pequeñas; lástima! Con una copa de Camins del Priorat, 25€. Quise repetir el tataki de pez mantequilla en lugar de la caballa, pero no tenían y acababan de abrir, eran las 13,30 horas y llegaría más tarde. Gran fallo. Al final me alegré de probar la caballa.

En mi primera visita tomamos; albóndigas de vaca vieja. Guiso indonesio de cacahuetes. Ancas de rana adobadas. Nata ácida de coco (14€) que no nos entusiasmo ya que la carne tenía poco sabor. Tataki a la brasa de pez mantequilla. Barbacoa china. Ensalada de anisados y yuzu (12€), estupendo. Sandwich club al vapor. Ricota. Huevo frito de cordorniz. Sichimi-togarashi (8€), muy rico, pero de sabores más reconocibles, menos sorprendente que el resto. “Sam” de panceta ibérica a la brasa. Condimento de mejillones escabechados. Sitakes encurtidos. Salsa sriracha y “tártara XO”, demasiado potente para mi gusto, pero estaba bueno (14€) Y, como he comentado, las gambas. Con dos alhambras (3€ c/u) y una copa de vino blanco (4€), 67,50€.

Las raciones tienen el tamaño justo, más cantidad saturaría, los sabores son complejos y casi nunca dejan indiferente. Los precios de acuerdo a la elaboración de los platos y la calidad del producto.

Por fin se puede comer sentado en taburetes altos, me resistí a probarlo hasta que los pusieron, no tenía ningún sentido forzar la fórmula de cocina informal, no estaba en absoluto reñido con comer sentado.

Después de esto, no entiendo la música trapera a todo trapo en este contexto (con todos mis respectos a los seguidores de la misma). Bien parece que fuera necesaria para cocineros y camareros para ponerles las pilas y afrontar el estrés de cada servicio, que no es poco. A mí me raya sobremanera y, de verdad que no lo entiendo, a no ser que el objetivo sea poner de los nervios al personal para que aflojen el ala lo antes posible y a otra cosa/cliente mariposa.

Y lo que más me chirría es David Muñoz en el Corte Inglés, que claro, la pasta es la pasta y el negocio rentable es el negocio rentable, fuera complejos y viva el consumo de masas! Pero me chirría, este chico de estética punk que se ríe del mundo y se lo pone por montera con unas cualidades culinarias únicas e irrepetibles en el Corte Inglés; decepciona un poco. Lo hubiera preferido en un mercado tradicional, que seguro que sus fans incondicionales hubiéramos ido allá donde nos hubiera querido llevar.

Por cierto, ya le están saliendo imitadores. Acaba de abrir Nakeima, el mismo concepto en un antiguo kebak a cargo de dos jóvenes socios, uno de ellos ha pasado por las cocinas de Nikkei 225 y el primer Diverxo.

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Nakeima

+34 620 70 93 99

Calle Meléndez Valdés 54 <m> Argüelles 3 4 6 Madrid, Madrid provincia, España

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PARA REPETIR Y REPETIR Y SEGUIR REPITIENDO

me encanta, uno de mis favoritos

Segunda visita a Nakeima 18 de julio de 2014.

En esta ocasión sí he ido acompañada y por fin me he podido desquitar, !Hemos probado casi de todo! Os cuento:

Siu Mai de papada ibérica (3€). Dim sum muy rico
Tataki de pez mantequilla (7,80€). En mi anterior visita reaccioné tarde y ya se les había terminado. !Se me saltavan las lágrimas! No os digo más....
Rollitos de primavera (2€/u). Repetí para que los probara mi pareja.
Un palo (3,50€/u). Inicialmente no me llamaba demasiado la atención, pero tiene su punto original. De nuevo buenísimo.
Huevos (6,90€). No recuerdo los ingredientes, pero me pareció un poco soso, aún así aprobado.
Oreja y kimchi (7,70€). No soy fan de estos platos más contundentes, pero debo reconocer que esta de vicio.
Y como fin de fiesta los niguiris: Gamba al ajillo (5,40€), ya es mi favorito, vieira (6,20€), sepia alioli (6€), txitxarro (5,80€), muy bueno, nos sorprendió y carnívoro (5,20€).

Esta vez sí que fue un festín en toda regla. Con 2 estrella 1906 (4,50€/u) y 3 copas de vino blanco godello (3,90€/u), 81,70€.

Los Nakeima tienen una RCP insuperable. Espero que podamos seguir disfrutándolo exactamente igual durante toda la eternidad!!!

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¡Qué os voy a contar que no se haya dicho ya de Nakeima!

Dos jóvenes emprendedores que en un antiguo bar del barrio de Arguelles apuestan por un negocio muy austero en las formas, pero muy ambicioso en el fondo. La ambición de dar de comer muy bien.

Una fila de taburetes entorno a una barra y dos mesas altas para seis y dos personas. Una gran pared recubierta de pizarra en la que se sugiere su cocina a través de dibujos de tiza y una pizarra más pequeña en la pared de enfrente en la que se lee: “En Nakeima hoy tenemos:…” Al fondo una pequeña cocina acristalada donde se preparan los platos calientes.

Cocina asiática elaborada en el momento con producto de máxima calidad y muchas dosis de creatividad, innovación, fusión, ilusión y gran honestidad. Y mucho, mucho rock and roll.

Apuesta sin complejos con afán de acercar lo bueno a todos, en eso que llaman democratizar la cocina, como el proyecto de Montia en El Escorial que hemos conocido también este puente y que nos ha dejado boquiabiertos.

Los Nakeima vienen pisando fuerte y nos recuerdan a otros formatos como Streetxo (menos estridente y más amable que éste) y a ese espíritu tabernero de aquí, de Madrid y de allá, de los izakayas japoneses.

Y por fin tuve la fortuna de conseguir MESA en Nakeima el pasado 30 de marzo, un día de despiste prepuente en el que ni siquiera tuve que esperar fila, ya que cuando llegué ya estaba todo el mundo aferrado a los taburetes de la barra y una mesita libre esperándome. Lástima que mi acompañante finalmente no pudo acompañarme y tuve que disfrutar del ansiado momento yo sola.

Yo que soy de buen comer fui demasiado cauta en la comanda y ya me lo dijo el camarero que me atendió, super majete, por cierto, ¡Te vas a quedar con hambre! Y así fue, tanto que cuando reaccioné ya se les habían agotado varios platos y es que en Nakeima es así, o estás al loro o las viandas del día se las zampan otros….

Tomé:
Dowton de gambas, geniales.
Rollito de primavera. Muy fino y ligero!
Bocata de calamares. Bocata di cardinale. Lo mejor.
Niguiri de sepia con alioli. El arroz espectacular, la sepia de primera. Mi intención era tomar las dos piezas que indicaba el plato, pero no debí explicarme bien y sólo me trajeron una.

Y aquí me quedé y claro, me quedé con hambre. Tarde para el tataki de pez mantequilla, así es que el camarero se apiadó de mí y me ofreció el niguiri de vieira y el de gambas al ajillo y, ole y ole, sobre todo el de gambas, sublime. Y ya que estaba me vine arriba y probé suerte con “un Palo” (teriyaki de pollo), pero también se habían agotado. Y es que fue el despiste de ir sola, yo que soy de no cansarme de pedir y pedir.

Acompañé los manjares con un blanco godello bien fresquito.

Factura final 22,30 euros.

Con tan sólo una visita a Nakeima puedo constatar y constato que este dumpling bar, como se definen, es un vicio, ya estoy deseando que llegue el próximo día de estos tontos para dejarme caer por allí de nuevo, y os aseguro que en esta ocasión no escatimaré en platos, así reviente…!!!

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Bermar

¡Qué buena tu crítica! Muy buena pluma.

6 de mayo de 2014

gastrolola

Gracias Bermar.

11 de mayo de 2014