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Glotona de morro fino

gastrolola

mostrando 11 sitios

Sagardotegia Petritegi

+34 943 45 71 88

Camino de Petritegi Bidea s/n Astigarraga, Guipúzcoa provincia, España

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Sidrería vasca

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Ha sido mi primera experiencia en sidrería y me ha gustado bastante. La sidra buenísima y la carne de calidad. No tomamos menú, pero es lo más recomendable a 29,95€/persona. Auténtico y muy divertido. Seguro que volveré, a esta u otra sidrería de Astigarraga.

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listas: RESTAURANTES SAN SEBASTIAN

Restaurante Alameda

+34 943 64 27 89

Calle Minasoroeta 1 Hondarribia, Guipúzcoa provincia, España

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UN ESTRELLA MICHELIN DE PRIMERA

gastrolola lo descubrió en octubre de 2014

me encanta, uno de mis favoritos

Ubicado en Hondarribia, todo un grande de la cocina vasca galardonado con una estrella Michelín a precios más que razonables para lo que se cuece en mi querida Donostia.

Salón señorial, elegante y soberbio, con una separación entre mesas y un empaque digno de un grande. Me recordó a la sala de Martín Berasategui.

Servicio joven a la altura de las “circunstancias”. Jefa de sala de la vieja escuela con una profesionalidad incuestionable.

La cocina de corte clásico y de la tierra ligeramente actualizada. Posibilidad de medias raciones, lo que nos permitió confeccionarnos nuestro propio menú, todo un lujo:

-1/2 Ensalada de bogavante con tartar de aguacate y melón (16€)
-1/2 Butakaku. Papada glaseada con algas (12€)
- 2 1/2 Raviolis de hongos con cigalas asadas y vinagreta de pochas (14€ ½)
-1/2 Cigalas asadas con aceite de oliva Arbequina (18€)
-1/2 Lubina (18€)
-1/2 Pichón asado con tosta de su paté y mole negro (13,50€)
-1/2 Manitas de cerdo guisadas con crocante de patata y lima (12€)
-1/2 helado de queso fresco, naranja amarga y cramble (7€)

Excepcional.

Con una botella de San Pellegrino grande (6€, sablazo!!!), una copa de vino blanco (5€), 3 copas de vino tinto (6€/u), eso sí, Pago de Carraovejas crianza, un café (2,85€) y servicio de pan (1,50€ pp); 175,29€

Visita 14 de agosto de 2014

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Restaurante Akelarre (Pedro Subijana)

+34 943 31 12 09

Aita Orkolaga Pasealekua 56 San Sebastián, Guipúzcoa provincia, España

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UNO DE LOS GRANDES DE LA COCINA INTERNACIONAL

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Volvíamos a Akelare después de 10 años. Parece que fue ayer cuando descubríamos un flamante dos estrellas Michelín en nuestras primeras incursiones por restaurantes de reconocido prestigio.

Mucho hemos pateado desde entonces por este mundo apasionante de lo culinario y el paladar, las sensaciones y los momentos de emoción han sido muchos y el que fue uno de nuestros restaurantes de culto durante varios años hoy se nos antoja venido a menos y no siquiera a valorar que no esté a la altura de la fama que le precede, sólo que a nosotros ya no nos emocionó como entonces, aunque bien es cierto que casi todo estuvo estupendo, pero ya no había magia.

Servicio muy profesional. Afortunadamente su vestuario mucho más sofisticado que aquellos uniformes monjiles de hace 10 años.

Público mayoritariamente extranjero. Una de las jefas de sala idioma francés y la otra inglés.
La sala no ha cambiado absolutamente en nada. Quizás quiera mantener por siempre la estética original, yo le daría un buen lavado de cara.

Puedes elegir entre tres menús, Aranori, Bekarki y los clásicos de Akelarre, a un mismo precio, 170€ + IVA. Nos recomendaron que pidiéramos uno cada uno y así podríamos probar más platos, pero preferimos tomar el mismo para ir compartiendo sensaciones sin saturar el paladar demasiado.

El menú degustación Aranori constó de los siguientes platos:

Para empezar, un jardín marino: Arena de gambas. Hoja de ostra. Mejillón con cáscara. Esponja marina con crema de erizos de mar. Piedras de playa (Chalota y maíz). Coral de alga codium (tempura con sabor a percebe). Quizás lo más sorprendente y sofisticado del menú. Excepcional.

Las hojas y el foie bajo la lluvia. Un trampantojo muy logrado, en rigor, micuit de foie, rico, pero una ración excesivamente grande.

Infusión de caldo verde, cigala y rape ahumado. Lomo de rape crudo y ahumado cortado en finas láminas. Cigala cocinada y una bolsita de infusión con crujiente del rape, hierbas aromáticas y polvo de gambas que se funde al echarle el caldo. Muy bueno, sabor fino y elegante.

Finísimo y ligero tartar de buey, nueva patata souflé y pan de hierbas aromáticas. Un steak tartare muy fino con una materia prima de primera. No explicaron la manera tan especial y realmente laboriosa de elaborar las patatas souflé, pero no lo recuerdo. Plato sencillo pero riquísimo, disfrute mucho mucho.

Merluza y su kokotxa con ostra y hoja de ostra. Lomo de merluza flambeado con una sala de potente sabor marino y una kokotxa. De nuevo muy fino y elegante. Puro sabor.
De la mar al mero… Y muchas más cosas… El mero acompañado de un cous cous con berberechos y una espuma como salsa. También muy rico.

Cochinillo asado, “hueso” y emulsión de ibérico. Para lograr una textura crujiente y jugosa del cochinillo se cocina en caldo de ibérico y se termina en el horno. Aquí hubiera tomado otra ración, para echarse a llorar…

Y los postres:

“Xaxu” con helado espumoso de coco. Huevo y almendra acompañados de una espuma de coco.

El tarro roto de yogur, Gatzatua y frutos rojos.

A pesar de no ser golosa, de un tres estrellas Michelín en el apartado dulce, espero mucho más y estos a mí, ni fu ni fa.

A los 340 euros (más IVA), se añadieron 113,70 más (más IVA), con los aperitivos (copa de cava y cerveza), una botellita de Placet 2009 (42 lereles, con tú permiso), 2 copas de Pago Santa Cruz 2010 tinto (18€), un café, un té y dos extras para rematar la faena; un Armagnac Laberdolive 1984 (20€) y un combinado de Stolichnaya Elite (12€). Total 499,07€.

Que si se hubiera acabo el mundo, nosotros íbamos más que servidos para entrar en el más allá… A partir de aquí juzgad vosotr@s mism@s. Yo personalmente me quedo con el Celler de Can Roca o, por supuesto, con Diverxo (aunque este es otro cantar)

Visita 15 de agosto de 2014.

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Cristina

La hoja de ostra es una cosa curiosísima, yo la probé hace poco en la candela y me dejó "ojiplática"

26 de octubre de 2014

gastrolola

jajajaja

26 de octubre de 2014

acme

500 larries y no salir dando palmas debería ser denunciable

26 de octubre de 2014

gastrolola

Pues tienes toda la razón, pero Donostia es otro mundo, los saflazos están generalizados en casi cualquier casa q se precie mínimamente. Desde luego Akelarrre no lo merece. Y no te digo ya Arzak, otro con los mismos precios q en su momento no me gustó nada

26 de octubre de 2014

Rekondo

+34 943 21 29 07

Paseo de Igueldo 57 San Sebastián, Guipúzcoa provincia, España

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OTRO BUEN RESTAURANTE DE COCINA TRADICIONAL VASCA

me encanta, uno de mis favoritos

Rekondo es otro claro ejemplo de buen restaurante de cocina tradicional vasca en San Sebastián.

Es incluso el establecimiento que más veces hemos visitado en la capital donostiarra y del que siempre hemos salido satisfechos.

Las claves de su éxito pueden parecer sencillas, pero en realidad supone construir unos pilares sólidos que no logran consolidar muchos negocios de la restauración española. Véase un servicio profesional, comprometido y amante del buen hacer; salones sobrios pero cómodos, con mesas holgadas que preservan la intimidad e invitan a la tertulia sosegada, buen servicio de mesa con mantelería, vajilla y cristalería correctas; por supuesto, muy buena materia prima y una elaboración perfecta y, como valor añadido, una bodega de ensueño.
El valor a los buenos usos y costumbres sin bajar la guardia, con el trabajo y el esfuerzo del día a día, que han hecho de esta casa un referente en el panorama gastronómico de Donostia.

Los precios, como es habitual en todos los restaurantes de características similares en San Sebastián, elevados. Es más, si valoráramos esta cuestión fuera del contexto de esta ciudad y su nivel adquisitivo, sería intolerable. Incluso en restaurantes de la capital madrileña del mismo corte tales como Cañadío, Álbora, Alabaster o muchos otros (es curioso, pero en Madrid no suelo frecuentarlos), precios de 75€ por persona son impensables.

Pues bien, una vez dicho todo esto, el domingo 16 de agosto de 2014, después de una noche de sábado con algún que otro exceso “espirituoso”, volvimos a Rekondo para entonar el cuerpo.

Y como se trataba de una cura depurativa, prescindimos de embutidos y mariscos y optamos por una buena sopa de pescado con gran enjundia que agradeció nuestro estómago y nuestro bolsillo (16€ ración).

El plato principal ya era harina de otro costal, y no sé si os pasa lo mismo, pero para mí, la mejor opción para aplacar los desánimos de una noche de fiesta, es tomarme una buena ración de carne a la parrilla, así es que ni cortos ni perezosos sucumbimos a la chuleta de buey (aproximadamente 1kg, 48€). Acompañamiento de pimientos rojos asados y patatas fritas, aparte (10€ y 6€ respectivamente).

Para acompañar tan excelsos manjares, una botella de Rioja Sela 2010 de bodegas Roda (22€), que ya es bastante poder elegir alguna referencia moderada en una carta de vinos tan poderosa y tentadora.

De postre, por supuesto, tarta fina de manzana caliente (11€) de la que jamás podré prescindir en Rekondo.

Con una botella grande de San Pelegrino (4,50€), un café y una infusión (4,80€); 152,13€.

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Beti Jai

+34 943 42 04 75

Calle de Fermín Calbetón 22 San Sebastián, Guipúzcoa provincia, España

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UN QUIERO Y NO PUEDO

está OK

Nunca hubiera pensado que volvería a Beti Jai, pero pasado un año y con un recuerdo agridulce algo borroso, repetimos este verano.

Y mantengo mis tres estrellas porque a pesar de que en cocina creo que se han afianzado, el ambiente era completamente distinto al que disfrutamos el año pasado.

No sé si sería porque estábamos en plena Semana Grande o porque han homogeneizado el uso de los diferentes espacios, pero cuando llegamos a la planta baja en la que se ubicaba la zona de cocina de autor, estaba repleta de familias y turistas tomando fundamentalmente pintxos, de hecho, cuando nos acoplaron en la barra que divide la cocina abierta de las mesas de la sala, ni siquiera nos ofrecieron la carta de cocina de autor, que tuve que solicitar, sino la carta más tradicional que ofrecen en las mesas de arriba.

Era un poco decepcionante porque prácticamente todo el personal de cocina no paraba de fabricar pintxos y más pintxos, de los que deben acabar saturados al final de cada jornada, pero la demanda es la demanda y en la parte vieja de San Sebastián, el rey indiscutible es el pintxo...

Así es que con las dos cartas en mano, tomamos platos de ambas:

De la carta de cocina tradicional: Ensaladilla rusa (4,90€). Relación calidad/precio/cantidad imbatible y kokotxas de bacalao (12,60€) textura y sabor muy finos.

De la carta de cocina de autor: Anchoa mariposa XXL (4,60€), riquísima. Boquerón y piparras tendidos (5,80€), no recuerdo la denominación del plato, pero a pesar de que no eran más que dos ingredientes muy comunes, la presentación era originalísima (véase foto). Arroz de pulpo (7,20€), que ya tomé en nuestra primera visita y que en esta ocasión estaba perfecto, el punto de sal era correcto y homogéneo y el pulpo y el sabor y el punto del arroz muy ricos.

Con dos copas de vino blanco verdejo (3,10€/ copa), 45,43€; factura más que razonable para la cantidad y la calidad de los platos que comimos, desde luego mucho más razonable que tomar unos pintxos.

Lástima que el ambiente fuera tan atropellado y que se pudiera tomar cualquier cosa en el espacio que anteriormente estaba reservado para una comida más especial.

Visita 13 de agosto de 2014.

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Beti-Jai fue nuestra última experiencia gastronómica en la ciudad de La Concha y el Kursaal en el verano de 2013.

El descubrimiento fue completamente casual. Espero que me perdonéis si os confieso que no conocía de su existencia desde hace años como bar restaurante asador de cocina tradicional vasca en la Parte Vieja de San Sebastián. Lo he sabido con posterioridad a su visita buceando en internet. Y parece ser que hay muchos que añoran aquella época y no entienden su transformación. He visto fotos de la sala de entonces, en la misma línea que Juanito Kojua y, efectivamente, sólo tienen en común que su ubicación sigue siendo la misma. No sé si esta metamorfosis es debida a un cambio de propietario o a la herencia de nuevas generaciones más jóvenes, pero vaya giro de 180⁰!

No os puedo mostrar fotografías del antes y el después, pero podéis encontrarlas fácilmente en la red. La mayoría de las referencias son del antiguo Beti-Jai, pero he encontrado unas fotos muy buenas del moderno Beti-Jai, con su correspondiente comentario, de Francisco Antúñez en la web de minube.

En la planta calle encontrarás un local moderno y amplío, con una gran barra blanca bien iluminada repleta de pintxos donostierras. El suelo y las mesitas son de madera clara. A la derecha de la entrada destaca un llamativo y colorido expositor de vinos acristalado. La sensación es joven, fresca, de aires renovados que, como dije, creo que no está siendo bien aceptada.

Se habla de pintxos caros enfocados a los turistas que traiciona esta cultura del pequeño bocado tan emblemática de la Parte Vieja de Donostia.
También voy a confesaros hoy que no soy muy amante de los pintxos y el picoteo en general, y al deciros esto, espero no haberme ganado de sopetón un montón de detractores amantes de estos pequeños manjares. Y diréis que estoy chiflada, ¡menuda madrileña y, peor aún, menuda amante de Donostia! Os prometo que os comprendo y os respeto enormemente y, por supuesto que he compartido esta experiencia en las calles de la Parte Vieja, pero lo prefiero como un previo al ritual de una buena comida o una buena cena en un restaurante agradable sentada ante una buena mesa. Comer medio de pie, rodeada de decenas de personas intentando alcanzar este pintxo o aquel otro con la sensación de que siempre son pocos para tanto vino y finalmente todo es demasiado… No es lo mío, un par de txakolís con una Gilda o un pintxito de anchoas con aceitunas y después a comer.

Pues bien, es por esto que no puedo hablaros de los pintxos de Beti-Jai; de lo que vengo a hablaros es de su oferta del restaurante informal de la planta baja, que descubrimos al visitar los baños ubicados en la misma el primer día que oteamos el establecimiento para tomar no más que una cerveza. Nos resultó muy interesante su barra tipo sushi frente a la cocina abierta, que se completaba con mesitas ligeras y sillas retro en el resto de la sala.

Volvimos para comer el lunes 26 de agosto, nuestro último día en “Sanse”. El responsable de sala nos explicó que ofrecían una cocina de autor elaborada compuesta por pequeños platos individuales o a compartir; la carta así lo reflejaba. Para acompañar la experiencia optamos por tomar vinos por copas. Yo empecé con txakolí y mi acompañante por un tinto Rioja que no recuerdo, después continuamos con Ribera del Duero Cinema crianza 100% tempranillo. Un vino muy interesante de cuya bodega es socio Juan Echanove y de la que os recomiendo que consultéis su divertida página cinemawines.es

Nos confeccionamos nuestro propio menú degustación compuesto por los siguientes platillos (La denominación de los mismos no es exactamente ésta, pero me temo que nos olvidamos la cuenta en el restaurante):

Tortillita de camarones. Sí, son las que veis en la foto. Deconstrucción de la tortilla de camarones tradicional al estilo de la deconstrucción de la tortilla de patatas que tanto se utilizó hace ya algunos años por los chef de la nueva cocina de autor. Estaba cubierta de una lámina caramelizada que lo convertía casi en un postre. El polvo de camarones era demasiado tenue y no equilibraba el dulzor del plato. Dudo que a José Calleja de Surtopía le gustara.

El Deshielo, del que siento no poderos mostrar imagen gráfica, era una sopa de marisco que se presentaba con pequeños moluscos de concha de buen sabor, con una lámina de hielo picado, al que después se añadía el caldo. Éste no tenía sal, el sabor era totalmente insípido y, gracias al “deshielo”, había quedado demasiado templado. No sé si se trataba de reproducir el hielo que se les echa a los niños en la sopa para enfriarla cuando abrasa recién retirada del fuego, pero aquí consiguieron enfriarla completamente.

Arroz de pulpo. El pulpo estaba buenísimo, de lo mejor. El arroz en su punto, pero creo que para sazonarlo utilizaron sal en escamas y el sabor no era homogéneo, soso algunos bocados y muy salados otros.

Molletes de ternera. Era una hamburguesita con láminas de ternera, rúcola y algún ingrediente más que no recuerdo. Correcta. Lo mejor era el pan, recordaba al pan chino del sándwich de David Muñoz en Streetxo.

Riñones, muy ricos y bien ejecutados y cazuelita de rabo de toro, también buena.

Lascas de buey a la piedra. La carne estaba rica y la salsa tipo bearnesa que en la foto aún no está ligada; muy ligera.

Postre de chocolate. El jefe de sala nos ofreció un postre ligero de chocolate para finalizar con un bocado dulce. Podéis juzgar por vosotros mismos, pero a pesar de que soy gran amante del chocolate, ligero no era.

En definitiva, queríamos que nos gustará, estábamos ilusionados con la sugerente propuesta, pero todos los “entrantes” que probamos eran un “quiero y no puedo”, los “principales” fueron mejor, pero menos novedosos de lo que prometían.

La despedida fue algo violenta ya que las copas de vino nos calentaron la lengua y quizás subimos demasiado el tono de nuestra conversación, que probablemente parecía más acalorada de lo que realmente era y en la que nos disputábamos las bondades de Arzak frente a David Muñoz. No sé si fue por mi inoportuna apuesta por el púgil Muñoz mientras la camarera limpiaba la mesa de al lado, porque en el comedor interior estaban Juan Diego y Pepón Nieto o porque verdaderamente parecíamos demasiado acalorados, que nos pidieron bajar la voz en una sala en la que ya estábamos solos, a excepción del personal de cocina que aún seguía a sus quehaceres y al que quizás no permitíamos concentrarse.
Avergonzada pedí disculpas al jefe de sala, pero después de 120 eurazos por esa factura que, puede ser que inconscientemente, dejamos olvidada, ya se podían haber sumado a la discusión.

Realmente no sé si lo recomendaría o no, la cocina es irregular y el precio elevado. Para nosotros fue una velada estimulante que continuamos en el café del Hotel Londres e Inglaterra.

Quizás sin haber llegado conocerlo, me una a todos aquellos que añoráis el viejo Beti-Jai.

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Narru

+34 843 93 14 05

San Martin Kalea, 22 San Sebastián, Guipúzcoa provincia, España

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BUEN RESTAURANTE EN EL PASEO DE LA CONCHA

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El restaurante Narru está ubicado en la planta baja del hotel Niza de San Sebastián con entrada desde el Paseo de la Concha.

Es un establecimiento que pasa bastante desapercibido y al que nunca hubiéramos ido si no fuera por un artículo en el que se entrevistaba a de uno de los miembros de la familia que regenta el restaurante Saltxipi publicado en el diario El País en el que recomendaba restaurantes en Donostia por una cuenta de menos de 50€.

La sala, que realmente ocupa la planta sótano del edificio, es sobria pero con un estilo moderno y desenfadado. Espacio demasiado bien aprovechado con mesas pequeñas y algo más juntas de lo deseable, como ya suele ser habitual en prácticamente cualquier restaurante, especialmente los de corte informal. Personal amable y profesional.

Carta de cocina tradicional vasca con toques renovados. Como nos prometían en el artículo, precios ajustados, siempre que no te decantes por marisco o ibéricos y te moderes con la bebida y los postres.

No aspirábamos más que a una cena ligera sin demasiadas pretensiones, así es que de entrantes optamos por unas piparras fritas (8€) y una ensalada de tomate del país con morrón asado y ventresca de bonito (11€). Las piparras ricas, si las tratas bien en sartén suelen ser agradecidas y la ensalada buena con un tomate a la altura de su protagonismo.

De segundos, bacalao confitado en su pilpil y crema de patata (22€) y merluza en salsa verde con almejas (24€). Ambos pescados muy frescos con una elaboración perfecta. Las almejas de la merluza realmente extraordinarias.

Acompañamos la cena con dos copas de vino tinto crianza D.O.C. Rioja (2,45/copa) y una copa de vino blanco D.O. Rueda (2€).

Para terminar un café solo 1,70€.

Cuenta final 81,51€. Restaurante agradable en el Paseo de la Concha con un buen producto y servicio y una buena RCP.

Visita 13 de agosto de 2014.

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Gath

Pues menos mal que ibais con intención de una cena ligerita,....!!!

14 de septiembre de 2014

gastrolola

Jajajaja, tienes razón!!!

21 de septiembre de 2014

Saltxipi

+34 943 32 33 10

Calzada Vieja de Ategorrieta 3 San Sebastián, Guipúzcoa provincia, España

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GRAN PRODUCTO EN UN RESTAURANTE DE COCINA VASCA TRADICIONAL

gastrolola lo descubrió en septiembre de 2014

me encanta, uno de mis favoritos

Pensaba que ya era imposible superar la calidad y elaboración de grandes productos vascos en restaurantes como Juanito Kojúa. Craso error, en este mundo en general, y en el culinario en particular, lo excepcional siempre es susceptible de ser superado. He aquí el ejemplo, el restaurante Saltxipi superó la excelencia del producto y la técnica de elaboración que conocía hasta ahora en esta ciudad tan extraordinaria en sus fogones.

No conocía Saltxipi, lo descubrimos gracias a un artículo del diario El País en el que uno de los miembros de la familia que regenta el local recomendaba restaurantes en San Sebastián con una buena relación calidad precio, ya que bien es cierto que San Sebastián es una de las mecas del buen comer al igual que lo es de sus elevados precios.

Y ellos precisamente no son de los establecimientos en los que se come bien a un buen precio, se come excepcional pero por una factura mínima de 60-70 euros/persona.

Consciente de este “inconveniente” reservamos para disfrutar de una buena cocina vasca tradicional en nuestra nueva visita a San Sebastián este agosto de 2014. En esta ocasión decidimos serle infiel a Juanito Kojúa y la verdad es que el escarceo mereció la pena.

Comida en la terraza del restaurante, sencilla pero acogedora. Servicio comandado por uno de los hijos del negocio familiar junto con su padre. El segundo hermano en la parilla.

Carta amplia muy tradicional. De entrantes las ineludibles almejas a la marinera (22€) y, para probar algo diferente en nuestras habituales comandas vascas, tortilla de bacalao (12€).

Las almejas, de las que siempre soy yo la que da buena cuenta, exquisitas. La tortilla habla sola, no tenéis más que fijaros en la foto, especialmente los huevos, de estos que hacen preguntarse ¿qué es ese sucedáneo que yo tomo habitualmente en cantidad de 2 a 3 por semana? Tremenda, en calidad y en cantidad, ya con esto estábamos bien servidos!

De plato principal, por supuesto, rodaballo salvaje (58€/kg; 1,380=80,04€), pero aquí lo preparan a la brasa, una nueva experiencia, ya que habitualmente lo hemos tomado al horno. Emoción sin igual, se me saltaban las lágrimas! Y aquí es cuando descubrí que lo excepcional aún puede superarse.

Y ya que estábamos, mi pareja se vino arriba y rematamos con una torrija con helado (7€), pedazo de torrija! De nuevo las evidencias gráficas demuestran que no exagero. Riquísima, pero al estar caliente, indigesta (no quiero recordárselo al segundo comensal que comió con tantas ganas, que pasó una tarde-noche más que molesto)

Para acompañar toda la comida una botella de Louro do Bolo 2012 (26€), blanco D.O. Valdeorras uva godello; perfecto.

Servicio de pan 1,20/p, café 1,50€, té 2,50€ y un whisky Jonny Walker 6,00€. Cuenta total 178,68€. Ostras, que por este dinero puedes comer en un restaurante gastronómico de caché! Efectivamente, nada que objetar, pero para mí merece absolutamente la pena.

Visita 12 de agosto de 2014.

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Restaurante Juanito Kojua

+34 943 42 01 80

Puerto Kalea, 14 San Sebastián, Guipúzcoa provincia, España

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SIEMPRE, SIEMPRE, SIEMPRE VOY A VOLVER

me encanta, uno de mis favoritos

Juanito Kojua data de 1947. En su web nos cuentan que inicialmente fue un despacho de vinos que surtía a los barcos del muelle, hasta que Juan Iturralde lo abrió como casa de comidas.
Está ubicado en la Parte Vieja de San Sebastián, entre el muelle y la Plaza de la Constitución.
Su cocina es una cocina tradicional vasca de producto de temporada de magnífica calidad y esmerada ejecución.

Era obligado disfrutar de la comida de domingo en un restaurante tradicional del casco viejo de San Sebastián, y que mejor lugar que Juanito Kojua. Lo descubrimos tarde, en nuestra última visita a la ciudad en 2011, antes frecuentábamos Bernardo Etxea, que he leído que sigue manteniendo el mismo nivel de calidad de siempre, pero una vez que probamosJuanito Kojua ya no he podido dejar de visitarlo en cada visita a la ciudad.

Es exclusivamente restaurante, no tiene barra de pinchos y sus comedores son más acogedores; a pesar de que siguen manteniendo los cojines de las sillas confeccionados con la misma tela que un sillón orejero que tuve hace muchos años y que pasó a mejor vida.

En esta ocasión nos ubicaron en el comedor pequeño, junto a una celebración familiar de alrededor de quince personas. Prefiero compartir sala con mesas más reducidas, inevitablemente los grupos son ruidosos, pero a pesar de esto no estuvimos mal, aunque sin duda prefiero la sala grande. La próxima vez lo especificaré en mi reserva que, por cierto, hicimos presencialmente el viernes anterior y de la que no quedé muy segura ya que la persona que me la recogió mantuvo todos los datos en su memoria. Yo confié en que la anotara posteriormente y, no sé si lo hizo o no, pero allí estaba nuestra mesa.
La persona que atendió la mayor parte del tiempo la sala no fue muy atenta, creímos detectar que se encontraba agotada, o al menos así lo reflejaban su rostro y sus gestos y es que este restaurante no cierra y esto debe ser extenuante para su personal.

Como os decía, la cocina de Juanito es cocina tradicional vasca, buen marisco y soberbios pescados, aunque también puedes tomar un buen chuletón o una buena chuleta de ternera, que de todo hay rico en tierras guipuzcoanas.

El vino seleccionado para esta ocasión fue Laus Flor de Chardonnay (13,50 €) que no conocía y que, debo reconocer, fue una elección desacertada ya que, al menos en mi opinión, resultó demasiado untuoso y afrutado. El entrante de legumbres se acompañó con una copa de tinto Rioja.

En cuanto a la comida, la elección fue prácticamente idéntica a la de nuestra visita en 2011. Para abrir boca, tomamos unos pimientitos de Gernika bien fritos que estaban para chuparse los dedos (9 €).
Como entrantes yo sustituí las almejas a la marinera de 2011 por una ensalada de bogavante con manzana (23,50 €). Un marisco por otro, pero siempre marisco.
Mi pareja, de nuevo, no pudo renunciar a las alubias de Tolosa (10 €), e incluso fue más osado porque en esta ocasión se atrevió con la ración completa. ¡Qué tendrán esas legumbres bien guisadas a las que todos sus adeptos no pueden renunciar sea primavera, verano, otoño y, por supuesto, invierno! Siento deciros que mi sensibilidad no es tal, ¡ya me gustaría entender unas alubias en pleno verano!, aunque en tierras del norte aún puedo aceptarlo, pero ¿Y ese cocido madrileño en Madrid a 40 grados a la sombra? ¡Eso si que no hay quien consiga hacérmelo entender!... Por supuesto, como podéis comprobar por su aspecto en la foto, el comensal que las cató os corrobora que las alubias estaban estupendas, con su berza, su morcillita, su choricito y sus piperras. La ensalada de bogavante sólo tenéis que mirarla y remirarla…

Por supuesto, el rodaballo de mar estaba reservado para tomarlo aquí, en Juanito, como plato principal. Nos lo mostraron previamente fresco informándonos del peso, 1150 gramos (55 €/kg) y del que ya veis Een foto media ración emplatada. Era el plato estrella, el momento que había estado esperando con anhelo y uno de los muchos motivos por los que siempre quiero volver a esta ciudad y uno de los muchos motivos por los que no la abandonaría nunca. Espectacular, magnánimo, para saltarse las lágrimas como dice una buena amiga mía. Mejor incluso si cabe que el de 2011, con esa salsita de su jugo, limón y vino blanco; llorar y llorar de alegría por tan sublime bocado. Si en estos momentos estáis salivando de envidia y placer, en Madrid también lo preparan muy rico en Dantxari, pero éste es inigualable.

Para el postre la elección era complicada porque hay gran variedad de ellos, incluso tienen escocés e irlandés (que me chifla en invierno), pero siempre me inclino por los helados, no soy muy golosa y me resultan digestivos. La cuajada casera también me parecía buena opción. Finalmente fue un estupendo helado de queso Idiazábal, de sabor suave y ración bien generosa.

Para finalizar, un café (1,95 €) y dos chupitos de orujo blanco de los de verdad (3 €/u), de esos que rascan la garganta y te arden en el estómago.

El precio final fueron 156,97 € IVA incluido. Pagas por lo que comes, que es muy bueno, nosotros lo pagamos con mucho gusto y, por cierto, el precio se mantiene invariable si lo comparamos con la factura de 2011.

Si vais a San Sebastián no podéis dejar de probar la esencia de la cocina y el producto vascos, aquí o en cualquier otro restaurante del mismo nivel (no tanto en los chiringuitos del muelle que son caros y no es igual). ¡No os lo perdáis, os aseguro que no os arrepentiréis!

Visita el 25 de agosto de 2013

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Zuberoa

+34 943 49 12 28

Iturriotz Auzoa Kalea 8 Oiartzun, Guipúzcoa provincia, España

guardado por 64 personas

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MUY BUENO, PERO NO ESTUVO A LA ALTURA DE MIS EXPECTATIVAS

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El restaurante Zuberoa está ubicado en Oiartzun, a 13 km de San Sebastián, en el caserío familiar Garbuno, el más antiguo de la localidad guipuzcoana con más de 600 años.
Está regentado por el chef Hilario Arbelaitz en la cocina y su hermano Eusebio en la dirección de sala. El tercer hermano y más pequeño José Mari está al frente del Miramón de Arbelaitz en San Sebastián.
Hilario Arbelaitz, que creció entre los fogones, es un cocinero que conserva sus raíces vascas pero precursor de la llamada Nueva Cocina Vasca, la cocina vasca actualizada, que en su caso tiene influencias vasco-francesas debido a su paso por un restaurante al otro lado de la frontera.
Zuberoa era la tercera incursión gastronómica en nuestra estancia estival 2013 en San Sebastián.
El caserío es señorial, decorado con un gusto exquisito; sobrio y elegante. La terraza es imponente, camuflada en un porche cubierto de setos y flores. Predominan los negros y blancos que adquieren gran calidez con las maderas nobles del mobiliario. Con permiso de la Terraza del Casino en Madrid, quizás la mejor terraza que he visitado nunca.

El servicio, dirigido por Eusebio Arbelaitz, es profesional y atento. Destaca por su madurez personal y en sala. Me reconforta enormemente encontrar personal maduro que presumiblemente se ha forjado una larga trayectoria profesional en este oficio tan sacrificado que es la restauración y a los que desde aquí quiero manifestar mi más profundo respeto y admiración y reivindicar esta profesión de servicio al comensal siempre tan denostada y escasamente valorada por propios y ajenos.

Eusebio recibe a los clientes ofreciendo un aperitivo para iniciar la velada. Al solicitar cerveza, nos recomienda expresamente una artesana elaborada en la zona llamada Pagoa; rubia, tostada o negra. Resulta interesante. El aperitivo es el ya clásico royal de foie con PX caramelizado. Demasiado contundente e incluso algo empalagoso para iniciar la cena. Quizás algunos no estéis de acuerdo conmigo. Bien es cierto que el aperitivo es el presagio de la cocina de la casa.

El menú degustación de Zuberoa es pantagruélico, otros, como el taxista que nos trajo de vuelta a San Sebastián, opinan que “te quedas bien”, hay estómagos y estómagos, yo soy de buen comer, pero la contundencia de éste me hizo desistir de mi propósito inicial de tomarlo. Mi acompañante lo agradeció. El precio es de 125 € más IVA (bodega excluida). Podéis consultar su contenido en la web del establecimiento.

Así pues, la elección fue dos entrantes para compartir y un principal por persona. También debíamos elegir al tomar la comanda el postre; la decisión era difícil porque debía optar por la tarta de queso especialidad de la casa vanagloriada hasta la saciedad o por mi preferencia insustituible en estos lares, tarta fina de manzana con helado de vainilla. Fui fiel a mi postre de culto (14,50 €).

Para acompañar la cena y después de ojear con cierta ansiedad la enorme carta de vinos con cientos de referencias, decidimos pedir consejo al director de sala. Nos ofreció un Launa Plus reserva 2007 D.O. Ca. Rioja a buen precio (23 €) que, a pesar de su buen cuerpo, maridó bien con los platos, especialmente con los principales. Para los primeros yo opté por una copa de chardonnay (3,50 €)

Los entrantes fueron atún marinado, gelée Dashi y ensalada de finas hierbas con helado de mostaza (30 €) que en la foto veis emplatado individualmente (media ración). Muy bueno y fresco, el atún decalidad excepcional. Y, raviolis de cigalas al fumet de trufas (39 €) que, a pesar de que no podemos poner en cuestión la calidad de la cigala que era muy fresca, fue la decepción de la noche, ya que el sabor a trufa brillaba por su ausencia más absoluta; bien es cierto que no es época de trufa y que la trufa de verano es de menor potencia, pero en un ravioli con fumet de trufas tenemos que encontrar al menos el recuerdo de la trufa, que no existía por más que me empeñé en buscarlo.

Los platos principales fueron morros de ternera guisados con salsa (25 €) para mi acompañante, que recientemente he descubierto en una crónica que es un plato que Hilario Arbelaitz nunca ha quitado de la carta en homenaje a su madre y maestra. Y foie-gras de pato asado con salsa de fresas, jugo de aromas y ensalada de hierbas (38 €), producto, el foie, al que el chef tiene en gran estima, como se puede comprobar en su carta en la que aparece al menos en dos ocasiones más en los entrantes.

Platos muy generosos en cantidad y calidad, soberbios, protagonistas de la mesa, “bien plantados”; en los que pudimos comprobar esas raíces vascas emblema de su saber hacer. Los morros son un regalo para los sentidos, que disfruta sin igual el comensal aficionado a este mundo culinario de la casquería. El puré de patata inigualable. El foie era obligado en Zuberoa, a pesar de que ya llegó un poquito frío a la mesa, se comió con ligereza gracias a la acertada salsa de fresas con un punto de acidez perfecto.

La tarta fina de manzana no defraudó mis expectativas, ya llevo algunas “en mis caderas” y puedo aseguraros que es excepcional.

Con infusión, café expreso y petits fours 204,27 € IVA incluido.

Como habéis podido comprobar a lo largo de toda esta crónica, la experiencia en Zuberoa fue muy buena, pero quizás para vuestra sorpresa, siento deciros que no estuvo a la altura de lo que esperaba, quizás esperaba lo que no es, probablemente sea esto, seguro; mis emociones se acercan más a otro tipo de cocina. Aún así, os lo recomiendo, no seré yo la que reste mérito a este pilar de la cultura gastronómica tradicional vasca.

Visitado el 24 de agosto de 2013.

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Mirador de Ulía

+34 943 27 27 07

Paseo de Ulía 193 San Sebastián, Guipúzcoa provincia, España

guardado por 20 personas

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GRAN ESTRELLA MICHELIN

me encanta, uno de mis favoritos

El chef Rubén Trincado es la tercera generación al frente de El Mirador de Ulía, recientemente galardonado con su primera estrella Michelín en 2011.

El tercer día de nuestra estancia estival en San Sebastián teníamos reserva para cenar en este restaurante ubicado en el Monte Ulía. Había leído varias críticas acerca de la dificultad de contactar con el establecimiento para cursar la reserva y doy fe de tal circunstancia, ya que intenté hacerlo telefónicamente en varias ocasiones, siempre por la tarde/noche, e incluso quise cerrar reserva a través de su web, opción que sólo utilizo en último término, pero también resultó infructuoso. El último intento fue un sábado a mediodía y, por fin, hubo suerte. Lo aposté a todo o nada, si no me hubieran contestado a la llamada, habría reservado en Akelarre.

Algunos diréis que esta opción hubiera sido más acertada, pero ya lo conocíamos de una visita allá por el año 2003, cierto que hace demasiado tiempo, pero el Mirador de Ulía no nos decepcionó en absoluto; de hecho, en esta ocasión, fue la mejor experiencia gastronómica de nuestra visita a San Sebastián.

A falta de coche particular, nos desplazamos hasta allí en taxi, creo que no hay otra forma de hacerlo, al menos durante la noche.

No tenía seguridad de que nos ubicaran en la terraza, ya que cometí el gran error de no especificarlo en el momento de realizar la reserva y además, el día no había sido cálido, por lo que quizás habrían optado por acoplar a los comensales en el interior del restaurante. Grata sorpresa y supina ignorancia la mía, al descubrir que la terraza es un mirador acristalado volado.
Y es que tengo el concepto de las terrazas de Madrid, abiertas y al aire libre para compensar el ingrato calor del día y en estas zonas de clima más suave y lluvioso, se buscan otros recursos para poder disfrutar del verano.

Aunque nos ubicaron en una mesa en segunda fila, pudimos disfrutar de una panorámica preciosa aún siendo de noche, en la que descubres la imponente ciudad con la playa Zurriola y el Kursaal iluminado como protagonistas y la playa de la Concha, la isla Santa Clara y el monte Urgull e Igeldo a lo lejos.

Una vez acoplados y como es habitual, nos ofrecieron tomar un aperitivo que acompañamos con unos snack de la casa, mientras consultábamos la carta.
El menú degustación compuesto por dos aperitivos, tres entrantes, un pescado, una carne y dos postres nos resultó demasiado largo teniendo en cuenta que aún nos esperaban algunos días de periplo gastronómico por la ciudad, aunque creo que su precio de 80 € más IVA (bodega aparte) es ajustado después de la valoración de su cocina.

Así pues, optamos por dos entrantes para compartir y un principal para cada uno. Lo acompañamos con un chablis Louis Latour (30€) y una copa de vino tinto Dinastía Vivanco crianza para el plato principal de carne.

Antes de pasar a los platos elegidos, tomamos dos aperitivos cortesía de la casa que no nos cargaron en cuenta, al igual que no le hicieron con el snack , el servicio de pan y los petits fours. Esto es algo que también ocurrió en Zuberoa al día siguiente y que nos agrada especialmente ya que en la gran mayoría de los restaurantes de Madrid esto siempre se cobra y, el complemento, en algunos casos, no es despreciable.

De entrantes compartimos gilda, emulsión de yemas, anchoas mariposa y esfera de aceituna (20 €) y tacos de atún marinado con wasabi (27 €) (siento no poder reproducir la mayor parte de los nombres exactos de los platos ya que la carta de la web no está actualizada y no tomé la precaución de fotografiarla).

Ambos platos se sirvieron al centro y los emplatamos posteriormente. Esto es algo que no nos desagrada y que, en este caso, aportaba un toque informal a la mesa y mostraba la puesta en escena del color, las formas y la disposición de los ingredientes en el plato.

Las gildas era un plato sencillo, pero rico, muy rico; nos encantan y en Madrid no es fácil encontrarlas en un restaurante. Las más grandes iban rellenas de anchoas y las esferas de aceituna aportaban un toque de sofisticación que redondeaba el plato.

Los tacos de atún estaban marinados y quizás tuvieron algún tratamiento más, el sabor era algo ahumado, pero no lo cotejamos con el servicio. También riquísimos.

Los platos principales fueron tacos de ternera, más en concreto lengua (24 €) y cigala con su tuétano (26 €). La lengua de ternera exquisita y la cigala se presentaba sobre medio hueso de vaca y acompañamiento de brotes y flores muy fresco que contrastaba con la potencia del tuétano, muy bien ejecutado y de calidad excepcional.

Prescindimos de postre, pero café e infusión se acompañaron de petits fours que aportaron el toque dulce a la velada. Rematamos con whisky on the rocks y oporto.

La cuenta final fueron 163,71 € IVA incluido.

Fue una gran cena, con platos sencillos y equilibrados en los que quizá no descubrimos el lado más auténtico del chef, más arriesgado en otros muchos, pero buscábamos esto, cocina relajada arraiga a las raíces de la tierra que nos dejó muy satisfechos y con un estupendo “sabor de boca”.

Si tenéis oportunidad, no dejéis de visitarlo, merece la pena!!!

Visitado el 24 de agosto de 2013.

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