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Glotona de morro fino

gastrolola

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La Bomba Bistrot

- cerrado

Calle Pedro Muguruza, 5 <m> Cuzco 10 Madrid, Madrid provincia, España

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NO SE LE PUEDE LLAMAR COMER MUY BIEN

está OK

Christophe Pais es el chef y propietario de La Bomba Bistro, restaurante inaugurado en junio de 2013 en el barrio de Cuzco, tras un año de la apertura de su hermano menor, La Bomba Rice Bar en Chueca. Además, Christophe está al frente de la web noselepuedellamarcocina.com

Afán de bistró parisino en el comedor, realmente acogedor en tonos rojos, amarillos y ocres; en las mesas, con sus caminos de mesa en cuadros rojos y blancos a juego con la servilleta de tela, vajilla blanca y una sencilla jarrita con un tulipán; y en el ambiente desenfadado, con público mayoritariamente joven (quiero decir de esos jóvenes rozando los 40…) En estas cuestiones, supera a auténticos clásicos como Sacha o Le Comité. Sin embargo, no puedo decir lo mismo de su carta.

La sección de “Nuestra filosofía” en su web, comienza diciendo: “Nos gusta la mesa, la buena mesa, quizás parezca algo primitivo pero nos gusta comer muy bien y pretendemos dar de comer muy bien en La Bomba Bistrot.”

Y anoche, 8 de febrero de 2014, nosotros no comimos muy bien.

En su descargo, debo decir, en primer lugar, que no tomamos ninguno de sus platos estrella; rape negro individual en llavero con patatas chips (22 euros); “La famosa chuleta Obelix”, 850 gramos de carne para dos personas asada en brasas de encina con patatas triple cocción y pimientos de Guernica (50 euros) o “Le Poulet Rôti du Dimanche”, ave procedente de la granja de los hermanos Rovira (35 euros por persona). En segundo lugar, creo que es más aconsejable ir a comer que a cenar.

Como adelantaba anteriormente, la carta genera incertidumbre. Las entradas más clásicas (ensaladilla rusa, alcachofas fritas, croquetas melosas, ¿calamares a la romana? y butifarra blanca), las entradas más sofisticadas (ostras Gillardeau, tartar de atún de almadraba y ¿ceviche de corvina salvaje?) y las entradas más verdes (verdura a la brasa, ¿ensalada verde? y ensalada fresca de tomate). ¿Arroces? Rescatados del Rice Bar, alguno con productos de temporada como el arroz con pichón que sirven estos días, el ya famoso arroz Berlanga, con una receta de arroz de cocido y arroces del mundo. Carnes, con su destacada “Chuleta Obélix”, tartare de secreto de buey o vaca, costilla de cerdo ibérico, ¿paletilla de cordero?, la omnipresente hamburguesa, que ya no puede faltar en ningún restaurante que se precie y el “pollo perfecto”. Como acompañamiento aparte se ofrecen las patatas triple cocción. Pescados, con el rape negro a la cabeza, merluza de pincho y tartare de atún y ceviche de corvina que vuelven a repetirse en ración completa en lugar de degustación en los entrantes y postres, como la paulova o la torrija de Baileys.

A nosotros no nos resultó especialmente apetecible, eso sin mencionar los precios, bastante elevados, que no dudo que los pollos de los hermanos Rovira criados con cereales y a baja cocción seis horas, no sean excepcionales, pero a priori, 35 euros por persona (el precio de la web no está actualizado y en la carta lo han rectificado a mano, al igual que algunos otros, detalle bastante chapucero); no invita a disfrutar de la experiencia.

En definitiva; para comenzar no me resistí a probar el cóctel “secretario de estado” con vermut rojo artesanal, selz y un toque de ginebra (3,50€) muy suave, que acompañan con unas aceitunas de buen calibre y sabor. De aperitivo un paté de carne casero muy rico con buen pan negro y blanco.

De entrantes optamos por la degustación de ceviche de corvina salvaje (14€) y las croquetas melosas de jamón ibérico (9€). El ceviche nos pareció una interpretación del chef, ya que a pesar de que la corvina era fresca y el punto de la cebolla roja perfecto, el pescado tiene poco sabor, hay una ausencia absoluta de cítrico, el maíz que anuncia la carta brilla por su ausencia y los tomatitos cherry no tienen ningún sentido. En cambio, las croquetas melosas estaban excepcionales.

De platos principales nos cuesta decidir. Finalmente nos inclinamos por el tartare de secreto de vaca (21€) y la hamburguesa de buey casera la Bomba (17€). La carne del tartare es de gran calidad, pero no te consultan el punto de los aderezos, para mi gusto estuvo bien, pero el devoto de los sabores contundentes no quedará satisfecho. El pan tostado mejorable, que en mi caso quedó relegado al cobrar protagonismo las patatas triple cocción; buenas sin más. La hamburguesa de mi acompañante resultó bastante decepcionante, la carne también era de gran calidad pero no tenía sal (y os aseguro que si a él le pareció sosa os puedo asegurar que NO TENÍA SAL) y el resto de los ingredientes, lechuga, tomate, cebolla caramelizada, mayonesa e incluso el propio panecillo; eran mediocres. Concluyó que su elección había sido completamente desacertada. Quizás con otro plato las sensaciones hubieran sido más positivas.

La carta de vinos es escueta, pero están bien seleccionados y los precios me parecieron comedidos. Preferimos tomar vino por copas para acompañar el ceviche con blanco y después continuar con tinto. En el apartado de los blancos puedes elegir entre un blanco Rueda verdejo y un blanco Rueda verdejo; pues eso (2,90€/copa). En el apartado de los tintos otros dos más, un Rioja y un Ribera del Duero, pero Christophe nos recomendó un Borgogne (22€ botella, 5 eurazos/ copa) que ha incorporado como vino de la casa, desde que un “periodista” (dice con retintín) mencionó que no era posible que no hubiera un vino francés en un bistró (bueno, tampoco hay entrecot,…).

El borgoña estaba muy bueno, lástima que el camarero nos lo sirviera en copas de vino blanco bien pequeñas. Incluso a pesar de mi advertencia, me contestó algo airado que las de vino tinto se le habían agotado porque tenía “un grupo muy grande abajo”. ¿Yyyyyy? Pues nada, me quedé compuesta y sin copa para vino tinto. No me esperaba esto de un servicio que proviene de casas como Club 31 y Jockey. Bien es cierto, que excepto en esta cuestión, el servicio fue amable y profesional.

De postre paulova para compartir (7€). No la habíamos probado nunca y tenía cierto reparo porque no me gusta el merengue, pero el equilibrio con la nata, los frutos rojos y la fruta de la pasión era perfecto.

Café solo que de nuevo desmerece un buen bistro y juego de aromas con infusiones en varios tarros en el que te invitan a adivinar cada variedad con el olfato antes de averiguar de cuál se trata a través de un cartel debajo de cada uno. Ambos invitación de la casa.

Con una botella de agua con gas ½ l. (3,50 eurazos) y servicio de pan y aperitivo (3,60€ dos), 99,40€.

50 euros por persona podría ser un precio razonable si nos hubieran dado MUY BIEN DE COMER, pero no fue así. E incluso podría haber sido más caro si hubiéramos elegido uno de los platos de referencia del restaurante. Lamentablemente, casi siempre salgo de la mayoría de los restaurantes de Madrid con la misma sensación. Hoy en día, para pagar 50 euros por comer o cenar hay que comer muy bien, como el mismo Christophe se propone, y quizás, como también él mismo dice, es una meta muy difícil.

Debe seguir intentándolo e incluso le daremos una segunda oportunidad y acudiremos a comer sus arroces ya que son muchas las buenas opiniones que os he leído.

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acme

Estoy escuchando últimamente más de una mala opinión de la Bomba y unido a que el Rice bar sigue sin abrir concluyo que mal asunto....

Ya en los buenos tiempos del año pasado era un sitio pasadete de precio. Al fin y al cabo se pagan más de 40 lereles/pax por un simple arroz pero lo recuerdo como un agradable almuerzo y el servicio fue superior.
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9 de febrero de 2014

TriCiclo

+34 910 24 47 98

Calle Santa María 28 <m> Antón Martín 1 Madrid, Madrid provincia, España

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NUEVAS FÓRMULAS DE RESTAURACIÓN EN MADRID

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Aprovechando que celebrábamos cumpleaños salimos un miércoles noche a cenar. La elección era casi obligada, uno de los restaurantes más de moda en estos momentos en Madrid, TRICICLO; de nuevo ubicado en el recuperado Barrio de las Letras, que empieza a ser un destino interesante con la apertura de restaurantes de corte informal a precios ajustados y una más que apetecible cocina (Vinoteca Moratín y Viet nam son dos buenos ejemplos, éste último aún pendiente).

Las noches de los días laborables no son nuestro fuerte; los años ya pesan y no están los tiempos para mucho dispendio, así es que salir a cenar un miércoles noche es todo un acontecimiento. La plaza Santa Ana pintaba más animada, pero la calle Huertas y aledaños estaban bastante más apagados, así es que incluso pensamos que Triciclo podría estar a medio gas.

Nada más lejos de la realidad. Bien es cierto que cuando llegamos a las 21,25 apenas había dos mesas ocupadas, pero una hora más tarde el restaurante estaba completo; y no es pequeño, una zona de barra con alguna mesa alta a la entrada y tres salas de comedor que forman una U, en la primera estancia una mesa alta con taburetes para unas seis personas, en la sala central una mesa corrida bastante grande para aproximadamente diez o doce personas y el siguiente comedor es una sala alargada con mesas bajas a ambos lados y una sala final unida a la anterior por un arco con otra mesa alta con taburetes para alrededor de ocho o diez comensales. Éstas no parecen muy cómodas, afortunadamente todas las mesas para dos o cuatro personas eran bajas.

Mesas de madera informales sin vestir aunque afortunadamente con buenas servilletas de tela. Ambiente informal con ruido moderado y fundamentalmente esa noche con grupos de amigos, bueno, mayoritariamente grupos de amigas, lo cual nos resultó curioso.

El servicio es amable y especialmente cualificado en la persona que tomaba la comanda y sirve la mayor parte de los platos.

La carta es variada y está compuesta por tres bloques; “Del Mercado al Triciclo” con platos más clásicos y sencillos como Cecina de León, Verduras de otoño o Lomo de buey; “Un paseo en Triciclo” con platos más elaborados con productos de nuestra tierra como Salteado de mollejas, Presa de bellota puro curada o Taco de bacalao al pil pil y “Un viaje en Triciclo” con elaboraciones algo más complejas e ingredientes de otras zonas del mundo como Gambas, sisho y mango, Tiradito de corvina salvaje, chiles y cilantro o Vieiras laminadas en salsa ponzu y alcachofas crocantes (carta elaborada en septiembre de 2013).

La mayor parte de los platos se pueden tomar en ración completa, ½ ración e incluso, 1/3 de ración, lo que te ofrece la oportunidad de probar más cosas. Además, tienen una oferta de platos fuera de carta bastante extensa, al menos nos ofrecieron ocho o diez más entre entrantes y principales.

Nuestra elección fue, en primer lugar, medias raciones para compartir. Tiradito de corvina salvaje, chiles y cilantro (10€), vieiras laminadas en salsa ponzu y alcachofas crocantes (8€), revuelto de hongos, fuera de carta (10€) y ravioli de rabo guisado con setas y oloroso (8€).
Los dos últimos platos, calientes, llegaron fríos a la mesa, especialmente los raviolis, y el revuelto de setas estaba algo sabroso. Sin duda, lo que más nos gustó fue el tiradito de corvina salvaje; estaba estupendo, producto de primera calidad, ingredientes perfectamente equilibrados y sabor fresco pero intenso.

Como platos principales tomamos ½ ración de manitas de cerdo sobre una cama de patata (9€) y ½ ración de ciervo con setas (12€). Ambos fuera de carta, muy ricos, perfectamente ejecutados y con una materia prima de gran calidad.

Acompañamos los platos con una cerveza La Virgen (3,50€), una copa de vino blanco Flor de Vetus (2,50€), dos copas de vino tinto Drac Magic de Cataluña (2,50€ p/c) y una última copa de vino tinto Sola Fred (2,50€).

De postre, en carta y fuera de carta, también tienen varias opciones, incluso una tabla de quesos a 8€, pero optamos por algo ligero y sencillo, un helado de yogur para compartir (3,50€) y un café solo doble (3,60€).

Por el servicio de pan, bastante bueno, y un aperitivo, este día patatas cocidas en rodajas con pesto (1,50€ p/p).

En general nos gustó todo bastante, pero nos quedamos con la sensación de que 82,60€ por la cuenta final había sido un poco elevado, cierto que tomamos bastantes platos y no escatimamos en bebida, pero la sensación fue ésta, quizás porque este nuevo concepto de restaurante informal con factura contenida te predispone para una cuenta de 60-65€, pero si no quieres pasar de este precio, no puedes bajar la guardia porque esta fórmula de platillos pequeños a precios aparentemente reducidos, al final pasa “factura”.

Visita 30/10/2013

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East 47

+34 914 20 37 67

Plaza de las Cortes 10 (hotel Villa Real) <m> Sevilla 2 Madrid, Madrid provincia, España

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HAMBURGUESAS ESTUPENDAS

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El Restaurante Bar East 47 está ubicado en el Hotel Villa Real***** en la Plaza de las Cortes de Madrid. Su estilo es pop art neoyorkino y está decorado con litografías de Andy Wardhol. Debe su nombre a la dirección del estudio del artista en la calle 47 del East Side de Nueva York. Los promotores del establecimiento son los mismos que los del cercano Hotel Urban***** y su restaurante Europa Decó al frente de cuyos fogones estuvo durante varios años el chef Joaquín Felipe que actualmente regenta el suyo propio en el mercado Isabella y muy recientemente también es el chef del restaurante Aspen La Moraleja.

Se definen como cocina de autor de inspiración mediterránea.

El salón de la planta superior está decorado en tonos blancos y negros con mobiliario moderno y amplio y con separación generosa entre mesas. Es un lugar informal y desenfadado que invita a cenas con amigos.

También cuenta con una terraza en un extremo de la Plaza de las Cortes, pero como suele ocurrir con la mayor parte de las terrazas de verano de los restaurantes de Madrid, no resulta especialmente acogedora.

Acudimos un viernes noche de finales de verano. La intención no era otra que aprovechar la estupenda oferta que ofrecen en la web eltenedor de un 50% de descuento en la cuenta final (incluida bodega y bebidas).

El restaurante tiene afán de ofrecer una cocina elaborada de calidad, al tiempo que informal, fresca y a precios contenidos, con la posibilidad de tomar muchos platos en ½ raciones. Este equilibrio en alguna ocasión es difícil, como ocurrió con nuestra primera entrada.

Tiradito de lubina en ensalada de espinacas con emulsión de ají amarillo + yuca (13 €). La lubina era muy fresca y la emulsión de ají amarillo tenía su punto justo de acidez y picante, pero como podéis apreciar en la foto, el pescado se perdía en la selva de espinacas. Sería conveniente aumentar la cantidad de pescado en taquitos más generosos y reducir la espinaca, aún a costa de subir el precio del plato.

La segunda entrada fueron cangrejos de concha blanda en tempura con salsa no-moto (19 €). La salsa kimuchi no moto es una salsa japonesa picante de gran intensidad que se utiliza para aderezar todo tipo de platos. La ejecución de la tempura era perfecta y el cangrejo estaba fresco y jugoso. Desde mi punto de vista el acompañamiento de las lechugas no tenía ningún sentido, su función era meramente decorativa, presentado en otro plato no hubiera sido necesaria. Sería conveniente que la vajilla se adaptara a los platos y no viceversa. En cualquier caso, nunca los había probado y me encantaron, fue lo mejor de la cena.

En el apartado de los platos principales ofrecen tres pescados, solomillo y cuatro tipos de hamburguesas, todas a 13 €. Hamburguesa de buey, de cordero, de secreto ibérico y de pollo de corral, todas se sirven sin pan. Optamos por la hamburguesa buey con sus patatas y aros de cebolla fritos, tomate horno + queso y hamburguesa de secreto ibérico, con migas y salsa de mostaza a la antigua. Ambas estaban estupendas, ración generosa de muy buena calidad. Mención especial a la de secreto ibérico, todo un guiño a la cocina extremeña con unas migas crujientes muy originales.

Prescindimos del postre y pasamos directamente al café (3,50 €) y la infusión (4 €) con los que nos pusieron petits fours de tejas y trufas de chocolate.

Añadiendo una botella de Arzuega crianza 08 D.O. Ribera del Duero (29 €), botella de 1l de agua (3,60 €) y una cerveza (3,50 €), la cuenta hubiera sido de 111,78 €, con el descuento fue de 55,88 € (IVA incluido). Los precios en la carta de la web no están actualizados.

Propuesta atractiva bien ejecutada, precios moderados, servicio muy amable y atento, local moderno y desenfadado en el que es urgente darle un giro a la vajilla acorde con la cocina y el local. Con la oferta la RCP es excepcional, sin ella, a pesar de que los precios de los platos no son elevados, al final es caro.

Y es que es algo que debe plantearse la restauración de la capital; algunos ya lo están haciendo y otros surgen con un concepto renovado. En estos momentos ya no es aceptable comer en cualquier restaurante de Madrid por 50 €/persona, ahora todo el mundo tiene que apretarse el cinturón y la restauración también debe hacerlo. Entrarán en declive aquellos establecimientos que se crearon al rebufo de la prosperidad económica y subsistirán los negocios sensatos y consecuentes con los nuevos tiempos.

Visita el 30 de agosto de 2013

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Moratín Vinoteca Bistrot

+34 911 27 60 85

Calle Moratín 36 <m> Antón Martín 1 Madrid, Madrid provincia, España

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LOS NUEVOS BISTROS

me encanta, uno de mis favoritos

Que no paran de proliferar en la capital. Con el permiso, o a su pesar, de los comedores burgueses; que ya no está la economía doméstica para destinar 60€ p/p en una cena sin más.

Un concepto de establecimiento que, por cierto, no es ni mucho menos nuevo. Pero en estos momentos de ajustes y recortes obligados, está resurgiendo la filosofía de establecimiento informal pero acogedor, con una carta más bien escueta basada en el producto de temporada, con posibilidad de tomar medias raciones o incluso un tercio de ración (Triciclo) y vinos por copas. Todo con la finalidad de ajustar la cuenta a 25/30 euros p/p.

Y en esta carrera de aperturas de nuevos bistros, VINOTECA MORATÍN. Anoche volvimos por cuarta vez.

Ubicado en el barrio de las Letras, en la calle de la que toma su nombre, el local es acogedor, con grandes cristaleras que permiten la entrada de luz natural durante el día. Por la noche es íntimo, con luz tenue y cálida. Esta fue nuestra primera cena.

Su apertura hará ya cerca de un año, a principios de 2013, tuvo una gran acogida. Fue difícil conseguir mesa por primera vez, al menos lo intenté en tres ocasiones sin éxito. Finalmente fue posible, acudimos un fin de semana a comer con unos amigos y nos encantó.

Quedamos gratamente sorprendidos por el local y la amabilidad del servicio, especialmente por parte de su chef y propietario, Marcos Gil, que toma personalmente la comanda, propone algunos platos y explica detenidamente su elaboración.

La carta es escueta con apenas una docena de platos, en la que no están diferenciados entrantes de principales, con un precio más que moderado. Cocina de mercado con una calidad excepcional, ejecución perfecta y raciones generosas. Mención aparte merece su bodega con referencias muy interesantes, de pequeños productores, con denominaciones fuera de lo común y vinos del mundo. Gran variedad de vinos por copas.

Quedé sorprendida con ese excepcional steak tartar elaborado con una finísima carne cortada a cuchillo, suave y untuoso, ración más que generosa, por tan sólo 13€!!! Fue entonces cuando pensé que por fin algo estaba cambiando en Madrid y que después de tanto tiempo anhelando este momento, la sensatez había llegado a la restauración de la capital, lástima que esta maldita crisis sea la que nos ha obligado a ponernos la cabeza sobre los hombres y anclar los pies en la tierra.

Me alegro que un chef como Marcos Gil haya encontrado su oportunidad y nos ofrezca por mucho tiempo una cocina elaborada con cariño; con mucho cariño y tesón.

Además del steak tartar, que parece que ya empieza a ser un referente, otro de sus hitos son los puerros confitados con romesco (8€), una clara interpretación de los tradicionales calcots con una salsa muy ligera que no enmascara el sabor del indiscutible protagonista del plato.

En mi segunda visita no pude resistirme a la recomendación de Marcos y repetí steak tartar, pero en esta ocasión elaborado con carne de potro. Soy gran amante de la caza, no dudé ante una becada mortificada en Arce o un excepcional pato azulón en La Buena Vida, por lo que la carne de potro no asustaba en absoluto. La variante fue estupenda, carne muy jugosa con un sabor fino pero intenso. En esta ocasión Marcos también nos ofreció los exquisitos corazones de alcachofa con sal de cecina de León que siempre explica que cuece enteras para conservar todo su jugo; perfectas. Mi acompañante, menos amante de la carne, tomó la merluza al cava en papillote, buen lomo de pescado fresquísimo y muy jugoso.

Ayer fuimos a cenar y, quizás porque nos gusta tanto, son demasiadas veces en un solo año sin apenas cambios en la carta. Ha desaparecido una ensalada de tomate que no lucía demasiado y ha introducido unos canelones rellenos de carrillera de ternera (13€) que pintan bastante bien. En el apartado de carnes, mi irremediable debilidad (a pesar de que también tengo devoción por el pescado), no recuerdo si ha desaparecido algún plato, pero ha incorporado un crujiente de cochinillo confitado con compota de manzana y jengibre (17€).

De entrante tomamos el pulpo de Santoña con parmentier de patata (15€) que Marcos siempre explica que cuece cada pata por separado. El pulpo era excepcional, con todo su sabor y una textura perfecta, pero para mi gusto el parmentier de patata era demasiada cantidad.

Mi acompañante tomó de plato principal el bacalao confitado sobre escalibada de verduras (14€). Perfecto.

Con respecto al cochinillo, que elegí para tomar uno de los pocos platos nuevos de la carta, le comenté a Marcos que no me había convencido ya que ha eliminado la piel y toda la grasa subcutánea y me explicó que para que no desapareciera el imprescindible crujiente de la corteza, envolvió el cochinillo en una pasta filo. Marcos me comentó que le encanta el cochinillo pero que quería eliminar la pesadez que produce y que por esto se le ocurrió envolverlo en una pasta fina y crujiente. La compota de manzana y jengibre es perfecta para esta idea de aligerar el plato. Al parecer está experimentando con otras ideas con la corteza ya que, como le dije, creo que la piel crujiente del cochinillo es imprescindible. Le daremos un voto de confianza y espero que consiga algo más logrado.

De postre sorbete de cassis, licor francés que se elabora con grosella negra, muy rico y refrescante (4€).

En cuanto a la carta de vinos sigue siendo de altura, aunque creo que ha reducido bastante los vinos por copas (2,5-3,5 €). De hecho, ha quitado una pizarra muy típica en los bistrot en la que se anunciaban.

Todo esto con cuatro copas de vino y un café 63,50€. RCP insuperable.

Visitado el 26 de octubre de 2013

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