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Glotona de morro fino

gastrolola

mostrando 5 sitios

El Carmen de Montesión

+34 925 22 36 74

Calle Montesión, 107 Toledo, Toledo provincia, España

guardado por 52 personas

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LA ESTRELLA DE MONTESIÓN

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Había ganas de conocer la apuesta gastronómica de Iván Cerdeño en el Carmen de Montesión.

Ubicación incómoda en la exclusiva urbanización Montesión a 4,5 km de Toledo, más cuando tienes que desplazarte desde la zona sur de Madrid hasta allí en transporte público; una EXCURSIÓN (con mayúsculas) que hay que sumar a la factura del restaurante. Desde aquí animo al grupo El Bohío a que se trasladen a la capital castellano manchega, como según he leído se están planteando y así, mejorar la sala, que es el motivo de mis 4 estrellas, en lugar de 5.

Espacio excesivamente grande que, a pesar de su intento para que resulte acogedor con cortinas, mesas vestidas, muebles castellanos y adornos medidos, no lo consiguen y el conjunto es desangelado y pasado de moda, aunque la escusa pueda ser conservar el espíritu castellano y la estupenda separación de mesas. Esta cocina necesita una sala cálida que invite al recogimiento y ayude a concentrarse en los platos.

Dicho esto, estuvimos cómodos y el ritmo de la sala fue correcto a pesar de que el servicio es, para mi gusto, un poco estirado, la profesionalidad no está reñida con la cercanía con el cliente.

Actualmente el Carmen de Montesión ofrece de martes a domingo un menú tradición con 4 aperitivos, entrante, pescado, carne y postre de 45€ con vino de la tierra y agua incluidos, el menú clásico con 6 aperitivos, 3 entrantes, pescado, carne y 2 postres por 65€ y el menú degustación con 10 aperitivos, 4 entrantes, pescado, carne y 2 postres por 90€, con bebida aparte en los dos últimos casos; además, se puede añadir maridaje de vinos en ambos casos por 20€ y 35€ respectivamente. De martes a viernes al mediodía también ofrecen un menú ejecutivo más económico.

Yo dudaba entre los 2 primeros y, ya que habíamos hecho la EXCURSIÓN, no nos íbamos a quedar a medias, así es que me decanté por el menú clásico (el menú degustación es para súper héroes).

No tomamos bebidas de aperitivo, aún así nos sirvieron una aceituna rellena, mantequilla con especias, un aceite variedad picual de la tierra finísimo y pan. A continuación, los tres primeros aperitivos del menú, arenque con pepino muy rico y refrescante, bomba rellena de queso líquido con un toque dulzón, bien, y una croqueta clásica de jamón, espectacular. Todo esto sin haber servido aún el vino, un Care crianza D.O. Cariñena (21€) que hacía tiempo que no encontraba en una carta y que aproveché para recordar. Por cierto, la carta de vinos con precios bastante gruesos, todos por encima de 20€, incluso los vinos de la Tierra de Castilla que, ni mucho menos por desmerecer, suelen ser más asequibles.

Esperamos a terminar los 3 snack para que nos sirvieran el líquido elemento y, por fin, pudimos empezar a disfrutar al completo de la sucesión de platos.

A continuación el siguiente aperitivo, un cruasán relleno de un escabeche de setas muy logrado, aunque el continente, una especie de masa ligera crujiente de color rosa con un toque dulzón, en mi opinión no era muy lograda; a mi pareja sí le pareció acertado.

Seguimos con su ya famoso y delicado atascaburras acompañado de un pequeño snack de brandada de bacalao con una textura más consistente. Plato verdaderamente delicioso, y que lo diga yo tiene más mérito porque no me gusta el bacalao desalado.

Por último, uno de los mejores aperitivos, bombón de perdiz, con un sabor contundente y sin complejos.

A partir de aquí empezamos con el menú propiamente dicho. Primer entrante, su ya famosa sopa de maíz y trucha ahumada del alto Tajo (siento no ser más precisa con la denominación de los platos, pero cometí el gran error de no hacer foto del menú). Al leerlo me pareció un plato anodino, pero que equivocada estaba, hasta el punto de que fue uno de mis favoritos, sabor delicado y a la vez con carácter.

El segundo entrante fue su también famosa purrusalda que, en nuestra humilde opinión, fue el pinchazo del menú, estaba rico, pero el puerro estaba llevado al extremo, prácticamente caramelizado, con un huevo cocinado a baja temperatura de una calidad excepcional y el puré de patata, pero demasiado pesado en conjunto.

Y para terminar los entrantes, pato, lentejas y foie con un caldo dashi corto. A mi pareja le pareció que era un plato poco integrado, a mí me pareció perfecto y de nuevo delicado, tres pequeñas albondigitas de pato, cada una de ellas de una parte distinta del susodicho animal y unas pequeñas porciones de foie del tamaño de una moneda de 5 céntimos con no más de 8 lentejas encima.

Los principales comenzaron con el plato de pescado, chipirón con guisantes, al leerlo me pareció poco acertado, pero tengo que decir que fue el plato que más me sorprendió, los guisantes eran una delicia, finos, suaves, con un sabor excepcional, creo que no los he tomado mejores. La conjunción con el chipirón era de lo más acertada y el toque de unas pequeñas hojas de menta, el remate final que redondeaba este platazo.

El plato de carne fue pichón con tubérculos, debo reconocer que fue el que me hizo decantarme por el menú clásico, la caza es mi perdición. Producto de gran calidad ejecutado a la perfección acompañado de pequeños tubérculos, uno de ellos eran pequeños conos en forma de espiral crujientes con un sabor similar al rábano del que el servicio no nos supo reproducir el nombre por su complejidad, que aportaba un toque exótico y divertido al plato.

Y de aquí pasamos a los postres que en esta ocasión realzan y redondean el menú, algo extraordinario para nosotros ya que habitualmente nos sobran.

Primero una bomba de lima y hierbaluisa muuuuy refrescante y digestiva. A continuación, helado de azafrán, queso de Bargas y un bizcochito en la base, acompañado de unas palomitas heladas de azafrán, delicioso, poco dulce y ligero.

Yo me quedé aquí, mi pareja remató el festín con un café sólo y petit fours para ambos, esponjita de fresa, macarrons, gominola de naranja sendina muy rica y una galleta crujiente de frutos secos.

El servicio de agua cotiza a 3€, sin embargo nos invitaron al café solo.

Cocina delicada pero con sabor, que se inspira y ensalza los productos de la tierra manchega, merecedora de su estrella Michelín, que ganaría mucho en otro enclave con una sala renovada. RCP excepcional.

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Restaurante Alameda

+34 943 64 27 89

Calle Minasoroeta 1 Hondarribia, Guipúzcoa provincia, España

guardado por una persona

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UN ESTRELLA MICHELIN DE PRIMERA

gastrolola lo descubrió en octubre de 2014

me encanta, uno de mis favoritos

Ubicado en Hondarribia, todo un grande de la cocina vasca galardonado con una estrella Michelín a precios más que razonables para lo que se cuece en mi querida Donostia.

Salón señorial, elegante y soberbio, con una separación entre mesas y un empaque digno de un grande. Me recordó a la sala de Martín Berasategui.

Servicio joven a la altura de las “circunstancias”. Jefa de sala de la vieja escuela con una profesionalidad incuestionable.

La cocina de corte clásico y de la tierra ligeramente actualizada. Posibilidad de medias raciones, lo que nos permitió confeccionarnos nuestro propio menú, todo un lujo:

-1/2 Ensalada de bogavante con tartar de aguacate y melón (16€)
-1/2 Butakaku. Papada glaseada con algas (12€)
- 2 1/2 Raviolis de hongos con cigalas asadas y vinagreta de pochas (14€ ½)
-1/2 Cigalas asadas con aceite de oliva Arbequina (18€)
-1/2 Lubina (18€)
-1/2 Pichón asado con tosta de su paté y mole negro (13,50€)
-1/2 Manitas de cerdo guisadas con crocante de patata y lima (12€)
-1/2 helado de queso fresco, naranja amarga y cramble (7€)

Excepcional.

Con una botella de San Pellegrino grande (6€, sablazo!!!), una copa de vino blanco (5€), 3 copas de vino tinto (6€/u), eso sí, Pago de Carraovejas crianza, un café (2,85€) y servicio de pan (1,50€ pp); 175,29€

Visita 14 de agosto de 2014

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listas: MIS RESTAURANTES FAVORITOS, RESTAURANTES SAN SEBASTIAN

Restaurante Akelarre (Pedro Subijana)

+34 943 31 12 09

Aita Orkolaga Pasealekua 56 San Sebastián, Guipúzcoa provincia, España

guardado por 62 personas

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UNO DE LOS GRANDES DE LA COCINA INTERNACIONAL

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Volvíamos a Akelare después de 10 años. Parece que fue ayer cuando descubríamos un flamante dos estrellas Michelín en nuestras primeras incursiones por restaurantes de reconocido prestigio.

Mucho hemos pateado desde entonces por este mundo apasionante de lo culinario y el paladar, las sensaciones y los momentos de emoción han sido muchos y el que fue uno de nuestros restaurantes de culto durante varios años hoy se nos antoja venido a menos y no siquiera a valorar que no esté a la altura de la fama que le precede, sólo que a nosotros ya no nos emocionó como entonces, aunque bien es cierto que casi todo estuvo estupendo, pero ya no había magia.

Servicio muy profesional. Afortunadamente su vestuario mucho más sofisticado que aquellos uniformes monjiles de hace 10 años.

Público mayoritariamente extranjero. Una de las jefas de sala idioma francés y la otra inglés.
La sala no ha cambiado absolutamente en nada. Quizás quiera mantener por siempre la estética original, yo le daría un buen lavado de cara.

Puedes elegir entre tres menús, Aranori, Bekarki y los clásicos de Akelarre, a un mismo precio, 170€ + IVA. Nos recomendaron que pidiéramos uno cada uno y así podríamos probar más platos, pero preferimos tomar el mismo para ir compartiendo sensaciones sin saturar el paladar demasiado.

El menú degustación Aranori constó de los siguientes platos:

Para empezar, un jardín marino: Arena de gambas. Hoja de ostra. Mejillón con cáscara. Esponja marina con crema de erizos de mar. Piedras de playa (Chalota y maíz). Coral de alga codium (tempura con sabor a percebe). Quizás lo más sorprendente y sofisticado del menú. Excepcional.

Las hojas y el foie bajo la lluvia. Un trampantojo muy logrado, en rigor, micuit de foie, rico, pero una ración excesivamente grande.

Infusión de caldo verde, cigala y rape ahumado. Lomo de rape crudo y ahumado cortado en finas láminas. Cigala cocinada y una bolsita de infusión con crujiente del rape, hierbas aromáticas y polvo de gambas que se funde al echarle el caldo. Muy bueno, sabor fino y elegante.

Finísimo y ligero tartar de buey, nueva patata souflé y pan de hierbas aromáticas. Un steak tartare muy fino con una materia prima de primera. No explicaron la manera tan especial y realmente laboriosa de elaborar las patatas souflé, pero no lo recuerdo. Plato sencillo pero riquísimo, disfrute mucho mucho.

Merluza y su kokotxa con ostra y hoja de ostra. Lomo de merluza flambeado con una sala de potente sabor marino y una kokotxa. De nuevo muy fino y elegante. Puro sabor.
De la mar al mero… Y muchas más cosas… El mero acompañado de un cous cous con berberechos y una espuma como salsa. También muy rico.

Cochinillo asado, “hueso” y emulsión de ibérico. Para lograr una textura crujiente y jugosa del cochinillo se cocina en caldo de ibérico y se termina en el horno. Aquí hubiera tomado otra ración, para echarse a llorar…

Y los postres:

“Xaxu” con helado espumoso de coco. Huevo y almendra acompañados de una espuma de coco.

El tarro roto de yogur, Gatzatua y frutos rojos.

A pesar de no ser golosa, de un tres estrellas Michelín en el apartado dulce, espero mucho más y estos a mí, ni fu ni fa.

A los 340 euros (más IVA), se añadieron 113,70 más (más IVA), con los aperitivos (copa de cava y cerveza), una botellita de Placet 2009 (42 lereles, con tú permiso), 2 copas de Pago Santa Cruz 2010 tinto (18€), un café, un té y dos extras para rematar la faena; un Armagnac Laberdolive 1984 (20€) y un combinado de Stolichnaya Elite (12€). Total 499,07€.

Que si se hubiera acabo el mundo, nosotros íbamos más que servidos para entrar en el más allá… A partir de aquí juzgad vosotr@s mism@s. Yo personalmente me quedo con el Celler de Can Roca o, por supuesto, con Diverxo (aunque este es otro cantar)

Visita 15 de agosto de 2014.

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listas: RESTAURANTES SAN SEBASTIAN

Cristina

La hoja de ostra es una cosa curiosísima, yo la probé hace poco en la candela y me dejó "ojiplática"

26 de octubre de 2014

gastrolola

jajajaja

26 de octubre de 2014

acme

500 larries y no salir dando palmas debería ser denunciable

26 de octubre de 2014

gastrolola

Pues tienes toda la razón, pero Donostia es otro mundo, los saflazos están generalizados en casi cualquier casa q se precie mínimamente. Desde luego Akelarrre no lo merece. Y no te digo ya Arzak, otro con los mismos precios q en su momento no me gustó nada

26 de octubre de 2014

Koy Shunka

+34 934 12 79 39

Carrer Copons 7 <m> Jaume I L4 Barcelona, Barcelona provincia, España

guardado por 51 personas

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UNA EXPERIENCIA INOLVIDABLE

Era nuestra segunda visita al restaurante Koy Shunka, lo descubrimos por primera vez hará tres años en una escapada de cuatro días a la capital catalana cuando aún no ostentaba su flamante estrella Michelín. Acudimos ante el reclamo de este restaurante por una referencia casual en un reportaje de restaurantes japoneses en el país.

La experiencia fue inolvidable. El verdadero espectáculo está en su gran barra de sushi, desde la que puedes disfrutar de la maestría de los sushiman cortando el pescado, preparando el sushi e incluso limpiando la zona de trabajo tras una jornada extenuante. En aquella ocasión tomamos el menú más largo, pantagruélico sería el término más correcto, al que apenas si pudimos sobrevivir y que tantas veces aún hoy recordamos.

En esta nueva oportunidad de saborear su cocina, acudimos con unos amigos a los que habíamos picado la curiosidad, el pasado 7 de junio de 2014, en una visita literalmente relámpago a la ciudad condal (llegamos el sábado a mediodía y nos marchamos el domingo por la mañana).

Hicimos la reserva sin demasiada antelación, por lo que no pudimos disfrutar de nuevo de la barra de sushi, pero la verdad es que acudiendo cuatro personas es más cómodo cenar en una mesa del comedor.

El encanto no es el mismo, la sala es austera y bastante pasada de moda, pero lo importante en Koy Shunka es su cocina.

Y volvimos a repetir la misma osadía; a mi amiga, que no es de mucho comer, se le antojo el menú largo (118€+ IVA) porque “ya que vamos…”, así es que nos armamos de valor y nos pusimos manos a la obra:

Mientras se preparaba un estupendo caldo dashi (ver foto), comenzamos con unos aperitivos sencillos. En mi opinión no estaban a la altura del menú y, además, no eran necesarios.

Una vez que estuvo listo el caldo dashi lo degustamos con unas flores comestibles muy ricas. El caldo estaba tremendo y preparaba el estómago para lo que vendría a continuación.

Caviar de Río Frío en Nube de Umami. Plato fresco y suave, sin embargo, no fue ni mucho menos lo mejor de la degustación, es uno de los platos que se añade al menú largo. Desde mi punto de vista prescindible, de hecho creo que es mucho más acertado el menú corto (86€ quiero recordar), los platos que se añaden al largo no justifican la diferencia de precio.

Vieira, pepino y trufa de verano. Resulta paradójico, pero fue uno de los platos que más me sorprendió, muy sencillo pero tremendamente fresco y elegante, gran acierto.

Qué bonito. Unos tacos de bonito en tataki con una gelatina y un granizado de tomate espectaculares, sin embargo, lo acompañaron con unos tomates cherry cortados a la mitad que no aportaban nada, no entendí esta intrusión del cherry completamente innecesaria. Excepto por este ingrediente, el resto del plato era soberbio.

Espárrago blanco y percebe asado. El espárrago de gran calidad, el plato en perfecta ejecución, sin más.

Fideos japoneses “Nyumen” con espardeñas. Y presa ibérica. La soba estaba muy buena, era el segundo plato que se añadía al menú largo, pero me reitero en lo que ya comenté antes.

Sashimi. Todo un clásico que nunca debe faltar en un buen japonés. Piezas de una calidad insuperable.

Gambas de “Estrella”. Gambas de Palamós excepcionales presentadas en dos texturas. Cruda y en tempura. La tempura estaba riquísima. Este y el siguiente plato fueron de 10. Mi amiga entró en shock y no pudo tomarlos, ¡Una pena!

Bogavante Nabicol. Con unas rodajas de nabo y un crujiente de col. Bogavante tempurizado. Ración más que generosa con unas piezas de bogavante inéditas. Estaba soberbio.

Ternera japonesa “Wagyu”. Cocinada en salsa de miso. Si la preparación hubiera sido diferente, quizás me hubiera gustado mucho más, era el tercer y último plato que se añadía al menú largo y la única carne. Estaba buena, pero decididamente no merecía la pena.

Y para finalizar (y reventar); sushi. Tres piezas de niguiri, de nuevo clásico pero inigualable, y una pieza de maki.

Y los postres. Una cucharadita de helado gratamente refrescante y unas porciones de bizcochito de chocolate con helado y frutos rojos correcto, pero como ya es casi maldición en los japoneses, nada destacable.

Acompañamos toda la cena con dos botellas de Chablis Gran Cru (45€/u). Carta de vinos muy mejorable con precios bastante elevados.

Servicio no más que correcto.

Si pasáis por Barcelona no dejéis de visitarlo, merece la pena, especialmente la barra. Por cierto, también tiene carta. La cocina es sencilla pero el producto y su elaboración son magistrales.

Me queda pendiente Dos Palillos, tiene una pintaza estupenda. Y unas cuantas docenas de restaurantes más, Barcelona tiene un nivelón gastronómico nada desdeñable, lástima que esté tan lejos y el AVE tan caro para ir en fin de semana.

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listas: MIS RESTAURANTES FAVORITOS

Ricard Camarena Restaurant

+34 963 35 54 18

Avenida de Burjassot 54 <m> Marxalenes 4 Valencia, Valencia provincia, España

guardado por 32 personas

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INOLVIDABLE

me encanta, uno de mis favoritos

En una escapada relámpago a Valencia en un fin de semana excepcionalmente gélido para cambiar de aires y de panorama gastronómico, decidimos darnos y dar un merecido homenaje a Ricard Camarena.

Referente en la restauración de la comunidad valenciana junto con Quique Dacosta, cierra su restaurante Arrop con una estrella Michelín en febrero de 2012 y tan sólo cinco meses más tarde emprende una nueva etapa con valentía y astucia empresarial en estos tiempos de dificultades socioeconómicas. En julio de 2012 inaugura su restaurante gastronómico Ricard Camarena. Cuatro meses más tarde ya recibe una estrella Michelín. Sólo un mes después de la apertura de su restaurante gastronómico, ve la luz Central Bar by Ricard Camarena, en el Mercat Central de Valencia y en octubre del mismo año, su restaurante informal Canalla Bistro.

Pues allá que fuimos con aperitivo en Central Bar, comida en Canalla y, como colofón, extraordinaria cena en Ricard Camarena.

Interiorismo muy depurado, de estética escandinava, con líneas limpias y sencillas. Espacio para no más de cuarenta personas. Algunas mesas individuales muy espaciadas, una mesa corrida compartida junto a la cocina abierta y un reservado etéreo.

Carta escueta y dos menús degustación, 70€ y 90€. Optamos por este último con un aperitivo, siete platos y dos postres:

Aperitivo de canapé de anguila y cacahuete del collaret (autóctono valenciano). Más que un aperitivo era un entrante por el tamaño de la ración. No soy amante de la anguila y me pareció muy bueno.

Para empezar con el desfile de platos principales, mero con mandarina en distintas texturas. Sabores en contraste perfectamente equilibrado. Estupendo.

Ostra con aguacate y “horchata” de galanga (raíz asiática similar al jengibre que Ricard nos mostró).

Después de la ostra al ceviche que tomé en Canalla Bistro, “recé” para que Ricard la hubiera incorporado en su menú degustación y ¡eureka! Allí estaba, pero no era la finísima ostra valenciana de Canalla; era mil veces mejor ¡Qué espectáculo! Como me gusta el momento en que un producto desbanca a otro en mis ranking personales; desde ese preciso instante… ¡La mejor ostra que he tomado jamás, la del Ricard Camarena! (Y os aseguro que no son pocas; me apasionan).

Ricard, que sirve personalmente la mayor parte de los platos, nos contó que reserva dos hileras en los viveros valencianos para que su OSTRA se cultive durante 14 meses, en lugar de los 8 meses habituales, y así adquiere ese tamaño y carnosidad tan especial que soporta el resto de los ingredientes de este platazo. Como dice una amiga mía, se me saltaban las lágrimas de la emoción…

Continuamos con tartar de ventresca de corvina con berenjena y ajos encurtidos. Rico, pero los sabores se perdían y la presentación no era muy lograda. Fue el único plato que rompió el gran nivel del menú degustación.

Judías “boby” en un jugo de tomate en salazón, cebolleta y gamba roja. De nuevo estupendo. El jugo de tomates muy concentrado y de extraordinario sabor.

Caballa glaseada sobre puré de boniato, pimienta negra y limón. La niña bonita del chef. Nos comentó que se sentía especialmente orgulloso de este plato ya que conseguía llevar un producto modesto como la caballa a lo más alto de la gastronomía. Y de nuevo gracias a la concepción del plato en su conjunto, ya que el boniato y, muy especialmente, la mantequilla de limón, añadían enteros a la caballa y la convertían en reina y señora. Efectivamente, el mejor plato del menú, pero sin bajar el listón de la ostra.

Cigalas, calabacín a la plancha y velouté de hierbas. Muy bueno.

Para finalizar, alcachofitas ecológicas, fritas y al vapor, velouté de pollo al Jerez y trufa de morella. Y más espectáculo. Especial mención a este plato ya que representa el tesón y la apuesta incondicional de un cocinero por el producto y su tierra. Después de largo tiempo de negociaciones con un agricultor asombrado y a la par desconfiado de la propuesta de Ricard Camarena, sólo consiguió que le cultivara la alcachofa autóctona que él quería recuperar, cuando le adelantó los honorarios convenidos.

Desfilaron verduras, pescados y mariscos, pero eché en falta un plato de carne y así se lo hice saber al chef, que me respondió que Valencia no es una zona de carnes y que hasta que no encontrara algo realmente interesante, no la incorporaría. Así de serio es este chef.

En el apartado de postres; frutas de otoño en sopa de anís y melón, divertida y muy refrescante y, para finalizar, calabaza asada con lágrimas de yogurt y jengibre.

Con respecto a la carta de vinos mencionar que estaban divididos en tres apartados, cada uno de ellos compuesto por generosos, espumosos, rosados, blancos y tintos en función del precio, de menor a mayor coste. Acompañamos todo el menú con un Borgoña blanco 2009 muy especial (35€), recomendación del jefe de sala y sumiller (un crack!).

Con copa de cava (5€), servicio de agua (3,50€), infusión digestiva (3€) y café solo (3€) a precios más que razonables, la cuenta final fueron 229,50€, que bien merecen una ocasión especial como fue la nuestra.

Fue una experiencia inolvidable. Concepto gastronómico muy sólido y de gran nivel; pero al tiempo, cocina sensata, comprometida con la tierra, el producto y sus gentes y con afán de compartirlo con los que visitan su casa. Cocina con alma y corazón.

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listas: MIS RESTAURANTES FAVORITOS, RESTAURANTES VALENCIA

Gath

Buena reseña y fotos. Muy apetecible por lo que leo y veo.

8 de diciembre de 2013

gastrolola

Gracias José Luis, no te lo pienses más y anímate en cuanto puedas, te aseguro que no te defraudará. Y feliz Año a todos!!!

5 de enero de 2014