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Glotona de morro fino

gastrolola

mostrando 3 sitios

CEBO

+34 917 87 77 80

Carrera de San Jeronimo, 34 <m> Sevilla 2 Madrid, Madrid provincia, España

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ENTRE CATALUÑA Y MADRID, EL MEDITERRÁNEO

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Hacía tiempo que no visitábamos un restaurante gastronómico con menú degustación de cocina con mayúsculas. Una celebración destacada nos llevó hasta Cebo después de un minucioso repaso por las grandes mesas de Madrid con una adecuada RCP que estuviera a la altura de fecha tan señalada.

Y a pesar de que el prestigio de esta casa es merecido, la experiencia no acabó de entusiasmarme. No sentí esa sorpresa y emoción que irremediablemente me ha invadido en otras ocasiones, en otros lugares, con otras elaboraciones. Quizás porque estoy en una etapa de gustos más sencillos, de platos más cercanos, de producto y tradición.
Evidentemente una casa de comidas y un restaurante gastronómico no son incompatibles y, por supuesto, no son comparables, pero creo que mis expectativas se disparan tanto ante estos templos culinarios que en más de una ocasión salgo decepcionada.

No obstante, no hay duda que la cocina de Aurelio Morales es de gran altura, corte muy mediterráneo con gran presencia de verduras, marisco y pescado y guiños catalanes y madrileños que buena falta hacen en estos tiempos que corren.

La sala es elegante, casi austera, sin adornos ni detalles superfluos. Mesas amplias con una separación generosa, no podía esperarse menos de un restaurante de estas características. En nuestro caso incluso la mesa fue demasiado amplia, una mesa alargada al fondo de la sala junto al jardín interior a modo de reservado en la que caben hasta ocho personas y que para dos resultaba un tanto desangelada. Otros estarían encantados, es cuestión de gustos.

El personal y su jefe de sala se conjugan en una maquinaria perfectamente engrasada que funciona como un reloj, sobre todo en los tiempos, y a pesar de pedir que fueran un poco más despacio, no supieron o no quisieron hacerlo alegando que sino el menú se hacía demasiado largo. A mí me abrumó un poco con los primeros pases, después conseguí adaptarme al ritmo que nos marcaban y el baile de platos fluyó acompasadamente.

Las opciones son dos menús, corto y largo, y carta. Por supuesto, la elección fue el menú largo con 16 pases por 80 euros. La carta de vinos resultaba atractiva, pero ofrecen dos maridajes a 20 o 40 euros por persona y, aunque no suelo decantarme por esta opción, el chef muy amablemente nos comentó en qué consistía el de 20 euros y nos pareció más cómodo.

Para no extenderme demasiado, haré un sucinto repaso por todos los pases:

-Calcot de otoño. Buñuelo japonés relleno de calcot coronado por un cuarto de higo. Un bocado exquisito.

-Pollo negro y navajas especiadas. Todo mar.

-Quisquilla del mediterráneo. Tartar de quisquilla con un gel de sus huevas ¡azules! y aire de limón. Otro bocado delicioso.

-Callos. Croqueta líquida de callos y torta de garbanzos. Un plato de callos en una croqueta con el contrapunto de la torta que se come al principio. No soy de callos, pero de nuevo este bocado me pareció un gran acierto.

-Migas, pie y oreja. Este fue el plato que más me sorprendió. Aquí encontré enjundia, garra y técnica. Un 10!

-Boquerón (2016). Uno de los platos estrellas de Aurelio, que, perdónenme, a mi me dejó un poco fría. La espina frita bien, el helado de boquerón en vinagre muy logrado, pero no me entusiasmó y el resto rico, especialmente las perlas de aceituna, pero no encontré esa emoción de la que tantos hablan.

-Manjar blanco y bogavante nacional. Acompañado de una miga de pan dulce que me recordó a Ramón Freixa. No soy amiga de la conjunción de los sabores dulces con los salados, no me dijo nada.

-Chipirón “Black andaluza”. Gran producto, rebozado impactante y ejecución perfecta, pero me pareció más efectista que sorprendente en boca. El punto de alioli, de gran maestría. Hicimos una consulta al respecto pero nunca llegó la contestación.

-Arroz “Costa Brava” y gamba roja. Arroz a modo de risotto con mejillones y setas, muy rico. La gamba de gran calidad, pero no entendí que se sirviera a parte sin más.

-Vaca vieja “180 días” y caldo maduro. Ya que era el único plato de carne de todo el menú me hubiera gustado que fuera un poco más grande o algo más contundente. No soy muy carnívora, pero me gusta la carne y a pesar que desde el primer momento el jefe de sala nos advirtió que era un menú de marisco y pescado, hubiera preferido más presencia de ésta. Estaba muy rica con un gran sabor a su maduración. Con el caldo me recordó al sabu sabu japonés.

Con los platos nos ofrecieron varios panes entre los que nos llamo la atención el pan con masa de churros que elaboran ellos mismos. Muy contundente pero digno de un maestro panadero.

Y por último tres postres que pasaron sin pena ni gloria. El primero un queso dulce de remolacha, que sugerí al chef cuando salió al final de la cena a saludarnos que podría ser más contundente. Me respondió que así era al principio pero que por petición “popular” había pasado a ser más suave. Ya se sabe, sobre gustos no hay nada escrito, siento que la mayoría haya llevado al chef a proponer un queso que no parece queso.
Después naranja y azafrán y chocoratafia. Prescindibles.

Para terminar, con el café, un guiño a los dulce de su ciudad natal, Alcalá de Henares; yemas, almendras y costrada de Alcalá. Demasiado dulce para mi gusto.

Todo este festín lo acompañamos de cava Juve y Camps, un blanco verdejo, un tinto Ribera del Duero muy bueno y vino dulce de Alicante. Sin restricciones ni estrecheces, las copas se rellenaron tantas veces como iban quedando vacías.

En definitiva, un buen menú con platos para el recuerdo y otros no tanto con una muy buena RCP que nos acompañaron en una velada muy agradable. Muchos reclaman una estrella Michelin para Cebo, no seré yo quien diga que no la merece.

Visita 31 de octubre de 2017

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Sasha Boom

+34 911 99 50 10

Calle Raimundo Fernández Villaverde, 26 <m> Cuatro Caminos 1 2 6 Madrid, Madrid provincia, España

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LO NUEVO DE ASIANA Y JAIME RENEDO

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Lunes 9 de enero de 2017 apurando los últimos coletazos de las vacaciones navideñas, aprovechamos para conocer el nuevo proyecto de Asiana con Jaime Renedo en la zona de Ponzano, auténtico hervidero de interesantes propuestas culinarias en la capital.

Como era de esperar, el local estaba desangelado, con tres mesas ocupadas incluida la nuestra. La nueva decoración es más acertada que la de su primer inquilino LaKasa de César Martín. Decoración urbana de corte industrial, pero con un toque chic que le aporta calidez. Mesas desnudas como ya es más que habitual en los establecimientos de nuevo cuño.

Personal muy amable explicando cada plato, recomendaciones para tomarlos e interesándose de las sensaciones que nos transmitían los platos.

La cocina de Sasha Boom es fusión asiática con toques internacionales e influencias mediterráneas.

Los platos que tomamos dos personas para compartir fueron los siguientes:

Ceviche Thai de salmón de Alaska con pesto de cilantro y galanga, fire cracker, tamarillo y kunkuat (16,20€). El mejor plato de la comanda, salmón troceado de buen tamaño y pesto con la potencia justa. Según la persona que nos atendió, es “obligatorio” tomarlo con cuchara, nada de palillos, hay que tomar la leche de tigre junto con el resto de los ingredientes. Muuy rico.

Carpaccio de magret de pato, majado de pistacho y argan, quinoa con cuajada marroquí, higos y pomelo encurtido (12,50€). Magret de pato muy bueno, pero ración muy escasa, 4 lonchitas pequeñas, sería necesario añadir 2 lonchas más para que los ingredientes estén equilibrados, buena combinación de la carne con el fruto seco, la cuajada marroquí con quinoa y yogur y el sabor dulce/ácido de la fruta.

Kebab indonesio; lomo de buey, raita y sweet chili (9,95€). Reproduzco los ingredientes de la carta, en definitiva, un rico kebab de carne con brotes y hierbas frescas con salsa agridulce, muy parecido al soulaki griego, lo más interesante es la pasta filo crujiente que envolvía todos los ingredientes. De nuevo ración muy escasa para su precio.

Chupe peruano de cangrejo (14,50€). 4 dumpling de carabinero con una salsa espesa elaborada con la cabeza de los carabineros y cangrejo. También muy bueno, aunque quizás la masa de los dumpling es demasiado gruesa, más fina permitiría dar mayor protagonismo al carabinero. La salsa tiene la potencia justa y no peca de excesivo sabor a marisco.

Acompañamos los 4 platillos con una copa de cerveza Turia tostada (2,90€), una copa de Jumilla Petit Pittacum (3€) y una copa de Ribera del Duero Terrible (3,50€); cuenta total 62,55€, sin postre ni café/infusión.

Propuesta interesante de cocina fusión internacional elaborada, pero definitivamente los platos son caros para su tamaño, creo que esto tendrían que revisarlo ya que hay otras propuestas en Madrid similares con mejor RCP.

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Javier B.

Un inciso, el petit pittacum es Berciano, y cobrar 3€ es un exceso de los buenos, la botella cuesta 7€ en tienda.

11 de enero de 2017

gastrolola

Pues tienes razón Javier, nos dijeron Jumilla y nos quedamos tan anchos, es DO El Bierzo y efectivamente el que dices es su precio, con 2 copas amortizan la botella

11 de enero de 2017

Casa Elena

+34 925 35 54 07

Calle Nueva, 15 (Toledo- Cabañas de la Sagra) Cabañas de la Sagra, Toledo provincia, España

guardado por 29 personas

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RESTAURANTE SLOW FOOD EN CABAÑAS DE LA SAGRA

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Nueva visita al restaurante Casa Elena en Cabañas de la Sagra en la que ha sido nuestra última comida del 2015 en compañía de unos buenos amigos.

Parece que el cambio de chef les ha sentado bien. Cocina tradicional renovada con más convicción, bien anclada en el producto y en la tierra.

Tras el aperitivo de sus ya clásicas croquetas de ibérico que el propio jefe de sala confesó que no se atreven a cambiar, tomamos:

Steack tartar. Ración muy generosa acompañada de finas tostadas de pan. De nuevo no nos preguntaron por el punto de picante. Inicialmente nos pareció un pelín pasado de mostaza, pero tras el primer bocado los sabores se equilibraban y el resultado final fue muy satisfactorio.

Arroz en costra con merluza. Buena ejecución, pero desde mi punto de vista el plato no era de altura.

Pulpo. Si el que probamos en nuestra primera visita era estupendo, este le supera. Espectacular e imprescindible.

Tras estos tres primeros entrantes en cantidad más que generosa, pasamos a los platos principales:

Cochinillo deshuesado sobre cama de manzana que no cumplió con las expectativas del comensal.

Bacalao a baja temperatura, me dicen que muy bueno.

Y las otras dos personas tomamos lomo de corzo con frutos rojos; para chuparse los dedos.

De postres, la tarta de queso manchego y una sopa de almendras con mazapán casero y helado de vainilla fuera de carta. Ambos a buen nivel, aquí los postres no desmerecen en absoluto.

Acompañamos la comida con un Finca Loranque crianza de la zona.

Para rematar la faena petit fours incluidos con los cafés.

33€/pp con el 30% de descuento del tenedor.

En esta segunda visita, coincidiendo con el cambio de cocinero, confirmamos las buenas sensaciones de este Casa Elena que merece la pena conocer.

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Agradable visita al restaurante Casa Elena al que no hubiéramos acudido si no fuera gracias a que nos lo descubrieron unos amigos de la zona.

Ubicado en Cabañas de la Sagra, a 50 km de Madrid y 18 km de Toledo. Aún así, el 80% de sus clientes son de la zona sur de Madrid.

Antigua casona solariega cuyo comedor principal ocupa su pajar recuperado de 1930. Varios ambientes, terraza veraniega incluida que tuvimos la mala suerte de no disfrutar dadas estas temperaturas poco habituales de mediados de junio.

Negocio familiar enclavado en tierra de nadie, no exento de valentía y arrojo, que recupera esta casona con gran respeto por su arquitectura original y en el que un equipo muy joven emprende un proyecto con raíces, cuya máxima es preservar las tradiciones regionales culinarias, con productos de proximidad y ecológicos, en una cocina tradicional renovada a cargo del jovencísimo chef Ignacio Rosado.

El ambiente en el comedor principal con capacidad para 50 comensales, con sus vigas de madera y techos altos, lejos de resultar desangelado con tan sólo dos mesas más, es muy relajado e íntimo.

Existe la opción de un menú degustación de temporada por 35€, o carta no muy extensa con unos 8 ó 10 entrantes desde 9€ (croquetas) hasta 16€ (pulpo) y otros tantos principales a un precio medio de unos 18€. Postres a 5€.

6 personas compartimos de entrantes:
Croquetas de jamón ibérico, espectaculares. Me confieso no croquetera y de estas me hubiera tomado 3 ó 4, buen tamaño, un rebozado muy fino y un relleno cremoso muy ligero y sabroso.

Ensalada de bresaola con queso y rúcula, fuera de carta. La bresaola estaba muy buena, pero el plato no tenía mayor interés.

Ensalada de caballa escabechada con naranja y vinagreta de cítricos. Agradable, pero el escabeche de la caballa era demasiado suave, necesitaba más potencia.

Y el mejor entrante junto con las croquetas; pulpo a la brasa sobre puré de patata. El pulpo sobresaliente, el puré de patata muy primario, pero estaba rico.

Al ser tantas personas y compartir todos los entrantes, repartirlos en pequeñas raciones individuales fue muy incómodo, creo que el servicio de sala debería haber tomado la iniciativa y haberlo hecho ellos, pero quizás es pedir demasiado.

De platos principales tomamos:
Rape glaseado con espuma de guisantes, cítricos y brotes de temporada. Me dicen que espectacular.

Steak tartar. Al comensal no le preguntaron por el punto de picante y parece que picaba bastante. Yo lo probé y doy fe, pero la carne y los condimentos muy muy buenos. Aquí juegan con ventaja, la materia prima proviene de la carnicería familiar de un pueblo muy cerquita. Ración muy generosa con patatas fritas caseras y tostaditas de pan muy finas.

Yo opté por la merluza de pincho sobre ensalada de aguacate y tomate y vinagreta de cítricos. Gran calidad de la materia prima y punto de elaboración perfecto.

El resto tomaron un ramen de rapé y verduras fuera de carta. No lo probé, pero los comensales parecieron satisfechos, verduritas al dente, buen pescado, buenos fideos y caldo con sustancia, aunque distaba mucho de ser un ramen clásico con su buena cantidad de caldo shoyu, carne y huevo (véase Chuka Ramen), pero no dejaba de ser un ramen reinterpretado. Hubiera ganado mucho si lo hubieran servido en un buen cuenco en lugar de en plato.

Y no os perdáis los postres; tarta de queso manchego con helado de tomillo, rica, aunque demasiada nata y poco queso, estas tartas que presumen de ser toda una declaración de intenciones me gustan con más fundamento, y un bizcocho de chocolate con helado de leche tipo coulant con unos trocitos de browni con nueces, verdaderamente buena.

Con los cafés e infusiones unas trufas de chocolate muy fino con una tierra de galleta.

Acompañamos la comida con dos botellas de blanco Caraballas verdejo 100% ecológico (16€/u) que maridó perfectamente con los platos.

Todo esto con dos copas del mismo vino blanco, un refresco, tres cervezas artesanales salvaje de 1/3 y dos 1/3 de mahou sin alcohol, 185€, 31€/pax con el descuento del Tenedor.

Servicio amable y atento, con una charla con el maitre y el chef al final de la sobremesa, que puso un punto y final muy agradable a la velada.

Por el nivel de cocina le pondría 3 estrellas, pero le subo a 4 por el lugar, el ambiente y la amabilidad del equipo.

No es un lugar para ir a propósito, pero si no te pilla muy lejos o lo acoplas en un antes o un después de un paseo por Toledo, merece la pena conocerlo. Les deseo mucha suerte en su andadura gastronómica.

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