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Glotona de morro fino

gastrolola

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La Primera

+34 910 52 06 20

Calle Gran Vía 1 <m> Sevilla 2 Madrid, Madrid provincia, España

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LO NUEVO DE LOS QUIRÓS

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Nueva visita improvisada a esta casa el sábado 30 de septiembre.

Hemos optado por medias raciones de sus famosas rabas (11€), buñuelos de bacalao (6,25€) en esta ocasión perfectos y patatas rellenas de rabo (8€). Todo muy rico

De plato principal cordero al horno para compartir que nos emplatan individualmente (19€). También muy bueno.

Terminamos con una tarta de queso Cañadio para los dos, imprescindible (7€).

Hemos acompañado la comida con vino Ribera del Duero Cepa 21, 3 copas 15€, esto me ha parecido un robo, la verdad.

El precio del pan también lo han subido desde nuestra anterior visita, pasa de 1,50€ a 1,80€.

Cuenta total 69,85€. Hoy me ha parecido caro para lo que hemos comido y bebido, aunque me sigue pareciendo un buen sitio.

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En cuanto hace poco más de un mes conocí la cocina de los Quirós en Cañadío, el buque insignia del grupo, supe que estaba abocada a sucumbir a la tentación de sus hermanos, y que mejor que continuar la exploración gastronómica de esta casa que su nuevo retoño, La Primera.

Los astros se alinearon y la ocasión estaba servida, comida familiar y musical infantil regalo de Reyes para las más pequeñas de los dos clanes familiares y para las más mayores, las abuelas todoterreno de las susodichas. Los anfitriones, los tíos de las criaturas e hijos de las abuelas, encantados con la experiencia.

La ubicación de La Primera es perfecta, no podría ser mejor, además, una no puede dejar de recordar aquellas veladas tan formidables en el Gula Gula, referencia de los espectáculos de drag queen durante bastantes años.

El local es amplio, con grandes ventanales, acogedor e informal, con mesas sin mantel, vajilla y cubertería desigual y servilletas tipo paño de cocina, pero a la vez tiene un toque elegante y refinado con sus bancos mullidos con cojines que te envuelven.

Barra desahogada a la entrada y mesas a ambos lados separadas por enormes plantas naturales y unas vistas, en la zona central al fondo del local, supongo que fantásticas, ya que en los laterales las vistas no son tan llamativas.

Seis personas, cuatro adultos y dos niñas de seis años.

Para ellas un entrante de croquetas de lacón y huevo (12€) y unas rabas de Santander (17€) para compartir. Las rabas las pudimos probar, muy ricas, sobre todo por su sabor, que te traslada irremediablemente a los veranos de Santander; las croquetas fue imposible probarlas, les encantaron, las devoraron sin ningún miramiento hacia sus pobres tíos y abuelas y creo que esto es la mejor prueba de que estaban riquísimas.

De entrantes para los adultos, unos buñuelos de brandada de bacalao (12,50€) muy ricos, aunque quizás con un pelín de exceso de aceite, aunque lo digo yo que soy un poco delicada con las frituras, así es que quizás mi opinión no sirva de referencia.

Y verduras guisadas (16€), de una calidad extraordinaria, cada vez valoro más este producto bien cocinado. Las acompañan con una loncha de buen jamón y una salsita de guisantes para mojar pan hasta que dejas limpio el plato. Para compartir cuatro personas sabe a poco, la ración es más bien justa.

De platos principales tomamos:
Arroz secos con verduras (18€), que sirven en una cazuela de hierro para conservar el calor, gran idea, tuvimos la suerte de probarlo todos, refrendo las opiniones con respecto a este plato, sencillamente espectacular, mi madre es una amante del arroz y disfrutó muchísimo.

Callos a la montañesa (16€), ya el aspecto del plato habla por sí solo. Otro plato del que mi suegra es una gran seguidora, otro gran acierto.

Mi pareja optó por las albóndigas de bonito (18€) y de nuevo, otro gran acierto, también las probé y estaban buenísimas, con un gran sabor al pescado y una salsa con fundamento de las de no parar de mojar.

Mi plato quizás fue el más anodino, merluza Meunier (22€), rellena de salmón y acompañada de unos mejillones y dos gambas, estaba rica, pero no me emocionó. Ración escasa comparada con el resto de los platos.

Para las peques una hamburguesa de carne “La Primera” (15€) para compartir que les emplataron cortada por la mitad individualmente. No se la comieron bien, la verdad, la hamburguesa era demasiado gorda para ellas y les resultaba muy difícil comerla, así es que acabamos destripándola en varios trozos y al final sólo la carne, aunque tenía una pinta estupenda recién servida y constato que la carne estaba muy buena.

Los adultos acompañamos la comida con un Menade ecológico (17€) uva verdejo que me encanta y una copa de tinto Rioja Sierra Cantabria (4€). Para las niñas 2 botellas de Solán de Cabras (2,70€/u).

De postre tres tartas de queso, idénticas a la de Cañadío, para compartir los seis (7€/u). Tenía muchas ganas de que la probaran y a pesar de que a mis sobrinas no les cautivó, a los adultos les fascinó.

Pan 1,50€ por persona, más un café solo (2,50€) y una manzanilla (3,50€), 208,90€ cuenta total.

A pesar de que el disfrute no fue completo porque no estamos acostumbrados a salir a comer con niños, la comida fue muy agradable y divertida y en general, gustó todo mucho. Lo único que no me gusta en absoluto del grupo son los precios en bebidas (agua en este caso) y cafés, me parece un exceso. Aún así intentaré conocer la otra mitad de los restaurantes de Quirós e incluso volveré a visitar este para disfrutarlo con más tranquilidad.

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Cañadio Madrid

+34 912 81 91 92

Calle Conde de Peñalver 86 <m> Diego de León 4 5 6 Madrid, Madrid provincia, España

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LA IMPRONTA DE PACO QUIRÓS EN MADRID

me encanta, uno de mis favoritos

Mi tendencia innata a decantarme por restaurantes con influencias de otros lugares del mundo, me resta casi por completo la oportunidad y el placer de conocer otras casas de corte clásico, basadas en el producto de nuestra tierra, en las que su máxima es dar de comer rico y hacer disfrutar al comensal con elaboraciones de siempre en las que se ensalza el producto con el valor añadido de la sabiduría gastronómica del siglo XXI.

Pero afortunadamente, de cuando en cuando surge algo especial que me ayuda a romper con esta tendencia y descubro arrepentida que existe otro mundo culinario aquí mismo que me está esperando con los brazos abiertos.

Y gracias a la invitación que otra amiga y yo hicimos a una gran amiga común con claras preferencias por la cocina con fundamento, tuve el placer de conocer la cocina del gran Paco Quirós en Madrid en su restaurante Cañadío, al que por cierto, a pesar de lo dicho anteriormente, hacía tiempo que tenía en mi larga lista de pendientes.

La ocasión lo merecía con creces, así es que la mar de contentas nos plantamos las tres el domingo 6 de noviembre de 2016 en la joya de la corona del cada vez más amplio reino del chef santanderino, con permiso de la Bien Aparecida, que a pesar de ser el rey del reino, aún tiene poco tiempo.

Como ya todos sabéis (creo que sólo faltaba yo y algún otro foodie de esta congregación igual de despistado), el local no es amplio, con barra a la entrada que debe estar a reventar todos los días del año, comedor informal en planta semisótano y comedor formal en la primera planta en el que, por supuesto, reservamos. Con no más de ocho mesas, el espacio resulta acogedor, con un banco corrido con cómodos cojines al fondo para aprovechar al máximo el espacio y las mesas con una separación razonable.

Servicio joven y experimentado, aunque el ritmo fue algo precipitado, especialmente hasta que nos sirvieron los principales.

Tomamos un vino blanco de aperitivo en la barra/sala de la entrada que terminamos ya en la mesa porque abajo, como digo, no cabía un alfiler. Un Monte Blanco verdejo de Ramón Bilbao que por extraño que parezca no habíamos probado nunca y que nos encanto, de hecho más de una ya nos lo hemos agenciado para tomar en casa.

Comenzamos con un aperitivo de buñuelo de bacalao rico y un chupito de una crema muy suave que ya no recuerdo.

Para compartir las míticas rabas (17€) que no podíamos dejar de probar y que no decepcionaron, aunque debo decir que en mis muchos años de veraneo en Santander las he tomado mejores, pero es indiscutible que probablemente no tengan competidor en la capital. Eso sí, las cobran a precio de oro.

Y pastel de perdiz con salmorejo (14€), ración generosa, muy equilibrado, en su punto justo de potencia tratándose de caza e ideal para untar y untar acompañando la agradable charla.
Pero creo que como ya habéis dicho muchos por estos lares, Cañadío se pone de tiros largos con los platos principales. Dos de las comensales tomamos rabo de vaca (una ovación para Quirós por no llamar a las cosas lo que no son) con mollejas rebozadas (20€), para llorar de alegría, un platazo, rabo deshuesado tiernísimo y meloso con un fondo de guiso con fundamento y unas mollejas con un rebozado perfecto.

La homenajeada tomó un mar y montaña, manitas de cerdo rellenas de cigala (20€) que igualmente eran una delicia.

Acompañamos el comercio con una botella de Atecca Oriente del que no recuerdo la denominación de origen, pero que nos resultó curioso que la bodega se lo embotellaba a Lavinia. Muy rico a un precio muy razonable, 16€.

Y como colofón de la estupenda comida, dos tartas de queso para las tres que muy acertadamente tuvimos la previsión de solicitar al tomarnos la comanda, que después se agotan. Y en este punto confieso que este día conocí otra dimensión de los postres que hasta ahora, profana en esta materia, no había conocido; golosos y no golosos del mundo!!! Venid a Cañadío sólo por este manjar, os aseguro que no podéis haceros una idea como es esta tarta hasta que no la probéis, y lo dice una persona que siempre sustituye el postre por una manzanilla, imaginaos! Los 8,50 € por ración lo merece. Un 20 sobre 10.

Y cerramos esta comida que permanecerá en nuestro recuerdo por la cocina y sobre todo, por la compañía, con la infusión de manzanilla y un poleo (3,50€/u) muy subidas de precio y un café (2,25€)

Servicio de pan 2,20€/pax. Las copas de vino no nos la cobraron. Total 139,85€, 40€ por persona, que a pesar de que en algunos puntos como café e infusiones no son contenidos, es una RCP estupenda haciendo una valoración general de cocina, servicio y sala.

Si sois de los que perdéis el culo (con perdón) por la fusión, lo asiático, y la cocina del mundo, como yo y aún no conocéis Cañadío, estáis tardando, no conocer esta casa es casi casi un pecado capital. Mi próxima parada La Primera, de cabeza.

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