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Glotona de morro fino

gastrolola

mostrando 2 sitios

Latazo

+34 655 12 73 00

Calle Santa Isabel 5 <m> Antón Martín 1 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 8 personas

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De vermuts en el mercado

está OK

Me alegra mucho que el mercado de Antón Martín haya tomado el pulso a los nuevos tiempos y se haya reinventado.

Los puestos de frutas, verduras, pescados, carnes y embutidos han pasado a compartir espacio con pequeñas propuestas gastronómicas que en algún caso están claramente consolidadas como el japonés Yokaloca.

La oferta es enormemente variada, además del japonés, el vegetariano Botánica, el mexicano Gutzamala, el colombiano El Mono de la Pila, un italiano, un griego, un taiwanes take way y una vermuteria, que es el que nos ocupa en esta ocasión.

Servicio amable con ganas de agradar y captar clientela.

Oferta extensa de vermut desde el Zarro de grifo a 1,75€ hasta otros mucho más sofisticados en los que el precio sube.

Gran pizarra en un lateral del puesto con la oferta para picar con latas, tostas y algún platillo algo más elaborado.

Nuestra opción fue un vermut de grifo y un Lustau reserva con más enjundia. Para "empapar" la bebida unos mejillones viajeros de lo más resultones ya que no se trataba más que de un buen mejillón en escabeche sobre una base de guacamole espolvoreado con ralladura de lima en pan de gambas.

Lo mejor el ambientazo del mercado un sábado a la hora del vermut!

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La Bomba Bistrot

- cerrado

Calle Pedro Muguruza, 5 <m> Cuzco 10 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 255 personas

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NO SE LE PUEDE LLAMAR COMER MUY BIEN

está OK

Christophe Pais es el chef y propietario de La Bomba Bistro, restaurante inaugurado en junio de 2013 en el barrio de Cuzco, tras un año de la apertura de su hermano menor, La Bomba Rice Bar en Chueca. Además, Christophe está al frente de la web noselepuedellamarcocina.com

Afán de bistró parisino en el comedor, realmente acogedor en tonos rojos, amarillos y ocres; en las mesas, con sus caminos de mesa en cuadros rojos y blancos a juego con la servilleta de tela, vajilla blanca y una sencilla jarrita con un tulipán; y en el ambiente desenfadado, con público mayoritariamente joven (quiero decir de esos jóvenes rozando los 40…) En estas cuestiones, supera a auténticos clásicos como Sacha o Le Comité. Sin embargo, no puedo decir lo mismo de su carta.

La sección de “Nuestra filosofía” en su web, comienza diciendo: “Nos gusta la mesa, la buena mesa, quizás parezca algo primitivo pero nos gusta comer muy bien y pretendemos dar de comer muy bien en La Bomba Bistrot.”

Y anoche, 8 de febrero de 2014, nosotros no comimos muy bien.

En su descargo, debo decir, en primer lugar, que no tomamos ninguno de sus platos estrella; rape negro individual en llavero con patatas chips (22 euros); “La famosa chuleta Obelix”, 850 gramos de carne para dos personas asada en brasas de encina con patatas triple cocción y pimientos de Guernica (50 euros) o “Le Poulet Rôti du Dimanche”, ave procedente de la granja de los hermanos Rovira (35 euros por persona). En segundo lugar, creo que es más aconsejable ir a comer que a cenar.

Como adelantaba anteriormente, la carta genera incertidumbre. Las entradas más clásicas (ensaladilla rusa, alcachofas fritas, croquetas melosas, ¿calamares a la romana? y butifarra blanca), las entradas más sofisticadas (ostras Gillardeau, tartar de atún de almadraba y ¿ceviche de corvina salvaje?) y las entradas más verdes (verdura a la brasa, ¿ensalada verde? y ensalada fresca de tomate). ¿Arroces? Rescatados del Rice Bar, alguno con productos de temporada como el arroz con pichón que sirven estos días, el ya famoso arroz Berlanga, con una receta de arroz de cocido y arroces del mundo. Carnes, con su destacada “Chuleta Obélix”, tartare de secreto de buey o vaca, costilla de cerdo ibérico, ¿paletilla de cordero?, la omnipresente hamburguesa, que ya no puede faltar en ningún restaurante que se precie y el “pollo perfecto”. Como acompañamiento aparte se ofrecen las patatas triple cocción. Pescados, con el rape negro a la cabeza, merluza de pincho y tartare de atún y ceviche de corvina que vuelven a repetirse en ración completa en lugar de degustación en los entrantes y postres, como la paulova o la torrija de Baileys.

A nosotros no nos resultó especialmente apetecible, eso sin mencionar los precios, bastante elevados, que no dudo que los pollos de los hermanos Rovira criados con cereales y a baja cocción seis horas, no sean excepcionales, pero a priori, 35 euros por persona (el precio de la web no está actualizado y en la carta lo han rectificado a mano, al igual que algunos otros, detalle bastante chapucero); no invita a disfrutar de la experiencia.

En definitiva; para comenzar no me resistí a probar el cóctel “secretario de estado” con vermut rojo artesanal, selz y un toque de ginebra (3,50€) muy suave, que acompañan con unas aceitunas de buen calibre y sabor. De aperitivo un paté de carne casero muy rico con buen pan negro y blanco.

De entrantes optamos por la degustación de ceviche de corvina salvaje (14€) y las croquetas melosas de jamón ibérico (9€). El ceviche nos pareció una interpretación del chef, ya que a pesar de que la corvina era fresca y el punto de la cebolla roja perfecto, el pescado tiene poco sabor, hay una ausencia absoluta de cítrico, el maíz que anuncia la carta brilla por su ausencia y los tomatitos cherry no tienen ningún sentido. En cambio, las croquetas melosas estaban excepcionales.

De platos principales nos cuesta decidir. Finalmente nos inclinamos por el tartare de secreto de vaca (21€) y la hamburguesa de buey casera la Bomba (17€). La carne del tartare es de gran calidad, pero no te consultan el punto de los aderezos, para mi gusto estuvo bien, pero el devoto de los sabores contundentes no quedará satisfecho. El pan tostado mejorable, que en mi caso quedó relegado al cobrar protagonismo las patatas triple cocción; buenas sin más. La hamburguesa de mi acompañante resultó bastante decepcionante, la carne también era de gran calidad pero no tenía sal (y os aseguro que si a él le pareció sosa os puedo asegurar que NO TENÍA SAL) y el resto de los ingredientes, lechuga, tomate, cebolla caramelizada, mayonesa e incluso el propio panecillo; eran mediocres. Concluyó que su elección había sido completamente desacertada. Quizás con otro plato las sensaciones hubieran sido más positivas.

La carta de vinos es escueta, pero están bien seleccionados y los precios me parecieron comedidos. Preferimos tomar vino por copas para acompañar el ceviche con blanco y después continuar con tinto. En el apartado de los blancos puedes elegir entre un blanco Rueda verdejo y un blanco Rueda verdejo; pues eso (2,90€/copa). En el apartado de los tintos otros dos más, un Rioja y un Ribera del Duero, pero Christophe nos recomendó un Borgogne (22€ botella, 5 eurazos/ copa) que ha incorporado como vino de la casa, desde que un “periodista” (dice con retintín) mencionó que no era posible que no hubiera un vino francés en un bistró (bueno, tampoco hay entrecot,…).

El borgoña estaba muy bueno, lástima que el camarero nos lo sirviera en copas de vino blanco bien pequeñas. Incluso a pesar de mi advertencia, me contestó algo airado que las de vino tinto se le habían agotado porque tenía “un grupo muy grande abajo”. ¿Yyyyyy? Pues nada, me quedé compuesta y sin copa para vino tinto. No me esperaba esto de un servicio que proviene de casas como Club 31 y Jockey. Bien es cierto, que excepto en esta cuestión, el servicio fue amable y profesional.

De postre paulova para compartir (7€). No la habíamos probado nunca y tenía cierto reparo porque no me gusta el merengue, pero el equilibrio con la nata, los frutos rojos y la fruta de la pasión era perfecto.

Café solo que de nuevo desmerece un buen bistro y juego de aromas con infusiones en varios tarros en el que te invitan a adivinar cada variedad con el olfato antes de averiguar de cuál se trata a través de un cartel debajo de cada uno. Ambos invitación de la casa.

Con una botella de agua con gas ½ l. (3,50 eurazos) y servicio de pan y aperitivo (3,60€ dos), 99,40€.

50 euros por persona podría ser un precio razonable si nos hubieran dado MUY BIEN DE COMER, pero no fue así. E incluso podría haber sido más caro si hubiéramos elegido uno de los platos de referencia del restaurante. Lamentablemente, casi siempre salgo de la mayoría de los restaurantes de Madrid con la misma sensación. Hoy en día, para pagar 50 euros por comer o cenar hay que comer muy bien, como el mismo Christophe se propone, y quizás, como también él mismo dice, es una meta muy difícil.

Debe seguir intentándolo e incluso le daremos una segunda oportunidad y acudiremos a comer sus arroces ya que son muchas las buenas opiniones que os he leído.

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acme

Estoy escuchando últimamente más de una mala opinión de la Bomba y unido a que el Rice bar sigue sin abrir concluyo que mal asunto....

Ya en los buenos tiempos del año pasado era un sitio pasadete de precio. Al fin y al cabo se pagan más de 40 lereles/pax por un simple arroz pero lo recuerdo como un agradable almuerzo y el servicio fue superior.
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9 de febrero de 2014

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