Me gusta comer bien, beber buen vino y un gintonic de vez en cuando, acompañado de mi mujer y de los amigos para los que comer y beber es un placer.

Globez Lopez

mostrando 2 sitios

Le Petit Handicap

+34 915 62 21 59

Calle del General Oraá, 56 <m> Avenida de América 4 6 7 9 Madrid, Madrid provincia, España

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Singular e imprescindible bistró de toda la vida

me encanta, uno de mis favoritos

A Handicap le debo mi escasa afición al fútbol. Descubrí con mi entonces novia, hoy mi mujer, que cuando había un gran partido, su minúscula barra dejaba de estar atestada; y entre Butrageño y unas "patatas astronauta" la elección era obvia.

Handicap es otro lugar emblemático del Madrid gastronómico. Tubo una efímera delegación en Argüelles, pero el genuino, en donde siempre atendió como maître su dueño, ya fallecido, es el de General Oraá. De aquel hombre, con cuerpo de jockey y maneras afrancesadas, recuerdo su recitado de carta de memoria (a capela, como decía un amigo sembrado) mientras yo intentaba desentrañar al vuelo cual de los platos era pedible y cual un palo; cuando eres un joven con escasos posibles invitando a quien quieres ligarte lo de las cartas a pelo te pone muy nervioso.

Handicap es un bistró pequeño de inspiración francesa con unas 8 mesas minúsculas para servicio de restaurante y una barra enana. La decoración es ecléctica, antigua, pero agradable y bien conservada; el lugar resulta acogedor. Al personal, todos hombres, le cuesta la sonrisa, pero llevan allí tanto tiempo que sus maneras forman parte del escenario.

Pocas veces me he sentado en sus mesas, pero he practicado mucho la barra. Su carta de picoteo y raciones es amplia, genuina y no excesiva de precio. En cambio comer de carta "cantada" puede ponerse en un pico si bien merece la pena probar sus guisos y platos elaborados. Desde hace unos años ofrece un menú de mediodía por 25€.

Sus clásicos de barra son el pincho kung-fu, en pulguita o en plato, una mezcla de atún y mayonesa con vinagreta; la pulga de salchicha o la de atún con tomate; sus "patatas astronauta" abundantes patatas más bien finas con ajo y perejil; gran variedad de revueltos, tersos y suaves, de entre los que destaco el de queso; los calamares en su tinta con un excelente arroz blanco; croquetas exquisitas de varios componentes; suave rabo de toro; y más, muchos más, pinchos y platos (fuentes alargadas) servidos de manera sencilla pero impecable.

Bodega suficiente con varias posibilidades de crianzas para tomar por copas.

Como se ha puesto el paño, el precio final en barra no es excesivo, sino rompemos nada, cenar de pinchos y raciones con vino por copas sale en unos 20-30€ por persona.

Handicap es un lugar muy singular, de clientela muy fiel a la que le gusta comer ricos platos genuinos en un lugar minúsculo pero muy agradable. Es imprescindible.

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El Pepinillo de Barquillo

- cerrado

Calle del Barquillo 42 <m> Chueca 5 Madrid, Madrid provincia, España

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Bistró del que esperaba más

está OK

Si nos atenemos a la definición de que un Bistró es un “establecimiento de reciente creación cuya cocina se basa en platos clásicos” y la cruzamos con la más coloquial de lugar pequeño y muy acogedor, El Pepinillo de Barquillo es un genuino Bistró.

El lugar merece una visita: Pintado en un verde intenso, mostrador de mármol, suelo de tarima auténtica, iluminación baja acentuada por las lámparas individuales de las mesas pegadas a la pared (no aparecen en las fotos aquí recogidas), grandes espejos art decó años 30, fotos curiosas y un inmenso pincho de pepinillo colgado en el techo. Las mesas son pequeñas, con alternancia de manteles en blanco y a cuadros.

El servicio es escaso y básicamente pivota sobre una maître-camarera, profesional y seria.

Para dar una opinión más fundada sobre su cocina habrá que visitarlo una segunda vez, pues en la primera no hemos acabado contentos. Tomamos de primero una sencilla ensalada verde, y una ración mixta de huevas de atún y mojama de buen producto; nada que objetar ni que destacar. Los segundos fueron más problemáticos, pido una “Corvina estofada con verduras, aceitunas y tomillo”, pues me apetecía un pescado estofado (Estofado según la RAE: “Guiso que consiste en un alimento condimentado con aceite, vino o vinagre, ajo, cebolla y varias especias, puesto todo en crudo en una vasija bien tapada para que cueza a fuego lento sin que pierda vapor ni aroma”) y me sirven una corvina con verduras salteadas en la misma plancha; no sé si fue un error o es que en este restaurante “estofan” así, el caso es que no estando mal, no me satisfizo pues la corvina no es un pescado que me guste a la planta. El otro segundo fue un carpaccio de buey de buena carne, lonchas en su grosor y bien de cantidad, pero arruinado por un exceso de limón que endureció la carne y la hizo chirriante en la boca. Una pena. Me quedé con ganas de tomar su steak tartar que vi elaborar a la maître en la barra, que no junto a la mesa, y que aparte de abundante tenía buena pinta.

No tomamos postre y de vinos, de su aceptable lista, elegimos un Melquior crianza a 18€, un pelín caro.

El Pepinillo no es tan barato como se comenta: Dos primeros, dos segundos, vino, un único café, sin copas, se puso en 84€ a 42€ por persona.

Lugar acogedor del que esperaba más calidad en su cocina. Habrá que repetir pidiendo otros platos para ver si sube, baja o se queda con un 3.

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