Me gusta comer bien, beber buen vino y un gintonic de vez en cuando, acompañado de mi mujer y de los amigos para los que comer y beber es un placer.

Globez Lopez

mostrando 5 sitios

Asia Gallery

+34 913 60 00 49

Plaza de las Cortes 7 (Hotel Palace) <m> Sevilla 2 Madrid, Madrid provincia, España

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Gran decoración con una comida muy normalita y cara

no me gusta

Fuimos cuatro personas a Asia Gallery por el interés de la más asiática de ellas en conocer tan magna referencia. Cualquier excusa para comer es buena y más si es en Hotel Palace de mis amores. El lugar es de imponente decoración, hubiese servido de fondo a una viñeta con Tintín y el malvado Mitsuhirato en El Loto Azul.

Como los expertos habían oído de su pato laqueado, finalmente pedimos todos el menú pequinés (45€) que lo incluye. De vino directamente el Rioja más barato de la carta que es un simple Viña Salceda a ¡23€!

De todo lo que comimos me gustó la sopa agripicante, los rollitos y los langostinos, los dim sum normalitos y no me dijo nada el pato, pero nada, lo siento por sus forofos, el plato final que era el susodicho animal en un salteado con tallarines, pues como el chino de mi barrio. El pecado mortal lo cometieron con los postres, estaban para devolver, simplemente rancios.

El precio final con vino y dos chupitos de vodka se puso en 245€ a 60€ por persona. Lo que no sólo a mí sino a los comensales más finos en el asunto asiático nos pareció caro, caro, caro, para el nivel de comida, por mucha decoración y mucho Palace.

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Lhardy

+34 915 22 22 07

Carrera de San Jerónimo 8 <m> Sol 1 2 3 Madrid, Madrid provincia, España

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Historia, lujo y cocido

me encanta, uno de mis favoritos

Comer en Lhardy es una experiencia mística. Siempre que voy, aunque sea en plan lúdico, me enfundo chaqueta y corbata. Considero una descortesía hacia su historia y un desatino con su entorno, plantarme allí de vaqueros.

A parte de tomarme en su tienda un jerez, un consomé y una cazoletita siempre que paso por la calle Mayor, cuando las circunstancias lo permiten o la añoranza aprieta me concedo el lujo de comer en su restaurante.

Describir ese primer piso al que se accede por una escalera más bien estrecha, que recuerda a cualquier otra de una casa elegante de aquella época, requiere de un saber que humildemente reconozco no tener, mejor leer su web. No es difícil imaginarse a Canalejas en una mesa o a Don Benito Pérez Galdós que lo citó en sus Episodios Nacionales. En Lhardy, aparte de a comer, se va a rememorar la historia española de los dos últimos siglos. Lhardy es El Prado de los restaurantes.

Su carta es “internacional” y nada sorprendente. El plato que más llama la atención, dado su humilde y castizo origen, es el cocido madrileño. La verdad es que no pega nada, pero es impensable Lhardy sin él, contradicción que lo hace más singular si cabe. Reconozco que no puedo hablar de otros platos, pues todas mis últimas visitas han sido a tomar su cocido, entre otras cosas porque es un excelente cocido.

La última comida la hice hace unos días, como éramos un grupo de amigos dándonos un homenaje, reservamos el salón japonés, según se entra a la izquierda. Es el espacio más singular e inquietante, pues en él se fraguaron conspiraciones y amoríos. La imponente cómoda que lo preside, su color oscuro, la lámpara japonesa y su decoración de espejos y jarrones desde luego invitan a la conspiración.

Tomamos, como no, el menú consistente en ricos aperitivos de los que se pueden comprar en la tienda, acompañados de jerez. Y a continuación el cocido que es de tres vuelcos. Entiendo que esto del cocido da mucho que hablar y habrá quien opine que otros hay mejores en la Villa, para gusto los colores. Desde luego mi preferido es el de Lhardy. Es suave en todas sus partes, la sopa no grasa con fideos finos, los garbanzos en su justo punto y bien filtrados y las verduras y las viandas presentadas en perfecta formación. Ver ese exquisito cocido sobre esos imponentes platos y sobreplatos, rodeado de un decimonónico servicio de mesa, es todo un homenaje al mejor plato madrileño, lo enaltece a la categoría que se merece.

De postre su famoso souflé que si bien no soy postrero hay que probar por lo etéreo y rico que está.

De vino, como la ocasión lo merecía, nos salimos del menú y optamos por un Contino Reserva que fue del 2005.

El precio final, con el sobreprecio del vino y varias copas, se nos fue a los 85€ por persona con propina. Una cantidad muy aceptable, pues dentro de ella va el valor intangible de haber comido en este maravilloso lugar.

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Doña Guiomar

+34 920 25 37 09

Calle Tomás Luis De Victoria 3 Ávila, Ávila provincia, España

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Bueno y discreto

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Doña Guiomar es mi tercera opción para comer bien en Ávila (junto con Barbacana y El Almacén) cuando tengo alguna comida de trabajo. Pero no el tercero de la lista, según y para qué puede ser el primero.

Se ubica dentro del casco histórico, apenas un par de minutos andando desde la Catedral. El local tiene un pequeño recibidor al entrar, con barra y zona de espera, y en la parte posterior el restaurante. Es un salón diáfano con estratégicos biombos separando las mesas en diferentes zonas. Las mesas son grandes y suficientemente separadas, la decoración es moderna y sobriamente elegante con unos importantes cuadros (y marcos) bien elegidos. Un bonito mueble empotrado con puertas en cristal, al final de la sala, albergando buena parte de su bodega. El lugar me parece muy acogedor, sin ser íntimo.

El restaurante está atendido por su propietarios un par de expertos restauradores que brindan un servicio profesional y discreto, desde luego no son los protagonistas de la comida, lo cual es de agradecer.

Lo primero que llama la atención es que, al menos a la hora de comer, hay pocas mesas ocupadas, esto puede hacer sospechar sobre la frescura de sus productos, pero nada más lejos de la realidad, circunstancia que, por otro lado, lo hace especialmente recomendable para esas comidas en las que uno no quiere ver ni ser visto. Su carta es suficientemente amplia (deberían sustituir la fotocopia por papel impreso) y en ella conviven los platos tradicionales abulenses con elaboraciones propias en su mayoría bien resueltas.

De primeros si es temporada tendrán algunas variedades de setas que según los casos servirán de varias formas, crudas, salteadas, plancha, solas o con algo; sencillas y correctas ensaladas de ventresca o aguacate y gambas, trigueros, pastel de puerros templado, foie en diferentes platos y formas y jamón del rico entre otros. De segundos, tienen una lubina que no he probado, pero que he visto y tiene una pinta magnífica, atún a la plancha de los buenos y bien de punto, chipirones rellenos con manitas de cerdo, carnes abulenses de calidad para tomar solas o en preparaciones que resultan satisfactorias (solomillo con crema de jamón, o con foie), chuletillas de lechazo pequeñas y ricas y también asan cochinillo todos los días que a mi gusto no es el mejor de Ávila.

Los postres no los he probado, pero tienen su fama.

La bodega es muy amplia y algo cara. El último vino fue un Valtravieso crianza a 25€.

Comer en Doña Guiomar es carito. Difícil bajar de los 50€ por persona y si hemos comido setas y pedido buen vino la cosa puede pasar de los 60€.

Desde luego es uno de mis preferidos en Ávila y el que siempre elijo para una comida relajada o discreta.

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El Almacén

+34 920 21 10 26

Carretera de Salamanca 6 Ávila, Ávila provincia, España

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Por ubicación, decoración y ambiente el mejor restaurante de Ávila capital

está OK

El Almacén es el restaurante más distinguido entre las fuerzas vivas de Ávila. Es el lugar más adecuado si tienes que comer al mediodía con políticos, empresarios o financieros locales. En la noche está más vacío, con gente en plan informal y los fines de semana se nutre fundamentalmente de turistas o abulenses celebrando algo (me cuentan, pues no he estado nunca). Voy a menudo por razones de trabajo y reconozco que esto mediatiza mi opinión por aquello de que la comida, si estás en plan envarado porque lo importante es conseguir un crédito o vender una burra, es secundaria.

El local es magnífico, para comprobarlo invito a ver las fotos que nuestros colegas han colgado en esta página, y sus vistas, tanto de día como de noche, las mejores (junto con el Restaurante 4 Postes) para ver las impresionantes murallas. Sobra el pegote del nuevo Palacio de Exposiciones y Congresos de la ciudad erigido en un lugar inadecuado. Eso sí, si le sientan en una mesa en tercera o cuarta fila no verá nada.

El servicio está liderado por su dueño, que hace las funciones de maître (“-¿No te recuerda a alguien? - Sí, hombre, se parece mucho a Franco”) y el personal serio, distante y profesional.

Su carta en parte está compuesta por cocina tradicional abulense modernizada y en otra parte por platos que nada tienen que ver. Además, siempre tienen algunos platos fuera de carta (bueno, y algunos de carta no siempre están).

De los primeros me quedo, siempre para compartir en medias raciones, con los huevos fritos con carabinero (en una cama de patatas), son de sencilla elaboración, pero la mezcla de sabores me encanta. Por curiosidad, aunque no sea mi plato preferido, merece la pena probar el Caramelo de Avileño, unas finas tiras de ternera en témpura con cebolla caramelizada y aderezadas con aceite y pimentón picante. Otros platos ricos son: el guiso algo picante de pescado y el arroz cremoso (también ambos para compartir en medias raciones). El dueño siempre insiste en que se pida su queso de cabra con pimientos de piquillo, a mí no me suscita mayor pasión que cualquier otro queso de cabra (a lo mejor no soy suficientemente entendido en los derivados lácteos de este animal).

De segundos parece que procede pedir carnes abulenses, en concreto el chuletón de ternera, la verdad es que aquí está bien, no mejor que en otros restaurantes de la ciudad pero sí es el más caro de todos ellos, por lo que procuro tomar algo más singular. Si la conciencia me lo permite el hígado de pato al calvados es importante en cantidad y en punto, el cochinillo confitado está bien resuelto y resulta crujiente y no seco, el atún rojo en su punto de poco hecho, los pescados aceptables y, en cambio, la gracia del solomillo de buey al vapor no me gusta por insulso.

De vinos tienen una más que aceptable bodega, pero poco puedo opinar pues según me ven entrar me ponen directamente el Conde de San Cristóbal crianza (05 ó 07) de reglamento (22€ unidad).

Los postres los he visto sobre la mesa, pero como no es lo mío a no ser que el pecado merezca la pena (p. ej. el arroz con leche de Casa Gerardo), pues me cuentan que se dejan tomar.

Tengo delante de mí la última factura: 6 personas tomando 6 primeros completos, 6 segundos, 3 botellas de vino, un par de cervezas, agua, cafés, sin postre y sin copas: 324€. A 54€ por persona.

Creo que merece la pena ir a comer a El Almacén; por ubicación, decoración y ambiente es el mejor restaurante de Ávila capital, pero su cocina es correcta pero no sobresaliente. Creo que deberían rotar más la carta incorporando nuevos platos, abandonando los que apenas se piden, en fin tomar de verdad el puesto que la gente le atribuye. También es verdad que algún día debería ir a cenar con mi mujer y unos amigos y no a comer con prebostes locales, tal vez viera el asunto con mejor perspectiva.

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Barbacana

+34 920 22 00 11

Plaza de Santa Teresa 8 Ávila, Ávila provincia, España

guardado por 41 personas

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De los mejores de Ávila

me gusta

Buena parte de los restaurantes abulenses están orientados al turismo, pero Ávila es una ciudad con vida propia y de buen comer. A mi entender los mejores sitios son Barbacana, Doña Guiomar y El Almacén. Procuré opinar de todos ellos empezando por Barbacana.
Barbacana está en el "centro financiero" de Ávila, la plaza de Santa Teresa, pared con pared con la Sede Social de Caja Avila. Todo el mundo lo conoce por ser una de las cafeterías más concurridas durante todo el día y por tener unas buenas tapas, tan típicas de Ávila a la hora del aperitivo. En esta ciudad se mantiene ese buena costumbre.

Pero son menos los que saben de su buen restaurante ubicado en la primera planta. Su decoración es minimalista, elegante y acogedora con grandes mesas suficientemente separadas. Su tranquilad contrasta con el trajín de la cafetería. Su personal, el maitre y una camarera, son muy buenos profesionales.

La cocina se fundamenta en la local, pero con toques de modernidad en su elaboración y presentación. Siempre sirven un rico aperitivo que, a veces, es la promoción de productos castellano leoneses, por ejemplo, durante unos meses la casa invitaba a un surtido de quesos de la tierra que fue todo un descubrimiento.

De los entrantes destaco las mollejas elaboradas al estilo abulense, con salsa, por supuesto las típicas patatas revolconas, exquisito foie, risottos, las judías del barco estofadas y, algunas veces, el desconocido pote abulense y bastantes platos más de vanguardia que, confieso, no he pedido.

De los segundos los pescados que tengan del día serán frescos, elaborados de diferentes formas y en su punto, excelentes carnes a la plancha, especialmente el impresionante chuletón de ternera de Ávila, tostón de cochinillo y el que, para mi, es uno de los mejores steak tartare que se puede tomar, hecho con ternera de ávila, corte grueso y al punto que quiera, se lo harán en su presencia.

En cuanto a postres el mousse de queso y, también, el helado de queso.

La bodega tiene muchísimas referencias, destacando los Rivera del Duero. Déjese aconsejar por el Maitre que hace de sumiller muy dignamente (La última vez coincidimos en la elección: Conde de San Cristobal, crianza (2007). Para mí uno de los mejores caldos castellanos por relación calidad/precio)

El precio medio, con un buen vino, estará entre los 45-50€ por persona.

El gintonic en una buena copa alta y ancha bien hecho.

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Globez Lopez

Hans, no es un plato de carta, pero alguna vez lo hacen. Tal vez le suene por su otra denominación "Pote Navero" por proceder de Las Navas del Marqués, haciendo una comparación muy grosera se parece más a las patatas revolconas que a los potes asturiano o gallego. Puede ver su receta en : perso.wanadoo.es/mumino/recetasN1.htm
Respeto que no comparta mi opinión, pero por razones de trabajo tengo que comer muchas veces en Ávila y en el restaurante de la planta alta de Barbacana he comido tan bien, e igualmente bien tratado, como en El Almacén o en Doña Guiomar.
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15 de septiembre de 2011