Me gusta comer bien, beber buen vino y un gintonic de vez en cuando, acompañado de mi mujer y de los amigos para los que comer y beber es un placer.

Globez Lopez

mostrando 59 sitios

Stop Madrid

+34 915 21 88 87

Calle de Hortaleza 11 <m> Gran Via 1 5 Madrid, Madrid provincia, España

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Genuina tasca madrileña

me encanta, uno de mis favoritos

07/03/12
Una relajada charleta con su dueño, al que no conocía, sobre su amada Sierra de Gredos, un canapé de lomo de orza y un día tranquilo se merecen las cinco estrellas.

No se puede ser de Madrid y no conocer Stop Madrid, tasca genuinamente madrileña que no puede faltar en el manual del tapero.

Conserva su decoración, aspecto y distribución desde que era despacho de vinos. El lugar no es cómodo y, desde hace unos años, adolece de un cierto modeo entre la biutiful chuequense que va al Stop con la pose de ir a El Prado cuando aquello es una puta tasca, encantadora puta tasca.

La variedad de vinos tintos, blancos y cavas (y vermut de grifo) pedibles por copas es importante aunque no los regalen.

El tapeo fundamentalmente embutidos, quesos, latas, boquerones y buenas patatas fritas.

Los camareros tienen mucha retranca, pero mucha, imagino que aprendida en el trato con la basca moderna especialista en preguntar chorradas, pero una vez identificado al ciudadano como de normal, son unos tíos simpáticos. El dueño, de vez en cuando, trae asuntos de la huerta de su pueblo que pa qué! Pero no es lo habitual.

Dos detalles a observar: El "equipo de música" es un reproductor MP4 pegado a a la pared. Los cuartos de baño imprescindibles, abstenerse los agarofóbicos.

Lapsus memoriae: El "equipo" no está pegado a la pared, sino a la estantería de madera de la derecha de la barra.

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Surtopía

+34 915 63 03 64

Calle de Núñez de Balboa 106 <m> Avenida de América 4 6 7 9 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 207 personas

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El mejor restaurante andaluz de Madrid, a falta de mejorar detalles

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Diciembre 2012
Desde su apertura habíamos ido varias veces a su barra, pero hasta la otra noche no nos sentamos a cenar. Por empezar por el final diré que la cocina de Surtopía es de cinco estrellas y que el servicio no pasa de las cuatro, por lo que a poco que mejoren algunas cosas estamos, sin duda, ante el mejor restaurante andaluz (sanluqueño) de Madrid.

El espacio es muy acogedor, sobre todo por la noche, por el efecto de las luces indirectas sobre sus paredes de tonos oscuros. Barra a la entrada, separada de un primer salón por un cortinón negro y otro salón al fondo. Mesas grandes, distanciadas entre sí, con manteles, sobremanteles y servilletas de tela. Vajilla y cristalería correcta. Es sábado, el local está lleno y se puede charlar bajo.

Somos cuatro los comensales y pedimos tres primeros para compartir, cuatro segundos y tres postres, a saber:

- Carne mechada, en este caso sin mechado aparente, pero con todo el genuino sabor de este singular asado de lomo de cerdo servido en lonchas y en frío. Sencillamente exquisito. La bola de helado de mostaza un imaginativo acompañamiento.
- Ensaladilla sanluqueña con langostinos. Patata algo gruesa, langostinos y una emulsión de huevo y aceite con un toque de manzanilla hacen de ésta una ensaladilla muy diferente a la que conocemos como tal, mezcla rural de sabores que me traen el recuerdo de la infancia, cuando la minipimer no formaba parte de las cocinas.
- Tortillitas de camarones “Plaza del Cabildo” entiendo que el sobrenombre es un reconocimiento del cocinero al lugar en donde se concentran los más afamados freidores de este exquisito manjar. Las de Surtopia son de las de verdad. O sea, es el único lugar de nuestra capital en donde se puede comer este sencillo pero complejo manjar, tal como es en realidad. Mi afanosa y frustrante búsqueda de un bar madrileño en donde poder comerlas por fin culmina. Gracias Surtopia.
- Chipirones braseados con tirabeques y ajílimón, nos los probé, pero por su aspecto y por la cara que ponía quien los comió, debían de estar muy ricos.
- Urta a la Roteña, elaboración diferente a la original, pero resultado extraordinario de sabor más suave y con una urta en su punto de cocción.
- De los de fuera de carta pedimos Robalo (pez que recuerda a la lubina) a la plancha sobre una cama de unas cremas de coliflor y brócoli. Pez en su justo punto con un acompañamiento hecho (presumo) con mucho mimo o con sabio conocimiento de la Thermomix, acompañamiento que complementa a la perfección pero que no se come el sabor de tan rico pez. Excelente.
- De postres tarta fina de manzana (que no pruebo), un sorbete de gintonic que sabe a gintonic, curioso, y en honor a mis ancestros hoy peco comiéndome un Pionono acompañado de tocino de cielo y maracuyá, el asunto no tiene mayor misterio pero a mí me emociona comer el pastel preferido de mi padre. Una de las más ricas aportaciones andaluzas a la pastelería mundial.

Nos quedamos con las ganas de probar otros muy sugerentes platos por los que habrá que volver.

De vinos nos dejamos aconsejar y tomamos el que este mes sugiere la casa: Un Lucio 2010 de las Bodegas Moro Santo de Ronda, uvas Tempranillo y Syrah con 6 meses de roble. Está rico y a precio aceptable, si bien al que suscribe le cuestan siempre las excursiones fuera de sus habituales riojas.

Hasta aquí Surtopia lleva las cinco estrellas, José Calleja es un enamorado de su oficio y de su tierra y como resultado nos brinda lo mejor de la cocina de Sanlúcar de Barrameda, sabiendo crear nuevos platos sin renunciar un ápice a la tradición.

¿Y en donde se pierde la “matrícula de honor”? Pues…

A) En el servicio. Tal vez llevados por un exceso de celo, los platos salieron demasiado deprisa, comimos con un cierto atropello debido a que los platos venían antes de haber acabado los anteriores. Imagino que es difícil coordinar un número respetable de mesas y la cocina, pero en un restaurante que tiene vocación de top ten se debe de servir con una cierta parsimonia sin que el asunto se dilate demasiado. Todo un arte que hay que currarse.

B) En los chupitos. Es costumbre en buena parte del país ofrecer chupitos después de los cafés, como lo es no cobrarlos. O sea, si el camarero dice “¿Quieren unos chupitos?” se sobreentiende que es un detalle de la casa, por el contrario si se dice “¿Quieren una copa?” ya sabemos que su coste va a la factura. En este caso se ofrecieron chupitos que se sirvieron en vasitos de idem, pero que fueron cobrados a 2,5€ la unidad. O chupitos gratis o copas cobradas. Sino mosqueamos al personal, lo cual es una pena después de haber comido tan requetebién.

3 primeros, 4 segundos, 3 postres, 2 botellas de vino, cafés y "chupitos" costó 215,5€, a 55€ por persona con propina, si bien se puede comer por 40€ no siendo tan excesivos.

Confío en que los “peros” enunciados, meramente formales, se solucionen y en próximas visitas le pueda dar las 5 estrellas que me pide el cuerpo.

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Globez Lopez

Primera visita: Enero 2012
Primera aproximación a Sur Topia que va a merecer una próxima visita a su mesa. Lo primero que llama la atención es que un andaluz haya huido del azulejo y la farolita para mostrarnos una decoración elegante, sobria e imaginativa. Nos sentamos en la mesita alta junto a la ventana, agradable ubicación para picar, y pedimos dos raciones (en la carta de barra no tienen tapas, otra atipicididad): un sorpresivo salpicón del Guadalquivir (9€) que viene servido en un vaso de sidra, es una excelente y muy fresca picadita de mar y verde, y unas albóndigas a la marinera (9€) elaboradas con cazón y en salsa, me recuerdan a las de mi abuela sanluqueña, si bien un poquito más de cazón en la masa las hubiese hecho perfectas. Para otro día dejo las tortillas de camarones, auténtica prueba de fuego para un sitio sanluqueño.

De copa de vino, un rico y conseguido tinto Lantero crianza (2,7€) de la onubense Bodegas Privilegio del Condado. Caen tres por barba. El servicio joven y agradable, pero todavía tímido. Confío, dadas mis raíces, que Sur Topia se consolide en este Madrid que no entiende de comida andaluza. Volveré pronto.
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17 de diciembre de 2012

Rosalía Martínez (Piti)

ay qué nostalgia de mi casa....

17 de diciembre de 2012

Embassy

- cerrado

Paseo de la Castellana 12 <m> Serrano 4 Madrid, Madrid provincia, España

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Una maravilla mucho más allá de sus abuelas aristocráticas

me encanta, uno de mis favoritos

Agosto 2012
¡Agradable terraza! Cierra más tarde lo que permite pasar un buen rato cuando el calor baja. Ambiente acorde con el lugar. Dos buenas copas de cava, unos palitos de queso y para casa.

Diciembre 2011
Embassy abrió sus puertas en el año 1931. Se le identifica por ser el Salón de Té de las abuelas de las clases acomodadas de la capital y, siendo en parte cierto, es mucho más que eso. Embassy tiene un excelente obrador que ha mantenido su inalterable calidad a través del tiempo y de varios cambios de dueño, siendo el pulmón del resto de actividades. De él salen una extensa variedad de bollos que, seguramente, sean los mejores de Madrid (cada uno hecho con su masa, no una masa para todos), su emblemática tarta de limón y, para mi perdición, unos sándwiches extrafinos entre los que destacan los de lechuga y los de roast beef. Otro sencillísimo manjar son los palitos de queso que suelo pedir como acompañamiento a lo que tomo en la barra.

Embassy hizo una profunda remodelación en la que ganó luz y espacio. Su elegante decoración es sencilla destacando el contraste de los blancos y el verde del mobiliario. Posee pastelería, un nuevo espacio para bodega y regalos en el semisótano, restaurante en la primera planta, el citado salón de té y una barra con potente coctelería. Aquí tienen manteles y sobremanteles hasta las mesitas altas de la zona de barra.

Su personal tiene una gran experiencia y un saber hacer que se expresa tanto atendiendo a unas abuelas, que no entenderían un mal servicio, como preparando un cóctel perfecto o sirviendo una copa de cava.

La gente que lo puebla es mucho más variada que las centenarias abuelas, por la mañana y a la hora de comer hay básicamente gente de trabajo y por la tarde/noche también jóvenes tomando un gin perfecto. Estamos en Castellana esquina a Ayala y lo normal es que vayan personas que viven en la zona, no nos rasguemos las vestiduras por ello.

Su carta es extensa y abarca desayuno, comida/cena, hora del té y coctelería.

En el desayuno cabe cualquier posibilidad de desayuno español o inglés, por ejemplo el café con leche y huevos benedictine que me acabo de tomar (ver foto). Para comer o cenar su carta es mucho más moderada de precio de lo que se puede esperar y de muy buena calidad. Su hamburguesa tiene fama y es uno de los platos más caros (23€), para los curiosos tienen filete de esturión. De lunes a viernes tienen menú de mediodía, con bebida y postre, por 25€ y los fines de semana a 30€. Comer de carta con vino se pone en 45-50€, no más.

Por la tarde el producto estrella es el servicio de té, absolutamente británico, con el que seguramente ya sólo cenes una manzana en casa; variedad de pastas, bollos y sándwiches presentados como Dios manda, con el correspondiente té o café. El asunto cuesta 20€ por persona.

Y por último hablar de su coctelería, con su extensa variedad de alcoholes se preparan todo tipo de cócteles. De gusto ver como se hace un sencillo Dry Martini o como se compone un gintonic. Para los sibaritas del whisky, siempre tienen abierta una botella de Blue Lavel (36€ la copa).

Pero mi parada más habitual es para tomar una copa de cava de Brut Juve y Camps, servida correctamente (hasta el borde) y acompañada por unas almendras o unos palitos de queso, placer que cuesta 5,10€. Embassy es una maravilla emblemática de Madrid, un local que da la medida a una ciudad cosmopolita en la que afortunadamente hay de todo y para todos, la gracia es sentirse a gusto y disfrutar de cualquier lugar agradable.

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laura

Me encanta el sandwich de roast beaf, me sumo a la recomendación.

6 de diciembre de 2012

Bar Pinotxo

+34 933 17 17 31

Plaça de la Boqueria s/n (Mercat de la Boqueria, puesto 466-470) <m> Liceu L3 Barcelona, Barcelona provincia, España

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La Boquería, Pinocho, "estar" en Barcelona

me encanta, uno de mis favoritos

¿Cómo va a pasar por Barcelona sin darte una vuelta por la Boquería? ¿Cómo vas a darte una vuelta por la Boquería sin parar en el Pinocho?

El asunto requiere de paciencia y de avenirse a estar apretujado, pero tomarse cualquiera de las viandas que preparan en este lugar lo justifican.

La Boquería, Pinocho, unos garbanzos con chipirones y dos copas de cava nos hicieron sentir que "estábamos" en Barcelona.

La Boquería uno de los más bellos y auténticos mercados de nuestro país, Pinocho uno de los mejores bares de Barcelona. ¡Qué conjunción más placentera!

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Quimet & Quimet

+34 934 42 31 42

Carrer del Poeta Cabanyes 25 <m> Paral-lel L2 L3 Barcelona, Barcelona provincia, España

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¡Por aquí pasé y volveré!

me encanta, uno de mis favoritos

¿Qué va a decir este humilde turista del más renombrado bar de tapas de Barcelona? Pues, eso, que por aquí pasé, que volveré y que bien qué me fastidia haber quedado a comer después, pues lo hubiese hecho aquí de tapeo.

Nos atendió la hija, criatura agradable donde las haya, gracias a ella tomamos algunas de sus más renombradas tapas y, encima, acompañado de un rico (y barato, barato) La Montesa, uno de mis vinos preferidos que era el Rioja que tenían por copas ¡Un lujo!

Y no digo nada más, que aunque pille a trasmano hay que ir.

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Restaurante Agut

+34 933 15 17 09

Carrer d'En Gignàs 16 <m> Jaume I L4 Barcelona, Barcelona provincia, España

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Comer en Agut es un rito para mi

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Web correcta: restaurantagut.com

Cuando voy a Barcelona y tengo tiempo siempre voy a Agut. Para mí es un rito desde que un amigo catalán me llevó a él dando un largo paseo por el Barrio Gótico. Eran tiempos preolímpicos y el lugar era una buena casa de comidas en la que degustar cocina tradicional catalana.

Después de años vuelvo a cenar con mi mujer en la noche de mi cumpleaños para comprobar que su evidente transformación en una casa de comidas más lujosa, más ilustrada y más turística, no ha mermado en modo alguno su calidad. Tanto, que repetimos cena dos días después.

Decoración sencilla y agradable, conservando su aspecto original (friso de madera, percheros), en la que destaca una importante colección de cuadros en sus alturas. Grata luz, poco ruido, gente tranquila. Mesas, pues según, unas pequeñas y juntas, otras más grandes y separadas.

El servicio es especialmente profesional y discreto, de los que saben servir con eficacia sin que se note su presencia.

Su carta es extensa y con bastantes sugerencias del día. Platos tradicionales conviven con algunas propuestas más imaginativas. Es de esas cartas que te dan ganas de pedir muchas cosas; cosa que, en parte, puede hacerse pues de casi todo hay medias raciones.

En los dos días que fuimos comimos mucho y muy rico:

- Gambas rebozadas (media ración el primer día, una el segundo) sencillamente exquisitas. No muy grandes, frescas, en su punto de fritura y con ese rebozo que los más jóvenes no conocerán pues ya nadie sabe rebozar una gamba (el rebozo de la gamba lleva levadura, cerveza, reposo y mucho cariño).

- Sopa Bullabesa con su cigalita, sus tropezones de pescado y pan y, de especiado, el justo. Buenísima.

- Una sencilla ensalada de aguacate y mango con variedad de verde, de lo más fresca y bien aliñada.

- Por aquello de que ya las había de temporada, un salteado de setas con butifarra negra ¡Caray, como me gusta esa mezcla! Y encima nada pesado. Rico, rico.

- El lenguado del mediterráneo, muy fresco, en su tamaño y con la plancha justa.

- Rape al “Cremat”. Abundante ración de un fresco rape elaborado con esa maravillosa salsa de ajos, tomate, almendras, perejil y vino. Este es un plato tradicional de la Cataluña costera que no puede uno dejar de probar antes de morir. Y en el Agut saben hacerlo.

- Los postres no los probé, pero quien se los comió puso cara de que estaban ricos.

Mención aparte hago de los vinos. Además de una extensa y bien compuesta carta de vinos, en la carta de viandas ofrecen una selección de vinos del día. Allí estaba: Un rico Ramón Bilbao crianza Edición Limitada a 17€ (IVA incluido) un vino que el lunes compré en bodega (para recordar el tomado en Agut) a 10,50€. O sea, un margen increíblemente justo para Madrid y para Barcelona. Lo normal es que hubiera pasado de los 25€ en cualquier otro restaurante en donde abrumadoramente nos atracan con el vino.

La primera cena, en que fuimos capaces de bebernos dos botellas de vino, comernos tres medios primeros, dos segundos, un postre y café salió por 105,27€. La segunda, más en la línea de lo que se pedirían unas personas normales, tomamos una botella de vino, un primero compartido, dos segundos, un postre y un café por 84,64€. Es decir que comer (y beber) bien en Agut sale por unos 40-50€ por persona. Precio contenido para un lugar con tan buena cocina y tan agradable.

Seguro que habrá más eminentes restaurantes de cocina catalana en Barcelona. Pero a éste forastero, de conocimiento limitado y asimétrico de la ciudad, su paladar y añoranza (y su bolsillo) le hacen reconocer al Agut como el mejor.

En cuanto pueda volveré para seguir cumpliendo con el rito.

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El mejor chiringuito de la zona de Llanes

Globez Lopez lo descubrió en octubre de 2012

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Ubicado en un lateral de la Playa de Barro (11870.com/pro/playa-barro) es el chiringuito más agradable de esta parte de Asturias. Se accede bien andando por la arena o bien desde la entrada occidental a la playa que tiene un parking justo detrás.

Grandes palmeras, pinos y parreras le dan un buena sombra y aspecto un tanto caribeño. Tiene una pequeña barra y muchas mesas en las que disfrutar de una buena paradita.

La comida no es nada del otro mundo y, en nuestro caso, vamos más a tomar una sidra antes de comer (además de un rico pinchín de tortilla, suelen tener bígaros y alguna vez percebes) o una copa después.

La playa tiene una merecida fama por su belleza y seguridad, pero esto la hace necesariamente evitable en los fines de semana de verano y en el mes de agosto, pues acude bastante gente. Ahora bien entre semana y durante el mes de septiembre (que es cuando vamos de vacaciones) el chiringuito es muy muy agradable para echar un buen rato contemplando el mar.

Una maravilla.

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La Venencia

+34 914 29 73 13

Calle de Echegaray 7 <m> Sevilla 2 Madrid, Madrid provincia, España

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Templo al recuerdo de la historia canalla de Madrid

me encanta, uno de mis favoritos

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Ayer volví a La Venencia después de un tiempo sin hacer una parada. Afortunadamente sigue vivo e igual. La barra casi llena, alguna mesa ocupada y hoy ningún guiri, se puede hablar bajo por que los demás lo hacen, parece como si todos estuviéramos en un templo, bueno eso es La Venencia, el último templo al recuerdo de la que fue la calle más golfa de Madrid, aquella calle Echegaray de tablaos, antros y putas que apenas conoció el que suscribe.

Los camareros tan serios y tímidos como siempre, con pinta de habérselo vivido todo.

El local alargado es oscuro y está inmaculadamente ajado fruto del esfuerzo de muchos años limpiando lo imprescindible y no pintando nunca. Barra de madera, estantes que guardan botellas cargadas de polvo, toneles de vino, antiguas mesas y sillas de madera; un teléfono franquista con su correspondiente placa de la telefónica de entonces y otra en la que taxativamente nos indican que no se debe de escupir en el suelo; fotos variopintas y en las alturas de todo el perímetro del local, carteles de las sucesivas ferias de la vendimia de Jerez hasta los años 80, los más antiguos se han mimetizado con la pared por el efecto de los años. Al fondo, subiendo unos escalones y oculto tras un biombo, un pequeño salón con chimenea en el que se pueden arreglar los problemas de la humanidad a base de Manzanilla. Imprescindible la visita a los baños, aun sin ganas, pues de camino pasamos por la escalera que da a la abandonada bodeguilla, visible en parte, qué da miedo de verla y de pensar en las que se debieron de montar allí.

En La Venencia la carta es corta y limitada. Para beber Manzanilla, Fino y otros vinos de Jerez en copas, medias y botellas. Y nada más. Para comer mojama, huevas, lomo, chorizo, salchichón y queso, en tapa, media ración y ración; también algún canapé. Y se acabó.

La calidad de lo comido y bebido es muy buena y los precios muy contenidos. La copa de Manzanilla a 1,70€ y la media ración de hueva (de maruca), que contiene casi una, a 6€. La cuenta a tiza sobre la barra, qué esto ya no se hace ni en Sevilla.

La Venencia es de imprescindible conocimiento y disfrute para cualquiera que viva o pase por Madrid. Puede que algún día estorbe la presencia de algún guiri, evitable si se acude después de las nueve de la noche cuando sus fieles son mayoría, si bien es entendible que acudan a este Templo de la historia canalla madrileña como, para conocer la pía, van a ver los Goyas de San Francisco El Grande.

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Casa Gerardo

+34 985 88 77 97

Carretera AS-19 km 8 Prendes Candás, Asturias, España

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La mejor tradición, la mejor innovación

me encanta, uno de mis favoritos

un check-in aquí

Recuerdo la primera vez que fui a Casa Gerardo. Fue a finales de los años 80. Éramos una panda de 12 amigos y allí nos llevó un asturiano (culo moyao) a comer como Dios manda.

El menú “nos fue impuesto” por él, pues a aquel lugar se iba a comer tres cosas: Fabada, Pitu De Caleya y Arroz Con Leche (obsérvense las mayúsculas intencionales). Teniendo en cuenta que a mí no me gustan los animales con plumas, fue todo un acto de fe y de amistad. En aquellos añorados tiempos en donde comerse una buena Fabada era cosa fácil, tuve la ocasión de probar la mejor de todas, descubrir con sorpresa que me gustaba el pollo, siempre que fuera “aquel pollo” y casi llorar delante de ese postre nada parecido a lo que yo creía que era el arroz con leche. Aquel día me hice asturiano de adopción y decidí que aquel gijonés pasaba a ser un hermano.

Desde entonces he vuelto con menor regularidad de la que debería y he ido viviendo como aquella casa de comidas ilustrada de carretera se encumbraba a la categoría de top ten nacional. En ese decurso su cocina nos ha venido brindando excelentes creatividades pero, por la sabiduría de sus dueños, manteniendo los platos tradicionales, pilares sobre los que se basa su historia.

Para llegar a saborear plenamente la cocina de Casa Gerardo hay que ir varias veces, sino sólo podremos decir que hemos estado. Y mi sugerencia es que se haga en este orden:

La primera vez hay que tomar los platos “iniciáticos”. No comer la Fabada, el Pitu y el Arroz es, simplemente, no haber estado en este restaurante. Si no se es de buen comer, la Fabada hay que compartirla, pues las raciones siguen siendo de tamaño legendario. Cuando la sirvan, obsérvese el mimo con que el camarero maneja el cazo para no romper ninguna fabe y cuando se disponga uno a probarlas hágase con solemnidad, se está ante la mejor fabada del mundo. La gran aportación de los Morán a la fabada tradicional es que han sabido desgrasarla sin perder un ápice de su sabor, consiguiendo que un plato contundente no sea pesado. Sublime.

El Pitu de Caleya, en Casa Gerardo, no recuerda en nada al pollo, condición sine qua non para que yo me lo coma. La elección de un animal de buena raza criado en corral junto con el proceso de cocinado nos pone en el plato unos importantes “trozos” de carne oscura, tersa, con el intenso sabor que le da haber sido guisada con el cariño de una abuela.

Y el arroz con leche, una especie de delicioso “pastel” en que se convierte después de horas y horas de cocción y removida (ahora mediante brazo mecánico) en ausencia de la inoportuna canela.

En una segunda visita intentaría llevarme a más gente para así volver a pedir los platos “iniciáticos” y probar otros tradicionales de altura y nivel: La Crema de Nécoras y la Carne Gobernada (O en su ausencia el guiso de carne que tengan). Así se sabrá, por fin, qué es una crema de nécoras y a qué sabe un guiso asturiano de carne. Seguirás maravillándote y tus amigos te querrán mucho más.

Por cierto estas dos visitas, si se atiene uno al guión, con un vino de crianza de su extensísima bodega, saldrá por menos de 50€ por persona. Comer en un “Estrella Michelin” por este precio es increíble pero cierto.

Y para una tercera vez reunirse un mínimo de 10 personas y reservar, con suficiente antelación, el comedor que se ubica dentro de la cocina, separado de ésta por un cristal, para comer el menú degustación (Creo que se llama Menú Gourmet) Entonces es cuando se comprobará por qué Casa Morán es uno de los mejores restaurantes de España, probando cada una de las innovadoras delicias, basadas todas ellas en la cocina asturiana, que ese día haya decidido elaborar el Morán cocinero. Mientras, se podrá observar el trabajo que desarrollan los cocineros, pinches y ayudas con el ceremonial que corresponde y una esmerada limpieza.

Este día el precio por persona con bebida subirá a unos 120€, cantidad que comparada con los menús degustación de otros restaurante de su nivel es bajo.

Y a partir de ese momento, si se han seguido mis sugerencias, se voverá a Casa Gerardo siempre que se pueda. Bienvenido al Club.

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Globez Lopez

Volví. Poco más de lo ya dicho, tomé fabada, carne gobernada y arroz con leche. Sublime experiencia nuevamente.

23 de agosto de 2011

La Cabaña

+34 985 94 00 84

Calle Susierra 34 (en la Ctra. de Covadonga) Cangues d'Onis, Asturias, España

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Aún se puede comer muy bien en el turístico Cangas

Globez Lopez lo descubrió en septiembre de 2012

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El caso es que llegas a Cangas de Onis y te crees que todo el monte es orégano y resulta que no. Que esa antigua ciudad iniciática del asunto imperial y místico, antiguo cruce de caminos entre la meseta y la costa, hoy es un lugar turístico en donde se mezclan almas pías en peregrinación, perroflautas en búsqueda del más allá naturista, terroristas empeñados en cargarse el campo y cortarle la leche a las vacas con sus ruidosos Quads y familias en pantalón corto y sandalias de palestino provenientes de algún camping costero. Su calle principal es una sucesión de tiendas de productos “típicos, típicos”, recuerdos kitsch fabricados por algún enemigo de Asturias y variadísimas camisetas que compiten entre sí a ver cual tiene una leyenda más hortera y/o soez.

Y claro, por aquello de las leyes del mercado, el que tiene un bar o un restaurante para qué va a seguir esforzándose en comprar buenas materias primas y ponerle cariño al guiso si resulta que le das al de las sandalias de palestino una lata de fabada de Marca Blanca de Carrefour y exclama “Esta fabada está de puta madre, ¿me puede dar la receta?”

Pero no desesperad, que todavía quedan restaurantes en Cangas en donde merece la pena comer, como La Cabaña.

Del lugar nos habló hace años una buena amiga de por allí, de no ser así seguiríamos creyendo que era uno más de los muchos que entre Cangas y Covadonga se dedican a dar de comer, de autobús en autobús, a los que buscan la salvación eterna. Está a 1 km de Cangas en la Crta. AS 114 en dirección a Covadonga, ocupa un antiguo caserón decorado con sencillo gusto, piedra vista, plantas, objetos varios, manteles y servilletas de tela, buena cristalería. Está atendido por su propio dueño y cocinero y su encantadora mujer.

Su carta es clásica, pero atípica para la zona, reúne platos al gusto y entender del cocinero. Destaca su horno de leña a la entrada del local lo que le hace ser el único restaurante de Cangas (que yo sepa) en ofrecer asados de lechazo y cochinillo, sólo he probado el cochinillo que no será el de Las Cubas en Arévalo, pero le anda cerca.

La última vez fuimos cuatro amigos que pedimos cuatro primeros y tres segundos. A saber:

De primero, un salpicón (13€) super fresco, muy picadito y suave de aliño; unas almejas a la marinera (15€) bastante hermosas, igualmente frescas, salsa suave sin apenas harina, vaya, de toma pan y moja; un asadillo de pimientos con anchoas (10€), pimiento rojo hecho por ellos con una picadita de ajo y unas anchoas que podían haber sido más grandes pero de excelente textura, sabor y grosor; y una sencilla sopa de gallina (4€) que es una de las razones por las que vamos a La Cabaña, o sea, como las que ya no se toman en ningún sitio, suave, sabrosa, con su pechuga de pollo desmigado como aderezo.

De segundos, un sencillo filete de ternera (10€) que resultó ser un filetón de buena carne con unas patatas fritas ricas, ricas y ¡tatachán! los dos platos para añorar durante el invierno madrileño: Una merluza a la plancha (21€), único pescado que tiene en carta, lo que imagino le permite concentrarse en comprar la mejor de la rula de algún puerto cercano; nos hace recordar que la genuina merluza de pincho pescada con palangre aún existe, como existen los cocineros que saben darle el justo, y complejo, punto de plancha; lomo grande, desespinado, carne tersa y densa, vaya, merluza de calidad bien hecha, hoy travestida en casi todos los restaurantes por alguna humilde pescadilla angoleña. El otro plato estrella es un cachopo, qué digo yo “El Cachopo”, pues es el mejor que me he comido en el Principado, carne de solomillo que encierra un relleno sencillo del que singularmente destacan unos espárragos que le dan frescura y ligereza a una plato de por sí bastante denso ¡Qué gran invento! La pena es que lo compartimos pues, al menos dos de los presentes, nos hubiésemos atrevido a acabar con él aún a pesar de su gran tamaño.

De acompañamiento dos botellas de Campillo Crianza (18€) un vino a un precio que me hace ser insistente en mi denuncia del timo de los vinos en Madrid.

Aquello acabó con varias copas (importantes copas de etiqueta negra a 5,5€) unas pagadas y otras invitadas, además de alguna copa de vino más (a 1,6€ la copa, ¡coño, a ver si se os cae la cara de vergüenza hosteleros madrileños!) que hubo que pedir para batir a “El Cachopo”.

Total que el asunto descrito se puso en 148,8€, a 38€ por cabeza con propina. Si, así de increíble.

La Cabaña, junto con algún restaurante más, salva el honor culinario a Cangas resistiendo con mucha dignidad el envite turístico que tanto hace por jorobar una ciudad y, de paso, tus vacaciones. ¡Si Don Pelayo levantara la cabeza!

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