Helados para derretirse

En verano hay que aprovechar cualquier ocasión para disfrutar de este dulce manjar

Pocas cosas alegran un día de calor como un buen helado. Cremosos y dulces los clásicos como el turrón, la avellana o el chocolate y frescos y afrutados los sorbetes más ligeros (los nuevos sabores como el jengibre o la albahaca están a la orden del día, y se agradece). Seas de unos o de otros, Barcelona ofrece una buenísima selección de heladerías artesanas en las que refrescarse degustando productos de primerísima calidad: echa un vistazo a nuestra lista y podrás ir a tiro fijo.


Cremería Toscana (Carrer de Muntaner, 161 - Hospital Clínic)
Helados artesanos italianos de manual, un montón de opciones cremosas y tradicionales -turrón, avellana, diferentes chocolates, tiramisú, dulce de leche y un pistacho muy a tener en cuenta- además de sorbetes con combinaciones actuales. Más allá del helado clásico en tarrina o cono preparan otras cosas muy divertidas, como sandwiches con ricas galletas caseras. En el piso superior tienen un pequeño salón con mesitas y sillas donde disfrutar in situ de postres y cafés.



DelaCrem (Carrer d´Enric Granados, 15 - Universitat)
Los helados de Massimo Pignata provocan colas que pueden dar la vuelta a la esquina, y no es para menos. Esperar unos minutos para disfrutar de sus creaciones -es conveniente preguntar siempre por los sabores de temporada, que pueden ir desde la cereza estacional hasta la rosa en Sant Jordi, el matcha o la coca de Sant Joan- es un mal menor, y vale muchísimo la pena. Distribuye y prepara helados para diferentes restaurantes de la ciudad, y es relativamente fácil encontrarle en eventos de food trucks y comida al aire libre: todo bien, pero no pararemos hasta que haya un DelaCrem en cada barrio.


Paral.lelo (Carrer de Séneca, 18 - Diagonal)
Los últimos en incorporarse a la oferta heladera de la ciudad, y seguramente los que más arriesgan escogiendo combinaciones de sabor (siempre con sorprendente éxito). Su cremoso helado de mostaza antigua se ha colado en el podium barcelonés por derecho propio, el Macondo de chocolate puro satisface sin empalagar y el ‘oro de la Mancha’ demuestra que hasta el azafrán tiene lugar en un helado si se sabe cómo tratarlo. También preparan sabores clásicos y paletas de fruta sin azúcares añadidos: la de naranja y frambuesa y la de limón con albahaca harán que cualquiera se replantee lo de que los polos son para los niños.



Gocce di latte (Pla del palau, 4 - Barceloneta)
Empezamos a hablar de Gocce di latte planteándonos una pregunta que le rondará a cualquier entusiasta heladero: ¿por qué es tan difícil encontrar en Barcelona algunos sabores clásicos como la nata? Pues aquí tienen su retiro espiritual los que disfrutan por igual de una straciatella que de un sorbete de pera, un chocolate picante o la explosiva combinación de cardamomo y jengibre (o la versión con dátiles). Si te apetece algo menos frío hay crêpes, gofres, capuccino, chocolate caliente y affogatto, además de un notable tiramisú.



Tomo II (Carrer de Vic, 2 - Fontana)
Los sabores catalanes clásicos tienen bastante presencia en la oferta de estos pioneros del helado italiano en el barrio de Gràcia: su helado de crema catalana -con crujientes pedacitos de azúcar tostado- y el de queso fresco (mató) con miel hacen que se te pongan los ojos hacia arriba. También tienen la mejor tarta de chocolate del mundo (no les llevéis la contraria, se llama así y está registrada), macarons, crêpes, batidos y cucuruchos sin gluten para que los celíacos también disfruten de su crujiente barquillo.


Belgious (Rambla del Poble Nou, 24)
Si vas camino de la playa de Poble Nou -o de vuelta, todavía mejor- es más que posible que te apetezca refrescarte. Y estarás de suerte, porque tienes Belgious a la vuelta de la esquina, y allí su selección de helados naturales de sabores sorprdentes como aceite de oliva, tomillo, mojito o lo que ofrezca la temporada. Entre sus especialidades podemos destacar la Tigela, un clásico brasileño que combina la pulpa del açaí con plátano helado, zumo de naranja y cereales crujientes, que se toma a modo de bol de desayuno o merienda.



Rocambolesc (Rambla de les flors, 51 - Liceu)
Conseguir una mesa en el Celler de Can Roca no es fácil ni barato, pero para probar alguna de sus creaciones solo tienen que acercarte al Liceu barcelonés. Allí encontrará Rocambolesc, una de las heladerías en las que Joan Roca acerca su alta heladería al gran público. La decoración recuerda a la fábrica de chocolate de Willy Wonka, y lo que sale de ella también: el algodón de azúcar, las nubes caseras y otros toppings pensados para convertir el helado en una experiencia gourmet están a la orden del día. Si no estás para tanta floritura, prueba sus polos; no te decepcionarán.



Mr. Kakigori (Plaça de la Vila de Gràcia, 3 - Fontana)
Los kakigori son unos helados tradicionales cuya base es un recipiente lleno de finas escamas de hielo, rascado de un bloque elaborado con agua de manantial procedente de Japón con una curiosa máquina (casi siempre analógica). Después se le añaden siropes naturales, zumos, fruta cortada o cremas que se mezclan con el hielo y consiguen una textura aérea, ligera, sorprendente y muy poco duradera (hay que comerlos deprisa, o se funden). Si estás en modo merienda, puedes pedir uno de sus dorayaki hechos al momento: las tortitas favoritas de Doraemon se rellenan aquí con chocolate, salmón con queso cremoso, atún con mayonesa o jamón y queso.



La heladería mexicana (Carrer Mestrança, 49 - Barceloneta)
No hay más heladerías en la ciudad especializadas en sabores mexicanos como la guanábana o el mango con chamoy (una salsa de chile ligeramente dulce), pero si las hubiera es difícil que fueran capaces de preparar las maravillas sin lácteos -solo fruta y agua- que preparan en La heladería mexicana. Un valor añadido: aunque se haga llamar heladería, también podrás comerte un burrito o una quesadilla buenísimos, además de una variada oferta de repostería mexicana apta para veganos.

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