Ocho albóndigas que vale la pena probar

De ternera, de pollo, exóticas o vegetarianas: encontrarás tu favorita

Las mejores son las de tu abuela o las de tu madre, de eso no hay duda. Pero encontrar unas buenas albóndigas fuera del núcleo familiar es posible, y descubrir que hay vida más allá del tomate o la salsa de almendras, recomendable. Entre nuestras sugerencias las encontrarás en formato mar i muntanya, vegetales, clásicas con salsa de tomate o con queso fundido: el límite para convertir cosas ricas en estos bocados redondos -en todos los sentidos- lo pone la imaginación.


A tu bola (Carrer Hospital, 78 - Liceu)
Empezamos con el sitio que más variedad ofrece, los especialistas en bolitas comestibles en formatos variados (porque, aunque algunas sean albóndigas de pleno derecho otras de sus bolas, como las de garbanzos o boniato tienen un formato más parecido al de las croquetas). Te las sirven al plato, en pan de pita o en formato tapa, y puedes escoger entre la versión más clásica -ternera con salsa de tomate y queso local- u otras mucho más exóticas, como las de cerdo a la mexicana con polenta crujiente y alioli de chipotle o las de gambas con hummus fresco y ensalada de tomate picante.


Bodega Carol (Carrer Arago, 558 - Clot)
En la Carol tanto las croquetas como las albóndigas van variando según lo que ofrezca la temporada y el humor -siempre bueno- del cocinero. Lo mismo te las ponen de pollo con salsa de vermut que de ternera a la jardinera o de cerdo con aceitunas: da igual, porque todas están ricas de llorar. Si tienes mucha, mucha suerte, las mezclarán con cosas que las hacen estar aún más buenas -queso, pimiento asado- y las convertirán en el bocadillo del día. Ni se te ocurra irte sin probar sus torreznos de Soria: no te lo perdonarás nunca.


Bar Bas (Rambla Catalunya,7 - Plaça Catalunya)
En el BarBas, dentro de su oferta de platos tradicionales catalanes -donde comparte protagonismo con un trinxat, unos canelones de tres carnes y un cap-i-pota más que recomendables-, sirven unas albóndigas con sepionetas que hay que probar al menos una vez en la vida. “¿Otra vez mar y montaña?”, se preguntará alguien. Pues sí, pero en este caso la carne es solo de ternera, la miga de pan que se usa para dar jugosidad a la carne no lleva leche sino un sabroso fumet y la salsa… la salsa es para comérsela a cucharadas. Apunte extra: a los hermanos Adrià les encantan.


La porca (Carrer Mata, 16 - Paral.lel)
En La porca preparan ensaladilla rusa a la murciana -aunque suene a oxímoron-, unas ricas bravas mixtas (con all i oli y cerdo asado a baja temperatura, si quieres), croquetas que van variando según la temporada y bocadillos deliciosos. Uno de sus grandes éxitos es el de albóndigas de pollo y parmesano, con salsa ahumada de tomate, orégano y queso fundido. Son sorprendentemente ligeras porque no se fríen sino que se hornean, la salsa tampoco lleva mucho aceite y el pan de mollete que las rodea podría servir de almohada a los mismísimos ángeles.


Suculent (Rambla del Raval, 43 - Paral.lel)
La cocina de Suculent, la casa de comidas de Carles Tejedor en el el corazón del Raval, revisita las recetas tradicionales catalanas, utilizando técnicas actuales que las llevan hasta la excelencia, a lo que podemos sumar un producto de primera calidad. Aunque hay pequeñas variaciones según la temporada, siempre suelen ser de mar y montaña, un clásico de la cocina catalana (en este caso concreto, del Ampurdán). Si tienes la suerte de probar las de butifarra de Cal Rovira con sepia y trompetas de la muerte, marcarán un antes y un después en tu vida.


Bar Ramón (Carrer del Comte Borrell, 81 - Sant Antoni)
Aunque la inminente apertura del nuevo mercado está acelerando la gentrificación del barrio de Sant Antoni, todavía -y que dure- quedan sitios en los que no se nota el paso del tiempo. El Bar Ramón es uno de los que resiste: siguen despachando tapas y platillos a ritmo de rock and roll y blues, como si no supieran lo que es un hipster. Sus albóndigas de la casa, tiernas y deliciosas, se sirven estofadas en una salsa ligera pero muy sabrosa en la que parece haber un toque aromático de vino. Remata con un bacalao con all i oli y unos canelones con foie: solo te queda escoger entre vino o cerveza.


Bar Boquería (La Rambla 91, Pasillo 9 y 10 - Liceu)
Una ración de cinco albóndigas clásicas y contundentes, sin florituras, complicaciones ni moderneces de ningún tipo. Nadan en una salsa de tomate que se nota que ha hecho chup-chup durante horas, con el punto de dulzura y acidez perfectos, y una textura espesa, untuosa y ligeramente aceitosa totalmente de la vieja escuela. Si antes de hincarles el diente ya huelen que te mueres, ve pidiendo doble de pan porque cuando las pruebes vas a dejar el plato brillante de limpio. Puedes acompañarlas con cualquier otra ración de las que ofrecen: todos los ingredientes son frescos y provienen de los puestos cercanos.


Piazze d´Italia (Casanova, 94 - Urgell)
Imagina un plato de pasta hecho con amor y al punto, con la mejor passata de tomate, gratinado al horno hasta dejar algunos pedacitos crujientes. ¿Estás salivando ya? Pues añádele a eso salsa boloñesa, mozzarella y unas cuantas albóndigas: nosotros ya estamos como Homer Simpson cuando le ponen delante una chuleta. Podéis encontrar este festín -solo en raciones dobles, por aquello de que “compartir es amar”, suponemos- en Piazze d´Italia: se llama ‘pasta al forno della mamma’. ¿Cómo se iba a llamar si no?

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