San Fernando: el mercado que no quiso ser gourmet

nuevos y curiosos negocios irrumpen en un mercado que lucha por emerger

En un mercado se compra fruta y verdura al peso. En el de San Fernando, además, libros a diez euros el kilo. En las plazas de abastos de toda la vida hay colmados; en esta también venden cervezas artesanas. Puedes comprar tomates al uso o si lo prefieres, ecológicos. O un regalito de lo más indie. O una pescadilla. Esto es San Fernando, un mercado que desde hace unos meses le planta cara al destino al que muchos mercados parecen predestinados en la Villa: cerrojazo o espacio gourmet. Esta es la historia del hambre que agudiza el ingenio. De cómo la voluntad de los comerciantes, el boca a boca y el coraje de unos emprendedores están cambiando el destino de un lugar que, por encima de todo, no quiere convertirse en San Miguel o San Antón.


Veteranas y novatas, en un recodo del mercado

San Fernando tiene un precioso patio interior. Allí nos recibe Víctor Alonso, el gerente de este mercado y uno de los responsables de la nueva vida que se abre paso. Nos cuenta en unos taburetes altos la historia de esta plaza, que se abrió en 1944 con doscientos puestos, que se fueron transformando hasta configurar los 55 actuales. Los últimos años no fueron nada sencillos. En los noventa se habló incluso de la posibilidad de poner dentro un polideportivo. En 2005 se instaló en la parte de arriba un Centro de Salud. Con los ingresos extra, los comerciantes acariciaron la idea de una modernización completa e invirtieron más de 240.000 euros en el proyecto. Pero a última hora se quedaron sin financiación. Y la gente se empezó a marchar. En ese año la ocupación era del 70 por ciento.

Más tarde, en 2008, apareció el supermercado Eroski para instalarse en la planta de abajo. Los comerciantes volvieron a invertir mucho dinero en otro proyecto. Lograron las licencias,  pero el 1 de febrero de 2009, cuando iban a empezar las obras “no se presentó nadie”. Y se marcharon más comerciantes. Solo quedaban en pie unos 22 puestos. La situación era crítica; no hubo indemnizaciones ni otros operadores que quisieran reemplazar al supermercado vasco. En junio de 2011 los comerciantes cambian de opinión y de tercio. Nada de “supers”: se alquilarán los locales con precios más bajos.


Una de las fruterías veteranas

El pasado diciembre se pusieron los puestos en alquiler. “Y vino gente en tropel”, asegura Víctor. En enero de adjudicaron los veinte locales. Y tomen nota: de estar al borde de la quiebra, ahora hay 28 proyectos en lista de espera. Y es que es goloso contribuir a la renovación de este espacio por un coste de entre 120 y 300 euros de alquiler.

De los veinte nuevos puestos, quedan unos nueve por abrir. Siguen en obras, pero está previsto que levanten el cierre en junio. Habrá que esperar algo más para ver en funcionamiento el restaurante que irá arriba. Es el único “pero” que le ponen al Ayuntamiento, por el que se sienten muy respaldados. “Es que nos dicen que hace falta un plan especial y eso retrasa todo”, explica Víctor.

Reticencias iniciales; flechazo actual

Veteranos y novatos están encantados los unos con los otros. Hablan, conversan, comparten, se ríen juntos. Aquellos hablan de la alegría que han dado al mercado; estos de las facilidades. Pero al principio no todo fue tan sencillo, explica Víctor. “Nos estás metiendo a La Tabacalera, eso me reprochaban muchos”. El gerente explica que en octubre de 2011 mantuvo una reunión en este espacio con la Plataforma en Defensa de los Mercados de Abastos. Algunos de los “chicos”, como les llaman, se enteraron en estas jornadas. Casi todos, por el boca a boca. Pero las reticencias duraron muy poco. Como explica el carnicero Antonio, "tienen negocios que a priori no pegan con los tradicionales de un mercado; pero todo está más animado”.

La verdad es que no hay un mercado igual en Madrid. Una tienda de comercio justo, un estudio de arquitectos (ambos de próxima apertura), una panadería ecológica… comparten espacio vital con la pescadería, la frutería y el colmado de toda la vida. Hasta las clientas están encantadas. Agapita, a sus 91 años, viene cada día aquí. Y cada día se para a charlar con María, la jovencísima (22 años!) ex parada y ahora dueña de La Rosa de Lavapiés, nueva y flamante floristería de la plaza de abastos. Claveles y calas negras. Clásico y moderno. “Me encantan las señoras”, nos comenta mientras nos enseña su coqueto puesto.


María posa con Agapita, una clienta nonagenaria

Uno de los nuevos negocios que más éxito está teniendo es La Casquería Libros al Peso. Donde antes había una pollería y una casquería ahora pululan libros de segunda mano. De todas las temáticas, gustos y estilos. A diez euros el kilo. Eso sí, una unidad es muy pesada, te hacen rebaja. Pedro, granadino, es uno de los seis socios de este particular negocio. Siempre quisieron hacer algo así, y cuando se enteraron de esta oportunidad no lo dudaron. Por amor al libro y “como un gesto de activismo, porque es lamentable lo que se está haciendo con los mercados tradicionales”. Asun, de La Huerta del Sol (productos ecológicos) coincide con su compañero. Antaño desocupada, se enteró de esta oportunidad tras pasar por la Asamblea de Parados del 15-M y está encantada con conseguir que este sea un sitio “accesible para todos”.


Asun posa en su puesto de comida ecológica

Historias dispares

Pararse en cada puesto es conocer una historia curiosa. Como la de Juanma y Ana, de La Buena Pinta, antaño una frutería. Él es ingeniero de Telecomunicaciones; ella, arquitecta. Ambos estaban en paro y eran aficionados a esta bebida. Él es ahora vicepresidente de la nueva junta del Mercado. Están muy ilusionados con su tienda de cervezas artesanas, explica Juanjo con su voz de bajo (canta en el coro del Patio Maravillas).


Juanma y Ana posan en su puesto de cerveza artesana

Hay una esquina que es especial. La preside el bar de Cecilio y Victoria, que llevan desde 1974 al cargo del Barroso. “Antes esto estaba oscuro y triste. Una tortilla gastábamos; ahora es distinto”. Al lado trabajan Esther, de La Repera (zumería y frutería ecológicas); Alba, con La Pistola (panadería artesana) y Mercería Marisa. Esta última ocupó el local hace nueve meses. Llevaba toda la vida cosiendo para una firma de moda y estaba cansada. Hoy es su propia jefa , bajo la atenta mirada, eso sí, de su madre, Antonia, que con sus 86 años presume de tener la cabeza “perfecta”.


Victoria hace ahora tapas tan apetecibles como este arroz

Mayores y jóvenes, nuevos y viejos, todos luchan por lo mismo: revitalizar el mercado y que la gente empiece a hablar de él. De momento, intentan que cada sábado haya algún evento. El próximo, una degustación de productos de temporada, será el 16 de junio de la mano de la organización Slow Food Madrid. Si quieres estar al día de lo que se cuece por este curioso sitio, lo mejor es echar un ojo a su página (no oficial, pero oficiosa) en Facebook.


Esther, de La Repera, una zumería y frutería ecológica

Si quieres empaparte del ambiente de este tradicional mercado, echa un ojo a los comentarios y fotos que tenemos en su perfil... o consulta otros mercados que tenemos por Madrid y que no te defraudarán...

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