No me gasto mi dinero en vestidos, me lo gasto en restaurantes.

Miss Migas

Albarama

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Plaza San Francisco 5 Sevilla, Sevilla provincia, España

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Tapas de autor en Sevilla

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Muy cerquita de la Plaza de las Espadas de Sevilla, al ladito de la Giralda, comí el otro día en Albarama, entre entrevista y entrevista con motivo del lanzamiento de El Club del Cupcake.
Era una comida informal y relativamente rápida en versión tapas, algo que en la capital andaluza está muy de moda. Nos confesaba mi primo, que se pasó a la hora del postre a saludar (y menos mal, porque llevaba 19 años sin verle), que es tónica habitual tomarse unas tapitas con las cervezas y que, cada vez más, los restaurantes más formales quedan abandonados a un segundo plano.
En efecto, casi todos los platos de Albarama se pueden pedir tanto en raciones completas como en tapas, aconsejando para dos personas un consumo de entre cuatro y seis tapas en total, de un coste medio de cinco euros cada una.
Fue una sorpresa abrir la carta y ver la propuesta, que iba más allá de lo tradicional intentando jugar con alguna que otra técnica y con ingredientes fuera de lo común. En sí, los platos fueron correctos pero en mi opinión abusaron de buscar lo cool por encima del sabor, demasiado adorno cuando es mejor centrarse más en el producto. El ambiente correcto y sobrio y una atención acompasada con estos parámetros.
De picar pusieron unas olivas encurtidas muy ricas y una cesta de panes con picos de lo más decente.
Luego decidimos pedir dos tapas y dos platos enteros. Las primeras fueron las croquetas de boloñesa con salsa de albahaca (4 croquetas la tapa, abundante) ricas de sabor y cremositas, ideales con la salsa que las maridaba, y el tataki de atún en costra de oliva negra con espárragos y cherrys y un cremosito de ajo.
De segundo optamos por la corvina a la plancha con tagliatelle negros y salsa de mango, perfecta de punto, y por un jugosísimo y tiernísimo lomo de venado acompañado por unos boletus en su punto perfecto y una crema de queso de cabra que, quizá, quedaba demasiado basta en un plato acompañado por una tira de remolacha que no aportaba nada, un arroz crujiente adecuado para darle esa textura, y unos crujientes carentes de sabor y sin necesidad de estar ahí.
De postre un fantástico, intenso y negro coulant de chocolate con un no tan bueno helado de dulce de leche, fastidiado por un sirope de esos de bote de chocolate.
Bebiendo cuatro botellas de agua, dos tés y un café el importe ascendió aproximadamente a unos 50€, algo que se puede entender debido a su localización.

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