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Madrid en el alma.
Ciudadanía del mundo
por elección
y porque es así.
"There are no holy places,
and no holy people,
only holy moments,
only mome...

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Kokugikan Sumo Stadium

+81 3-3623-5111

1-3-28 Yokoami Sumida ku Tokio, Japón

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El templo del Sumo

Ohio Goza i Más lo descubrió en mayo de 2010

me encanta, uno de mis favoritos

Qué día tan estupendo he pasado viendo lucha pura!

El sumo se remonta a hace más de 1500 años, siendo un arte de inspiración y expresión shintoísta (religión autóctona del Japón), pero los torneos como hoy los conocemos datan del SXVII.

Los jóvenes que deciden dedicarse al sumo empiezan muy pronto con estas cosas de la lucha y del funcionamiento de las canteras de futuras promesas. Ejecutan todo tipo de tareas, entre otras estar al servicio de los luchadores más experimentados. Tienen un ritmo de vida casi monacal, con largas horas de entrenamiento, comida y cerveza abundantes, y siestas para facilitar la absorción de lo ingerido.
Muchos de estos titanes miden más 180 cm, llegando a poner más de 150 kg sobre la báscula.

El sumo es uno de estos deportes que han cambiado muy poco con el paso del tiempo, donde los protagonistas son venerados cuales dioses. Aunque en los últimos años muchos de ellos vienen de diversos lugares (Hawaii, Mongolia, China, países bálticos, Bulgaria...) todos son populares, tienen sus fans y sus mecenas y el negocio que se mueve alrededor del sumo no es cosa insignificante.

Si quieren leer más sobre los diferentes grados que los luchadores pueden alcanzar, vayan a la página web del comienzo para tener información digna de este nombre (en inglés). Sólo contarles que el Gran Luchador por excelencia es llamado Yokozuna, y sólo aquél que ha ganado ininterrumpidamente una serie de torneos merecerá ese título, vitalicio una vez alcanzado este estatus de casi-deidad.

Muchos son los llamados, pocos los elegidos. Hay sin embargo una vida después del sumo, aunque tiene sus inconvenientes: trajes a medida, problemas en los transportes públicos y secuelas en la salud. Todos se suelen retirar algo más jóvenes que los futbolistas, iniciando entonces carreras de empresarios, jueces en torneos, o feliz jubilación si sus mecenas fueron generosos y si él o su mujer no dilapidaron el maná antes de tiempo.

Hay que ir a ver un torneo al menos una o dos veces para captar esa atmósfera que no se percibe desde la televisión: la gente felizmente instalada cual Lúculo en tatami o sillón, charlando, siguiendo los combates, comiendo, bebiendo, concluyendo negocios, llamando la atención (ser futura esposa de sumo-san puede de hecho tener ciertas ventajas, aunque no me atreveré a entrar en detalles).

Los días son largos: se puede acceder al templo desde las ocho de la mañana e ir a ver a los alevines y futuras promesas hacer sus pinitos.

Hacia la una de la tarde se pueden empezar a ver calibres de envergadura, pasando a cosas mayores a partir de las tres y media.
Las loggias se llenan de público, la gente está calentita y contenta, se oye griterío de emoción, voces femeninas de fans enloquecidas, voces masculinas de hombres mayores que van a vivir su propia terapia en la histeria colectiva.

Los prolegómenos de la lucha son de lo más interesante, donde una estudiada táctica de disuasión y pseudo-provocación hacia el contrincante hace que a la audiencia se le ericen los vellos. Sin embargo, ahí los tienes, los superhombres ponen cara de ángel, se inclinan, se purifican, se lanzan miraditas asesinas, el árbitro les incita al combate, puños al suelo... y empieza la contienda.

Sorprendentemente, lo que es el encuentro en si apenas suele durar unos segundos, donde hay literalmente tortas, agarradas al cinturón taparrabos, empujones, zancadillas o subida del contrincante más ligero por los aires para sacarle del círculo de cuerda sobre el "dohyô" o gigante plataforma de arcilla.

Hay ceremonia de entrada y salida, con todos los sumo-san (rikishi) ataviados con pesados delantales de seda bordada. Un pregonero lanza con su voz teatral los nombres de cada contrincante antes de cada combate. Seda, cuerda, sudor, sal, agua y arena.

El público tiene la vida fácil: hay cosas para comer, para beber, te sirven donde estás, te puedes mover, puedes salir una vez a hacer la compra y volver otra vez, se pueden hacer fotos, pedir autógrafos a los dioses, ver al Emperador de lejos cuando honra el lugar con su presencia...

Qué ambiente, qué devoción, qué clima de sana afición!
En definitiva, sumo placer...

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Peter at The Peninsula

+81 3-6270-2763

1-8-1 Yurakucho, Tokio 千代田区, Japón

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Alta gastronomía, fashionismo y excelentes vistas

Ohio Goza i Más lo descubrió en abril de 2010

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Es impensable que en cualquier país del hemisferio norte se pueda acceder a un cinco estrellas directamente desde el metro. El Península es una excepción.

Y para no deslumbrarse demasiado, para subir a Peter en el piso veintitantos, hay que utilizar un exclusivo ascensor absolutamente negro, negríssimo. No se ve ni torta. Ni de día ni de noche...

Al aparecer en el lobby del bar y restaurante, llama la atención esa mezcla de negros y metálicos que podrían parecer fríos, y sin embargo no lo son. Todo queda compensado por la luminosidad del local y por los destellos que despiden las hojas metálicas-irisadas de unos originales árboles que forman parte de la decoración. El lugar es prácticamente diáfano, dispuesto en dos semi niveles, una especie de escena y mesas redondas. Llama la atención encontrar un lugar tan amplio y tan acogedor al mismo tiempo, en un Tokio donde el espacio es un lujo.

Se nos ocurrió acudir a comer, a eso de la una de la tarde. Al reservar mesa solicité un lugar tranquilo, y a ser posible, con vistas.
En un inglés más que aceptable me preguntaron al teléfono si se trataba de alguna ocasión especial (cumpleaños, aniversario, etc..) y me aseguraron que harían todo lo posible para satisfacer nuestros deseos. Y ya lo creo, en un comedor no demasiado lleno, nos propusieron una de las mejores mesas, en un ángulo con vistas inmejorables hacia el palacio imperial y privacidad absoluta.

Tras instalarnos, vino la original carta desplegable, casi como un mini-acordeón de papiroflexia. Los menús de mediodía son sencillos (tres platos), desde dos mil y pico yenes, hasta opción de cinco platos casi por el doble, sin bebidas.

Al final nos decidimos por tomar un menú a la carta de tres platos.
Cocina de mercado, mi compañía se decidió por un exquisito consomé con foie y pato, coronado por un brioche tostado.
Yo me incliné por un sashimi marinado de pagro rojo (red snapper) pescado desconocido bajo esa apariencia delicada y brillante bajo sus hojitas de ensalada, sus gotas de compota de ruibarbo y el pegotillo de crema perfumada a la pimienta de Sechuán.

De segundo, la carrillera de buey, pieza "poco noble" y desconocida en estos lares, se fundía literalmente en la boca. Venía con su jardinera de verduritas a la bocuse y patatinas nuevas cocidas.
Mis gambitas cocinadas al punto vinieron acompañadas de una sorprendente forma de presentar el erizo de mar (también conocido como caviar de oricios): caramelizado pero manteniendo su textura. Sin embargo, tampoco estaba confitado. Venía con verduritas primaverales, cubierto con una loncha marinada de daikon (rábano gigante) teñida de rosa. Delicado y elegante.

A los postres, caimos en la tentación de los quesos, cosa aún exótica si no vives en la capital nipona. También degustamos un soufflé de chocolate con castaña, helado de castaña y su jalea de café. Equilibrado y nada empalagoso. Aunque casi habría preferido encontrarme con un auténtico gateau fondant. He tomado soufflés dulces mejor logrados en lo que a levantar el soufflé se refiere.

Tomamos agua mineral envasada especialmente para el Península y un cóctel sin alcohol algo elevado de precio (1900 yenes) a base de jengibre y miel. Personalmente, le habría quitado un poco de miel y puesto un lingotazo de lima.

El servicio de sala nos trató de maravilla, siempre atento a nuestras necesidades y sugestiones, aunque el inglés podría haber estado algo mejor de nivel. Al final acabamos charlando en japonés con una camarera.

Un lugar estupendo para una comida especial, muy indicado también para alternar e impresionar al caer la tarde.

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Restaurante Wing Lei

+853 8986 3663

Rua Cidade de Sintra, NAPE, Macau Macao, China

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Bajo un dragón de Murano

Ohio Goza i Más lo descubrió en marzo de 2010

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Ya que estábamos en el Wynn 11870.com/save-pro/149503, tras tantas emociones nos entró un hambre feroz. Como íbamos con gente menuda, no pudimos acceder al restaurante del casino. Así que nos recomendaron el restaurante chino del hotel, un lugar al fin elegante de buen comer.

Dice la web que el chef va dos veces al mes a Hong Kong para hacer la compra. Sobre todo de delicadezas como las vejigas natatorias de cierto tipo de pez, nidos de golondrina, infinidad de hierbas y raíces secas propias de la cocina china, así como el cordiceps, de virtudes como el refuerzo del sistema inmunitario.
La cocina que degustamos sin embargo poca pinta tenía de ser "alimento-medicamento", ya que no se nos ocurrió otra cosa más original que probar dim sum... y pato lacado al estilo de Pekín.

Materia prima fresca, exquisita elaboración, corte de la pechuga del pato pekinés en mesa, servida en finísimas lonchas envueltas en sus típicas tortitas. Hacía tiempo que no probaba un pato tan rico.

Los dim sum exquisitos, sutiles sabores de cilantro, jengibre, gamba o verduras al dente. Nada que ver con el ambientillo del New World 11870.com/pro/new-world

Servicio atentísimo, pendiente en todo momento de nuestra menor necesidad.
Sala agradable, detalles preciosistas. Mucho color rojo y dorado, elegante y sin más artificios.
Lugar algo original en un Macao, pero un remanso de paz a última hora de mediodía.

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Kagetsudo

+81 3-3847-5251

Tokio, Taito district, Asakusa 2-2-10 Tokio, Japón

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Soba, helados y "meron pan"

Ohio Goza i Más lo descubrió en marzo de 2010

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Visita obligada si acuden Uds al templo Sensoji en Asakusa, este pequeño local guarda un saborcito especial al Nippon de antaño: aspecto rústico, negocio familiar desde hace tres generaciones, parafernalia nipona medio expuesta medio en venta, música tipo copla-balada japonesa o "enka" y un constante ir y venir de clientela de todo pelaje.

En invierno hay postres típicos como los que hemos visto en Kagurazaka 11870.com/pro/kinozen, en verano tropecientas clases de "soft ice" o helado a la italiana. Ojo al dato: hay helados de edamame, castaña, patata violeta, leche de soja, sésamo, melocotón, cerezo, lavanda, rosa...
Y "meron" pan todo el año.

A diferencia de lo habitual en estos sitios, este negocio tiene un menú en inglés y fotografías de las diferentes creaciones a base de mochis, té verde, habas azuki, agar-agar, etc.
Y toda consumición vendrá acompañada de té verde inagotable gentileza de la casa. En verano es corriente que les sirvan un vasito de agua fría nada más sentarse.

Ignorando las opciones tradicionales, tomé un sopicaldo de té verde acompañado de shiratama (mini bolitas tipo mochi) y un cono de helado de leche que me supieron muy bien. Como iba en solitario, no tuve más remedio que sentarme a la barra de cara a la pared tan decorada de japoneserías.

Servicio amable a pesar de las hordas de turistas de acá y de allá.
Los melon pan o "meron pan" (según a quién le haya tocado escribir la transcripción fonética del asunto) es lo más parecido a nuestros suizos peninsulares. La superficie de los bollos estará sin embargo un poco más trabajada, imitando la superficie de los típicos melones de Hokkaido, un tanto cuarteada. De ahí el nombrecito. Y no sabe a melón, eh?

En verano tienen un refresco excepcional, golosina aquí desde hace tiempos inmemoriales: el かき氷 o "kakikoori", que no es otra cosa más que una montañita de hielo picado muuuuuuy fino sobre la que se vertirán diferentes tipos de sirope a elegir.
El patriarca tiene una maquinona de hierro fundido (o eso parece). Pone un bloque de hielo, le da a la manivela... y ahí va una golosina que refresca en un tórrido día de verano tokioíta. Lo mejor es la consistencia: el hielo no se masca, pues está picadito como si fuera nieve recién caída. Se funde, pues, en la boca. Sensacional.
Casi enfrente del templo Sensoji, a mano derecha.
Vayan armados de paciencia. Largas colas en verano!

PS De propina, una joyita para Uds : youtube.com/watch?v=3rs0ITZRUmc&feature=related

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Ni Dai Me Tsujita - 二代目つじ田

4-8-14 Iidabashi, 飯田橋4-8-14 Tokio, Japón

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Ramen y Tsukemen

Ohio Goza i Más lo descubrió en febrero de 2010

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Este sitio modesto y pequeño siempre tiene trabajo a espuertas: día tras día hay una fila de espera hasta que se puede acceder al local para tomar los deliciosos fideos "めん" (men) en sopa らーめん(raamen) o acompañados de un brebaje-salsa inimitable.
Siempre hay cola a la hora de comer. Vendedores con sus carteras, trabajadores de mono azul, estudiantes y alguna rara fémina comparten barra y sorbos en este estrecho local.

En invierno ponen en la calle un samovar con té caliente y una estufa eléctrica para hacer la espera un poco más amena. Además, hay que pagar por adelantado, ya que la máquina expendedora de billetes para la comida está en la calle también.

Cada poco tiempo sale una experimentada camarera pidiendo los tickets, lo cual agiliza el ritmo en cocina. De hecho, la comida llegará casi inmediatamente nada más sentarse.

La sopa raamen es un caldo ligero con fideos, unas lonchas de asado de cerdo, unas tiras de bambú marinado, un trocito si acaso de surimi, alga nori y un poco de cebolleta en anillas. Aquí sólo tienen una variedad y es mut apetecible.
La especialidad sin embargo son los tsukemen つけめん, unos fideos no tan gordotes como los udon, servidos en un bol (de porcelana?) junto con media lima o limón. Asímismo, otro cuenco con la salsa especial llegará para sumergir en ésta los fideos poco a poco, a medida que se van comiendo.
La salsa es un superconcentrado de todo con sabor a carne. Es bastante graso, de ahí lo de añadir unas gotas de lima, para aligerar. Pero el mejunje está riquíssimo, así que degusten su comida tranquilamente mientras que de reojo, miren cómo sus vecinos de barra sorben (es algo que no deja de maravillarme, qué destreza!) su pitanza en un santiamén. Todo ello acompañado del inevitable coro de sorbos, resoplidos y "slurp", propios de la etiqueta nipona cuando de tallarines en sopa se trata.

Con un poco de práctica tendré que aprender a aspirar mi porción de fideos de una vez, limpiamente y con muuuuucho ruido. Pero mi pudor a veces me lo impide. Imagínense que luego en Europa me planto en la spaghetteria de turno haciendo lo mismo y me dicen con razón que qué es ese desatinooo.

Hagan lo que hagan, mi recomendación es que lleven unos pañuelos de celulosa por si acaso. Aunque creo que debajo de la barra había cajas de kleenex. Les aseguro que la purga será de antología.

Para una comida rápida, barata y reconfortante, un lugar que podría ser como los miles de otros en su pinta.
Pero este es único en su género.

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Kinozen

+81 32692920

Shinjuku-ku, Kagurazaka 1-12, 東京都新宿district 神楽坂1-12 Tokio, Japón

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Para tomar el té

Ohio Goza i Más lo descubrió en marzo de 2010

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Como tradicionalmente no se toma mucho dulce o postre tras las comidas, los salones de té tradicionales japoneses o "kanmidokoro" suelen llenar ese huequito entre comida y cena.

Este pequeño y entrañable lugar está situado en la calle principal de Kagurazaka. Colina de ambiente auténtico tokioíta, esta arteria de subida está jalonada de multitud de restaurantes, tiendas tradicionales, garitos y puestos de todo lo posible e imaginable.

Esencialmente femenino, el público incondicional que acude a Kinozen suele hacer incluso cola en las tardes de fin de semana y en verano.

Todo lo que tienen figura en japonés, así que muestren a una de las camareras lo que más les apetezca de la vitrina a la entrada, crucen los dedos y... déjense llevar por la experiencia.

Tras esperar religiosamente su turno, lo más probable es que les conduzcan al piso de arriba, donde hay unas cuantas mesitas, aparte de una sala de tatami donde hay que descalzarse antes de entrar.

Una camarera vendrá entonces con té verde, unas galletitas en forma de cerdito y servilletas húmedas calientes en guisa de bienvenida. Hagan su pedido y relájense en este lugar disfrutando los dulces nada dulces del repertorio:

En invierno:

- el 田舎しるこ "inaka shiruko", o sopita caliente de judías azuki con un par de mochi (pastelito de harina de arroz que hay que comer a poquitos para no atragantarse) tostaditos.

- el あわぜんざい "awazensai", sopita calentita de azuki con mini mochis redonditos sin tostar.
- el あんみつ "anmitsu", refrescante ensalada de cubitos de agar agar, frutas frescas o confitadas a trocitos, servido tal cual o con castañas y acompañado siempre de un sirope de azúcar tostado.
- la vedette, 抹茶ババロア "matcha bavarois" o "bavarois de té matcha", quizás lo más aconsejable para una primera visita, delicada mezcla de té verde con el grado justo de dulzor, servida con una generosa cucharada de nata y una bola de crema de azuki.

En verano:

- una vez más el anmitsu, pero acompañado de helado, frutas de temporada o mini-mochis (shirotama anmitsu).
- el ところ天 "tokoroten" tallarines de agar-agar con el famoso sirope. Curiosa experiencia.
- por supuesto el bavarois de matcha. Nadie lo prepara igual en todo Tokio.

El té verde será servido a voluntad sin cargo adicional. Como dicta la costumbre, forma parte de la acogida de los clientes.
Los mismos postres también se venden en la planta baja para llevar y tomárselos en casa, en el parque o al borde del cercano canal.

Al final de la merendola, no olviden llevar consigo el papelito amarillo de su comanda cuando bajen a pagar su consumición!

Hay una limitada oferta de platos calientes y salados que nunca probé.
Lo ideal es venir aquí a merendar una tarde tras descubrir los cercanos vericuetos de Kagurazaka. A evitar en fin de semana.

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Pastelería Ômiya

+81 32511088

Tokio, Chiyoda-district, Ôgawamachi 2-4, 神田淡路町2-4 Tokio, Japón

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Pioneros del dulce

Ohio Goza i Más lo descubrió en marzo de 2010

me encanta, uno de mis favoritos

Esta pastelería lleva varias generaciones deleitando con sus tartas y pasteles ¡occidentales!
Imagínense en plena era Meiji, coincidiendo con la apertura del Japón a Occidente tras dos siglos y medio de aislamiento absoluto.
Epoca de gran ebullición cultural y tecnológica, las escuelas se abren para escolarizar a todos, se adopta la indumentaria occidental, se estudian leyes, usos, costumbres de toda Europa y América.

Por aquel entonces, un jovencito de 18 años hizo sus particulares Américas, de donde vino cargado de "nuevas" recetas que han perdurado hasta hoy.

Esta pastelería de cuatro generaciones sigue produciendo cada día decenas de chiffon cakes (tartas de bizcocho genovés con nata y fresas), apple pies (tarta de manzana), castela keki (esponjoso bizcocho), tiramisú (esto sí que es nuevo!) y multitud de tartas de frutas.

Hace 15 años recuerdo haber descubierto este local que parece haberse fosilizado en el tiempo: no ya en la época Meiji, sino más bien en los 1960´s: techos enormes y azules, lámparas de neón en forma de flor, enormes mostradores, barra larguíssima con taburetes de "eskai" super confortables, como los que había en tiempos en las grandes cafeterías como la desaparecida Manila o California 47 de Madrid. Alguien venía a servirte tu pastel o galleta favorita con una bebida caliente o un vaso de estupenda leche. De hecho, esta Casa importó también el concepto de "milk bar".

En febrero de 2010 me encontré con una situación algo diferente: los pasteles siguen siendo igual de buenos, tienen mucha variedad. La cafetería es una sombra de lo que fue: ya no hay servicio de mesas, han instalado un rudimentario autoservicio con café, té, limonada, zumos naturales, leche sola o con té verde matcha y una sopa del día. Todo ello cuesta unos 800 yenes. A esto se le puede añadir una consumición de pastel a su precio de venta normal. Al final si quieres merendar, no te vas a tomar una sopa Bortsch con una tarta de fresa y un té... o sí, a condición de hacer entonces merienda-cena.
El caso es que tomar un cafelín con pastel ya no es posible, o sale demasiado caro si se renuncia a lo salado. Pena morena.

Al final, la mayoría de los clientes acuden al local únicamente para llevarse los pasteles y tartas a casa.
Su sitio internet (únicamente en japonés) permite también adquirir tantas unidades de sus pasteles como se desee. El eficiente servicio a domicilio distribuirá las delicias en el lugar escogido.
La gente del barrio viene incondicionalmente a comprar, se ve gente mayor, acompañados algunos de sus nietos, para perpetuar la tradición.

Me encanta este lado trasnochado de Ômiya: el local evocando viejas glorias, sus vasos de poliestireno super retro, su empaquetado a juego de colores infantiles, ... pastel, la música gringa tipo oldies, las empleadas en uniforme que no dicen hola ni adiós a los clientes, como en otros negocios.
La matriarca sale de vez en cuando a hacer zumo de mandarina, limonada natural con pipos o a remover el matcha que quedó en el fondo de la botella de la leche verde.
Ese montacargas que sube y baja diligentemente material para golosos, un ventilador industrial de la época de Maricastaña, ese suelo de piedra, ese techo inimitable que me encandiló...y sigue encandilándome.
Más retro, imposible! ¿Cuánto durarán?

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Restaurant Sant Pau

+81 35175700

Coredo Nihonbashi Annex 1-6-1 Nihonbashi, Chuo-ku, Tokio Tokio, Japón

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Un català en Tóquio

Ohio Goza i Más lo descubrió en febrero de 2010

me encanta, uno de mis favoritos

No saben Uds la ilusión que me hizo llegar a este gran lugar de la gastronomía española: el restaurante de Carme Ruscalleda en Tokio, decorado con dos estrellas Michelín en la guía de Tokio recién salida de la imprenta hace apenas dos meses.

A pesar de no conocer la casa madre en Barcelona, la experiencia tokioíta nada tendría que envidiar a la de por allá. Para empezar, cocina impoluta, abierta en primer plano nada más acercarse hasta aquí.

Acudimos a las 11:30, hora de apertura del local, donde un amable miembro del personal se encargó de nuestros abrigos y de acomodarnos en una salita de espera. Al cabo de unos instantes, otra persona nos acompañó al comedor, donde nos esperaba nuestra amable jefa de sala.

Mesa con vista, sobrio local de líneas apuradas, colores alegres y cuadros de artistas catalanes en la pared. Sólo el menaje venía de otros lugares: franceses Guy Degrenne, JL Coquet o Laguiole para la cubertería y vajilla. Alemanes vasos de Riedel, algún plato de Versace para Rosenthal. Inmaculados y planchadíssimos manteles que visten las mesas hasta el suelo. Toallitas húmedas calentitas agradablemente perfumadas, siguiendo con la tradición nipona.

A mediodía es posible degustar un "business lunch" que nos permitió tener una visión elemental del menú. Aún así, estuvimos casi dos horas de puro placer gastronómico a una cadencia ideal.

Durante la introducción al menú, todo nos fue explicado en japonés e inglés, si bien a los postres nos desvelamos las identidades, enterándonos de que nuestra maître d´hôtel japonesa habla el castellano a la perfección.

Cosas del protocolo, el menú está escrito en catalán, siendo la alternativa...el japonés. Aunque creo que también disponen de algún ejemplar también en inglés.

Como estábamos "de servicio", decidimos no probar vino alguno de los muchos cientos que tienen abajo. Probablemente una de las mejores bodegas españolas de toda Asia. Pero eso sí, el agua mineral venía expresamente de Catalunya, así como un maravilloso y afrutado arbequina que degustamos con un pan recién hecho allí. La sal, sin embargo, viene de Mallorca.

Qué delicia, poder preguntar todo tipo de precisiones sobre el menú o los ingredientes, todo ello respondido al momento por este servicio de sala, tan amable y competente.

Comenzamos la experiencia por un "micro menú" numerado, que cambia cada mes. Realmente es micro-micro, ya que cada cosita apenas sobrepasa el cm3. En nuestro caso, una croquetita de gamba de intenso sabor, una ensaladita con cuadradines de pescado, una "capipota" de cerdo con un embrio-nabito, "ibéric" y un suspiro de coca de piquillo.

El primer plato tenía una presentación primorosa: un lecho de crema de calabacín, sobre él un barquito de bizcocho de zanahoria con aspic decorado con bolitas de calabacín y zanahoria. Las velas eran tiras rizaditas de los dos ingredientes. En popa, un huevo poché (pasado por agua) al punto ofrecía un bonito contraste y un sabor exquisito.

El plato principal (a elegir entre carne o pescado) consistió en una costillita de cordero neozelandés cocinada al punto, espolvoreada de ligero pan rallado a la remolacha, con ligera y original guarnición de hojitas baby y "ravioli" de remolacha con relleno de patata. Sensacional.

El postre fue a la vez decadente y refrescante: chocolate, praliné, compota y sorbete de pera sabiamente dosificados. Ni poco, ni mucho. Y el grado justo de dulzor.

Unos petit-fours y ¡un cortado! remataron la comida con brío, amén de una piruleta de no-sé-qué-fruto-rojo-que-me-supo-a-gloria. La pastilla helada venía sencillamente alojada en un palito de bambú. Divina fusión.

Salimos más contentos que unas castañuelas a pesar del día tan gris y del apretado programa que nos quedaba por apurar. Y porque en pleno distrito comercial y de negocios como es Nihonbashi es posible encontrar un Relais-Chateau con un nivel y una relación calidad-precio absolutamente excepcionales.

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Nishiki- 二色

+81 3-3292-5936

Gakushi Kaikan, 3-28 Kanda-Nishiki-chô Tokio, Japón

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Un japonés fuera de contexto

Ohio Goza i Más lo descubrió en febrero de 2010

Resulta que el Gakushi Kaikan 学士会 en.wikipedia.org/wiki/Gakushi-kai es un imponente edificio de finales del S XIX, dedicado a ofrecer servicios a sus 80,000 miembros, entre alumnos y personal de las universidades imperiales tokioítas: salas de conferencias, biblioteca, salones de eventos y restaurantes, entre ellos el japonés Nishiki.

El Nishiki ofrece correctos menús de mediodía a precios razonables: alrededor de 1200 yenes a mediodía en 2010. Siempre hay una selección de sushi, tempura, el "ladies lunch", el menú del día y también cocina nipona a la carta.

Lugar especialemente apropiado para una ocasión tranquila y discreta, las mesas de los laterales son accesibles tras descalzarse sobre un tatami. Pero no se asusten: la silla sin patas se encuentra al borde de una trinchera que les permitirá sentarse cómodamente en forma de 4 -que no de buda-.

Los menús vienen acompañados de un pequeño postre -un sorbete o un cuarto de fruta y se sirve té (japonés of course) a voluntad.

Sorprende constatar que el interior del local nada tiene que ver con la imponente arquitectura interior del edificio.

Pronto espero probar el italiano-francés de enfrente. Este sí que conserva casi todos los elementos decimonónicos que le dan un carácter tan especial.

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The Artist`s Cafe

+81 58052111

Tokyo, Bunkyo-ku, 1-3-61 Koraku Tokio, Japón

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Otro cafe con vistas

Ohio Goza i Más lo descubrió en enero de 2010

está OK

Después de visitar el precioso y antiguo parque de Koishikawa Korakuen, caminando un ratito hacia Tokyo Dome, subimos al hotel del mismo nombre, hasta el piso 43.
Desde aqui es posible admirar unas dramáticas vistas de la gran ciudad tomando un cafetín.
Entrada estrambótica en Enero de 2010, donde un esqueleto vestido de carnaval convive con globos y contrabajo frente al cuadro conmemorativo de todos los artistas que han actuado en el megaestadio de Tokyo Dome.

Atmosfera casual con detalles preciosistas intentando evocar la belle epoque. Al final, los enormes ventanales se llevan el protagonismo.
Interesantes, los reservados en donde tomar un algo ajeno a las miradas de la sala. Muy intimo y cozy.

La calidad de la comida es correcta, sin nada especial que mencionar. Como íbamos a tomar el te, se me ocurrió pedir el pastel de temporada: resulto ser un montblanc a la fresa.
En una ciudad donde se vive demasiado a ras de suelo o debajo de el, hay que subirse de vez en cuando a una torre para cambiar la perspectiva...

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