Baccarat museo

11, Place des Etats -Unis, Paris, París, Francia

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relevancia fecha

10/12/2011

Francisco. lo descubrió en diciembre de 2011

Una tontería sofisticada y cara.

Copio directamente una página de Internet más que nada publicidad.
"Ya desde los años 30, hasta bien entrada la segunda mitad de los 50, este palacio fue centro de glamour y sofisticación gracias a las grandes fiestas y recepciones que su adinerada propietaria, la vizcondesa Marie-Laure de Noailles ofrecía a sus ilustres, entre ellos, Salvador Dalí, Jean Cocteau o Luis Buñuel.
De esta forma, los 3.000 metros cuadrados de su construcción, quedan divididos en zonas, que van desde una galería-museo, a tiendas y a un restaurante para gourmets, el Cristal Room, situado precisamente en la misma zona que utilizaba la dueña como comedor.
Desde las nueve de la mañana hasta la una de la madrugada, el público puede desayunar, comer, tomar el té o disfrutar de una cena romántica con unos platos deliciosos de una cocina de muy alta calidad y que presta especial atención a los postres, los vinos y los champanes y cuya carta cambia cada mes, para ofrecer los productos de temporada de máxima calidad.
En definitiva, “un palacio en el que todo es posible” según las palabras del propio Starck, y en el que todo deslumbra, su importante espectáculo de luces y cristales con magníficos toques de color y creatividad, su ambiente encantado y surrealista, sus espacios sofisticados,…. sin duda, una de las citas parisinas del momento.
Por todo los expuesto, bien merece la pena una visita para degustar los platos tan selectos que ofrece el restaurante Cristal Room de Paris en un recinto espectacular".

Pues me deslumbró,pero no me, digamos, emocionó.. Es lo que pasa cuando subimos, es un decir, los de las calderas a la parte del puente, superior.No asimilamos tan rápido este pretendido "estilo de vida"..
Un espacio increible, no sólo el restaurante barroco y lujosamente francés. Si quieres epatar, dejate de El 10 del Meurice,o de los modernos y tres estrellas Michelin,o de Torres de Plata o Jules Verne,, etc.¡¡ El restaurante en la primera planta, de este hotel palacete, en una zona tranquila, es francamente bonito y vistoso, muy vistoso. Quizás demasiado.
Sobre la tienda, pues ,,¿ qué decir?,, no habia muchas personas,, algunas, más que nada mayores, y claro tampoco es un local o lugar para alumnos de 3ro de la Eso, o de parejas de novios progres, ¿o si?. Estaban haciendo unas entrevistas de trabajo a chavales jóvenes que se mostraban, a mi parecer, nerviosos. Más seguramente, porque los habían sentado a la vista del turista, potencial comprador???, y en una mesa de, digamos 35 metros, totalmente cubierta de platos, guirnaldas, candelabros, todo confite y lujo, como en un desfile de Chanel. Los baños limpios y con diseño Baccarat.Debo asumir que algunas pequeñas piezas o jarrones me gustan, pero no ese exceso, ni esos precios. Preguntamos por un espejo, que resultó ser también del sr. Philippe Starck, y en fin,, 11.690 euros de nada, el de talla mediana. Mucho, creo yo, incluso para los de arriba, y más en tiempos de crisis. Pero tienen jarrones atractivos ya desde 600 euros, y copas, y vasos,y felinos de cristal, y preciosidades, tan tan ¿¿francesas??. Insisto, en lo del restaurante.
No sé si Lalique, o Daum,o Rochere tendrán también en sus sedes, este tipo de restaurantes. En la de Baccarat en un salón de baile vacio, apenas nadie presta atención a un video de la fabricación del cristal soplado.
El museo abre todos los días, salvo martes y domingos, y la entrada tiene un precio de 5 euros.Logicamente, no se cobra cuando vas sólo al restaurante, que tiene un precio medio, digamos no más de 60 euros a la carta. Y no estaría mal hacer una Nochevieja aquí, aunque las sillas tienen toda la pinta de ser incomodas, de esas de barrotitos tipo palillos en el respaldo.

Nadie habla castellano, al parecer, y al final le sacas unas frases en español al chico sudamericano, guapo como el cristal negro, que está en la recepción de la boutique en aquellos maravillosos salones,todo estuco dorado y pinturas en los techos. No se puede sacar fotos, ni.... al chico tampoco. Pero habia algún fotográfo profesional, de revistas de tendencias o no, que sí estaban con su tripode y todo. Simplemente,una curiosidad en ese París de ricos. O de apariencias. El chalet blanco, está vestido con toldos rojos con la inicial B de la marca, y tiene espejos, apliques y demás, en su fachada. Las puertas rojas de ese mismo color de los toldos. Todo exquisito y silencioso..

Pero yo a veces prefiero el ruido y la naturalidad del mercado de Barbes, mezcla de razas, africanos, árabes, gentes que vienen y van, y que no les gustan, como en el Baccarat,que les saquen fotos,, no por espionaje industrial o afan de exclusividad, sino porque consideran que si les sacas una foto, se va con ella parte de su alma.