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El Roxin, no tienes pérdida, está en la mitad del pueblo. En la entrada es un bar pequeño, una tasca para paisanos y, al fondo a la derecha un alargado comedor, ganado a la montaña en el que te reciben muy bien y en el que se come de lujo. Son especialistas en el cabritu guisado que lo bordan y que es un plato recio, con sabor profundo caprino, nada que ver con los corderillos que no saben a nada o con los guisos light. Esto es para gente curtida, de los que comen bien y sin tonterías. En concreto la ración (13 euros) es de las que asustan. En un sitio que no fuera astur esa sería una ración para dos bien comidos y casi como plato único.
Pero nosotros antes los retos nos crecemos. Mi acompañante sugirió empezar con una ensalada (3,50 euros) y fue un acierto. Una lechuga que ¡sabía a lechuga!, unos tomates con sabor y olor. Algo de otra época. En una preparación sencilla pero buena, sin módenas ni zarandajas. Y ya puestos, pedimos unas croquetas (5,50 euros). Mira que hacen bien las croquetas en cualquier chigre asturiano, pero es que aquí las bordan. No diremos que son tan elaboradas como las (geniales) del Retiro o las estratosféricas de Casa Gerardo pero sí que estaban en la liga de las grandes croquetas. Y, como tenemos que demostrar nuestro talante allá por donde vamos, y, por si acaso, pedimos pollo al brasa (7 euros) (otra ración como para una pareja, con millones de patatas fritas de verdad). Y luego el dueño, un simpático y satisfecho propietario, se acercó y como si estuviéramos en un lugar de postín, nos preguntó por nuestra opinión. Y claro le dijimos que de diez, pero que, oiga, hay que avisr de los tamaños de los platos, que uno es de Bilbao, sí, pero que a veces también tiene sus límites.
Y acabó la comida con una tarta de almendras bien resuelta. Y con chupito de hierbas, para bajar que decía mi abuela, y salimos orondos y lustrosos y con la idea de volver, en primavera o en verano o en otoño (incluso, claro, el próximo invierno).
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Parece mentira que en un pueblo tan recóndito haya un restaurante en el que un jueves fuera de temporada tenga varias mesas ocupadas, pero el motivo es sencillo: se come muy bien.
Pedidos croquetas de entrante, ricas. Íbamos pensando en el cabrito guisado pero no tenían, así que nos decantamos por un solomillo y lomo casero (de matanza propia y adobado en casa) que me trajo a la memoria viejos tiempos. De postre tarta de queso, o mejor llamarlo 'un pedazo bestial de tarta de queso', riquísima, tipo flan, de las que se hacen por aquí, pero el doble de alta y de ancha.
Habrá que volver en temporada a probar el cabrito y la parrilla
Este es un sitio frontera, o sea que van los lugareños a comer como Dios manda y agosteños a tomas cosas "típicas", que son las mismas, pero desde diferente óptica. No sé si me explico.
El Roxín son tres, la barra, un comedor interior, ambos lugares de lo más normales tirando a cutres, y un salón, que sólo abren cuando la temperatura lo permite, alto, grande, espartano, con bancos corridos y acristalado para darse un chute de vistas mientras se come.
Aquí se come un excelente y grandioso chuletón a la parrilla, chorizo y morcillas más que ricos y, en mi caso, una sopa de gallina como toca, hay más pucheros, pero no los he probado. Poco más y poco menos.
De vinos los suficientes y de precio contenido (a 25€-30€ por cabeza con un buen vino)
La excursión con parada en el Mazuco merece la pena.
De esos sitios, que más que opinar hay que callar.....Para que nadie los descubra y que sea casi un secreto. Maravilloso, con unas vistas espectaculares.....donde te olvidas de "casi todo". El trato amabilísimo y donde siempre que pueda volveré. La comida casera, abundante, riquísima y las vistas desde el restaurante.....una pasada.
boop lo descubrió en mayo de 2007
Localizado en el Mazuco, un pueblo de montaña, al cual es dificil llegar ya que su carretera son de las que tiene solera (no cabe bien 2 coches y las cuestas y las curvas son increibles). Pero es un sitio donde merece la pena pasarse si estas por la zona de Llanes. Su carta es cocina casera y de parrilla, puedes comer de entrantes chorizo hecho por ellos, la morcilla frita típica del concejo, queso, etc. Después tienen el tipo menú de parrilla: chuletón de buey (22 euros el kilo), solomillo, etc. Postres típicos: la tarta de queso está muy buena, también tienen la de almendra, etc. Todo el menú cafes incluidos 20 euros por perso. Un buen precio y una comida que te deja tieso.