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14/12/2011

cockails y puros

mola mucho el bar cocktelería en los bajos de un hotel de principios del sXX, uno de los primeros "american bars" que abrieron en Viena durante la ocupación.

Es fácil (salvo si prestas atención a la música petarda 80era con cosas tipo el dichoso Falco y su Amadeus) imaginarse cómo sería conspirar o enterarse de cosas en la época.

Oscuro y con cava de puros para el que guste de esto (aunque si no fumas se puede estar agusto también).

Cocktails bien tirados y ambientillo cool-trendy lleno de locals, nada de turisteo.

Además cierra tarde, puede estar hasta las 4:00 am recorriéndote la inmensa carta de cocktails y brebajes que tienen.

15/12/2011

Sólo falla la música

Lo único que le falta a Barfly´s para ser EL BAR es su música petardo ochentera (salvo alguna concesión a la Motown, muy de agradecer), que no pega nada con el local.

En la parte baja de un hotel en el distrito 3, pasa tan desapercibido que sólo encontrarás allí a los "sospechosos habituales" de Viena y gente que ha ido expresamente a probar alguno de sus cocktails. No creo que ningún turista pueda caer allí por casualidad.

Y, si acabas allí y el Barflys no te conquista con su infinita carta con más de 400 cocktails, lo hará el propio local, donde nada parece haber evolucionado y todo invita a echar a volar la imaginación y pensar que Orson Welles va a entrar por la puerta en cualquier momento con un puro en la mano y agarrado a la cintura de alguna rubia.

En definitiva, un sitio que está entre lo bohemio, lo decadente, lo clandestino y lo exquisito, no sabría por qué adejtivo decantarme.

11/12/2011

Nahúm García lo descubrió en diciembre de 2011

Estilo americano

Dentro de un hotel de bastante buena pinta se encuentra este local que nos recomendó un ex-coctelero vienés que ahora se dedica a la restauración pero no detrás de la barra como antaño.
El sitio tiene un tamaño medio, con una primera sala para no fumadores, con bastantes mesas, fotos en las paredes de cantantes y actores clásicos de Hollywood, y una luz muy suave. La siguiente sala, para fumadores, tiene la barra más iluminada, una cantidad escandalosa de botellas que suben muy alto en la pared, y una amplia oferta de puros que sus clientes no dudan en disfrutar (el olor de puro, por desgracia, se cuela por la puerta que separa ambas salas, que siempre está abierta para no estorbar el trasiego de los camareros).
Lo más sorprendente del local es la carta, que parece una tesis doctoral de lo gorda que es. Los cientos de cócteles vienen clasificados por tipo de bebidas, o por si son novedades o clásicos. También al final viene una espectacular lista de bebidas para probarlas solas o acompañadas en precios que llegan a los 100€ por una cantidad de bebida irrisoria (tienen botellas carísimas).
El precio medio de los cócteles son los 10€. La mayoría valen 9 ó 10€, y algunos valen 11 ó 12.
Los que probamos estaban muy buenos, con carácter pero sin dejarse un regusto fuerte a alcohol.
El ambiente era agradable. Nos pareció que la música estaba un poco alta para lo que sugería el local (música variada y pelín casposilla de todos los estilos, lo peor de los ochentas, algo de motown...), pero el servicio era muy atento, rápido y agradable, algo que no se ve en todos sitios en la ciudad.

Lo que sí que no me gustó nada fue que al entrar una señorita nos pidió (casi exigió) los abrigos para el ropero de tal forma que pensamos que sería un servicio gratuito del local. Al salir nos pidieron 1,5€ por persona, incluso aunque nos pusieron los 4 abrigos en dos perchas.

Fuera de ese detalle, es un lugar excelente y si te gustan los cócteles (y los puros) es visita obligada si pasas por Viena. Probablemente de las mejores o la mejor coctelería de la ciudad.
Recomiendo probarlo entre semana, que dicen que está más agradable y ponen más música swing (=clase+10).