Emblemático caserío ayalés del s.XVII impregnado de historia y tradición gastronómica

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22/02/2013

Excelente! Tipico caserio! cocina tradicional excelente.

Chorizo casero, carne excelente, pescaditos, sin camuflar sabores..... y encima muy buen servicio.

las cosas bien se notan....siempre lleno.

18/03/2010

Dicen que de lo mejorcito de Álava

Es un antiguo caserio reformado, muy chulo, muy grande y con tres opciones: una zona para tomar el menu del dia, una zona más informal, y el restaurante propiamente dicho. Nosotros estuvimos en este último y comimos fenomenal. Como entrantes láminas de bacalao y patata templada, un arroz cremoso con chipirones, pulpo y crema de hongos (exquisito, eso sí, llena mucho) y almejas (lo mejor de todo) y de segundo rodaballo, rape y chuletón. De postre queso con membrillo (lo más flojito de la comida). Todo buenísimo, el servicio estupendo, y para 3, con un albariño, costó unos 210€. Muy recomendable para darse un homenaje. Está muy cerca del polígono industrial donde está Tubacex (por lo visto el caserío se convirtió en restaurante con la llegada de esta empresa) y se ve comiendo gente de negocios de la zona que se conocen ya todos. El entorno, precioso. Se puede fumar en todas las mesas.

02/12/2007

siempre abarrotado, por algo será

Los hermanos Guinea Ugarte ­Francisco Javier en la cocina y José Cruz en la sala­ saben conectar con la clientela, que abarrota su antiguo y cuidado caserío de Barrio Bideko, en Lezama. Estupendos géneros, logradas cocciones, copiosas raciones, atemperada suculencia e inconformismo medido en las construcciones son algunas de las características que definen su quehacer en los fogones. En la carta conviven dos estilos, uno popular y otro algo más pretensioso, que completan una oferta atractiva. Sin embargo, es en la primera vertiente en la que la casa se desenvuelve más a gusto.

La morcilla de arroz, de elaboración propia, denota calidad, frescor y finura. Para acompañarla, unos fenomenales pimientos del piquillo (El Navarrico) nadando en su melosa crema, una salsa consumada, bien pensada y con rúbrica. La aguja de ternera trufada y estofada en su jugo con purés de patata al aceite de oliva y calabaza representa una brillante escenificación de un guiso humilde, hasta convertirlo en sabrosura exquisita.

También tiene un mérito apreciable el cordero guisado con menestra, saliendo las verduras limpias y al dente, ya que se han cocido independientemente y con precisión, mientras que la carne se muestra jugosa, tierna y rica.

Más discutibles son los platos de alta cocina moderna, que presentan alguna carencia. El txangurro en camisa de piquillos con crujiente de patata, crema de ésta y aceite de chipirón es más una mezcolanza gustosísima y satisfactoria, que un testimonio de inmaculabilidad palatal.

La lubina, colosal de calidad y en un punto casi rosa de cocción, no mantiene tanto nivel en los acompañamientos: el encebollado no llega a confitura y el almíbar de naranja marca algo más de lo que debería. Que quede bien claro que no se pone en duda la satisfacción que producen, sino algunas limitaciones en los complementos. Y, para diana plena, la mousse de cuajada con mermelada de frutos rojos. Un restaurante con inquietudes y méritos.
r.g.s.

30/07/2007

jonako lo descubrió en julio de 2007

Perdido en el monte

Andábamos hace 3 o 4 años perdido por el Altube, buscando un hotel rural. Se había hecho tarde, y paramos en el Bideko pensando que sería un bar y que podría pedir un bocata o algo para ir tirando.

Una vez dentro nos dimos cuenta del error y recibimos una de las más gratas sorpresas culinarias: Ensalada tibia de láminas de bacalao y patata. Hasta ese día había evitado el bacalao en lo posible (he aprendido mucho desde entonces).
El resto del menú: unas carnes excelentes, verduras de temporada (y de huerta), más pescados y una elaborada carta de postres caseros.

El precio, rondando los 35 euros por persona (entrante, plato, postre, vino y café),es muy ajustado teniendo en cuenta la calidad (y cantidad) de los platos.

Tiene además una terracita la mar de agradable para tomar un trago después de comer/cenar, al menos el que no conduzca ;-)

02/12/2007

comida de altura

Un perfecto sitio en las imediaciones de Amurrio.

Tiene varios comedores, uno en la parte superior de menú del día, que no debe estar nada pero que nada mal, y dos en los laterales a la carta.

Comida exquisita, muy bien elaborada, como por ejemplo un hígado de pato en terrina muy bien presentado, o unas deliciosas láminas de bacalao con una salsa finísima.

La chuleta de carte también es digna de mencionar.