Cafe Central

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01/04/2014

Café con historia y más guiris que locales

Cosas de la fama. Sachertorte ok. Pianista. Los cafés sobre 4 larries y la tarta por ahí. Más o menos como en cualquier otro sitio

30/10/2010

Un café con historia

El café abrió sus puertas en 1860. A finales del siglo XIX se convirtió en uno de los puntos de encuentro más importantes de la intelectualidad vienesa, en parte gracias al cierre y derribo del Café Griensteidl. Algunos de los clientes habituales del Central fueron, entre otros, Peter Altenberg, Egon Friedell, Hugo von Hofmannsthal, Anton Kuh, Adolf Loos (quien diseñó el interior del Café Museum), Leo Perutz y Alfred Polgar. Hasta 1938, el Café Central recibía también el nombre jocoso de "universidad del ajedrez", pues era frecuentado por muchos aficionados a este juego.
Según una conocida anécdota, el político austriaco Heinrich Clam-Martinic, al ser preguntado por la posibilidad de que estallase la revolución en Rusia, afirmó: "¿Y quién se supone que va a hacer la revolución? ¿Quizá el Sr. Bronstein desde el Café Central?" Clam-Martinic se refería a León Trotsky, cuyo apellido real era Bronstein; Trotsky vivió en Viena como emigrante desde octubre de 1907 hasta el comienzo de la Primera Guerra Mundial y era un asiduo del Central, donde solía jugar al ajedrez.
El escritor Alfred Polgar escribió en su "Teoría del Café Central" lo siguiente: "El Central no es una cafetería como el resto de las cafeterías, sino una forma de ver el mundo (...) Sus habitantes son en su mayor parte gente cuyo odio por sus semejantes es tan intenso como su deseo de estar con otras personas que a su vez también quieren estar solas pero necesitan compañía. Los clientes del Central se aman y menosprecian mutuamente (...) A algunos autores les sucede que cuando están en el Central no se les ocurre nada. Fuera de él, mucho menos todavía."
El Café Central cerró tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. En 1975, año europeo de protección del patrimonio artístico, se renovó el Palais Ferstel y el Central volvió a abrir. No lo hizo en el patio interior del palacete, donde estaba antiguamente, sino en la antigua zona de ventanillas de un banco. En 1986 se volvieron a renovar lujosamente las distintas salas.
Hoy día, el Café Central es por un lado una atracción turística y por otro una cafetería burguesa que vive de la reputación de su pasado literario.wikipedia.org

26/08/2011

Viena, mucho más que una ciudad de Cafés: El Central y otros.

No sé si ocupa el antiguo Palais Ferstel o el edificio que fue un banco. Sí, que se abrió en el 1860 y que en él se reunian personajes que entonces o después iban a ser conocidos, entre ellos Trosky. A fines de la década de los 80, ya en el XX, se renovó todo su antiguo esplendor.
Hemos desayunado en él, y el servicio fue amable, profesional, y los precios, al menos de los múltiples desayunos, nada desorbitados. La reposteria, por supuesto a la altura del local. Turistas silenciosos, casi como en una iglesia, y algunos vieneses.
Un lugar agradable, bonito, y más que recomendable. Perfecto para antes o despues de la visita a los aposentos del producto-mito Sissi o de algún museo cercano. Desayunar en bandeja cuesta sobre los 11 euros, cuando es un desayuno compuesto de varias cosas y servido sobre mantelito de tela indivual. También puedes tomarte un café con un croissant o lo que desees. Prueba distintos tipos de elaboraciones de cafés.., si lo deseas. Uno distinto cada vez que vayas.
Me ha gustado y, de hecho aunque he ido a otros cafés como el Museum , (que ya no queda nada de Loos), o al Café Sacher, o al Café Demel, y a otros, pienso que me quedaría tal vez por su amplitud, con el Central, y aunque no se parecen nada, por ese aire bohemio algo como de taberna oscura, medio estudiantil, medio intelectual y literaria, si puedo, digo, también elegiria el Café Hawelka., que está no lejos de la columna barroca de la Peste, en el Centro de Viena.
Muchos o bastantes de los otros cafes, están abarrotados a distintas horas, y son pura atracción turistica, aunque suntuosos, y bonitos la mayoria.
Para mí, cuando vas de turista o viajero, una buena idea en Viena, no coger el desayuno en el hotel. Esto te obliga a visitar estos viejos cafés o pastelerias, y es una buena forma de conocer un aspecto de la ciudad. Esa era la idea, al menos en esta visita, y resultó.
Y además en muchos de ellos se puede comer menús sencillos, que son una alternativa a los restaurantes turisticos o cadenas de comida rápida. En Viena hay mágnificos, unos cuantos, los muy reconocidos, restaurantes, y no son económicos,precisamente.

Viena ofrece cafés, parques, fantásticos palacios, decenas de anticuarios y galerias de arte, museos, música, etc. , y es abarcable y burguesa. Como sus cajas de bombones y pasteles, está dispuesta a dejarse abrir y descubrir/la. Los viejos cafés forma parte de su esencia, de su alma...

He leido recientemente un articulo sobre los cafés en vena, el cual me ha parecido muy interesante. Su autor es Antonio Sánchez Solis.
Dice asi:
La responsable del Café Mozart, en pleno corazón de Viena, explica que esa vinculación con el café es tal que incluso cuando un huésped habitual enferma, no es raro que algún familiar le llame para advertirle de que va a estar unos días sin acudir al local. Pero si la comodidad, el tiempo y la elegancia son el alma del Wiener Kaffeehaus, el café, el buen café, es lo que da cuerpo y prestigio a un local.

En el Museum, por ejemplo, se emplean cada día hasta 15 kilos para ofrecer 20 variedades distintas. Para el cliente extranjero, acostumbrado en ocasiones al reducido espectro de "solo o con leche", la oferta de un Wiener Kaffeehaus puede ser abrumadora.

Hay para todos los gustos: desde los imprescindibles Cappuccino o Melange, al rotundo café turco, el café latte, el Maria Theresia (con licor de naranja) el Mozart (con trozos de almendra), el Franz Landtmann (con brandy y canela) y el Sobiesky, que se sirve con vodka y miel.

Eso sí, la comodidad, el lujo y el tiempo se pagan: un Melange puede rondar los 4 euros en cualquier café que se precie de su nombre. Un elevado precio, que sin embargo, no garantiza la supervivencia de estos establecimientos. Cada año cierran locales tradicionales, los "que se describen en las guías turísticas", explicó a Efe Berndt Querfeld, propietario del Café Landtmann y jefe del gremio de los Kaffeehäuser.

Aparte de la amenazas del café a 1 euro de algunas cadenas de comida rápida, la moda del "café para llevar" y la creciente presencia de los cafés en cápsula en los hogares, Querfeld reconoce que el café vienés también tiene un enemigo en casa: la falta de evolución.

"Muchos cafés no se han renovado desde la Guerra (Mundial). Tenemos un enorme déficit de inversión. En muchos, de verdad que uno piensa que el tiempo se ha detenido", explica. "Probablemente, los cafés vieneses tienen que pensar qué se puede hacer de otra manera y qué se puede transformar sin perder la propia identidad".

Lo dicho:, imprescindible visitarlos, vivirlos, disfrutarlos.

11/02/2011

Café con solera

Posiblemente el café más clásico de los cientos que se pueden encontrar en VIena. Situado cerca del Palacio Imperial, vale la pena visitarlo ya que es bonito, te transporta en el tiempo a épocas pasadas y además el surtido de pasteles está muy bien.