Decoración british y ambiente sofisticado en este "Coffee shop & cocktail bar" justo enfrente de la Pza de los cubos.

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12/04/2017

Tarde lluviosa y cappuccino con amiga mientras conspiramos y arreglamos el mundo. Un sitio muy apañado, para huir de cafeterías desangeladas de las muchas que abundan por esa zona.

29/03/2016

Investigando el mundo del brunch

Cuando nos empezaron a dejar sueltos, dábamos vueltas alrededor del Colegio. Un poco más tarde íbamos al cine. Después, a los 13 o 14 años, nos gastábamos nuestro poco dinero en las recreativas de Sol, con Marvin el filipino, una gran referencia intelectual. Y dábamos vueltas por las calles en torno a la Gran Vía (que en aquel entonces no era la posmodernidad turística actual, sino más bien territorio comanche), entrábamos en tiendas de comics (sin comprar nada), o nos metíamos en la FNAC a mirar los libros de “¿Dónde está Wally?” para echar las horas. Esto de echar las horas pasaba también por montarnos en algún autobús indefinido y hacer el recorrido ida y vuelta, o quedarnos en la línea 6 de Metro si hacía frío. Con un cutter en el bolsillo, que nunca usábamos. Más adelante empezaron los primeros botellones, todavía a la luz del día. Primero a las 21h en casa, luego a las 22h… la plaza de Barceló, el Grial, el 2 de Mayo, la Villa de París, las Salesas. Pack de kalimotxo en el chino, cuatro litros con mini y hielo, cuatrocientas pesetas. Luego los garitos punk, La Casa de la Yaya, el Gallego, el Pipas como segundo hogar. Si se quedaba libre la casa de alguien nos cocíamos como salvajes. Luego llegaron las novias, de los minis a las copas, el gintonic, pagado con los primeros curros.

Todo esto terminó esta semana santa. Porque el Viernes Santo, día en el que agonizaba Jesús de Nazaret en la cruz, quedé con los colegas de mil andanzas a …. ¡¡TOMAR EL BRUNCH!! A las 11 de la mañana, en el Mür. Y claro, uno mira atrás y no sabe si esto simboliza decadencia, madurez, mierda, gloria o que. Conste para todos mis seguidores que tal vez abrace ocasionalmente el hipsterismo, pero mentalmente hago todo lo posible por no pasar de los 17 años. Kalimotxo ya no tomo (efectos terroríficos en el estómago, creo que, como Obelix, ya bebí toda la poción que me correspondía), a las 23h me quedo dormido (¡y antes!), llevo traje a medida , sí, pero demonios, soy un punk rocker de espíritu.

Lo del brunch es un curioso fenómeno. Siempre digo que en Madrid no se desayuna bien. En Estados Unidos puedes desayunar costillas en Winterset (Iowa) o hamburguesas. Aquí, barrita con tomate y café con leche. En realidad yo soy de no desayunar, pero si desayuno quiero mandanga. En Valencia al menos tienen la tradición del almuerzo (salen de casa con un café en el cuerpo, a las 11 se enchufan cualquier salvajada), pero Madrid es la mierda. Lo del brunch en realidad no es un desayuno, es la mezcla del breakfast y el lunch, pero bueno, a efectos de desayuno potente me sirve. Aunque me sabe mal que sea algo muy de domingo, cuando yo lo haría cualquier día. Estuvimos investigando qué podía haber abierto y nos encontramos que el Mür habría en festivos y que encima era de lo más reputado. Así que allá fuimos.

Ya conocía yo este sitio. Junto a la calle Princesa, en la placita que hay subiendo las escaleras. Es un rincón algo oculto. El sitio es una cafetería totalmente hipster, sin excepción ni remilgo. Muchos cafés variados, jazz de fondo. En la planta baja, la barra, mesas bajas, sillones cómodos. Es un sitio agradable, la verdad, aunque uno se blinde contra estas cosas. En la planta de arriba, unas mesitas de madera. Varias pequeñas y una grande, revistas antiguas para ojear. Lámparas de estas que ponen ahora en todos sitios, de estas colgantes que ponen todos los decoradores por doquier, hilos que cruzan de un lado a otro con la bombilla desnuda. La telaraña de la iluminación. Tarros de cristal y barra libre de agua con hierbabuena, naranja y limón.

Y al lío, el Brunch. Hay dos formas de tomarlo, completo o parcial. El completo, que es el que tomamos casi todos, incluye café, chocolate o infusión para beber, más zumo de naranja. Acto seguido te llega el yogurt, con muesli y mermelada. Después panes tostados, croissant y scone. El pan tostado tiene posibilidad de ser con mermelada, queso fresco o nutella casera. El scone (que es un bollo de canela, muy denso) con una “crema Mür” (que no deja de ser una mantequilla) y más mermelada. Digamos que todo esto sería el “medio Brunch dulce” y lo que viene a continuación sería el “medio Brunch salado”. Hay gente rara, extravagantes de la vida, que toman medio. Una de nuestra mesa lo hizo, pero se lo perdonamos porque es de comer a poquitos.

La parte salada, hay opciones. Se puede tomar el English Breakfast, se pueden tomar ensaladas o se puede tomar el clásico de toda la vida, los huevos Benedict, mal llamados “Benedictine” (esto era un licor que bebía mi abuelo). Una tosta de pan con dos huevos escalfados, base de salmón o bacon (salmón escogí yo), salsa holandesa. Acompañado de ensalada y patatas asadas.

El servicio es eficaz, lo mejor es la camarera. Una chica de otro país que siempre pregunta “¿Tenéis alguna pregunta?” y lleva un signo de interrogación tatuado en el cuello. La mujer enigma, eficacia europea sin dejar de ser agradable.

Esta fue la excusa para vernos, que siempre es bueno, ahora que nos hacemos mayores y recorremos nuestro camino, y también para probar el brunch. Muy satisfactoria la experiencia. Demasiado pan por todas partes (el pan y yo, somos así), pero desde luego sales desayunado y comido. A no ser que seas un salvaje es suficiente como desayuno y comida, de verdad. Lo dice alguien que una vez fue salvaje y que tiene mente de gordopilo. La nutella casera sabe tan bien como la original, y los huevos benedict con la salsa holandesa son de escándalo. Me queda la duda de ir otro día a probar el English Breakfast.

22€ vale el menú completo individual, lo veo buen precio en relación a la cantidad. Habrá que hacer más esto del brunch, aunque tenga su punto de postureo. Dado que la noche ya no es para mí, pondremos el foco en las mañanas. Si encuentro un brunch en mi barrio con La Polla Records en los altavoces, ya sería magnífico. Lo tomaría con peloti.

guindillasmutantes.wordpress.com/2016/03/29/mur-cafe

17/01/2018

Que buenas tartas.

Tartas y pasteles de excelente calidad,para llevar o tomar,de precio,bien.

20/04/2017

La tarta Guiness ESPECTACULAR. Servicio en terraza demasiado lento. Ganas de volver a probar el brunch un domingo (con reserva previa)

24/08/2016

Tanto para brunch como simplemente tomar algo, el sitio es bastante encantador. Pedimos el little salado y la verdad es que no dejó que desear. Todo muy bien y se pasa un rato agradable. Recomendable.

11/02/2016

El sitio perfecto para después del cine

Si vas a los cines Princesa (también valen Renoir Princesa o Golem) normalmente buscas después un sitio para tomar algo, si vas de fiesta escapas de la zona, pero si lo que te apetece es algo tranquilo para tomar un cafe, un te, una tarta o un gintonic tu sitio es el Cafe Mür. Es mucho más agradable en la planta de arriba, las tartas y los baggles están buenísimos! sobre todo la tarta de cerveza.. probadla! pero le pongo un pero, las luces seminavideñas de las escaleras de subida, se encienden y se apagan y pueden llegar a marear un poco y la segunda pega es que el servicio es increíblemente lento..... pero lento, lento, lento.. aún así el Mür es tan agradable y las tartas están tan buenas que siempre volvemos allí, a comentar la película.

24/02/2016

uno de mis rincones secretos favoritos de Madrid

Un sitio con mucho encanto y ambiente especial. Creo que posiblemente sea el mejor brunch de Madrid. Me encanta. Ahora, no te pidas el brunch completo a no ser que vayas con muuuuucha hambre. Los huevos benedictine son increibles. Yo los pedí con espinacas a la crema y mi novia con salmón, y la verdad es que los de espincas estaban brutales!!!

Muy muy recomendable.

31/08/2015

Brunch

Es una pena porque con un poco de cuidado que pusieran el brunch sería muchísimo mejor. Pedimos un little salado y un little dulce para compartir, primero nos trajeron los cafés y los yogures y, casi en seguida la cesta de panes. El yogur con granola estaba buenísimo, lo mejor de todo. De la cesta el scone estaba bien, los panes muy buenos y la mantequilla y mermelada también; pero el croissant... por fuera tenía buena pinta pero al partirlo ¡crudo por dentro! El caso es que ya habíamos leído por aquí a gente quejándose de lo mismo, ¿tan difícil es dejarlo un poco más de tiempo en el horno?

Cuando estábamos por la mitad de la cesta de panes nos trajeron los huevos y la camarera al ver que no cabían en la mesa dijo ¿esperamos un poquito? Le dijimos que sí pero luego cuando dijimos que ya nos podían traer los huevos... ¡estaban fríos!

Como decíamos al principio, es una pena porque son detalles que se podrían arreglar fácilmente sólo con poner un poco de cuidado.

Javier B.

Al Mür hay que ir por sus tartas, sobre todo la de zanahoria

7 de octubre de 2015