CEBO es un nuevo espacio gastronómico y atrevido. Con su reciente inauguración, toda la gastronomía del hotel Urban ha experimentado un cambio transversal. Bajo la dirección de Aurelio Morales, la nueva propuesta tiene una clara influencia mediterránea y otorga un gran protagonismo a la gastronomía madrileña.

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21/03/2017

Gath lo descubrió en junio de 2016

Una gran experiencia gastronomica.

4-2-2017. Mediodía.


Restaurante instalado en los bajos del Hotel Urban, que potencia el concepto de restaurante de hotel y que ya iniciara tiempo atrás, cuando en el mismo espacio creo el ya desaparecido Europa Deco.

Para ello, sitúa al frente de las cocinas y sala, a dos grandes, Aurelio Morales y Paco Paton, respectivamente, ademas de una importante remodelación de la sala, que la hace mas elegante. El resultado de la combinación de una excelente cocina y servicio de sala de gran nivel y la elegancia de la instalaciones, es espectacular.

Pueden leer la reseña completa en comercongusto.es/cebo-hotel-urban-madrid

Sr Rodriguez

Leo que el menú corto va a 77€ y el largo a 99€.

16 de junio de 2016

Avelio

Precios populares sí señor

16 de junio de 2016

Sr Rodriguez

Un hotel 5* GL no lo es

16 de junio de 2016

Gath

Pues si que son populares y asequibles para todos los públicos.... Pero la curiosidad nos puede, ...

16 de junio de 2016

gastrolola

Excelente reseña Gath, me has despertado las ganas de conocerlo. Eso sí, tendrá que ser en una ocasión especial

12 de marzo de 2017

28/01/2017

Camino al estrellato.

Enero 2017 - 4,5*

En el lujoso Hotel Urban oficia Aurelio Morales en una sala elegante, perfectamente atendida y con un menú degustación basado en el producto genialmente tratado, con sutilidad y gusto, pero también haciendo eco de gran técnica que resulta en preparaciones llenas de sabor y muy bien equilibradas. Todos los detalles cuidados y un acierto en el maridaje a partir de espumosos y blancos. Una apuesta fuerte hacia las estrellas.

Menú degustación a 80€ además de una breve carta, ticket medio 60-70€.

Aquí todos los detalles de los platos y de la experiencia: cocinayrecetas.hola.com/blogclaramasterchef/20170128/cebo-producto-t...

10/07/2017

La futura estrella Michelín madrileña.

La apuesta del hotel Urban por Aurelio Morales, al menos a nivel gastronómico, está resultando extraordinaria. CEBO abrió hace menos de un año y las opiniones son unánimes; tanto cocina como sala operan a un nivel muy alto.

La primera impresión cuenta, y nada mas entrar al restaurante uno encuentra un amplio espacio con decoración cuidada y un servicio muy educado que te dirige hacia la mesa, las cuales están bastante espaciadas entre sí creando un ambiente íntimo. El único punto negativo es que el baño se sitúa fuera del restaurante.

Como digo, el restaurante se encuentra en el lujoso hotel Urban, según entras a mano izquierda en el mismo piso del hall. Como anécdota contaré, por si interesa, que nos equivocamos y bajamos al piso de abajo, donde encontré una exposición de objetos de tribus de Papua Nueva Guinea bastante interesante, aunque no se si será permanente.

Una vez en la mesa se observa algo que se viene pidiendo hace tiempo a los restaurantes gastronómicos, y es la opción de carta además del menú degustación. Sin duda un acierto, ya que pienso que hay que intentar dar las máximas opciones posibles y habrá quien no quiera gastarse 150€, no le apetezca estar 3h sentado cenando o simplemente no desean un menú extenso el cual a muchas personas se les hace pesado.

En mi opinión, veo especialmente interensante la opción de carta para segundas ocasiones, donde ya has hecho un recorrido por la cocina del chef y quieres volver a tiro hecho para volver a probar los platos que mas te gustaron. Por tanto, pienso que como mas se disfruta la primera vez es con el menú degustación, y cuanto mas largo mejor, además, después de probar bastantes menús gastronómicos, creo que el menú de CEBO merece muchísimo la pena (precio a parte, 80€ que resultan baratos).

Yendo un paso mas alla, en estas primeras visitas incluso suelo añadir platos que están fuera del menú degustación si es que me llaman la atención (pueden ser de la carta o puede que existan varios menú degustación). No solo no me quedo con las ganas sino que además me redondea la experencia, y es que no suele ser normal repetir con asiduidad este tipo de restaurantes, además de que probablemente hayan desaparecido esos platos cuando vuelvas.

En cuanto a la carta de vinos han hecho un gran trabajo, y además disponen de dos tipos de maridaje a precio económico, normal o premium, por el que optamos. El sumillier nos hizo disfrutar mucho con una serie de vinos entre los que recuerdo La bota 47 de palo cortado, espectacular jerez de Equipo Navazos; Lapola de Dominio do Bibei (Lalama) o Chateau Laribotte.

El servicio me pareció bastante profesional y probablemente sea de los mejores servicios de sala de Madrid. Mención especial a nuestra camamrera, una chica extranjera que bordó el servicio.

El menú de Aurelio es muy técnico y utiliza gran materia prima, y como hilo conductor utiliza tanto Madrid, de donde es el chef, como Cataluña, donde ha realizado gran parte de su trayectoria profesional. Empezamos con:

CALÇOT, ERIZO, CAVIAR Y LA PARTE VERDE DEL CALÇOT. Un buñuelo con una crema de calçot que explota al dar el bocado. Muy bueno.

POLLO NEGRO CON NAVAJA, ALMENDRA Y CALDO DE POLLO REDUCIDO. Saborazo a pollo y almendra y buen juego de texturas con la piel crujiente y la navaja. Muy sorprendente.

TARTAR DE QUISQUILLA CON GEL DE SUS HUEVAS Y AIRE DE CITRICOS. Un plato fresco que te ayuda a limpiar en un menú que va in crescendo. Empiezas con la cabeza del crustáceo para luego seguir con el maravilloso tartar y el gel azul de sus huevas. Espléndido sabor y textura de la quisquilla que me transportó al Bar FM de Granada.

CROQUETA DE CALLOS Y TORTA DE GARBANZOS CON SU EMULSIÓN. Sorprende la intensidad del sabor mantenido en el menú, que en este plato no hace mas que intensificarse. Brutal la croqueta y el sabor de garbanzos en la tosta.

Siguiendo el pase anterior mas versiones de recetas de tradición humilde y casquería con las MIGAS, consistente en un cristal con migas, pimentón y crema pimiento verde; PIE, una corteza y mollete de pie; y OREJA frita con salsa brava.

CHIPIRÓN CON SUS PATAS REBOZADAS EN TINTA LIOFILIZADA Y CALDO DE PESCADO. Mas sorpresa con este brutal plato. Quitando DiverXO (cada uno en su estilo) no recuerdo el último menú que mantuviese un nivel tan alto durante la mayor parte de los pases. Sabor y textura en todos los platos como denominador común.

GUISANTE DE LÁGRIMA AL PIL PIL, PERRETXICOS Y ESFERICO DE YEMA DE HUEVO. Mantiene el nivel, pero no me quedo con este plato con respecto a los demás, aunque los guisantes están de llorar.

BOQUERÓN MARINADO EN VINAGRE CON GAURUM, ESPINA FRITA Y HELADO DE BOQUERON. Otro plato brutal, de los mejores del menú. Consiste en una serie de texturas del boquerón. Marinado, en vinagre, en helado y su espina. Una genialidad.

ESPARRAGO BLANCO CON KEFFIR DE TRUFA, OSTRA Y GEL DE RIESLING. Un plato mas sencillo que pretende resaltar la materia prima, que no necesita de grandes alardes para sobresalir. Destaca la cocción del espárrago, al dente, y su calibre.

ARROZ MELOSO CON SETAS Y GAMBA DE PALAMÓS. Espléndido arroz que mejora cuando le exprimimos la cabeza de la gamba.

COCOCHAS A LA BRASA AL PIL PIL DE TUÉTANO. Tuvimos que añadir este plato, ya que no forma parte del menú. Tremendas las cocochas con el sabor a brasa y la salsa de tuétano.

VACA VIEJA MADURADA 180 DÍAS CON SU CALDO Y RAORAM. Plato de intensidad máxima no apto para todos los públicos por su potente sabor debido a la maduración de la carne. Al juntarlo con el caldo explota. Sobresaliente.

PIEL DE LECHE, QUESO Y TRUFA. En vez de una tabla de quesos, que puede resultar pesada a esta altura del menú (aunque siempre placentera), simplemente se opta por un bocado de queso como prepostre. Bien elegido.

BOQUERÍA: HELADOS DE FRUTA DEL DRAGÓN, PLÁTANO, LICHI, MANGO Y ZUMO DETOX. Típico postre para desengrasar y terminar bien el menú, dulce pero no pesado. En este tipo de menú es necesario ya que aligera, pero no deja huella.

CHOCORATAFIA: MOUSSE DE RATAFIA CON CHOCOLATE Y MERENGUE DE CLAVO. Postre contundente para terminar el menú basado en ratafía, licor de origen catalan. Bien.

PETIT FOURS: YEMA, ALMENDRA Y MACARON (COSTRADA DE ALCALA). Me gustaron bastante.

En resúmen: técnica, juego de texturas, calidad, buen servicio de sala, comodidad, espléndidos vinos... Lo tiene todo y creo que es firme candidato para la estrella. Y además de todo eso hay que destacar el buen precio, unos 100/110€ como ticket medio (esto es sin añadir las cocochas y con maridaje normal, no premium).

Muy recomendable.

Miss Migas

Toda la razón del mundo. Me gustó mucho, yo también apuesto por él para la estrella.

10 de julio de 2017

Prwll

Yo creo que por 80 € no se encuentra un menú de este nivel en ningún sitio.

11 de julio de 2017

Adreid.

Yo no recuerdo ninguno Prwll.

12 de julio de 2017

gastrolola

Estoy considerando muy seriamente la elección de Cebo para una celebración señalada

12 de julio de 2017

12/11/2017

ENTRE CATALUÑA Y MADRID, EL MEDITERRÁNEO

Hacía tiempo que no visitábamos un restaurante gastronómico con menú degustación de cocina con mayúsculas. Una celebración destacada nos llevó hasta Cebo después de un minucioso repaso por las grandes mesas de Madrid con una adecuada RCP que estuviera a la altura de fecha tan señalada.

Y a pesar de que el prestigio de esta casa es merecido, la experiencia no acabó de entusiasmarme. No sentí esa sorpresa y emoción que irremediablemente me ha invadido en otras ocasiones, en otros lugares, con otras elaboraciones. Quizás porque estoy en una etapa de gustos más sencillos, de platos más cercanos, de producto y tradición.
Evidentemente una casa de comidas y un restaurante gastronómico no son incompatibles y, por supuesto, no son comparables, pero creo que mis expectativas se disparan tanto ante estos templos culinarios que en más de una ocasión salgo decepcionada.

No obstante, no hay duda que la cocina de Aurelio Morales es de gran altura, corte muy mediterráneo con gran presencia de verduras, marisco y pescado y guiños catalanes y madrileños que buena falta hacen en estos tiempos que corren.

La sala es elegante, casi austera, sin adornos ni detalles superfluos. Mesas amplias con una separación generosa, no podía esperarse menos de un restaurante de estas características. En nuestro caso incluso la mesa fue demasiado amplia, una mesa alargada al fondo de la sala junto al jardín interior a modo de reservado en la que caben hasta ocho personas y que para dos resultaba un tanto desangelada. Otros estarían encantados, es cuestión de gustos.

El personal y su jefe de sala se conjugan en una maquinaria perfectamente engrasada que funciona como un reloj, sobre todo en los tiempos, y a pesar de pedir que fueran un poco más despacio, no supieron o no quisieron hacerlo alegando que sino el menú se hacía demasiado largo. A mí me abrumó un poco con los primeros pases, después conseguí adaptarme al ritmo que nos marcaban y el baile de platos fluyó acompasadamente.

Las opciones son dos menús, corto y largo, y carta. Por supuesto, la elección fue el menú largo con 16 pases por 80 euros. La carta de vinos resultaba atractiva, pero ofrecen dos maridajes a 20 o 40 euros por persona y, aunque no suelo decantarme por esta opción, el chef muy amablemente nos comentó en qué consistía el de 20 euros y nos pareció más cómodo.

Para no extenderme demasiado, haré un sucinto repaso por todos los pases:

-Calcot de otoño. Buñuelo japonés relleno de calcot coronado por un cuarto de higo. Un bocado exquisito.

-Pollo negro y navajas especiadas. Todo mar.

-Quisquilla del mediterráneo. Tartar de quisquilla con un gel de sus huevas ¡azules! y aire de limón. Otro bocado delicioso.

-Callos. Croqueta líquida de callos y torta de garbanzos. Un plato de callos en una croqueta con el contrapunto de la torta que se come al principio. No soy de callos, pero de nuevo este bocado me pareció un gran acierto.

-Migas, pie y oreja. Este fue el plato que más me sorprendió. Aquí encontré enjundia, garra y técnica. Un 10!

-Boquerón (2016). Uno de los platos estrellas de Aurelio, que, perdónenme, a mi me dejó un poco fría. La espina frita bien, el helado de boquerón en vinagre muy logrado, pero no me entusiasmó y el resto rico, especialmente las perlas de aceituna, pero no encontré esa emoción de la que tantos hablan.

-Manjar blanco y bogavante nacional. Acompañado de una miga de pan dulce que me recordó a Ramón Freixa. No soy amiga de la conjunción de los sabores dulces con los salados, no me dijo nada.

-Chipirón “Black andaluza”. Gran producto, rebozado impactante y ejecución perfecta, pero me pareció más efectista que sorprendente en boca. El punto de alioli, de gran maestría. Hicimos una consulta al respecto pero nunca llegó la contestación.

-Arroz “Costa Brava” y gamba roja. Arroz a modo de risotto con mejillones y setas, muy rico. La gamba de gran calidad, pero no entendí que se sirviera a parte sin más.

-Vaca vieja “180 días” y caldo maduro. Ya que era el único plato de carne de todo el menú me hubiera gustado que fuera un poco más grande o algo más contundente. No soy muy carnívora, pero me gusta la carne y a pesar que desde el primer momento el jefe de sala nos advirtió que era un menú de marisco y pescado, hubiera preferido más presencia de ésta. Estaba muy rica con un gran sabor a su maduración. Con el caldo me recordó al sabu sabu japonés.

Con los platos nos ofrecieron varios panes entre los que nos llamo la atención el pan con masa de churros que elaboran ellos mismos. Muy contundente pero digno de un maestro panadero.

Y por último tres postres que pasaron sin pena ni gloria. El primero un queso dulce de remolacha, que sugerí al chef cuando salió al final de la cena a saludarnos que podría ser más contundente. Me respondió que así era al principio pero que por petición “popular” había pasado a ser más suave. Ya se sabe, sobre gustos no hay nada escrito, siento que la mayoría haya llevado al chef a proponer un queso que no parece queso.
Después naranja y azafrán y chocoratafia. Prescindibles.

Para terminar, con el café, un guiño a los dulce de su ciudad natal, Alcalá de Henares; yemas, almendras y costrada de Alcalá. Demasiado dulce para mi gusto.

Todo este festín lo acompañamos de cava Juve y Camps, un blanco verdejo, un tinto Ribera del Duero muy bueno y vino dulce de Alicante. Sin restricciones ni estrecheces, las copas se rellenaron tantas veces como iban quedando vacías.

En definitiva, un buen menú con platos para el recuerdo y otros no tanto con una muy buena RCP que nos acompañaron en una velada muy agradable. Muchos reclaman una estrella Michelin para Cebo, no seré yo quien diga que no la merece.

Visita 31 de octubre de 2017

12/04/2017

Jugador de NBA en cancha de instituto de barrio. Venid antes de que se suba a la parra

Comida abril 2016

Mientras medio Madrid salia huyendo por Semana Santa, nos aventuramos a un caza mayor como es este Cebo. Y asi nos paso, que estabamos mas solos que la una en el restaurante.

Lo peor de este sitio es el local: musica de peluqueria de señoras y decoracion negro-oro casi ochentera. Por Dios!!!. Cambiad de local o de decoración!!!

El resto sin embargo me parecio perfecto: mesas enormes, vajilla espectacular, servicio profesional y siempre atento, tempo entre pases correcto (y eran 15!), explicacion de platos correcta,... no se me ocurre ninguna pega

Como era la primera vez, nos lanzamos al menu con maridaje clasico. Y acertamos plenamente.

El maridaje clasico son 5 tipos de vinos (cava, blanco afrutado (penedes), blanco de barrica (rioja), tinto crianza (ribera) y postre (alicante)). Hay otro maridaje el doble de caro, pero este me parecio mas que digno.

En cuanto al comercio, 15 pases toreros, siendo una mezcla catalano-madriles espectacular. Como supongo que cambian de platos todos los dias, hablar de ellos no merece la pena. Aunque no puedo olvidarme del pollo negro con navajas, la oreja picante, el chipiron, los guisantes, el postre de chocolate y sobre todo, el arroz con gamba y el helado de boqueron en vinagre

No voy a mentir: Diverxo o Dstage estan por encima, pero a muy, muy corta distancia, De aqui sales con la sensacion de haber disfrutado de uno de los grandes con platos clasicos pero mucho mas molones de presentacion y sensaciones: al final ha sido unos calçots, unas navajas, unos callos, un pil-pil, unos boquerones en vinagres,.. platos supertradiconales al fin y al cabo, pero dados una vuelta

La cuenta ha sido 100 euros clavados (80 menu+20 maridaje) por persona. Una pasta, pero la mitad de lo que se paga en las grandes ligas.

Aprovechad que de momento se puede reservar sin esperar 6 meses y que la RCP es de derribo para la mega calidad que es.

10/12/2017

Gran experiencia con Estrella recién estrenada

Reservé el día anterior a que le dieran la Estrella Michelin y cenamos (en pareja) al cabo de 15 días. Creo que ya les dio tiempo a hacer una subida: ahora sólo hay opción de un único menú degustación a 80€, más otro de mediodía a unos 55€.

El maridaje en mi opinión es imprescindible, hay dos opciones, a 20€ y 40€, sin duda mucho más interesante la segunda (champan vs cava, oloroso vs nada, blanco y tinto franceses vs Bierzo y Rioja...). Nosotros optamos por pedir uno de cada y así probamos todos los vinos.

El salón espectacular, especialmente la mesa, de una amplitud tanto por tamaño como por separación, digna de más de una Estrella.

El menú, sobresaliente, digno quizás también de más de una Estrella, si bien este tipo de experiencias son contundentes (18 platos, como una docena de vinos entre ambos maridajes) y acabas un poco saturado, pero merece mucho la pena de vez en cuando.

Después de sendas infusiones para asentar el estómago tras tres horas de cena, la cuenta llegó con los 224€ esperados/temidos (dos menús, un maridaje largo, otro corto y agua, las infusiones corrieron a cargo de la casa).

Evidentemente, por una experiencia así, en muchas partes del mundo, incluso dentro de España, podrían cobrar al menos un 50% más, pero desde luego conmigo ya no contarían.

Para mí esto es lo más que doy, salvo excepciones completamente excepcionales (tipo Diverxo), al menos mientras siga cuidando de la prole en casa :-)

Bonito, interesante, estupendo que haya cada vez más restaurantes así en Madrid, creo que podría aspirar a la segunda Estrella.

10/11/2017

Ha nacido una estrella

28-10-17
Porque si a Cebo no le dan estrella, ya pueden empezar a dar de baja unas cuantas. Ellos confían y así nos lo transmitió la excepcional camarera que nos atendió. Porque, además de la comida, el servicio es de bandera.
Para ahorrar texto, adjunto foto del menú ( 80 eur ).
Los 3 primeros están bien, pero me dejaron algo frío ( "a ver si la cosa no era para tanto" ). Los 2 siguientes me encantaron ( "esto mejora claramente" ), y el éxtasis llegó con BOQUERÓN (2016 ). ¡Pedazo de plato! Para volver, pasar del menú y pedirlo en carta. Realmente sorprendente, de esos platos que pasarán años y años y todavía perdurarán en la memoria. Después de semejante manjar, el siguiente ( Manjar blanco y bogavante nacional ) fue el que menos me gustó ( de hecho no me dijo absolutamente nada ), aunque puede que la emoción del anterior me hiciese no apreciarlo en su justa medida. Pero el alto nivel se vuelve a recuperar con otro crack: el Chipirón Black Andaluza. Y otro no menos tremendo "Arroz Costa Brava" presentado a la vez que la gran ( por rica y tamaño ) gamba roja.
Tremenda la "vaca vieja 180 días" para mí, aunque para mi mujer no tanto ( quizás lo de "180 días" asusta un poco ), con su no menos tremendo caldo. Los postres, como casi siempre, bien sin más.
En cuanto al maridaje, no somos aficionados a esta cada vez más extendida moda, pero tengo que decir que estaba muy bien resuelto y a un precio muy adecuado ( 20 eur ). Un muy buen cava Juve Camps, un excelente godello Louro DO Valdeorras, otro blaco Rioja, un tinto Mencía DO Bierzo y un moscatel de Alicante. Demasiada mezcla para nuestro gusto, aunque sin resaca posterior al día siguiente. Lo bueno es que aquí no te cuentan las copas y te ponen la cantidad que quieras, del vino que quieras y en el orden que te apetezca; gran detalle que no ocurre en cualquier sitio. En nuestro caso sustituimos el moscatel por el cava sin ningún tipo de problema. Con cava, Louro y una copa de tinto para la "180 días" sería más que suficiente.
En cuanto al precio, sin sorpresas: 80 + 20 = 100. No hay cargo de pan, cubierto, aceite o chorradas similares, y hasta nos invitaron a los cafés.
Lo dicho, si a Cebo no le dan estrella....

14/05/2017

Yo ya me lo voy convalidando en mi tour de Estrellas Michelín

Considero que la preparación de un evento ya es parte de la experiencia gastronómica. En función de las circunstancias que vayan a darse (esto es, del tipo de ocasión, de la compañía, de si es una fecha especial o no), uno trata de anticipar cómo va a lograr que el acto en sí acabe siendo lo más agradable posible. O, en lugar de agradable, formal, seductor, divertido, salvaje, o lo que uno quiera conseguir.

En mi caso -para acabar escogiendo Cebo-, tenía la tarea autoencomendada de buscar un restaurante con pocas posibilidades de haber sido visitado por mi acompañante, que culinariamente alcanzara unos estándares de calidad de al menos notable-alto, que el servicio fuera exquisito, y, también siempre importante, que se encontrara en Madrid centro. Luego está el punto de acierto subjetivo, pero ahí me muevo a base de sensaciones con respecto a lo que conozco a la otra persona. Le añado el hecho de que yo mismo no quería repetir lugar de recreo, por lo que me dispuse a mi ejercicio de exploración con mente abierta con respecto a opciones, y aguda con respecto a detalles específicos.

Y he aquí que fui hallando opiniones muy positivas (de gente que creo tiene buen criterio) de este lugar, que particularme no conocía. Alojado en el hotel Urban, daba por hecho que detalles como el trato exquisito los tendría asegurados.
Así pues, hice reserva con antelación, y fui jugando con mi acompañante dándole pequeñas pistas para incrementar las expectativas hasta un punto que no rebasara la valoración previa que yo mismo había hecho de este restaurante (por si, desgraciadamente, no conseguía colmar con todos los deseos proyectados).

Menú degustación con maridaje estándar de vinos. Como es usual en este tipo de locales, los platos que conforman el menú van variando en función de temporada (al menos algunos). Este hecho, particularmente, se está convirtiendo para mí en un fetiche cada vez más poderoso. Ni ojeé la carta (seguro muy atrayente), era algo ya decidido desde el momento de la reserva, y convencí a mi acompañante para que así fuera.

Platos, todos con su correspondiente explicación por parte de un servicio de matrícula de honor, y con pequeño comentario de mi cosecha (pequeño, por ser mi memoria falible en según qué condiciones -vino-, y con el añadido del tiempo transcurrido -3 días-):

- Calçot 2.0: pequeño bocado sensual y explosivo, consistente en un buñuelo con sabores a calçot y romesco en texturas poco usuales para este tipo de plato (el tema de jugar con las texturas será una constante en el resto).

- Pollo negro y navajas: tira de crujiente piel de pollo con añadido marino para el contraste; un moderno mar y montaña, que fue de mis pasajes favoritos.

- Quisquilla del mediterráneo: debe ser el plato estrella, o al menos del que más referencias he visto. Tataki de quisquilla con gel de sus huevas y aire de cítricos, a comer primero los jugos de la cabeza y después el tataki con el aire. A destacar la pieza de vajilla en el que era presentado (y la presentación del alimento en sí).

- Callos: momento que aguardaba con expectación -y cierto temor-, pues la casquería no era un campo a priori especialmente atractivo para mi acompañante. Torta crujiente de garbanzo con sabor al guiso referencia, suspendida sobre una maravillosa croqueta líquida de puro jugo a base de horas de chup-chup de callos. Pasó el corte con sobresaliente.

- Migas, pie y oreja: combinación de nuevo arriesgada por lo advertido antes. Disfruté del juego de texturas entre los 3 bocados, siendo el más impactante a nivel personal el "pie", y el más controvertido la "oreja" (básicamente, por mostrar de una manera más clara lo que es en sí). Yo, que disfruté como un cochino en la Tasquería, no puedo ponerle pegas a esta combinación.

- Chipirón "Black andaluza": la parte de las patitas en textura frita, y el resto cocinado al vapor, acompañados de jugo de calamar, aire de alga y un detalle más que no recuerdo. Seguimos con el juego de readaptar platos típicos de manera elegante y atrevida, y, afortunadamente, con acierto.

- Guisante lágrima al pil-pil: probablemente el paso que me dejó más frío. Ojo, no por falta de calidad del mismo, sino por propia apetencia. Me lo tomé como un descanso para el in crescendo que llevábamos prácticamente desde el principio.

- Boquerón (2016): recuerdo un helado de boquerón en vinagre, un boquerón en la parte superior del plato y... nada más (aquí ya el alcohol y la conversación me fueron influyendo). Sigo pues moviéndome a base de sensaciones, y la huella mnésica sensitiva he de decir que fue agradable.

- Stracciatela de espárrago blanco con fermento de trufa negra y ostra: me encantan las ostras, me encanta la trufa, me encantan los espárragos. No podía fallar nada. Jugamos de nuevo con elementos clásicos y texturas variopintas. No se aburre uno en Cebo.

- Ponderosa cremosa: argh, de este plato no recuerdo nada... ¡que alguien me ayude! me suena que se componía de dos elementos, siendo uno de ellos una gamba roja... no lo sé, la verdad. De nuevo, tirando de recuerdos viscerales, sé que me encantó, pero me frustra no saber por qué. Es el riesgo de no hacer fotos en un menú como esté, que luego tiras de lo que se te queda guardado, y a veces uno falla. Creo que a estas alturas estaba un poco distraído (no por la comida en sí, nuestra mente está en constante producción y mantenerme en todo momento en atención plena a lo ingerido me costó), pero volví a centrarme en el presente en el siguiente.

- Vaca vieja "180 días" y caldo maduro: ventajas de tener un estómago amplio en contraposición a mi acompañante, pude engullir mi pieza entera y dos tercios de la que no me correspondía. Mi parte carnívora y carnal disfrutó mucho con este final, de intenso sabor a lo que tenía que saber, sin estridencias ni distractores. Carne.

- Piel de leche, queso y trufa de guarda: el entrante a los postres, versión deluxe del queso con membrillo tradicional. No me encantó, no me disgustó. Correcto para mí, seguro excelente para otros.

- Boquería: plato visualmente espléndido, inspirado en el mercado del mismo nombre. Muy frutal y refrescante, de agradecer en este punto de la comida. Servido junto a un zumo con la instrucción de ser bebido tras acabar con el resto, que sirvió para asentar todo lo disfrutado previamente.

- Chocoratafia: el punto necesario de chocolate con el que saciar la pulsión del empalague.

- Yemas, almendras y costrada de Alcalá: casi nos olvidamos de éste. A nivel personal me sobró un poco, de nuevo, no por no cumplir con los estándares de calidad del resto, pero se me alejaba demasiado del concepto de los demás pasos. Bocados dulzones, más tradicionales que el resto del menú.

Añado referencia a los panes, varios a elegir, probamos el de alga (mi elección, equivocada) y el de churro (elección de mi acompañante, acertada).

El maridaje creo recordar que fueron 5 vinos, y me disculparé por sólo poder recordar una de las referencias. Me suena que fueron un Champagne brut Perrier-Joüet de aperitivo, un primer blanco frutado, una referencia menos usual de segundo blanco, un tinto de tercer vino (no logro especificar nada más), y un vino dulce para el final. Pero toda coincidencia con la realidad será totalmente azarosa. Finalmente, detalle de chupito para cerrar.

El local, estiloso y moderno, preparado tanto para encuentros íntimos como para reuniones de grupo que deseen disfrutar de una experiencia culinaria sobresaliente. De nuevo hago mención al servicio, cercano, cordial, respetuoso, con una sonrisa permanente en el rostro con la que facilitar que el disfrute sea constante a lo largo de todo el proceso.
Por añadir un detalle -probablemente innecesario-, el baño se encuentra en una planta diferente, y desmerece un poco al restaurante.

Me encantó, me uno al grupo que pide un Estrella Michelín para este local, no tienen nada que envidiar a varios otros que sí la poseen. Disfruté de los comentarios de placer -gustativo- de mi acompañante, así que creo que conseguí cumplir con el objetivo autoimpuesto.
Gran experiencia.