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18/10/2017

Mucho nivel de cocina

Octubre-2017

Desde hace mucho tiempo, tanto para los entendidos como para los aficionados e incluso para los disfrutones de la gastronomía, el restaurante Cenador de Amós figura entre los restaurantes top tanto de Cantabria como de España.

Ese reconocimiento también le viene dado por la guía roja, que le ha otorgado 2 estrellas Michelín.

Poco que añadir, vean las fotos y juzguen ustedes mismos.

facebook.com/comercongusto.es/posts/715034988699226

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25/01/2016

Cenador de Amós: Un viaje para recordar

Para todo en la vida hay una primera vez. Tu primera caña, tu primer beso, tu primera novia… Son recuerdos bonitos, momentos en los que no sabes si estarás a la altura. En esta ocasión era mi primera vez en un restaurante con estrella Michelin. ¿Me comportaré? ¿Pareceré Paco Martínez Soria cuando llegó a la ciudad? ¿Merecerá la pena aflojar la gallina por este menú? ¿Me quedaré con hambre? Todas estas preguntas me rondaban los días anteriores. El restaurante elegido para desvirgarnos gastronómicamente fue Cenador de Amós (Villaverde de Pontones, Cantabria). Llegamos con tiempo al restaurante y nos quitaron los abrigos. Primera gañanada al no saber reaccionar. Tras esto nos pasaron a un saloncito a tomar el aperitivo con dos cañas. Aquí ya estábamos como pez en el agua.

Nos trajeron dos pequeños aperitivos: uno de queso y uno de tomate y unos chips de verduras deshidratadas. Yo como experto en Lay´s descubrí que llevaba mucho tiempo equivocado. Un snack crunchy podía ser de verduras y engordar menos de 500Kcal!

Aquí ya podíamos ver donde estábamos: Camareros elegantes, educación exquisita y un máximo cuidado por todos los detalles. Tras esto nos preguntó que menú queríamos y elegimos el menú Experiencia, lo que el camarero denominó “el viaje largo”. El menú consistía en los siguientes platos.

Tras sentarnos, nos trajeron una bandeja de panadería con un pan casero exquisito y mantequilla para untar. El baile empezó con lo que podríamos denominar “los entrantes”: Comenzaron por traernos el Lomo de sarda en escabeche y la anchoa. Cómo servían era todo un ritual: Primero, cubiertos nuevos para cada plato; presentación del plato y explicación de cómo comerlo; la copa jamas tuvo menos de 10 cl ya que estaban atentos siempre para rellenártela. Detalles que hacían prever que el viaje iba a ser muy grande.

El tiempo entre platos era de 5 minutos aproximadamente. Esto hace que puedas comerte los 13 platos del menú ya que en una hora, o tienes el estómago como la Maestranza, o mueres. Esto alarga la comida (en nuestro caso 3 horas), por lo que tienes que pensar que es una experiencia y no simplemente un acto fisiológico. Continuamos con la tortilla. Nos dijeron que había que comerla de bocado y así lo hicimos. De los sabores ¿Qué decir? Todo perfecto. Éste en especial fue uno de los que mas nos gustaron.

Siguió con un Cóctel de marisco y Lima que nos prepararon en directo para rematar con el carico montañés, sopa de maíz y tostada con cilantro y sal de quicos. Todo un espectáculo.

Os dejamos con las fotos de nuestra visita para que vayáis haciendo hambre.

Para conocerlos un poquito más, puedes leer el post que les hemos dedicado en nuestro blog: morretefino.com/2015/03/26/cenador-de-amos-un-viaje-para-recordar

15/06/2015

Ni the table ni leches. Como en casa en ningún sitio.

Abril 2015, nueva visita para abrir la temporada.

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Así abre sus puertas un año más el Cenador de Amós, sin duda alguna uno de los referentes de la cocina cántabra actualizada, que apuesta por tres menús diferentes para llegar a todos los clientes, con platos desde sus tradicionales y más que sublimes callos con morcilla lebaniega – sólo ellos dignos de la visita - hasta un riquísimo pinchón con quínoa venere, sus albondiguitas y esferas de foie.
Este curso, desde Villaverde de Pontones, Jesús Sánchez se ha propuesto mantener sus raíces y sus orígenes pero trasladándolos al presente y aprovechando las nuevas técnicas y la globalización gastronómica que vivimos para hacer un menú completo – el menú Experiencia – que mantiene su ya clásica Anchoa del Cantábrico pero llevada un punto más allá con un “nigiri” de pimiento y matices nori y que se caracteriza por productos perfectamente tratados – punto de carnes, pescados y verduras fantástico que se refleja en platos como en Panaché de verduras de temporada, el lleno de sabor Arroz con bogavante o el Rape con jugo de gordales y aire de escabeche de pimiento asado – presencia de escabeches (buen lomo de sarda en escabeche tibio al que se podría sumar un poco más de fuerza), toques andinos y unos postres realmente remarcables y logrados que terminan, ambos dos, una gran comida - Leche merengada, cítricos y eucalipto y Coco tallarín, achicoria y bizcocho quemado.

Desfile de aperitivos como el excelso pincho de tortilla en un bocado o el guiso de caricos y maíz con pan de cilantro y de petit tours, pan casi adictivo hecho en casa y una bodega completísima a cargo de una fantástica profesional son otro de los atributos de un entorno memorable y un equipo de sala atento, eficiente y extremadamente amable que cuenta con nuevas y muy profesionales incorporaciones guiadas por la carisma y el buen hacer de Marián Martínez.

Existen, además, el menú Memoria en el que se eligen un primero, un segundo y un postre, por 45€ y el Menú Esencia que conlleva 4 aperitivos, un entrante, un pescado, una carne y un postre por 63€. Todo ello IVA incluido.

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La decoración es renovada y limpia, que no significa que hayan destrozado el encanto de la vieja casa (como solemos ver por el centro de Madrid, antiguas tiendas preciosas que se convierten en horrendos locales para turistas. A esos habría que acuchillarlos, estoy convencida) sino que han sabido conservarlo aunándolo con modernidad, un acierto.

Al entrar en la sala lo primero que hacemos es encontrarnos con Jesús Sánchez, detrás de una barra y con todo preparado para contarnos algo sobre el mundo de la anchoa. Ahí mismo la desala, la limpia y nos la comemos con un chorrito de aceite; un pelín demasiado salada para mi gusto.
Ya en la mesa llegan los abreboca: Aceituna con maíz, Crujiente de venere,.....

.....Si quieres leer el artículo entero, pincha aquí: missmigas.com/2013/10/viajes-que-merecen-la-pena-el-cenador.html

14/07/2013

Una estrella que sigue brillando de verdad

Tres menús forman la carta actual: Tradición (Snacks, tres platos, postre); Degustación (snacks, cinco platos, postre) y Gastronómico (Snacks, siete platos, y dos postres). Como ustedes, podrán imaginar, nos decidimos por el gastronómico. Pero es de agradecer, el resto de las propuestas, la primera por 39€ (IVA incluido) tremendamente competitiva.

Como parte de los aperitivos, el primer impacto llega cuando se nos “soba” una anchoa pasando del estado de salazón a comestible. Anchoa San Filippo de altísima calidad, suave en la textura, fina en el sabor, en una palabra un bocado elegante. Se presenta en una lata con un toque de aceite arbequina, que le aporta cierto amargor. Desde nuestra perspectiva si la anchoa es de tal calidad, hay que acompañarla de un aceite que casi no aporte sabor, muy tenue, para que la anchoa brille en todo su esplendor. Como punto importante, nos colocamos donde estamos comiendo, en Cantabria.

Seguimos con un pequeño variado de cuatro snacks: aceituna empanada con mostaza, magdalena de anchoas, crujiente de arroz y ajada y un lazo de queso Picón (Vejes-Tresviso). Destacaría el tercero con un suave alioli, que aportaba fuerza; el resto algo faltos de potencia sápida.

De los aperitivos a los platos, continuando cercanos al entorno con una Ostra de Pedreña en escabeche con crujiente de alcachofa y borraja. La borraja tiende a limitar el potencial vigor de la ostra. Gusta a secas.

A continuación un tartar de carabinero, blini y ensalada de algas. Punto de frescura para esta época del año, especialmente gracias al helado de cilantro que lo acompaña. Tacto frío en la hoja de rocío que conjuga con la ensalada de algas. Los comensales nos miramos, y sin hablarnos, pensamos: “Estamos cogiendo impulso”. Muy bueno.

Después de abrir boca con estos pequeños bocados, pasamos a dos platos de cuchara clásicos, pero rejuvenecidos y “puestos guapos”. En primer lugar una sopa de cebolla versión verano . Servida perfecta de temperatura, acompañada de unas finísimas láminas de pan que aportan textura crujiente, y queso. Me arriesgaría a decir que se trataba del Queso Braniza de la Quesería la Jarradilla, una de las de referencia en Cantabria. Estos platos de ingredientes sencillos, y económicos, que gracias a su tratamiento, lo transforman en un bocado gastronómico son los que hacen que me apasione por la gastronomía.

Como segunda degustación a través de la cuchara, una purrusalda de bacalao con pimiento de cristal. Tronco de puerro ahumado en el centro con el pimiento en formato deshidratado, finas láminas de la primera verdura además del bacalao tanto en pequeños trozos como en brandada. Sobre este conjunto sólido, se vierte un caldo para dar lugar al uso del cubierto. Sutil, fino, delicado es el tipo de plato que se ha intentado hacer, y se ha conseguido, puede que algo más de sabor no le vendría mal; pero la verdad es que su elegancia conquista.

Pasaríamos a con toda seguridad el plato más creativo del menú, la lenteja de la Armula elaborada como un cous-cous. Machacada para convertirla casi en un polvo, para posteriormente cocinarla al vapor durante cuatro horas. Se transforma la legumbre en una especia de sémola. Viene acompañada de dados de panceta, cochinillo, zanahoria baby, guisantes, y en la base una crema ligera de estragón que actúa como hilo conductor del mismo. Toques frescos, anisados por una parte y grasos por otra, junto con una agradable y conseguida textura. Creatividad.

Un mayor enfoque tradicional se encuentra en el arroz con chatarella. Esa sencillez perfecta, de la que hablábamos en el anterior post que también aporta mucho placer. Arroz cercano al risotto, perfecto de punto, y pleno de sabor. Tradición.

Rodaballo con fabes con la piel en crujientes chips, buen punto del pescado; aunque mezcla poco estructurada. Me pareció la elaboración más simple del menú.

Menos mal que tras un bocado ”menor”; siempre vienen otros para resarcirse, y vamos que se consigue con Pichón, mantequilla de anchoa y mostaza. Trozos de pechuga dorados pero de textura blanda, junto con unas albóndigas realizadas con la carne de las alas que resultan muy sabrosas. La mantequilla de anchoa actúa de sazonador, y la mostaza es un perfecto condimento para la grasa del pichón. Plato gulesco.

Comenzamos el apartado dulce con unos de postres de “limpieza” destinados a aportar frescor y voltear las papilas gustativas. Se trata de los rollitos de pepino, con sorbete de piña y estragón. Fino, original, refrescante. Uno de esos postres que sin ser espectacular, si que provoca el siguiente pensamiento: ¡Qué bueno está, y cómo me ha sentado¡

El segundo postre denominado Cubo de chocolate, almendra y sorbete de naranja sanguina. También contiene una espuma de moscovado. Cuatro composiciones que viajan del dulzor al amargor, siendo ésta la única conexión que notamos. Parecían más un grupo de petit-fours que el postre dulce del menú degustación.

Para finalizar una copa en la agradable terraza, genialmente servida por Ramón García, nuevo jefe de sala. Cena en general de elevados vuelos, sabores elegantes, ligeros, que provocan seguir comiendo. Una cocina sin estridencias, ni casi juegos de artificio, que se basa en una cierta sutileza que creemos los cocineros van alcanzando con los años. Tremendo el bloque central de la degustación desde el blinis de carabinero hasta el arroz con chantarelas para volver a ascender en el pichón. Como bocados mejorables, claramente el segundo postre.

Para disfrutar del post en toda su extensión complicidadgastronomica.es/2013/07/el-cenador-de-amos-una-estrel...

15/02/2012

Enclave y cocina

En Villaverde de Pontones, a pocos kilómetros de Santander. El sitio en que se ubica, una casona de piedra del siglo XVIII, ya merece por sí solo una visita. Jesús Sánchez es un cocinero muy técnico que elabora platos ligeros, naturales, con gran respeto por el producto principal y en los que el aspecto visual juega también un papel importante. Cuentan además con una buena bodega y un competente servicio de sala, que hace que el cliente salga muy satisfecho de allí. Siguiendo una tendencia que se va extendiendo lenta pero inexorablemente han suprimido la carta para dejar sólo tres menús. Los dos primeros (45 y 59 euros) son variantes más o menos largas de una serie de platos clásicos y tradicionales. El degustación es el más atractivo por producto y por novedad. Cuesta 80 euros, a los que hay que añadir 15 más si se añaden quesos elegidos de una atractiva mesa que puede verse en la entrada.

Como aperiivos un vasito con bisque de cangrejo y una serie de trampantojos como la morcilla "sin sacrificio", a base de arroz y aceitunas negras; el tomate-pimiento, relleno de bonito, o la guindilla rellena de tomate y encurtidos. La parte principal del menú se abre con una ostra de San Vicente de la Barquera aliñada con cóctel margarita y acompañada con patata crujiente y guacamole. El chef apuesta por la línea vegetal que se impone en tantos sitios y que responde además a su origen navarro. Ahí están platos de gran nivel como la cebolla con un sabroso caldo de queso Divirín; los tallarines de remolacha y patata (originales pero escasos de sabor y muy gomosos, lo más flojo del menú), o los originales y logrados raviolis de apio nabo con brandada. Lo menos interesante, una vieira con mijo y mantequilla de mostaza que se impone en exceso, y la molleja de ternera, rica, pero acompañada con cardo y queso de almendra que no aportan nada. Me gustaron especialmente un cuscús de lentejas con papada, tomate confitado y muchas especias; y unas fabas "pintas" que cogen su color de un estupendo caldo de arroz venere. Y por encima de todos una lubina asada con vinagreta de tomate. Terminamos los platos principales con otro acierto, la albóndiga de pichón con una espina de anchoa frita y una crema de sus menudillos. La parte dulce la abrimos con un fresco yogur con manzana e hinojo, y una deconstrucción del tradicional sobao cántabro, caramelizado y con leche y coco.

22/08/2011

El mejor de Cantabria

Excelente restaurante digno de la estrella Michelín que ostenta desde hace años.
Menú desgustación con bodega incluida (agua, vino blanco y un tinto): 82 euros. Café: 4 euros.
El local, el servicio, lo curioso de los platos y la experiencia en general hacen que sea un buen precio.

Descripción del menú (con un par de platos cambiados a petición nuestra):

Snacks: crujiente de patata y guacamole y salpicón de mejillones. Divertidos, pero más estéticos que sabrosos.

Entrantes:
Picota de la tierra y sopa fría de remolacha: logrado, pero a mi particularmente no me gusta mucho la remolacha.
Crema de queso pasiego con anchoas, sopa de uvas y albahaca: un plato muy rico y muy estético. La crema de queso, muy conseguida.
El juego alrededor del foie: otro plato muy conseguido y muy divertido.
Ventresca de bonito: muy buen producto, aunque en un bocado pequeño.
Quinoa en verde con navajas: muy buena navaja aunque el resultado del plato es un poco raro.

Platos principales:
Magano con tallarines de cebolla y fécula: muy buen calamar y muy buen plato.
Mero limonero con tartar de sandía: otro plato muy bueno, con un buen taco de mero en su punto justo.
Rabo de novilla deshuesado en costra de patata: este plato lo pedimos expresamente en vez de otro que venía en el menú y que no recuerdo. Fue un error porque me pareció el plato más flojo del menú. Un poco pesado y en mi opinión, el envolver el rabo con una lámina de patata no aportaba mucho.

Postre: helado de quesos, también a petición nuestra. No puedo resistirme a pedirlo cada vez que visito esta casa.

Petit fours muy bien presentados en una maceta.

Vinos incluidos en el menú, un blanco y un tinto: Libalis, un blanco de La Rioja de Castillo de Maetierra, quizás demasiado afrutado para algunos, pero a mi me gustó mucho. Y un tino que lamento no recordar puesto que no lo anoté, pero también me dejó buen sabor de boca.

He visitado este restaurante unas cinco veces, y siempre he salido muy contento.

26/08/2011

Mi mayor recomendación

Excelente cocina, moderna, novedasa pero cuidando el producto, la tradición y las raciones. Un placer dejarse cuidar por Jesús Sánchez y Marian.

El helado de quesos de la tierruca y la pasión de chocolate en dos tiempos son para llorar de alegría. No siempre lo tienen, pero también muy recomendable la merluza rellena.

03/08/2010

Aprender a cocinar en el restaurante

Organizan clases de 4h en las que aprendes a cocina, a recibir a los invitados de forma sorprendente...Por 110€...Después degustas lo aprendido, claro!

29/04/2010

Para mi, el mejor restaurante de Cantabria.
Solo he tenido la suerte de estar dos veces, pero las dos fueron memorables.
El entorno es precioso, el servicio muy atento. La cocina maravillosa.
Tiene mucha mejor relación calidad/precio que cualquier restaurante vasco a menos de una hora de camino...

30/09/2011

Lamentable

Lamentable que un restaurante que se precia de tener o querer tener alguna estrella michelin, dé una boda en septiembre con un precio desorbitado, eso sí como todas la bodas en Cantabria (?), un menú que no pasaría de ser un vulgar plato del día y para más inri cobra el menú degustación y la modificación del vino.
Repito, lamentable y patético.
No volveremos.