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26/07/2015

Pantagruel lo descubrió en julio de 2015

Restaurante Agradable y familiar

La cena de esta festividad de Santiago, tras nuestro recorrido por los restaurantes del centro y la experiencia en otro local de barrio, tuvo que ser en este restaurante al que acudimos por recomendación.

Al llegar, tuvimos nuestras dudas, pero nada más entrar quedaron despejadas. Local agradable y familiar en el que se nota que intentan que te sientas como en casa. De nuevo, tratan con honestidad materias primas y se nota que intentan que algunas preparaciones vayan un paso más allá y pasan la prueba con creces.

Tomamos como entrantes unas croquetas caseras, calamares y pulpo. Todo correcto, sin sorpresas. De los platos principales nos gustaron especialmente un rodaballo fuera de carta y unas manitas de cerdo rellenas de hongos.

Algunos de los postres hay que pedirlos cuando te toman la comanda para que puedan prepararlos. Tomamos los tres y estaban también más que correctos.

Más allá de la comida, la dueña pasó para dejarnos unos libros que tienen para que los niños se entretengan pintando tras la cena. Nuestro "peque" (tiene ya 7 años) se lanzó a pintar y se olvidó de la Vita y los juegos de nuestros móviles por un rato. Fue un detalle simpático que nos gustó mucho.

Como digo, es un sitio en el que se nota que intentan que te sientas como en casa. Recomendable si quieres alejarte del circuito típico del centro de Vitoria.