Ordenar por:

relevancia fecha

23/08/2019

Solidez y armonía gastronómicas

El Retiro en Llanes es sin duda uno de los referentes gastronómicos de Asturias. En pocos años, Ricardo González Sotres ha consolidado su cocina y su estilo teniendo como referencias a Nacho Manzano y Manolo de la Osa. Su cocina no huye de la amalgama de ingredientes buscando contrastes y matices desde una perspectiva de sutil elegancia sin grandes picos ni montañas rusas.

La serie de aperitivos comienza con una mantequilla artesana con ajo morado de Las Pedroñeras, una especie de alioli con mucha más cremosidad y toques lácticos. Adictivo. Le sigue un tortin crujiente de maíz con verduras asadas, sardinilla y alioli. Un bocado etéreo y sabroso, en la línea de los tortos de Nacho Manzano. A continuación, una buenísima piel crujiente de bacalao con brandada de bacalao y aceituna Kalamata; intensa y con contrastes. Finaliza la secuencia con el cono de steak tartar y huevas de salmón. Un mar y montaña muy equilibrado donde las huevas ejercen de condimento salino de una notable carne.

La ostra con kiwi asturiano, manzana y jalapeño es el primero de los grandes platos de Ricardo González. Dulce, ácido, ligeramente picante, amargo y salino. Una amalgama de sabores que Ricardo equilibras fundamentalmente gracias a las proporciones y a la posición en el plato de cada uno de ellos. Delicioso.

Lleva tiempo dentro del menú degustación y la clientela no se quiere despedir del aguacate con mostaza de hierbas y caviar. Fruta en su punto exacto de madurez que es capaz de transportar los tonos salinos y amargos del caviar y la mostaza. La textura del crujiente es cremosa y es agradable el contraste de temperaturas. Un plato que se está convirtiendo en un clásico de El Retiro con todas las de la ley.

Las quisquillas con pilpil de merluza, jugo de tomate yodado y endivia resultan ligeramente confusas, ya que la presencia gustativa mayoritaria es la de salsa de tomate yodado. La quisquilla aporta un tenue sabor dulce que no es capaz de contrarrestar la persistencia del tomate y el amargor de la endivia. Quizás aportando menos jugo y buscando cómo incrementar el sabor original de la quisquilla se podría armonizar en mayor medida el pase.

En cambio, la sardina con atún del Cantábrico, anchoas y caldo de verduras asadas es un plato delicioso. Al contraste entre el atún rojo del Cantábrico (también llamado cimarrón) con la sardina y la anchoa se une un caldo gelatinoso que Ricardo tiene la habilidad de servir templado para que los pescados azules sean los verdaderos protagonistas. En este punto es donde claramente el menú comienza un empinado ascenso.

Resultan llamativas y espléndidas las texturas de calamar con cochinillo, cebolletas, algas crujientes y tinta negra. Una combinación que pudiendo a priori sonar extravagante, Ricardo resuelve con gran maestría. El cochinillo aporta esa grasa y crujiente que el calamar no tiene y la tinta refuerza el sabor del segundo. Es de alabar como cebolleta y algas se entremezclan para acompañar a sus respectivos principales dentro de un mar y montaña antológico. Se necesita visitar El Retiro.

Otro mar y montaña que se propone es el carabinero con guiso de oreja. En el primer pase la oreja es más protagonista convirtiéndose el crustáceo casi en una textura. A continuación se sirve una esferificación de aceituna y piparra para romper el sabor y afrontar la cabeza del carabinero que resulta golosa y suculenta. Resulta curioso la proliferación de este marisco sureño en varios restaurantes norteños.

Siguiendo con los pescados y con una vuelta de tuerca hacia una cocina más esencial que no es la habitual de Ricardo, la merluza con emulsión de berberechos. Producto excelente, merluza amplia, de carnosos y nacarados cocinada a baja temperatura resultando suave y brillante. La emulsión de berberechos es ligeramente cremosa y sutil en su sabor para que la merluza persista. Placentero.

El pulpo con tubérculos y caldo de fabes rojas es un guiso repleto de sutileza. Por el fondo de las fabes, por la textura de las mismas y de los tubérculos, por el sabor marino del cefalópodo, por las espinacas, por los tirabeques crujientes. Un “puchero” estiloso en el que Ricardo muestra su control de las cocciones y su habilidad para preparar fondos sabrosos y ligeros. Auténtico.

El pichón asado a las brasas con apionabo es magnífico. Tratado en el Josper con encina, Ricardo le aporta un punto perfecto, crujiente por fuera a través de su piel y terso y jugoso por dentro. Pichones provenientes de ese gran recolector del producto avícola que es Higinio Gómez. Tratamiento sublime acompañando de una salsa de sus interiores que vigoriza el sabor del pájaro. Deleite.

La parte dulce se redujo voluntariamente por la longitud de la salada. El tocinillo de cielo con emulsión de maracuyá y cítricos es muy complaciente por sus contrastes y texturas. El dulce es estéreo y suave y se confronta gustativamente con los ácidos de un helado de limón y el suave acidulado de la maracuyá. También es destacable la suavidad de las texturas de todos los componentes, provocando una armonía sensorial muy agradable.

Gastronómicamente, la mayor cualidad de el Retiro es la armonía de sus platos en los que Ricardo no rehúye de enredarse con numerosos ingredientes. El resultado es ampliamente satisfactorio y repleto de equilibrio consiguiendo combinaciones muy satisfactorias. De esta forma consigue platos que se pueden calificar como sobresalientes como son los casos de las texturas de calamar y cochinillo, la ostra con kiwi, manzana y jalapeño, el aguacate con mostaza y caviar y los pescados azules (sardina, anchoa y atún del Cantábrico) con jugo de verduras.

El Retiro se ha convertido en uno de los restaurantes gastronómicos imprescindibles en Asturias. En una Asturias Oriental que gastronómicamente está repleta de grandes opciones.

Post completo en complicidadgastronomica.es/2019/08/el-retiro

30/11/2017

La delicada evolución de la tradición a la vanguardia

Hoy visitamos un restaurante de origen tradicional y familiar, que con la llegada del nuevo chef, que no es otro que Ricardo González Sotres, logró dar un giro de 180º a la cocina que se ofrecía, situándolo en la vanguardia de la más moderna cocina asturiana, e incluso poder obtener recientemente una estrella Michelín. De la cocina tradicional de su abuela Mali Gutiérrez, Ricardo pasó a una gastronomía notablemente más elaborada, sin que el lugar acusara el cambio, de modo que la clientela consolidada, además de comer los productos típicos de la tierra, tuvo el placer de descubrir auténticas joyas gastronómicas. Todo ello en El Retiro en Pancar, Llanes (Asturias).

En cuanto al local propiamente dicho, nada más verlo enamora. El comedor se encuentra en una sala anexa, muy bien acondicionado y con apenas diez mesas, llamando la atención que en algunos casos muchas de ellas carecen de mantelería. Minimalismo hasta la última expresión. Y sin lugar a dudas, lo que más conquista nuestro mágico sentido de la vista es la ligera excavación de la sala en la roca. En un entorno tan especial es donde Ricardo día a día da rienda suelta a su imaginación sin límites, que se fue fraguando hace ya unos años en la escuela del grandísimo Nacho Manzano.

El comienzo fue sublime. Cortesía de la casa, la mesa en un visto y no visto se convirtió en un auténtico festín gastronómico desenfrenado. Mantequilla artesana para acompañar a una finísima tosta de pan; crujiente de algas con erizo, donde el yodo marino seducía nuestro paladar; clásico torto asturiano, pero con toque vanguardista, al ser suflado y con salmón; grandioso cono de quesos asturianos, manzana y membrillo, y por último, un surtido de quesos zamoranos (extrañamente no eran de la tierra), acompañados de un membrillo de manzana casero. Todo sensacional. Inolvidable.

Tras este inicio espectacular, nuestras expectativas no dejaron de crecer, pero afortunadamente fueron plenamente colmadas. Tomamos como entrante un fabuloso arroz con pitu de caleya. El arroz en su punto y jugoso, gracias al pimiento rojo y a la previamente cebolla pochada. Y qué decir del pitu, ese pollo de carne roja y prieta, que corretea libre y se alimenta sin pienso. Pues que gracias a todo ello, el conjunto estaba soberbio y nos encontrábamos ante un plato realmente redondo.

Vayamos a continuación con los tres platos principales. Primero, un pescado ligero: merluza de pincho con un escabeche cítrico, berberechos y algas. Si quisiéramos definir el plato con una palabra, esa sería refrescante. Pero desde luego que no sólo fue eso. Calidad y magnífico maridaje de sabores deberían acompañar a ese adjetivo. Por lo tanto, plato perfecto.

Otro clásico más, pero en este caso de la tierra: solomillo de vaca en su jugo a las brasas de encina. Si es que no era únicamente la carne la que estaba sabrosísima, la elección del fino puré de patata, los champiñones, las pequeñas zanahorias, los rabanitos, fueron todos ellos una acertadísima elección. Bravo.

Y, finalmente, un plato de caza: pichón a la brasa en dos cocciones, calabaza y zanahorias. La textura de la carne y la salsa, ambas dos, perfectas. No obstante, si algo hubiera que criticar al plato, es su falta de originalidad, dado que las similitudes en la composición de este y el anterior eran evidentes. Un punto a mejorar, sin duda.

Buen inicio, buen final. Todo en sintonía, dado que los postres fueron majestuosos. Por un lado, el cremoso caramelizado de azafrán y chocolate helado ¡¡Azafrán en un postre!! Oda a los contrastes y al arrojo, lo que ya por sí merece un reconocimiento y aplauso. Regresando al plato, destacar sus reminiscencias a la crema catalana.

Por último, uno de los postres estandartes de la cocina actual: esponja de chocolate y café o al que se ha optado por denominar en muchos lugares coulant de chocolate. Un tanto convencional, pero exquisito al mismo tiempo, por lo que nos satisfizo.

Emoción gastronómica en plena naturaleza. Eso es El Retiro.

Última visita: 19/11/17
Web del restaurante
Ver ubicación
Pancar, s/n. Llanes
Asturias

985 400 240

gastrodisfrute.blogspot.com.es/2017/11/la-delicada-evolucion-de-la-t...

09/01/2016

Enorme la reforma de Ricardo, pero es que él menu es digno de un alumno de Nacho Manzano, conceptos, fondos, materia prima, puntos de cocción ... En dos palabras Im-presionante

04/01/2015

Sidreria rural o restaurante Guia Michelin

Pasamos las vacaciones de Navidad en una casa rural de El Pancar, una aldea de Llanes, el año pasado ya nos había llamado la atención el Retiro, que junto con El Jornu es parte de la sorprendente oferta gastronómica de una población que no pasa de ser un grupo de casas alrededor de una carretera.
El Retiro es una rareza, por fuera es un bar de carretera en una aldea minúscula y por dentro es una sidrería de pueblo, el comedor, sin embargo ofrece alguna concesión a la modernidad, ya que una de las paredes es de roca viva. En cualquier caso, esta descripción ya queda desactualizada porque al día siguiente de cenar nosotros en El Retiro empezaron una reforma integral del local. Entiendo que ese ambiente de sidrería rural desaparecerá con las obras.
Nosotros tomamos el menú degustación que son 10 platos con un precio de 58€ por persona. He incluido algunas fotos de los platos, yo destacaría la ostra con puré de coliflor, el calamar en sopa de judía roja (el sabor de la judía era impresionante) y el foie con anguila. Otro de los entrantes era un oricio (nunca se como escribir esto) con mango, en mi opinión no hace falta tanto aderezo para un producto que es 100% mar. De los platos principales, los callos de bacalao con lubina, no eran redondos, los callos mandaban en exceso y no dejaban cancha a la lubina, más acertado estaban las manitas guisadas con pulpo a la brasa, de una untuosidad impresionante (quizás habría agradecido un pulpo más lustroso) y por último, quizás el mejor plato, el pichón asado, el punto de la carne era excepcional. En los postres, de los dos que ofrece el menú destacaría el de yogur con naranja sanguina y café, una mezcla de texturas y sabores muy atractiva.
En resumen, un sitio interesante, sobre todo por el shock de entrar en una sidrería de carretera y tomarte un menú de guía Michelín. En lo que a la comida se refiere había platos atractivos, por la mezcla de texturas y sabores, pero siento el desacierto de la lubina con callos de bacalao y creo que el pulpo debería haber tenido más entidad, para luchar con las manitas.
El año que viene, o quizás en verano, espero ver el nuevo local y comer a la carta.

09/08/2013

"Demasiado bueno"

Llama mucho la atención el lugar donde está. Un pueblecito, Pancar, a un par de kms de Llanes.
Sino fuera por otros comentarios, la sorpresa al entrar sería mayúscula. Llama mucho la atención que en ese bar de pueblo tipo sidrería de toda la vida, se esconda ese oasis dentro de ese bien decorado y agradable comedor.
El trato está a la altura del precio, y la experiencia merece la pena.
Fuimos con la idea de pedir Lubina, pero como lo que hay es pescado del día, no había Lubina, las opciones eran merluza o ventresca de mero, así que nos inclinamos por la merluza. A los niños les pedimos un plato de arroz con pollo de corral.
La merluza venía sobre una salsa de coliflor, con pequeños trocitos de esta al dente encima. Está hecha al horno y muy pocas veces he tomado una merluza más fresca y/o mejor hecha. Un placer en sí misma.
El arroz estaba espectacular. Y eso que yo con los arroces soy muy tiquis miquis. Estaba en su punto y a pesar de que tuviese una pizca de pimiento morron, el sabor a carne era espectacular. Nos comentó la metre que el truco estaba en que hacian el caldo y el sofrito previo con todos los huesos y casquería del pollo. Pero vamos, que se nota que este chaval se ha criado en alguna cocina cerca de Valencia porque el arroz lo pilota y mucho.
No pedimos entrantes ni postres, nos pusieron unas coquetas de aperitivo y un pan de pipas con manteca de ajo que como dijo mi hija "papá esto está demasiado bueno"
Sin duda sales con el bolsillo algo más vacío pero con una sonrisa de oreja a oreja.

22/02/2012

La lubina y la ostra, el cocinero y su premio

Un descubrimiento, un placer y un sitio para volver. El sábado llamados por la repentina y merecida fama que ha logrado el chef Ricardo González, con su segundo puesto en el Campeonato de España de Jóvenes Cocineros, acudimos a EL Retiro en el Pancar.

Llegar tiene su truco y es que su dirección, carretera del Pancar sin número despista al GPS más avezado. Así que, para que no se me pierdan cuando vayan, lo mejor es coger la carretera a Pancar que sale desde la estación del tren en Llanes y conducir recto hasta llegar al pueblito de Pancar. El restaurante está a unos tres kilómetros del centro urbano de Llanes y eso forma parte de la sorpresa. Nadie diría que en ese bar de pueblo, tras una barra llena de paisanos tomando cerveza pueda estar uno de los mejores restaurantes del Conceyu y de Asturias.

Una vez superado el choque de pensar que vamos a comer en un bar con mesa corrida atravesamos la cristalera y entramos al comedor y allí todo cambia. Un coqueto comedor con unas diez mesas, con distancias considerable entre ellas, con una cuidada puesta en escena y con un decorado puesto por la naturaleza e imposible de superar. Y es que El Retiro, su comedor, está ganado a la montaña y una de sus paredes es la caliza asturiana en todo su esplendor.

La atención de sala es espontánea y cariñosa. En seguida se preocupan de atender la comanda y te explican con todo detalle el menú, que no es extenso pero que tiene, como veremos, hallazgos dignos de mención.

Comenzamos con unos aperitivos puestos por la casa y que estaban compuestos por una crema de queso, una manteca de cerdo con el sabor al cocido y a la matanza y un delicado salmón marinado con aguacate y huevas. Un detallazo.

Luego, en lo que a nuestra elección se refiere, decidimos y creo que lo hicimos bien. Empezamos por unas croquetas suaves, etéreas, plenas de sabor y con una de las bechamel más delicadas que hemos probado. Luego fuel el turno de la ostra con manzana rúcula, albahaca y lima, uno de los platos con el que Ricardo González triunfo en el concurso de Jóvenes Cocineros. La ostra resultó ser La Ostra. Un malabarismo lleno de recuerdos a mar, a pumaradas y con esa chispa cítrica que te hacía desear comerla de un bocado y que, a la vez, nunca se acabara.

Para el plato principal no hubo dudas. Había lubina “de las de verdad” de la Rula de San Vicente de la Barquera. Como era para dos supuso un reparto equitativo. La presentación del pez fue espectacular y luego el emplatado un lujo. Comimos lubina, con los bereberechos de acompañamiento y una patata panadera con cebolla caramelizada todo envuelto en un caldo oloroso, yodoso, una virguería. Haciendo que un producto que es bueno mejore, algo fácil pero que en ocasiones no se consigue.

Y los postres fueron la traca final. Comimos otro de los platos presentados en el concurso la crema de mascarpone con helado de piña café y menta, fantástico y equilibrado. Y para acabar un platazo de arroz con leche canónico. De los marcados con hierro al rojo vivo y con una capa de caramelo quemado. Todo se regó con una sidra de nueva expresión y con una relación calidad/precio imbatible. Un lujo y una sorpresa. El Retiro es el nombre, Ricardo González, sigan a este hombre.


Y para otro día nos quedan el arroz con pitu de caleya, la vieira con cecina patata, espárragos y trufa y la papada de cerdo con vinagreta de garbanzos y caldo de cocido. Repetiremos y lo probaremos.

Ratatouille + seguir 300 sitios, 35 seguidores

09/01/2012

Joven, sobradamente preparado y EXCELENTE COCINERO

Una vez visto el segundo puesto del cocinero (RicardoGonzález), en el certamen de jovenes cocineros de España y vista su juventud (25 años) y su preparación (trabajó en Casa Marcial en Arriondas y en Ca Sento en Valencia), resultaba visita obligada para confirmar expectativas.

El Retiro, sigue igual que siempre en su parte delantera, es decir el bar de pueblo con cocina casera, todavía nos acordábamos de los tiempos de Tortos con Picadillo grasientos.

En cuanto pasas la puerta de la zona de atrás, las cosas cambian, y aquí manda Ricardo, unas mesas con suficiente separación y lugar agradable, con copas Riedel para el vino.

El servicio es super amable, con la novia de Ricardo vigilando los detalles.

De aperitivos, un bocarte excelente con limón, un foie con turrón espectácular y una crema de manteca insípida que no me dijo nada

Entre los primeros, fantástica la ostra con lima, (5€ la unidad) y excelentes las croquetas con una bechamel espléndida (9€)

Para los segundos, excelente la LUBINA, para dos personas (25€ persona), con una sencilla preparación, al horno con unos berberechos frescos, la calidad realmente espectácular.

Muy bueno también el arroz con pitu de caleya (15€) con el arroz en su justo punto, y con 2 trozos ligados de buen pitu de caleya.
Muy buenas también las carrilleras (18€) muy bien preparadas, un poco fuertes para mi gusto.

De postre, un buen azafrán con chocolate

Estupendas cantidades, que nadie espere raciones ridículas.

Muy buena carta de vinos, con precios contenidos y opciones para todos los bolsillos, nada de snobismos, como empezar la carta en vinos de 40€, aquí existen vinos desde 12€.

De precio, en torno a 40€, por la calidad extraordinaria relación calidad/precio.

Una estupenda opción, no solo en el oriente asturiano (tan huérfano de buenos restaurantes) sino en Asturias.

Nueva visita y para mi ha confirmado el inicio, pocas variaciones existen desde la primera visita, sigue estando muy buena la ostra, un poco más flojas las croquetas y espectaculares la lubina y el arroz.

Tiene ahora un plato nuevo, que me resultó espectacular, el oricio (erizo de mar) con huevo y mango, la presentacion es un plato con piedras, donde se echa agua de mar caliente, el olor a mar es sublime y el sabor del oricio lo es aún más, me encantó

18/10/2010

Andrés Mora Sanz lo descubrió en octubre de 2010

El Retiro - Una sorpresa en Pancar

En Pancar, a unos 3 kms de Llanes está "El Retiro" un bar de pueblo que esconde una sorpresa en su comedor.

El Retiro lo gestionaba un matrimonio y servían tapas tradicionales. En la actualidad, su hijo, Ricardo González, discípulo de Nacho Manzano (Casa Marcial), se ha responsabilizado de la cocina del restaurante, manteniendo el servicio. El contraste entre el bar y el Restaurante es notable. Pasamos, con solo atravesar una puerta, de un bar de pueblo, con barra y mesas de madera a un restaurante con mantelería hasta el suelo y copas altas.

La carta, aunque corta, mantiene la esencia de la comida tradicional. Tiene también opción de degustar un menú, de unos 5 platos por 29 € comensal.

Como aperitivo nos sirvieron, con pan de cereales y chapata:
- Manteca de ajo
- Crema de queso
- Merluza adobada

Entradas:
- Anchoas del cantábrico
- Foie con manzana
- Croquetas de jamón: riquísimas, muy suaves

Presentación exquisita, muy cuidada y raciones mas hermosas de lo habitual en este tipo de restaurantes.

Como plato principal, optamos por un arroz con pitu caleya (pollo de corral) y carrilleras. Sabroso y abundante.

De postre, compartimos un azafrán con chocolate (mezcla curiosa y muy rica) y con los cafés nos sirvieron unos chocolates. Uno de ellos salado, muy curioso. Como observación a mejorar, solo trajeron los chocolates para los 3 que tomaban cafés...

Total de la cuenta, para 4 personas con albariño y agua: 137 €.

Un apunte: las tapas del bar son diferentes a las del restaurante. Muy recomendable una visita pronto, antes de que se extienda el boca a boca, suban los precios, el local pierda el encanto y pueda empezar a parecer que esté sobrevalorado.

Más recomendaciones en elenaprieto.es

13/07/2011

No es para tanto

No es bueno ir a un sitio recomendado con grandes expectativas, terminas en la mayoría de las ocasiones saliendo con un sabor agridulce… El Retro no ha sido una excepción.

El salón del restaurante esta muy chulo, tienen una pared con roca vista muy bonita. La fachada efectivamente no dice nada, la de un restaurante como tantos otros. Llegar es fácil, esta en la misma carretera, pasando las vias del tren.

Las croquetas muy ricas, casi iguales que las de Casa Marcial, la ostra espectacular. La fabada muy regular. También pedimos cochinillo que según el comensal estaba "bah, bueno… bien" y un arroz con pitu de caleya súper rico (ojo que también es prácticamente igual que el de Casa Marcial). El pan, como en toda la zona, fatal

En cuanto a precios… ya se han subido a la Parra. El menú degustación a 65€ (y que detalle mas feo que este sujeto a la carta con un clip) y la ostra 6€

02/11/2010

El sabado estuvimos tomándonos un arroz con pitu caleya bien rico. (15 euros la ración) Merece la pena ir y conocerlo. Me he quedado con ganas de probar el menú degustación a 29 euros, para la próxima
La carrillada de ternera con pure de batatas, riquísima, las croquetas a la misma altura, super cremosas y suaves.
Y para rematar la comida, un azafrán con chocolate de postre y los cafés, acompañados de varios chocolates, de 10.
Carta de vinos no demasiado extensa pero correcta y con precios moderados.
Nosotros no pagamos la cuenta, pero nos comentaron que nos cobraron el pan a dos euros por persona, nada que objetar al respecto, puesto que nos trajeron varios aperitivos para todos, entre ellos unos bocartes marinados con queso de panes de escándalo, pero lo que no me gustó tanto es que ibamos con 5 niños y no a todos les gustaban los aperitivos y nos lo cobraron igual, claro...

30/05/2011

apunta muy buenas maneras

de rfael gracia santos:
Si Arquímedes pidió un punto de apoyo para mover el mundo, nosotros desde esta Guía sólo pedimos un poquito de tiempo para darles a ustedes la auténtica dimensión de este restaurante. Por de pronto, conviene señalar que su chef, Ricardo González, a pesar de sus 25 años recién cumplidos, exhibe unos modales y una madurez absolutamente impropios de su edad. Estamos ante uno de esos infrecuentes casos en los que el talento natural de un individuo se ve claramente potenciado por su propia modestia y su ajustada visión de la realidad. Es verdad que el entorno familiar, sencillo e imbuido de una inquebrantable apuesta por el trabajo callado y perseverante, representa en sí mismo una de las mejores bazas con las que juega nuestro chef. También es verdad que su propio aprendizaje en dos cocinas ilustres (la de Manolo de la Osa y la de su paisano Nacho Manzano) juega a favor de Ricardo. Todo eso es verdad y todo eso hace aún más grande e importante una cocina en la que, por encima de cualquier otra consideración, se mima el producto, se busca la nitidez de los sabores, se rinde culto a la cocina lugareña bien entendida y no se rinde pleitesía ni a las técnicas de última generación, ni a las tecnologías sofisticadas. Tres bocados para iniciar el festín: una pequeña croqueta de jamón, un vasito de foie-gras con turrón y la espléndida mantequilla casera. Magnífica la ostra con manzana, rúcula, albahaca y lima. Y también rayan a gran nivel la vieira con cecina, habitas y perrechicos, y el boquerón sobre un licuado de vainas, tomate y espárragos. Sabrosísimo el plato de la papada con caldo de cocido, garbanzos y azafrán. Producto estelar y hechura perfecta en la cigala a la sal. Y más producto -y también sabor a raudales- en la merluza con esencia de pimientos rojos y guisantes. La fabada asturiana no tiene el brillo de los platos anteriores, porque es claramente mejorable la calidad de la alubia. Sin embargo, sí se alcanza el “sobresaliente “cum laude” en el “pitu de caleya”, plato que emula al que elabora Nacho Manzano. El arroz con leche y el mascarpone con piña y café, son, ambos, dos postres que también dan la talla.

03/08/2011

El mejor restaurante de Asturias al este de Arriondas.

27/04/2011

Si pasáis por la zona, id a comer o a cenar. No os va a defraudar.