En el centro de Madrid, fundado por Marguerite Soubeyroud de Lyon, el restaurante el Viejo León es una institución madrileña desde hace casi 40 años; por eso somos el restaurante francés más antiguo de Madrid. Gracias a Antonio Añover, nuestro maître desde siempre, descubriréis el espectáculo de platos típicos franc...

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12/02/2018

Buena cocina & mal local

Mucha gente nos había alabado el Viejo León, pero sorprendentemente nunca habíamos ido, aunque está a menos de 10 minutos de casa. En dos palabras comentaría que la comida es muy interesante, pero el local pide a gritos una reforma.
Es un local pequeño, ruidoso, mal climatizado, de mesas muy juntas, sillas de desván de la abuela, paredes cubiertas de elementos decorativos que parecen llevar ahí media vida y una inexplicable guirnalda de luces azules, que tiende a agobiar conforme pasa el tiempo. El servicio también es mejorable, explicaciones muy prolongadas sobre el precio de los platos con el descuento (fuimos con el tenedor, pero parece que nadie paga el precio completo), trato algo confianzudo, totalmente prescindible y largas esperas entre plato y plato.
Por suerte los platos son muy sabrosos, las carnes con salsas de oporto y mostaza y la tradicional sopa de cebolla y los postres, la tatin (muy interesante).
Con vino y el “descuento” se sale a unos 35€ por persona, es una pena que una buena cocina se vea ensombrecida por un servicio en sala mejorable y un local falto de inversión.

29/09/2016

Bistro parisino en Madrid

Clásico bistró francés que lleva abierto en Madrid muchísimos años. Comida típica francesa y local en consonancia, con pocas mesas, pequeñas y muy juntas. Tienen menú del día y ejecutivo a un precio muy adecuado. Yo tome sopa de cebolla, contundente y confit de pato, bueno, sin ser nada especial. Servicio correcto. Está un poco demodé, pero tiene su interés.

Miss Migas

¡Sopa de cebolla, me encanta!

29 de septiembre de 2016

01/10/2016

Había leído opiniones aquí donde se indicaba lo poco agradables que eran en el restaurante, pero la verdad es que nosotros nos sentimos muy bien atendidos. A esto hay que añadir la decoración del local, que le da carácter propio.
Con respecto a los platos, pedimos pie de cochon y confit. Los dos de 10.
El precio es elevado aunque hay descuentos interesantes en algunas webs.
En definitiva vale mucho la pena (las sillas, efectivamente, no son muy cómodas )

01/11/2015

Descubriendo un clásico

Desconocíamos este bistrot francés que lleva 45 años en activo y lo descubrimos gracias a unos cupones descuento.

Tienen menús con los cupones y unas promociones estupendas, que hacen que el precio sea muy atractivo. El lugar es agraable, con mucho encanto y el servicio muy cercano y persnal, con los dueños al pie del cañón.

Comida típicamente francesa con calidad más que interesante.

Todo ello nos ha hecho ya incluso repetir y seguro que volvemos.

28/08/2012

EL PRIMER BISTRO FRANCES DE MADRID

No en balde,lleva 40 años en esta misma ubicación,este pequeño bistro francés,sigue ofreciendo las típicas especialidades francesas como los caracoles ,el foie,confits de pato,chateubriand,entrecotte,buenos tartare etc etc....pero sé nota él cansancio y los años de fatiga,sus presentaciones,su calidad y su amabilidad flojean,pero es un reducto de la vieja cocina gala q merece la pena conocer.....es caro,pero sales bien comido....unos 50 euros por persona.

02/09/2012

Deliciosa y singular experiencia

Visita Septiembre 2012

Sin duda, es un sitio auténtico, un histórico que merece la pena una visita. Afortunadamente, durante este mes tienen una oferta del tenedor que aprovechamos, ya que los precios son para bolsillos pudientes.

El sitio es realmente pequeño, con solo 5 mesas para 2, y una para 5. Falló la reserva para 5 y nos pudimos sentar en ella. Papel pintado, aspecto viejuno y Edith Piaf de fondo lo que le da un aspecto muy singular.

Lo mas reseñable del restaurante es su chef, que mantiene un contacto muy cercano con los clientes, algo a lo que no estamos acostumbrados, quizás en algún caso siendo algo extravagante. Te aconseja y pregunta, incluso a alguien le podrá parecer excesivo. A nosotros nos resultó simpático.

Los mas curioso, es que siendo lo pequeño que es el salón, cocinan allí mismo determinados platos, como el chateaubriand.
De entrante pedimos un Foie micuit, que no nos resultó nada especial y de segundo el Chateaubriand que estaba delicioso y el steak tartar, muy rico también, el cual te dan a probar antes de macerar, para saber si está a tu gusto. Acabamos con una tarta Tatin, realmente deliciosa.
La carta de vinos es corta pero accesible para todos los bolsillos

Lo único que nos resultó fuera de lugar para un sitio así, es que tanto el foie como el tartar lo acompañaran con pan bimbo tostado...

Total de la cuenta 65€ dos personas.

Un sitio singular donde comes bien realmete bien

28/06/2012

Curioso restaurante francés

Curioso restaurante francés, en el que pareces estar comiendo en la Francia rural.
Mesas muy juntas, pero mucho, y pequeñas. Trato algo serio y distante. Necesario reservar.
La comida, típicamente francesa y buena, de hecho muy buena.
Comimos a medio día, y tiene menús de 10, 22 y 35 euros. Tomamos el de 10 y el de 22 y la calidad fue muy correcta.
Me pareció un lugar a conocer, con encanto, si se sabe y acepta que es incómodo.
Además con esos precios de menús, más que recomendable.
Nota: fecha junio 2012

13/11/2012

No mata. Es curioso por ser bastante pequeño, bien tipico bistrot, con algunos platos hechos adelante del cliente. La carta de vinos muy floja, las tostadas hechas con pan de miga fallán, la mousse de foie igual las que se compra en el supermercado y el steak tartar no viene con patatas fritas como el original de Francia.

Eso si, el confit de pato con salsa oporto estaba riquisimo.

No volvería por la relación custo-beneficio, por los precios que tienen se debería comer mejor.

21/10/2011

Un francés clásico.

Con su encantador aspecto de bistro francés de hace décadas, El Viejo León es el restaurante francés más antiguo de Madrid. La sala pequeña, con pocas mesas y papel pintado en la pared es el escenario perfecto para degustar la cocina francesa más clásica, con sus caracoles, sus productos del pato, su chateaubriand al whisky, sus crepes... Es un espectáculo observar a Antonio Añover ejerciendo magistralmente su labor de maître d'hôtel preparando en la propia sala platos como las crepes. El Viejo León es uno de esos lugares que no cambian con el paso del tiempo. Afortunadamente.

Visita 15 de Octubre de 2011

Después de tanto tiempo el cambio a primera vista es que está algo más iluminado.
Nos tomó la comanda Antonio y a los fogones estaba Cristóbal.

Tomamos unos aperitivos antes de la cena que se acompañaron de unas tostadas de sobrasada y unas cortezas.

Comenzamos la noche con un foie, gelatina de Oporto y mermelada de naranja. Acompañados de finas rebanadas de pan de baguette tostado. Simplemente perfecto. Tal vez se pueda mejorar el pan.

Continuamos con unos boletus salpimentados. De buena textura, si bien al hongo le faltaba algo de sabor.

Como plato principal los dos coincidimos: Chateaubriand al whisky con patatas gratén y calabacines rebozados. Exquisita pieza de carne con potente salsa acompañada de unas patatas al gratén hechas en su punto con una sabrosa salsa. Los calabacines buenos. Es un top en carnes.

Crepes de naranja natural, muy buenas aunque un poco más de flambeado no le iría mal.

En resumen, pasamos una grata velada, como en anteriores ocasiones. Al haber transcurrido casi un par de años desde la última visita, no recordábamos la cantidad de los platos. Pedir dos entrantes para compartir es quizás excesivo; con un entrante para dos, principal y postre para compartir pensamos que es suficiente.
Nos agradó encontrar de nuevo a Cristóbal, quien sin duda es el alma mater del restaurante. Dejamos de ir porque en las dos ocasiones últimas no estaban Cristóbal y Rosa y pensamos que habían cambiado de dueño. Les dejamos un tiempo de rodaje hasta esta visita en que nos sorprendió gratamente volverlos a ver. Según nos contó Cristóbal sufrieron un grave accidente que les hizo ausentarse del negocio durante meses.
Este fue nuestro francés favorito mucho tiempo y de nuevo lo volvemos a tener en los de repetir.
La cuenta es un poco cariñosa pero merece la pena.

Total factura: 173,05€.
2 Pan: 3,80 €.
1 Pesquera Crianza: 35,25 €.
1 cerveza: 5,10 €.
1 vermut: 4,80 €.
2 cafés: 8,30 €.

sambuquita.blogspot.com/2011/10/el-viejo-leon.html

10/11/2009

excelente cocina, pésimas sillas

yo creo que con aquello de la invasión napoleónica y cierta manía que en españa se le tiene a los franceses hemos sufrido y sufrimos en madrid una carestía de restaurantes franceses. uno encuentra muchos, variados y excelentes italianos, japoneses, mexicanos, ya peruanos... pero franceses hay poquitos y el viejo león es un clásico; tenía muchas ganas de probarlo

el local es pequeñito, con una música extraña, mezcla de edith piaf (bien!) y otras irreconocibles (mal!). la carta cumple las expectativas de cocina francesa sin salirse una coma de las propuestas que uno espera en un bistrot: mucha variedad del pato y alguna otra cosa exótica. la cocina es magnífica, al menos lo que yo pedí: hacía mucho tiempo que no tomaba algo tan delicioso como el confit (el muslo del pato). Estaba delicioso! impecable.

El único problema serio que tiene este restaurante son las sillas. Son incomodísimas, hasta el punto que me tenía que levantar de vez en cuando para no terminar con la espalda fastidiada. Duras como piedras, con el respaldo ligeramente inclinado hacia adelante, no era capaz de encontrar una posición cómoda.

Para disfrutar de un vino francés tienes que pedir la botella entera; no tienen opción de copas excepto de un tintorro español que no estaba muy allá. Me sorprendió que al pedir un vino de postre la única alternativa era abrirme la botella entera para mí. ¿Cómo voy a beberme una botella de vino dulce yo solo? Mi pregunta fue respondida con otra: No esperará que para una copa de vino de postre le abra la botella. No sé, pensé que el vino de postre se pedía precisamente por copas. No conozco a nadie que se pimple una botella de moscatel, por ejemplo, pero igual hay gente así

Servilletas de tela y por supuesto se puede fumar para mi desgracia.

06/12/2011

El rincón francés más romántico de Madrid

El rincón gastronómico más romántico de Madrid. Parecerá que estás en un mini set de rodaje, con velas, con tu pareja enfrente y tu chateaubriand bien oloroso delante de ti.
Otro de sus lujos es que te preparen la comida delante de ti, con esas preciosas sartenes de cobre, el penetrante olor a mantequilla fundida y a cognac recién quemado despidiéndose de su alcohol.

30/12/2010

Un fraude espantoso ¡¡¡ HORRIBLE¡¡¡¡

Fuimos recomendados y NO ES NADA RECOMENDABLE¡¡¡

Una decoración totalmente obsoleta con mantelerias y decoración de restaurante de poca monta....desde luego nada romántico.....como habia oido....ni se os ocurra llevar a nadie a una cena romántica, un espacio muy reducido y lo peor que cocinan en la misma mini sala donde estás cenando sin aislamiento, es horrible terminar de comer y continuar oliendo a comida.

Un precio desproporcionado, aunque los productos franceses sean caros el ambiente desmerece todo y cuando llega la cuenta lo ves totalmente desproporcionado....y para colmo nos sento mal la comida. Con el dinero que ganan ya podian gastarse un poquito en redecorar el local.

Está claro que no volveré, no tienen nada que ver con un buen restaurante francés y menos con un restaurante a ese nivel de precio, por ese importe el paragüas le da mil vueltas en todo.

Además la música no era nada francesa, era totalmente americana tipo frank sinatra, que me gusta mucho pero no cuadraba para nada con el restaurante.

05/05/2011

Son muchos los que me critican que últimamente parece que todos los restaurantes de los que hablo me encantan. Ni mucho menos es así, pero sí es cierto que siempre me acaba apeteciendo más hablar de las experiencias positivas que de las negativas. Sin embargo, hoy no es así, y os quiero hablar de mi última experiencia en uno de los restaurantes más clásicos de Madrid; una experiencia muy negativa en casi todos los sentidos, aún sabiendo que muchos considerarán que estoy cometiendo una injusticia. Pero os aseguro que ni mucho menos es así. El Viejo León es un pequeño restaurante francés ubicado en una boca-calle de Eduardo Dato, que fundó hace casi 40 años la francesa Marguerite Soubeyroud. Desde entonces poco o nada ha evolucionado este bistrot, en el que el famoso mal humor y antipatía de la propietaria ha contagiado siempre a sus empleados. Mil y una son las historias que se cuentan de las impertinencias padecidas por unos y otros en esta casa, Pese a todo, El Viejo León sigue teniendo “un algo” que hace que siga siendo un éxito. Obviamente el público ya ha cambiado, y ahora es algo más “casposo” si me permitís la expresión, junto a alguna parejita de enamorados en plena adolescencia, conocedores de historias de amor vividas por sus padres en esta casa. Como hacía mucho que no iba, y pese a que todos los comentarios que me habían llegado últimamente eran negativos, hace un par de semanas decidí organizar una cena con unos amigos aquí, y comprobar en primera persona cuan en forma sigue. No quiero adelantarme a mi relato, pero desde luego la experiencia fue mala, y sobre todo con un final muy amargo.

La carta de El Viejo León sigue siendo, salvo contadas excepciones, prácticamente igual que la de antaño. Cocina francesa en su más amplio sentido, con mucha preparación delante del cliente. Habíamos reservado para cuatro, finalmente fuimos 6. Esto que en cualquier restaurante no deja de ser una anécdota, aquí se convirtió en un problema de estado. Malas caras, impertinencias. Parecía que les habíamos hundido el negocio por ser dos más. Finalmente nos acoplamos los 6 en nuestra mesa de 4, y la cosa no pasó a mayores. La idea era compartir todo, o casi todo, para probar muchos platos. Empezamos con una fondue de queso. Exquisita de sabor, intensa y con el punto de alcohol muy marcado, sin embargo llegó completamente líquida a la mesa. Lo dijimos, pero la respuesta fue un contundente “aquí se sirve así”. Fin de la discusión. Insisto, de gusto era maravillosa, pero parecía casi una sopa. Apagamos la llama, y con el tiempo fue espesando y mejorando mucho. Seguimos con una crêpe de espinacas a la crema. Siempre ha sido uno de los grandes platos (cuanto más sencillo, mejor) de esta casa, y no nos defraudó. Probablemente de las mejores crêpes saladas que se puedan tomar en nuestro país, junto a la de cebolla caramelizada de La Virginia (Marbella). Otros entrantes clásicos de aquí son una sopa de cebolla con oporto, ideal para las noches de invierno, y un foie micuit de pato que es bastante aceptable, especialmente para lo que estamos acostumbrados en España. Por supuesto, caracoles bourguignonne también hay.

Los segundos aquí se centran principalmente en las carnes y la caza. El pato es una de sus cartas de presentación; lo traen directamente de Francia. Lo sirven en tartare, sus mollejas, en escalope, en tournedo, y también en sus dos formas más clásicas, el confit y el magret. Nos decantamos por el magret de pato, con una salsa de peras. A mi entender, demasiado hecho el magret, que debe llegar a la mesa aún con ese tono entre rojizo y rosáceo, pero sin llegar a sangrar aún. Estaba bastante más pasado, y la salsa de pera tiene excesiva identidad y le resta protagonismo al plato. Quizá sea que estamos más acostumbrados a “maridarlo” con manzana, naranja o frutos rojos. En cualquier caso, no me acabó de convencer.

Seguimos con un steak tartare de añojo. Durante años estuvo considerado el mejor steak tartare de Madrid; desgraciadamente ya dista mucho de ello. Recordamos muchos otros, como el de El Comité (también restuarnte francés del que hablamos hace tiempo), Castelló 9, o Las Reses entre otros.Excesiva cantidad (quién me iba a decir que yo me podía quejar de eso), resultaba excesivamente tosco. Pese a anunciar en la carta que iba acompañado por un “gratin dauphinois”, tuvimos que reclamar las patatas. El chateaubriand flambeado al whisky, excesivamente fuerte, con un retrogusto a caramelo quemado. La salsa es potente, demasiado, casi descontrolada, y arrolla la carne a su paso. El solomillo a la pimienta, correcto, sin más. La calidad de las carnes en general distaba bastante de lo deseable para el nivel de precios en que se mueve este restaurante.

Los postres siguen la tendencia marcada por el resto de la carta. Preparaciones sencillas, sin complicaciones, y en diferentes variantes. Así, tenemos crêpes con mermelada, con helado, con azúcar, con Grand Marnier,… También helados y una rica tarta tatin con helado de vainilla. A las crêpes les ponen a todas demasiado Grand Marnier, que luego no acaban de flambear del todo, por lo que la crêpe sólo sabe a ese fuerte aroma a alcohol que desprenden los licores de naranja.

Hasta aquí, como veis, una cena con más pena que gloria, sin ningún plato que provocara aplausos, pero aceptable. Sin embargo el momento fatídico llegó al pedir unas copas. Pese a la limitada oferta de ginebras (lógico en cualquier caso), pedimos unos cuantos gin-tonics. Disfrutando yo del mío, en un momento dado sentí algo raro en la boca. Al sacármelo, descubrí un pequeño cristal en forma triangular y puntiaguda que de habérmelo tragado bien podía haberme rajado el estómago o cuanto menos la lengua. Entre el asombro generalizado de toda la mesa, avisé de lo que había pasado. Normalidad absoluta entre el personal. “Ah, vaya, no sé cómo ha podido pasar” y siguió su camino. Ni ofrecerse a cambiar la copa, ni invitarnos a una ronda de copas, ni – como mínimo – pedirnos un millón de disculpas absolutamente abochornados. Un accidente nos puede ocurrir a todos, pero un restaurante ni puede ni debe permitirse que un comensal se encuentre un cristal. Es peligroso; probablemente lo más peligroso que puede ocurrir en un restaurante. Desde luego si llega a pasar, la reacción debe ser otra muy diferente.

Ya de mal humor, y enfadados, no quisimos ni terminarnos las copas. Pagamos y nos fuimos. A la salida, ante el maître, volvimos a plantear nuestra queja y sorpresa ante el incidente. Ni respuesta obtuvimos. Durante estas dos semanas he intentado ponerme en contacto con el encargado en un par de ocasiones. Pese a dejar el recado, ni se ha dignado devolverme la llamada. “Afortunadamente” el incidente no quedará silenciado, sino que a través de estas páginas, éste humilde escritor, llama a todos a no admitir este tipo de actitudes. Madrid tiene una oferta gastronómica de mucha calidad, como para permitir que nos tomen el pelo.

Incidente al margen, servicio bueno pero muy impertinente, y precios muy muy altos, para nada justificados con la calidad de la comida. Lo siento, pero no me verán más por ahí.