Restaurante donde el producto es el protagonista. El producto y sobre todo las verduras de Navarra.Local elegante, moderno y con una bodega vista única.

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03/07/2013

Navarra en la mesa

Visitado el 21-06-13
Despues de alguna duda, optamos por Enekorri por los comentarios que leo sobre su buena comida Navarra. Hemos caminado 20 kms, no hemos comido y nos hemos mojado de pies a cabeza, por lo que lo último que necesitamos son espumas y humos.
Llegamos al local y la primera impresión no puede ser mejor. Decoración actualizada, con una original entrada en donde la protagonista es la bodega. Los tonos claros lo hacen a la vez elegante y acogedor y demuestra que se puede hacer comida tradicional en un local moderno, algo de lo que muchos no parecen enterarse todavía.
Nos traen la carta y optamos ambos por alubias de Tolosa de primero, y manitas de cerdo de 2º. Siempre que estoy en Navarra hago lo posible por probar las manitas, plato que me encanta y que solo encuantro en las cartas de restaurantes navarros y riojanos. Todo está estupendo y nos ayuda a recuperar nuestras mermadas fuerzas.
Para acompañar una excelente cena navarra, queremos probar un buen vino navarro. Ponemos a prueba a la amable maitre y nos recomienda los 3 vinos que precisamente recomienda la carta: un tempranillo, un cabarnet y un garnacha, todos 100% navarros. Hace años que intento descubrir un buen cabernet español. He tomado uno muy bueno en París y otro estupendo en NY, pero en España no consigo atinar con uno que me convenza. Se lo comento a la maitre, que se nota que de vinos sabe un montón, y me asegura que el recomendado no nos va a defraudar. ¡ Y tanto que no ! El vino es excelente, fantástico y a un increíble precio de 23 eur. El descubrimiento en cuestión se llama "García Burgos Finca la Cantera" y su producción es de tan solo 5.000 botellas. Esto es lo que busco de una sumiller: un excelente vino, poco conocido y a un precio adecuado.
Nos queda el postre y aquí metemos la pata. Decidimos dar una concesión a la modernidad y no pedimos una "Torrija aérea de vainilla". Se trata de una torrija típica, pero sin pan. Vale, pero nos quedamos sin duda con la tradicional. Vemos con envidia el coulant que se están tomado en la mesa de al lado, con una pinta buenísima.
Servicio femenino, agradable y profesional. Se imponen las comparaciones y coincidimos que en comida gana Europa, pero en decoración, atención y conocimiento del vino mejor Enekorri. 105 eur con G'Vine, y pan excelente y aperitivo sin cargo. Vamos, como los 7 eur por cabeza de "pan y mantequilla" del Santceloni ( lo siento, pero no se me olvida )

25/09/2012

Una muy buena opción

Tenía pendiente comentar el restaurante Enekorri.
Empezaré diciendo que la primera vez que estuve me decepcionó (hace 3 años, antes de la reforma).
También resulta obligatorio añadir que con el tiempo se han ganado mi consideración como uno de los mejores restaurantes en Pamplona.
La estética del Restaurante es muy acertada (decoración en madera clara, cocina semi a la vista y una preciosa bodega en dos alturas con paredes y suelos de cristal).
La carta es una mezcla de buen producto con un toque de originalidad en su preparación o combinación.
La carta de vinos es suficientemente variada.
Buen nivel en cubertería y mantelería.
Precio medio unos 60 €/persona, con todas las cautelas que supone el dar un precio medio.
Seguro que este año volveré.

Actualización 25/09/2012
Le doy 5 estrellas, ya que es uno de mis favoritos, sin duda

29/03/2012

muy bueno y muy caro

dicen que es uno de los mejores restaurantes de Pamplona. No lo dudo. Local precioso, servicio exqquisito y una increible calidad en la cocina. Platos de verduras impecables, el mejor atún toro que he comido en mi vida (realmente espectacular) y muy bien tratados los pescados. Gran carta de vinos. Precio alto

06/12/2009

Un género espectacular y mejor cocina

Hemos tenido la fortuna de ser agraciados con una promoción del ICAN (icannavarra.com/es) llamada Reyes Por un Finde (la promoción web ya ha terminado) con una comida espectacular en el restaurante Enekorri de Pamplona.
La atención fue sobresaliente y aunque el hecho de que ir con un regalo nos condicionaba lo cierto es que la atención fue maravillosa e increíble.
Mi mujer y yo comimos el menú de degustación y acabamos encantados.
Los primeros platos fueron verduras: cardo, espinacas, borrajas
Los segundos fueron pescado / lubina y carne / presa ibérica.
Los postres fueron tarta de manzana y helado y tronco de chocolate rellleno.
El vino fue el increíble Reserva Príncipe de Viana.
El restaurante Enekorri tiene una decoración sencilla pero muy agradable, es grande, tiene rincones para estar independiente y tiene una atención y un servicio sobresaliente.
Estoy convencido de que volveré algún día a comer en el Enekorri.

03/07/2011

Fuimos a cenar a este sitio un fin de semana que estuvimos por Navarra, y de lujo. Diría que es el mejor restaurante en el que he estado de momento.

El restaurante en sí es precioso, la decoración es excelente. Además, las mesas son amplias, y están bastante separadas. Muy cómodo.

El servicio, impecable.

El aperitivo (que no recuerdo lo que era: algo de marisco, creo) no nos gustó. De entrantes comimos unos pimientos y también un tataki de atún rojo fuera de carta. Los pimientos, bien; el atún, genial.

De segundo, pedí merluza con cítricos, que estaba perfecta. La combinación de lima, trigueros y merluza, aunque parece rara, era acertadísima.
Mi acompañante pidió cordero, y disfrutó como un niño.

De postre, compartimos una tabla de quesos de Navarro. Bastante bien también.

Por eso y sin vino, salimos los dos a 90-100 euros. La calidad se paga.
Pero así como no hay nada que fastidie más que pagar un precio alto por comer mal, también parece menos caro cuando la comida ha sido de lujo, como en este caso.

Restaurante muy recomendable. Lo haría de mis habituales con gusto si fuera invitada.
Si vais a Pamplona, os recomiendo que os deis el capricho.

24/10/2009

Muy correcto

En defecto del famoso Rodero, estando de breve visita en Pamplona City, capital de los notarios y los cicilios, me encaminé vistiendo mi chaqueta Teba cual fedatario público al Enekorri. Sin reserva, que un viernes, en un sitio de este tipo, en Pamplona y con la economía al borde del exitus, no la consideramos necesaria. En efecto: tan sólo cuatro mesas llegaron a ocuparse.

El sitio, muy bien. Uno de los restaurantes más bonitos en los que he estado: simple y cálido, con mucha madera clara sin pulir y buena iluminación - pero sin caer en las terroríficas tinieblas que tanto gustan a muchos decoradores. El protagonismo lo tiene la espectacular bodega, que ocupa dos plantas y se vislumbra a través de placas de cristal en el suelo. Al entrar, unas enormes vitrinas exhiben la colección de espirituosos, que es simplemente cojonuda. Entre otros, un ron agrícola J. Bally de 1993 que, lamentablemente, sólo vimos al salir. Prácticamente inencontrable.

La carta, corta y bastante cambiada respecto de lo que vimos en la web. Habían desaparecido los platos más arriesgados y quedaba una selección bastante simple y conservadora, anclada en el producto y sin demasiados alardes. Optamos por una serie de medias raciones, hasta un total de 6 platos.

La bodega no sólo tiene protagonismo físico, sino que realmente está bien surtida, con referencias interesantes y sin extravagancias. Se hubiesen agradecido, eso sí, algunos champanes baraturrios de los que tanto nos gustan a los pobres. En su defecto, nos fuimos a un alsaciano que resultó golosísimo. De nuevo recalco lo interesante de los espirituosos, con una sesentena o setentena larga de referencias. Lástima de ir a mediodía.

A partir de ahí, un breve desfile que fue in crescendo. La terrina de foie era eso, terrina de foie. Muy buena, pero con unas salsas absurdas y de presencia testimonial. El plato más flojo fue el segundo: una ración muy generosa de borrajas con kokotxas al pil-pil. Las kokotxas, faltas de sal; el pil-pil, casi virgen de ajo. Falta aquí contundencia y sapidez, justo lo que prometía el enunciado.

Por suerte, los dos principales eran de nota. Una corvina genial, perfecta de punto, henchida de jugos yodados: un soliloquio el de esta corvina que eclipsaba a los acompañamientos. Seguimos con una presa ibérica ahumada al romero. Punto magnífico, olor adictivo, ración generosa. Se acompañaba de un pesto rojo, aliño inesperado, aquí sutil dentro de su contundencia, unas verduras y unas patatas paja. Plato simple y minimal que gustó muchísimo.

En los postres, habían desaparecido los más arriesgados. Muy buena, aunque escasa, la tarta de manzana con helado de canela; correcta sin más la crema de queso con higos y teja de avellana.

Con sendos (estupendos) gin-tonics, 144 euros, pagaderos con gusto. No me mata, pero se deja comer muy agradablemente. Volvería.