Hotel Punta Grande

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27/09/2008

aqui al lado?

Escondido en uno de los pequeños pagos de la isla, Las Puntas, se encuentra el hotel Punta Grande, un nanoscópico establecimiento de cuatro habitaciones dobles

Aun en pleno siglo XXI no resulta fácil llegar a El Hierro, un territorio protegido en su totalidad por ser reserva de la biosfera, pero aún así el esfuerzo merece la pena. En el Punta Grande espera su dueña, Noemí Thinosi, una italiana emprendedora que fue también la primera persona en abrir un restaurante italiano en El Hierro, para entregarnos las llaves de la habitación. Antes de que ella se pusiera manos a la obra con la rehabilitación, el espacio del hotel pertenecía a una de las familias más señaladas de la isla del meridiano, y era utilizado como despacho de aduanas en el comercio con América.

Hasta sus cuatro habitaciones llegan hoy todo tipo de visitantes: desde eurodiputados que buscan olvidar el estrés de Bruselas pescando con caña desde su habitación (cosa que es posible desde uno de los dormitorios) hasta actores o gente anónima que quieren sentirse únicos en un espacio inolvidable.
No hay que esperar grandes lujos en el Punta Grande; más que un hotel es un anti-hotel. Aquí no hay ni teléfono ni minibar ni televisor: nadie necesita quedarse mirando a una caja cuando puede sacar la cabeza por la ventana y contemplar la belleza pétrea de los roques de Salmor, o mejor aún: bucear por las aguas que los rodean y observar de primera mano el espectáculo de unos de los mejores fondos marinos del mundo.
El hotel es una oda al reciclaje artístico, tendencia que se ha puesto muy de moda en los últimos años pero que parece incardinada en el espíritu de ciertos lugares de Canarias. Maderas procedentes de los barcos para los cuartos de baño y un sinfín de objetos recuperados de naufragios como brújulas, cartas marinas o un traje completo de buzo adornan las estancias de este pequeño tesoro, que espera con los brazos abiertos al huésped que quiera perderse para poder encontrarse a sí mismo.

06/08/2008

Sudorfrio lo descubrió en agosto de 2008

Decepción

Este hotel fue record Guiness por ser el más pequeño. Aparte de esta parida anecdótica, es una casita preciosa de piedra negra situada en un pequeño malecón en Las Puntas. El entorno y el edificio son preciosos, pero el interior es cartoniano en cantidades no aceptables. Necesita una remodelación urgente del mobiliario, camas, baños y sobre todo el comedor, con motivos marineros y un aire rancio y oscuro. Las habitaciones (hay 4) son demasiado pequeñas. Incluyen el desayuno que resulta ser nefasto (queso ácido salado y café malo), por 80€ la doble.

Lo mejor es la terraza, con algún mueble interesante y vistas estupendas.