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08/03/2016

No era mucho de este tipo de cocina hasta que conocí Kausa en Gijon y gracias a Cesar su chef empiezo a entenderla. Grandes momentos y experiencias.

21/09/2014

Francisco. lo descubrió en septiembre de 2014

Un suave y energético chef para una cocina de mestizaje.

Llevaba decenios siendo una triste cafetería, en una zona cercana a la playa. Zona noctambula y de pisos de alquiler para turistas o veraneantes. Casi por sorpresa se instala aquí Koldo Miranda, haciendo una reforma limpia y con toques algo nòrdicos su instalación. Koldo proviene de varios fregaos, tiene varios restaurantes, tiene fibra de luchador y eso, a pesar, de los golpes y criticas, de todo tipo, que va llevando. Despues de dejar o tener que dejar el Niemeyer, vuelve a Illas y abre en Gijón, a dos pasos de la playa y no lejos de la Plazuela de San Miguel.
Local con cocina abierta para trabajar con el fuego directo para los wok. Desde las mesas vemos como elaboran platos y cócteles. Koldo Miranda, elegantes modales que constrastan con su look surfero y tatuado, ha abierto en el verano de este 2014 un local donde ofrece una cocina peruana japonesa. Con la ayuda de un equipo joven y de Cesar Becerra, chef colombiano, se ve entusiasmado en este su nuevo proyecto. Koldo, trabajador e inquieto siempre está con cien cosas a la vez, resurge como ave fenix. Le deseamos toda la suerte del mundo y habrá que ver como se mantiene en el a veces áspero invierno gijonés.
Se puede comer y picar por unos 20 euros comensal. El servicio amable y muy cercano, aunque a veces adopta unos modales muy protocolarios que descolocan al principio. Son majos, vamos. Y se lo curran. La instalación quizás abusa de una luz potente y de un apretujamiento de mesas. La decoración es moderna, con detalles, mucho Zara Home e Ikea, supongo, y con toques muy medio hipster.
A la segunda intentona, ya que no reservan sino que vas cogiendo mesa según vayas viniendo, porque llegamos a las 20:30´ , conseguimos cenar. Eramos 4 personas.Tomamos unas 5 copas de vino, 2 botellas de agua mineral, un refresco y una tónica como bebidas.
Para comer elegimos unos dumplings de cerdo, que estaban sabrosos y muy blanditos. También unas brochetas de crujientes langostinos con salsa romesco, clavadas en una piedra negra. Así mismo un tiradito, casi ceviche, de atún que no gustó mucho a mis compañeros de mesa, y unas patatas kausa, que hubo opiniones diferentes en la mesa. Yo ya he comido mejores kausas limeñas, por ejemplo en Astrid y Gastón. Pero he de reconocer que no soy entusiasta ni de la cocina peruana ni de la cocina japonesa. Prefiero con bastante la cocina española, francesa o italiana. No lejos de esta calle, han abierto también otros jóvenes, hace algunos meses un pequeño local para tomar y llevar comida japonesa.

Por último también pedimos un wok de mar y montaña con arroz que tuvo más aceptación. El local ya a las 21:15` estaba ya lleno. Me pregunto el por qué va la gente a este tipo de locales, hace tiempo ya de moda en las grandes ciudades, y si existe un rango que los defina como tipo de público. ¿¿Avidez por cosas nuevas, dejarse ver, probar lo último???.

Los postres fueron dos helados, sólo tienen helados de la marca My, que creo es coopropietario el propio Koldo o tiene intereses en ellos. Ricos, originales, uno mantecado, el otro con una textura más reconocible como helado. De fruta de la pasión y de tarta de queso, con mango.

La factura ascendió a casi 70 euros para las cuatro personas. Pasamos dos horas amenas, y tal vez volvamos- de hecho para uno de los cuatro ya era su segunda o tercera vez en Kausa- a probar nuevos platos o repetir alguno de los que habíamos comido. Al irnos la despedida fue muy amable y hasta entusiasta. Parece un grupo muy vinculado con ganas de hacer las cosas bien y de agradar al cliente. Cada poco nos preguntaban si nos gustaba lo que habiamos comido. Se merecen toda la suerte del mundo. No sé como Koldo puede con tantas cosas a la vez...